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LA ACTIVIDAD PERCEPTIVA Y REPRESENTATIVA EN LA PERSONA
HUMANA
Cuando oímos por primera vez un idioma extranjero percibimos
meramente un flujo de sonidos. Podemos reconocer que se trata de una voz humana:
eso viene a ser todo lo que logramos comprender. Sin embargo, cuando hemos
comprendido el idioma en cuestión, en esa confusión de sensaciones auditivas
somos capaces de distinguir fonemas, sílabas, palabras y frases. Ahora
percibimos los esquemas que subyacen y organizan el flujo de sonidos. Pero hay
todavía un tercer nivel que surge cuando aprendemos el idioma, un nivel
conceptual de significado y referencia. No sólo aprendemos a percibir los
sonidos, sino que aprendemos a entender lo que significan.
1. Cerebro y realidad extracerebral
1.1 Los sentidos
Gracias a los sentidos, los animales entran en contacto con la
realidad exterior y también con las transformaciones que se producen en sus
propios cuerpos. El cerebro recibe toda esa información, la procesa y
posteriormente emite una respuesta ante la estimulación que ha activado las
zonas cerebrales. Los sentidos, pues, nos permiten relacionarnos con la realidad
extracerebral. Un animal que careciese de sentidos permanecería absolutamente
insensible a cualquier estímulo y, por tanto, sería incapaz de realizar algún
tipo de conducta.
Durante siglos se pensó que el ser humano poseía exclusivamente
cinco sentidos. En cierta forma, muchas personas siguen creyéndolo. Pero la
realidad es bien distinta, ya que el ser humano posee un número elevado de
receptores sensoriales. Se llaman receptores a las células nerviosas
especializadas que permiten al cerebro entrar en contacto con el medio ambiente
y con los cambios que acaecen dentro del propio cuerpo. Por tanto, son
terminales que transforman los estímulos físicos o químicos en impulsos
nerviosos.
En la actualidad, se tiende a establecer clasificaciones como
las siguientes:
-
Atendiendo a la clase de estímulos que sirven de excitante
a las células receptoras: los diferentes tipos de células receptoras
pueden ser excitas por estímulos de origen químico o físico, a saber:
-
Quimiorreceptores: estos sentidos son excitados por las sustancias
químicas disueltas en formas líquidas o en el aire: gusto y olfato
-
Mecanorreceptores: en este grupo se incluyen los
sentidos que son excitados por contacto mecánico: sentido de la presión, del
equilibrio, frío y calor, sonido, dolor y placer, sentido cinestésico, por
el cual se perciben las reacciones musculares, etc.
-
Fotorreceptores: los estímulos que excitan los
órganos fotorreceptores son los colores y la luz: sentido de la
vista
-
Atendiendo a su situación en el cuerpo: según la
región corporal a la que afecten las sensaciones, encontramos los siguientes
tipos de sentidos:
-
Exteroceptores: son los sentidos que nos ponen en
relación con el mundo exterior: vista, oído, olfato, gusto y tacto
-
Propioceptores: estos sentidos nos informan sobre la
contracción de nuestros músculos, movimientos del cuerpo, posturas: sentido
cinestésico, sentido del equilibrio, …
-
Interoceptores: son los sentidos encargados de
percibir la sensibilidad visceral: sentido cinestésico o conjunto de
sensaciones subjetivas que nos manifiestan el funcionamiento de los diversos
órganos de la vida vegetativa: pulmones, corazón, aparato digestivo,
etc.
-
Dermoceptores: es una agrupación de distintos
sentidos extendidos por la piel: sentido del frío y del calor, del placer,
de la presión, etc.
1.2 Estímulos y sensaciones
Estímulos y sensaciones son los componentes esenciales de la
percepción. Pero ésta es algo más que una mera suma de sensaciones.
Los animales captan la realidad extracerebral mediante los
sentidos. Desde un punto de vista exclusivamente físico, el mundo exterior es
una compleja mezcla de partículas elementales y ondas de energía. En el interior
del organismo existen células, músculos, neuronas, etc., que se activan gracias
a complicados procesos químicos, físicos y biológicos. Toda esa información debe
llegar al cerebro para ser procesada y desencadenas la respuesta del
organismo.
Para que los sentidos sean activados se necesitan estímulos. El
Diccionario de la RAE los define como «agentes físicos, químicos, mecánicos,
etc., que desencadenan una reacción funcional en un organismo». Así, pues, serán
estímulos las ondas sonoras, las reacciones químicas que activan el sentido del
gusto, las longitudes de onda de la luz reflejadas por las superficies...
Ahora bien, no todos los estímulos que llegan a los sentidos
son capaces de provocar sensaciones. Por ejemplo, el ojo humano percibe sólo una
pequeña parte del espectro electromagnético; así, las radiaciones de rayos X
quedan fuera del campo visual. Lo mismo ocurre con determinados sonidos muy
bajos o con ciertas propiedades olfativas que no pueden ser captados por los
sentidos humanos, aunque sí por los de otros animales, como el murciélago
(sonidos ultrasónicos) o los cerdos (pueden olfatear las frutas que crecen
debajo de la tierra).
Se llama umbral mínimo o absoluto a la mínima intensidad
que se necesita para que un estímulo sea capaz de excitar un receptor sensorial.
El umbral máximo es, en cambio, la mayor cantidad de un estímulo que
pueden soportar los sentidos. Más allá de él ya no se produce aumento de
sensación.
Cuando los receptores sensoriales captan los estímulos, los
transmiten casi simultáneamente al cerebro, donde se transforman en sensaciones.
Así, el cerebro posee sensaciones de colores, sonidos, calor... Es importante
reseñar que las cosas no poseen por sí solas sensaciones (las cosas no tienen
color en sí mismas). Para que exista una sensación –como la visión de un color–
son necesarios tanto los estímulos como el procesamiento cerebral de tales
estímulos. Así, si no existiesen animales con el sentido de la vista, el mundo
sería incoloro (de hecho, en sí mismo lo es).
Locke ya advirtió esta característica de las sensaciones y
distinguió entre cualidades primarias (las que realmente poseen en sí
mismas las cosas, como peso, extensión, etc.) y cualidades
secundarias(aquellas que provocan en nosotros determinadas percepciones
sensibles cuando los estímulos dan lugar a la sensación, aunque no son
propiedades que posean las cosas).
2. La percepción
El sustantivo “percepción” deriva del latín perceptio, y
significa la acción de recoger, recoger o recibir. Según esta definición, en su
sentido más amplio y general, la percepción es la acción de recoger o recibir
algo; por eso podemos hablar de la “percepción de los impuestos por el Estado”,
de “la percepción de la música”, de la “percepción de la verdad”, etc. La
percepción es un proceso psicofísico por el que el sujeto transforma las
diversas impresiones sensoriales (estímulo), previamente transportadas a los
centros nerviosos, en objetos sensible conocido. Es esencial a la percepción la
aprehensión de la realidad, no como una impresión sensorial aislada o un haz de
impresiones sensoriales, sino como un conjunto global organizado, o una
totalidad. Se percibe un paisaje, por ejemplo, no volúmenes, colores, matices,
saturaciones, tonalidades, contrastes, distancias y sonidos dispersos o
simplemente sumados.
Referido al conocimiento, en su sentido más exacto y concreto, la percepción es un acto del conocimiento mediante el cual se aprehenden o se
captan imágenes o impresiones de los objetos a través de los sentidos. Ahora
bien, cuando percibimos, no nos limitamos a recibir de una manera pasiva las impresiones, sino que, al mismo tiempo que recibimos información,
participamos activamente en dicha recepción (integrando, organizando e
interpretando los datos recibidos), de tal manera que nuestra percepción es el
resultado de lo comunicado por los sentidos y la contribución del sujeto
perceptor.
En cierto modo, la percepción es una representaciónde la
realidad, en la cual el sujeto perceptor pone, también, algo de su experiencia
particular. Como afirma el adagio tradicional “todo lo que se recibe, se recibe
de acuerdo con las condiciones del recipiente”: los sentidos nos suministran
impresiones de las cosas, pero, al mismo tiempo, nuestra dinámica (nuestra
actividad) cognoscitiva constituye la percepción de las cosas.
Considerando el tema con cierta precisión, afirmamos que el
sentido de la vista nos suministra impresiones de color, pero nosotros
percibimos (vemos) colores; la vista nos ofrece ciertas impresiones de color,
forma y tamaño, pero nosotros percibimos (vemos) “una naranja”; el oído nos
proporciona sonidos, ruidos y vocales, pero nosotros percibimos (oímos) una
“melodía” o una “explosión”.
