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NATURALEZA DE LAS LEYES, LAS TEORÍAS Y LOS MODELOS
CIENTÍFICOS. EL CONTEXTO DE LA JUSTIFICACIÓN CIENTÍFICA Y EL CONTEXTO DEL
DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO
1. Introducción
Explicar algo es haber llegado a entenderlo de tal manera que
sea uno capaz de hacer que otro lo entienda. Así, el que pide "explícame esto"
supone que aquel a quien hace la petición le entiende de manera distinta que él
y que este entendimiento es comunicable.
Aprender algo significa conseguir uno u otro tipo de actuación
aprobada, o llegar a entender el marco cuyas razones permiten comprender la
aprobación. Llegar a entender significa, en este sentido, adquirir cierta
destreza perceptivomotora o hábito, y pudiera significar adquirir todo lo que se
requiera para la justificación teorética o conceptual de determinada cosa. Cabe
distinguir, por tanto, entre el tipo de aprendizaje que implica la formación de
hábitos, en los términos perceptivomotores más sencillos, y el tipo de
aprendizaje que implica la formación de conceptos y la utilización de la
inferencia en alguna de sus formas. Se trata de la distinción que Aristóteles
hacía entre aquel conocimiento que versa sobre la destreza aplicada a casos
particulares y aquel otro que versa sobre principios y causas. Aristóteles
consideraba al segundo de ellos como un conocimiento científico.
Podría decirse que el científico aprende como actúa la
naturaleza observando lo que él considera como casos ejemplares, lo cual no
quiere decir que la naturaleza imparta al observador los principios de la
actividad natural. La naturaleza no explica las leyes mediante las que
funciona, es el hombre el que lo hace, porque, si la naturaleza pone de
manifiesto leyes de funcionamiento, lo hace en casos particulares, y un caso no
es una ley, ni tampoco lo es una colección de casos: no cabrá decir, por tanto,
que la observación de casos revele las leyes que los gobiernan. Lo que cabe
decir es que la relación entre estos casos, cuando es invariante, pone de
manifiesto una ley, pero al conocimiento de esta invarianza se llega sólo
mediante una actividad intelectual que entraña generalizaciones, y éstas
implican la elaboración de hipótesis o enunciados universales legaliformes, cuyo
alcance es tal que postulan invarianzas más allá de lo que cabe presentar a modo
de resumen de los casos observados. Las hipótesis son saltos conceptuales que
van más allá de las "lecciones de la naturaleza": son formulaciones generales
ligadas a casos observados en el marco de un sistema en el que los enunciados
que se refieren a observaciones pueden deducirse de las hipótesis y de la
información que exprese las condiciones bajo las cuales tenga lugar la
observación. Una hipótesis es la conjetura de que el orden descubierto en las
observaciones muestra de hecho una ley de la naturaleza.
En los tipos precientíficos de explicación cabe hacer las
distinciones siguientes:
-
Reglas. Las reglas son instrucciones prescriptivas o
reguladoras en cuanto a la acción correcta a desarrollar; surgen de la
práctica técnica, de la organización social, etc., y pueden darse:
- Mediante ejemplos. Se da la regla en forma particular.
- Mediante preceptos. Se da la regla en forma
general
-
Leyes. Las leyes se aplican a los casos en que hay una
invarianza. Una ley afirma que se conoce una cuestión de hecho.
-
Teorías. Proporcionar normas para realizar las
observaciones adecuadas, reunir las pruebas adecuadas, emplear las técnicas
experimentales adecuadas, realizar las inferencias inductivas adecuadas, dar
la forma adecuada a las representaciones deductivas o formales de las
relaciones entre los hechos, hacer las hipótesis adecuadas, etc. No explican
los procesos naturales ni las cuestiones de hecho, pero explican por qué debe
uno admitir o aprobar las conclusiones de la investigación científica, y
sirven de guía de conducta en cuanto a tales investigaciones. Proporcionan los
criterios de lo que se considera explicación adecuada.
Las teorías explican en virtud de postular o afirmar la
existencia de unas "entidades teoréticas" cuyas propiedades son tales que, a
partir de ellas, se pueden inferir sus leyes de actuación; y conociendo qué
leyes son las que describen las relaciones de invarianza entre unas
propiedades o sucesos naturales, se puede construir una entidad hipotética
cuya existencia explique las leyes.
Por una parte, las teorías pueden concebirse como leyes de
gran generalidad, de las que pueden deducirse leyes de menor generalidad por
un método de inferencia; por otro lado, pueden distinguirse las teorías de las
leyes en virtud de las aseveraciones existenciales de las
primeras.
2. Las leyes
En la ciencia el lenguaje se usa primariamente para realizar aserciones, para decir que ciertas cosas son de cierto modo. Para este
uso los conceptos son esenciales, pero no bastan considerados aisladamente; los
conceptos por sí solos no constituyen unidades asertivas. Las unidades
aseverativas deben ser necesariamente complejas o articuladas, no hay aserción
sin articulación, y la complejidad no es en general esencial a los conceptos.
Las unidades aseverativas mínimas son las proposiciones o, en términos
lingüísticos, los enunciados, entidades que sí son esencialmente
complejas o articuladas. En el discurso científico, un tipo especialmente
importante de unidades proposicionales son las leyes, que se pueden
articular a su vez entre ellas conformando unidades más amplias, las teorías.
Las leyes son las unidades aseverativas mínimas que no son
informes sobre acaecimientos particulares, esto es, las leyes son (un tipo de)
aseveraciones generales, expresan regularidades.
El concepto científico de "leyes de la naturaleza" parece ser
que nació de una peculiar interacción entre las ideas religiosas, filosóficas y
legalistas del mundo europeo de la Edad Media. Aparentemente está relacionado
con el concepto de la ley natural en el sentido social y moral conocida por los
juristas medievales y significa una notable desviación de la actitud griega ante
la naturaleza. El empleo de la palabra "ley" en semejantes contextos habría
resultado ininteligible en la antigüedad, mientras que la creencia habraica y
cristiana en una deidad que era a la vez Creador y Legislador la hacía válida.
La existencia de leyes de la naturaleza era una consecuencia necesaria del
designio en ella, ya que, de no ser por tales leyes, ¿cómo podría perpetuarse la
integridad del designio? Sólo el hombre gozaba de libre albedrío, la facultad de
transgredir las leyes que debía observar; a los planetas no se les había
otorgado la facultad de desviarse de sus órbitas. De aquí que la regularidad de
los movimientos planetarios, por ejemplo, que Aristóteles atribuyó a la
vigilancia de unas inteligencias, pudiera explicarse como obediencia a los
decretos divinos. El Creador había dotado la materia, las plantas y los animales
de ciertas propiedades y características inalterables, y las más universales de
éstas constituían las leyes de la naturaleza, discernibles por la razón humana.
En palabras de Boyle:
Dios estableció esas reglas del movimiento y ese orden entre
las cosas corpóreas que denominamos leyes de la naturaleza. [Así] siendo el
universo obra de Dios, y establecidas las leyes del movimiento, y todo
sostenido por su concurso y su providencia incesante, la filosofía mecanicista
enseña que los fenómenos del mundo son producidos físicamente por las
propiedades mecánicas de las partes de la materia (Robert Boyle, Of the
excellency and grounds of the mechanical hipótesis,
1674)
2.1 Concepciones de las leyes científicas
2.1.1 Punto de vista realista
El objeto de la investigación científica parece ser, en gran
medida, la formulación de enunciados de alcance universal que expresen alguna
invarianza entre propiedades o sucesos. La ley no es mas que un enunciado en el
que se resumen no sólo todos los casos observados de x, sino todos los
posibles casos observados de x. La condición para que un enunciado
legaliforme sea verdadero es que para cada caso de x, lo que se afirma
sea cierto, y no podremos saber si el enunciado es una ley a no ser que sepamos
si es o no verdadero.
Para que una ley sea tal, ha de enunciar algo verdadero, sin
restricciones en todos los casos posibles, pues la ley es una generalización que
va más allá de los datos de que momentáneamente se dispone. Pero, si esto es
así, no podremos saber si una ley es verdadera en todos los casos, y nos
encontramos, por tanto, en la posición de tener que decir que si una ley es
verdadera no podemos saberlo, y que si sabemos que un enunciado universal es
verdadero en todos sus casos particulares, no es una ley.
Se puede distinguir entre leyes de la naturaleza y leyes de la ciencia. Las leyes de la naturaleza lo son tanto si alguien
lo sabe como si no lo sabe; por el contrario, las leyes de la ciencia sólo se
convierten en tales cuando alguien las conoce. Si una ley es una ley de la
naturaleza esta se cumple tanto en los casos observados como en los no
observados, tanto si estos casos no observados llegan a observarse alguna vez,
como si no.
Una ley de la naturaleza se cumple independientemente de si
alguien la conoce o no e, incluso, independientemente de si es posible
conocerla; con ello lo que se quiere decir es que las leyes de la naturaleza son
objetivas. Es por ello que las leyes de la naturaleza han de expresarse en
términos de observabilidad, pero no de observables de hecho. Las leyes de la
naturaleza se expresan en forma de condicionales contrafácticos, cuya forma es:
"si x (hubiera)... entonces y". Estos condicionales son aplicables a
hechos que han ocurrido como a hechos que no han ocurrido, pero que si hubieran
ocurrido se habrían atenido necesariamente a la ley, si es que ésta es tal.
Las leyes de la naturaleza son reales, están ahí
fuera en el mundo o la naturaleza, con o sin mi consentimiento e
independientemente de la posibilidad de que yo observe los casos particulares y,
por tanto, la aseveración de la ley constituye una inferencia, ya sea a
partir de ciertos datos o a partir de otras leyes de las cuales pueda deducirse.
Si es una inferencia a partir de ciertos elementos de juicio, parece que habrá
de ser inductiva y, concretamente, una que, si está de acuerdo con ciertas
normas, se considere como base para una creencia racional o justificada; si se
deduce de otras leyes de mayor generalidad, su fuerza no será mayor que la de la
más débil de las premisas a partir de la cual se haya deducido, y se obtiene
deductivamente a partir de premisas que se consideren como necesariamente verdaderas, se podrá sostener que también la ley es necesariamente verdadera,
pero entonces la observación no desempeñaría papel alguno en su confirmación,
porque sería verdadera independientemente de toda observación y, en
consecuencia, una ley a priori, no una ley empírica.
Las leyes de la naturaleza son hipótesis o postulados que son
objeto de creencia racional basándose en pruebas, y si, de hecho, las leyes de
la ciencia son ciertas, entonces son expresión de leyes de la naturaleza.
A este modo de ver las cosas cabría llamarlo punto de vista
realista acerca de la naturaleza de las leyes de la naturaleza, punto de vista
que podría resumirse en:
-
Toda ley expresa una relación de invarianza entre todos los
miembros de una clase dada, y esta relación puede darse en forma de
condicional universal: (x)(Fx®Gx), bicondicional:
(x)(Fx«Gx), o en forma de condicional contrafáctico:
para cualquier x, si ocurriera que Fx, ocurriría que Gx. Toda ley de la
naturaleza se cumple para una clase infinitamente grande de sucesos y es
independiente del tiempo.
-
Un enunciado legaliforme es la expresión de una ley de la
naturaleza si es cierto en cualesquiera casos subsumidos por la ley y, por
tanto, el dominio de la ley es tal que sirve de base a una generalización
genuina. Las condiciones bajo las cuales puede afirmarse que la ley es cierta
se expresan en forma subjuntivo-condicional: "Si para cualquier x ocurriera
que Fx, ocurriría que Gx". El condicional subjuntivo deja abierta la
posibilidad de que, de hecho, algo haya ocurrido, ocurra o vaya a ocurrir,
pero entraña nuestro desconocimiento acerca de si nada de esto es cierto. La
condición epistemológica que consiste en saber que, de hecho, algo no ha
sucedido o no sucede, junto con la afirmación de que, si hubiera sucedido, la
ley sería cierta, expresa la creencia de que la ley es cierta sin
restricciones, que adopta la forma de un condicional contrafáctico.
-
Toda ley científica es un enunciado del que no se sabe si es
cierto en todos los casos, pero tal que haya motivos para creerlo racional o
justificadamente.
Según el punto de vista realista toda ley es universal, y las
relaciones de invarianza que expresa existen en la naturaleza,
independientemente de si se conocen o no y de las condiciones en que se
conozcan. Según otra interpretación de este punto de vista, cualquier ley
científica es una verdad parcial o en perspectiva, relativa a los elementos de
juicio y al marco conceptual en el que éstos sean significativos y, así, las
proposiciones verdaderas con las que se expresan las leyes de la naturaleza
serían objetivamente ciertas, pero nuestro conocimiento de ellas en cualquier
instante sería relativo, y la falibilidad de las leyes de la ciencia residiría,
por tanto, en su relatividad.
La postura realista acerca de las leyes supone, pues, que hay
enunciados objetivamente ciertos que son expresión suya, y que las leyes
científicas se aproximan constantemente a ellas, conforme van eliminándose
posibles hipótesis o conforme aumenta el número de elementos de juicio y
progresan la crítica y el refinamiento de métodos.
2.1.2 Nominalismo
Mientras que el realista supone que las leyes de la naturaleza
existen en realidad, el nominalista impugna la opinión de que los universales
existan en absoluto. Según el nominalista, con nuestra experiencia no alcanzamos
a conocer universales, sino solo singulares; después, agrupamos tales casos con
arreglo a los rasgos comunes que apreciamos en ellos, y los universales
"existen" sólo en los nombres que utilizamos para señalar tales rasgos. Los
rasgos comunes no existen aparte de los casos singulares que experimentamos o
tienen lugar. El único rango que poseen los universales es el de los nombres, y
estos nombres existen sólo como marcas singulares empleadas en ocasiones
singulares: los universales, por tanto, no existen. Con respecto a las leyes,
esta postura mantendría que existen en la naturaleza sólo en los casos en que
aparezcan ciertos rasgos, y que no hay ligazón universal entre éstos, excepto en
el sentido de que pueden unirse todos bajo una única expresión, que sirve
cómodamente para agruparlos y referirse a ellos.
El nominalismo se presta a interpretar cualquier ley de la
ciencia como nada más que una marca conveniente, que sirve a la comunidad
lingüística de medio para denotar o seleccionar un conjunto de casos. La
descripción abreviada conveniente o económica que tales enunciados
legaliformes dan es la única función que éstos desempeñan y, de este modo, el
nominalista tiende a apoyar un enfoque instrumentalista de las leyes y las
teorías, considerándolas sencillamente como adecuadas de ocuparse de la
naturaleza, y no verdaderas ni falsas, como hace el realista.
2.1.3 Conceptualismo
Esta postura es un intento de superar las dificultades de los
enfoques realista y nominalista. Si el nominalista dice que las leyes no son
realmente universales, sino sólo "universales" con respecto a la colección de
casos señalados mediante un nombre o descripción común, y si el realista
mantiene que los universales existen o que no son reales, el conceptualista pone
en cuestión ambos punto de vista: ¿quiere decir el realista que los universales
existen aparte de los casos en que se encarnan?. Si es así, habrá un
reino de universales aparte del mundo de hechos particulares, y la relación
entre aquellos y éstos presenta dificultades insuperables. Si, por otra parte,
lo único que existen son hechos singulares, el hecho de su relación pasa a ser
un hecho incomprensible, pues una colección no es mas que una colección, a no
ser que haya alguna relación legaliforme que realmente se cumpla por los
singulares. Si el nominalista mantiene que lo que hace es ordenar los hechos
bajo un nombre o marca convencional, la aportación que lleva a cabo al hacerlo
queda encubierta por él mismo cuando mantiene que esto no es mas que dar
nombres, pues, efectivamente, todo enunciado de relaciones aporta algo que no
figura en una simple lista de singulares acumulados: el descubrimiento de un
orden o una relación entre los singulares, o de aquello en virtud de lo cual se
presten a ser agrupados. Esto no se encuentra explícito en los hechos
singulares, no es un universal real que lo ligue, sino que es más bien la
inteligencia, al descubrir la relación, la que efectúa las conexiones, haciendo
explícito lo que estaba implícito en los hechos singulares. El universal se
construye en la inteligencia, o se conceptualiza en calidad de orden revelado
por la indagación. El universal o ley no subsiste independientemente de forma
ideal, pero por encontrarse implícito en las relaciones reales entre los sucesos
que constituyen los procesos naturales, la inteligencia podrá hacer
explícitamente consciente esta forma u orden, emulando o creando una imitación
ideal de la naturaleza. La ley representa los procesos naturales en la forma en
que éstos son conocidos por una inteligencia racional, y las leyes de la ciencia
serán, por tanto, la forma en que las leyes de la naturaleza pasan a ser objetos
de la razón o del juicio conceptual. Las leyes de la naturaleza se realizan en
esta actividad conceptual, pero son verdaderas (o falsas) porque representan (o
no representan) adecuadamente las relaciones legaliformes de la naturaleza y, en
consecuencia, no son convenciones, aunque la forma en que se expresan pueda ser
convencional.
De acuerdo con el enfoque realista, un suceso singular se
explica mediante una ley en el sentido de que tal hecho será un caso particular
de ella, y podrá demostrarse que "se sigue" de ella, es decir, el hecho singular
posee un lugar en la relación sistemática expresada por la ley.
Para el nominalista, dado que no hay realidad subyacente
tras los hechos, la "ley" es sólo una descripción abreviada cómoda o un
sumario de hechos singulares y, por tanto, no puede decirse en absoluto que las
leyes expliquen.
Para el conceptualista, una ley explica en el sentido de que lo
que está implícito en la experiencia queda en forma consciente y explícita como
objeto del entendimiento. La ley científica explica porque hace darse cuenta o
muestra al pensamiento consciente lo que antes estaba implícito en la
experiencia o "en la naturaleza".
2.2 ¿Cómo se expresan las leyes?
2.2.1 Las leyes numéricas
Podemos distinguir, por un lado, las leyes que enuncian
relaciones invariantes entre números, en cuanto propiedades físicas de conjuntos
de cosas y, por otro, las relaciones formales del lenguaje matemático, cuya
sintaxis atañe a las relaciones entre los numerales en su calidad de nombres de
los números. De acuerdo con la interpretación formalista de este lenguaje
matemático, se puede construir esta sintaxis numérica libremente, utilizando
cualesquiera juntores (bien definidos) que se quiera utilizar, con tal que se
cumplan ciertas condiciones lógicas, entre las que se encuentran:
-
Las reglas que delimitan la ambigüedad, para que no se
confundan los numerales unos con otros
-
Las reglas (o normas) de coherencia, para que lo que se
construya no conduzca a teoremas contradictorios
-
Las reglas de formación y transformación, es decir, las
reglas para formar las expresiones significativas y las reglas de inferencia
para pasar de un enunciado a otro.
Suponiendo que la sintaxis sea la del sistema formal de la
aritmética, puede decirse que toda ley numérica es un enunciado universal acerca
de una relación de invarianza entre numerales, enunciado que constará de
variables individuales, constantes y algunos juntores aritméticos. Las leyes
numéricas, si se construyen formalmente, en el sistema formas de los numerales,
son fácticamente vacías.
