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LA VERDAD EN LAS MATEMÁTICAS Y EN LAS CIENCIAS EMPÍRICAS
(NATURALES Y SOCIALES)
1. Definición y teorías de la verdad
Al tratar la cuestión de la verdad, suele señalarse la
distinción existente entre las acepciones hebrea y griega. La voz hebrea para
designar verdad es 'emeth, cuyo radical ('aman) significa
"sostener algo firmemente para que no caiga". Entre los sinónimos que acompañan
y sustituyen a 'emeth, el principal es 'emunah (fidelidad,
afianzamiento, sitio en donde se puede uno apoyar). Por su parte, el término
griego correspondiente a verdad es alêtheia que -mediante su a privativa- indica la condición de des-velamiento, des-cubrimiento o
des-ocultamiento del ser. Así, alêtheia remite a una dualidad: lo que
aparece ante nosotros y el fundamento de lo que aparece o, en otros términos, la
auténtica verdad. De modo que la noción griega de verdad remite a lo permanente,
mientras que la hebrea refiere a un aspecto más bien dinámico. Por eso, para
indicar la verdad, el griego dice de algo que es, y el hebreo amén (así es).
A lo largo de la historia de la filosofía, el término verdad se
ha usado en dos sentidos:
-
para referirse a una proposición: la proposición es
verdadera, a diferencia de falsa
-
para referirse a una realidad: una realidad es verdadera, a
diferencia de otra que es aparente, ilusoria, etc.
Los filósofos griegos comenzaron por buscar lo verdadero frente
a la falsedad, la ilusión, la apariencia, etc. La verdad era idéntica a la
realidad. El griego concibe la verdad como descubrimiento del ser, es decir,
como la visión de la forma o perfil de lo que es verdaderamente, pero que se
halla oculto por el velo de la apariencia.
Los griegos se ocuparon también de la verdad como propiedad de
ciertos enunciados, de los cuales se dice que son verdaderos. Así, para
Aristóteles, "decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo
falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero"
(Metafísica, G, 7, 1011b 26-8). Para Aristóteles no hay verdad sin enunciado. Para que
un enunciado sea verdadero es menester que haya algo de lo cual se afirme que es
verdadero (o que no haya algo de lo cual se afirme que no es verdad.
Para los escolásticos, la verdad es una propiedad trascendental
del ente. La verdad como verdad trascendental es definida como la conformidad o
conveniencia del ente con la mente. Pero la verdad puede entenderse así mismo
como la conformidad o conveniencia de la mente con la cosa, o adecuación de la
mente con la cosa (verdad lógica).
Para los racionalistas y los empiristas, las verdades son
fundamentalmente "verdades de hecho".
Para Kant, si el objeto del conocimiento es la materia de la
experiencia ordenada por las categorías, la adecuación entre el entendimiento y
la cosa se hallará en la conformidad entre el entendimiento y las categorías del
entendimiento. La verdad es entonces primordialmente verdad del conocimiento,
coincidente con la verdad del ser conocido. Pues si hay efectivamente cosas en
sí, éstas son inaccesibles y, por tanto, no puede hablarse de otro conocimiento
verdadero que el conocimiento de dicha verdad trascendental.
Con respecto a la verdad se han mantenido diversas teorías, de
las cuales las más importantes son: teoría de la verdad como correspondencia,
teoría pragmática de la verdad, teoría de la coherencia, teoría semántica de la
verdad y teoría de la verdad como redundancia.
1.1 Teoría de la verdad como correspondencia
La concepción de la verdad como correspondencia es la más
extendida e importante de las concepciones de la verdad; hasta el punto de que
el resto de las concepciones parten de ella o la presuponen, incluso cuando la
critican. La formulación clásica procede de Aristóteles:
Decir de lo que no es que es, o de lo que es que no es, es
falso; y decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero;
de suerte que el que dice que algo es o que no es, dirá verdad o mentira
(Metafísica, IV, 7)
Puesto que [...] se ajusta a la verdad el que piensa que lo
separado está separado, y que lo junto está junto, y yerra aquel cuyo
pensamiento está en contradicción con las cosas, ¿cuándo existe o no existe lo
que llamamos verdad o falsedad? Debemos, en efecto, considerar qué es lo que
decimos. Pues tú no eres blanco porque nosotros pensemos verdaderamente que lo
eres, sino que, porque tú eres blanco, nosotros, los que lo afirmamos, nos
ajustamos a la verdad (Metafísica, IX, 10)
La verdad es, pues, el "ajuste" del pensamiento a la realidad.
Si pensamos que las cosas son como realmente son, nuestros pensamiento -y
nuestro decir- es verdadero. El segundo texto explica a qué clase de ajuste se
referiría Aristóteles. Si en la realidad a una cosa le pertenece una
propiedad, en el pensamiento debe decirse eso mismo. Hay, pues, un
paralelismo:
- realidad: cosa-propiedad (relación real de pertenencia)
- pensamiento: sujeto-predicado (relación lógica de predicación)
De aquí deriva la famosa definición medieval como
adecuación:
Adecuación del entendimiento a la cosa, según que el
intelecto afirma ser lo que es, y no ser lo que no es (Sto. Tomás de Aquino, Suma contra gentiles, I, 49)
Esta teoría de la verdad plantea múltiples problemas. El
primero de ellos es el siguiente: ¿es ésta la concepción originaria de la
verdad, o deriva de otra aún más originaria? La respuesta de Heidegger es:
"Una proposición es verdadera" significa: descubre al ente en
sí mismo. Propone, muestra, permite ver el ente en su "estado de descubierto".
El "ser verdadero" del a proposición ha de entenderse como un ser
descubridora. La verdad no tiene, pues, en absoluto la estructura de una
concordancia entre el conocer y el objeto, en el sentido de una adecuación de
un ente (sujeto) a otro (objeto) (Ser y tiempo, parágrafo
44)
Es decir, la noción de verdad como correspondencia deriva de
otra noción más primitiva, la de verdad como aletheia, como revelación
del ser de las cosas. El mostrarse de la cosa es la verdad originaria, anterior
al juicio, y, por tanto, anterior a la idea de correspondencia. La verdad
originalmente está ligada al ser; la prioridad la tienen las cosas, en las que
estamos ineludiblemente instalados y cuya verdad se nos hace presente y nos
interpela. Todo otro sentido de la verdad está referido a éste.
No es este, no obstante, el único problema, ni el más grave, de
los que plantea esta concepción de la verdad. Siempre podemos preguntar: ¿qué
significa que hay correspondencia o adecuación? Podríamos responder que
convencionalmente se han asignado unos signos determinados a unos objetos
determinados, de modo que, cuando aparecen estos signos, nuestra mente se
representa este objeto. Pero, ¿en qué consiste una representación del
objeto?
Aún más, en esta concepción de la verdad hay subyacente otra
teoría filosófica que también ha sido discutida: el realismo, el cual supone que
existe una realidad independiente de nuestra mente y que esa realidad es
básicamente tal como se representa en ella. La representación consiste en la
captación de la "forma" de la realidad.
Para las teorías de la correspondencia, la verdad de una
proposición consiste, no en sus relaciones con otras proposiciones, sino en su
relación con el mundo, en su correspondencia con los hechos. En este sentido, la
definición aristotélica vista más arriba se englobaría dentro de una teoría de
la verdad como correspondencia, pues al emitir un juicio este será verdadero si
aquello que afirmamos en el juicio se corresponde con lo que existe en la
realidad.
Ahora bien, ¿qué es esta correspondencia con la realidad?. La
relación de correspondencia se explica no en términos de un isomorfismo
estructural entre proposición y hecho, sino en términos de relaciones puramente
convencionales entre las palabras y el mundo. La correspondencia se explica
mediante dos tipos de "correlación":
- "convenciones descriptivas" que correlacionan palabras con tipos de
situación, y
- "convenciones demostrativas" que correlacionan palabras con situaciones específicas
La idea es que en el caso de un enunciado tal como "tengo
prisa", proferido por s en t, las convenciones descriptivas
correlacionan las palabras con situaciones en las cuales alguien tiene prisa, y
las convenciones demostrativas correlacionan las palabras con el estado de s en t, y el enunciado es verdadero si la situación específica
correlacionada con las palabras por (ii) es del tipo correlacionado con las
palabras por (i).
Desde este punto de vista, Austin subraya el carácter
convencional de las correlaciones; pues cualquier palabra se podría
correlacionar con cualquier situación; la correlación no depende en modo
alguno del isomorfismo entre palabras y mundo.
Austin localiza la verdad del enunciado de que "p" no en su
correspondencia con el hecho de que "p", sino más bien en que los hechos sean como dice "p", o, según lo expresa Austin, en las convenciones
demostrativas que correlacionan "p" con una situación que es del tipo con el que
las convenciones descriptivas lo correlacionan.
La idea de la verdad como correspondencia es una noción
realista pues distingue, realistamente, entre una teoría y los hechos que
describe, y hace posible decir que es verdadera o falsa si concuerda o no
concuerda con ellos.
1.1.1 La correspondencia como semejanza: la teoría russelliana de la verdad
como relación múltiple
En todos los actos cognitivos la mente se halla en alguna
relación -dudar, creer, percibir, etc.- con objetos distintos de ella misma. Si
la creencia fuera una relación diádica entre la mente y un objeto único -lo
juzgado o creído-, entonces tendríamos que aceptar que cuando Otelo cree que
Desdémona ama a Casio o bien no cree nada o cree una falsedad objetiva.
Llamemos a los objetos de los juicios y las creencias objetivos. Dado que Otelo cree falsamente que Desdémona ama a Casio,
¿cuál es el objetivo del juicio 'Desdémona ama a Casio? Tendremos que admitir
que hay falsedades objetivas. Pero Russell cree que esto hace inexplicable la
diferencia entre verdad y falsedad:
Cuando juzgamos con verdad, ha de encontrarse fuera de
nuestro juicio alguna entidad que de algún modo le "corresponda"; mientras que
cuando juzgamos con falsedad no existe tal entidad correspondiente (Ensayos
filosóficos, p. 221)
No cabe la escapatoria de decir que los juicios verdaderos
tienen objetivos mientras que los falsos carecen de ellos. La teoría relacional
nos obliga a admitir que, dado que hay juicios falsos y que una relación
requiere un relatum, tanto los juicios verdaderos como los falsos tienen
objetivos.
La salida de la dificultad, según Russell, consiste en mantener
que lo que creemos o juzgamos no es una sola cosa. Cuando Otelo cree que
Desdémona ama a Casio, no puede tener ante la mente un objeto simple, la
falsedad objetiva el amor de Desdémona por Casio. Por el contrario, el
juicio o la creencia es una relación entre un sujeto (la mente que juzga
o cree) y varios objetos (los términos sobre los que se juzga o cree). El
sujeto y los objetos son las partes constitutivas del juicio o creencia. Como
toda relación, la de juzgar o creer, tiene una dirección. Así la creencia
anterior de Otelo difiere de su creencia de que Casio ama a Desdémona, a pesar
de que consta de las mismas partes constituyentes. Uno de los objetos de la
creencia ha de ser un objeto-relación que "entreteja" los otros objetos
(la relación 'amor' en nuestro caso). Pero esta relación no es la que crea la
unidad del complejo total formado por el sujeto y los objetos. La relación
'amar' es uno de los objetos de la creencia, uno de los ladrillos del complejo
total. El cemento es la relación 'creer'. Así, podemos representar la creencia
de Otelo de este modo:
Creer<Otelo<Desdémona,amar,Casio>>.
Russell define entonces la noción de verdad:
Si tomamos una creencia como 'Otelo cree que Desdémona ama a
Casio', denominados a Desdémona y Casio los objetos-término y a 'amar'
el objeto-relación. Si existe una unidad compleja como 'el amor de
Desdémona a Casio', constituida por los objetos-término enlazados por el
objeto-relación, esta unidad compleja se denomina el hecho correspondiente
a la creencia. Así una creencia es verdadera cuando hay una hecho
correspondiente, y falsa cuando no hay un hecho correspondiente (Los
problemas de la filosofía, p. 112)
La verdad se entiende entonces como una relación de congruencia
entre dos entidades complejas: la secuencia de cuatro términos formada por
Otelo, Desdémona, amar y Casio, en este orden, y la secuencia de tres términos
formada por Desdémona, amar y Casio, en este orden. Si hay esa secuencia de tres
términos enlazados por el objeto-relación en la dirección adecuada, entonces la
creencia es verdadera. Si no la hay o su dirección no es la misma que se da en
la secuencia de cuatro términos, entonces es falsa.
1.1.2 Austin: la correspondencia como correlación convencional
Austin distingue entre "oración" y "aseveración" o "juicio". La
oración es un conjunto de signos que pertenece a un idioma específico, la
aseveración es un acto débala que afirma, juzga algo con una oración.
Distintas oraciones dichas por la misma persona pueden aseverar lo mismo.
También una misma oración puede ser usada para hacer aseveraciones distintas.
Porque la pretensión de verdad corresponde a lo aseverado en un tiempo y ocasión
determinados, por un sujeto determinado. «Una oración está hecha de palabras, un enunciado se hace con palabras [...] Los enunciados se
hacen, las palabras o las oraciones se usan» (Austin, "Verdad", p. 121). Verdad
y falsedad se refieren a las oraciones sólo en la medida en que son «usadas por
una persona en cierta ocasión» para afirmar un estado de cosas. No se aplican,
pues, al significado de las oraciones, sino a lo que se hace con ellas. «Pues
nunca decimos 'El significado (o sentido) de esta oración (o de estas palabras)
es verdadero'» (p. 120).
Por lo tanto, "verdad" y "falsedad" no son nociones semánticas,
corresponden a actos de habla que cumplen una función específica: designar una
situación en el mundo y describirla. No todas las oraciones de un lenguaje
cumplen esa función y, por ende, no todas pueden ser verdaderas o falsas.
Las aseveraciones enuncian algo sobre el mundo, pero su
relación con los hechos que enuncian es puramente convencional. Hay convenciones descriptivas que relacionan las oraciones usadas con situaciones
distintas del mundo, y convenciones demostrativas que refieren las
palabras a esas situaciones.
Un enunciado se dice que es verdadero cuando el estado de
cosas histórico con el que está correlacionado por las convenciones
demostrativas (aquel al que 'se refiere') es de un tipo con el que la oración
usada al hacerlo está correlacionada por las convenciones descriptivas (p.
123)
En esta definición se mantiene la idea de la verdad como
correspondencia; pero ésta no consiste en alguna forma de congruencia entre dos
cosas, una lingüística y otra real, sino en reglas convencionales que rigen el
uso de las oraciones para describir el mundo y referirse a él. No tiene sentido,
entonces, representarse la correspondencia al modo de una figura, plano o
esquema de los hechos. Cualquier signo y relación entre signos, en un lenguaje,
puede estar relacionado, por convenciones, con cualquier situación objetiva;
para establecer la relación entre uno y otra sólo precisamos conocer las
convenciones lingüísticas.
La aseveración, para ser verdadera, requiere referirse a algo
existente fuera del lenguaje mismo. Condición del a aseveración, frente a la
simple oración, es la pretensión de que lo aseverado existe efectivamente. No
cabe, por lo tanto, suprimir, por redundante, la noción de verdad. Wittgenstein
y Ramsey pretendieron que "p es verdadero" no dice nada más que
"p". La noción de "verdad", concluyeron, no añadiría nada a la
proposición afirmativa. Austin rechaza ese análisis. Si alguien pone en cuestión
"p", es necesario afirmar "p es verdadera"; con ello indicamos que no tomamos
"p" en su puro significado, sino que "p" se refiere efectivamente a algo en el
mundo y la usamos para hacer esa referencia. En otras palabras: decir que una
aseveración es verdadera no es superfluo, porque dice justamente que la
aseveración tiene la pretensión de que lo aseverado existe efectivamente en el
mundo.
Aquello cuya existencia aseveramos es, sin duda, un hecho.
Pero, puesto que la relación de las aseveraciones con los hechos es
convencional, los hechos no están ahí en el mundo con independencia del
lenguaje, pues la manera como son descritos depende de nuestras convenciones
lingüísticas. Podríamos decir que si bien los hechos existen con
independencia del lenguaje, la manera como son referidos y descritos depende del lenguaje.
Strawson criticó la concepción de la verdad de Austin en base a
dos objeciones:
-
La aseveración puede significar lo que digo o mi acto de
decirlo. Verdadero o falso es lo primero, no el acto de habla. "Decir la
verdad no es una manera de decir, es decir algo verdadero". No es, pues, un
acontecimiento fechable, como parece indicar el análisis de Austin, sino algo
sin fecha, común a muchas oraciones, dichas en distintos momentos y ocasiones;
tenemos la misma aseveración cuando aplicamos la misma descripción al mismo
referente. La "proposición" es el contenido común aseverado en varias
oraciones cuando tienen el mismo sentido. Lo aseverado seria entonces la
proposición, pero considerada en su uso para referirnos a algo y
describirlo.
-
Strawson critica la idea de Austin de que el correlato de la
aseveración verdadera es un hecho del mundo. Admite que lo que hace verdadera
una aseveración es el hecho aseverado, pero sostiene que "el hecho que asevera
no es algo en el mundo". Strawson piensa que el mundo está compuesto de cosas
y de relaciones entre cosas, no de hechos. Las aseveraciones verdaderas serían
sobre objetos (cosas) que están en el mundo, pero lo que asevera son hechos y
el mundo no está constituido por ellos.
Strawson piensa que, dadas las dificultades de la noción de
verdad como correspondencia, lo mejor es abandonarla.