Los factores que influyen en la percepción son aquellos
elementos que, perteneciendo al sujeto consciente, colaboran en la constitución
del objeto: los recuerdos de la memoria, la experiencia anterior, conceptos
previos, el aprendizaje, etc., que sirven para el reconocimiento del objeto,
pero además, y sobre todo, las leyes estructurales de la percepción o de la
configuración de un objeto, denominadas leyes de la forma, o leyes de la
Gestalt, propias de la mente o conciencia; el enfoque, o la propia perspectiva
del sujeto ante las cosas, así como sus expectativas, y hasta los
condicionamientos sociales y culturales, influyen también en la conformación del
objeto.
Tradicionalmente, el problema que la percepción plantea a la
filosofía se refiere a la relación existente entre nuestras experiencias
internas y el mundo exterior. A ello fundamentalmente responden tres teorías: el
realismo directo, el realismo indirecto y el fenomenismo (incluyendo aquí al
idealismo).
2.1 La percepción en el realismo gnoseológico
El realismo, en términos generales, sostiene que los objetos
percibidos poseen una existencia independiente de nuestra sensación, y que
conservan sus propiedades aún cuando no sea percibidos. Se llama directoa
este realismo cuando entre el objeto percibido y el sujeto que percibe no existe
ningún intermediario, e indirecto si tal intermediario existe. El
realismo indirecto sostiene que, aunque los objetos percibidos existen
realmente, no son percibidos directamente, sino que son captados a través de un
intermediario, que puede ser la idea, los sense data, el precepto,
etc.
La tradición filosófica que va de Aristóteles al empirismo
clásico del s. XVIII, pasado por la filosofía escolástica, defiende que nihil
est in intellectu quod prius no fuerit in sensu, es decir, “nada hay en el
entendimiento que antes no haya estado en los sentidos” o, en otras palabras, el
entendimiento toma sus datos de la experiencia. El racionalismo, también en la
versión de Platón, opuso a esta postura la teoría de las ideas innatas, siempre
de difícil precisión. Leibniz comentó este adagio empirista añadiéndole la
precisión: “a no ser el mismo entendimiento”.
Según el realismo directo, en la percepción sensorial captamos
de un modo directo la existencia y naturaleza del mundo físico circundante. El
realista sostiene que los objetos físicos pueden existir y retener al menos
algunas de las propiedades que percibimos que tienen, incluso cuando no los
percibimos. La expresión crucial es “al menos algunas”, y la cuestión es
exactamente cuáles. Debemos distinguir dos tipos de realismo directo, el ingenuo
y el científico. El realista directo “ingenuo” sostiene que los objetos no
percibidos pueden retener propiedades de todos los tipos que percibimos que
tienen. Con esto quiere decir que un objeto no percibido todavía puede tener no
sólo forma y tamaño, sino también el calor y el frío, el color, el sabor y el
olor, la aspereza y la suavidad, el ser silencioso o el hacer ruido. La
ingenuidad de esta posición radica en la palabra “todos”.
El realismo directo científico se opone a la forma ingenua de
realismo directo. Esta versión científica cree que la ciencia ha demostrado que
los objetos físicos no retienen, cuando no son percibidos, todas las propiedades
que parecen tener cuando los percibimos. La existencia de algunas de esas
propiedades depende de un perceptor. Así, el color, el sabor, el sonido, el
olor, no son propiedades independientes del objeto que puedanconservarse cuando
nadie lo percibe. El objeto sólo las tiene con relación a un preceptor.
El realismo directo acepta el carácter directo de nuestra
percepción del mundo, pero restringe su realismo a un grupo especial de
propiedades. Esta distinción es un pariente cercano de la distinción lockeana
entre cualidades primarias y secundarias. Locke mantuvo que las cualidades
primarias de forma, tamaño, textura molecular y movimiento tienen un statusdiferente del de las cualidades secundarias como el color, el
calor, el olor, el sabor, etc (podríamos denominar a estas propiedades
“sensoriales”). De acuerdo con Locke, un objeto que percibimos como coloreado no
tiene, cuando no lo percibimos, ninguna propiedad de ese tipo tal y como se nos
da en la percepción. Por supuesto, hay un sentido en el que se puede decir que
todavía tiene color, dado que las propiedades primarias continúan estando
presentes de tal manera que aparecerá como coloreado a un preceptor, en las
circunstancias apropiadas. Un objeto retiene la “base de cualidades primarias”
para las cualidades secundarias que parece tener. Pero el color tal como lo
vemos, el calor tal cual lo sentimos o el sabor tal como lo saboreamos no son
propiedades de las que pueda decirse que el objeto las conserva cuando nadie lo
percibe, y, por esa razón, no podemos suponer que son propiedades independientes
del objeto cuando sí lo percibimos. El color tal como lo vemos es más una
propiedad de nuestra manera de aprehender el mundo que una propiedad del mundo
mismo.
2.2 La percepción en el fenomenismo gnoseológico
El fenomenismo es la doctrina filosófica que defiende que la
única realidad es la del fenómeno, a saber, aquello que es posible percibir de
las “cosas en sí”, y que esto es lo único que puede ser conocido, dando por
supuesto que lo que las cosas son en sí mismas no podemos llegar a saberlo. Kant
puede ser considerado el típico representante de este fenomenismo (realista). La
versión estricta del fenomenismo (antirrealista) niega la existencia del mundo
físico y no admite más realidad que la de la experiencia, entendiendo por tal el
conjunto de percepciones subjetivas. Esta negación de la existencia del mundo
físico o de la permanencia de los objetos físicos, junto con la afirmación de
que sólo existe la mente y sus ideas, lleva al idealismo. Este fenomenismo
idealista lo ha sostenido Berkeley. El fenomenismo idealista invierte la
relación tradicional entre percepción y objeto: no es el objeto la causa de la
percepción, sino la percepción la causa del objeto, puesto que llama objeto al
conjunto de sensaciones organizadas.
El fenomenismo, como teoría perceptiva antirrealista, no admite
la existencia de un mundo físico real e independiente de la percepción; fuera de
la propia experiencia no existe nada más, y ésta es percibida directamente sin
intervención de ningún medio distinto. Para el idealismolos objetos
físicos no son sino un conjunto de ideas; puede negar simplemente la existencia
de los objetos físicos o puede reducir los objetos físicos a experiencia
(Berkeley); en este caso, se confunde con el fenomenismo.
Dentro de la filosofía racionalista se considera que sostienen
posturas fenomenistas: Malebranche, para quien nuestro conocimiento sensorial es
limitado, pues nuestros sentidos sólo nos son útiles para la conservación de
nuestro cuerpo, y por ello no nos proporcionan el conocimiento de los objetos
como son en sí mismos. Spinoza, para quien las cosas son manifestaciones de la
única sustancia, la divina. Leibniz, para quien nuestro conocimiento lo es de
los fenómenos surgidos espontáneamente en nuestra alma, debido a su vis representativa. Todos estos autores salvaron el fenomenismo por su recurso a
Dios, garantía de que nuestra alma puede conocer y expresar la esencia de las
cosas. En la filosofía inglesa sostuvieron posturas fenomenistas: Hobbes, para
quien nuestro conocimiento se origina por un proceso puramente mecánico de
reacción de nuestros órganos ante los fenómenos producidos por la materia en
movimiento. Locke, para quien nuestro conocimiento se origina solo a partir de
las ideas producidas por la sensación, y se corrobora solo en la experiencia.
Berkeley, que redujo todo nuestro conocimiento a ideas, pues las cosas no tienen
existencia al margen de la mente que las percibe. Hume mantuvo un fenomenismo
agnóstico, según el cual conocemos porque creemos en las cosas, en su
continuidad e identidad, y esto porque la imaginación finge un principio que las
muestra posibles; de esta forma las cosas se reducen a ser el conjunto de
impresiones que se presentan ante la conciencia.
En el s. XIX destaca el fenomenismo factual de J. S. Mill, el
cual intenta solucionar el problema de la continuidad e identidad de los objetos
entendiendo que la materia consiste en grupos de posibilidades permanentes de
sensación, de forma tal que la discontinuidad de nuestras sensaciones se intenta
resolver postulando sensaciones actuales y sensaciones posibles. Mach defiende
un fenomenismo constructivista según el cual los datos elementales de la
experiencia, psíquicamente organizados, forman las sensaciones, y estos mismos
datos, físicamente reagrupados, constituyen las cosas.