La ley numérica sirve de representación de cualquier número de
relaciones entre cualquier número de entidades que se hayan postulado, con tal
que las relaciones muestren la mínima invarianza. La forma de la ley numérica es
tal que a todo valor de una variable independiente se encuentra asociado un
valor (o valores) de una variable dependiente, de acuerdo con una relación de
invarianza que se pone de manifiesto con la ley.
El empleo de los números en la ciencia se encuentra relacionado
con la interpretación de los numerales como números concretos, es decir, con las
propiedades numéricas de las magnitudes físicas. Cuando se encuentra tal
interpretación, cabe esperar que si se deducen consecuencias numéricas de
acuerdo con la ley (que da los valores de las variables dependientes
correspondientes a los valores de las variables independientes), esto de lugar a
hipótesis o predicciones que admitan una interpretación física, y que puedan,
por tanto, comprobarse para ver si las consecuencias deductivas están de acuerdo
con las medidas empíricas.
2.2.2 Las leyes físicas
Si consideramos la ciencia como una ciencia cuantitativa o
matemática, cuyos enunciados de observación son enunciados de medida, la forma
de las leyes numéricas nos dará la forma de las leyes físicas, con la diferencia
de que, en éstas, se considera que los numerales representan propiedades
numéricas de magnitudes físicas tales como la longitud, la carga, la masa, etc.;
y, de hecho, lo que consigue la cuantificación de la ciencia física es
precisamente esto, y se gana con ello que, con la corroboración de las leyes
numéricas mediante las interpretaciones físicas, o con la posibilidad de
formalizar las relaciones físicas en términos matemáticos, el inmenso poder de
la inferencia formal y del cálculo matemático queda a disposición del
pensamiento físico, pero el isomorfismo entre las leyes numéricas y las
relaciones numéricas que se descubran entre las magnitudes físicas no está
asegurado a priori, sino que es cuestión que la física ha de descubrir y
comprobar constantemente.
2.2.3 Las leyes de la biología y las ciencias humanas
En la biología y las ciencias humanas aparece un tipo distinto
de ley que no adopta la forma de ley numérica y, de hecho, en muchos casos no
está claro que la explicación tenga lugar en forma de "ley" que comprenda casos
particulares.
Lo distintivo de las explicaciones biológicas es que son con
frecuencia funcionales, en el sentido de que explican algo sobre la base de las
funciones que desempeñe dentro de un organismo complejo. Las explicaciones
biológicas se apoyan en funciones que son con vistas a un fin, que, a su
vez se relaciona con un fin más amplio, y así sucesivamente; explicación que
sólo se obtiene ante el organismo completo, o que prosigue para estudiar
sistemas vivos o sociedades de organismos. Semejantes explicaciones parecen
contestar a la pregunta "¿Para qué sirve x?", o, refiriéndose a un proceso,
"¿Porqué funciona así?"; pero el porqué de las explicaciones biológicas
suele ser un para qué, y es por esto por lo que estas explicaciones han
sido llamadas teleológicas.
Para Lundbberg
El término ley científica puede y debería significar
en las ciencias sociales exactamente lo que significa en cualquiera de las
restantes ciencias.
Lundberg define así el concepto de ley científica:
Una ley es: 1) un grupo de símbolos verbales o matemáticos
que, 2) designan un número ilimitado de eventos definidos desde el punto de
vista de un número limitado de reacciones, 3) de tal manera que la realización
de las operaciones especificadas siempre conlleve resultados predecibles
dentro de límites mensurables (Lundberg, G.A., "The Concept of Law in the
Social Science", Philosophy of Science, V, 1983, 189-203, p.
189)
Lundberg precisa que: (1) se refiere a enunciados generales
sobre alguna secuencia conductual, que (2) requiere que dichas generalizaciones
deben ser verificables y verdaderas, mientras que (3) admite la existencia de
grados de verificación. Tras reconocer que la mayoría de las generalizaciones
usadas en las ciencias sociales sólo satisfacen el primer requisito, el programa
de reducción fisicalista de las ciencias sociales es propuesto:
Todos los fenómenos humanos y culturales están enteramente
contenidos en el cosmos físico y dependen enteramente de transformaciones de
energía dentro del cosmos (ibid., 192)
El objetivo de las ciencias sociales consiste en controlar y
medir los factores que influyen en la conducta social. Y concluye:
Sólo cuando dichas condiciones son conocidas y medidas
tenemos una ley científica tal y como aquí está definida (ibid.,
196)
Dray, por su parte, afirma la inadecuación del modelo
hempeliano para la explicación de los hechos históricos, ni aunque fuera en el
supuesto de que el recurso a leyes explicativas fuese únicamente implícito, como
sugirió Popper. La propia noción de explicación es para Dray un concepto
pragmático, que no puede ser caracterizado simplemente sobre la base de
propiedades lógico-sintácticas: por eso propuso el concepto de explicación
racional como el adecuado para el caso de la historia. Dicho tipo de
explicación siempre tiene en cuenta la intencionalidad de las acciones humanas,
que implica la necesidad de una comprensión por parte del historiador del
sentido de cada hecho histórico.
La noción de explicación racional ha sido sistematizada
ulteriormente por von Wright, para quien la historia, al igual que otras muchas
ciencias sociales y humanas, versa sobre acciones ineludiblemente
intencionales. El análisis del explanandum debe ser llevado a cabo
conforme a reglas diferentes, basadas en una lógica de la acción, y más
concretamente en los silogismos prácticos. Un ejemplo típico de dicho silogismo
sería el siguiente:
A se propone dar lugar a p
A considera que no puede dar lugar a p a menos de hacer a
Por consiguiente, A se dispone a hacer a.
Sobre la base de este esquema es posible explicar la
racionalidad de las acciones humanas; sin embargo, no resulta claro que este
tipo de racionalidad involucre algún tipo de ley científica que la sustente. A
lo sumo, cabe hablar de una explicación teleológica, sobre la base del logro de
los objetivos propuestos.
Por su parte, Malinowski, en el campo de la antropología,
propuso denominar "funcionales" a las relaciones entre las necesidades humanas
(principio regulador de todas las acciones) y las formas culturales que se
desarrollan para satisfacerlos:
La función no puede ser definida de ninguna otra manera más
que por la satisfacción de una necesidad mediante una actividad en la que
cooperan seres humanos, usan artefactos y consumen bienes (Malinowski, B., A Scientific Theory of Culture and Other Essays, Chapel Hill, 1944, p.
38)
Para lograr objetivos de cualquier tipo, y, por tanto, por
razones puramente funcionales, los seres humanos tienen a organizarse. El
concepto explicativo fundamental pasa a ser el de organización, debido a
la radical dependencia de los individuos respecto de los grupos a los que
pertenecen. La noción de institución, y las leyes que la regulan (caso de
haberlas), sería la base de toda explicación racional de las acciones humanas.
Una institución, según Malinowski, tiene seis componentes: su estatuto
fundacional (o propósito), su personal, sus normas, su aparataje material, sus
actividades y su función.
2.2.4 Las leyes históricas
Pueden concebirse de dos maneras:
-
Cabe la posibilidad de decir que una ley es histórica si
describe algún proceso o secuencia de acontecimientos que dependa del tiempo;
es decir, si los sucesos o estados que la ley describe guardan, uno respecto a
otro, la relación anterior a o posterior a, cabe decir que la
ley es temporalmente asimétrica o direccional y, de este modo,
todas las leyes cronológicas que sirvan para caracterizas variaciones
ordenadas e irreversibles podrán considerarse como históricas.
-
Puede uno, por otra parte, referirse solo a aquellas leyes
que atañen a la historia como registro de las acciones e instituciones
humanas. En este caso, la historia propiamente dicha se distingue de la mera
cronología porque atañe a modo especial a las acciones humanas, es decir, a
aquellas que se distinguen por su internacionalidad y son acciones de
individuos únicos. Aun cuando los procesos o sucesos que tales leyes
históricas describan sean sociales o institucionales más que personales y
biográficos, no son, desde este punto de vista, reducibles a las leyes
históricas que describen la cronología natural, ni siquiera análogos a
ellas.
2.3 La naturaleza de las leyes
Todo análisis satisfactorio de las leyes debe satisfacer dos
requisitos. En primer lugar, el análisis debe mostrar cómo las leyes implican regularidades factuales (IRF); esto es, el análisis debe tener
como consecuencia que de "A implica-nómicamente B" se derive ""x(Ax ® Bx)". En segundo lugar, el
análisis debe mostrar cómo las leyes se distinguen de las meras
regularidades factuales (DRF); esto es, el análisis debe tener como consecuencia
que las leyes, y no cualquier generalización verdadera, tienen las propiedades
que distinguen a las regularidades nómicas de las accidentales. Todo análisis ha
de mostrar que no toda regularidad factual es una ley, pero toda ley implica una
regularidad factual.
Las concepciones regularitivistas analizan las leyes como
regularidades de cierto tipo. Una ley es una regularidad verdadera que satisface
ciertas condiciones adicionales:
[Reg] A implica-nómicamente B syssdef "x(Ax ® Bx) y g("x(Ax ® Bx)).
g expresa la condición adicional que
debe satisfacer la regularidad para ser ley (condición que a veces se formula
como condición sobre el enunciado ""x(Ax ® Bx)"). La idea es sencilla: el análisis satisface (IRF)
pues según él toda ley es una generalización material verdadera, y además
puede satisfacer (DRF) pues no toda generalización material verdadera es
una ley, sólo lo son las que satisfacen g. Que se
satisfaga o no efectivamente (DRF) dependerá de que se deriven o no las
propiedades en cuestión (explicatividad, apoyo a contrafácticos,
intensionalidad, etc.).
Es común caracterizar los análisis regularitivistas de humeanos, pues Hume fue el primer defensor explícito de esta concepción.
Pero eso es parcialmente confundente pues la teoría de Hume se caracteriza
además, y fundamentalmente, por la tesis según la cual no hay
necesidades en la naturaleza. Dentro de los regularitivistas distinguiremos,
entonces, los que están de acuerdo con esa tesis y los que no. La diferencia
tiene que ver con la condición g. Si la condición g supone la aceptación de algún tipo de necesidad o modalidad
en la naturaleza independiente de nuestro conocimiento, calificaremos dicho
análisis regularitivista de realista. Si, contrariamente, la condición se
da en términos que suponen la tesis antirrealista de Hume, si la única necesidad
a que se apela es una necesidad proyectada por nosotros (nuestro
conocimiento, la ciencia, etc.), lo calificaremos de humeano.
2.3.1 Regularitivismo humeano
Para Hume, g es una condición
"epistémico-psicológica", grosso modo: que los casos pasados observados
están de acuerdo con la regularidad y que tengamos la tendencia de proyectarlos
hacia el futuro. Una ley es una regularidad observada que, por hábito y otros
mecanismos psicológicos, proyectamos hacia el futuro, esperamos que
continúe igual.
Un intento de defender esta posición sin apelar tan
inmediatamente a elementos psicológicos o epistémicos es el de Hempel. Hempel
pretende dar una caracterización de las leyes como cierto tipo de regularidades
sin recurrir a una supuesta necesidad en la naturaleza, pero sin recurrir
tampoco explícitamente a condiciones epistémicas. Este autor considera leyes los
enunciados generales mismos y no lo que ellos expresan.
La idea de Hempel es que g imponga
constricciones sintácticas y semánticas, aproximadamente las siguientes: que el
enunciado general no contenga esencialmente términos singulares y que los
predicados sean predicados cualitativos puros, esto es, que no encubran
referencias implícitas a particulares. El problema de esta estrategia es que no
da cuenta de la diferencia entre pares de regularidades como las ejemplificadas
por
- Todas las esferas de uranio tienen menos de 1 km de radio
- Todas las esferas de oro tienen menos de 1 km de radio
Estas dos regularidades no se diferencian por ningún hecho
sintáctico ni semántico y sin embargo una es accidental (2) y la otra nómica
(1). Por tanto, ninguna caracterización de g en
términos exclusivamente sintácticos y semánticos sirve para la distinción.
En la línea humeana, si no se quiere apelar a necesidades
naturales parece que no hay más alternativa que recurrir a condiciones
epistémicas de aceptación e integración teórica. En este caso, g contiene sólo referencias al uso que hace la
comunidad científica; es dicho uso el que constituye la regularidad en
ley. La idea básica es que la diferencia entre generalizaciones nómicas y
accidentales no reside en los hechos sino en la actitud de quienes las exponen o
en el modo en que se utilizan; no es que usemos una regularidad para explicar y
predecir por qué es una ley, sino que la regularidad es una ley porque la usamos
para explicar y predecir. Una ley es, pues, una regularidad (presuntamente
verdadera) que forma parte del corpus científico, que pertenece a alguna de las
teorías con las que explicamos y predecimos.
La principal dificultad de los humeanos es la objetividad. Si
por objetividad se entiende que la diferencia entre leyes y regularidades
meramente fácticas es independiente de nuestro sistema de conocimiento,
obviamente no pueden explicar la objetividad de las leyes. Su tesis central es
justamente que no son objetivas en ese sentido, y acusarles de ello es, en su
opinión, viciar la cuestión pues es precisamente eso lo que está en juego. Pero
esto no quiere decir que las leyes sean "inventadas" o que no se "descubran". En tanto que regularidades, son verdaderas o falsas dependiendo del
mundo, independientemente de nuestro conocimiento. En este sentido son
descubribles y objetivas. Lo que no es objetivo, lo que depende de nuestro
conocimiento, es qué regularidades verdaderas son leyes.
En su versión más simple esta concepción tiene una consecuencia
que parece claramente contraintuitiva. Si
-
las leyes son las regularidades articuladas entre sí dentro
del sistema teórico y
-
el sistema teórico es el conjunto de teorías actualmente aceptadas por la comunidad científica, entonces
-
la diferencia entre leyes y regularidades puede variar de una
comunidad a otra o, dentro de una misma comunidad, variar con el tiempo. Las
leyes naturales serían mutables. No se trata de nuestras creencias sobre
ellas, que son indudablemente cambiantes, sino que las leyes mismas serían cambiantes. Hoy la naturaleza estaría regida por una ley y quizá mañana
no. Los humeanos que no están dispuestos a aceptar esta consecuencia rechazan
(b). El sistema teórico en relación al cual algunas regularidades se
constituyen en leyes no es el actual, sino "el" sistema teórico ideal,
el correspondiente al estado de la ciencia en condiciones epistémicas ideales
o, como se suele decir, a "la ciencia del Séptimo Día". Las leyes son las
regularidades que pertenecen al mejor conjunto de teorías, al sistema
epistémicamente ideal, y por tanto no cambian con el tiempo, siempre han sido,
son y serán las mismas.
Casi todos los que apelan al sistema teórico ideal coinciden en
entender por tal "el" sistema que mejor combina simplicidad y fuerza
(adecuativa). Para hacer precisa esta idea, y que sirva a la función para la
que se recurre a ella, se requieren dos condiciones. En primer lugar, fijado
un lenguaje, dar criterios de simplicidad y fuerza que sean aplicables y que
no varíen de una comunidad a otra o, en una misma comunidad, de un momento a
otro. En segundo lugar, dar un criterio para sopesar simplicidad y fuerza
que permita, en la comparación de cualesquiera dos sistemas por su "simplicidad
+ fuerza", determinar cuál es el mejor, un criterio que además no
varíe.
2.3.2 Regularitivismo realista
El anterior programa se encuentra con una dificultad
aparentemente insalvable si permanece fiel al principio humeano de no recurrir a
constricciones externas al conocimiento. La dificultad se deriva de la
relatividad de los criterios a un lenguaje dado, pues afecta
esencialmente la evaluación de la simplicidad comparada. Si en lugar de usar
unos predicados (por ejemplo "verde" y "azul") usamos otros (por ejemplo
"verdul" y "acerde"), un sistema muy simple se puede convertir en uno muy
complejo y viceversa. Supuesto que se dé con un criterio universal de
simplicidad, al comparar dos sistemas, el criterio puede dar resultados opuestos
según formulemos los sistemas en un lenguaje u otro. Por tanto, caso de que
existan tales criterios, sólo se garantiza que seleccionan un único sistema si
se fija un lenguaje. Un modo de solventar esta dificultad es abandonar el
humeanismo y aceptar constricciones externas al conocimiento, esto es,
aceptar algún tipo de necesidad o distinciones objetivas en la naturaleza en relación a las cuales fijar el lenguaje. Esto es lo que hace D. Lewis.
Lewis analiza la causalidad en términos de contrafácticos,
éstos en términos de leyes (y de historias parciales de mundos posibles) y
define las leyes como las regularidades verdaderas que pertenecen al
sistema que mejor maximiza simplicidad y fuerza. Pero para resolver la crítica
mencionada termina aceptando una constricción externa: la comparación de
sistemas es relativa "al" lenguaje cuyos predicados son "naturales", esto es,
predicados que denotan propiedades (clases, géneros) naturales; y acepta la
distinción entre propiedades naturales y no naturales como una distinción
primitiva y objetiva por completo independiente de nuestro conocimiento, es una
distinción que radica exclusivamente en la naturaleza. En este sentido,
Lewis ya no es humeano pues acepta que la distinción entre regularidades nómicas
y meramente fácticas descansa en última instancia, a través de las clases
naturales objetivas, en la naturaleza; la necesidad natural no es algo proyectado por nuestro conocimiento.
2.3.3 Necesitativismo
Según esta concepción, la necesidad nómica descansa en algún
tipo de distinción objetiva que "está en la naturaleza". Para el necesitativista
las leyes no son generalizaciones, las leyes consisten en relaciones
singulares entre universales o propiedades naturales.
Los particulares son susceptibles de estar en ciertas
relaciones, unas independientes de nosotros y otras no. Según esta concepción,
los universales, que existen independientemente de nosotros, también pueden
estar en ciertas relaciones. Para el necesitativista cada ley natural es un caso
concreto de cierta relación objetiva que se da entre algunos universales
independiente de nuestro conocimiento. Si usamos "Þ"
para denotar esta relación, podemos expresar este análisis del siguiente
modo:
[Nec] A implica nómicamente B syssdef A Þ B
Todo análisis ha de partir de algunos primitivos y la cuestión
es si su articulación con el resto de las nociones logra la finalidad
pretendida. En este caso, la cuestión es si este análisis satisface, al menos,
IRF y DRF. En cuanto a DRF, es sencillo ver que efectivamente se obtienen las
propiedades deseadas en las leyes. La relación Þ es
objetiva e intensional: se da o no entre ciertos universales independientemente
de nuestro conocimiento; y si se da entre universales concretos A y B no tiene
por qué darse también entre otros coextensivos con ellos. El resto de las
propiedades se obtienen inmediatamente pues contrafácticos, explicación,
confirmación y predicción se suelen caracterizar en esta concepción en términos
de leyes. La dificultad mayor radica en IRF, en explicar por qué el que se dé la
relación entre el universal A y el universal B tiene como consecuencia que todo
particular que ejemplifica A también ejemplifica B.