1.1.3 Husserl: verdad como cumplimiento
No puede haber "adecuación" entre intelecto y objeto más que en
el seno de una previa referencia del sujeto a la cosa y de una apertura de la
cosa al sujeto. La fenomenología entiende esa referencia básica como
"intencionalidad". En la "actitud natural" concebimos el sujeto como una cosa
entre cosas, con un "interior", y el mundo real como "exterior" a ese sujeto
que, sin embargo, es una cosa más en él. Ésa es la que llama Husserl "tesis de
realidad". Concebir la verdad como una correlación entre cosas corresponde a esa
actitud. Pero, en la actitud fenomenológica, suspendemos aquella tesis y vemos,
con evidencia, cómo la relación entre el sujeto y sus objetos nos es dada, antes
de cualquier supuesto, en una estructura abierta, sin un "dentro" ni un "fuera".
El sujeto es el foco de un conjunto de actos dirigidos a objetos o situaciones
objetivas; éstos no son "externos" a esos actos sino, justamente, sus
correlatos. La intencionalidad es la peculiaridad de los actos de conciencia de
ser conciencia de algo, de estar referidos a un objeto. Es también la
característica de los objetos de estar presentes, abiertos al sujeto. Así, el
problema no consiste en saber cómo se ponen en relación dos cosas previamente
separadas; en la intencionalidad se da, de hecho, ya esa relación. El juicio
verdadero supone, a la vez, la pretensión de existencia de la situación objetiva
juzgada, es decir, la "posición" de la existencia del objeto por el sujeto, y la
presencia del objeto ante el sujeto, en el que se da por sí mismo. La relación
de "adecuación" sólo tiene sentido en la estructura de la intencionalidad. En la
adecuación, la objetividad significada y "puesta como existente" ("aseverada" en
otra terminología), está ella misma presente, en el mismo sentido en que está
significada. La verdad es una relación entre la intención significativa que pone
el objeto y el darse de éste ante esa intención. Al darse el objeto se "cumple"
la intención significativa. La verdad es el cumplimiento en la intuición de lo
significado: es una "síntesis de identificación" entre lo significado y lo dado
tal como es significado. No hay dos objetos, uno significado y otro dado; en la
verdad, el mismo objeto o situación objetiva que está significado está
también dado. La verdad no es pues una correlación entre dos objetos o
situaciones, sino el darse de un mismo objeto o situación que es juzgado
(aseverado).
Esta interpretación de la verdad implica la noción del "darse
por sí mismo" del objeto. La verdad reside en el juicio, pero hay que distinguir
entre "juicios mediatos", que justifican su verdad en otros juicios y "juicios
inmediatos", cuya justificación consiste en su cumplimiento en la intuición.
Así, la verdad predicativa remite a una verdad "ante-predicativa", fundada en la
evidencia. "En la justificación verdadera, los juicios demuestras su
'exactitud', su 'acuerdo', es decir, el acuerdo de nuestro juicio con la cosa
juzgada ella misma". El acto de juzgar es una pretensión de la existencia de un
estado de cosas. "En la evidencia la cosa o el hecho no es solamente presunto
sino está presente él mismo". La noción dela verdad como adecuación entre lo
significado en el juicio y lo dado en la evidencia supone la noción de verdad
como presencia del objeto. En un sentido originario la verdad exige la patencia
del ente.
1.2 Teorías pragmáticas de la verdad
La teoría pragmatista guarda afinidades tanto con la
teoría de la coherencia como con la de la correspondencia, admitiendo que la
verdad de una creencia deriva de su correspondencia con la realidad, pero
insistiendo también en que la verdad de una creencia se manifiesta por la
supervivencia ante la prueba de la experiencia, su coherencia con otras
creencias.
De acuerdo con "la máxima pragmática", el significado de un
concepto viene dado por la referencia a las consecuencias "prácticas" o
"experimentales" de su aplicación. Así el enfoque que los pragmatistas hacen de
la verdad consiste en preguntar por la diferencia que introduce el que una
creencia sea verdadera.
1.2.1 El pragmatismo de Peirce
Peirce concibe la verdad como el término de la investigación.
Una proposición verdadera es aquella que sería objeto de acuerdo por parte de
todos los que usan el método científico, si persistiesen en su investigación
durante bastante tiempo. Peirce no cree que ningún método, salvo el método
científico, pueda lograr alcanzar y sustentar indefinidamente un consenso de
opinión. Los demás métodos sólo pueden alcanzar un acuerdo temporal. Sin
embargo, una conclusión consensuada no es verdadera porque es alcanzada por la
experiencia y el método científico. Es verdadera por ser objeto de concordancia
universal.
¿Por qué Peirce tiene tanta confianza en que todos los
investigadores llegarán a un acuerdo y por qué cree que el método científico es
tan apropiado para este fin? Peirce considera que la creencia es una disposición
a la acción y que la duda es una interrupción de esa disposición debida a una
experiencia recalcitrante. La investigación es propulsada por la duda, que es un
estado desagradable que tratamos de reemplazar con una creencia fijada. Algunos
métodos de adquirir creencias -el método de la tenacidad, el método de la
autoridad, el método a priori- son inherentemente inestables, pero el
método científico nos permite adquirir creencias estables. Pues el método
científico se basa en la experiencia de una realidad objetiva. La realidad es
objetiva porque no podemos controlar nuestras percepciones. Así la realidad
objetiva nos acerca progresivamente a conclusiones que reflejan correctamente
esa realidad. La verdad es, pues, correspondencia con la realidad, pero la
verdad es también lo que es satisfactorio creer, en el sentido de que es
estable, libre de la perturbación de la duda.
1.2.2 James
James acepta definir una creencia verdadera como aquella que
"concuerda con la realidad", pero insiste en que esta expresión es doblemente
ambigua: no nos dice qué se entiende por 'realidad' ni nos dice qué tipo de
relación es la concordancia. James cree que la realidad, o al menos la realidad
con la que deben concordar las creencias verdaderas, depende de la mente.
Nuestras mentes organizan y estructuran la experiencia por medio de categorías y
conceptos. Pero James no cree que estos esquemas estén incorporados innatamente
en nuestras mentes. Son el descubrimiento inductivo de nuestros antecesores.
¿Por qué decidieron estructurar el mundo con estos rasgos y no con otros? La
respuesta de James es que encontraron más útil organizar el mundo de esta
manera.
James cree que una manera en que una idea puede concordar con
la realidad es copiando las cosas sensibles. Pero las únicas ideas que
pueden copiar la realidad son las ideas obtenidas por familiaridad o trato
directo intuitivo. La mayoría de las ideas, en cambio, sólo pueden concordar con
la realidad en el sentido de resultar útiles a quienes las creen. En
otras formulaciones de su posición, James hace equivaler lo verdadero con la
creencia cuya adopción tiene "buenas" consecuencias prácticas, o con aquella que
es "eficaz".
'Lo verdadero', expresándolo muy brevemente, es sólo lo
eficaz en nuestro modo de pensar, al igual que 'lo correcto' es sólo lo eficaz
en nuestro modo de comportarnos
1.2.3 La teoría consensual de Habermas
La teoría de la verdad de Habermas es una versión de la teoría
consensual de Peirce: «la opinión que está llamada a que se pongan de acuerdo en
ella todos los que investigan, es lo que entendemos por verdad». La versión de
Habermas es:
puedo atribuir un predicado a un sujeto si y sólo si
cualquier otro que pudiera entrar en un diálogo conmigo atribuyera el mismo predicado al mismo objeto. Para distinguir los
enunciados verdaderos de los falsos hago referencia al juicio de otros -al
juicio de todos los otros con los que yo pudiera entrar en un diálogo
(incluyendo aquí contrafácticamente a todos los oponentes que pudiera
encontrar si mi vida fuera coextensivas con la historia del mundo humano). La
condición de la verdad de los enunciados es el asentimiento potencial de todos
los otros ("Wahrheitstheorien", en Wirklichkeit und Reflexion: Festschrift
für Walter Schulz, Pfullingen, 1973, p. 219)
Habermas rechaza las teorías semánticas de la verdad, las
cuales consideran como propiamente verdaderas o falsas las oraciones más bien
que los enunciados o las aserciones. La verdad y la falsedad se predican de los
enunciados no en el sentido de "eventos históricos" o "episodios lingüísticos"
particulares (emisiones), sino en el sentido de lo que es dicho en los actos de
habla constatativos.
La verdad tiene que ser considerada en un contexto pragmático
como una pretensión de validez que vinculamos a los enunciados al afirmarlos;
pretendemos que los enunciados afirmados son verdaderos. Lo que es menester
clarificar, pues, es el "significado de verdad, implicado en la pragmática de
las aserciones". Y con este fin es necesario examinar no sólo las condiciones
bajo las que los enunciados son verdaderos, sino las condiciones bajo las cuales
está justificada nuestra pretensión de que los enunciados son verdaderos. Un
enunciado que yo afirmo puede ser verdadero sin que yo sea capaz de aducir
ningún argumento racional para sostener que es verdadero. En este caso yo estoy
planteando una pretensión que no puedo justificar; no soy capaz de mostrar que
merece ser reconocida por los demás. En este sentido mi pretensión es
injustificada, infundada, carece de garantía.
Según Habermas no tiene sentido separar los criterios de verdad
de los criterios de aserción garantizada de pretensiones de validez, pues las
experiencias de certeza se caracterizan por una "privacidad" que contrasta con
la intersubjetividad de las pretensiones de validez.
Las pretensiones de validez se distinguen de las experiencias
de certeza por su intersubjetividad; no tiene sentido afirmar que un enunciado
es verdadero solamente para un determinado individuo [...] En cambio, la
certeza de una percepción, paradigma de las certezas en general, es algo que
sólo se da para el sujeto perceptor y para nadie más. Ciertamente que varios
sujetos pueden compartir la certeza de que han tenido una determinada
percepción; pero entonces tienen que decirlo, esto es, hacer la misma
afirmación. Una pretensión de validez es algo que yo presento como
intersubjetivamente comprobable; una certeza sólo puedo manifestarla como algo
subjetivo, aunque pueda ser ocasión para poner en cuestión pretensiones de
validez disonantes; una pretensión de validez es algo que planteo; la certeza
es algo que tengo (Ibíd., p. 223)
La separación de la verdad respecto del discurso teórico podría
también mantenerse sobre la base de alguna de las versiones de la teoría de la
verdad como correspondencia. En este caso tendría sentido decir que p es
verdadero (que p "concuerda" con la realidad) aun cuando fuera imposible obtener
un reconocimiento intersubjetivo de su verdad en la discusión crítica. Pero,
argumenta Habermas, las teorías de la verdad como correspondencia están cargadas
de dificultades insuperables: tratan en vano de romper, y de salirse de, la
esfera del lenguaje. Los hechos con que los enunciados verdaderos se
corresponden no son cosas o sucesos en la faz del globo, presenciados u oídos o
vistos; son lo que los enunciados (cuando son verdaderos) enuncian y como tales
están ligados a cláusulas "que". La "correspondencia" de los enunciados con los
hechos no es una correspondencia entre enunciados lingüísticamente estructurados
y una realidad en sí, lingüísticamente desnuda. Por supuesto que un enunciado p es verdadero si es el caso que p. Ambos términos de la relación
pertenecen a "la esfera del lenguaje" -"el hecho de que p" tiene la misma
estructura categorial que p. Esto no significa decir que los enunciados
versen (o tengan que versar) sobre el lenguaje. Aquello sobre que un
enunciado versa viene determinado por su componente denotativo. De ahí que los
enunciados versen (o puedan versar) sobre "cosas o sucesos en la faz del globo".
Pero lo que enuncian es "que" la cosa o suceso al que se refieren posee las
propiedades, rasgos o relaciones que predicativamente se le adscriben. Y las
operaciones de predicación, no menos que las de denotación, son operaciones en
el lenguaje. Esas operaciones tendrán éxito, en un nivel, si las convenciones
que gobiernan el lenguaje en cuestión son adecuadamente observadas. Y tendrán
éxito, en otro nivel, si el lenguaje resulta apropiado o adecuado para el ámbito
objetual en cuestión. Las teorías de la verdad como correspondencia no solamente
son incapaces de suministrar un criterio de verdad (¿qué enunciados corresponden
a la realidad?), independiente de la discusión crítica; tampoco son capaces de
dar una explicación coherente, ni de la "realidad en sí" con que se dice que se
corresponden los enunciados verdaderos ni de la relación de "correspondencia" de
que se habla.
Para Habermas no puede haber separación entre los criterios de
verdad y los criterios de desempeño argumentativo de pretensiones de verdad. La
cuestión, ¿bajo qué condiciones es un enunciado verdadero? Es inseparable de la
cuestión, ¿bajo qué condiciones está justificada la aserción de ese enunciado?.
La idea de verdad sólo puede desarrollarse por referencia al desempeño
discursivo de pretensiones de validez. De acuerdo con esto, la lógica de la
verdad de Habermas adopta la forma de una lógica del discurso teórico, esto es,
de un examen de las condiciones (pragmáticas) de posibilidad de alcanzar un
consenso racional mediante argumentación.
A la teoría consensual de la verdad se le puede objetar que
parece basarse en una "confusión categorial", en una confusión entre el
significado de "verdad" y los métodos para llegar a enunciados verdaderos. El
significado de "es verdadero", cuando se predica de un enunciado, no parece ser
idéntico al significado de "existe (o puede existir) un consenso racional (es
decir, argumentativamente fundado) acerca de que el enunciado es verdadero".
Habermas responde a esta crítica señalando que él no está ligando el significado
de la verdad a métodos o estrategias particulares de obtención de la verdad sino
a las "condiciones pragmáticas universales" del discurso en general. El
significado de "es verdadero" sí es idéntico al significado de "existe un
consenso racional acerca de que el enunciado es verdadero". La razón es la
siguiente: desde un punto de vista pragmático, el objeto de análisis es el
término "verdadero" pero entendido no como un predicado de los enunciados, sino
como la pretensión que planteo cuando afirmo enunciados. Lo que está en
cuestión, entonces, no es el significado semántico de un término, sino el
significado pragmático de un acto, del acto de plantear una pretensión de
verdad. Y el significado de una pretensión tiene que ser analizado en términos
del modo en que puede resolverse sobre ella, del modo en que puede ser
justificada.
Otra objeción a las teorías consensuales es que la "verdad" es
un concepto normativo y por tanto no puede ligarse a la obtención de un consenso de facto: no cualquier consenso que se alcance puede servir como garantía
de verdad. ¿Cómo distinguir un acuerdo alcanzado discursivamente, un acuerdo
"racional", de una mera apariencia de racionalidad? ¿Cuáles son los criterios de
un consenso "verdadero" por oposición a uno "falso"? Si no existen criterios
fiables para decidir esta cuestión, la teoría del discurso de Habermas no habría
hecho más que cambiar de sitio el problema de la verdad, pero sin contribuir
sustancialmente a su clarificación. Además, si los criterios que sirven para
distinguir un consenso "fundado" de un consenso ilusorio exigen una
justificación discursiva, nos estamos moviendo en un círculo; y si no hay
círculo, es que hemos trascendido el marco del consenso al establecer ese marco.
La única forma de escapar a este dilema, según Habermas, es recurrir a una
caracterización del consenso "racionalmente motivado" -un consenso alcanzado
sólo en virtud de la "fuerza del mejor argumento"- enteramente en términos de
las "propiedades formales del discurso". La idea rectora es que un consenso está
"racionalmente motivado" o es un "consenso fundado" si sólo se debe a la fuerza
de los argumentos empleados (y no, por ejemplo, a las coacciones externas
ejercidas sobre el discurso o a las coacciones "internas" incrustadas en la
propia estructura del discurso).
1.3 Teorías de la coherencia
Para las teorías de la coherencia, la verdad consiste en
las relaciones de coherencia entre un conjunto de creencias. Esta teoría se
aplica, ante todo, en las ciencias formales, y suele llamarse consistencia.
También se aplica en las ciencias empíricas: un enunciado es aceptado como
científico si puede integrarse en el cuerpo vigente de conocimientos
científicos.
Según esta teoría una proposición no es verdadera porque se
corresponda con la realidad, sino porque es coherente (o consistente) con todas las demás proposiciones que se consideran
verdaderas. Es decir, el criterio de verdad es la coherencia del dato o
proposición con el resto del saber ya aceptado, y dotado, a su vez, de
coherencia interna.
La debilidad de la teoría de la correspondencia es que intenta
establecer la verdad sobre datos seguros, fijos, y bien probados que sirven de
fundamento, y, sin embargo, ese momento de fundamentación siempre acaba
mostrando su fragilidad. Por eso los coherentistas proponen no acudir a bases
supuestamente seguras, sino considerar verdadera una proposición cuando puede
insertarse en un conjunto de proposiciones que se tienen ya por verdaderas.
Se trata, por tanto, de un criterio contextual, en virtud del
cual nada es verdadero o falso aisladamente, sino que cada dato está
esencialmente referido y conectado con el resto del sistema de saberes en que se
integra. Sólo así cobra sentido y valor de verdad. A este respecto, dice
Hegel:
Lo verdadero es el todo; pero el todo es la esencia que se
realiza a través de su desarrollo. Es preciso afirmar que el Absoluto es
esencialmente resultado, que sólo el final es lo que es en verdad. En
esto precisamente consiste su naturaleza: ser real, sujeto al desarrollo de sí
mismo (Fenomenología del espíritu)
Tampoco esta teoría está libre de problemas:
-
El hecho de que un conjunto de proposiciones no se
contradigan y se apoyen solo garantiza, como máximo, que si una es verdadera,
lo sean las demás. Pero podría ser falso todo el conjunto. La consistencia es,
por tanto, un requisito necesario para que un conjunto de proposiciones sea
verdadero, pero no suficiente.