Ya en el s. XX, dentro de la tendencia reconstructiva, Russell
reemplazaba la pretensión de conocer las cosas por la construcción lógica de los
objetos, para la que parte de datos sensibles efectivos o virtuales. Carnap y
Goodman parten, como Russell en su intento de fundamentar el conocimiento
empírico, de admitir la construcción lógica del objeto de conocimiento, o, dicho
de otra forma, de que es posible construir un sistema formal de reconstrucción
lógica de términos empíricos. La base sobre la que Carnap realiza la
construcción son las vivencias que, como elementos primitivos (átomos) se
parecen bastante a los de Russell y Mach, pero se distinguen de ellos en que no
son términos puntuales, sino trozos del flujo de la experiencia individual. La
base de la construcción viene dada, para Goodman, por los qualia,
caracteres cualitativos que se presentan en un momento determinado y se
distinguen de las propiedades cualitativas permanentes.
3. Sensación y percepción
Los órganos sensoriales nos permiten “sentir” sensaciones y
percibir percepciones. Así, cuando algunos de ellos nos faltan nos vemos
privados de las sensaciones correspondientes y nuestras percepciones resultan
perturbadas; por ejemplo, los ciegos no pueden recibir impresiones de colores ni
los sordos de sonidos, por tanto, difícilmente pueden los primeros percibir el
arco iris o los segundos disfrutar de la música.
Las sensaciones, pues, constituyen la condición necesaria y
previa para que se produzcan las percepciones. En este sentido, la sensaciónpuede ser definida como aquella impresión sensible surgida
por la acción directa de los estímulos sobre los órganos de los sentidos. La
sensación posee un carácter simple y elemental, la percepción un carácter
compuesto y complejo; la sensación nos proporciona impresiones sensibles,
tonalidades de color, de sonido, textura, …, la percepción, en cambio, nos
muestra colores, sonidos, un libro, una mesa, etc.
Generalmente, resulta imposible establecer límites exactos
entre sensación y percepción; a veces indicamos que “sentimos” un sonido, otras
que lo “percibimos”; en ocasiones, afirmamos que tenemos sensaciones de gris o
amarillo, otras que percibimos tal o cual color, etc. De manera general, podemos
afirmar que con el término percepción nos referimos a contenidos más elaborados,
concretos y precisos que con la palabra sensación.
3.1 ¿Qué es la sensación?
Se entiende por sensación el hecho de percibir por los
sentidos, o también cualquier impresión confusa de tipo interno, sentimiento o
afecto. Aunque más estrictamente la sensación es el fenómeno psicofisiológico
por el que un órgano sensorial capta, transmite y elabora un determinado tipo de
energía que le proporciona un estímulo externo. A este fenómeno de tipo
específicamente fisiológico le corresponde en el organismo/sujeto la conciencia
de entrar en contacto con el medio externo o interno.
Las sensaciones no son sólo fenómenos de representación pasiva,
sino también de colaboración y aportación activas por parte del organismo. Desde
el punto de vista estrictamente filosófico la sensación se ha visto siempre como
el momento de contacto con la realidad (básicamente exterior), y en esto
consiste precisamente el problema que plantea: si es objetiva y en qué medida lo
es, es decir, si y en qué medida lo sentido (lo percibido) corresponde al mundo
real y no es simple elaboración del sujeto. La relación de las sensaciones con
el pensamiento se ha contemplado fundamentalmente desde dos puntos de vista:
racionalismo y empirismo. Para éste, no hay conocimiento sin sensación previa;
para aquél, hay conocimientos que no dependen de la sensación. Kant, en una vía
de síntesis, considera vacíos los pensamientos sin sensación, y ciegas las
sensaciones sin pensamiento, y sostiene que todo conocimiento empieza con la
experiencia, cuya “materia bruta” son las sensaciones, pero introduce elementos
a priori en el conocimiento sensible, que, como tales, no provienen de la
experiencia.
3.2 La síntesis perceptiva
Es imposible establecer con precisión los límites que señalan
la diferencia entre sensación y percepción; parece evidente que ésta depende de
aquélla, ya que cuando por deficiencia de nuestros órganos sensitivos nos vemos
privados de determinadas sensaciones, resultan también perturbadas nuestras
percepciones: los ciegos no pueden percibir los colores.
¿Cómo se realiza la síntesis perceptiva? A esta pregunta se le
han dado distintas respuestas, entre las cuales destacaremos dos: la teoría
asociacionista y la psicología de la forma
3.2.1 Teoría asociacionista
Según el asociacionismo, las percepciones no son sino el
resultado de sensaciones anteriores. Los asociacionistas conciben el sujeto
perceptor como absolutamente pasivo, que se limita a recibir los estímulos
externos en forma de sensación y, uniendo unas sensaciones a otras, a elaborar
la percepción. Esta teoría explica, por consiguiente, las sensaciones y las
impresiones sensibles como los únicos elementos de que se compone la
percepción.
La expresión “asociación de ideas” se debe a Locke, que
atribuye a las ideas la posibilidad de asociarse simplemente por “una
correspondencia natural” entre ellas, o al azar y según las circunstancias, pero
sin otorgar a esta conexión ninguna función especial en el proceso del
conocimiento. Hume, en cambio, hace de ella el origen de las ideas complejas.
Estableciendo una comparación metafórica con la teoría de la gravitación
universal de Newton la describe como una atracción que se produce entre los
átomos del conocimiento, las ideas simples, a las que atrae como una “fuerza
suave, que normalmente prevalece”. La asociación no ocurre al azar, sino que
sigue principios o leyes que, según Hume, son: la semejanza, la contigüidad en
el tiempo o el espacio y causa y efecto. Esta unión o conexión se produce en la
imaginación, no en la memoria, donde su conexión es más bien inseparable;
imaginación y memoria son los dos modos como una impresión puede estar de nuevo
presente en la mente: de una forma dotada de vivacidad, por la memoria; de una
forma menos vivaz, por la imaginación.
El asociacionismo es un punto de partida para muchas de las
primeras teorías propiamente científicas de la psicología: Wundt, Titchener,
Thorndike, Pavlov y Watson son asociacionistas; lo son también en principio los
partidarios del conductismo, que surge a comienzos del s. XX, y las primeras
teorías sobre el aprendizaje, que explican por su medio la conexión –la
contigüidad, sobre todo– que se produce entre estímulo y respuesta y entre
estímulos naturales, o incondicionados, y estímulos neutros o condicionados. La
concepción atomista de la vida mental no explica fácilmente un concepto tan
fundamental en psicología como es el del yo, o la conciencia, que no suele
considerarse una simple conexión temporal o sucesión de ideas, sino más bien una
unidad originaria con carácter de sujeto, y anterior a cualquier asociación. En
especial, la psicología de la forma, o Gestalt, opone al atomismo y al
asociacionismo la idea de conjunto, todo o globalidad.
Para Hume existe un principio de conexión entre los distintos
pensamientos o ideas de la mente y, al presentarse a la memoria o la
imaginación, unos introducen a otros con un cierto grado de orden y regularidad.
Aunque sea demasiado obvio como para escapar a la observación que las distintas
ideas están conectadas entre sí, Hume manifiesta que no ha encontrado un solo
filósofo que haya intentado enumerar o clasificar todos los principios de
asociación. Desde su punto de vista, sólo parece haber tres principios de
asociación entre ideas: semejanza, contigüidad en el espacio o en el tiempo y
causa o efecto.
3.2.2 La Gestalt
A finales del siglo pasado, el psicólogo americano W. James
puso de relieve que, en presencia de idénticos estímulos, individuos con
distintos intereses percibían cosas diferentes, y de ahí dedujo que la
percepción más que depender de los estímulos sensibles, lo hacía de la
motivación o de los intereses del sujeto perceptor.
Continuando en este sentido, la psicología de la forma puso de
relieve que aunque desde el punto de vista fisiológico la percepción posee un
carácter mediato (es decir, depende de uno o más procesos fisiológicos),
psicológicamente, la percepción se nos da de una manera primaria, directa e
inmediata.
Según esta teoría, desde una perspectiva psicológica, la
percepción no es el simple resultado de sensaciones, en primer lugar, porque
éstas no son el único elemento de la percepción, en segundo, porque resulta casi
imposible determinar su entidad concreta y exacta, es decir, porque es muy
difícil precisar qué es o en qué consiste y, en tercero, porque diferentes
personas ante idénticos estímulos, pueden percibir objetos distintos.
La visión que la percepción nos proporciona está en sí misma
ordenada y estructurada con los caracteres propios del todo, y en lugar de
depender el todo de las partes (la percepción de las sensaciones), dependen las
partes del todo (las sensaciones de las percepciones). Así pues, los defensores
de la psicología de la forma propugnan la primacía de las percepciones.