Tras esta acusación se encuentra la vieja crítica de Hume según
la cual ese tipo de entidades (supuestas causas o necesitaciones "en la
naturaleza") son empíricamente incontrastables y, con ello, inútiles para
explicar el desarrollo de nuestro conocimiento y en ese sentido superfluas. La
idea es que los enunciados ""x(Ax ® Bs)" y "A Þ B" (suponiendo que se
satisface IRF y por tanto que el segundo implica el primero) son empírica o
contrastacionalmente equivalentes. Toda experiencia que confirma uno confirma el
otro y viceversa. Por tanto, lo que de más contiene el segundo, a saber,
referencias a supuestas necesidades en la naturaleza, es empíricamente
incontrastable; la supuesta necesitación no se manifiesta en la experiencia más
que como regularidad funcional. Apelar a cosas del segundo tipo no ayuda en
absoluto a la hora de dar cuenta de la práctica científica. Por tanto, por lo
menos desde el punto de vista del análisis de la práctica científica, esas
supuestas entidades son para el humeano perfectamente
prescindibles.
2.4 Características de las leyes científicas
2.4.1 Generalidad pura e irrestricción
A veces se ha propuesto que las leyes, a diferencia de las
generalizaciones accidentales, no pueden contener referencia alguna (ni
implícita ni explícita) a objetos particulares, lugares o momentos específicos,
esto es, deber ser puramente generales. Si embargo, esta condición es
excesiva, pues excluye leyes claramente aceptadas como tales, por ejemplo, las
de Kepler, que hacen referencia al Sol. La respuesta es aceptar algunas de estas
generalizaciones no puras como leyes si son derivables de otras puras; a éstas
se las considera las leyes fundamentales y a aquéllas leyes
derivadas. Pero esta estrategia no es viable por dos motivos, uno histórico
y otro lógico: primero, las leyes de Kepler eran consideradas leyes genuinas
antes de la existencia de las leyes fundamentales de las que se derivan (las
leyes de Newton); y segundo, es obvio que de generalizaciones puras solas no se pueden derivar generalizaciones no puras, hacen falta además afirmaciones
particulares pues las generalizaciones no puras hablan implícitamente de objetos
particulares.
Una condición con espíritu semejante, pero más débil, es que la
generalización sea irrestricta. Tanto las leyes de Kepler como por
ejemplo la generalización accidental "Todos los tornillos del auto de Pedro, a
mediodía del Año Nuevo de 1990, están oxidados" contienen referencia a
particulares. La diferencia radica en que el ámbito de aplicación de la segunda
está restringido a una región espaciotemporal y el de la primera no, pues aunque
los planetas estén de hecho en determinada región ello no está presupuesto por
la ley. Pero esta condición sigue siendo parcialmente insatisfactoria. En primer
lugar, es discutible que no pueda haber leyes genuinas que involucren
esencialmente regiones espaciotemporales particulares. Y, en segundo lugar,
muchas generalizaciones accidentales satisfacen esa condición.
2.4.2 No vacuidad
Las leyes, a diferencia de las generalizaciones accidentales,
no pueden ser vacuamente verdaderas. Ahora bien, tampoco esta condición es
clara, pues las leyes genuinas contienen a menudo idealizaciones; por ejemplo,
superficies sin fricción o espacio vacío, que pueden no ser nunca satisfechas.
Por otro lado, tampoco es plausible aceptar como ley cualquier generalización vacuamente verdadera consecuencia de una ley.
2.4.3 Confirmación
Las regularidades nómicas (leyes) se consideran confirmadas por
sus instancias, las accidentales no. Si la regularidad es una ley, la
constatación de instancias particulares se acepta como confirmación de la ley;
eso sí, conformación parcial, y tanto mayor cuanto mayor sea el número de
instancias constatadas.
En la medida en que una generalización se considere nómica, se
estará dispuesto a considerarla confirmada (en cierto grado) a través de sus
instancias concretas. Si la generalización es considerada accidental, "hasta la
última instancia" no podemos decir nada, ni siquiera de grado (por ello,
si hay generalizaciones accidentales cuyo antecedente se aplica a un número
infinito de objetos, tales regularidades son inconfirmables por principio).
2.4.4 Explicación
Las leyes son explicativas, las regularidades accidentales
no.
2.4.5 Causalidad
A veces se ha sugerido que la legalidad-nomicidad descansa en
la causalidad. En las regularidades nómicas hay una relación causal entre las
condiciones antecedentes y consecuentes. Esta condición tiene una interpretación
débil y otra fuerte. La interpretación fuerte es que toda ley contiene
explícitamente elementos causales. Así interpretada es claramente incorrecta.
Hay leyes genuinas que no son causales en este sentido fuerte. En su
interpretación débil, afirma que toda ley que no sea directamente causal se
subsume en, o deriva de, otras que sí lo son. Si ello significa que no se
consideran leyes sin disponer de tal derivación, sigue siendo incorrecto, pues
aunque, por ejemplo, las leyes de Kepler recibieron un fuerte respaldo al
derivarlas Newton de su sistema, fueron consideradas leyes perfectamente
legítimas antes de que Newton desarrollara su mecánica. Se puede debilitar
todavía más y decir que las leyes no causales son "en principio" o "en última
instancia" derivables de leyes causales. Pero esto sólo se puede defender
proporcionando una teoría sustantiva y muy específica de la causalidad,
discutible filosóficamente.
2.4.6 Apoyo a contrafácticos
Si bien es dudoso que las leyes son siempre causales, no lo es
que siempre suponen cierto tipo de necesidad entre las propiedades
involucradas. Este elemento de necesidad es sobre el que descansa un tipo
específico de modalidad, la nómica. Las leyes son esencialmente modales. Una de
las manifestaciones de su naturaleza modal es que soportan o apoyan cierto tipo específico de afirmaciones modales, las afirmaciones
condicionales contrafácticas.
Un condicional contrafáctico, o subjuntivo, es una afirmación
del tipo "si hubiera ocurrido a, habría ocurrido b", o "si ocurriera a, ocurriría b". Las leyes dan apoyo a este tipo de
expresiones.
Es este hecho de afirmar situaciones contrafácticas el que está
detrás de las diferencias entre la predicción y la explicación. La predicción no
es más que la aplicación de un contrafáctico en el que el antecedente puede no
haberse dado todavía pero se dará. Si una ley explica es justamente porque
contiene el elemento de modalidad expresado en el contrafáctico que apoya.
Incluso si una ley "todos los A son B" es tal que la condición antecedente nunca
se da de hecho, sigue siendo cierto que si se diera tal condición, se
daría también la condición consecuente.
Según esto, no hay especial problema en que una ley sea
vacuamente verdadera contemplada como generalización condicional
material, pues lo que importa es su aspecto modal, que no queda explícito si
se la contempla así. En realidad, es inadecuado contemplar las leyes como siendo sólo generalizaciones materiales. Lo correcto es decir que implican generalizaciones materiales, pero entonces es claro que el que
la generalización material implicada sea vacuamente verdadera no tiene por qué
afectar a la ley. El núcleo de la cuestión es que si "Todos los A son B" es una
ley, entonces esta generalización contiene esencialmente un elemento modal; es
una generalización material "con algo más" y ese algo más es de carácter
modal.
2.4.7 Intensionalidad
La capacidad de las leyes de apoyar contrafácticos es la
expresión más manifiesta de su carácter modal. Otra manifestación especialmente
clara de la modalidad de las leyes es su intensionalidad. Cierta
característica aplicable a afirmaciones es extensional si siempre se
preserva al sustituir un atributo por otro coextensional; si alguna de estas
sustituciones coextensionales modifica la característica entonces decimos de
ella que es intensional. En términos lingüísticos: el operador
correspondiente a dicha característica es extensional si el enunciado que
contiene dicho operador preserva el valor veritativo tras una sustitución tal;
es intensional en caso contrario, esto es, si no vale la sustitutividad salva
veritate de expresiones coextensionales.
La nomicidad (legalidad) es una característica
intensional. El operador de modalidad genera contextos intensionales: en los
enunciados del tipo "es una ley que todos los A son B" no rige la sustitutividad salva veritate de expresiones coextensionales: la sustitución, por
ejemplo, de 'A' por otro predicado coextensional 'C' puede modificar su valor
veritativo (entiéndase bien, puede variar el valor veritativo del enunciado "es
una ley que todos los A son B", no el del enunciado "todos los A son B"). El
valor veritativo se altera justamente cuando la coextensionalidad de los
atributos no es nómica sino accidental, esto es, cuando la regularidad
bicondicional "Todo es A si y sólo si es C" es meramente fáctica.
2.4.8 Proyectabilidad y clases naturales
Una regularidad observada es proyectable si estamos
justificados a proyectarla hacia el futuro. Así, por ejemplo, todas las
esmeraldas observadas hasta la fecha son verdes y parece que podemos proyectar
esta regularidad: las futuras esmeraldas que se observen serán verdes. Goodman
mostró que esta cuestión es más complicada de lo que parece. Digamos que algo es
"verdul" syss es observado antes del año 2000 y verde, u observado después del
año 2000 y azul. Tenemos entonces otra regularidad observada, a saber, que todas
las esmeraldas observadas hasta la fecha son verdules, y sin embargo parece que
ésta no se puede proyectar. O, en otros términos, parece que la experiencia
observada permite confirmar la regularidad "Toda esmeralda es verde" pero no
"Toda esmeralda es verdul". La cuestión es por qué.
Una posible respuesta a este problema es decir que verde es proyectable y verdul no porque verde interviene en leyes
mientras que verdul no. Pero si definimos los atributos proyectables como
aquellos que intervienen en leyes, entonces el problema es especificar qué
distingue a las leyes. Una posibilidad a la que se suele recurrir es distinguir
entre clases (géneros, atributos, propiedades) naturales y clases no
naturales. Podemos agrupar las cosas en las clases que queramos, pero no todas
esas agrupaciones corresponden a divisiones en la naturaleza. Podemos
formar una clase con los objetos verdules, o quizá otra con objetos que son
caballos o pinos, pero estas colecciones no corresponden a divisiones objetivas
en la naturaleza. Contrariamente, y según los defensores de las clases
naturales, la clase de los objetos verdules, o la de los caballos, o la de las
moléculas de agua, sí son clases naturales. Pues bien, la idea es entonces que
las leyes sólo deben involucrar clases naturales, con lo que se termina
identificando las propiedades proyectables con las naturales. Sin embargo, esta
condición parte de nociones, como la de clase natural, que requieren
tanta elucidación como la noción misma de ley, por lo que no se puede
tomar como condición intuitivamente exigible a las leyes sino como alternativa
(debatible) para un análisis filosófico sustantivo de las leyes. Una de sus
principales dificultades es afrontar el problema de la implicación lógica: si las consecuencias lógicas de leyes son leyes, entonces dadas dos leyes
"Todo A es B" y "Todo C es D" también será una ley "Todo A o C es B o D", pero
no siempre que A y C (o B y D) son clases naturales su unión también lo es.
3. Teorías
El objeto de la ciencia es penetrar más allá de lo inmediato y
lo visible, establecer relaciones para colocar los fenómenos observables en un
nuevo y más amplio contexto, pues sólo una pequeña parte del mundo físico se
revela ante nosotros de modo directo. La suprema función de una teoría es
ayudarnos a captar la imagen completa de este mundo físico. En su nivel más
simple una teoría nos ayuda a interpretar lo desconocido en términos de lo ya
conocido. Es un esquema conceptual que inventamos o postulamos para explicarnos
a nosotros mismos, y a los otros, los fenómenos que observamos, y las relaciones
que existen entre ellos, para reunir de este modo, en una estructura única,
conceptos, leyes, principios, hipótesis, y observaciones provenientes a menudo
de campos muy diversos.
Las teorías y las hipótesis difieren solamente en el grado de
generalidad. Así, tenemos por un lado la hipótesis de trabajo limitada,
por la cual nos guiamos en una experiencia determinada, y por otro, con teoría general, que nos guía en el diseño e interpretación de toda clase
de experiencia de aquel campo de estudio.
Para que una teoría sea considerada como tal, ha de cumplir al
menos tres funciones.
-
Una teoría sirve, generalmente, para relacionar hechos
independientes en un esquema mental lógico y fácilmente asequible. Una
teoría fructífera no sólo explicará las leyes que abarca dentro de su marco de
acción, sino que también mostrará donde y porqué estas leyes no son válidas en
la práctica.
Además, una buena teoría nos permite captar, recordar y
deducir un gran número de hechos que de otro modo resultan evasivos.
Las
teorías simples de la física están, a menudo, basadas en modelos mecánicos;
pero no por ello todos los esquemas conceptuales de la ciencia han de
reducirse a tales modelos; es más, una fe demasiado firme en un modelo
mecánico puede ser un obstáculo serio para el progreso de la ciencia.
-
Una teoría, o hipótesis, sea general o limitada, debe
sugerir nuevas relaciones que presenten a la imaginación la trabazón hasta
entonces insospechada, entre hechos antiguos y nuevos, y que extiendan los
antiguos horizontes. Con respecto a este punto, Popper afirmaba que lo
verdaderamente interesante de una teoría científica no es que sea verdadera o
falsa, aunque esto también sea importante, sino que lo verdaderamente
importante es que plantee problemas nuevos y desconocidos, pues la resolución
de estos problemas nuevos redundará en un aumento de nuestro conocimiento de
la naturaleza, y toda teoría científica a lo que en definitiva tiende es a
aumentar nuestro conocimiento de la naturaleza. Una teoría falaz, si se sigue
amplia y activamente, puede conducir a observaciones claves necesarias para
una teoría mejor, pues, como decía Bacon, «la verdad surge más fácilmente del
error que de la confusión».
-
Una teoría que se precie de tal debe predecir nuevos
fenómenos observables y solucionar problemas de carácter práctico. Este
tercer punto es esencial por dos razones:
-
El que la teoría prediga hechos observables nos da un
método efectivo para comprobarla en la práctica; en efecto, al contrastar
experimentalmente los hechos predichos por la teoría, si estos se ven
confirmados, la teoría queda corroborada, mientras que si no es tal el caso,
la teoría queda, o al menos una parte de ella, refutada.
-
b) Las teorías científicas pretenden ser omniabarcantes, lo
cual quiere decir que intentan explicar una parcela de la realidad lo más
amplia posible, y una teoría será tanto más completa cuanta más parcela de
la realidad explique. Ahora bien, hay dos tipos de explicación, una
explicación a priori y una explicación a posteriori. Cuando un
hecho experimental observado es explicado a priori ello nos indica
que la teoría era lo suficientemente completa como para incluirlo dentro de
sí antes incluso de haberlo observado, mientras que si este mismo hecho es
explicado a posteriori esto nos indica que la teoría en su primitiva
formulación no era lo suficientemente completa, y que es necesario ir
retocándola poco a poco según avanza nuestro conocimiento experimental de la
realidad.
-
Otro requisito básico de una teoría científica es el de la simplicidad; en efecto, la mejor entre dos teorías rivales resulta ser
la más simple en el sentido de que requiere menos hipótesis o supuestos
básicos. Tales teorías sobreviven a causa de la economía de pensamiento que
supone su adopción. Una teoría que requiera hipótesis o mecanismos distintos
para explicar cada hecho, no es sino una tautología elaborada y estéril.
-
Idealmente, las hipótesis deben ser plausibles,
incluso aunque no estén sujetas inmediatamente a ensayo; y la teoría en
conjunto no debe estar en conflicto con las ideas en boga. Si esto no ocurre
así, la teoría puede enfrentarse, frecuentemente, con una recepción tormentosa
y hostil y ha de someterse a un largo y cuidadoso escrutinio antes de su
general aceptación.
¿Porqué una teoría ha de ser razonable y estar de
acuerdo con las ideas en boga de la época en que surge? Porque las grandes
ideas revolucionarias (Copérnico, Darwin, Einstein) surgen raras veces
comparadas con el gran número de ideas fructíferas y aptas para trabajar,
concebidas dentro de un marco tradicional.
Además, cuando una teoría
revolucionaria surge, raramente tiene demasiados hechos empíricos a su favor
y, además, suele tener algunos hechos, empíricos y de sentido común, en su
contra, de modo que si esta nueva teoría triunfa es por culpa de la constante
propaganda que de ella hacen sus nuevos - pocos al principio, y más a medida
que pasa el tiempo - partidarios, y porque sus enemigos van muriendo poco a
poco. Max Planck escribió: «Una innovación científica importante raramente se
desarrolla gradualmente venciendo y convirtiendo a sus oponentes: raramente
sucede que Saulo se convierta en Pablo. Lo que sucede es que los oponentes van
muriendo y la nueva generación ya está, desde el principio, habituada a las
nuevas ideas: otro ejemplo de que el futuro pertenece a la juventud» (Max
Planck: La filosofía de la física)
-
Una buena teoría ha de ser lo suficientemente flexible
para desarrollarse y sufrir las modificaciones precisas.
3.1 La concepción axiomática de las teorías
3.1.1 Teorías axiomáticas
Según cierta noción de teoría, una teoría es un conjunto
de afirmaciones sobre un determinado ámbito de la realidad. Concebidas de este
modo, las teorías se analizan o reconstruyen como teniendo cierta estructura que
expresa las relaciones que mantienen entre sí las diversas afirmaciones y los
diversos términos o conceptos con los que se realizan tales afirmaciones. La
noción formal que expresa esa estructura es la de cálculo axiomático o,
simplemente, teoría axiomática, y se aplica por igual a teorías empíricas
y a teorías puramente formales.
3.1.1.1 Cálculos y teorías axiomáticas: términos primitivos, axiomas y
teoremas; definiciones y términos derivados
La idea básica es que una teoría o conjunto de afirmaciones se
puede "resumir" o "concentrar" en algunas de sus afirmaciones, de las que se
derivan todas las restantes mediante un proceso de inferencia inductiva. A las
afirmaciones que forman parte de ese "conjunto-resumen", consideradas primitivas, se las denomina "axiomas", y a las afirmaciones que se
deducen de los axiomas, consideradas derivadas, se las denomina
"teoremas". Si llamamos contenido de una teoría al conjunto de todas sus
afirmaciones, entonces tal contenido se encuentra ya completo, aunque implícito, en los axiomas. El contenido de la teoría, la información que
da, es por tanto el conjunto de consecuencias lógicas de los axiomas. Los
teoremas no contienen información nueva, sólo hacen explícita la información
contenida implícitamente en los axiomas. Para que esto sea así es preciso que de
los axiomas en cuestión se sigan efectivamente todas las afirmaciones de la
teoría, o sea, que el conjunto de axiomas sea suficiente, o completo. Al axiomatizar una teoría se pretende dar con un conjunto de
axiomas para ella. Ésta es pues una condición necesaria para una buena
axiomatización.
La anterior condición, aunque necesaria, no es suficiente. Que
de los axiomas se obtengan todas las afirmaciones no basta para una buena
axiomatización, pues de lo contrario el simple conjunto de todas las
afirmaciones sería ya un buen conjunto de axiomas. De tal conjunto se obtienen
efectivamente todas las afirmaciones; es, si se quiere, un conjunto de axiomas,
pero no es un buen conjunto de axiomas pues viola el espíritu que inspira
la axiomatización, a saber, dar una versión lo más "resumida" o "concentrada"
posible de la teoría. Así pues, es un principio metodológico general que los
axiomas han de constituir un conjunto mínimo de afirmaciones primitivas,
ningún axioma debe ser deducible de los restantes; los axiomas deben ser independientes entre sí. Un buen conjunto de axiomas para una teoría es
un subconjunto de sus afirmaciones que sea completo y cuyos miembros sean
independientes entre sí. Estas condiciones no determinan un único subconjunto de
tales afirmaciones. Dada una teoría (en sentido intuitivo), siempre hay más de
un subconjunto completo e independiente de afirmaciones, siempre hay
axiomatizaciones alternativas.