-
En un sistema axiomático la verdad de una proposición depende
de a verdad de los axiomas; pero, ¿cómo saber que estos son verdaderos?
-
Un sistema formal, además de consistente, ha de ser completo;
pero el teorema de Gödel muestra en los sistemas formales no se pueden
satisfacer a la vez los requisitos de consistencia y el de completud.
-
La coherencia puede ser un buen criterio de verdad para los
sistemas de creencias.
Lo que distingue una teoría de la coherencia es simplemente
la idea de que nada puede contar como una razón para sostener una creencia
excepto otra creencia. El defensor de esta idea rechaza por ininteligible la
demanda de fundamentos o fuentes de justificación de una especie distinta
(Davidson, D., Mente, mundo y acción, Paidós, p.
79)
La cuestión estriba en cómo saber que el conjunto de
creencias es verdadero:
Hay una presunción a favor de la veracidad general de las
creencias de cualquiera, incluyendo las nuestras. Por lo tanto, resulta vano
que alguien exija una seguridad adicional, pues ello no haría sino
incrementar el conjunto de sus creencias. Todo lo que se requiere es que la
creencia sea verídica por su propia naturaleza [...] Todas las creencias
están justificadas en el siguiente sentido: están apoyadas por muchas otras
creencias [...] y la presunción se incrementa cuanto más amplio e importante
sea el cuerpo de creencias con el que la creencia en cuestión es coherente
(Ibíd., p. 87 y 96)
Para Davidson, la coherencia no es una definición de la
verdad.
La verdad es correspondencia con el modo como son
las cosas. Si una teoría de la coherencia acerca de la verdad es aceptable,
ha de estar de acuerdo con una teoría de la correspondencia (Ibíd.,
p. 77)
Por eso, la coherencia es sólo un criterio de
aceptabilidad de una proposición como verdadera. Lo cual no implica que
necesariamente lo sea.
1.3.1 La teoría de Brand Blanshard
Si la realidad fuera algo completamente externo a la mente, no
tendríamos ningún conocimiento, excepto por mera suerte, y nos veríamos
obligados a aceptar el escepticismo general. Para evitar esto debemos postular
que los pensamientos de nuestras mentes no son completamente distintos de las
cosas del mundo en que pensamos. Pensar algo es tenerlo en algún grado en la
mente. Así, con el supuesto adicional de que el mundo es coherente, parece
seguirse que nuestras creencias son probablemente verdaderas en la medida en que
sean ellas mismas coherentes. La coherencia de la creencia es evidencia de su
verdad.
Aunque el término 'coherencia' es usado de diversas maneras,
podemos decir que un conjunto de creencias es coherente si, y sólo si, (1) es un
conjunto consistente, y (2) cada miembro del conjunto es implicado (deductiva o
inductivamente) por todos los demás en conjunción o, según algunas versiones,
por cada uno de los demás individualmente. La verdad pura sería un
conjunto de creencias plenamente coherente, entendiendo por tal un sistema de
creencias que satisficiera (1) y (2) en su versión más fuerte. Aunque nunca
lograremos realmente el ideal de mutuo entrañamiento entre creencias
individuales, a veces nos acercamos a él.
Hay una objeción persistente a las teorías coherentistas: puede
existir un número indeterminado de sistemas de creencias o proposiciones que
sean internamente consistentes pero incompatibles entre sí. Al ser mutuamente
incompatibles no podrían ser todos verdaderos. A fin de excluir la posibilidad
de que hubiera dos sistemas así, Blanshard dice que sería verdadero aquél "en el
que todo lo real y lo posible esté incluido coherentemente". Es decir, el
sistema verdadero es aquél que nos da una imagen completa del universo.
Puesto que Blanshard no cree que se alcance jamás la verdad
pura, ofrece una teoría de los grados de verdad. «Un juicio dado es verdadero en
el grado en el que su contenido podría mantenerse a la luz de un sistema
completo de conocimiento, falso en el grado en el que su aparición allí
exigiría transformación».
1.3.2 La teoría de la coherencia de Carnap y Neurath
Neurath y Carnap no negaban la posibilidad de proposiciones
verdaderas lógicamente independientes entre sí, pero, convencidos de que no
tenía sentido comparar proposiciones con hechos, concluyeron que la verdad debe
consistir en alguna relación que las proposiciones guardan entre sí.
Neurath y Carnap sostuvieron que, si las proposiciones básicas
debían servir como los fundamentos intersubjetivos de la ciencia, tendrían que
referirse, no a experiencias privadas, incomunicables, sino a objetos y eventos
públicos, físicos. Los enunciados que a primera vista se refieren a fenómenos
mentales deben ser reducibles a enunciados sobre fenómenos físicos. Esta es la
tesis fisicista aplicada a la filosofía de la mente. El criterio de Neurath y
Carnap despojaba a los enunciados básicos de su posición privilegiada: dejaban
de ser incorregibles. Como afirma Neurath:
No hay forma de tomar oraciones protocolares
concluyentemente establecidas como punto de partida de las ciencias. No
hay una tabula rasa. Somos como navegantes que tienen que transformar
su nave en pleno mar, sin jamás poder desmantelarla en un dique de carena y
reconstruirla con los mejores materiales (Neurath, O., "Proposiciones
protocolares", en Ayer, A.J., El positivismo lógico, pp. 205-214, p.
206)
Para Neurath y Carnap era metafísico hablar de comparar los
enunciados con los hechos, o con la realidad, o con la experiencia. ¿Qué podría
ser dicha comparación sino una relación lógica? Pero la única cosa con la que un
enunciado puede estar en una relación lógica es otro enunciado. La verdad debe
consistir, pues, en alguna relación lógica entre las proposiciones:
independencia lógica, entrañamiento o incompatibilidad. Concluyeron así que para
que un enunciado sea verdadero es necesario y suficiente que forme parte de un
sistema consistente.
¿Pero cómo responder a la objeción de que podría haber más de
un sistema de proposiciones, todos internamente consistentes, pero todos
incompatibles entre sí? Y en tal caso, ¿cómo saber cuál es el verdadero?
Según Carnap, el sistema verdadero es el aceptado por los
científicos de nuestro mundo civilizado. Lo que Carnap quiere decir no es que
ese sistema incluiría la proposiciones de que él es el sistema aceptado por los
científicos de nuestra civilización. Pues cada sistema podría incluir sin
contradicción esa proposición. Lo que Carnap quiere decir es que solamente uno
de esos sistemas sería aceptado de hecho por los científicos. En
realidad, la solución de Carnap era una desviación hacia el pragmatismo, pues
las teorías pragmáticas de la verdad se caracterizan por definir la verdad en
términos de aceptación.
1.4 Teoría semántica de la verdad
Tarski propuso una concepción de la verdad a la que denominó
"concepción semántica de la verdad". La llamó así por la verdad se define en la
teoría en términos de otros conceptos semánticos, especialmente el de
satisfacción. Tarski define la semántica como el estudio de ciertas relaciones
que se dan entre las expresiones de un lenguaje y los objetos a los que se
refieren. Los conceptos semánticos, como los de designación, satisfacción y el
propio concepto de verdad, ponen en relación expresiones y objetos.
Tarski compartía con muchos de los positivistas lógicos el
ideal del fisicismo: la creencia en que todos los conceptos debían ser
reducibles a conceptos de la lógica, la matemática y la física. Así su proyecto
era definir todos los conceptos semánticos, salvo el de satisfacción, en
términos del concepto de verdad, definir la verdad en términos de satisfacción
y, por último, definir satisfacción en términos físicos y
lógico-matemáticos.
Tarski considera que una definición satisfactoria de la verdad
debe cumplir dos requisitos: debe ser materialmente adecuada y formalmente correcta. La primera exigencia pone límites al contenido posible
de cualquier definición satisfactoria; la segunda pone límites a su forma
posible.
1.4.1 Adecuación material: el esquema V
Tarski propone "captar el significado de una vieja noción" que
llama "la concepción aristotélica clásica de la verdad", tal como se expresa en
la Metafísica de Aristóteles:
Decir de lo que es que no es o de lo que no es que es, es
falso, mientras que decir de lo que es que es o de lo que no es que no es, es
verdadero (1011b26)
Como condición de adecuación material propone que cualquier
definición aceptable de la verdad debe tener como consecuencia todas las
ejemplificaciones del esquema:
(V) o es verdadera si, y sólo si, p,
donde 'p' es reemplazable por cualquier oración del lenguaje al
que se refiere la palabra 'verdadera' y 'o' es reemplazable por un nombre de esa
oración.
Tarski subraya que ni el esquema V -que no es una oración sino
sólo un esquema de oración- ni caso particular alguno del esquema pueden
considerarse una definición de la verdad. El esquema V sirve para fijar la extensión, no es significado o intención, del predicado "verdadera".
Actúa como un filtro, excluyendo cualquier definición que no entrañe todos los
casos particulares del esquema, todas las V-oraciones.
Cada equivalencia de la forma V puede considerarse una
definición parcial de la verdad y la conjunción lógica de todas las
equivalencias constituiría una definición general. Sin embargo, tal definición
sólo sería alcanzable en un lenguaje que contuviera un número finito de
oraciones. Pero si tenemos infinitas oraciones, la definición tendría que ser
infinitamente larga, lo cual es imposible. Tampoco podría convertirse el esquema
V en una definición de la verdad por generalización universal. La expresión:
"p ('p' es verdadera sii p)
está mal formada, ya que no podemos cuantificar en el interior
de comillas.
La solución que Tarski arbitra consiste en apelar a la técnica
de la recursión. Supongamos que tuviéramos un lenguaje con un número finito de
oraciones (para simplificar la exposición supondremos sólo dos oraciones):
La nieve es blanca
La hierba es verde
Una definición de la verdad para este lenguaje sería una
conjunción de las dos V-oraciones respectivas:
'La nieve es blanca' es verdadera sii la nieve es blanca
'La hierba es
verde' es verdadera sii la hierba es verde.
Si a este lenguaje simple le añadimos las conectivas
veritativo-funcionales 'no', 'y', 'o', 'si ... entonces', tendremos un número
infinito de oraciones, dado que estas conectivas pueden aplicarse
reiteradamente. La solución es definir recursivamente la verdad, añadiendo a las
dos V-oraciones anteriores las cláusulas:
- Si 'A' es cualquier oración, 'no A' es verdadera sii 'A' no es verdadera
- Si 'A' y 'B' son cualesquiera oraciones, 'A y B' es verdadera sii 'A' es
verdadera y 'B' es verdadera
- Si 'A' y 'B' son cualesquiera oraciones, 'A o B' es verdadera sii 'A' es
verdadera o 'B' es verdadera
- Si 'A' y 'B' son cualesquiera oraciones, 'si A, entonces B' es verdadera
sii 'A' no es verdadera o 'B' es verdadera.
1.4.2 Corrección formal: la paradoja del mentiroso
Tarski considera que cualquier definición adecuada de verdad
debe hacer frente a la paradoja del mentiroso, y, también, que los conceptos
semánticos incorporados al lenguaje cotidiano se resisten a cualquier intento de
caracterización exacta y dan lugar a paradojas. De ahí la necesidad de
especificar la estructura formal y el vocabulario del lenguaje en el que se den
esos conceptos.
Para describir algunas de las condiciones más específicas que
deben satisfacer los lenguajes en que (o para los que) se da la definición de la
verdad, Tarski expone la paradoja del mentiroso en versión de Lukasiewicz:
(1) La oración escrita en esta la línea 4 de esta página no es verdadera.
Si abreviamos esta oración con el nombre 'o', de acuerdo con el
esquema V tenemos:
(2) 'o' es verdadera sii la oración escrita en la línea 4 de
esta página no es verdadera.
Pero teniendo en cuenta la abreviatura acordada, establecemos
la siguiente identidad:
(3) 'o' es idéntica a la oración impresa en la línea 4 de esta
página.
Y por sustitutividad de los idénticos, podemos insertar, en
virtud de (3), 'o' en el lugar de su idéntica en (2), obteniendo la
contradicción
(4) 'o' es verdadera sii 'o' no es verdadera.
Tarski señala que hay dos supuestos esenciales que conducen a
la paradoja:
-
Que el lenguaje es semánticamente cerrado, i.e., que
el lenguaje usado contiene, además de sus expresiones, los nombres de estas
expresiones, así como los términos semánticos -como 'verdadero'- referidos a
las oraciones de este lenguaje; y que todas las oraciones que determinan el
uso adecuado de este término pueden afirmarse en el lenguaje.
-
Que en este lenguaje valen las leyes usuales de la
lógica
Todo lenguaje que satisfaga (i) y (ii) es inconsistente. Tarski
considera que no se debe rechazar (ii) y, por tanto, afirma que hay que rechazar
(i). Esto significa que hemos de utilizar lenguajes distintos al tratar los
problemas semánticos y, en particular, al definir la verdad: el lenguaje-objeto a cuyas oraciones se aplica la definición que buscamos y
el metalenguaje en cuyos términos debemos construir la definición para
aquél. Así, la definición de la verdad será relativa a un lenguaje. La paradoja
del mentiroso queda neutralizada. La oración mentirosa será ahora del tipo:
Esta oración no es verdadera-en-el-lenguaje-objeto.
Pero esta última oración es una expresión del metalenguaje.
Ahora bien, las oraciones del metalenguaje no son verdaderas o falsas en el
lenguaje objeto, porque no están en el lenguaje objeto. Así la oración mentirosa
no tiene la propiedad que afirma tener. Por tanto, es falsa. Exactamente es
falsa-en-el-metalenguaje.
La definición de la verdad y de todas las V-oraciones
entrañadas por ella han de formularse en el metalenguaje. En cambio, el símbolo
'p' del esquema V representa una oración cualquiera del lenguaje-objeto. Toda
oración que figure en el lenguaje-objeto debe figurar también en el
metalenguaje, i.e., el metalenguaje debe contener el lenguaje-objeto como parte
propia. En el esquema V el símbolo 'o' representa el nombre de la oración
representada por 'p'. Así el metalenguaje debe ser lo suficientemente rico para
permitir la construcción de un nombre de cada una de las oraciones del
lenguaje-objeto. Además, el metalenguaje debe contener términos lógicos, tales
como 'sii'. Finalmente, es deseable que los términos semánticos se introduzcan
en el metalenguaje sólo por definición.
1.4.3 Predicados y satisfacción
Más arriba se dijo que Tarski utilizaba, en su definición de la
verdad, técnicas recursivas. ¿Qué consigue con la recursión, aparte de la
posibilidad de construir infinitas oraciones con un número finito de elementos?
Lo que se consigue por medio de ella es dar cuenta del modo en que la estructura
de las oraciones compuestas repercute en sus condiciones de verdad. Intentemos
aplicar la recursión a la siguiente oración:
Alguien fuma y bebe
Ésta es una oración compuesta, pero no equivale a
Alguien fuma y alguien bebe
La primera implica a la segunda, pero la segunda no implica a
la primera. Lo que la segunda omite y la primera asevera es que al menos una
misma persona reúne ambos vicios. Esto muestra que hay oraciones compuestas
cuyos componentes no son ellos mismos oraciones. Más bien ocurre que la oración
original se forma a partir de oraciones abiertas:
x fuma
y
x bebe
que son unidas por conjunción:
x fuma y x bebe;
y luego el resultado es cuantificado existencialmente:
Para algún x, x fuma y x bebe.
Ahora bien, las oraciones abiertas no son verdaderas ni falsas.
La idea de Tarski fue introducir un concepto semántico más general que el de
verdad, definirlo recursivamente, y en términos de él definir la verdad. Ese es
el concepto de satisfacción.
Satisfacción es a oraciones abiertas lo que verdad es a
oraciones cerradas. Lo que satisface a una oración abierta con una sola variable
son objetos y lo que satisface a una oración abierta con n variables son n-tuplas de objetos. Dados que las fórmulas pueden contener cualquier
número de variables libres, y en el caso extremo de las oraciones cerradas no
contienen variables libres, Tarski define la relación de satisfacción como algo
que se da, no entre objetos y fórmulas o entre n-tuplas de objetos y
fórmulas, sino entre secuencias infinitas de objetos y fórmulas. Las secuencias
difieren de los conjuntos en que son ordenadas. Así el conjunto <x,y> es
idéntico al conjunto <y,x>, pero la secuencia <x,y> no es idéntica a
la secuencia <y,x>. La razón de la ordenación es asegurar que haya una
correspondencia uno-a-uno entre los miembros de las secuencias y las variables,
que habrán sido numeradas u ordenadas de algún modo. Esto no impide que el mismo
objeto aparezca varias veces en la misma secuencia. Por otro lado, de cada
secuencia sólo nos importan los primeros n objetos, donde n es el
número de variables distintas libres que aparecen en la fórmula que estamos
considerando. El resto de los miembros de la secuencia son ignorables.
1.4.4 Definición recursiva de satisfacción y verdad
Aunque Tarski dio su definición para un lenguaje más simple de
teoría de conjuntos, se pueden definir satisfacción y verdad para un lenguaje de
primer orden L1:
Sintaxis de L1
- Vocabulario:
Constantes individuales: a, b, c,
...
Variables individuales: x1, x2, x3,
...
Letras predicativas: F, G, H, ...
Conectivas: ¬,
&.