La noción de Gestalt proviene directamente de la Escuela
Austriaca o de Graz, influida por la psicología “fenomenológica” de Brentano y
fundadora del primer laboratorio de psicología experimental en Graz. Algunos de
los miembros de esta escuela ampliaron y dieron fundamento psicológico a la
noción de “cualidad gestáltica”, introducida por el filósofo positivista E. Mach
en su Análisis de las sensaciones, obra en la que se refiere a
sensaciones espaciales (como figuras geométricas) y temporales (como melodías),
que se manifiestan independientes de los elementos que las compone3n (una
melodía musical se muestra independiente de sus notas, se mantiene en cualquier
clave musical y con instrumentos o timbres distintos, etc.) y que había que
interpretar como construcciones psíquicas.
Ehrenfelds y Meinong formularon la noción de algo que se
percibe sensorialmente y que, no obstante, no es una sensación. La afirmación de
que en la percepción hay elementos percibidos que no son sensaciones
(impresiones sensoriales) remite a los orígenes kantianos de la Gestalt. Los
patrocinadores de la Gestalt, no obstante, sostuvieron la tesis de que hay
formas o Gestalten tanto en la mente humana como en la misma naturaleza: el
fenómeno de pregnancia, por ejemplo, o la “buena forma” de una gota de agua, en
equilibrio interno y externo, son muestras de formas naturales.
En la percepción intervienen, por una parte, los estímulos
externos o internos y, por otra, el dinamismo psíquico, es decir, la manera de
ser y las situaciones de las personas perceptoras.
A este respecto, las leyes de la percepción expresan las
relaciones existentes entre los estímulos originados por los objetos y la
actividad perceptiva de las personas o, expresado de otro modo, la forma en que
la mente humana tiende a agrupar las distintas excitaciones procedentes de la
realidad externa. Como leyes más importantes podemos señalar las siguientes:
-
Ley de la adaptación: la función primera y fundamental
de la percepción consiste en facilitar nuestra adaptación correcta al mundo.
El ser humano propende a organizar e interpretar las impresiones de acuerdo
con sus fines e intereses; por ejemplo, cuando miramos nuestro reloj,
observamos (percibimos) la hora y prescindimos de la forma y del color de la
esfera, del tamaño de los números, etc.
-
Ley de la “buena forma”: el sujeto que percibe tiende
a ver el conjunto de estímulos en su configuración más simple y más ordenada.
Se entiende que una buena figura, o una buena figuración de elementos
sensoriales dispersos, ha de ser sencilla, simétrica, equilibrada, continua,
etc. En la percepción tendemos a completar la figura que nos aparece como
incompleta. Según los psicólogos de la Gestalt es una propiedad de la
naturaleza, que tiende a manifestarse en su forma más pura y simple.
-
Relación figura-fondo: lo que percibimos visualmente
es siempre una figura que se recorta sobre un fondo. La figura posee unas
características propias como son: forma y contorno definidos; mayor
estructuración; se percibe como más próxima al sujeto que el fondo; aparece
cerrada sobre sí misma, siendo su superficie menor e influida por el fondo que
la envuelve. El fondo, por oposición a la figura, carece de contornos
precisos; es uniforme, por lo que no posee una estructura formal; se percibe
como más lejano y envolviendo a la figura, y su superficie es mayor y más
imprecisa.
-
Ley de la constancia perceptiva: las variaciones
sufridas por un objeto, dentro de ciertos límites, no nos impiden ver dicho
objeto o, expresado de otra manera, la percepción propende a corregir o a
prescindir de las variaciones que pueden adquirir determinados objetos en
diversas circunstancias. Esta ley se manifiesta en las cualidades
siguientes:
-
Constancia del color: tenemos tendencia a percibir
ciertos objetos de determinado color, aunque la intensidad luminosa u otras
circunstancias nos lo muestren con otras tonalidades; así, vemos la nieve
blanca, el carbón negro y las hojas de los árboles verdes, tanto a plena luz
del mediodía como a las sombras del crepúsculo o en la noche a la débil luz
de la Luna
-
Constancia de la forma: vemos los platos redondos,
las ventanas rectangulares, con independencia de nuestra posición con
respecto a ellos y de las formas y de las deformaciones con que se nos
presentan
-
Constancia del tamaño: la imagen que percibimos de
un objeto disminuye con la distancia, mas las personas adultas suelen
percibir las cosas en su tamaño correcto con independencia de su proximidad
o lejanía. Vemos más voluminosa a una vaca que a un perro, aunque realmente
en nuestra retina, debido a la proximidad del perro y a la lejanía de la
vaca, se refleje de mayor tamaño el perro que la vaca.
-
Ley de la primacía: percibimos los objetos globalmente
antes que sus partes, lo cual significa que las partes adquieren su sentido,
sus funciones y sus perspectivas dependiendo de su posición en el todo y, de
esta manera, unos mismos estímulos pueden servir para originar distintas
percepciones: figuras reversibles, diferentes formas de agrupación, relación
figura-fondo. De esta ley se derivan a su vez las siguientes:
-
Ley de la proximidad: en igualdad de circunstancias
tendemos a agrupar los estímulos próximos entre sí
-
Ley de semejanza: en situaciones similares
propendemos a reunir los estímulos análogos o parecidos entre sí
-
Ley de contigüidad: en condiciones semejantes
tenemos tendencia a integrar los estímulos que parecen seguir un mismo
orden, una misma dirección o pertenecer a un mismo grupo
-
Ley de contraste: en casos análogos nos inclinamos a
destacar ciertos estímulos, dejando en un plano secundario o ignorando otros
(figura-fondo)
3.2.3 Teorías cognitivas
Estas teorías establecer ciertas analogías entre el
funcionamiento del cerebro y el de los ordenadores. Para ellas, la percepción se
incluye dentro de un campo más amplio como es el de la cognición, hallándose
plenamente interrelacionada con otros procesos mentales superiores como la
memoria o la toma de decisiones. Estas teorías explican la percepción como un
proceso anticipatorio por parte del sujeto, ya que se adapta a unos esquemas
cognitivos previos, los cuales se encuentran grabados en la memoria del sujeto
como fruto de su aprendizaje anterior. De esa manera, la percepción es un
proceso constructivo.
En suma, aprendemos a percibir y, como resultado de ese
aprendizaje, se crean esquemas cognitivos en nuestro cerebro que,
posteriormente, condicionarán nuestra futura percepción de la realidad. Estos
esquemas no sólo se aprenden, sino que además se asocian a una palabra o a un
conjunto de palabras. A través de esos esquemas mentales y de los vocablos que
designan, otorgamos significado a los objetos que percibimos.
3.2.4 Enfoque neuropsicológico
Este enfoque intenta relacionar la percepción con la actividad
neuronal. Según Hebb, la percepción es un proceso cuyo componente principal son
las llamadas asambleas celulares. Éstas son uniones sinápticas de las
neuronas como resultado de algún acontecimiento perceptivo anterior. Dichas
asambleas permanecen consolidadas gracias a la experiencia y al aprendizaje.
Ahora bien, esto no significa que esas uniones sinápticas sean inmodificables;
por el contrario, se pueden formar nuevas asambleas o desunir las ya
consolidadas de una manera gradual, como consecuencia de nuevos acontecimientos
perceptivos. Las uniones entre asambleas celulares, las cuales se activan unas a
otras, permiten explicar fenómenos perceptivos complejos e incluso la
plasticidad del propio pensamiento.
4. Percepciones sensibles y conocimiento humano
En la filosofía tradicional se distinguían dos clases de
conocimiento, a saber, conocimiento inferior o sensitivo y conocimiento superior
o intelectual (o racional); en este sentido se decía que el primero era común a
todos los animales, el segundo, en cambio, propio y exclusivo de los seres
humanos; el conocimiento sensible nos proporcionaba ciertos datos singulares y
concretos sobre las cosas materiales, el segundo, por el contrario, era un
conocimiento de índole superior, mediante el cual podíamos adquirir la
comprensión (la auténtica ciencia o el auténtico conocimiento) de los objetos de
la realidad.
Ahora bien, de acuerdo con esta distinción, ¿qué papel
desempeña la percepción en nuestro conocimiento?, o, expresado de otra manera,
¿qué valor cognoscitivo poseen las percepciones? A lo largo de la historia el
ser humano ha encontrado numerosas respuestas, entre las cuales destacan las
siguientes:
4.1 El empirismo radical
Según el empirismo radical, nada hay en el entendimiento que
no haya estado antes en los sentidos. El entendimiento humano es como una
“tabla rasa” o como un “papel en blanco”, carece absolutamente de contenidos
cognoscitivos y todas sus operaciones intelectuales dependen de los datos
suministrados por los sentidos, es decir, el entendimiento es incapaz de hacer
surgir una sola idea nueva; por tanto, todos nuestros conocimientos se reducen a
los contenidos suministrados por los sentidos, esto es, a sensaciones y
percepciones sensibles relacionadas o combinadas entre sí.