Los términos de una teoría, los constituyentes de sus
afirmaciones, expresan el aparato conceptualizador de la teoría, esto es, el
aparato con el que se pretenden capturar las entidades de diverso tipo que
conforman el ámbito de la realidad del que se ocupa la teoría. La introducción
de nuevos términos a partir de otros anteriores supone la entrada en juego de
otro tipo de "afirmaciones" o enunciados, las definiciones, pues sólo mediante
enunciados (o esquemas de tales) es posible explicitar el modo en que se
introduce un término nuevo a partir de otros anteriores. Las definiciones
siempre tienen la forma de una equivalencia del tipo:
| (1) |
"a(t(x1, ...,
xn)) syssdef b(t1, ..., tk, x1,
..., xn)" (n ³ 0, k ³ 1) |
Aquí t es el nuevo término y t1, ...,
tk, son términos ya disponibles, esto es, términos primitivos o ya
definidos con anterioridad a t; n indica el número de variables a las que
se aplica el término, esto es, su aridad; a y b son funciones proposicionales. Hay también términos
singulares y functores que nombran, respectivamente, a individuos y a
funciones-operaciones entre individuos. Las definiciones de términos singulares
y de functores no se ajustan a la forma (1) sino a estas otras:
| (2) |
"t =def g(t1, ..., tk)" para términos
singulares, y |
| (3) |
"t(x1, ..., xn) =def g(t1, ..., tk,
x1, ..., xn)" para functores
(n-ádicos), |
donde en ambos casos la parte derecha "g(...)" es una descripción que usa otros términos ya
disponibles. Sin embargo, estas definiciones se pueden expresar también mediante
una equivalencia de la forma (1), esto es, respectivamente, mediante:
| (2') |
"para todo z: z = t syssdef z= g(t1, ...,
tk)", |
| (3') |
"para todo z: z = t(x1, ..., xn)
syssdefinición z= g(t1,
..., tk, x1, ...,
xn)". |
Las definiciones no son afirmaciones del mismo tipo que los
axiomas y los teoremas, no son afirmaciones sustantivas de la teoría sino que
expresan meras abreviaturas notacionales. Esto se expresa diciendo que las
definiciones deben cumplir dos requisitos: han de ser
-
Eliminables. Cualquier afirmación que contenga un
término definido ha de poder eliminarse usando la definición que introduce
dicho signo; esto es, con ayuda de la definición se debe poder probar que tal
afirmación es equivalente a otra que no contenga dicho signo, y en última
instancia, si eliminamos los otros signos definidos previamente, equivalente a
otra afirmación que contenga sólo signos primitivos.
-
No creativas o inocuas. Si tenemos una afirmación que
involucra el término definido t cuya prueba recurre, además de a los
axiomas y otras definiciones previas, a la definición de t, su
afirmación equivalente resultante de eliminar t ha de poder probarse
sin recurrir a la definición de t, y si se han eliminado todos los
términos definidos, ha de probarse a partir de los axiomas solos. En caso
contrario la presunta definición contendría subrepticiamente información
sustantiva, no sería una mera abreviatura terminológica. Las definiciones son
pues prescindibles, todo lo que se dice con su ayuda puede decirse sin ella.
Ahora bien, aunque las definiciones son teóricamente superfluas, no lo son en
la práctica de la construcción y aplicación de una teoría; para teorías de un
mínimo de complejidad conceptual y fuerza expresiva, el prescindir totalmente
de definiciones haría a éstas inmanejables y prácticamente incomprensibles.
Las definiciones poseen un gran valor de "economía intelectual" en la
construcción de las teorías.
3.1.2 Caracterización general de las teorías empíricas como cálculos
interpretados
Según los primeros análisis que se hicieron del concepto de teoría empírica, una teoría empírica es un cálculo interpretado,
donde por "cálculo" se entiende un cálculo o teoría axiomática.
3.1.2.1 Teorías formales y teorías empíricas
Según la posición dominante en filosofía de las ciencias
formales, los axiomas del formalismo abstracto son lo único que interviene en la
caracterización de las entidades "de las que habla" una teoría matemática; qué
cosas son esas de las que pretendemos hablar al usar los términos de la teoría
es algo que depende únicamente de los axiomas, las entidades en cuestión son
cualesquiera de las que los axiomas sean verdaderos. A veces se expresa esto
diciendo que los axiomas caracterizan las entidades de la teoría o, también, que definen implícitamente los términos primitivos. Los axiomas "definen"
implícitamente los términos primitivos en el sentido de que ellos son los únicos
elementos constitutivos del significado de los términos; cualquier estructura
que sea modelo de los axiomas es una interpretación admisible de los mismos;
esto es, los constituyentes de cualquiera de tales estructuras son
interpretaciones admisibles de los términos con que se formulan los axiomas.
Mientras que en las ciencias formales parece razonable, o al
menos defendible, la tesis de que las entidades a las que la teoría se refiere
son cualesquiera de las que sean verdaderas los axiomas, ella es totalmente
inaceptable aplicada a las ciencias empíricas. Por ejemplo, si los principios de
la mecánica newtoniana, formulados con términos como "partícula", "masa" y
"fuerza", fuesen por causalidad verdaderos de los ángeles, su "cantidad de
espiritualidad" y sus "afinidades", no por ello diríamos que ésas son cosas de
las que habla la teoría mecánica, no diríamos que son sistemas mecánicos. La
idea de que los términos de la mecánica se refieren a cualesquiera entidades que
satisfagan el formalismo abstracto es claramente inaceptable. El motivo es que,
a diferencia de las ciencias formales donde esa idea es cuando menos discutible,
las teorías empíricas tienen, además de las constricciones derivadas del sistema
axiomático abstracto, otras constricciones derivadas de su vinculación con el
mundo físico-natural, o mejor dicho, con algún aspecto científico del mismo
del que pretenden dar cuenta.
Aceptando esta peculiaridad de las teorías empíricas, ¿cómo se
debe recoger este hecho específico en el análisis de las mismas? La respuesta
parece inmediata: incluyendo, junto con el sistema axiomático abstracto, otro
elemento que exprese la conexión de dicho formalismo con "situaciones de la
experiencia" en las que interactuamos o "contactamos" con el mundo físico. La
articulación específica de esta respuesta que se impondrá en la Concepción
Heredada es que esas situaciones de experiencia en las que se da el contacto
básico con el mundo físico son situaciones de observación directa de
fenómenos físicos.
3.1.2.2 Cálculos interpretados: vocabulario; axiomas y reglas de
correspondencia
Cada teoría científica está conformada por un cálculo
axiomático abstracto y otro componente que conecta las expresiones de dicho
cálculo abstracto con situaciones de la experiencia entendidas como situaciones
de observación directa. Este segundo elemento está conformado por enunciados que
vinculan los términos del sistema axiomático con términos observacionales que refieren a objetos, propiedades o relaciones directamente observables. A
esos "enunciados conectores" se les ha denominado de varios modos: reglas de
correspondencia, definiciones coordinativas, enunciados
interpretativos, postulados de significación, diccionario o definiciones operacionales. Su función es proporcionar interpretación
empírica al cálculo axiomático que por sí mismo está vacío de contenido
empírico. Las teorías empíricas son pues cálculos axiomáticos interpretados empíricamente a través de esos enunciados que conectan los
términos del formalismo con situaciones de observación directa.
Las teorías empíricas dan cuenta de fenómenos empíricos
postulando ciertas entidades o procesos gobernados por ciertas leyes; esas
entidades postuladas no están directamente dadas en la observación, están
"alejadas" de la experiencia observable, contrariamente a los fenómenos de los
que pretenden dar cuenta, directamente accesibles a la observación. La teoría
introduce nuevos términos para referirse a esas entidades y procesos no
observables. Diremos de esas entidades que son entidades teóricas y de
los términos introducidos para referirnos a ellas que son términos
teóricos.
Podemos dividir el conjunto de expresiones o vocabulario V de
una teoría en tres partes.
-
Términos puramente lógico-matemáticos. Éste es el vocabulario
formal VF de la teoría
-
Términos observacionales. Éste es el vocabulario
observacional VO de la teoría, esto es, el vocabulario que se
refiere a entidades directamente observables y a propiedades y relaciones
entre ellas directamente observables.
-
Términos teóricos. Éste es el vocabulario teórico
VT de la teoría, esto es, el vocabulario que se refiere a
entidades, propiedades y relaciones no directamente observables postuladas
para dar cuenta de los fenómenos.
Si llamamos vocabulario descriptivo VD al
vocabulario no meramente formal de apoyo, tenemos V = VF È VD, VD = VO È VT, VF Ç VD = Æ y VT Ç VO =Æ.
Toda afirmación de la teoría contiene vocabulario formal, pero
no sólo vocabulario formal, también contiene términos descriptivos. Por tanto,
los enunciados de las teorías científicas pueden ser de tres clases:
- Enunciados (puramente) teóricos. Contienen como
vocabulario descriptivo únicamente términos teóricos. De entre ellos se
seleccionan algunos como axiomas o postulados primitivos: A1, ..., An; el
resto se deriva de ellos como teoremas. Son los enunciados que expresan el
comportamiento de las entidades teóricas. Ej.: "la fuerza eléctrica es
directamente proporcional al producto de las cargas").
-
Enunciados (puramente) observacionales. Contienen como
vocabulario descriptivo únicamente términos observacionales. Algunos describen
situaciones observables particulares y otros son afirmaciones general, esto
es, expresan generalizaciones o leyes puramente empíricas-observacionales.
Ej.: "Esta porción de agua se ha solidificado".
-
Reglas de correspondencia. Contienen tanto términos teóricos
como términos observacionales. En la medida en que unas se puedan derivar de
otras, también se pueden escoger de entre ellas unas que hagan de primitivas:
R1, ..., Rm. Son los enunciados que conectan los
términos teóricos con la experiencia observable cargando así de interpretación
empírica los axiomas puramente teóricos. Ej.: "A presión constante, el volumen
aumenta con la temperatura". Estos enunciados son el puente que permite pasar
de lo observacional a lo teórico y viceversa.
Esta clasificación de los términos y los enunciados permite
expresar de un modo simple la estructura de las teorías en tanto que cálculos
interpretados: una teoría T es un par T = <A,R>, donde A es el conjunto
(o la conjunción) de todos los axiomas y R es el conjunto (o la conjunción) de
todas las reglas de correspondencia. Las teorías empíricas son cálculos
interpretados: A es el cálculo axiomático, R proporciona la interpretación
empírica.
3.1.3 La distinción teórico/observacional y la naturaleza de la base
empírica
3.1.3.1 Entidades observables y distinción teórico/observacional
Para muchos empiristas y positivistas lógicos del período de
entreguerras, la fundamentación del conocimiento en la experiencia se entendía
en términos fenomenalistas: los primeros datos sobre los que se construye todo
conocimiento, que justifican nuestras creencias, son datos de la experiencia
fenoménica. Esta posición extrema plantea múltiples dificultades, y el
fenomenalismo termina por ser abandonado. Las entidades fenoménicas
(qualia, datos sensoriales) son entonces sustituidas por entidades que se
caracterizan simplemente como "directamente presentes a la observación". Sin
embargo, esta nueva versión tiene sus propios problemas, el principal de ellos
es su vaguedad. Las entidades fenoménicas son claramente distinguibles de las no
fenoménicas, pero por su "privacidad" o subjetividad son poco plausibles como
constituyentes de la base de experiencia para la ciencia. Las entidades
observables, públicas, parecen en primera instancia poder desempeñar más
plausiblemente tal función, pero ahora el problema es la dificultad para
distinguir nítidamente entre entidades observables y no observables
(teóricas).
Carnap intentó una caracterización precisa de los términos
observacionales como aquellas expresiones del lenguaje tales que, en condiciones
normales, un observador puede determinar a través de una serie de observaciones,
y con un alto grado de confirmación, si el término se aplica o no en una
situación dada. Esta caracterización es inadecuada, pues se aplica también a
predicados pretendidamente no observacionales. En escritos posteriores, Carnap
se limitó a caracterizar el vocabulario observacional como aquel que se refiere
a entidades observables: los términos observacionales son predicados que
denotan propiedades observables de acontecimientos o cosas, o relaciones
observables entre ellos. Pero es claro que si no se especifica lo que
caracteriza las entidades observables, simplemente se desplaza el
problema.
El primer exponente de la doctrina oficial en reconocer el
carácter fluido de la distinción fue Nagel, quien afirma:
Es dudoso que haya un sentido riguroso que pueda ser asignado
con utilidad a la palabra "observable"; y en la medida en que la distinción
[entre leyes empíricas y axiomas teóricos] se base en el contraste entre lo
que es observable y lo que no, la distinción patentemente no es nítida (Nagel,
E., The Structure of Science, Harcourt, Nueva York, 1961, cap. 5, §
1)
A pesar de la fluidez o vaguedad de la distinción, tanto Nagel
como Carnap insisten en su utilidad para la caracterización de la naturaleza y
estructura de las teorías. Así, por ejemplo, Carnap insiste en que las leyes
empíricas son las que contienen términos que refieren a entidades "directamente
observables por los sentidos o medibles mediante técnicas relativamente
simples".
3.1.3.1.1 Neutralidad teórica de los términos observacionales y carga
teórica de los hechos
El principal motivo de la introducción de la distinción
teórico/observacional era proporcionar legitimidad semántica, según los
criterios empiristas, a los términos "sin conexión empírica inmediata" que las
teorías científicas introducen a través de sus leyes para dar cuenta de los
fenómenos. Esta finalidad semántica va acompañada de otra metodológica, pues se
pretende que la base observacional es la que proporciona la experiencia "neutra"
con la cual contrastar las afirmaciones de la teoría. Esta neutralidad teórica
de la base de contrastación parece en primera instancia fundamental, pues de lo
contrario parecería que la teoría resulta autojustificativa. Si la experiencia
observacional que se usa para contrastar la validez de una teoría fuese
dependiente de la teoría en cuestión, esto es, si la elaboración de los informes
observacionales que sirven de base de contrastación presupusiera la validez de
la teoría, entonces tendríamos un círculo autojustificativo. Por tanto, la base
observacional, si ha de servir para la contrastación, debe ser teóricamente
neutral.
Ya antes de la formulación explícita de la Concepción Heredada,
Duhem rechazó que la observación esté libre de conceptualización teórica, aunque
usualmente sí lo está respecto de algunas teorías, esto es, puede ser que las
observaciones no presupongan una teoría que usa de ellas en su contrastación. Lo
que constató Duhem es que toda observación, o mejor dicho todo informe
observacional, supone una interpretación de los datos de los sentidos, y una
interpretación no es más que una conceptualización teórica, sea explícita o
implícita. Quizá el aparato conceptual interpretador que genera la base
observacional no corresponde a cierta teoría que usa dicha base en la
contrastación, pero en cualquier caso corresponderá a otro "constructo teórico";
este constructo presupondrá a su vez otro en la descripción de sus propios
fenómenos empíricos y así sucesivamente. No hay (en general) una
autojustificación inmediata de cada teoría, pero sí un círculo global
autojustificativo en el conjunto de la ciencia.
Fue Popper quien primero expresó de forma explícita el
componente teórico de la base empírica de contrastación, lo que después se
denominará carga teórica de los hechos. Popper es uno de los mayores
críticos de las tesis centrales del Círculo de Viena, pero comparte en general
la caracterización de las teorías como cálculos interpretados. El principal
punto de desacuerdo tiene que ver con la epistemología de la contrastación;
frente al confirmacionismo y la lógica inductiva de Carnap, de los que Popper
fue el primer y más severo crítico, él defiende una lógica de la falsación. Pero
otro de los puntos de disensión tiene que ver con nuestra actual cuestión.
Declaró abiertamente que en la determinación de la base de contrastación, de
"los hechos", interviene un conocimiento de fondo necesitado de aceptación
previa. Al someter a prueba una teoría, señala, no sólo intervienen en ellas las
condiciones iniciales y los supuestos auxiliares sino también cierto conocimiento de fondo sobre los hechos singulares. Este conocimiento de
fondo, que "contiene" lo que se acepta como hechos, se puede considerar
constituido por teorías de bajo nivel que se aceptan como altamente corroboradas
y que no entran en el juego de la contrastación. Y no entran en el juego por decisión (no necesariamente consciente):
Siempre que una teoría se somete a contrastación [...] hay
que detenerse en algún enunciado básico que decidimos aceptar: si no llegamos
a decisión alguna a este respecto, [...] la contrastación no lleva a ninguna
parte (Popper, K.R., The Logic of Scientific Discovery, Hutchinson,
Londres, 1958, § 29)
Esta idea pone de manifiesto lo que se denomina la carga
teórica de los hechos. Hanson fue el primero en hacer de este fenómeno algo
esencial para el análisis de la ciencia y en defender la opinión de que ello
modifica dramáticamente la visión tradicional de la misma. Siguiendo a la
psicología de la Gestalt, destacó la importancia del contexto y los elementos
organizativos ya en la percepción.
Al contemplarlas figuras 1 y 3, se ven en los extremos
inferiores derechos dos animales diferentes a pesar de que son "la misma cosa"
(figura 2); además, cuando contemplamos el dibujo aislado podemos ver una cosa u
otra, pero no las dos a la vez. En parte se ve lo mismo (hay una excitación
similar del córtex) y en parte no, y el sentido interesante de "ver" relevante
para la ciencia es el segundo. No se trata de interpretaciones diferentes a
partir de una misma visión; eso, afirma, no tiene sentido, pues
"interpretar", si se quiere llamar así, es parte constitutiva de "ver". Además,
el contexto puede no darse explícitamente, no es esencial al hecho que el
ejemplo pretende mostrar que en él el contexto esté manifiesto; piénsese, afirma
Hanson, en lo que ven un físico y un profano ante los rastros de una cámara de
niebla. Este fenómeno, que salvo radicales diferencias culturales tiene en la
vida cotidiana escasa trascendencia, es determinante en la ciencia, donde la
dependencia del contexto es altamente teórica y, en momentos de cambio
conceptual en los que se contraponen diferentes contextos de fondo, deviene
crucial. Cuando Tycho y Kepler ven el So al amanecer, dice Hanson, en parte ven
lo mismo y en parte no: Tycho ve un astro móvil, Kepler uno estático, "y es el
sentido en que no ven la misma cosa el que debe tomarse en cuenta para entender
los desacuerdos que existen dentro de la física".
Toulmin afirma que los fenómenos no sólo son seleccionados por
la actividad teórica sino que incluso están definidos por la misma: hay una
continua interacción entre teoría y hecho [...], las teorías
se construyen sobre la base de los hechos, a la vez que les dan significación
y aun determinan lo que son "hechos" para nosotros (Toulmin, S., An Inquiry
into the Aims of Science, Indiana U.P., Bloomington, 1961, p.