Cuantificadores: ", $
- Definición de fórmula
- Una letra predicativa de n lugares seguida de n constantes
o variables individuales es una fórmula atómica
- Si 'A' es una fórmula, '¬A' también lo es
- Si 'A' y 'B' son fórmulas, 'A & B' es una fórmula
- Si 'A' es una fórmula y 'vk' es una variable, entonces '$vkA' y '"vkA' son fórmulas
Definición recursiva de verdad
- Axiomas de referencia y denotación
'a' se refiere a
Churchill
'b' se refiere a Juan Pablo
II
................................. (hasta completas todos los objetos de
nuestro lenguaje)
'F' denota la propiedad de fumar
'G' denota la
propiedad de beber
'H' denota la propiedad de
amar
................................. (hasta completar todas las
propiedades de nuestro lenguaje)
- Definición de satisfacción y verdad
-
Una secuencia S satisface 'Aa1... an'
(donde 'A' es un predicado n-ádico seguido de n constantes
individuales) sii los objetos a los que se refieren 'a1',..., 'an' están relacionados en A.
-
Una secuencia S satisface 'Av1 ...
vn' (donde 'A' es un predicado n-ádico seguido de n variables individuales) sii los miembros de la secuencia s1 ...
snestán en la relación A.
- Una secuencia S satisface '¬A' sii no satisface 'A'.
- Una secuencia S satisface 'A & B' sii satisface 'A' y satisface 'B'
-
Una secuencia S satisface '$vkA' sii 'A' es satisfecha por al menos una
secuencia S' que difiere de S en a lo sumo el k-ésimo término.
-
Una secuencia S satisface '"vkA' sii 'A' es satisfecha por toda secuencia
S' que difiere de S en a lo sumo el k-ésimo término.
-
Una oración es verdadera sii es satisfecha por todas las
secuencias y falsa si no es satisfecha por ninguna.
La cláusula (1) se aplica a oraciones atómicas cerradas. Dado
que no contienen variables libres, estas oraciones son satisfechas por todas las
secuencias o por ninguna. La secuencia dada S es irrelevante; no importa cuáles
sean sus miembros ni cuál sea su orden. En este caso, lo mismo podríamos igualar
la verdad a satisfacción por todas las secuencias que a satisfacción por
ninguna. La decisión adoptada está determinada por las cláusulas siguientes y el
deseo de mantener la uniformidad. En el caso monádico, 'Fa' es satisfecha por
una (y por tanto por toda) secuencia cuando el objeto al que se refiere el
nombre 'a' tiene la propiedad denotada por 'F'. (En nuestro caso, cuando
Churchill fuma).
La cláusula (2) está diseñada para oraciones atómicas abiertas.
Aquí las variables libres están en correlación biunívoca con los objetos de la
secuencia y por tanto nos importa decisivamente ésta. Así, 'Fx2' es
satisfecha por <Asia, Churchill, el sol, 7,...> porque el segundo miembro
de la secuencia fuma, pero no es satisfecha por la secuencia <Asia, Juan
Pablo II, el sol, 7,...> porque el segundo miembro de la secuencia no fuma.
Como podemos colocar cualquier objeto en cualquier lugar de las secuencias, una
oración abierta sólo podría ser satisfecha por todas las secuencias si todo
objeto del mundo tuviera la propiedad denotada por el predicado.
Las cláusulas (3) y (4) son obvias. La cláusula (5) se aplica a
oraciones cerradas por cuantificación existencial. El procedimiento produce de
nuevo condiciones de todo o nada. Sea la oración:
Alguien fuma y bebe,
que podemos traducir como:
$x1 (Fx1 & Gx1).
Y sea la secuencia S
<7, África, Azorín, Tarski, ...>.
S satisface aquella oración ya que hay una secuencia S' que
difiere de S sólo en el primer lugar y que satisface 'Fx1 & Gx1', a
saber:
<Churchill, África, Azorín, Tarski, ...>.
Lo que se exige es que S' difiera de S en a lo sumo el
primer lugar, pero no necesita hacerlo, en cuyo caso S' = S. Ahora bien, si S
satisface la oración, toda secuencia la satisface. Obsérvese que nada
depende del lugar que se le haya asignado a la variable en el ordenamiento. Si
tuviese otro índice, siempre habría una secuencia que tendría a Churchill en el
lugar apropiado, ya que nada impide la repetición de un objeto en la
secuencia.
La cláusula (6) se aplica a oraciones cerradas por
cuantificación universal. Sea la oración:
Todos los fumadores son bebedores,
que podemos traducir así:
"x1 ¬(Fx1 &
¬Gx1)
haciendo uso de la equivalencia ' A ® B' =def '¬(A & ¬B)'. Y sea la secuencia S:
<Platero, Tarski, Pub Primo's, 9, ...>.
Ahora se requiere que toda secuencia S' que difiera de S
en a lo sumo el primer lugar satisfaga:
¬(Fx1 & ¬Gx1).
'A lo sumo', es decir, incluso S debe satisfacer la anterior
oración abierta. Pero S satisface esa oración abierta. Por (1), S no satisface
'Fx1': el burro Platero no es dado a la bebida. Así, por (4), S no
satisface 'Fx1 & ¬Gx1'. Por tanto, por (3), S
satisface '¬(Fx1 & ¬ Gx1)'. Pero ahora no basta con
que S satisfaga la anterior oración abierta. Se precisa que toda secuencia que
sea como S excepto en a lo sumo el primer lugar lo haga también. Tomemos la
secuencia S'
<Adolfo Suárez, Tarski, Pub Primo's, 9, ...>.
S' no satisface la oración abierta resultante de eliminar el
cuantificador. Pues, por (2), S' satisface 'Fx1', ya que Adolfo
Suárez fuma. Pero satisface '&Gx1' ya que al parecer no bebe.
Así, por (4), satisface la conjunción 'Fx1 & ¬Gx1'.
Por tanto, por (3), no satisface '¬(Fx1 & ¬Gx1)'. Esto
es lo que cabría esperar, ya que la oración es falsa en este caso. Así, puesto
que S' no satisface la oración abierta resultante de eliminar el cuantificador,
S no satisface la oración cuantificada universalmente.
En esta teoría, cada predicado debe ser dotado de su
correspondiente axioma de denotación, lo que quiere decir que lenguajes con
diferentes predicados tienen diferentes definiciones de satisfacción y por lo
tanto de verdad. Así, en Tarski no hay una definición sino muchas. Tarski afirma
que esta limitación surge del hecho de que una oración puede ser verdadera en un
lenguaje y carente de significado en otro. Así, su definición no es
estrictamente del concepto de verdad, sino del concepto deverdad-en-L,
donde L es el lenguaje objeto que estamos considerando.
¿Por qué, según (7), se identifica la verdad con satisfacción
por todas las secuencias? Dado que la verdad se predica de oraciones y
las oraciones son cerradas y no contienen variables libres, serán satisfechas
por todas las secuencias o por ninguna. Pues al no contener variables libres el
que una secuencia satisfaga a una oración no depende de cuáles sean los términos
de la secuencia. Si cualquier secuencia satisface a la oración, todas lo harán;
y si una no la satisface, ninguna lo hará. Con un ejemplo. Sea la oración:
¬"x1Px1
y sea S una secuencia cualquiera. Por (3), S satisface esa
oración sii no satisface
"x1Px1,
y, por (6), S no satisface 'Vx1Px1' sii
hay alguna secuencia S' que difiere en S en a lo sumo el primer lugar y que no
satisface 'Px1'. Pero, por (2), S' no satisface 'Px1' sii
el primer término de S' no fuma. Ahora bien, siempre podremos tener una
secuencia que difiera de S sólo en tener como primer término un no fumador. Por
tanto, '¬"x1Px1' es satisfecha
por cualquier secuencia arbitraria de objetos.
1.5 Teorías deflacionarias
1.5.1 La teoría de la redundancia
A la base de las teorías de este tipo se encuentra la llamada tesis de la equivalencia. Su primera formulación se encuentra en Leibniz:
«Éstas coinciden: la proposición L y la proposición L es verdadera». En
"El pensamiento" Frege la enuncia así: «Vale la pena advertir que la oración
'Huelo el aroma de violetas' tiene justamente el mismo contenido que la oración
'Es verdad que huelo el aroma de violetas'. Así parece que nada se añade al
pensamiento porque yo le adscriba la propiedad de la verdad». La formulación más
concisa se encuentra en las Investigaciones filosóficas de
Wittgenstein:
'p' es verdadera = p
'p' es falsa = no p
(§136)
La primera formulación elaborada de la teoría de la redundancia
se debe a Ramsey. Los teóricos de la redundancia no afirman que el predicado 'es
verdadera' repite lo que ya ha sido dicho en la oración a la que se aplica. Lo
que afirma es que ese predicado es vacuo porque no dice nada nuevo. Decir que
una proposición es verdadera equivale a aseverar la proposición misma. 'Verdad'
o 'verdadero' no tiene un significado aseverativo independiente. Las teorías
tradicionales que conciben la verdad con una propiedad o una relación van
descaminadas. Cualquier cosa que pueda decirse con el predicado 'es verdad'
puede decirse también sin él. Por ello es redundante. Ramsey afirma que las
palabras 'hecho' y 'verdadero', en su uso primario, son inseparables de las
expresiones adverbiales 'verdaderamente', 'de hecho', 'es un hecho que' y 'es
verdadero que'; y éstas unidas a una oración no dicen más que lo que dice esta
oración por sí misma. Así no sólo no hay falsedades sino que tampoco hay
verdades o hechos, de la misma manera que no hay una entidad llamada 'el caso'
asociada a la expresión sinónima 'es el caso que'. El efecto de las comillas de
cita y del predicado 'es verdadera' se cancelan mutuamente. El predicado
veritativo tiene un efecto desentrecomillador.
Pero un teórico de la redundancia tiene que admitir que el
predicado 'verdad' no es siempre desentrecomillador en sentido literal, porque a
veces adscribimos la verdad "ciegamente", i.e., sin citar o sin conocer la
proposición en cuestión. Entre estos usos ciegos tenemos, por ejemplo, 'Todo lo
que el Papa dice es verdadero'. Ramsey es consciente del problema y analiza
'Todo lo que el Papa dice es verdadero' así:
(1) Para todo a, R, b, si el Papa asevera aRb,
entonces aRb.
Si admitimos la cuantificación de segundo orden sobre
proposición, podemos reescribir (1) como:
(2) "p (si el Papa dice que p,
entonces p).
1.5.2 La teoría prooracional
La teoría de la redundancia tiene que hacer uso de la
cuantificación de segundo orden sobre variables proposicionales. A este tipo de
cuantificación se han hecho dos tipos de objeciones. La primera viene de
quienes, como Quine, están en contra de la cuantificación de segundo orden en
general porque creen que nos compromete ontológicamente con entidades abstractas
indeseables. Un recurso para evitar la queja de Quine es interpretar
substitucionalmente los cuantificadores que toman como índices oraciones. Así,
'$p (Juan cree que p') sería verdadera si, y sólo si,
hay al menos una oración tal que cuando se elimina el prefijo '$p' y se reemplaza 'p' por esa oración, el resultado es
verdadero. De ese modo, no hay compromiso con proposiciones, entendidas como
entidades abstractas, como lo habría si interpretáramos objetualmente el
cuantificador.
Volvamos a
(2) "p (si el Papa dice que p,
entonces p)
Para mostrar el segundo tipo de objeción.
Ramsey advierte que hay algo extraño en este análisis, pues
tendemos a pensar que hace falta un 'es verdadera' final para convertir la 'p'
última en una oración auténtica. Este obstáculo queda superado, en su opinión,
cuando advertimos que 'p' es ella misma una oración y ya contiene un verbo. Pero
el problema es real. Si entendemos objetualmente el cuantificador de (2), las
pes son sintácticamente como términos singulares y parece que la 'p' final tiene
que ser entendida elípticamente, como conteniendo implícitamente un predicado
que la convierta en una oración capaz de jugar el papel por consiguiente. Algo
así como:
(3) "p (si el Papa dice que p,
entonces p es verdadero).
Pero si el análisis es éste, entonces el predicado 'es
verdadera' no es redundante en realidad.
Fue Prior el primero que se enfrentó con esta dificultad. Según
él, el problema surge de una deficiencia de los lenguajes naturales para leer
los cuantificadores de segundo orden. Y el remedio estaría en ampliar los
lenguajes naturales por procedimientos análogos a los que ya encontramos en
ellos para formar cuantificadores coloquiales a partir de palabras que
introducen preguntas. Así, en español tenemos el cuantificador nominal
'quienquiera' a partir de 'quien' y los no nominales 'comoquiera' y
'dondequiera' a partir de 'cómo' y 'dónde'. Pues bien, propone Prior, podríamos
forjar los cuantificadores 'cualquiersi', 'todosi' y 'algúnsi', y traducir (2)
por:
(4) Si el Papa dice cualquiersi, entonces esi,
donde los cuantificadores acabados en 'si' se forman a partir
de la partícula 'si' usada para introducir y describir preguntas sí/no.
Grover, Camp y Belnap concuerdan con Prior en que la dificultad
se debe a la falta de recursos expresivos de los lenguajes naturales. En ellos
tenemos pronombres que pueden usarse anafóricamente para referirse al mismo
objeto que su antecedente, como sucede en 'Juan ama a María, pero ella detesta a Juan'; tenemos también proadjetivos, como 'tal' en 'La ciudad
prodigiosa ya no era tal'; y tenemos proverbos, como 'hacer' en 'Antes
bailábamos, pero ya no lo hacemos'. Siguiendo una sugerencia de Brentano,
Grover, Camp y Belnap indican que hay también prooraciones, como 'así' en
'Pienso así'. Las prooraciones son proformas que pueden ocupar las
posiciones que podrían ocupar las oraciones, de la misma manera que los
pronombres pueden ocupar posiciones ocupables por pronombres, y cumplen un papel
anafórico similar. Es más, afirman que 'Es verdadero' y 'Eso es verdadero', a
pesar de su forma superficial de sujeto-predicado, son en realidad prooraciones.
Para explicar el uso de 'Es verdadero' trazan la analogía con un lenguaje que
fuera como el español salvo en que contuviese la prooración atómica 'esso', que
es siempre anafórica de algún antecedente. 'Esso' puede funcionar de anáfora de
pereza, como en:
A: Hay habitantes en Marte
B: Si esso, entonces tienen antenas.
Pero también tiene usos cuantificacionales. Por ejemplo, (2) se
leería así:
(5) Para toda proposición, si el Papa dice esso, entonces esso.
'Es verdadero' y 'Eso es verdadero' funcionan en español como
'esso' en ese lenguaje imaginario. Cada una de esas expresiones debe
considerarse holísticamente como una prooración en la que las partes no tienen
significado independiente.
Así, las expresiones en las que aparece 'es verdadero' con la
apariencia de un predicado separable tienen una forma superficial
desorientadora. Por ejemplo, la estructura profunda de 'Todo lo que el Papa dice
será verdadero' es 'Para toda proposición, si el Papa dice que es verdadera,
entonces será-verdadero-que-es-verdadera', donde de nuevo 'es verdadera' es una
prooración.
2. La verdad en las matemáticas
Entre las definiciones que se han dado de la matemática caben
destacar cuatro:
-
La matemática como ciencia de la
cantidad: según esta concepción, la matemática prescinde las
cualidades sensibles, y se atiene a la abstracción, limitándose a considerar
únicamente la cantidad y la continuidad.
-
La matemática como ciencia de las
relaciones: en este sentido, la matemática iría estrechamente
vinculada a la lógica. En esta tradición se inscribe el logicismo de
Russell, quien ve la coincidencia entre matemática y lógica en el ámbito de la
teoría de las relaciones; matemática y lógica coinciden en la "forma de los
enunciados", es decir, lo que permanece invariable cuando un componente de un
enunciado es sustituido por otro. Para el positivismo del Círculo de Viena,
representado por Carnap, los cálculos matemáticos son un género de los
cálculos lógicos. De esta forma, se pretende construir una lógica exacta
merced a dos cosas: a) definir todos los conceptos de la matemática en los
términos de los conceptos de la lógica; b) deducir de estas definiciones
(mediante las reglas lógicas, incluyendo los axiomas) todos los teoremas
matemáticos.
-
La matemática como la ciencia de lo
posible: según el formalismo, la matemática no es una parte de
la lógica, y ni siquiera la presupone. La matemática es un simple cálculo, que
no exige ninguna interpretación, por lo que resulta un sistema
axiomático, donde: a) todos los conceptos de base y todas las relaciones
fundamentales están enumerados y se debe remitir a ellos, mediante las
definiciones, para cualquier concepto ulterior; b) se enumeran por completo
los axiomas y de ellos se deducen todos los demás enunciados, atendiendo a las
relaciones de base. De este modo, la matemática es un sistema deductivo
perfectamente autónomo. Según el formalismo, la demostración matemática sería
un procedimiento meramente mecánico de derivación de fórmulas. Además,
se añade a la matemática formal unametamatemática, constituida por
razonamientos formales en torno a la matemática.
-
La matemática como ciencia de la posibilidad de la
construcción: está originada en la concepción kantiana de la
matemática como "construcción de conceptos". Esta corriente es denominada intuicionismo. La matemática se identifica con la parte exacta del
pensamiento humano; no presupone ciencia alguna, ni siquiera la lógica. Pero
sí exige una intuición que permita apresar la evidencia de los conceptos y de
las conclusiones. Éstas no son derivadas en virtud de reglas fijas normales,
sino que debe estar directamente controlado por su propia
evidencia.
2.1 El formalismo matemático
Por lo general, se considera que dejando de lado la lógica, la
verdad y el razonamiento matemáticos están fundamentados sobre bases más seguras
que las que sostienen la verdad y el razonamiento en otras disciplinas. La
aparente seguridad de la matemática y el deseo de conseguir algo similar en
otras disciplinas es una de las principales razones que hacen del análisis del
pensamiento matemático, y por lo tanto de la naturaleza de la verdad y el
razonamiento matemáticos, una de las más antiguas tareas de la filosofía.