4.2 El intelectualismo
El intelectualismo rechaza el valor cognoscitivo del
conocimiento sensible: los sentidos nos engañan, el entendimiento o la
razón son las únicas facultades que proporcionan auténtico conocimiento. El
entendimiento (o la razón), partiendo de sus propios principios y sin atender a
las informaciones sensibles, puede llegar a conocer la realidad.
4.3 Posturas intermedias
Existen otras posturas que defienden, por una parte, que el
auténtico conocimiento humano es el conocimiento intelectual o racional pero,
por otra, señalan que el conocimiento sensible es también necesario. A este
respecto, los sentidos nos proporcionan el material cognoscitivo gracias al cual
el entendimiento puede elaborar sus contenidos intelectuales, es decir, sus
imágenes y conceptos o ideas.
En este sentido, Aristóteles y Sto. Tomás afirman que el
entendimiento abstrae (obtiene) los contenidos inteligibles (los datos
esenciales, universales y objetivos) de los datos sensibles suministrados por la
sensación.
Según Kant, “los conceptos (o las ideas) sin sensaciones son
vacíos”, y “las sensaciones sin conceptos (o ideas) son ciegas” o, lo que es lo
mismo, en el auténtico conocimiento ha de darse una unión (un casamiento) de los
contenidos suministrados por las sensaciones con los contenidos proporcionados
por el entendimiento.
Para Ortega, el conocimiento sensible es inseparable del
conocimiento intelectual, “los sentidos son la hacienda del espíritu” y, en este
sentido, el conocimiento sensible es necesario; pero el ser humano al percibir
interpreta intelectualmente y resulta imposible percibir sin interpretar; casi
como Kant, Ortega asegura que los conceptos (las ideas) son complementarios de
las percepciones y de las sensaciones; éstas nos muestran las superficies de las
cosas, aquellos sus significados profundos, las sensaciones nos dan datos, el
entendimiento encuentra su sentido.
5. Factores que influyen en la percepción
Mientras que una persona está concentrada en determinada
lectura todos los demás acontecimientos le pasan desapercibidos, no se da cuenta
del sonido de la televisión próxima ni del ruido de la calle ni de otros
múltiples estímulos de su alrededor. Si, súbitamente, se produce una explosión,
su atención cambia de sentido y se dirige al nuevo suceso. Es decir, que la
percepción puede estar motivada por factores personales o internos (caso de la
lectura) o por factores externos (caso de la explosión).
5.1 Factores personales o internos
Los factores personales son los que dependen de las
características propias de cada individuo; los más importantes son:
-
La atención voluntaria. Se denomina atención a
la capacidad que poseen las personas de seleccionar intencionalmente
determinados estímulos y procurar prescindir de los demás
-
El interés. Se entiende por interés la
inclinación vehemente del ánimo de una persona hacia determinados objetos,
actividades, etc.
-
Los estados de necesidad. Se califica como estado de
necesidad la situación de carencia en que se encuentra un sujeto en un
determinado momento: “quien tiene hambre con pan sueña”
-
La afectividad. Se conoce como afectividad a las
disposiciones sentimentales, bien positivas bien negativas, hacia algo o hacia
alguien. Tanto la afectividad negativa como la positiva tienden a favorecer la
percepción. Las personas se dan cuenta tanto de lo que aman como de lo que
odian, tanto de lo que les produce alegría como de lo que les causa tristeza.
La indiferencia afectiva, en cambio, lleva a los individuos a ignorar los
objetos.
-
Las aptitudes. Todo aquello que guarda relación con
nuestras capacidades y actividades se suele percibir mejor
5.2 Factores externos
Los factores externos son aquellos que influyen en el sujeto
desde el mundo exterior a él. Los más significativos son:
-
El tamaño del objeto: en general, los objetos más
grandes “atraen más la atención”
-
El movimiento y las variaciones: los objetos móviles y
los que varían de ritmo, intensidad o tonalidad se perciben mejor que los que
permanecen estáticos o invariables
-
El contraste: el cambio más o menos brusco de la
situación o del entorno.
-
La situación: en general, las cosas situadas en el centro de
un determinado medio tienen a percibirse mucho antes y mejor que las colocadas
en zonas laterales
-
Otros factores externos que pueden influir en la percepción
son la insistencia o reiteración, la complejidad, la novedad, etc.
5.3 La cultura, factor principal de la percepción humana
El equipo sensorial y las capacidades perceptivas naturalesson prácticamente idénticos en todos los componentes de la
especie humana. Pero el uso que se hace de ese material varía profundamente de
unas culturas a otras.
Como han insistido numerosos sociólogos, y particularmente los
seguidores de E. Durkheim, las distintas sociedades transmiten a sus individuos
ciertas creencias y costumbres, y así, en lugar de percibir las cosas como son,
las percibimos condicionados por “lo que todo el mundo piensa, dice y hace” en
nuestra sociedad, es decir, en consonancia con lo que ésta nos ha enseñado.
En nuestra vida, en nuestra experiencia, el mundo humano
precede al mundo animal, vegetal y mineral. Vemos todas las cosas, como a través
de unos anteojos, mediatizados por la cultura y la mentalidad del grupo social
en el que nacemos: las personas que forman parte de mi comunidad me infunden sus
ideas y sus creencias y yo percibo el mundo y las cosas a través de esas ideas
recibidas.
De esta manera, mediante el aprendizaje social empezamos no
solamente a pensar y a razonar, a estimar unos valores y a rechazar otros, a
juzgar positivas unas normas y negativas otras, etc., sino también a percibir
las distancias, los colores y las formas de las cosas; como ejemplo de esto
veamos los que nos cuenta Ornstein en su libro La psicología de la
conciencia:
-
Es casi seguro que gran parte de nuestra experiencia
perceptiva es aprendida. Por ejemplo, los pigmeos del Congo habitan sobre todo
en densos bosques y, por tanto, rara vez tienen la oportunidad de ver grandes
distancias. En consecuencia, no desarrollan, como nosotros, una sólida idea de
la continuidad de las medidas. Colin Turnbull, antropólogo que estudiaba a los
pigmeos, llevó una vez a su guía pigmeo a una excursión por el bosque. Cuando
estaban atravesando una vasta planicie, vieron un rebaño de búfalos a lo
lejos.
-
El guía echó una mirada sobre la planicie donde estaba el
rebaño de búfalos. Me preguntó que de qué tipo de insectos se trataba, y le
dije que eran búfalos, tan grandes como el búfalo de los bosques que él
conocía. Estalló en carcajadas y me respondió que no le contase tonterías …
Entramos en el coche y descendimos hacia donde estaban pastando los animales.
Observamos cómo se hacían cada vez más grandes, y, aunque era tan valiente
como todos los pigmeos, cambió de sitio, sentándose cerca de mí, murmurando
que se trataba de brujería … Cuando se dio cuenta de que eran búfalos reales,
se le pasó el miedo, pero lo que le intrigaba era cómo habían sido tan
pequeños y se habían vuelto de repente más grandes o si había sido una especie
de truco.
Las personas de diferentes culturas pueden no verse confundidas
por los mismos efectos ópticos que nosotros, porque no comparten los mismos
esquemas mentales. Por ejemplo, muchas de las ilusiones más famosas
desarrolladas por nuestros psicólogos dependen en gran medida de que vivamos en
un mundo en el que predominan los ángulos rectos y las líneas rectas
5.4 La percepción científica
Los ojos nos muestran objetos, el oído percibe sonidos, el
olfato olores, etc.; pero estas percepciones aparecen condicionadas, modificadas
o perturbadas por las características y las situaciones subjetivas de cada
individuo perceptor: unas personas ven más y otras menos, unos ven de una manera
y otros de otra, éstos perciben unas cosas y aquellos otras, etc. No obstante,
la ciencia pretende superar las percepciones y las concepciones subjetivas y
proporcionarnos una visión objetiva y exacta de la realidad, es decir, una
visión válida para todas las personas independientemente de sus situaciones y
condiciones particulares.
Así pues, frente a la percepción natural, espontánea o vital,
siempre subjetiva y particular, la percepción científica trata de corregir o
evitar las apreciaciones subjetivas y establecer unos patrones objetivos de
conocimiento, es decir, el científico intenta explicar cómo son los objetos con
independencia de los ojos que los ven y de las inteligencias que los comprenden
o, lo que es lo mismo, cómo hay que percibirlos y comprenderlos para que la
percepción sea fidedigna.