95)
Feyerabend sostiene que la descripción de los hechos depende
siempre de una teoría (aunque en general no de la que se contrasta) y que hay
hechos que sólo pueden salir a la luz con ayuda de teorías alternativas
incompatibles. Rechaza, por tanto, la tesis de que "los hechos existen y están
disponibles independientemente de la consideración de alternativas a la teoría
que se contrasta". La consecuencia de ello es lo que él caracteriza como la
inversión de la relación tradicional entre teoría y observación. El significado
de las oraciones de observación está determinado por las teorías con las que
están relacionadas, no son significativas a menos que se hayan relacionado con
las teorías:
La interpretación de un lenguaje de observación está
determinada por las teorías que usamos para explicar lo que observamos, y
cambia tan pronto como estas teorías cambian (Feyerabend, P.K., "An Attempt at
a Realistic Interpretation of Experience", en Feyerabend, Realism,
Rationalism and Scientific Method, Cambridge U.P., Nueva York, 1981,
17-36, § 6)
Kuhn sostuvo por su parte que las teorías contienen elementos
que determinan el contenido de la experiencia y que defensores de teorías
diferentes viven en mundos experienciales diferentes. También Lakatos apuntaba
en la misma dirección cuando afirmaba que en la contrastación no comparamos la
teoría con hechos neutros, sino con otras teorías más básicas presupuestas por
los hechos.
3.1.3.2 Observación y base empírica
Las teorías empíricas se generan a partir de una serie de
fenómenos de los que, tras la elaboración teórica, se pretende dar cuenta; esos
mismos fenómenos, u otros nuevos del mismo tipo, constituyen el ámbito de
experiencia sobre el que la teoría hace predicciones y se somete a
contrastación. Llamemos a estos datos, fenómenos o hechos que constituyen el
ámbito de experiencia y contrastación de una teoría, la base empírica o base de contrastación de la teoría en cuestión.
Por otro lado, aceptemos, como demuestran múltiples estudios
tanto empíricos como teóricos, que la observación "directa" incluye
conceptualización. A pesar de ello, cabe suponer que algunos aspectos de esta
conceptualización, los cognitivamente más básicos, serán generales, comunes a
todo sistema cognitivo (o al menos, en su dimensión biológica-evolutiva, comunes
a todos los seres humanos). Si eso es así, del hecho de que la observación
presuponga cierta conceptualización no se sigue que dicha conceptualización
dependa siempre esencialmente de las teorías científicas. Por tanto, si la base
de contrastación fuese observacional, ello no implicaría que lo que
cuenta como base empírica depende esencialmente de las teorías
científicas. En realidad, pues, lo que hay implícitamente detrás de las
consideraciones críticas sobre la carga teórica (científicamente teórica) de todo dato de contrastación es una puesta en cuestión del
supuesto de la Concepción Heredada de que la base de contrastación es en general
de naturaleza observacional. Tras muchas de las críticas a la supuesta
neutralidad de las observaciones, lo que hay en realidad es un rechazo a la
identificación entre base empírica de contrastación y experiencia directamente
observable. El principal motivo para identificar la base empírica con la
experiencia observable directa es el viejo anhelo empirista de fundamentar y
justificar todo nuestro conocimiento en la experiencia sensorial. Todo
conocimiento (empírico) empieza con las afecciones de nuestro entorno sobre
nuestro aparato sensorial y toda justificación del mismo debe apelar en última
instancia a esa "observación directa" del entorno. Pero, de este supuesto
razonable no se sigue que la justificación de cada pieza de nuestro conocimiento
deba proceder del mismo modo, que esta tesis global sea también válida
localmente. Puede ocurrir que, como organismos vivos, la interacción más básica
con nuestro entorno la realicemos en términos globales perceptualmente mediante
observación directa, pero que en algunas partes de nuestro sistema cognitivo,
especialmente en las muy complejas que dan lugar a las teorías científicas, la
base de experiencia no se dé a través de observación directa inmediata. Puede
que todo empiece por la observación pero, si el sistema cognitivo es modular y
jerárquico, no en todas partes. Si eso es así. La base de contrastación de
muchas, o (casi) todas, las teorías científicas puede estar constituida por
datos o fenómenos que no sean de observación directa; y, por tanto,
alternativamente, lo distintivo de los términos teóricos no será que denotan
entidades inobservables.
Putnam se opuso a identificar la distinción
"inobservable/observable" con "teórico/no teórico". Afirmaba, por un lado, que
hay teorías cuyo aparato teórico se refiere a entidades observables, y, por
otro, que casi nunca los fenómenos a explicar son accesibles mediante
observación directa. Se trata de dos dicotomías diferentes. Un término teórico
es un término que proviene de una teoría científica y "el problema apenas tocado
en treinta años que se lleva escribiendo acerca de 'términos teóricos' es qué es
lo realmente distintivo de dichos términos". Poco antes, Ryle había
distinguido entre expresiones de una teoría que están cargadas con el peso de
esa teoría particular y expresiones que no lo están. Estas consideraciones
apuntan a la idea de que un término es teórico o no en relación con una teoría
en función de si depende o no de la teoría en cuestión.
El primero en dar una caracterización mínimamente articulada y
elaborada de la nueva distinción que se está gestando fue Hempel, el cual divide
el vocabulario básico de cada teoría en dos clases que se pretenden nítidamente
separadas y relativizadas a una teoría específica. Una clase está formada por
los términos con los que se describen los fenómenos a explicar, la base
empírica. Estos términos constituyen el vocabulario preteórico. Estos
términos preteóricos no corresponden en general a situaciones observables en
sentido estricto, sino que a menudo se introducen en la ciencia en el contexto
de una teoría anterior. Los otros términos descriptivos usados en la teoría son
los que ella introduce para llevara cabo la elaboración teórica que da cuenta de
los fenómenos preteóricamente descritos; ellos constituyen el vocabulario
teórico de dicha teoría. Dos puntos importantes hay en esta nueva
distinción: a) es una distinción relativizada a las teorías, un término no es
teórico o preteórico sin más, sino respecto de una teoría específica, y, por
tanto, un término puede ser preteórico en una teoría y teórico en otra; aunque
no lo afirma explícitamente, de su caracterización informal parece seguirse que
un término puede ser preteórico en varias teorías, aunque normalmente será
teórico sólo en una; b) el criterio para la distinción es el uso o no del
término en la descripción de los fenómenos empíricos a explicar; por tanto, la
distinción será precisa en la medida en que se dé un criterio preciso para
determinar qué enunciados son los que describen los fenómenos a explicar.
Junto con esta nueva caracterización del vocabulario básico de
una teoría, Hempel introduce otra para los enunciados. Además de enunciados
puramente empíricos, la teoría contiene: (i) principios internos, que son
los que especifican "el escenario teórico", los que sistematizan el nuevo
aparato conceptual introducido por la teoría; (ii) principios puente, que
indican la forma en que "se relaciona lo que ocurre a nivel del escenario
teórico con los fenómenos que la teoría debe explicar".
En cuanto a la presunta función de los enunciados en la
fijación del significado de los términos, Hempel sostiene ahora que el
significado de los términos teóricos no está totalmente determinado por
los principios internos más los principios-puente. Ambos tipos de enunciados
ofrecen al aprendiz de la teoría el acceso principal a la comprensión de las
expresiones, pero no determinan completamente su significado. La idea clásica de
que el significado de los términos se fija completamente mediante
enunciados que los conectan con otros términos es errónea; y, el problema
del significado de los términos teóricos planteado en ese esquema no existe, es
un pseudo-problema. El motivo es que los términos científicos adquieren su
significado por vías diversas, quizá en algunos casos (parcialmente) mediante
enunciados, pero usualmente de otros modos.
Hempel considera ahora que la pretensión de la Concepción
Heredada de caracterizar una teoría empírica a través de su reconstrucción
axiomática es inadecuada, pues siempre hay varias axiomatizaciones posibles,
ninguna de las cuales expresa mejor que las otras la naturaleza de la teoría;
una teoría no se puede identificar pues con un sistema específico de
enunciados dotados de cierta estructura o sistematización.
3.2 La concepción historicista de las teorías
3.2.1 Los paradigmas-matrices disciplinares de Kuhn
3.2.1.1 Ciencia normal y ciencia revolucionaria
En las ciencias maduras, Kuhn distingue dos modos de "hacer
ciencia" que, además, se suceden históricamente. Al primero lo llama normal pues es el modo usual en que opera la ciencia, la manera en que
ésta se desarrolla la mayor parte del tiempo. Al segundo lo denomina no-normal o extraordinario y, a veces, revolucionario.
Los períodos de ciencia normal se caracterizan por el hecho de
que la comunidad de científicos que trabaja en un determinado ámbito comparten
ciertos presupuestos de muy diverso tipo (teóricos, experimentales,
metodológicos y otros) que son los que les permiten ir haciendo ciencia.
Estos elementos compartidos se encuentran, implícitamente unos, explícitamente
otros, en los canales usuales de enseñanza y transmisión de una disciplina
(principalmente los libros de texto) y el futuro científico los adquiere por
regla general en su período de aprendizaje. En ciencia normal la tarea casi
exclusiva consiste en lo que Kuhn llama trabajo de resolución de enigmas o
rompecabezas. Esta tarea consiste, grosso modo, en ir ampliando y
perfeccionando la aplicación del aparato teórico-conceptual a la experiencia, y
a la vez y como consecuencia de ello, en ir ajustando y puliendo la base
teórico-conceptual. Algunas de las tareas típicas de la investigación normal son
la precisión de constantes ya conocidas, la determinación de otras nuevas,
encontrar formas específicas de leyes generales y aplicar las ya disponibles a
nuevos fenómenos. Para llevar a cabo este trabajo es esencial que el científico
no cuestiones los supuestos compartidos, pues son precisamente ellos los que
guían su investigación y les permiten abrigar esperanzas de éxito. La ciencia
normal no discute sobre fundamentos ni "tiende hacia novedades fácticas o
teóricas y, cuando tiene éxito, no descubre ninguna".
Ahora bien, la ciencia normal es sólo un modo en que se
desarrolla la empresa científica. La ciencia (madura) no discurre siempre de
este modo. Un tipo importante de enigmas tiene que ver con la presencia de anomalías, experiencias que "no encajan" en el aparato teórico. Aunque a
menudo se resuelven con éxito, a veces algunas anomalías (o, más raramente,
algún otro tipo de enigma) se muestran recalcitrantes. Si ello ocurre con
varias, o con alguna considerada especialmente importante, puede ocurrir que,
tras cierto tiempo, algunos miembros de la comunidad desesperen de encontrar una
solución, o que, aunque la encuentren, consideren excesivas las modificaciones normales a que obliga. Cuando este sentimiento se generaliza en la
comunidad científica sobreviene una crisis: se comienzan a cuestionar los
supuestos que guiaban la investigación, se pierde la confianza en ellos y se
empieza a revisar y a discutir los fundamentos. En estos períodos de crisis se
suceden propuestas alternativas hasta que en torno a alguna de ellas se comienza
a organizar un nuevo cuerpo de supuestos desde los que mirar las viejas cosas de
un modo nuevo y más prometedor. Con el tiempo, y si el trabajo basado en los
nuevos supuestos permite abrigar esperanzas de éxito, reciben la confianza de
los especialistas de la comunidad y acaban suplantando a los antiguos como guía
para la investigación. Los viejos supuestos son desplazados por los nuevos
consumándose lo que Kuhn llama una revolución científica, tras la cual se
inicia un nuevo período de ciencia normal.
El paso de un período normal a otro no viene obligado por
necesidad lógica. Se trata de un desplazamiento de confianza y, en ausencia de
un nuevo programa, el antiguo puede mantenerse largo tiempo aunque haya entrado
en crisis.
3.2.1.2 Paradigmas qua matrices disciplinares
Para Kuhn un paradigma es el conjunto de supuestos compartidos
por una comunidad que guían su investigación normal. La ciencia normal es ciencia-basada-en-(un)-paradigma y la ciencia extraordinaria o
revolucionaria es el paso de un paradigma a otro. En esta última, al igual que
en la fase inmadura o preparadigmática de una disciplina, se trabaja (sin el
dominio de un) paradigma, hay una proliferación de hipótesis diferentes.
Las disciplinas maduras, aquellas en que ha surgido ya un primer paradigma, se
desarrollan de paradigma en paradigma a través de revoluciones. Sin
embargo, el término paradigma es enormemente ambiguo; por ello, en trabajos
posteriores a La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn intenta
distinguir y precisar los diferentes sentidos con que introdujo el término
paradigma en esta obra. Los diversos usos que de él hacía en su primera obra los
reagrupa ahora en dos sentidos principales. El primero es global y comprende
todos los compromisos compartidos por un grupo científico, la completa
constelación de creencias, valores, técnicas y demás elementos compartidos por
los miembros de una comunidad científica dada. El segundo denota un componente
específico de lo anterior, un tipo especialmente importante de tales
compromisos. Kuhn denomina en estos trabajos "matriz disciplinar" a lo primero y
"ejemplar" a lo segundo.
Un paradigma qua matriz disciplinar es lo compartido por
una comunidad científica, lo que guía en un momento dado su investigación
normal.
3.2.2 Los programas de investigación de Lakatos
Lakatos parte de las observaciones de Popper sobre el conocimiento de fondo y la contrastación y las lleva a sus últimas
consecuencias. Lo que se evalúa en la contrastación, dice, no es una teoría comparada con los hechos sino un conjunto de (mini)teorías, de diferente
estatus metodológico, comparadas entre sí:
El conflicto no sucede "entre teorías y hechos", sino entre
dos teorías de nivel elevado; entre una teoría interpretativa que
suministra los hechos, y una teoría explicativa que los explica [...],
no es de que nosotros propongamos una teoría y la Naturaleza pueda gritar NO;
se trata, más bien, de que proponemos un conjunto de teorías y la Naturaleza
puede gritar INCONSISTENTES" (Lakatos, I., "La falsación y la metodología de
los programas de investigación científica", en Lakatos, I., La metodología
de los programas de investgigación científica, Madrid, Alianza, 1982, p.
62)
Este conflicto se intenta resolver modificando algunos
elementos de la red y se genera así una sucesión de teorías-redes ligadas por
"una notable continuidad". Esta serie o sucesión de teoría es lo que Lakatos
llama un "programa de investigación".
Todos los programas tienen un núcleo que los vertebra y
les confiere unidad. Este núcleo lleva asociada una heurística que determina dos
tipos de reglas metodológicas: unas nos dicen qué senderos de investigación
hemos de evitar, heurística negativa, y otras qué senderos hemos de
seguir, heurística positiva. La heurística negativa prohibe, por
decisión, aplicar la refutación al núcleo, para lo cual se debe articular un cinturón protector de hipótesis auxiliares o complementarias que sí se
consideran modificables. La heurística positiva sugiere cómo modificar y
desarrollar esta parte "refutable" del programa.
Todos los programas de investigación científica pueden ser
caracterizados por su "núcleo firme". La heurística negativa del programa
impide que apliquemos el modus tollens a este "núcleo firme". Por el
contrario, debemos utilizar nuestra inteligencia para incorporar e incluso
inventar hipótesis auxiliares que formen un cinturón protector en torno
a ese centro, y contra ellas debemos dirigir el modus tollens.
El cinturón de hipótesis auxiliares debe recibir los impactos de las
contrastaciones y para defender al núcleo firme, será ajustado y reajustado e
incluso completamente sustituido [...] Este "núcleo" es "irrefutable" por
decisión metodológica de sus defensores [...] La heurística negativa
especifica el núcleo firme del programa que es "irrefutable" por decisión
metodológica de sus defensores; la heurística positiva consta de un conjunto,
parcialmente estructurado, de sugerencias o pistas sobre cómo cambiar y
desarrollar las "versiones refutables" del programa de investigación, sobre
cómo modificar y complicar el cinturón protector "refutable" (ibid.,
pp. 66, 67 y 68-69)
El resultado de aplicar esta metodología constituye la
evolución de una teoría científica; en términos de Lakatos, se trata de una
sucesión de diferentes versiones del mismo programa, esto es, en torno a un
mismo núcleo. Un programa es progresivo si predice hechos que se
constatan después, y es, o está, estancado si sólo "postdice", esto es,
si sólo ofrece explicaciones ad hoc de hechos (para él) inesperados. Esto
exige dos cualificaciones. En primer lugar, el juicio requiere cierta
perspectiva histórica, esto es, a los programas incipientes es racional
"concederles cierto tiempo". Por otro lado, e incluso garantizada la perspectiva
histórica, las cosas no siempre están tan claras, los casos mencionados son más
bien idealizaciones y hay numerosos casos intermedios. Esta tipología idealizada
de programas no debe tomarse como un criterio cuasiformal de sustitución: nada obliga, y por supuesto la lógica más "los hechos" tampoco, a abandonar un
programa estancado, aunque sólo sea porque siempre es posible su "resurrección",
esto es, de todo programa estancado siempre es en principio posible que se
convierta de nuevo en uno progresivo.
3.2.3 Las tradiciones de investigación de Laudan
Laudan comienza distinguiendo dos sentidos del término "teoría
científica", dos tipos de "redes proposicionales". En primer lugar, el término
puede denotar un conjunto relativamente específico de doctrinas, leyes,
hipótesis o principios relacionados, que se usan para hacer predicciones
experimentales y ofrecer explicaciones de fenómenos naturales. Ejemplos de ello
son la teoría newtoniana de la luz, el electromagnetismo de Maxwell, la teoría
atómica de Bohr. Además, el término se usa también para referirse a conjuntos de
doctrinas o supuestos "mucho más generales y muchos menos fácilmente
corroborables empíricamente". Ejemplos de ello son la teoría de la evolución, la
teoría atómica o la teoría cinética de los gases. Las teorías en este segundo
sentido consisten, al menos, en familias enteras de teorías en el primer sentido
vinculadas por principios metodológicos u ontológicos muy generales. De estas
teorías generales, en el segundo sentido del término, es de lo que pretende dar
cuenta su noción de tradición de investigación. Los principales elementos
que caracterizan a estas tradiciones de investigación son:
-
Compromisos metafísicos. Conjunto de creencias
acerca de qué tipo de entidades y procesos constituyen el dominio de
investigación
-
Normas epistémicas y metodológicas. Normas acerca de
cómo tiene que investigarse el dominio, cuál es el conocimiento de fondo
intocable, cómo han de someterse a prueba las hipótesis, cómo han de
recogerse los datos, cómo han de evaluarse la solución a los problemas,
etc.
Conjuntamente, los compromisos metafísicos y las normas epistémicas
y metodológicas proporcionan a la tradición una heurística,
orientaciones para la investigación, y una axiología, normas de
evaluación.
-
Articulación teórica. Las tradiciones poseen un cierto
número de teorías específicas asociadas que las ejemplifican y
las constituyen parcialmente. Son los elementos empíricamente contrastables de
la tradición, el "lugar" donde se contrasta la tradición con la experiencia.