Una de las causas de la especial estima de que goza la
matemática, por encima de todas las otras ciencias, es el hecho de que sus
proposiciones son absolutamente ciertas e indiscutibles, en tanto que las de
todas las otras ciencias son, hasta cierto punto, rebatibles y corren el riesgo
constante de ser invalidadas por el descubrimiento de nuevos hechos. ¿A qué
deben las matemáticas este privilegio? A la razón de que, tanto las matemáticas
como la lógica, no tratan en absoluto de la realidad, sino que sus
construcciones son construcciones totalmente a priori; es decir, totalmente
independientes de la experiencia. Si no fuera porque la matemática es una
ciencia totalmente a priori no gozaría de esta ventaja sobre el resto de las
ciencias. Como dice Einstein: "En la medida en que se refieren a la realidad,
las proposiciones de la matemática no son seguras y, viceversa, en la medida en
que son seguras, no se refieren a la realidad". Así pues, gran parte de la
fuerza de la matemática radica en que la matemática es una ciencia independiente
de la realidad, lo mismo que la lógica.
De este hecho se ha sacado la conclusión de que la matemática
es una rama de la lógica que utiliza el mismo método que esta: el método
axiomático. El primero en llegar a esta concepción fue Frege. En la Introducción
a Las leyes fundamentales de la Aritmética afirma Frege:
En mis Fundamentos de la aritmética traté de hacer
plausible la idea de que la aritmética es una rama de la lógica y que no
necesita ser fundamentada ni en la experiencia ni en la
intuición.
Esta concepción fue confirmada por Whitehead y Russell (a pesar
de que ellos no defendían el formalismo), cuando se dieron a la tarea de su
desarrollo sistemático. Se mostró que todo concepto matemático puede derivarse
de los conceptos fundamentales de la lógica y que toda proposición matemática
puede derivarse de las proposiciones fundamentales de la lógica. En "Atomismo
lógico" afirma Russell:
Creo que nadie que la haya
leído (la obra de Russell y Whitehead Principa Mathemathica) pondrá en
duda su principal afirmación, a saber, que a partir de determinadas ideas y
axiomas de la lógica formal, con el concurso de la lógica de relaciones, es
posible deducir la totalidad de la matemática pura, sin necesidad de alguna
idea nueva ni de proposiciones indemostradas.
¿En qué consiste el método axiomático?
2.1.1 El método axiomático
El método axiomático consiste en aceptar sin prueba ciertas
proposiciones como axiomas o postulados (por ejemplo, el axioma de que entre dos
puntos sólo puede trazarse una línea recta), y en derivar luego de esos axiomas
todas las demás proposiciones del sistema, en calidad ya de teoremas. Los
axiomas constituyen los "cimientos" del sistema; los teoremas son la
"superestructura", y se obtienen a partir de los axiomas sirviéndose,
exclusivamente, de los principios de la lógica. Este método presenta la ventaja
de que si puede demostrarse de alguna manera la verdad de los axiomas, quedan
automáticamente garantizadas tanto la verdad como la consistencia mutua de todos
los teoremas. Todo sistema axiomático debe cumplir tres requisitos básicos: a
saber, ha de ser completo, ha de ser decidible y ha de
serconsistente. Un sistema formal axiomático es consistente cuando
dentro del propio sistema no pueden deducirse contradicciones; es decir, cuando
a partir de los axiomas no podemos deducir teoremas que se contradigan entre sí;
un sistema formal es completo cuando todas las fórmulas bien formadas
verdaderas que podemos construir dentro del sistema pueden ser demostradas; y un
sistema formal es decidible cuando no existe ninguna proposición bien
formada dentro del sistema que no sea demostrable.
La matemática, en sus dos grandes ramas (aritmética y
geometría) ha sido esencialmente una ciencia que se ha basado en el método
axiomático. Los axiomas de la geometría ya fueron enunciados en la antigüedad
griega por Euclides, mientras que los axiomas de la aritmética fueron formulados
en el s. XIX por el matemático italiano G. Peano.
Pero, a pesar de estas formulaciones axiomáticas de ramas de la
matemática, el método axiomático no alcanzó pleno vigor hasta el s. XX con la
persona de D. Hilbert, el cual se erigió en defensor y máximo representante del
formalismo.
Hilbert, en su obra Los fundamentos de la geometría estableció de modo insuperable las bases para la axiomática de todas las
disciplinas matemáticas y, en general, todas las científicas. No resultaría
exagerado decir que en sus páginas han aprendido a pensar "axiomáticamente"
todos los matemáticos modernos.
Para los formalistas la matemática no puede ser reducida a
lógica, pues abarca proposiciones sintéticas que son descripciones verdaderas de
situaciones perceptibles muy simples. Los formalistas dividen la matemática
clásica en dos partes: la matemática "finitista" y la matemática "infinitista".
La primera es en gran medida idéntica a la parte de la matemática que los
intuicionistas consideran con sentido. La matemática finitista excluye, en
particular, las totalidades infinitas, la ley del tercio excluso y otros
principios de ella dependientes. Tan sólo admite aquellas proposiciones que
describen agregados finitos de distintos objetos concretos y las secuencias
efectuadas sobre tal tipo de agregados. Sin embargo, no se rechaza la matemática
infinitista, aceptándosela en la medida en que no ocasione contradicciones al
ser incorporada a la matemática finitista.
Según Hilbert, el objetivo del formalismo debía alcanzarse en
dos etapas: 1) la "formalización completa" de la matemática, y 2) la
demostración de que el sistema formal resultante era "formalmente consistente".
Formalizar una teoría equivale a hacer explícitas todas sus afirmaciones y
reglas de inferencia, considerando tan sólo su forma al margen de cualquier
contenido concreto. Las reglas de inferencia son convertidas en reglas de
inferencia formales, es decir, reglas que sirven para transformar ciertos
modelos en otros.
Una teoría se halla completamente formalizada sí, y sólo si
cada axioma o teorema de la misma corresponde sin ambigüedad alguna a un axioma
o teorema formal de su réplica formalizada y viceversa.
Hilbert pensaba que la matemática clásica -finitista e
infinitista- podía ser completamente formalizada, como lo está la lógica
proposicional ordinaria, y que se podía demostrar que era formalmente
consistente mediante puro razonamiento finitista. La formalización reduciría el
conjunto de la matemática clásica a unas cadenas finitas de símbolos y a las
operaciones sobre ellos efectuadas; por otro lado, la prueba de su consistencia
formal no haría uso de ningún presupuesto infinitista, ya que sólo
debería referirse a cadenas de símbolos y a las operaciones efectuadas sobre
ellos. Un matemático puro que aparte de la consistencia formal no plantease
ninguna otra exigencia lógica podría permitirse con toda tranquilidad dar libre
curso a su imaginación matemática sobre todo el dominio de la matemática
clásica, dejando para los filósofos cualquier preocupación acerca de los
presupuestos infinitistas.
Para el formalista, "la exactitud de la matemática reside sólo
en el desarrollo de la sucesión de relaciones y es independiente de la
significación que se podría querer dar a estas relaciones o a las entidades que
ellas mismas vinculan"(Brouwer: "Intuicionism and Formalism", Bulletin of the
American Mathematical Society, 20, 1933, pp. 81-96).
El sueño formalista tuvo un desgraciado y triste fin; este fin
le vino dado por la aparición de lo que se conoce con el nombre de Teorema de
Gödel, pero el teorema de Gödel, que por cierto es una de las obras cumbres
de la matemática de todos los tiempos, no surgió de la nada, sino que se fue
gestando lentamente sobre la base de los problemas subyacentes a la misma idea
formalista. Estos aparecen en las nociones clave del sistema formalista y son el problema de la consistencia y el problema de la completud.
2.1.2 El problema de la consistencia
En el s. XIX, y como consecuencia del intento de desmontar el
quinto axioma de la geometría de Euclides, se llega a una concepción totalmente
nueva de la matemática. Según esta concepción, la tarea propia del matemático
puro es deducir teoremas a partir de hipótesis postuladas. Al matemático,
en cuanto tal, no le atañe la cuestión de decidir si los axiomas que acepta son
realmente verdaderos o no.
Según esto, la antigua concepción de las matemáticas como
ciencia de la cantidad es equivocada, además de engañosa. La matemática es
simplemente la disciplina por excelencia que extrae las conclusiones lógicamente
implicadas en cualquier conjunto dado de axiomas o postulados. La validez de una
deducción matemática no depende en absoluto de ningún significado especial que
pueda estar asociado con los términos o expresiones contenidos en los
postulados. Las matemáticas son algo mucho más abstracto y formal de lo que
tradicionalmente se ha supuesto; más abstracto, porque las afirmaciones
matemáticas pueden ser hechas en principio sobre cualquier objeto sin estar
esencialmente circunscritas a un determinado conjunto de objetos o de
propiedades de objeto, y más formal, porque la validez de las demostraciones
matemáticas se asienta en la estructura de las afirmaciones más que en la
naturaleza especial de su contenido.. La única cuestión con la que se enfrenta
el matemático puro no es si los postulados de que parte o las conclusiones que
de ellos deduce son verdaderos, sino si las conclusiones obtenidas son realmente
las consecuencias lógicas necesarias de las hipótesis iniciales.
Es en este sentido en que más arriba se decía que la matemática
es una ciencia similar a la lógica: en el sentido de que tanto una como otra no
tienen en cuenta los hechos sobre los que tratan, sólo tienen en cuenta las
"proposiciones". No sería cierto si se hubiera pretendido afirmar que para los
formalistas la matemática es reducible a lógica, ya que estos sostenían la
hipótesis contraria.
Según Hilbert, mientras estemos interesados en la fundamental
labor matemática de explicar las relaciones estrictamente lógicas de dependencia
entre afirmaciones debemos prescindir de las connotaciones familiares de los
términos primitivos, y los únicos "significados" que se deben asociar con ellos
son los que se hallan determinados por los axiomas en que están contenidos. A
esto es a lo que se refiere el famoso epigrama de Russell: la matemática pura es
la ciencia en la que no sabemos de qué estamos hablando ni si lo que estamos
diciendo es verdadero.
La consecuencia más inmediata del formalismo fue la creciente
abstracción de las matemáticas y esto dio lugar a un problema mucho más serio
-que a la postre sería el detonante de la muerte del formalismo-; el problema en
cuestión es saber si un determinado conjunto de postulados erigidos como bases
de un sistema es internamente consistente de tal modo que no puedan deducirse
teoremas mutuamente contradictorios a partir de esos postulados. Es, en
definitiva, el problema de la consistencia.
Todo sistema formal axiomático que pretenda tener unos mínimos
visos de validez ha de ir acompañado de una prueba de consistencia. ¿Cómo se
consigue una prueba de consistencia?. La idea subyacente a toda prueba de
consistencia de un sistema formal es intentar encontrar un "modelo" para los
postulados abstractos del sistema, de tal modo que cada postulado se convierta
en una afirmación verdadera respecto del modelo.
Ahora bien, esta forma de demostrar la consistencia de un
sistema tiene un defecto: este defecto estriba en el hecho de que al encontrar
la prueba de consistencia para un modelo, este modelo ha de ser remitido a otro
modelo, este nuevo modelo a otro y así sucesivamente hasta el infinito. Ahora
bien, ¿no hay una forma de parar de una vez en la jerarquía de modelos y
encontrar una prueba de consistencia absoluta para cualquier sistema
axiomático?. El problema, por tanto, no radica en encontrar la prueba de
consistencia de un modelo, sino en encontrar una prueba de consistencia
absoluta. Esto fue lo que trato de hacer Hilbert: trató de construir pruebas de
consistencia absolutas con las que pudiera demostrarse la consistencia de los
sistemas sin necesidad de dar por supuesta la consistencia de ningún otro
sistema.
El primer paso para esto la completa formalización del sistema
deductivo, lo cual implica la extracción de todo significado de las expresiones
existentes dentro del sistema considerando a éstas como signos vacíos. La forma
en que se deben manipular y combinar estos signos ha de ser plasmada en un
conjunto de reglas enunciadas con toda precisión para así conseguir un sistema
de signos que no oculte nada y que solamente contenga lo que se halle expuesto
en él. Los postulados y los teoremas del sistema completamente formalizado son
"hileras" de signos carentes de significado construidas conforme a las reglas
establecidas para combinar los signos elementales del sistema hasta formar más
amplios conjuntos.
Cuando un sistema ha sido completamente formalizado, la
derivación de teoremas a partir de los postulados se limita, simplemente, a la
transformación de un conjunto de "hileras" en otro conjunto de "hileras".
La ventaja que supone la formalización es que cuando ha sido
formalizado un sistema, quedan a la vista las relaciones lógicas existentes
entre las proposiciones matemáticas; pueden verse los módulos estructurales de
las diversas "hileras" de signos "carentes de significado", cómo permanecen
unidas, cómo se combinan, cómo se alojan una en otra, etc.
Una página cubierta con signos carentes de significado no
afirma nada; sin embargo, es posible hacer afirmaciones acerca de ella. Tales
afirmaciones "significativas" acerca de un sistema formal carente de significado
constituyen lo que Hilbert denominó "metamatemática" (lenguaje que se formula
acerca de las matemáticas). Las expresiones metamatemáticas contienen los
nombres de las expresiones y símbolos matemáticos, pero no los símbolos o
expresiones matemáticos.
Hilbert basó su idea de encontrar una demostración absoluta de
consistencia en la distinción por él introducida entre matemática y
metamatemática; es decir, en la distinción entre un cálculo formal y su
descripción.
Hilbert creía posible presentar cualquier cálculo matemático
como una especie de esquema "geométrico" de fórmulas, en el que las fórmulas se
relacionaran mutuamente en un número finito de relaciones estructurales.
Esperaba demostrar, examinando exhaustivamente estas propiedades estructurales
de las expresiones encerradas en un sistema, que no pueden obtenerse fórmulas
formalmente contradictorias a partir de los axiomas de cálculos dados. Requisito
esencial de este programa era que las demostraciones de consistencia implicaran
únicamente procedimientos que no hicieran referencia ni a un número infinito de
propiedades estructurales de fórmulas ni a un número infinito de operaciones con
fórmulas. Tales procedimientos son denominados "finitistas", y una prueba de
consistencia que se adecue a dicho requisito recibe el nombre de "absoluta". Una
prueba "absoluta" logra sus objetivos utilizando un mínimo de principios de
deducción y no presupone la consistencia de ningún otro conjunto de axiomas.
Si una prueba tal pudiera construirse, tendríamos la mitad de
los requisitos necesarios para considerar un sistema formal como válido y, con
ello, al formalizar toda la matemática podríamos haber demostrado que esta está
libre de contradicciones. Tal prueba no puede conseguirse y esta es una de las
limitaciones del método axiomático.
Para que un sistema formal sea considerado como válido, ya se
dijo que era necesario que fuese, además de consistente, completo; es decir, que
todas las fórmulas bien formadas, y verdaderas, que en él puedan construirse,
han de poderse demostrar dentro de tal sistema.
En otras palabras, para que un sistema formal sea considerado
como válido, ha de ser completo y consistente. Pues bien, no existe un sistema
formal tal y aquí radican los límites de toda formalización, tanto de la
matemática como de la lógica.
Este último resultado fue establecido por el teorema de Gödel,
el cual viene a decir que todo sistema formal, tanto de la aritmética como de la
lógica, que sea lo suficientemente potente como para poder generar afirmaciones
metamatemáticas acerca de sí mismo, si es completo no es consistente, y si es
consistente no es completo.
¿Por qué es tan importante que un sistema formal sea completo
y, además, sea consistente?. La importancia de la consistencia radica en el
hecho de que si sabemos que un sistema es consistente, por el mero hecho de
saberlo, sabemos también que los teoremas que demostremos dentro de ese sistema
no se contradirán entre sí. La importancia de la completud radica en el hecho de
que si sabemos que un sistema formal es completo, por el mero hecho de saberlo,
también sabemos que podemos demostrar todas las fórmulas verdaderas que podamos
construir dentro de tal sistema.
Cuando Gödel demostró que un sistema como el de Principa
Mathematica y, en general, cualquier sistema axiomático, si es consistente
es incompleto y si es completo es inconsistente lo que en realidad demostró es
que hay fórmulas matemáticas que podemos saber que son verdaderas, pero que no
son demostrables dentro del sistema mismo. Sabemos que son verdaderas
recurriendo a un sistema que sea más potente que el sistema en que esas
fórmulas, o teoremas, aparecen; pero, en este nuevo sistema, nos encontramos
nuevamente con fórmulas que sabemos que son verdaderas, pero que no podemos
demostrar dentro de él, sino recurriendo, nuevamente, a un sistemas más potente;
y así ad infinitum.
En la historia de la matemática ha habido teoremas de los que
no se ha podido demostrar ni su verdad ni su falsedad. Según el teorema de
Gödel, de muchos de estos teoremas nunca podremos saber que son verdaderos
(utilizando solamente los métodos de la aritmética). Uno de estos teoremas
famosos es la conjetura de Holbac. El teorema de Holbac dice que "todo número
par es la suma de dos números primos". Hasta ahora, no se ha encontrado ningún
número par que no sea la suma de dos números primos y, en este sentido, no se ha
demostrado que el teorema sea falso. Pero, tampoco se ha logrado demostrar que
no pueda haber un número par que no sea la suma de dos números primos. Son
teoremas de este tipo los que Gödel dice que no se pueden demostrar dentro de
la aritmética, lo que no quiere decir que no puedan ser demostrados desde
fuera.