6. Distintas clases de percepciones
Las diversas percepciones dependen en gran medida de nuestros
órganos de los sentidos; por tanto, en principio, parece que habrá tantas clases
de percepciones como distintos órganos sensibles. Pero, a veces, un mismo
sentido puede originar sensaciones diferentes o, lo que es mucho más frecuente,
a la inversa, dos o más sentidos pueden contribuir a elaborar una misma
percepción. Como percepciones más importantes podemos señalar las
siguientes:
-
Percepciones visuales: el órgano de la vista es el
ojo, en el cual se encuentran la retina, el iris, el cristalino y la córnea.
La retina es la parte fundamental del ojo, está compuesta de determinadas
terminaciones nerviosas sensibles a la luz y en ella tiene lugar la
transformación de las radiaciones luminosas en impresiones nerviosas que,
mediante el nervio óptico, son transmitidas al cerebro. Los excitantes propios
de la vista son los estímulos luminosos. Ahora bien, además de los colores, el
sentido de la vista nos proporciona una rica variedad de impresiones y
percepciones de otros tipos, a saber: a) sobre el espacio, los objetos que en
él se encuentran, sus distancias y su situación respecto a nosotros; b) sobre
el movimiento; c) sobre las formas de los objetos; d) nos ayuda a reconocer la
naturaleza y composición de las cosas, y con la ayuda de ciertos instrumentos
nos permite una enorme capacidad para percibir objetos pequeños o
distante.
-
Percepciones auditivas: la audición se encuentra en el órgano de Corti, en el interior del caracol o cóclea,
perteneciente al oído interno. Podemos distinguir tres clases de estímulos:
los sonidos, los ruidos y las voces. La capacidad auditiva del oído normal
oscila entre 20.000 y 20 vibraciones por segundo.
-
Percepciones táctiles: la base fisiológica de las
percepciones táctiles se halla formada por una compleja red de terminaciones
nerviosas por todo el cuerpo, que permiten percibir ciertas características de
los objetos que entran en contacto con la piel. Asociadas a las percepciones
táctiles se encuentran las de presión y las de vibración:
-
las percepciones de la presión: son originadas por
el hundimiento de la piel y, mediante ellas, nos podemos informar de la
elasticidad y del peso de las cosas, de su aspereza o de su dureza y su
blandura
-
las percepciones de las vibraciones: los estímulos
apropiados de estas percepciones son las vibraciones producidas por algunos
de los objetos con los que entramos en contacto. Así, a falta de
percepciones auditivas, algunos sordomudos pueden recoger mediante el tacto
determinadas vibraciones sonoras, y de este modo logran formarse una “idea”
de ciertos sonidos e incluso gozar con la armonía
musical
-
La percepción de dolor: la sensibilidad dolorosa se
halla extendida por todo el cuerpo, así como por la mayoría de los órganos
corporales y varía mucho de unas partes del organismo a otras
-
La percepción de temperatura: el órgano propio para
percibir la temperatura se encuentra constituido por los numerosos puntos de
calor y de frío existentes en la piel. Hay muchos más de los segundos que de
los primeros. Del mismo modo que los puntos de calor pueden ser excitados
también por temperaturas muy bajas, los de frío pueden serlo por temperaturas
muy altas; surgen entonces las percepciones paradójicas de frío y de calor
-
Percepciones olfativas: el órgano del olfato está
constituido por numerosas células nerviosas situadas en la parte alta de la
cavidad nasal o cornete, dichas células se encuentran unidas al cerebro
mediante el nervio olfativo
-
Percepciones gustativas: el órgano del gusto está
constituido por las papilas gustativas situadas en la superficie, en la punta
y en los bordes de la lengua. Sólo son perceptibles por el gusto las
sustancias solubles en el agua
-
Percepciones cinestésicas: nos transmiten la posición,
la orientación, el equilibrio y el movimiento o actividad de los músculos. Los
órganos cinestésicos se encuentran en el oído interno, en el laberinto,
y se componen de los conductos semicirculares, y de dos sacos
membranosos, el utrículo y el sáculo, en los que se encuentran
los otolitos. Los conductos semicirculares son tres tubos membranosos
dispuestos entre sí en ángulo recto en las tres direcciones del espacio.
Sirven para mantener el equilibrio del cuerpo cuando éste se encuentra en
movimiento. Los otolitos son una especie de huesecillos o cristales que
flotando sobre un lecho elástico estimulan distintas células nerviosas y, de
esta manera, nos informan sobre nuestra posición.
-
Percepciones orgánicas: guardan una profunda relación
con la satisfacción de nuestras necesidades vitales, nos avisan de las
insuficiencias corporales y se manifiestan tanto más intensamente cuanto
mayores son nuestras carencias
7. Ilusiones y alucinaciones
Nuestras facultades cognoscitivas suelen proporcionarnos un
adecuado conocimiento de las realidades que nos rodean. Lo normal es que
nuestras percepciones sean correctas, es decir, que nos comuniquen con relativa
exactitud la realidad, los contenidos y las relaciones del mundo objetivo; pero,
a veces, nuestras condiciones subjetivas prevalecen y nos conducen a
errores.
A este respecto, podemos distinguir dos tipos de errores
perceptivos: las ilusiones y las alucinaciones.
7.1 Ilusiones
Suelen estar motivadas por situaciones o estados afectivos,
sentimentales o emotivos; así tendemos a ver sólo perfecciones en las personas
amadas o a disculpar más fácilmente las faltas y errores de nuestros amigos que
las de nuestros rivales. Podemos, pues, afirmar que la ilusión consiste en un conocimiento deficiente de un objeto presente debido a una interpretación
errónea de las impresiones sensibles. Desde el punto de vista de su causa u
origen podemos distinguir tres clases de ilusiones diferentes:
-
Ilusiones físicas: son aquellas ilusiones que obedecen
a interferencias o perturbaciones existentes en el medio físico o cambios en
el mismo; por ejemplo, vemos quebrado el palo sumergido en el agua
-
Ilusiones fisiológicas: se deben a ciertas
perturbaciones, defectos o adaptaciones incorrectas de los órganos de los
sentidos o del sistema nervioso; por ejemplo, los amputados creen sentir dolor
en los miembros que les faltan
-
Ilusiones psicológicas: pueden deberse a un defecto de
atención, a una deficiente síntesis perceptiva, a ciertas simplificaciones o
adaptaciones incorrectas de nuestros procesos cognoscitivos o a ciertos
prejuicios mentales. Entre las más importantes están:
-
Ilusiones de reconocimiento: “falso reconocimiento”,
“ilusión de lo ya visto”
-
Ilusiones de recuerdo: ilusiones en las que
identificamos como propios ciertos acontecimientos y determinadas
circunstancias ajenas
-
Ilusiones óptico-geométricas: adaptaciones o
simplificaciones de nuestras actividades perceptivas.
7.2 Alucinaciones
En las ilusiones, el objeto externo es interpretado
erróneamente; en las alucinaciones, en cambio, falta el objeto o se producen
percepciones que no guardan ninguna relación con los objetos presentes.
Generalmente se presentan en sujetos con alteraciones de tipo paranoico o
esquizofrénico, en los estados extremos de hambre y sed o en las intoxicaciones
por drogas y alcohol.
Son percepciones que se imponen a la conciencia en ausencia
total de estímulos. Podemos distinguir entre elementales y complejas. Las elementales comprenden impresiones vagas, indefinidas y de
escaso carácter objetivo: resplandores, zumbidos, etc.; las complejas consisten
en falsas percepciones de objetos, animales o personas.
8. La memoria
Se podría definir la memoria como un proceso gracias al cual
somos capaces de recuperar la información que previamente hemos almacenado
registrado en nuestro cerebro. Este proceso consta de tres operaciones básicas:
la codificación, el almacenamiento y la recuperación dela información.
El primer paso necesario para registrar una información es la codificación: estamos obligados a seleccionar y modificar la información
sensorial hasta hacerla reconocible y manipulable por nuestra memoria. Para ello
solemos valernos principalmente de códigos verbales y códigos visuales.
Pero esta codificación nunca es neutra, sobre todo en lo que
afecta a nuestras vivencias y a los sucesos que conllevan alguna carga
emocional. De entre todos los datos que recibimos, seleccionamos los que nos
interesan y los interpretamos de acuerdo con nuestras propias ideas sobre el
mundo. Por eso puede decirse que “construimos” o “personalizamos” nuestros
propios recuerdos, en lugar de registrarlos de forma automática. La memoria,
lejos de parecerse a un simple almacén pasivo de información, es un proceso
activo mediante el cual relacionamos los recuerdos con el significado que los
acontecimientos tienen para nosotros.
La segunda etapa de este proceso es el almacenamiento o
retención de la información con el fin de conservarla y recuperarla cuando sea
necesario. Se trata de una fase esencial: dependiendo del lugar en el que
guardemos los datos y del mayor o menor interés que hayamos puesto en ellos,
recordaremos la información con mayor o menor dificultad. En algunos casos, la
habremos perdido para siempre; en otros, permanecerá imborrable en nuestra
memoria.