-
Resolución de problemas. La finalidad de las
tradiciones, con relación a la cual se evalúan globalmente, es la resolución de problemas. Los problemas son de dos tipos:
-
Problemas empíricos. Derivados de la aplicación de
las teorías específicas al dominio empírico de investigación. Estos
problemas pueden ser (estar): resueltos, los casos de aplicación al
dominio empírico exitosos según los estándares de la tradición; potenciales, los casos de aplicación que la tradición considera que
deben resolverse, pero todavía no resueltos por la tradición en cuestión ni
por ninguna otra; anómalos, los casos de aplicación que la tradición
considera que deben resolverse, que ella todavía no ha resuelto y que han
sido resueltos en otra tradición alternativa.
-
Problemas conceptuales. Relativos a la
estructuración conceptual de alguna teoría específica. Se dan en los
siguientes casos: cuando la teoría es inconsistente; cuando contiene
supuestos inaceptablemente ambiguos; cuando algunas de sus hipótesis
contravienen otras teorías específicas, o los supuestos metafísicos
predominantes; cuando sus afirmaciones no proceden según las doctrinas
metodológicas y epistemológicas; cuando no acierta a integrar conceptos y
principios de teorías más generales a las que está
subordinada.
Desarrollo histórico. Las tradiciones discurren en el
tiempo a través de un cierto número de formulaciones. Estas formulaciones son
la respuesta en un momento específico a la evaluación negativa sobre la
solución dada a alguno o varios de los problemas. El modo más usual en que
cambia una tradición es modificando sus teorías específicas, pero
ocasionalmente puede cambiar alguno de sus elementos nucleares más básicos.
-
Coexistencia. Las tradiciones no son "dominantes", no
se imponen por períodos. En cierto momento dado, en contra de lo que sugiere
Kuhn, la coexistencia de tradiciones de investigación rivales es la regla, y
no la excepción.
3.3 La concepción estructuralista de las teorías
Una teoría tiene, una parte formal y otra aplicativa. Pero ambas partes se articulan a su vez, en diversos niveles
de especificidad. Esta idea de los diversos niveles de especificidad se expresa
mediante la noción de red teórica, que describe en toda su riqueza la
estructura sincrónica de las teorías, su imagen "congelada" en un momento dado
de su evolución. Las redes están formadas por diversos elementos estratificados
según su especificidad. Cada uno de estos elementos tiene una parte formal y
otra aplicativa. La parte formal global de la teoría-red queda expresada por el
conjunto de las partes formales de los elementos constituyentes; su parte
aplicativa global por el conjunto de las partes aplicativas de sus
constituyentes. A estos elementos constituyentes se les denomina elementos
teóricos. La parte formal de los elementos teóricos se denomina núcleo y su parte aplicativa, dominio de aplicaciones pretendidas (o
intencionales).
3.3.1 El núcleo K
El núcleo expresa la parte formal de la teoría, las
tradicionales leyes. Las leyes no se expresan en términos lingüísticos sino
modelísticos, entendiendo los modelos como estructuras conjuntistas definidas
mediante la introducción de cierto predicado. El núcleo K contiene entonces una
serie de modelos, las estructuras que satisfacen los axiomas del predicado. Sin
embargo, para el estructuralismo no es adecuado identificar el núcleo con un
único conjunto de modelos. Es conveniente que la expresión modelística de la
parte formal de la teoría recoja y haga explícitos los diversos elementos
distintivos.
3.3.1.1 Modelos potenciales y modelos actuales
Se denominan modelos potenciales (de la teoría en
cuestión), Mp, a las estructuras que satisfacen los axiomas impropios o
tipificaciones, y modelos actuales (de la teoría en cuestión), M, a las
estructuras que satisfacen, además, los axiomas propios que expresan
constricciones no meramente lógicas. Los modelos potenciales son potenciales porque pueden ser modelos efectivos de la teoría,
porque son las entidades de las que tiene sentido preguntarse si satisfacen o no
las leyes propiamente dichas. Aquellos modelos potenciales que, además de las
tipificaciones, satisfacen las leyes propiamente dichas son los modelos actuales
o efectivos. Es inmediato, por tanto, que M Í Mp.
3.3.1.2 Condiciones de ligadura
Las leyes usuales no son las únicas que imponen condiciones
adicionales efectivas a los modelos potenciales. Por ejemplo, según la mecánica
clásica no puede ser que una partícula p tenga una masa en un modelo x y otra
masa diferente en otro modelo y. La teoría tampoco permite que si un modelo x
contiene una partícula p1, que es la combinación de dos partículas
p2 y p3, haya modelos que asignen a p2 y
p3 masas cuya suma no coincida con a asignada a p1 en x.
La primera condición expresa simplemente que la masa de una partícula es
constante, y la segunda que la masa es aditiva, esto es, la masa de un compuesto
es la suma de las masas de sus componentes. Este tipo de condiciones intermodélicas son las que permiten "transportar la información" de unos
modelos a otros.
No hay manera de expresar este tipo de constricciones mediante
los axiomas usuales, pues éstos se aplican a modelos sueltos. La condición que
define la ligadura de identidad para la masa es la siguiente: "para toda
partícula p, y modelos potenciales x, y (que tengan a p en su dominio):
mx(p) = my(p)". Esta condición no es satisfecha o
insatisfecha por modelos potenciales sueltos sino por grupos de ellos: si un
conjunto tiene dos modelos con una partícula común a ambos dominios y en cada
uno la función m asigna a esa partícula valores diferentes, no satisface la
condición; si todos los modelos del conjunto asignan a las partículas comunes de
sus dominios la misma masa, sí las satisface. El efecto que tiene esta
condición, por tanto, no es determinar un conjunto de modelos, sino un conjunto
de conjunto de modelos; esto es, agrupa los modelos en grupos, grupos tales que,
en cada uno, sus modelos asignan a una misma partícula una misma masa; cada
grupo se caracteriza porque en él los modelos asignan a cada partícula
determinada masa. Una condición que es satisfecha o no por modelos sueltos
define un conjunto de modelos, el conjunto de los modelos que la
satisfacen. Una condición que es satisfecha o no por un conjunto de modelos,
define un conjunto de conjuntos de modelos, el conjunto de los conjuntos
de modelos que la satisface.
Puede haber varias ligaduras en una misma teoría, y lo que
interesa es tener identificado el efecto combinado de todas ellas. A este efecto
combinado o suma de las ligaduras se la denomina ligadura global y se
denota mediante "GC". Puesto que cada ligadura es determinado subconjunto
{{x1, y1, z1, ...}, {x2,
y2, ...}, ...} de Pot(Mp), la ligadura global se identifica con su
interpretación conjuntista, pues los elementos de dicha intersección satisfarán
a la vez todas las condiciones de la ligadura.
3.3.1.3 T-teoricidad y modelos parciales
El estructuralismo rechaza la distinción
"teórico/observacional" por ambigua. Esta distinción esconde en realidad dos:
"observable/inobservable" de un lado, y "no teórico/teórico" de otro. Ambas
distinciones no coinciden intensionalmente ni extensionalmente. La
primera distinción no tiene relevancia alguna para el análisis local de
la estructura de las teorías. Para el análisis local de la estructura de las
teorías la distinción relevante es la segunda, pero en este caso no se trata ya
de una distinción absoluta, sino que está relativizada a las teorías. Un
término, o un concepto, o una entidad, no es teórico o no teórico sin más, sino relativamente a una teoría dada. Por eso no se debe hablar de teoricidad
cuanto de T-teoricidad, teoricidad relativamente a una teoría T. La idea es que
un concepto es T-teórico si es un concepto propio de la teoría T,
"introducido" por ella, y es T-no teórico si es un concepto disponible
previamente a T. La cuestión es precisar esta intuición.
La formulación precisa del criterio de T-teoricidad usa de la
noción técnica de procedimiento de determinación. Determinar un concepto
es determinar si se aplica o no a un objeto particular dado, o si es
cuantitativo, determinar el valor de la magnitud para el objeto. Los modos para
proceder a ello son los procedimientos de determinación de los conceptos. Puedo
determinar la distancia entre la Tierra y la Luna haciendo ciertos cálculos a
partir del período de rotación y las masas correspondientes. Puedo determinarlo
también mediante ciertos procedimientos óptico-geométricos. Pues bien, si un
concepto es T-no teórico, si es "anterior" a T, entonces tendrá al menos algunos
procedimientos de determinación independientes de T; en cambio, si es
T-teórico, si es propio de T, su determinación depende siempre de T. Un
procedimiento de determinación se considera dependiente de la teoría T si
presupone la aplicabilidad de T, la validez de sus leyes, esto es, si usa o
presupone modelos actuales de T. La idea es que un concepto es T-teórico si no
se puede determinar sin presuponer la aplicabilidad de T, si todo procedimiento para su determinación la presupone; y es T-no teórico si tiene algún procedimiento de determinación T-independiente, si es posible
determinarlo sin suponer la aplicación de la teoría, por más que también tenga
otros T-dependientes.
La noción de T-teoricidad permite precisar el último componente
del núcleo. Hemos visto que los modelos potenciales expresan el aparato
conceptual de la teoría. Es conveniente ahora distinguir en el núcleo entre el
aparato conceptual global de la teoría y el aparato conceptual específico de
ella. Esto es, distinguir los modelos que usan todo el aparato conceptual de la
teoría de aquellos que usan sólo conceptos previamente disponibles, en esa
diferencia radica la contribución conceptual específica de la teoría. La
determinación de esos modelos que no contienen el aparato específico de la
teoría es sencilla una vez se dispone de la noción de T-teoricidad, pues tales
modelos contienen como constituyentes exclusivamente las entidades
correspondientes a los conceptos T-no teóricos; esto es, estos modelos se
obtienen a partir de los modelos potenciales "recortando" de ellos las entidades
T-teóricas. A estos modelos se les denomina modelos (potenciales)
parciales, y se denota su conjunto mediante "Mpp". Así, en general, se puede
definir una función recorte r que genera los modelos parciales a
partir de los potenciales. Si los modelos potenciales de T son estructuras del
tipo x = <D1, ..., Dk, ..., R1, ...,
Rn, ..., Rm> y Rn+1, ..., Rm son
T-teóricos, entonces r(x) = <D1, ..., Dk, ...,
R1, ..., Rn>. El conjunto Mpp de los modelos parciales
es entonces simplemente el conjunto de los modelos potenciales una vez que hemos
recortado de ellos las funciones T-teóricas: Mpp =def{y / $ x Î Mp : y = r(x)} o,
abreviadamente, Mpp =def r[Mp], donde "r[...]" denota
la función recorte aplicada a conjuntos de modelos.
3.3.2 Aplicaciones intencionales
El núcleo K es el componente formal de la teoría, pero no el
único. En las concepciones semánticas, las teorías empíricas pretenden
que las constricciones de K lo son de ciertas partes de la realidad
física, los sistemas empíricos a los que se pretende aplicar el núcleo.
Estos sistemas empíricos se denominan en el estructuralismo aplicaciones
pretendidas o intencionales, y se denota su conjunto mediante "I".
La caracterización estructuralista de los dominios de
aplicaciones contiene los siguientes elementos. En primer lugar, las
aplicaciones pretendidas de una teoría t se individualizan y describen mediante
el vocabulario previo a T, esto es, mediante el aparato conceptual T-no teórico.
Por tanto, las aplicaciones pretendidas que conforman la base empírica de la
teoría, los "datos" de la teoría, ciertamente están cargados de teoría, pero no
de la teoría para la que son datos sino de otra previa o antecedente.
Formalmente, ello se traduce en que cada aplicación pretendida es un determinado
sistema que contiene exclusivamente entidades T-no teóricas. Cada aplicación
pretendida es entonces un determinado modelo parcial y el conjunto I de
todas ellas es, por tanto, cierto subconjunto de Mpp: I Í Mpp.
El segundo hecho a destacar es que la selección de las
aplicaciones, la determinación de I, contiene elementos pragmáticos
ineliminables, pues tal determinación es esencialmente intencional y paradigmática. La determinación es intencional porque lo que hace de un
sistema específico que sea una aplicación pretendida es que sea un objeto
intencional de los usuarios de la teoría, que la comunidad científica pretenda que las constricciones-leyes se aplican a tal sistema. Y es
paradigmática porque el conjunto I no se presenta "listando" todos y cada uno de
los sistemas físicos que son aplicaciones pretendidas, sino
"paradigmáticamente".
3.3.3 Las teorías como elementos teóricos. Contenido y aserción
empírica
3.3.3.1 Elementos teóricos
Un elemento teórico, una teoría en sentido mínimo, está
constituido por (1) una parte formal que expresa los recursos conceptuales a
diferentes niveles y las constricciones-leyes que según la teoría rigen su
ámbito de estudio, y (2) una parte aplicativa que especifica en términos
preteóricos los sistemas físicos a los que la teoría pretende aplicarse, de los
que pretende que son regidos por sus constricciones-leyes. Un elemento teórico T
se identifica entonces con el par formado por el núcleo K, la parte formal, y el
dominio de aplicaciones I, la parte aplicativa: T = <K,I>.
3.3.3.2 Contenido teórico y contenido empírico
El núcleo K expresa la parte matemático-formal de la teoría. Es
en ella donde se presentan las condiciones que, según la teoría, rigen las
"partes de la realidad" de que ella trata. Estas condiciones consisten
básicamente en las leyes propiamente dichas de un lado, y las condiciones de
ligadura de otro, que en el núcleo se corresponden, respectivamente, con los
conjuntos M y GC. Sin embargo, la teoría, al aplicarse, no pretende que estas
condiciones rigen aisladamente o separadas, sino que las aplicaciones satisfacen
todas las restricciones a la vez, tanto las leyes como las ligaduras. Es
conveniente entonces "juntar" ambos tipos de restricciones, presentar su efecto
restrictivo conjunto. Esto se expresa mediante la noción de contenido
teórico, "Cont". El contenido teórico, esto es, el efecto
combinado de leyes y ligaduras, queda representado mediante la apropiada
intersección conjuntista de los conjuntos M y GC. Como M es un conjunto
{x1, x2, x3, ..., x9, ...,
x15, ...}de determinados modelos potenciales (M Í Mp) y GC es un conjunto {{x1, x2,
x5, ...}, {x4, x7, x9, ...}, ...,
{..., x15, ...}} de conjuntos de modelos potenciales (GC Í Pot(Mp)), la intersección apropiada correspondiente a la
combinación de ambos tipos de condiciones no es la de GC con M, sino la de GC
con Pot(M), esto es: Cont =def Pot(M) Ç GC. Es inmediato que Cont Í Pot(Mp), el contenido teórico de T, es un conjunto de
conjuntos de modelos potenciales, el conjunto cuyos elementos son conjuntos
tales que: (1) satisfacen las ligaduras; y (2) están formados por modelos que
satisfacen las leyes de la teoría, los axiomas propios del predicado
conjuntista.
La noción central para expresar la aserción empírica es la de contenido empírico, que se deriva de la de contenido teórico. El
contenido empírico es el "contenido contrastacional"; en la versión tradicional,
las consecuencias empíricas de la teoría. El contenido empírico recoge los
(conjuntos de) modelos parciales que resultan de recortar los componentes
T-teóricos de los modelos potenciales que satisfacen las restricciones. O de
otro modo, los modelos parciales que es posible aumentar con componentes
T-teóricos de forma que se cumplan las restricciones (y si las restricciones son
efectivamente tales, no todo modelo parcial es aumentable de esta forma). Así,
si denotamos mediante "Con" el conjunto que expresa el contenido empírico, dicho
conjunto es el resultado de recortar los componentes T-teóricos en los modelos
que aparecen en Cont, abreviadamente: Con = r[[Cont]] (r(...) se aplica a modelos sueltos, r[...] se aplica a conjuntos de modelos, r[[...]] es la función
recorte aplicada a conjuntos de conjuntos de modelos, como Cont.
3.3.3.3 Aserción empírica
La teoría pretende que ciertos sistemas
físico, T-no teóricamente descritos, satisfacen las condiciones impuestas por la
teoría en el sentido siguiente: ésos son los datos de experiencia que se
deberían obtener si la realidad operase como la teoría dice. Esta pretensión se
expresa en la
aserción empírica de la teoría. Por todo lo anterior debe
ser claro que la forma lógica que corresponde a la aserción es "I
Î Con", esto es, el dominio de aplicaciones pretendidas I es
uno de los conjuntos de modelos parciales, T-no teóricos, que las constricciones
del núcleo K determinan a nivel empírico.
La aserción afirma que ciertos sistemas empíricos concretos,
descritos T-no teóricamente, tienen el comportamiento que las restricciones
legales determinan a nivel T-no teórico. Tomemos un sistema empírico que se
comporta de cierto modo según ciertos parámetros T-no teóricos. Que la
aserción sea cierta significa que ése es justamente el modo en que le
corresponde comportarse si están presentes en él los parámetros T-teóricos que
la teoría postula y éstos se relacionan con los T-no teóricos de la forma que
establecen las leyes. Es decir, los sistemas de I son modelos parciales que
pueden ampliarse con funciones T-teóricas de modo que se obtengan modelos que
satisfacen aisladamente las leyes y conjuntamente las ligaduras. En este
sentido, la aserción afirma que la experiencia es subsumible o encaja en la teoría.
Aunque la experiencia o los datos están "cargados de teoría",
eso no tiene consecuencias autojustificativas para la aserción. Se seleccionan
intencionalmente ciertos sistemas físicos. Primero, se hacen ciertos cálculos
suponiendo que en los sistemas está actuando todo lo que postula la teoría y del
modo como ella establece. Segundo, e independientemente, se determinan en
los sistemas los valores de ciertas magnitudes cuya medición no presupone la
aplicación o validez de la teoría. Por último, se comprueba si esos valores
coinciden con los calculados. No hay autojustificación en absoluto (al menos en
sentido local). La aserción puede ser perfectamente falsa, lo es si los valores
simplemente no coinciden.
3.3.4 Vínculos interteóricos y holones
Las teorías no son entidades aisladas, sino que mantienen
estrechas relaciones entre sí. Algunas de esas relaciones se expresan mediante
"leyes mixtas" o "leyes puente", miente postulados que involucran conceptos de
diversas teorías. Las teorías mantienen pues vínculos interteóricos. En
principio los vínculos pueden relacionar varias teorías a la vez, pero lo usual
parece ser que relacionen dos teorías.
Los vínculos interteóricos tienen, como las leyes propias de la
teoría, efectos restrictivos sobre los modelos, pero a diferencia de ellas no
son satisfechas o insatisfechas por modelos potenciales de una única teoría sino
por pares (en el caso de los vínculos binarios) de modelos potenciales de
teorías diferentes. Las leyes propias determinan un subconjunto de modelos
potenciales, aquellos que las satisfacen (e.e. los modelos actuales). Los
vínculos interteóricos no determinan directamente un subconjunto de
modelos potenciales de una teoría. Si Mp y Mp' son respectivamente los conjuntos
de modelos potenciales de dos teorías T y T', entonces el producto cartesiano Mp ´ Mp' contiene todos los pares posibles de modelos de
ambas. Pues bien, dado un determinado principio puente entre T y T', sólo
algunos de esos pares satisfarán dicho principio, por lo que se puede considerar
que el principio en cuestión determina o define cierto subconjunto L de Mp ´ Mp', el conjunto de pares de modelos que lo satisfacen. Por
tanto, los principios puente determinan primariamente conjuntos de pares
de modelos.