Pero Gödel logró demostrar otra cosa mucho más interesante;
esta es que si alguien pudiese demostrar que la aritmética es consistente,
utilizando solamente métodos aritméticos -cosa que hasta ahora nadie ha
demostrado-; por el mero hecho de hacerlo, demostraría también que la aritmética
es inconsistente o, dicho en otras palabras, si lográsemos demostrar que la
matemática es verdadera, al mismo tiempo habríamos demostrado que la matemática
es falsa. Por tanto, la conclusión es que no se puede demostrar que la
aritmética es consistente ni, por tanto, verdadera. Sin embargo, el método
axiomático de Hilbert requería una demostración de consistencia; por tanto, hay
que concluir que el método de Hilbert no es válido, encuentra limitaciones
incluso dentro de sus premisas básicas.
Todo este problema surgió de la necesidad de buscar una
demostración de consistencia a los sistemas formales. Pero, ¿por qué es
necesaria una demostración de consistencia? Al principio se dijo que la
matemática era una ciencia totalmente a priori, sus elementos no versaban en
absoluto acerca de la realidad; pero, no es menos cierto que la matemática es el
soporte principal del resto de las ciencias que sí versan acerca de la realidad
y, en este sentido, también la matemática habla (a su manera) de la realidad;
ahora bien, si no podemos estar seguros de que la matemática está libre de
contradicciones, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que nos dicen las
ciencias que tienen su base en la matemática y que sí hablan de la realidad es
cierto?
Aquí cobra todo su sentido la cita que de Einstein hacíamos más
arriba y se deja ver claramente cual es una de las más importantes limitaciones
del sistema formalista, que no sirve para hablar de la realidad, porque no
sabemos -no podemos saber- si lo que dice acerca de la realidad es verdadero o
no. La matemática es muy bonita como un juego intelectual -al estilo del ajedrez
o las damas- pero no puede enseñarnos nada acerca del mundo en que vivimos.
Esto refuerza la hipótesis empirista de que para tener un
verdadero conocimiento acerca del mundo en que vivimos hemos de acudir a la
experiencia, ya que los conocimientos a priori no nos pueden suministrar ningún
tipo de certeza acerca del mundo exterior.
De todo lo dicho, se deduce que en matemáticas (o en lógica)
no se puede hablar de verdad, en el sentido en el que habitualmente se entiende
esta palabra sino, como mucho, de validez o de coherencia.
2.2 El intuicionismo de Brouwer
Brouwer y sus seguidores sostienen que sólo puede considerarse
que un ente existe matemáticamente si se logra construirlo, es decir, únicamente
a condición de que podamos dar un ejemplo de él o indicar el procedimiento que
nos permite llegar a un ejemplo similar, a través de una cantidad finita de
pasos. Esta concepción prohíbe apelar al "infinito actual". Y si se habla de
infinito, no se habla de él como teoría de los conjuntos, sino únicamente en el
sentido de que, por ejemplo, en cada punto al que se haya podido llegar, puede
verse superado. El infinito es algo potencial, nunca actual. El infinito actual
es imposible de construir.
La matemática constructiva tiene su fundamento en la idea de
que las conectivas lógicas y el cuantificador existencial han de interpretarse
como instrucciones sobre cómo construir una prueba de la afirmación en que están
implicadas estas conectivas lógicas. Específicamente, la interpretación procede
como sigue:
-
Para probar p o q ('p Úq'), debemos tener una prueba de p o una
prueba de q.
-
Para probar p y q ('p & q'), debemos
tener una prueba de p y una prueba de q.
-
Una prueba de p implica q ('p ® q') es un algoritmo que convierte una prueba de p en una prueba de q.
-
Para probar no es el caso que p ('¬p'), debemos
mostrar que p implica una contradicción.
-
Para probar existe algo con la propiedad P ('$xP(x)'), debemos construir un objeto x y probar que se cumple P(x).
-
Una prueba de todo tiene la propiedad P ('"xP(x)') es un algoritmo que, aplicado a
cualquier objeto x, prueba que se cumple P(x).
2.3 El logicismo de Russell
En Los principios de la matemática Russell propuso
demostrar:
- que toda la matemática procede de la lógica simbólica
-
descubrir en la medida de lo posible cuáles son los
principios de la misma lógica simbólica
Russell considera, junto con Frege, que la matemática puede
reducirse a una rama de la lógica. La matemática pura es la clase de todas las
proposiciones que toma la forma "p ® q". No existen
conceptos típicos o propios dela matemática que no puedan verse reducidos a
conceptos lógicos (de la lógica de clases). Y, con mayor motivo todavía, no
existen dentro de la matemática procedimientos de cálculo o de derivación que no
se puedan transformar en derivaciones de carácter puramente formal. En los Principia Matemática Russell afirma que matemáticamente un número no es
más que una clase de clases equipotentes. Estaba convencido de que la matemática
y la lógica son idénticas, y de que toda la matemática pura trata exclusivamente
de conceptos definibles en términos de un número pequeñísimo de conceptos
lógicos fundamentales.
2.4 La filosofía de las matemáticas de Lakatos
La filosofía de la ciencia del siglo XX se ha inspirado, para
fundamentar su epistemología, en la física. La lógica y la matemática, como
ciencias puramente formales, están fuera del estricto saber científico, pues no
tienen cabida en los diferentes criterios de demarcación propuestos por ellos.
Así, las ciencias formales serían un capítulo aparte de la filosofía de la
ciencia.
Lakatos se ha opuesto tenazmente a este modo de hacer filosofía
de la ciencia. Según Lakatos las ciencias empíricas no poseen un sistema
deductivo que sea válido para siempre, sino que son conjeturas que deben ser
continuamente falsadas. Pero mientras Popper afirma que una vez que una teoría
ha sido falsada debe ser abandonada, Lakatos defiende que en lugar de desecharla
es necesario corregir la teoría. Se une a la denominada tesis de
Duhem-Quine: basándose en la lógica formal estos autores afirman que una
teoría o una mera hipótesis, tomadas aisladamente, no pueden ser sometidas a
contrastación, sino que necesitan incorporarse a otras teorías más
generales.
Según Lakatos, históricamente se han dado tres grandes teorías
matemáticas:
-
Teorías euclídeas. Aquí las proposiciones más altas,
los axiomas, son verdaderos, transmitiendo su valor de verdad a todos los
teoremas y proposiciones de forma "descendente". La matemática sólo tiene
proposiciones verdaderas (tautologías), pero no conjeturas ni refutaciones. El
verdadero significado está, pues, en la cúspide, siendo todo lo demás
teóricamente superfluo.
-
Teorías empiristas. Partiendo de las "proposiciones
protocolares" y observacionales "de la base", fluye su valor de verdad hacia
arriba, merced a "conjeturas y refutaciones"; estas serán verdaderas o falsas
en función del resultado de la confrontación entre sus consecuencias y los
enunciados básicos. Además, cualquier nuevo significado deberá partir de la
base. Según Lakatos este tipo de teorías es falsable, pero no verificable.
-
Teorías inductivistas. Es lo contrario que la
euclídea; ahora la verdad matemática debe fluir hacia arriba, merced al
principio de "retransmisión de la verdad". Según Lakatos, Popper ha
demostrado, con su crítica al inductivismo, que esta teoría no es
posible.
Lakatos añade, a estas tres teorías, su propia propuesta:
-
Teorías cuasi-empíricas. Nunca son verificables, nunca
serán acabadamente verdaderas, pues siempre son una conjetura (pese a estar
corroboradas). Frente a las teorías euclídeas, estas teorías lakatianas
admiten doscaracterizaciones: una lógica y otra histórica. Atendiendo a la
lógica, "un sistema es euclídeo si es la clausura deductiva de aquellos de
sus enunciados que se asumen como verdaderos. De otro modo es un
sistema cuasi-empírico".
Según Lakatos, una teoría euclídea consta de tres etapas:
- Precientífica o ingenua, de ensayo y error.
-
Periodo fundacional: reorganización de la disciplina,
donde se establece la estructura deductiva.
-
Resolutiva de los problemas en el interior del
sistema, con la construcción de conjeturas y de "los bordes
oscuros".
Por el contrario, el desarrollo de la teoría cuasi-empírica es
diferente. Aquí se parte de problemas, seguidos de soluciones "arriesgadas", y
después vienen las refutaciones o los "tests severos", así como la controversia
entre diferentes teorías rivales. La atención se centra en los "bordes oscuros",
con una revolución permanente sin acumular "verdades eternas". De esta forma la
diferencia fundamental entre estos dos últimos tipos de teorías es básicamente
heurística. Lakatos sostiene que las teorías matemáticas son
"cuasi-empíricas, al igual que las teorías científicas". Los matemáticos
no parten de axiomas, sino de problemas, procediendo por medio de conjeturas y
pruebas, sometidas constantemente a falsación y análisis lógicos. La diferencia
básica entre la matemática y las teorías empíricas radica en los "falsadores
potenciales" lógicos (reducción al absurdo, etc.). ¿Existe algo similar en las
teorías empíricas? Sí, los falsadores heurísticos", donde se aportan nuevos
problemas abandonando otros anteriores, por lo que existe también una
"refutación heurística".
Lakatos se enfrente ala filosofía formalista matemática. El
desacuerdo estriba en dos puntos:
-
La identificación de la teoría matemática con su abstracción
formalizada de forma axiomática, esto es, con los sistemas formales como los
entiende Hilbert.
-
La reducción de la filosofía de la matemática a
"metamatemática".
Lakatos se enfrenta al formalismo matemático, pues ésta actúa
como si la matemática fuera ahistórica. Para Lakatos es necesario atender a los
descubrimientos matemáticos tal y como se produjeron, por lo que el formalismo
matemático es, en su opinión, una forma de dogmatismo donde el saber se acumula
en un monótono aumento de teoremas establecidos indubitablemente. Lakatos es
partidario de insistir en estudiar la lógica del descubrimiento en
ciencias y matemáticas, más que en lalógica de la justificación. De este
modo, dice Lakatos, mientras que Popper mostró que los que defienden que la
inducción es la lógica del descubrimiento científico caen en un error, él por su
parte afirma que "quienes pretenden que la deducción es la lógica del
descubrimiento matemático están también en un error". Es decir,
mientras Popper ha criticado el inductivismo, Lakatos critica el
deductivismo.
2.5 ¿Verdad en matemáticas?
En el siglo XX tres han sido las grandes corrientes
matemáticas, cada una con su concepción de las matemáticas y de la vedad en la
mismas: logicismo, intuicionismo, formalismo. Para el logicismo la matemática se
reduce a lógica, y la verdad matemática a verdad lógica, para el formalismo, la
verdad matemática consiste en extraer las consecuencias formales de unos axiomas
y teoremas basándonos en unas reglas de cálculo. Para el intuicionismo la verdad
matemática es construcción. ¿Cuál de los tres tiene razón? Hasta el momento,
ninguna de las tres posturas parece haberse impuesto, con lo cual parece
bastante difícil decir en qué consiste la verdad matemática. Sin embargo, parece
que actualmente es el intuicionismo quien está empezando a ganar la batalla, más
por deméritos de sus contrincantes que por méritos propios; en efecto, mientras
que el sueño formalista parecía definitivamente refutado con los teoremas de
incompletud de Gödel, el logicismo lleva aparejado el mismo descrédito que
actualmente tiene el platonismo que le sirve de fundamento. El intuicionismo,
por el contrario, gracias a los trabajos de Kripke en lógica modal, y de Dummett
en semántica parece que es la teoría dominante. ¿Lo será por mucho tiempo?
3. La verdad en las ciencias empíricas
Las ciencias empíricas tratan de describirnos el mundo real; en
este sentido, parece que la noción de verdad que más conviene a este tipo de
ciencias es la de verdad como correspondencia, pues si estas ciencias tratan de
describirnos lo que hay en la realidad, lo que ellas nos digan será verdadero
si, efectivamente, lo que nos dicen que hay efectivamente existe. Ahora bien, la
realidad se puede dividir en diferentes ámbitos; tenemos, por un lado, el ámbito
correspondiente a los seres inanimados, que son objeto de estudio de las
ciencias físicas y químicas; por otro lado, tenemos el ámbito correspondiente a
los seres vivos que son estudiados por la biología y, finalmente, tenemos el
ámbito correspondiente a los seres humanos (seres inteligentes), que son
estudiados por las ciencias sociales (historia y sociología). En esta división
de la realidad hemos ido de mayor a menor generalidad; ¿significa esto que la
explicación es las ciencias físicas ha de ser más omniabarcante que la
explicación en las ciencias sociales o significa, por el contrario, que al ser
ámbitos totalmente distintos, el tipo de explicación existente en ellos es
también totalmente distinto y, por tanto, también es distinto el concepto de
verdad que se usa?
En las ciencias empíricas, el patrón explicativo lo forman las
leyes y las teorías. Las leyes se aplican a los casos en que hay una invarianza.
Una ley afirma que se conoce una cuestión de hecho. Las teorías, por el
contrario, proporcionan normas para realizar las observaciones adecuadas, reunir
las pruebas adecuadas, emplear las técnicas experimentales adecuadas, realizar
las inferencias inductivas adecuadas, dar la forma adecuada a las
representaciones deductivas o formales de las relaciones entre los hechos, hacer
las hipótesis adecuadas, etc. No explican los procesos naturales ni las
cuestiones de hecho, pero explican por qué debe uno admitir o aprobar las
conclusiones de la investigación científica, y sirven de guía de conducta en
cuanto a tales investigaciones. Proporcionan los criterios de lo que se
considera como explicación adecuada. Las teorías explican en virtud de postular
o afirmar la existencia de unas "entidades teoréticas" cuyas propiedades son
tales que, a partir de ellas, se pueden inferir sus leyes de actuación; y
conociendo qué leyes son las que describen las relaciones de invariancia entre
unas propiedades o sucesos naturales, se puede construir una entidad hipotética
cuya existencia explique las leyes. Por una parte, las teorías pueden concebirse
como leyes de gran generalidad, de las que pueden deducirse leyes de menor
generalidad por un método de inferencia; por otro lado, pueden distinguirse las
teorías de las leyes en virtud de las aseveraciones existenciales de las
primeras.
Ahora bien, tanto las leyes como las teorías hacen referencia
(si es que son verdaderas) a aspectos de la realidad; es decir, leyes y teorías
pretenden explicarnos cosas que realmente existen; por tanto, una ley (o una
teoría) será verdadera si aquello que dice que existe, existe realmente y falsa
en caso contrario. Es decir, leyes y teorías están, en principio, sometidas al
criterio de verdad aristotélico, o criterio de verdad como correspondencia.
Pero, ¿se expresan las leyes igual en todas las ciencias
empíricas?. Si la respuesta a este tipo de pregunta es afirmativa, el criterio
de verdad será el mismo para todas las ciencias empíricas; por el contrario, si
la respuesta es negativa, parece que habrá que introducir ligeras variaciones en
el criterio de verdad como adecuación.
3.1 Las leyes físicas
Si consideramos la ciencia como una ciencia cuantitativa o
matemática, cuyos enunciados de observación son enunciados de medida, la forma
de las leyes numéricas nos dará la forma de las leyes físicas, con la diferencia
de que, en éstas, se considera que los numerales representan propiedades
numéricas de magnitudes físicas tales como la longitud, la carga, la masa, el
peso, etc., y, de hecho, lo que consigue la cuantificación de la ciencia física
es precisamente esto, y se gana con ello que, con la corroboración de las leyes
numéricas mediante las interpretaciones físicas, o con la posibilidad de
formalizar las relaciones físicas en términos matemáticos, el inmenso poder de
la inferencia formal y del cálculo matemático queda a disposición del
pensamiento físico, pero el isomorfismo entre las leyes numéricas y las
relaciones numéricas que se descubran entre las magnitudes físicas, no está
asegurado a priori, sino que es cuestión que la física ha de descubrir y
comprobar constantemente.
Ahora bien, supuesto que este isomorfismo se da, una ley física
será verdadera en tanto en cuanto explique correctamente lo que sucede en la
naturaleza; por tanto, de ello se sigue que las leyes físicas están sometidas al
criterio de verdad como correspondencia.
Por otro lado, si este isomorfismo no se da, nos encontraremos
con que el material que estamos utilizando para explicar la naturaleza (las
matemáticas) no es un material adecuado, con lo que nos tendremos que enfrentar
al problema de encontrar otro material que sí sea adecuado para explicar la
naturaleza; pero el criterio de verdad como correspondencia seguirá siendo
inalterable.
3.2 Las leyes de la biología y las ciencias humanas
En la biología y las ciencias humanas aparece un tipo distinto
de ley que no adopta la forma de ley numérica y, de hecho, en muchos casos no
está claro que la explicación tenga lugar en forma de "ley" que comprenda casos
particulares.
Lo distintivo de las explicaciones biológicas es que son con
frecuencia funcionales, en el sentido de que explican algo sobre la base de las
funciones que desempeñe dentro de un organismo completo. Las explicaciones
biológicas se apoyan en funciones que son "con vistas a" un fin, que, a su vez
se relaciona con un fin más amplio, y así sucesivamente; explicación que sólo se
obtiene ante el organismo completo, o que prosigue para estudiar sistemas vivos
o sociedades de organismos. Semejantes explicaciones parecen contestar a la
pregunta "¿Para qué sirve X?", o, refiriéndose a un proceso, "¿Por qué funciona
así?"; pero el por qué de las explicaciones biológicas suele ser un para que, y es por esto por lo que estas explicaciones han sido llamadas
teleológicas.
Aquí parece que ya no es posible un criterio de verdad que se
ajuste al patrón de verdad como correspondencia con los hechos, pues los fines
son algo que nos tenemos que imaginar, pero no algo que podamos ver y, si lo no
podemos ver, ¿cómo aplicar el criterio de la verdad como correspondencia?.