Y, en tercer lugar, la recuperación, que consiste en
localizar y reactualizar la información almacenada. La recuperación significa
traer a la conciencia la información, hacerla consciente de nuevo. El problema
suele consistir en encontrar el camino adecuado para llegar hasta ella, aunque
si la información ha quedado bien organizada y guardada en el lugar correcto,
nos será más fácil encontrarla.
8.1 Tipos de memoria
8.1.1 Memoria sensorial
Es de carácter casi automático: registra las sensaciones y
permite explorar las características de la información que llega a nosotros. Esa
memoria se mantiene durante un periodo muy breve (apenas un segundo).
Posteriormente, pueden suceder dos cosas: o que se transfiera a la memoria a
corto plazo o que desaparezca definitivamente.
El tipo de información que se almacena en esta memoria es muy
elemental. En la actualidad se piensa que posee dos fases: una primera, que
consiste en el registro del estímulo por los sentidos; y una segunda, donde se
mantiene brevísimamente la huella dejada por el estímulo, permitiendo la
intervención de la memoria a largo plazo para reconocer, por experiencias
previas, los rasgos de ese estímulo.
El ejemplo tradicional al que se acude para ilustrar este tipo
de memoria es la visión de un largometraje. Nosotros percibimos secuencias en
movimiento, aunque en realidad la película está compuesta por fotografías fijas
separadas por breves intervalos de oscuridad. La sensación de movimiento se
obtiene gracias a que la memoria sensorial retiene la visión de cada imagen
hasta la aparición de la siguiente.
8.1.2 Memoria a corto plazo
Parte de la información captada por la memoria sensorial pasa a
un segundo sistema: la memoria a corto plazo. Aquí se produce ya una elaboración
más compleja de los datos sensoriales, en la que intervienen diferentes
estructuras cognitivas. Concretamente, la MCP procesa los datos que se utilizan
conscientemente para responder a los problemas de nuestro presente
inmediato.
La relación que se establece entre este tipo de memoria y la de
largo plazo es bidireccional: parte de la información elaborada por la MCP pasa
a la MLP para ser almacenada allí con carácter indefinido; a la vez, cuando
necesitamos recuperar información del pasado, ésta se transvasa en el sentido
inverso. De esa forma, podemos utilizar los recuerdos y los aprendizajes en
nuestro presente inmediato.
Dos características definen básicamente a la MCP: la limitación
de su capacidad de almacenamiento y la brevedad de su retención. La capacidad
máxima de recuerdo inmediato se calcula estadísticamente en 7 unidades de
información no significativas (letras o números que no posean sentido para
nosotros), con una variación media de más menos 2. El período máximo de
retención de este tipo de memoria oscila entre 15 y 30 segundos.
8.1.3 Memoria a largo plazo
En ella se guardan las percepciones, los sentimientos y las
acciones del pasado. Su capacidad de almacenamiento es prácticamente ilimitada.
Sin embargo, no siempre esa información almacenada es accesible; a veces, no
somos capaces de recordar, pero eso no significa que dicha información se haya
borrado, sino que no puede actualizarse a causa de algunas inhibiciones o porque
no se han ejecutado correctamente las claves para su recuperación.
La información se transvasa desde la MCP hasta la MLP (y
viceversa), donde se procede a su estructuración y almacenamiento definitivo.
Ésta es la función esencial de la MLP, puesto que cuanto mejor y más
estructurada se encuentre la información, más fácil será su recuperación
consciente. Los neuropsicólogos no conocen todavía cómo se recupera exactamente
la información de la MLP, aunque sí saben que su actualización depende de cómo
haya sido codificada y de que las claves que utilicemos para el recuerdo
coincidan con las propias claves en las que fue codificada.
Algunos especialistas han señalado que el funcionamiento de la
MLP implica la existencia de dos partes diferenciadas. Según Tulving, la MLP se
divide en:
-
Memoria episódica: está formada por los sucesos o
episodios que nos han ocurrido (o que hemos imaginado); por lo tanto, se
refiere siempre al recuerdo de hechos concretos. Esencialmente es una memoria
descriptiva: recupera información espacio-temporal que se encuentra vinculada
a los hechos episódicos y afectivos de nuestro pasado.
-
Memoria semántica: es la memoria abstracta. Su ámbito
abarca el conocimiento racional del mundo y el lenguaje. Se organiza mediante
pautas lógicas y conceptuales. Dicha memoria nos permite realizar inferencias,
elaborar abstracciones, relacionar conceptos, conocer los significados de las
palabras o las propias reglas gramaticales, etc.
8.1.4 Diferencias entre las memorias a corto y largo plazo
Las más importantes son:
-
Mientras que en la MLP no se conoce un límite preciso a la
capacidad de almacenar información, en la MCP dicho límite se ha calculado
estadísticamente en torno a siete unidades de información en un momento
determinado.
-
La duración de la información es mucho más persistente en la
MLP, ya que en la MCP apenas alcanza los 30 segundos como máximo.
-
La MCP mantiene la información consciente y activa, mientras
que en la MLP se encuentra en estado latente. Para recuperarla debe existir
una demanda del organismo, de tal manera que se active la MLP y se traslade a
la MCP.
-
La MLP codifica esencialmente las propiedades semánticas de
los estímulos, mediante la elaboración de códigos muy complejos. Por el
contrario, la MCP suelo codificar propiedades acústicas y visuales.
-
Mientras que en la MCP la información permanece presente
durante todo el tiempo, la MLP necesita de mecanismos y de técnicas entradas
consciente o inconscientemente para poder recuperar la información almacenada
en ella.
8.2 Recuperación de la información
La capacidad de almacenamiento no suele ser un problema para la
memoria humana, pues nuestra MLP cuenta con espacio casi ilimitado; lo
importante, sin embargo, es poder recuperar los datos que se necesitan en el
momento adecuado.
En la memoria humana, la recuperación de los datos se apoya
sobre todo en el contenido y, más concretamente, en las relaciones o conexiones
de unos datos con otros: conseguimos acceder a los datos gracias a un fenómeno
asociativo de la información, unos recuerdos nos llevan a otros, ayudándonos así
a encontrar la ruta adecuada para llegar hasta el dato que buscamos. Desde este
punto de vista, podemos decir que la memoria humana es una memoria
semántica: almacenamos datos significativos conectados entre sí.
Por esta razón, la recuperación puede verse favorecida por la
presencia de claves (estímulos relacionados de manera lógica o por asociación
con la información que queremos recuperar). También el estado de ánimo influye a
la hora de recuperar la información: recuperamos con más facilidad recuerdos
agradables cuando estamos de buen humor y recuerdos tristes cuando estamos de
mal humor.
Nuestro almacén de MLP ha de tener un funcionamiento organizado
e integrado de alguna manera; de no ser así, nos resultaría imposible recuperar
las informacione que hemos almacenado. Muchos de nuestros procesos de
recuperación de información se parecen a los mecanismos que empleamos en la
resolución de problemas: en lugar de buscar mecánicamente en nuestra memoria,
utilizamos procedimientos lógicos. Analizamos primero la respuesta que queremos
encontrar, las probabilidades de que esté o no en nuestra memoria y las posibles
conexiones o contextos que pueden llevarnos hasta ella. Una vez cerca del dato,
registramos minuciosamente el contexto, verificamos, etc.
No obstante, a la hora de recordar la información no siempre
usamos el mismo sistema. Podemos distinguir dos modalidades básicas en la
recuperación de la información que hemos almacenado: el reconocimiento y el
recuerdo. El reconocimiento es la conciencia de haber sido ya expuesto
anteriormente al mismo estímulo. Es un tipo de memoria pasiva y que exige menos
esfuerzo que el recuerdo. El recuerdo es la recuperación efectiva de una
información almacenada en la memoria. Ésta es una operación activa, nos exige
buscar, recuperar y cerciorarnos de que se trata, en efecto, de la información
solicitada.
8.3 El olvido. Los trastornos de la memoria
El olvido es la incapacidad de recordar. Es, además, algo
natural y esencial para que la memoria, y con ella la inteligencia, funcione
correctamente. Si no fuéramos capaces de olvidar los detalles insignificantes e
informaciones innecesarias de nuestras percepciones, no podríamos tampoco
generalizar y construir conceptos que son, al fin y al cabo, abstracciones. Y,
por otro lado, quedaríamos bloqueados por la sobrecarga de estímulos y de
información.
Hay varias teorías que intentan explicar el porqué del olvido.