4. Modelos
Se puede llamar teorías a las leyes de nivel superior, que sólo
se pueden someter a contrastación en forma indirecta, valiéndose de las
consecuencias de las leyes de nivel inferior que se deduzcan de ellas, lo cual
indicaría que están menos atadas por un vínculo directo a la observación y la
experimentación.
Leyes y teorías son de igual género y forma, aunque difieren en
cuanto a generalidad, abstracción o grado de confirmación.
Las teorías se ocupan de los modelos, y por ello son distintas
de las leyes, ya que cada teoría afirma explícitamente que existe algo de tal o
cual tipo, cuyas operaciones y relaciones se describen mediante unas leyes. En
este sentido, toda teoría explica estas últimas, al pintarlas como descripciones
del comportamiento de ciertas entidades caracterizadas por ella misma o de las
relaciones que existan entre tales entidades.
Un modelo de una teoría puede definirse como una realización
posible en la cual se satisfacen todos los enunciados válidos de la teoría, y
una realización posible de una teoría es una entidad con la estructura
conjuntista apropiada. Por ejemplo, podemos caracterizar una realización posible
de la teoría matemática de grupos como una par ordenado cuyo primer miembro es
un conjunto no vacío y cuyo segundo miembro es una operación binaria sobre ese
conjunto. Una realización posible de la teoría de grupos es un modelo de la
teoría si los axiomas de la teoría son satisfechos en la realización, ya que en
este caso los enunciados válidos de la teoría son definidos como aquellos
enunciados que son consecuencias lógicas de los axiomas.
Cabe distinguir hasta cinco sentidos diferentes en el uso del
concepto "modelo" en relación con las teorías:
-
Modelos lógicos. Son las interpretaciones semánticas
de un sistema de axiomas (por ejemplo, del cálculo de una teoría) tales que
los axiomas son verdaderos para dichas interpretaciones. Los modelos no tienen
por qué ser entidades lingüísticas, pero sí han de ser isomorfos en su
estructura lógica a la de la teoría.
-
Modelos matemáticos. Son representaciones aritméticas
de una teoría empírica; es decir, un conjunto de proposiciones matemáticas que
tienen la misma forma que las leyes de la teoría. También hay isomorfismo
estructural.
-
Modelos analógicos. Son representaciones físicas
tridimensionales de un objeto o de un sistema, como por ejemplo un planetario,
o los modelos mecánicos del éter de Kelvin, o en general los gráficos. También
hay isomorfismo.
-
Modelos teóricos. Conjunto de asunciones sobre un
objeto que permiten atribuirle una estructura interna, como por ejemplo el
modelo atómico de Bohr, o el modelo de la mesa de billar para la teoría
cinética de los gases. Suelen identificarse con la teoría, recibiendo una
interpretación realista.
-
Modelos imaginarios. Conjunto de asunciones sobre un
objeto que muestran lo que debería ser si satisficiese determinadas
condiciones que, de hecho, no satisface. Ejemplos: el modelo de Poincaré para
una geometría de Lobatchevski, o el modelo de campo magnético propuesto por
Maxwell. Estudian los objetos y los sistemas como si fuesen conforme al modelo
y desempeñan una importante función heurística.
-
En el modelo deductivo (lógico) las teorías son leyes de nivel
superior, y los términos que aparecen en ellas son teoréticos, pero estos son
reductibles a términos empíricos cuando se reducen las teorías a sus
consecuencias empíricas que son las que contienen los términos de observación
directos o términos básicos merced a los cuales, por indirectamente
que sea, la teoría hace referencia a la experiencia, o a la experimentación.
Las leyes científicas pueden interpretarse mediante dos modelos
distintos posibles (realista y fenomenista), pero de esto hecho surgen dos
conclusiones: 1) que la ley, en sí misma, no determina un modelo único, sino que
la interpretación de los términos y las relaciones que aparezcan en ella dentro
de uno u otro marco conceptual constituye el modelo del dominio, cuyas
propiedades y relaciones se describan por la ley; y 2) que las leyes, en sí
mismas, no son la totalidad de lo que entendemos por explicación, ya que la
función de los modelos es darnos cierta comprensión de aquello de lo que se
ocupan las leyes, y de porqué funciona del modo que lo hace.
Los modelos no son simplemente imágenes literales ni juguetes
mecánicos que nos ayuden a palpar el sentido de las descripciones legaliformes,
sino que pueden ser sumamente abstractos e involucrar relaciones no
representables en una imagen: en este sentido, un modelo puede ser una "imagen"
teorética, no simplemente mecánica. Lo que los distingue netamente de las leyes
es que éstas, en sí mismas, sólo sirven como marco para efectuar
interpretaciones, sin conllevar su propia interpretación.
Los modelos poseen la característica de que se gastan y de que
podemos adoptarlos cuando los necesitemos y tirarlos por la borda cuando dejen
de explicar.
4.1 Los cuatro modelos de explicación científica según Nagel
4.1.1 El modelo nomológico-deductivo de explicación
Este modelo es un modelo formal que intenta estudiar las
relaciones entre enunciados dentro de la estructura que se considera como
característica de las explicaciones científicas. La teoría formal de tal modelo
es un sistema lógico de inferencia deductiva que consiste en obtener, mediante
una regla de inferencia, un enunciado particular a partir de una premisa mayor y
otra menor, de las cuales la primera contiene un enunciado universal y la
segunda uno particular. La regla de inferencia que se emplea en este modelo es
el modus ponendo ponens, que presenta la forma
(1) P ® Q
(2) P
----------------
(3) Q
La interpretación que se da a esta regla es: (1) es un
enunciado condicional universal; (2) es la afirmación de que las condiciones
expresadas en el antecedente se dan en la realidad; (3) es la consecuencia
deductiva de que si hay casos particulares del antecedente que son ciertos,
habrá casos particulares del consecuente que también lo son.
Esta regla ejemplifica el tipo de regla que constituye la norma
en las explicaciones científicas, se considera de hecho que una hipótesis
fáctica se confirma en un caso particular si, al cumplirse las condiciones del
antecedente, se observa la consecuencia prevista.
Según esto, explicar consiste en demostrar que un enunciado
acerca de un suceso singular puede presentarse como consecuencia deductiva de
una ley y unas condiciones universales. Este modelo recibe por ello el nombre de nomológico.
Este modelo exige que se disponga de un enunciado universal
como premisa y de unos enunciados singulares verdaderos o presuntamente
verdaderos; en él la predicción y la explicación son simétricas:
cuando se sabe que (3) es cierto, se aducen (1) y (2) para explicitarlo, y
cuando se afirman (1) y (2), (3) puede servir de predicción. La dificultad aquí
estriba en afirmar (1), pues si es un enunciado universal, no podrá saberse si
es cierto, sino sólo que constituye objeto de creencia justificada o racional;
al ser (1) una ley científica, será hipotética, es decir, falible o posiblemente
falsa; mas, siendo (1) falso, puede conducir con todo a una inferencia válida,
pues el criterio para determinar si una inferencia es válida es que las premisas
verdaderas no pueden dar una conclusión falsa, mientras que las falsas pueden
conducir a verdades mediante tal inferencia.
El modelo deductivo sirve para generar predicciones que puedan
falsas la hipótesis, porque si (3), que es una predicción deducida del
explicador resultase falsa, el explicador no podría ser cierto; la regla de
inferencia indica que las verdades no pueden dar falsedades mediante una
inferencia válida.
A partir de aquí Popper concluye que las leyes de la ciencia no
pueden confirmarse mediante casos singulares positivos, sino sólo falsarse
mediante casos negativos; y la utilidad de las hipótesis en forma de
generalizaciones legaliformes estribaría en que generan enunciados falsables
acerca de casos singulares que serían los únicos que permitirían contrastar
tales generalizaciones mediante el hecho de su falsabilidad. Popper sostiene que
una hipótesis se corrobora en el grado en que tales contrastaciones sean
severas, y en el mejor de los casos podrá decirse que tal hipótesis corroborada
ha soportado hasta ahora las pruebas sin que haya habido que descartarla, pero
las pruebas no confirman su verdad. Popper no indica que un caso de falsación
pueda falsar una hipótesis: lo que se precisa es una hipótesis falsadora que
pueda a su vez comprobarse y sea, por tanto, falsable.
Según Hempel, para que una explicación científica sea adecuada,
el explicador ha de poseer contenido empírico, es decir, no ha de ser
considerado como verdadero a priori o analítico. En el explicador pueden
existir elementos a priori, pero tiene que haber algunos elementos que
posean contenido empírico o descriptivo y sean, por tanto, leyes empíricas, y en
el mejor de los casos, una ley de este tipo se encontrará ampliamente
confirmada.
Según el modelo deductivo, una ley quedaría explicada cuando
pudiera demostrarse que es la consecuencia deductiva de otros enunciados
universales, enunciados que constituirían el explicador de la ley, que, a
su vez, sería lo explicado. De acuerdo con esta interpretación, el poder
explicativo del sistema científico reside en las relaciones deductivas o
formales que puedan establecerse entre las diversas leyes, y lo que entonces
tenemos es una red de leyes, de mayor a menor generalidad, todas ellas ligadas
entre sí mediante pautas de inferencia deductiva. De este modo, a partir de
leyes de gran generalidad podría llegarse, como consecuencia suya, a leyes de
menor generalidad, que a su vez podrían relacionarse en último extremo con leyes
de las que fuera posible deducir enunciados singulares referentes a sucesos
particulares.
4.1.1.1 Forma general de la explicación mediante cobertura legal
inferencial
Una explicación constituye una respuesta o solución a cierta
situación de perplejidad. Lo que reclama explicación son hechos que en algún
sentido nos causan perplejidad o sorpresa, por ello preguntamos el porqué de los
mismos; nos preguntamos por la explicación de cosas en cierto sentido inesperadas. Por supuesto que podemos buscar explicación de hechos perfectamente
cotidianos que en ese sentido no son inesperados sino todo lo contrario. Por
ejemplo, queremos explicar por qué el Sol aparece todos los días en el
horizonte. En un sentido, este hecho no es inesperado, no nos causa sorpresa;
más bien lo sorprendente sería que el Sol no apareciera una mañana en el
horizonte. Pero hay otro sentido en el que sí es "sorprendente" o "inesperado",
a saber, mientras no tenemos explicación del mismo, sabemos que pasa y creemos
que seguirá pasando, pero no tenemos motivo para justificar nuestra
creencia.
Esta es la idea que inspira el análisis de Hempel. Si una
explicación es una respuesta a una situación de este tipo, entonces la
explicación de cierto hecho, "inesperado", consiste en mostrar que se dan otros
hechos que hacen esperable la ocurrencia del primero. La intuición que
quiere recoger Hempel es que en una explicación el explanans hace
esperable el explanandum. Para hacer precisa esta intuición se debe
especificar el sentido exacto en que el explanans hace esperable el explanandum y el candidato más inmediato para la relación de
"esperabilidad" es la relación de inferencia lógica: ciertos estados de cosas
hacen esperable otro si el segundo "está contenido" en los primeros considerados
conjuntamente. Explicar el segundo consiste en mostrar que efectivamente está
contenido en los primeros. Así, el explanans hace esperable el explanandum en el sentido preciso de que del explanans se infiere
el explanandum. Las explicaciones son argumentos en los que se infiere el
hecho a explicar de los otros hechos que lo explican.
Hempel añade una condición general para poder considerar un
argumento como explicación. No toda inferencia constituye una explicación. La
condición adicional es que en el explanans intervenga al menos un hecho
general de cierto tipo. La esperabilidad del explanandum dado el explanans no es por tanto mera inferencia, sino inferencia de cierto
tipo: el explanans debe incluir al menos un hecho general. Pero, además,
tampoco vale cualquier hecho general, los hechos generales relevantes para las
explicaciones han de ser de cierto tipo. Los hechos generales que incluye el explanans no pueden ser cualquier regularidad, han de ser regularidades nómicas, leyes naturales.
La condición adicional que exige Hempel para que una inferencia
constituya una explicación es que el explanans contenga al menos un
enunciado general que sea una ley. La exigencia es que el explanans contenga esencialmente al menos una ley, esto es, la ley ha de ser
necesaria para la inferencia, el explanandum no se puede seguir del resto
de las premisas solas. La idea central es que la esperabilidad siempre ha de ser
nómica. Las regularidades meramente accidentales no hacen esperable nada pues
son justamente eso, accidentales. Por esto toda regularidad que
intervenga esencialmente en el explanans ha de ser nómica; si en la
inferencia interviene esencialmente una regularidad accidental, eso "contamina"
de accidentalidad toda la inferencia y la deslegitima como explicación. Explicatividad y accidentalidad son conceptos excluyentes. Estamos
dispuestos a considerar una inferencia como explicativa, esto es, como "haciendo
al explanandum esperable", en la medida en que consideremos que las
generalidades que intervienen son nómicas. El patrón general del análisis de
Hempel es el siguiente:
-
El explanans contiene esencialmente al menos una ley,
y todos los hechos generales que contenga esencialmente deben ser leyes.
-
Si el explanandum es un hecho particular, el explanans contiene también esencialmente al menos un hecho particular.
Los hechos particulares que contiene el explanans son las condiciones antecedentes.
-
La relación de explicación es una relación de inferencia
lógica, el explanandum se infiere del explanans.
Las condiciones (1) - (3) caracterizan sólo lo que es una explicación potencial o posible. En las explicaciones correctas ha de
ocurrir, además, que el explanandum sea verdadero, que lo que explicamos
sea algo que efectivamente ocurre. Eso hace a la explicación real, esto
es, que no sea un mero ejercicio conceptual. Pero para que, además de ser real,
sea fácticamente correcta es preciso algo más, a saber, que el explanans sea también verdadero. Para tener una explicación correcta, el
hecho que ocurre y que queremos explicar debe explicarse mediante hechos que
también ocurren.
Las diversas combinaciones posibles dan lugar a cuatro tipos de
explicación: el nomológico deductivo particular, el nomológico deductivo
general, el deductivo estadístico y el inductivo estadístico.
4.1.1.2 Explicación nomológica deductiva particular (NDP)
Se caracteriza por satisfacer, además de (1)-(3), estas tres
condiciones adicionales:
-
El explanandum es un hecho particular
-
Las leyes del explanans son estrictamente generales,
e.e. no son estadístico-probabilistas. Por (2) y (4), el explanans incluye también como condiciones antecedentes determinados hechos
particulares, las condiciones antecedentes.
-
La relación de explicación es la de inferencia lógica deductiva
Se puede esquematizar este tipo de explicación del siguiente
modo:
NDP
L1, ..., Ln
c1, ...,
cm
--------------
e
Las leyes no probabilistas Li y las condiciones
antecedentes cj constituyen conjuntamente el explanans; el explanandum e se deduce lógicamente de estas leyes y de esas condiciones
antecedentes.
El esquema NDP es, según Hempel, aquel al que se ajustan todas
las explicaciones de hechos particulares mediante teorías no
estadístico-probabilistas.
En este esquema se da una simetría entre explicación y
predicción. Según Hempel, la explicación de hechos particulares y la
predicción tienen la misma estructura lógica, la única diferencia entre ambas es
pragmática y tiene que ver con la relación temporal entre la ocurrencia del
hecho particular y la construcción del argumento:
En un caso, se sabe que ya se ha producido el suceso descrito
en la conclusión, y se buscan enunciados adecuados que expresen leyes
generales y hechos particulares para explicarlo; en el otro, se dispone ya de
estos enunciados y de ellos se deduce el correspondiente al suceso en cuestión
antes del momento de su presunta aparición. [... Ésta es] la tesis de la
identidad estructural (o simetría) de la explicación y de la predicción
(Hempel, Aspects of Scientific Explanation and Other Essays in the
Philosophy of Science, Free Press, Nueva York, 1965, §
2.4)
Este esquema se encuentra con seis grandes tipos de
objeciones:
-
Generalizaciones "esenciales" inesenciales. Tal como
se ha expresado, NDP tiene una consecuencia claramente indeseable: se puede
explicar cualquier hecho particular mediante una ley completamente
independiente del hecho, esto es, una ley sin relación alguna con las
entidades involucradas en el hecho. Por ejemplo, sea el explanandum Pa y una ley cualquiera "x(Ax ® Bx) en la que no intervienen ni el individuo a ni
la propiedad P. El siguiente argumento satisface NDP:
"x(Ax ® Bx)
(Ac ® Bc) ® Pa
------------------------
Pa
Es deductivamente válido, la ley ocurre esencialmente, etc.
No sólo eso, sino que también es materialmente adecuado, pues si el explanandum es verdadero también lo es la segunda premisa. Pero es
obvio que no se puede considerar una explicación de que a es P, pues la
ley no tiene nada que ver con esas entidades.
-
Precedencia temporal de las condiciones antecedentes.
Explicamos la no ocurrencia de un eclipse de Luna deduciéndolo de leyes
mecánicas celestes y de determinadas posiciones del Sol, la Luna y la Tierra antes del eclipse. Pero el eclipse se deduce igualmente de las mismas
leyes y de posiciones de esos cuerpos después del eclipse, y no
consideraríamos que eso constituiría una buena explicación. Para que la
inferencia sea explicativa parece que las condiciones antecedentes han de ser
anteriores en el tiempo al hecho a explicar.
-
Simetría. Hay pares simétricos de argumentos en los
que lo que en uno hace de conclusión en otro hace de premisa, y viceversa, y
ambos satisfacen NDP, pero sólo uno, y no el otro, se puede considerar
explicativo. Así, explicamos la longitud de la sombra de un mástil en un
momento dado deduciéndola de la óptica física y de la posición del Sol y la
altura del mástil. Pero también podemos proceder a la inversa en la deducción,
inferir la altura del mástil de esas leyes, la posición del Sol y la longitud
de la sombra, y no parece que en ese caso estemos dando una explicación de la
altura del mástil.
-
Efectos de causa común. Es una regularidad no
accidental, nómica, que poco tiempo después de que un barómetro registre una
caída extremadamente brusca, se sucede una tormenta en las proximidades.
Podemos entonces inferir la tormenta de la brusca caída del barómetro, junto
con esa regularidad, pero ello no se puede considerar una explicación de la
ocurrencia de la tormenta. Esta regularidad correlaciona dos efectos
diferentes de una causa común, a saber, el brusco descenso de la presión
atmosférica. Lo que proporciona la explicación de cierta tormenta particular
es cierto descenso particular de la presión, no la bajada del barómetro. Este
tipo de casos se suelen presentar además como contraejemplos a la tesis de
Hempel sobre la simetría entre explicación y predicción; podemos predecir la
tormenta mediante el barómetro, pero se trata de predicción sin explicación.
