Se acaba de aprobar el nuevo decreto de autonomía de los centros educativos que anula la libertad del profesorado y según el cual se otorga plena potestad a los equipos directivos para decidir sobre la organización del tiempo, las asignaturas, los cargos de responsabilidad y la selección del profesorado. Este decreto reafirma un sistema oligárquico y dominado por los amiguismos en el que prima, al igual que los centros privados, la sumisión, la obediencia y el servilismo del profesorado ante discrepancias en los equipos docentes.
Ernest Maragall en nombre de una supuesta autonomía de centros promulga un sistema de gobierno de centros antidemocrático y poco transparente donde, sin duda, los sustitutos e interinos, si ya no lo estaban, quedarán relegados a la altura del betún o a expensas de las simpatías o antipatías de la dirección con independencia, en muchas ocasiones, de su eficacia laboral.
Un antimodelo organizativo para educar a las nuevas generaciones y que, inevitablemente, está abocado al fracaso.
Fuentes: La Vanguardia. Olga Grau Beltrán