Tampoco parece aplicable a estas ciencias el criterio de verdad
como coherencia, pues la verdad como coherencia parece que es algo exclusivo de
las ciencias formales; nos quedaría, por tanto, como criterio más aceptable el
criterio pragmático de verdad
3.3 El problema de la distinción entre ciencias naturales y ciencias
sociales
Tradicionalmente se entiende por ciencias naturales aquellas
que estudian algún aspecto de la realidad natural no humana, mientras que por
ciencias del hombre se entiende aquellas ciencias que estudian algún aspecto de
la realidad humana. Cuando se trabaja con esta división se parte, generalmente
de dos "prejuicios": 1) las ciencias naturales han alcanzado el status de
ciencia, y cualquier cosa que pretenda pasar por ciencia tiene, de alguna
manera, que asemejarse a ellas; 2) el hombre es una realidad totalmente distinta
del resto de la naturaleza y, por tanto, su estudio requiere un método
distinto.
Esta división entre ciencias naturales y ciencias sociales (o
humanas) queda reflejada en dos posturas medotológicas diferentes:
1) Monismo metodológico. Se desarrolló especialmente
durante la primera mitad de este siglo, dentro de la tradición anglosajona. Los
filósofos partidarios de esta postura defendían la idea de que el estudio de las
acciones humanas no es cualitativamente diferente del estudio de los
fenómenos naturales. Se partía del supuesto de que el poder de la razón y la
reflexión crítica es suficiente para trascender nuestro contexto social y
nuestro horizonte histórico, y, en consecuencia, para conocer objetivamente el
mundo. De aquí el interés de dichos filósofos por codificar las reglas de "el"
método que supuestamente garantizaba la correcta práctica científica y el
auténtico conocimiento. Si aceptamos el monismo metodológico, habremos de usar
el mismo criterio de verdad -cualquiera que este sea- tanto en las ciencias
humanas como en las ciencias naturales.
2) Dualismo metodológico. Defienden la especificidad y
autonomía de formas de reflexión que no tienen por qué ser asimilables o
reducibles a los cánones de las ciencias naturales para que se les pueda
considerar como formas legítimas de conocimiento. Sin embargo, los defensores de
este dualismo metodológico siguen aceptando como correcta la imagen
tradicional de las ciencias naturales, y consideran que ellas están libres de
los problemas propios de las ciencias humanas, los cuales obedecen al carácter
peculiar de su objeto de estudio. Según los defensores del dualismo
metodológico, los principales contrastes entre las ciencias humanas y las
ciencias naturales son los siguientes:
-
En las ciencias naturales los datos son independientes de las
teorías, no así en las ciencias sociales donde lo que cuenta como dato se
determina a la luz de alguna perspectiva teórica, y donde los hechos mismos
tienen que ser reconstruidos con base en alguna interpretación. Por tanto, las
ciencias naturales, a diferencia de las sociales, cuentan con una base
empírica teóricamente neutral, la cual permite a los científicos poner a
prueba sus teorías y elegir, con total acuerdo, entre hipótesis alternativas.
Según esto, parece que en ciencias naturales sí tiene sentido hablar de verdad
(en tanto que ésta es algo objetivo e independiente del investigador, algo que
el investigador busca); no ocurriría así en las ciencias sociales.
-
En las ciencias naturales las teorías explican los
hechos siguiendo un esquema hipotético-deductivo, esto es; si la
naturaleza fuera de tal y cual manera, los datos de la experiencia se darían
como en efecto se nos presentan. En cambio, en las ciencias sociales, el
criterio de lo que cuenta como una buena teoría es lacomprensión que la
teoría nos permite alcanzar tanto de las intenciones de los agentes como de
los significados de los fenómenos humanos.
-
El lenguaje de las ciencias naturales, además de ser preciso
y formalizable, está constituido por términos que tienen un significado
unívoco; se trata, por tanto, de un lenguaje que debe interpretarse
literalmente. En cambio, el lenguaje de las ciencias humanas es
inevitablemente multívoco y muchas veces metafórico. Los significados, en las
ciencias naturales, son separables de los hechos, mientras que en las ciencias
humanas los significados son un componente constitutivo de los hechos. Esto se
debe a que los objetos de estudio de estas últimas (acciones y conductas
intencionales, reglas sociales, documentos, inscripciones, artefactos humanos,
etc.) son inseparables de su significado para los agentes. De aquí que los
significados, en las ciencias del hombre, deban comprenderse mediante la
coherencia teórica y no por la correspondencia con los hechos. En otras
palabras, para comprender las acciones humanas y recuperar su intencionalidad
-su significado- se requiere de una interpretación hermenéutica adecuada, la
cual es relativa a las distintas culturas e, incluso, a los distintos
individuos. Según esto, a las ciencias naturales les correspondería un
concepto de verdad como correspondencia, en el sentido que Tarski dio a esta
expresión; por el contrario, los métodos de las ciencias sociales serían
métodos hermenéuticos, en donde lo importante no es la verdad, sino entender
lo que está ocurriendo.
En La estructura de las revoluciones científicas Kuhn
articuló una nueva concepción de las ciencias naturales que entraña fuertes
paralelismos con la concepción tradicional de las ciencias sociales. Algunas de
las tesis básicas del enfoque que emerge de La estructura..., y que hacen
referencia a nuestro tema, son:
-
No hay una única manera de organizar conceptualmente aquello
que se nos da en la experiencia. Si bien la experiencia es, desde luego, un
ingrediente fundamental en la adquisición de conocimiento, el desarrollo de la
ciencia depende también de nuestra capacidad para conformar los hechos de
distintas maneras. Los objetos y los hechos naturales no son algo que esté
dado de antemano, son más bien algo que se constituye o reconstruye a partir
de los insumos de la experiencia, pues tanto su identificación como su
descripción dependen -en alguna medida- de nuestros sistemas de conceptos. Por
tanto, no hay un lenguaje neutral de observación, independiente de las
perspectivas locales, que nos permita capturar asépticamente los hechos y
objetos de la experiencia. Ahora bien, si no hay un lenguaje neutral de
observación, parece que no tiene sentido un concepto de verdad del tipo
"verdad como correspondencia"; las teorías científicas describen la realidad
tal y como el científico la ve en el momento de formular la teoría, lo que no
quiere decir que la realidad sea realmente así.
-
Dada una cierta manera de identificar y concebir los hechos
de un dominio de investigación, siempre es posible construir teorías
alternativas que den cuenta de los mismos hechos y que, sin embargo, sean
teorías incompatibles. Esto significa que si bien las teorías están
constreñidas por los hechos, ya que para ser aceptables deben ser
empíricamente adecuadas, los hechos, sin embargo, no bastan para elegir entre
ellas. En otras palabras, las teorías están subdeterminadas por la evidencia
empírica y, en consecuencia, no tiene sentido un concepto de verdad al estilo
tradicional.
-
En el desarrollo de las diversas disciplinas se presentan
situaciones de competencia entre teorías alternativas, donde la aceptación de
una teoría implica el rechazo de la otra. Este cambio de enfoque teórico casi
siempre trae consigo pérdidas explicativas, lo cual pone de relieve el
carácter no acumulativo y discontinuo del desarrollo científico. De aquí que
la idea de progreso como un acercamiento a la verdad, es decir, como una
correspondencia cada vez mayor entre nuestros sistemas de creencias y el mundo
real, carezca de adecuación histórica y, por tanto, de justificación.
-
La elección de teorías es una actividad racional, pero
en el sentido de ser una actividad de argumentación y deliberación, donde
tienen cabida los desacuerdos, la cual no se ajusta al modelo de pruebas
deductivas para las ciencias formales, ni tampoco a los modelos de
confirmación o refutación propuestos por los filósofos clásicos para las
ciencias empíricas. El modelo de elección de teorías, en esta nueva
concepción, está mucho más cerca de los modelos que se han propuesto para
explicar la acción en las ciencias humanas, que de los modelos que han
pretendido dar cuenta del "genuino conocimiento".
-
La ciencia no es una empresa totalmente autónoma. Dado que
las ciencias empíricas no cuentan con procedimientos algorítmicos para medir
el éxito de sus teorías, procedimientos que al comparar teorías rivales
pudieran dictar la misma elección a todos los científicos que desarrollan una
especialidad, tenemos que el cambio de teorías está subdeterminado por las
razones disponibles en cada contexto. Esta situación da lugar a que factores
de tipo "externo" (ideológicos, metafísicos, psicológicos, sociales, etc.)
puedan jugar un papel en el desarrollo científíco.
3.4 La verdad en las ciencias naturales: Popper y el Círculo de Viena
El principio fundamental del empirismo moderno es la idea de
que todo conocimiento no analítico se basa en la experiencia. El empirismo
lógico contemporáneo le ha añadido la máxima según la cual una oración
constituye una afirmación cognoscitivamente significativa y puede, por tanto,
decirse que es verdadera o falsa únicamente si es, bien 1) analítica o
contradictoria, o bien 2) capaz, por lo menos en principio, de ser confirmada
por la experiencia. De acuerdo con este criterio muchas de las formulaciones de
la metafísica tradicional y grandes partes de la epistemología resultan carentes
de significado cognoscitivo - independientemente de lo fructíferas que resulten
algunas de ellas en sus connotaciones no cognoscitivas en virtud de su atractivo
emocional o de la inspiración moral que ofrecen. De igual manera, ciertas
teorías que en un momento u otro fueron formuladas en la ciencia empírica o sus
disciplinas auxiliares, están presentadas de tal forma, que resulta imposible
verificarlas con cualquier prueba concebible; en consecuencia, son calificadas
de seudohipótesis, que no afirman nada y que, por lo tanto, no tienen ninguna
fuerza explicativa o predictiva.
En los primeros tiempos del Círculo de Viena se decía que una
oración tenía significado empírico si era susceptible, al menos en principio, de
verificación completa por medio de la observación, es decir, si podía
describirse una prueba observacional tal que, de alcanzarse realmente,
establecería de modo concluyente la verdad de la
oración. Con ayuda del concepto de oración observacional, podemos reformular
este principio del modo siguiente: Una oración S tiene significado empírico si,
y sólo si, es posible indicar un conjunto finito de oraciones de observación
O1, O2, ..., On, tales que, si son verdaderas,
entonces S es necesariamente verdadera también. Pero, tal como se ha presentado,
esta condición también se satisface si S es una oración analítica o si las
oraciones observacionales dadas son lógicamente incompatibles entre sí. Con la
siguiente formulación quedan excluidos esos casos:
Requisito de verificabilidad completa en principio:
Una oración tiene significado empírico si, y sólo si, no es analítica y se
deduce lógicamente de una clase finita y lógicamente consistente de oraciones
observacionales.
Los defectos de este requisito son:
-
Excluye todas las oraciones de forma universal y, en
consecuencia, todos los enunciados que pretenden expresar leyes generales; ya
que éstas no pueden ser verificadas concluyentemente por un conjunto finito de
datos observacionales. De manera similar, el criterio descalifica todas las
oraciones que contienen tanto cuantificadores universales como existenciales
ya que oraciones de esta clase no pueden ser deducidas lógicamente de un
conjunto finito de oraciones observacionales.
-
Supongamos que S es una oración que satisface el criterio
propuesto, mientras que N es una oración tal como "Lo absoluto es perfecto", a
la cual el criterio no atribuye significado empírico. Entonces la disyunción S Ú N satisface también el criterio. Pero,
evidentemente, el criterio empírico de significado no está destinado a probar
oraciones de este tipo
-
Sea "P" un predicado observacional. Entonces, la oración
puramente existencial "($x) P(x)" ("Existe por lo
menos una cosa que tiene la propiedad P") es completamente verificable, porque
se deduce de una oración observacional que afirma de algún objeto particular
que tiene la propiedad P. Pero su negación, al ser equivalente a la oración
universal "(x) ¬P(x)" ("Nada tiene la propiedad P") no es, evidentemente, por
completo verificable. De aquí que, bajo este criterio las negaciones de
ciertas oraciones empíricas - y, por lo tanto, cognoscitivamente -
significativas, resultan carentes de significado empírico; y como no son ni
analíticas ni contradictorias, carecen cognoscitivamente de significado. Pero
cualquiera que sea la manera en que delimitemos el dominio del lenguaje
significativo, tendremos que insistir en que si una oración cae dentro de tal
dominio, otro tanto tendrá que suceder con su negación. Para decirlo más
claro: las oraciones que han de ser calificadas de cognoscitivamente
significantes son precisamente aquellas de las que puede decirse
significativamente que son verdaderas o falsas. Pero entonces la adhesión al
requisito de verificabilidad completa en principio engendraría un grave
dilema, como se ve por la consecuencia que acaba de mencionarse. Tendríamos
que renunciar, bien el principio lógico fundamental de que si una oración es
verdadera o falsa, su negación es falsa o verdadera, respectivamente (y, por
lo tanto cognoscitivamente significativa): o bien tendremos que negar, de un
modo que recuerde la concepción intuicionista de la lógica y de las
matemáticas que "(x) ¬P(x)" es lógicamente equivalente a la negación de
"("x P(x)". Claramente, el criterio no justifica
medidas tan enérgicas para su conservación; por lo tanto, debe ser abandonado.
En su lugar se propuso el siguiente>
Requisito de refutabilidad completa en principio: Una
oración tiene significado empírico si, y sólo si, su negación no es analítica
y se sigue lógicamente de una clase finita lógicamente consistente de
oraciones observacionales.
Este criterio es inadecuado por las mismas razones que el
anterior:
-
Excluye hipótesis puramente existenciales y todas las
oraciones cuya formulación requiera cuantificación mixta, es decir, universal
y existencial; porque ninguna de ellas puede posiblemente ser refutada
concluyentemente por un número finito de oraciones observacionales.
-
Si una oración S es completamente refutable y N es una
oración que no lo es, entonces su conjunción S Ù N es
completamente refutable; porque si la negación de S es implicada por una clase
de oraciones observacionales, entonces la negación de S Ù N está, a fortiori, implicada por esa misma clase.
Así, el criterio concede significado empírico a muchas oraciones que
descartaría un criterio empírico adecuado ...
-
Si "P" es un predicado observacional, entonces la afirmación
de que todas las cosas tienen la propiedad P es calificada de significativa,
pero su negación, que es equivalente a una hipótesis puramente existencial, es
descalificada ...
En suma, pues, las interpretaciones del criterio de
verificabilidad entendido como verificabilidad completa o refutabilidad
completa, son inadecuadas porque son demasiado restrictivas en una dirección y
demasiado amplias en otras, y porque ambas requieren cambios definitivos en los
principios fundamentales de la lógica.
Ayer propuso una versión modificada del criterio de
verificabilidad. La modificación restringe, de hecho, las hipótesis subsidiarias
a oraciones que bien sean analíticas, bien que pueda demostrarse
independientemente que son verificables en el sentido del criterio
modificado.
Pero puede demostrarse fácilmente que este criterio nuevo, como
el requisito de refutabilidad completa, le concede significado empírico a toda
conjunción S Ù N, en la que S satisfaga el criterio de
Ayer mientras que N es una oración tal como "Lo absoluto es perfecto", que
conforme a dicho criterio debe ser rechazada. En realidad: cualesquiera que sean
las consecuencias que puedan deducirse de S con la ayuda de hipótesis
subsidiarias permisibles, podrán también ser deducidas de S Ù N, por medio de las mismas hipótesis subsidiarias, y como
el nuevo criterio de Ayer está formulado esencialmente en términos de cierto
tipo de consecuencias que son deducibles de la oración dada, acepta tanto a S Ù N como a S.
La conclusión a la que llegaron los positivistas lógicos es
que, en palabras de Hempel:
Mientras nos esforcemos por establecer un criterio de
verificabilidad para las oraciones individuales de un lenguaje natural, en
términos de sus relaciones lógicas con las oraciones observacionales, el
resultado será o demasiado restrictivo o demasiado amplio, o ambas
cosas
Por ello, propusieron el:
Criterio de traducibilidad para el significado
cognoscitivo: Una oración tiene significado cognoscitivo si, y sólo si, es
traducible a un lenguaje empirista.
Todo lenguaje empirista puede caracterizarse también indicando
su vocabulario y las reglas que determinan su lógica; estas últimas comprenden
las reglas sintácticas de acuerdo con las cuales pueden formarse oraciones por
medio del vocabulario dado. En efecto, el criterio de traducibilidad propone que
se caractericen las oraciones cognoscitivamente significativas señalando cuál es
el vocabulario con el cual pueden formarse y qué los principios sintácticos que
gobiernan su construcción. Qué oraciones se señalen como cognoscitivamente
significativas depende, pues, de la elección del vocabulario y de las reglas de
construcción.
Podemos calificar de empirista a un lenguaje L si satisface las
condiciones siguientes:
- El vocabulario de L contiene:
-
Las locuciones habituales de lógica que se usan en la
formulación de oraciones, incluyendo sobre todo las expresiones "no", "y",
"o", "si ... entonces ...", "todo", "algunos", "la clase de todas las cosas
tales como ...", "... es un elemento de la clase ...";
-
Ciertos predicados observacionales. Se dirá que
ellos constituyen el vocabulario empírico básico de L;
-
Toda expresión definible por medio de las señaladas en 1) y
2).
-
Las reglas para la formación de oraciones en L son las
que se establecen en algún sistema lógico contemporáneo tal como Principia
Mathematica
Estas reglas estipulan de hecho que un lenguaje L es empirista
si todas sus oraciones son expresables, con la ayuda de las locuciones lógicas
habituales, en términos de características observables de objetos físicos.