Según unas, el olvido puede estar provocado por algún fallo que afecte a la
codificación, el almacenamiento o la recuperación de la información. Para unos,
la causa del olvido es el decaimiento o desvanecimiento de la información por
falta de uso: ello implica que la huella física del recuerdo se va desvaneciendo
o debilitando paulatinamente con el tiempo y, si no hay nada que lo impida,
termina por desaparecer. El decaimiento supone una pérdida por fallo en el
almacenamiento.
Otro mecanismo adicional que tiene influencia en el olvido es
la interferencia, que tiene lugar cuando una información de la memoria bloquea a
otra e impide que esta última sea recordada. Ya se trata de informaciones que
hemos aprendido previamente o de informaciones que aprendemos con posterioridad,
para la mayoría de los investigadores esta parece ser la clave del olvido.
8.3.1 Las amnesias
La amnesia es una anomalía temporal de la memoria que tiene
lugar sin que concurran otras dificultades mentales. Consiste en la pérdida
total o parcial de memoria con ocasión de un determinado acontecimiento y puede
durar desde unos minutos a varios años. Suele estar provocada por una lesión, un
accidente, problemas psicológicos, el uso de drogas, etc. Se suelen distinguir
tres tipos de amnesia:
-
La amnesia retrógrada o traumática impide recordar los
acontecimientos anteriores al accidente. Posteriormente suele haber una
recuperación progresiva de esos recuerdos; primero llegarán los más antiguos y
después los más cercanos al accidente.
-
La amnesia postraumática es un momento de confusión
caracterizado por la dificultad para orientarse en el espacio y en el
tiempo.
-
La amnesia retrógrada ocasiona la pérdida de recuerdos
relativos a sucesos que han ocurrido después de sufrir un daño.
9. La forma básica de la actividad representativa humana: el
concepto
“Concepto” es todo lo concebido por la mente. En un sentido
amplio, equivale a “idea general” o “abstracta”. Según lo entiende la filosofía
tradicional, es el resultado del proceso de abstracción, por el que el sujeto
(que conoce) logra una representación mental del objeto (conocido) de un modo
general y abstracto. Un concepto se distingue de una imagen en que ésta posee
características concretas comunes con algún objeto determinado, mientras que el
concepto sólo contiene características generales, esenciales y definitorias,
obtenidas por abstracción. La imagen mental de una montaña contiene la forma de
alguna montaña, mientras que el concepto sólo posee las características
definitorias que se aplican necesariamente a cualquier montaña: “cumbres
elevadas”, por ejemplo. No sólo son los conceptos resultado de un proceso
cognoscitivo, sino que, además, según la interpretación tradicional, como
representación mental que son, son necesarios para pensar las cosas, en el
sentido que sólo el concepto pose la suficiente determinación que hace posible
el reconocimiento y comprensión de lo percibido por los sentidos. Los conceptos
sirven, según la larga tradición que empieza en Platón, para “reconocer”
adecuadamente los objetos de la experiencia, de suerte que su relación con las
cosas va en una doble dirección; en expresión de Kant: conceptos sin
experiencias son vacíos, y experiencias sin conceptos son ciegas. En última
instancia, los conceptos son los herederos y los representantes de las antiguas
ideas platónicas o de las formas aristotélicas. Se discute acerca de su grado de
realidad: el realismo conceptual les da cierta entidad independiente de la mente
y de los objetos individuales, mientras que el nominalismo afirma que, al
existir sólo objetos individuales, la generalidad del concepto no es más que
mental. En la filosofía actual, sobre todo la de orientación analítica, los
conceptos son el elemento conceptual que media entre el signo lingüístico y el significatum o cosa significada por el signo.
Los conceptos, entendidos como significados, se refieren a un
mundo exterior, del que representan objetos (conceptos de nombres) y propiedades
(conceptos de predicados o atributos). Los tipos principales de los conceptos de
nombres se refieren a entidades singulares (Isabel), colectivas (España),
generales (coche), universales (sustancia), concretas (la Cibeles) y abstractas
(belleza). Los conceptos de propiedades se refieren a cualidades o relaciones.
Unas (“filósofo”, en “Kant es filósofo) y otras (“más importante que” en
“Sócrates es más importante que Anaxágoras”) pueden llamarse predicados de la
oración, proposición o enunciado, y la tradición ha distinguido sobre todo a las
primeras con el nombre de universales.
Desde el punto de vista de la lógica, a los conceptos en cuanto
contenido conceptual de los términos, les competen las dos propiedades
fundamentales de la extensión y comprensión. La explicación que da Frege de los
conceptos aclara su naturaleza predicativa. Así como, en la realidad, lo que hay
se divide en objeto o función, toda expresión del lenguaje o es un nombre (que
designa o se refiere a un objeto) o es una expresión functorial (que designa o
se refiere a una función). De modo que, en el enunciado “César conquistó las
Galias”, “César” es el nombre de objeto y “conquistó las Galias” es la expresión
functorial. El espacio vacío admite diversas variables: todos los nombres de
objetos que hagan verdadero el enunciado. Por eso define Frege los conceptos
como “una función, cuyo valor es siempre lo verdadero”.
Aunque por definición los conceptos son representaciones
generales y abstractas, suelen dividirse de acuerdo con la clase de los objetos
a que se refieren o designan. Así, hay conceptos concretos o abstractos,
singulares o colectivos. En el ámbito científico los conceptos se dividen
fundamentalmente en clasificatorios, comparativos y métricos. Los conceptos
clasificatorios sirven para distribuir los objetos de un universo determinado
según grupos, o clases, ordenados y sistemáticos. Esta ordenación sistemática
recibe el nombre de clasificación. Para que una clasificación sea adecuada, debe
cumplir con determinadas condiciones formales y materiales. Las condiciones
formales de una clasificación adecuada exigen:
-
Que los grupos o clases sean disyuntos (los elementos de un
grupo no pertenecen, también, a otro)
-
La suma de los conjuntos tenga igual extensión que el
universo que clasifican, de modo que no quede ningún elemento sin grupo o
clase asignada.
-
Y que ningún grupo o clase sea un conjunto
vacío.
Por extensión de un dominio se entiende el conjunto de
elementos que contiene. Los conceptos clasificatorios se basan en una relación
de equivalencia entre todos los elementos que pertenecen a un universo. Cada
elemento es clasificable porque, por el hecho de compartir alguna propiedad
común con otros, pertenece junto con ellos a una misma clase de equivalencia con
relación a dicha propiedad. Las condiciones materiales de una clasificación
adecuada exigen que el criterio con que se dividen las clases, o se establece la
clasificación, sea pertinente e interesante con miras a posibles leyes
científicas que pueden enunciarse sobre el tema en cuestión; esto es, que sea
teóricamente fecundo. Los conceptos comparativos establecen el “más” y el
“menos” entre grupos o clases, con relación a la propiedad que comparten; los
grupos o clases se determinan según el grado de la propiedad que se comparte.
Son especialmente útiles en aquellas ciencias que no han desarrollado todavía
conceptos métricos. Los conceptos métricos o cuantitativos son los conceptos
científicos por excelencia; todas las ciencias tienden a ellos y son la
expresión matemática de sus resultados. Son, en el fondo, conceptos comparativos
que pueden clasificarse por el grado o la cantidad de la propiedad que se
comparte con la suficiente precisión; o bien, aquellos que utilizan valores
numéricos para indicar la cantidad o la magnitud que poseen de una determinada
propiedad.
Algunos psicólogos han aplicado las teorías del
condicionamiento operante a la formación del concepto. Los teóricos del
condicionamiento sugieren que los conceptos se aprenden gradualmente debido a
encuentros repetidos con ejemplos del concepto. Y se centran en tres aspectos de
estos encuentros.
-
Algunas respuestas identifican los conceptos (un cuadrado:
figura plana de cuatro lados)
-
Todos los ejemplos positivos de un concepto tienen elementos
comunes (todos los cuadrados tienen cuatro lados iguales)
-
Las respuestas a los ejemplos positivos se refuerzan,
pero las respuestas a los casos negativos no lo hacen. Es decir, la respuesta
a “cuadrado” se refuerza cuando se usa correctamente para identificar a
cuadrados reales y no se refuerza cuando se usa incorrectamente para
identificar a otras figuras.
Otros psicólogos han propuesto una alternativa a las teorías
sobre el condicionamiento: la teoría del aprendizaje cognitivo. Se centran en
las estrategias mentales que las personas utilizamos para formar conceptos.
Cuando encontramos los ejemplos de un concepto, formamos una hipótesis más
plausible acerca de lo que podría ser este concepto. En sucesivos encuentros
pondremos a prueba esta hipótesis y formaremos una nueva si es incorrecta.
10. Bibliografía
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