Llamemos a cualquier lenguaje de este tipo lenguaje-cosa. El vocabulario
empírico básico de un lenguaje empirista, puede construirse de tal manera que
esté formado por términos fenomenistas, cada uno de los cuales se refiere a
algún aspecto del fenómeno perceptivo o sensitivo. Si construimos los lenguajes
empiristas en el sentido del criterio de traducibilidad para el significado
cognoscitivo, entonces se evita todos los inconvenientes señalados en las
primeras formas del criterio de verificabilidad, pues
-
La caracterización de los lenguajes empiristas prevé
explícitamente la cuantificación universal y existencial; de aquí que en
general ningún tipo de enunciado cuantificado sea excluido del campo del
discurso cognoscitivamente significativo;
-
Oraciones tales como "Lo absoluto es perfecto" no pueden
formularse en un lenguaje empirista; y en consecuencia no existe el peligro de
que sea calificada de cognoscitivamente significativa, una conjunción o una
disyunción que contengan una oración de esa clase como componente;
-
En un lenguaje L con reglas sintácticas conforme a
Principia Mathematica, la negación de una oración es siempre
también una oración de L. Así, el criterio de traducibilidad no lleva a la
consecuencia de que las negaciones de ciertas oraciones significativas sean
no-significativas;
-
El nuevo criterio no atribuye significado cognoscitivo a
todas las oraciones» (pp. 124-125)
Sin embargo, este criterio es aún demasiado restrictivo en un
punto importante: el criterio de traducibilidad concede significado cognoscitivo
a una oración únicamente si sus términos empíricos constitutivos son
explícitamente definibles por medio de predicados observacionales. Pero muchos
términos, incluso de las ciencias físicas, no son definibles de esta manera; de
ahí que el criterio nos obligue a rechazar, como vacías de significado
cognoscitivo, todas las hipótesis científicas que contengan tales términos,
consecuencia definitivamente intolerable.
El concepto de temperatura es un caso que puede servirnos de
ejemplo. A primera vista, parece que la frase "El objeto x tiene una temperatura
de c grados centígrados", o más brevemente "T(x) = c" sólo si se satisface la
siguiente condición: si un termómetro está en contacto con x registrará,
entonces, c grados en su escala. Dejando a un lado las sutilezas, puede
concederse que el definiens ofrecido está enteramente formulado en
términos observacionales. Sin embargo, tiene un aspecto altamente discutible. En Principia Mathematica y sistemas análogos, la frase "si p, entonces q" se
considera sinónima a "no p o q", y en esta interpretación llamada material del
condicional, un enunciado de la forma "si p, entonces q" es obviamente verdadero
si (aunque no sólo si) la oración que está en lugar de "p" es falsa. Por lo
tanto si el significado de "si … entonces …" en el definiens de (D) es
interpretado en el sentido material, entonces tal definiens es verdadero
si (aunque no sólo si) x es un objeto que no está en contacto con un termómetro
independientemente del valor numérico que le otorguemos a c. Y como el definiendum sería verdadero en las mismas circunstancias, la definición
(D) calificaría como verdadera la atribución de cualquier temperatura a
cualquier objeto que no esté en contacto con un termómetro.
Después de todos estos fracasos, el criterio verificacionista
fue abandonado incluso por sus defensores; sobre todo a partir de la crítica que
contra él dirigiera Popper.
Frente al verificacionismo del positivismo lógico, Popper
sostiene que la metodología científica debe orientarse a la refutación y no a la
verificación de teorías; en vez de hablar de verdad, Popper habla de
verosimilitud o aproximación asintótica a la verdad. No existen teorías que
podamos considerar como definitivamente verdaderas. Lo que hay son teorías que todavía no han sido refutadas y, por ello, son consideradas como provisionalmente verdaderas.
El enfrentamiento entre Popper y el Círculo de Viena no es
radical, sino que se debe más bien a cuestiones secundarias; ambos hablan un
lenguaje parecido y sus tesis fundamentales coinciden. La crítica de Popper se
puede resumir en dos puntos:
-
Popper considera dogmática la división de las proposiciones
en dos clases, la de las proposiciones significantes o científicas y la de las
proposiciones no significantes o metafísicas, ya que esta división pretende
fundarse en la naturaleza misma de las proposiciones, identificable de una vez
para siempre. Para Popper se trata de señalar una línea de demarcación, esto
es, de anticipar una proposición o establecer una convención para la
demarcación del propio dominio de la ciencia.
-
Afirma Popper que la existencia hay que entenderla no como un
mundo de datos, sino como un método de someter a prueba o control los
distintos sistemas teoréticos lógicamente posibles.
Sobre estas bases, Popper propone emplear como criterio de
demarcación, no la verificabilidad, sino la falsabilidad de las
proposiciones: es decir, considerar como contraseña de un sistema científico la
posibilidad de ser rebatido por la experiencia. La superioridad de este criterio
se funda, para Popper, en la asimetría entre verificabilidad y falsabilidad, ya
que mientras que las proposiciones universales nunca pueden derivarse de las
particulares, sin embargo pueden ser desmentidas por una sola de éstas: no basta
haber comprobado que "este hombre es mortal" para afirmar que "todos los hombres
son mortales"; pero basta haber comprobado aquella afirmación para desmentir que
"todos los hombres son inmortales". Una teoría puede llamarse empírica o
falsable si divide sin ambigüedad la clase de todas las proposiciones
fundamentales en dos subclases: la de las proposiciones con las cuales es
incompatible y que constituyen los falsadores potenciales de la teoría, y
la de las proposiciones que no la contradicen o que ella permite. Más
brevemente, "una teoría es falsable si la clase de sus falsadores potenciales no
es vacía".
Popper afirma que es imposible verificar una teoría, pues no es
posible comprobar todas y cada una de sus posibilidades, pues al ser un
enunciado universal, ninguna observación que parta de la inducción puede
verificar todas las hipótesis posibles, pues serían infinitas, por lo que nunca
podría afirmarse que una teoría está probada siguiendo este camino. Por esto
propone realizar un camino contrario: intentar probar que la teoría es falsa,
encontrando un solo hecho que refute la teoría.
3.5 La verdad en las ciencias sociales
Dilthey dividió las ciencias empíricas en ciencias de la
naturaleza y ciencias del espíritu; y afirmaba que cada una de estas ciencias
depende de un tipo de racionalidad; el fundamento de las ciencias de la
naturaleza es la razón instrumental, mientras que el fundamento de las ciencias
del espíritu es la razón histórica. Esta distinción fue recogida por los
miembros de la Escuela de Frankfurt para afirmar que el método de conocimiento
y, por tanto, las vías para llegar a la verdad son distintos en ambos tipos de
ciencias; esta postura fue rechazada por los miembros del "racionalismo crítico"
encabezado por K. R. Popper, dando lugar a lo que se conoce como la "disputa del
positivismo en la sociología alemana".
Esta disputa se inscribe en el marco general del problema del
método científico de las ciencias sociales, y hasta de la legitimidad de la
distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias del
espíritu. Las ciencias de la naturaleza se basan fundamentalmente en el
método hipotético-deductivo, cimentado en el criterio neopositivista de
explicación, según el cual explicar un hecho consiste en deducirlo de una
argumentación compuesta por leyes y condición iniciales; así, toda predicción
científica sigue el mismo modelo deductivo. Por el contrario, las ciencias
sociales no pueden atenerse a este modelo nomológico de explicación y
predicción, ya que las regularidades que se observan son -por naturaleza de la
materia de que tratan- difícilmente predictibles. Tradicionalmente se adscribe a
las ciencias de la naturaleza la función de describir y explicar hechos,
mientras que se atribuye a las ciencias sociales la función de aplicar valoraciones o valores.
Las "disputa del positivismo" se inició en el congreso de
Tubinga organizado por la Sociedad Alemana de Sociología en octubre de
1961. El congreso fue abierto con dos ponencia: la primera debida a Popper y la
segunda a Adorno. Popper sostuvo la unidad del método científico, que
puede ser aplicado tanto a las ciencias naturales como a las ciencias sociales,
sin que exista división metodológica-científica entre ambos grupos de
disciplinas. Este método único consiste en la experimentación de intentos de
solución de sus problemas, donde se proponen soluciones y se las critica. Esa
prueba puede conducir a la confirmación (siempre provisional y nunca definitiva,
según Popper) de la teoría que se comprueba. En ambos grupos de ciencias
aprendemos gracias a nuestros errores. La objetividad de las teorías equivale a
su controlabilidad o falsabilidad. Según Popper, todas las ciencias deben
atenerse al mismo método: 1) proposición de hipótesis; 2) contrastación por los
hechos (es decir, falsación). Y las hipótesis que no superan la prueba de los
hechos han de ser desechadas como no científicas.
Los dialécticos de la Escuela de Frankfurt rechazan la
imposición positivista a la sociología de los métodos propios de las ciencias de
la naturaleza. Para éstos la sociedad no es un objeto de la naturaleza y tiene
sus propias características: es una totalidad, que ha de captarse en su
globalidad, puesto que es contradictoria en sí misma, racional e irracional a un
tiempo; la reflexión que sobre ella se hace no tiende simplemente a conocerla,
sino a transformarla, y toda teoría social es también práctica; de ella nos
interesa primariamente no lo que es verdadero o falso, sino lo que es bueno o
justo. Adorno entiende la lógica de la investigación científica de una manera
más amplia de cómo la concibe Popper. Para Adorno es el modo concreto como debe
proceder la sociología, más que un conjunto de normas generales de pensamiento o
de una disciplina deductiva. La sociología no posee, hasta el momento, un
sistema de leyes tan patentes y claras como las que tienen las ciencias
naturales, por lo que es inútil pensar que la unidad del método entre las
ciencias sociales y las ciencias de la naturaleza sirva para remediar la
separación que de factoexiste entre ambas ciencias. Las ciencias
naturales estudian un objeto definido, que puede ser abordado de forma
inmediata, pero la sociedad no es un objeto que esté ahí, tal cual, para ser
examinado, sino que ni es neutral ni es coherente; la sociedad es
contradictoria, y en ella coexiste lo racional y lo irracional. Por
consiguiente, el método de la sociología debe tener esto en cuenta. Si no es
así, por mor de un purismo metodológico que repugne de lo contradictorio lo
dialéctico entonces la sociología se encontrará en sí misma con una
contradicción: laque existe entre su estructura formal (el método sociológico) y
la estructura de su objeto (la sociedad). Así como sea el objeto, así será el
método, indica Adorno. Además, la sociología será también una crítica de la
sociedad, una crítica social, versando el auténtico conocimiento sobre la
totalidad social que entiende las partes como un todo dialéctico. La sociedad
sólo es "problema" únicamente para aquella persona que pueda pensar una sociedad
distinta de la que existe. Pero renunciar a una teoría propia de la sociedad
(como hace Popper, según Adorno) es una actitud conservadora y de resignación:
no se atreve a pensar el todo social porque no cree poder transformarlo.
No existe, pues, una ciencia puramente objetivista de la
sociedad, ya que la sociología empírica es una investigación objetiva de
opiniones subjetivas; la sociología (si tuviera razón Popper) estudia lo que la
gente piensa, cree y hace, pero no se preguntaría por qué las personas piensan,
creen y hacen eso estrictamente, por lo que lo básico de la crítica al
positivismo sociológico es, según Adorno, la consideración según la cual
éste veda la experiencia de la totalidad ciegamente dominante. Pero la totalidad
es necesariamente dialéctica, y ésta es una teoría que describe las
contradicciones objetivas y reales de una sociedad. Si queremos evitar caer en
la razón instrumental, entonces la totalidad debe ser una conciencia de la
ciencia, en cuanto conciencia de los infinitos modos que revista una sociedad.
La totalidad es asimismo una categoría crítica, un ataque a la prohibición
positivista en tanto que ésta imposibilita la fantasía, el pensar lo nuevo. El
positivismo, finalmente, al estudiar la sociedad como un objeto similar al
físico-cósico olvida que existen multitud de intereses creados que hacen que una
sociedad se configure de una determinada forma; pero si no se recurre al método
dialéctico y a la separación entre ciencias sociales y ciencias naturales,
entonces estos intereses no serán percibidos.
Popper considera que el método dialéctico defendido por los
frankfurtianos es una nefasta interpretación del método estrictamente
científico. En éste, contra lo que defienden los frankfurtianos, no existe una
necesidad de la síntesis, así como tampoco está clara la posición ni de la tesis
ni de la antítesis. El método dialéctico es irrelevante científicamente y no
explica nada, pues o es meramente tautológico o es tan omniexplicativo que no
explica nada, pues no está sujeto a la fuerza probatoria de la experiencia, ya
que no es falsable.
Popper defiende que existe una básica unidad entre la
metodología de las ciencias sociales y las ciencias naturales. La ingeniería
social es gradualista y "reformista". Pero según los defensores del historicismo
dialéctico, los frankfurtianos, las ciencias sociales deben permitir la
evolución histórica humana de tal forma que podemos prever sus consiguientes
avances. Pero Popper cree que esto se asemeja a la profecía, pero que no es
ciencia, pues el historicismo ignora lo siguiente:
- La ciencia se desenvuelve por desarrollos no siempre previsibles.
-
El historicismo confunde las leyes científicas con simples
tendencias (éstas, en realidad, deben ser explicadas por leyes).
-
La historia del hombre no tiene un sentido concreto; el único
sentido que posee es el que el hombre le dé.
-
La historia juzga al hombre, pero no nos
justifica.
La "totalidad" es la concepción que pretende captar la
completud de un objeto o de un acontecimiento o de una sociedad. Pero Popper
considera que es un lamentable error metodológico afirmar que el hombre puede
comprender la "totalidad"; más bien las teorías lo único que pueden entender son
aspectos concretos y delimitados de la realidad, y esos aspectos son infinitos.
De esta forma el holismo se desvanece en un peligro utopismo o se convierte en
un lamentable totalitarismo.
El "racionalismo crítico" popperiano, al rechazar la idea de
una verdad absoluta, rechaza también la idea de fundamentación. Este rechazo ha
sido resumido por Hans Albert en lo que él denomina trilmea de
Münchhausen, que dice así: "Si exigimos para todo una fundamentación,
debemos exigirla también para aquellos conocimientos a los que hemos reconducido
a la proposición que trabábamos de fundamentar. Esto lleva a una situación con
tres alternativas, que son igualmente inaceptables; por tanto, a un trilema que,
por la analogía entre nuestro problema y el del famoso barón, propongo llamar
trilema de Münchhausen. Pues sólo podemos elegir entre tres
alternativas":
-
Un regresum ad infinitum, que viene dado por la
necesidad de ir cada vez más atrás en la búsqueda de fundamentos, pero que no
puede llevarse a cabo en la práctica, por lo que no nos proporciona ninguna
base segura en el conocimiento.
-
Una circularidad lógica en la deducción, que surge
cuando en el proceso de fundamentación se recurre a enunciados que previamente
había aparecido como necesitados de fundamentación, círculo que, al ser
lógicamente incorrecto, no conduce a ningún fundamento seguro.
-
Una interrupción del procedimiento en algún momento
concreto, que es, ciertamente, realizable en principio, pero que lleva consigo
la suspensión arbitraria del principio de fundamentación
suficiente.
El crítico más reciente del "racionalismo crítico" y defensor,
a su vez, de las teorías de la Escuela de Frankfurt, es Habermas. Habermas
defiende que el desenvolvimiento de las ciencias sociales acerca a éstas al idea
de la ciencia positivista, por lo que pueden asemejarse a las ciencias
naturales; en ella prima un interés cognoscitivo más que el meramente técnico.
Pero si esto es así, entonces las ciencias sociales no podrán ofrecer criterios
valorativos en orden a su orientación práctica, sino que ahora la ciencia es
mera ciencia de los medios, pero no de los fines. La razón teórica no puede
fundamentar los fines. Se trata, según Habermas, de una "razón desinfectada",
que no posee voluntad de ilustración, por lo que sólo cabría basarse en el
capricho, que se esconde en el calificativo de "decisión".
Habermas afirma que la ciencia se compone de juicios
científicos, siendo propio de los juicios de valoración los basados en la
decisión. Existe una dualidad entre los hechos y las decisiones; esta división
está basada en la separación epistemológica entre conocer y valorar. La ciencia
no soluciona el sentido de las normas prácticas, pues los juicios donde entran
en juego valoraciones nunca pueden asumir legítimamente la forma de aserciones
teóricas. Esta separación entre los hechos y las decisiones obliga a
circunscribir el conocimiento estricto a las llamadas ciencias en general.
Existe, en definitiva, una contraposición entre el positivismo del conocimiento
y el decisionismo de las elecciones en el campo de la praxis. El decisionismo
podrá optar libremente por los fines más elevados, pero éstos no pueden
justificarse desde la ciencia. La técnica podrá ser cada vez más racionalizada,
pero el reino de los fines corresponde al ámbito de lo mítico.
Habermas sostiene que este es el estado de cosas, pero él se ha
marcado como objetivo fundamentar objetivamente la acción práctica del hombre,
defendiendo que la historia tiene un sentido dialéctico; él propone una
filosofía "de la historia orientada prácticamente". Pero esta fundamentación no
puede darla al hombre la sociología. Habermas defiende las normas sociales no se
basan en una apelación a lo "natural". El filósofo frankfurtiano considera que
el "positivismo" de las ciencias naturales representado por Popper cae
necesariamente en una trampa mitológica, mientras que una concepción dialéctica
de la historia puede eliminar la dicotomía irreductible entre los hechos y las
decisiones. Para solucionar los problemas prácticos no basta realizar una
decisión racional de unos medios que sean axiológicamente neutros para alcanzar
un fin, sino que los problemas prácticos exigen una intencionalidad teórica; es
preciso contar con programas, y no únicamente con meros pronósticos.
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