-
Irrelevancia. Supongamos que embrujamos terrones de
azúcar profiriendo ciertas palabras mágicas en su presencia. Es un hecho
general que los terrones embrujados se disuelven cuando se sumergen en agua,
por tanto podemos inferir la disolución de cierto terrón embrujado particular
a partir de su inmersión en agua y de ese hecho general. Pero esta inferencia
no explica la disolución del terrón. En estos casos la inferencia no es
explicativa pues parte de las condiciones antecedentes, y con ello "parte" del
hecho general, son intuitivamente irrelevantes para la ocurrencia del explanandum. Sin embargo, satisfacen plenamente NDP. Estos hechos son
regularidades nómicas, no es en absoluto accidental que los terrones
embrujados se disuelvan. Lo que de raro tienen estas "leyes" es que son en
cierto sentido simplificables, alguna propiedad contenida en el
antecedente es innecesaria, irrelevante a efectos explicativos, pues el
resultado de "suprimirla" es un hecho general que también es una ley. También
estos casos son un contraejemplo a la identidad entre explicación y
predicción, tenemos predicción pero no explicación.
-
Explicaciones teleológicas y funcionales. Las
explicaciones teleológicas y funcionales parece que son explicaciones genuinas
y que (en la medida en que explican hechos particulares) no satisfacen NDP. No
lo satisfacen pues, aparentemente al menos, no se infiere el explanandum del explanans, sino que (parte de) el explanans se infiere del explanandum (y del resto del explanans). Explicamos el latido del corazón por su función en la
circulación de la sangre. En esto casos parece que, si es que se pueden
considerar inferencias, no sucede que el hecho explicado se infiere de las
condiciones antecedentes, sino más bien lo contrario. Explicamos un hecho
mediante otro que es su función o finalidad, pero parece que es éste el que se
sigue de aquél y no al revés.
4.1.1.3 Explicación nomológica deductiva general (NDG)
A veces aquello de lo que se da explicación no es un hecho
particular sino uno general. Explicamos determinadas leyes derivándolas de otras
más generales. Cuando la ley explicada es una generalización estricta, no
estadístico-probabilista, Hempel denomina también estas explicaciones nomológico-deductivas. Aunque Hempel utiliza la misma denominación para
ambas, hay que diferenciar estas explicaciones de las anteriores; las
diferencias entre ellas se derivan del hecho de que en aquéllas el explanandum es particular y en éstas general (no probabilista). Es
inmediato constatar entonces que las explicaciones nomológico-deductivas
generales se caracterizan, además de por (1)-(3), por las siguientes
condiciones adicionales:
-
El explanandum es un echo general nómico, una ley, no
estadístico-probabilista
-
El explanans contiene esencialmente sólo leyes no
estadístico-probabilistas. Ninguna de las leyes del explanans es el explanandum mismo
-
La relación de explicación es la de inferencia lógica deductiva.
Este tipo de explicación se puede esquematizar del siguiente
modo:
NDG
L1, ..., Lm
---------------
E
E es la ley (no probabilista) que se deriva de las leyes
explicativas. (7) excluye la posibilidad de explicar hechos generales que no
sean leyes. ¿No pueden explicarse regularidades accidentales? No, pues por ser
accidentales no son "esperables", esto es, explicables. Si se aceptaran como explanandum regularidades accidentales entonces podrían aceptarse también
en el explanans; por tanto, en la medida en que haya buenas razones para
exigir que todos los hechos generales que intervienen esencialmente en el explanans de una explicación sean regularidades nómicas, en esa misma
medida se excluyen como explanandum hechos generales accidentales.
El principal problema para un análisis satisfactorio de las
explicaciones NDG es el de ofrecer una noción precisa y adecuada de inclusividad que excluya los casos de autoexplicación. En efecto, en (8)
se exige, además del carácter nómico del explanans, que el explanandum mismo no sea una de las leyes del explanans. De otro
modo contarían como explicaciones inferencias de una ley a partir de sí misma,
lo que evidentemente es inaceptable; por supuesto que es una inferencia válida deducir cierta ley L de ella misma, pero eso no es una explicación de la ley. En efecto, si el explanans contiene una ley que es la
conjunción del explanandum con cualquier otra, se da también el tipo de
autoderivación que no se puede considerar inferencia explicativa; por ejemplo,
de la ley K Ù B que es la conjunción de las leyes de
Kepler, K, con la de Boyle, B, se infiere deductivamente K, pero ello no explica
las leyes de Kepler.
4.1.1.4 Explicación deductivo estadística (DE)
En la explicación NDG el explanandum es una ley que es
una regularidad estrictamente general, en el sentido de no ser una ley
estadístico-probabilista. Cuando el explanandum es una regularidad
nómica, pero no estrictamente general sino una ley estadística, tenemos una
explicación que Hempel denomina explicación deductivo estadística. Estas
explicaciones se caracterizan porque en ellas se deduce una ley estadística a
partir de une explanans que contiene indispensablemente al menos una ley
también estadística, realizándose la deducción mediante la teoría de la
probabilidad. Ello hay que entenderlo en el sentido de que en la deducción, y
por tanto en la explicación, se usan como premisas ocultas adicionales
determinados principios del cálculo de probabilidades. Hay que considerarlos
incluidos en el explanans, pues (salvo que se considere,
implausiblemente, que son parte del cálculo deductivo) de lo contrario no se
puede completar la deducción y la inferencia sería deductivamente inválida.
Esto muestra que a veces el explanans puede incluir
(quizá elípticamente) leyes matemáticas. Pero algunas de esas leyes no pueden
ser calificadas de regularidades nómicas, pues se estaría incumpliendo la
condición de que todos los hechos generales que intervienen esencialmente en el explanans sean regularidades nómicas. Hay que matizar pues esa exigencia
y limitarla a los hechos empíricos. La condición es pues que todo hecho
general empírico que intervenga esencialmente en el explanans debe ser
nómico. La idea es que el explanans no puede contener esencialmente
ninguna regularidad empírica accidental, pues ella contaminaría de
accidentalidad el resto y arruinaría su pretendido carácter explicativo.
De lo dicho se desprende que las explicaciones
deductivo-estadísticas se caracterizan por satisfacer, además de (1)-(3), las
siguientes condiciones adicionales:
-
El explanandum es una ley estadística.
-
El explanans contiene esencialmente sólo hechos
generales. Estas regularidades (cuando no sean puramente matemáticas) son
todas nómicas, y al menos una de ellas es una ley estadística (diferente del explanandum mismo).
-
La relación de explicación es la de inferencia lógica deductiva.
Podemos esquematizar este tipo de explicación del siguiente
modo:
DE
L1, ..., Ln
P1, ...,
Pk
---------------
E
4.1.1.5 Explicación inductivo estadística (IE)
En la explicación NDP explicamos un hecho particular
subsumiéndolo bajo ciertas leyes, donde por subsunción se entiende la derivación
deductiva del hecho a partir de las leyes y de determinadas condiciones
antecedentes. En ese sentido la ocurrencia del hecho particular se muestra
(nómicamente), o se hubiera podido predecir (si ya se ha
producido), a partir del explanans. Ésta es la razón de la identificación
entre explicación y predicción. En las explicaciones NDP la esperabilidad es total, pero el núcleo de esta idea, la explicación de hechos particulares
como esperabilidad nómica, se puede aplicar también según Hempel a casos en los
que la esperabilidad no es total.
Hempel denomina inductivo-estadística este tipo de
explicación. Las explicaciones de hechos particulares IE son, como las NDP,
argumentos o inferencias mediante cobertura legal, sólo que ahora la inferencia
es inductiva, y entre las leyes del explanans hay al menos una
probabilista. Las condiciones adicionales a (1)-(3) que las caracterizan son las
siguientes:
-
El explanandum es un hecho particular
-
El explanans contiene esencialmente al menos una ley
estadística, y todas las regularidades (empíricas) que contiene esencialmente
son leyes. Por (2) y (13), el explanans incluye también como
condiciones antecedentes determinados hechos particulares, las condiciones
antecedentes
-
La relación de explicación es la de inferencia lógica inductiva
El explanandum es un hecho particular sin más, no
es un hecho particular probabilista. Como siempre, todas las
generalizaciones que contiene el explanans han de ser nómicas, pero ahora
al menos una debe ser probabilista, de otro modo no se podría inferir
deductivamente el explanandum (por supuesto el explanans puede
incluir además otras leyes no estadísticas).
Este tipo de explicaciones se pueden esquematizar del siguiente
modo:
L1, ..., Ln
P1, ...,
Pk
c1, ..., cm
--------------
[r]
e
Aquí "[r]" denota el grado de soporte inductivo que el explanans confiere al explanandum. En estos casos n puede ser 0,
esto es, el explanans puede contener quizá sólo leyes
estadístico-probabilistas.
4.1.2 El modelo probabilístico
Es la explicación propia de aquellas ciencias que recurren a
hipótesis probabilísticas o estadísticas. Las explicaciones probabilísticas
suelen presentarse cuando las premisas explicativas contienen una suposición
estadística sobre alguna clase de elementos, mientras que el explicandum es un enunciado singular sobre un determinado individuo de esta clase. En
aquellos casos en que la premisa que tiene forma de ley es de carácter
estadístico, la conclusión, el explicandum, no se deduce necesariamente y
tiene sólo un valor de probabilidad (estadística); o lo que es lo mismo, el
explanans implica al explanandum sólo con un cierto grado de probabilidad. Se
trata, por consiguiente, de un razonamiento inductivo y la clase de
explicaciones que siguen este modelo se denominan explicaciones probabilísticas
o inductivo-estadísticas, que gozan de probabilidad inductiva, por lo que sólo
confieren verosimilitud. Hempel precisó que una explicación de este tipo es
buena sólo si muestra que su explanandum tiene una alta probabilidad de
ocurrir.
4.1.3 El modelo funcional o teleológico
Explica su objeto propio (explanandum propio de la
biología, psicología, antropología y ciencias sociales humanas) en términos de
acción, función o fin (telos). Es distintivo de los sistemas a los que,
de algún modo, se atribuye "finalidad" o "intencionalidad". Se caracteriza por
utilizar expresiones como: "con la finalidad de...", "para que...", etc. Lo que
debe explicarse (explanandum), en una explicación de tipo funcional es
una acción, según aquella expresión: "la función de x es hacer y". Se suele
distinguir entre la explicación funcional y la explicación teleológica.
La explicación funcional considera hechos generales del mundo
animal que se refieren a la acción de una parte con miras al funcionamiento del
todo, mientras que la explicación teleológica trata de hechos particulares de
individuos dotados de la conciencia de fin (finalidad propia) o de conductas
"activiformes" (que parecen tender a un fin). Una y otra suelen oponerse a las
explicaciones causales.
4.1.4 El modelo genético
Propio de las ciencias humanas de ámbito histórico, describe la
manera como ha evolucionado o variado a lo largo de la historia el explanandum,
u objeto que debe explicarse, a partir de otro anterior. En las premisas deberá
incluirse un gran número de sucesos o hechos particulares, que resulten
pertinentes con el explanandum y que mantengan con él una supuesta relación de
causa y efecto. Como toda explicación, hecha según el modelo deductivo, las
premisas han de incluir también alguna ley general (fertes tendencias). Estas
leyes generales serán normalmente suposiciones generales sobre relaciones
causales entre sucesos.
5. El contexto de la justificación y el contexto del descubrimiento
En Experience and Prediction, Hans Reichenbach propone
distinguir entre la tarea de la epistemología y la de la psicología. La última
se ocupa de cómo tienen lugar los procesos del pensar; la primera, "trata de
construir los procesos del pensar del modo como deberían ocurrir si hubieran de
ser dispuestos en un sistema consistente. Por tanto, "la epistemología considera
un sustituto lógico más bien que los procesos reales". Se trata de una
reconstrucción racional, pero, agrega Reichenbach, no arbitraria, ya que "se
halla ligada al pensamiento efectivo mediante el postulado de correspondencia";
sin embargo, "en cierto sentido es un modo de pensar mejor que el que tiene
efectivamente lugar".
Para distinguir entre la tarea de la psicología y la de la
epistemología, Reichenbach propone dos expresiones que han hecho fortuna: "el
contexto de descubrimiento" y el "contexto de justificación". Sólo el contexto
de justificación - que a veces se llama asimismo de "validación" - es de
incumbencia del epistemólogo.
Reichenbach reconoce que hay una "correspondencia" entre el
pensar construido (o reconstruido) lógicamente y el pensar efectivo, y admite,
además, que las teorías científicas son sólo aproximaciones a lo que entiende
por "contexto de justificación". Los que han admitido la distinción propuesta
por Reichenbach, o distinciones similares han alegado a menudo, contra quienes
han atacado la distinción, que ésta no se propone describir los modos como se
desarrolla la ciencia, y específicamente las teorías científicas. El análisis de
la ciencia - que en tal caso es a menudo el análisis lógico de lenguajes
científicos suficientemente maduros y desarrollados como para poder
axiomatizarse - es una reconstrucción lógica de teorías científicas, o "una
reconstrucción racional del pensamiento". En esta reconstrucción no desempeñan,
según Reichenbach, ningún papel las consideraciones psicológicas, las cuales se
hallan dentro del contexto del descubrimiento, pero no de la justificación o
validación.
La idea central de Reichenbach consistía en prescindir de los
procesos científicos reales, tomando como objeto de la filosofía de la ciencia
una reconstrucción lógica de las teorías: "la epistemología considera un
sustituto lógico, más bien que los procesos reales". Reichenbach aceptó la
propuesta de Carnap y utilizó la denominación de reconstrucción lógica para nombrar la tarea que habían de lleva a cabo previamente los
epistemólogos:
Podríamos decir que una reconstrucción lógica se corresponde
con la forma en que los procesos de pensamiento son comunicados a otras
personas, en lugar de la forma en que son subjetivamente conformados …
Introduciré los términos contexto de descubrimiento y contexto de
justificación para hacer esta distinción. Por tanto, tenemos que decir que
la epistemología sólo se ocupa de construir el contexto de
justificación.
Los filósofos no tienen por qué ocuparse de cómo se llega a
producir un descubrimiento científico. Un científico puede estar guiado en sus
investigaciones por hipótesis metafísicas, creencias religiosas, convicciones
personales o intereses políticos y económicos. Para los defensores del empirismo
lógico, todos estos aspectos de la actividad científica no debían ser estudiados
por los epistemólogos. Lo esencial eran los resultados finales de la
investigación científica: los hechos descubiertos, las teorías elaboradas, los
métodos lógicos utilizados y la justificación empírica de las consecuencias y
predicciones que se derivan de las teorías. De ahí que el contexto de
descubrimiento no fuera objeto de la epistemología ni de la filosofía de la
ciencia, sino de la psicología, de la historia y de la sociología. La génesis de
las teorías no tenía interés alguno para los defensores de la epistemología
científica en los años 30.
No sólo había que partir de las teorías tal y como habían
quedado finalmente articuladas por sus descubridores o divulgadores, tomando
como referencia principal los libros de texto o las grandes obras de los
científicos, sino que incluso había que dar un paso más, analizándolas,
reconstruyéndolas y reduciéndolas a sistemas formales.
La idea fundamental, aceptada tanto por el positivismo lógico
como por el racionalismo crítico de Popper, es que es necesario conseguir un
criterio que nos permita distinguir la ciencia de la no ciencia. Se trata de
buscar un algoritmo que permita decidir cuándo una decisión "adoptada" por los
científicos sigue los "cánones de la racionalidad" y cuando no los sigue. Si
este algoritmo es encontrado, habremos encontrado un método para distinguir la
buena ciencia de la mala ciencia, lo que es ciencia de lo que no lo es y,
además, sin recurrir para nada a lo que hacen los científicos. Lo que un
científico hace en el laboratorio o en su estudio no es importante, lo
importante es que sus decisiones puedan ser justificadas racionalmente, de
acuerdo a ciertos criterios lógicos.
Lo que los positivistas lógicos y Popper comparten es la idea
de que las reglas metodológicas -aquellas que garantizan la correcta práctica
científica y el auténtico conocimiento- conduce a los cánones universales de la
racionalidad. Esto es, se parte de la idea de que en la situación de evaluación,
todos los sujetos que poseen la misma evidencia (información) deben llegar a la misma decisión, cuando proceden racionalmente. La racionalidad se
concibe, entonces, como enclavada en reglas de carácter universal que determinan las decisiones científicas; el énfasis se pone en las
relaciones lógicas que conectan una creencia con la evidencia, y se
minimiza el papel de los sujetos.
Sin embargo, no todo son semejanzas; también hay diferencias
entre ellos. Así, para los positivistas -representados principalmente por
Carnap- el algoritmo buscado sería una especie de inducción; mientras que para
Popper el algoritmo es el modus tollens. Veámoslo más detenidamente.
5.1 Carnap y la justificación de la inducción
Según los empiristas lógicos, en el estudio de la ciencia es
preciso distinguir dos tipos de cuestiones: las que se refieren al origen de las
hipótesis y las teorías, al modo y circunstancias en que se formularon, etc.; y
las relativas al análisis de tales productos una vez formulados y expuestos. Las
primeras serían cuestiones pertenecientes a la historia o la psicología,
mientras que las segundas configuran el ámbito propio de la filosofía de la
ciencia. Reichenbach expresó de forma definitiva esta idea distinguiendo entre
el "contexto de descubrimiento" y el "contexto de justificación" de las teorías
y afirmando que el objetivo de la filosofía de la ciencia consiste en la
justificación lógica y empírica de éstas. Por otra parte, uno de los proyectos
fundamentales del empirismo lógico consistía en establecer una clara diferencia
entre la ciencia y otras disciplinas. En la búsqueda de un criterio sintético,
contingente, con un "significado empírico"; de modo que el problema se centraba
en encontrar un criterio preciso y eficaz de significado empírico. El primer
criterio de este tipo que se adoptó fue el principio de verificabilidad
completa en principio, según el cual un enunciado sintético S tiene
significado empírico sólo si es posible especificar un conjunto finito y
consistente de enunciados observacionales del que S es deducible. Lo cual
implica que comprender el significado de un enunciado sintético equivale a
conocer los hechos que determinarían su verdad o su falsedad, pero no ser
requiere que tales hechos se hayan observado efectivamente sino que basta con
que sean lógicamente posibles.
Entre los inconvenientes de este criterio se encontraba el que
no tendrían significado empírico ni, por tanto, cabida en la ciencia las
hipótesis universales, como es el caso de las leyes, ya que, al carecer de
restricciones espaciotemporales, no son deducibles de un conjunto finito de
enunciados observacionales. Esta dificultad obligó a revisar el principio de
verificabilidad con el fin de hacerlo más permisivo, postulando que para que un
enunciado sintético tenga significado empírico, es suficiente con que goce de un
cierto apoyo evidencial. Carnap representó el "grado de conformación" de una
hipótesis en relación a un conjunto de datos observables como la probabilidad
lógica que los datos confieren a la hipótesis. La lógica inductiva era para
Carnap la "fundamentación del razonamiento inductivo", pero entendiendo tal
razonamiento no en el sentido clásico, y definitivamente desacreditado por Hume,
sino como el que atribuye a la conclusión un grado de confirmación, una cierta
probabilidad, y permite así adoptar "decisiones racionales". De este modo la
inducción volvía a ser el método fundamental en las ciencias empíricas y la
clave de su racionalidad, aunque no como un procedimiento heurístico sino como
método para la aceptación y elección racionales de hipótesis, leyes y teorías
científicas ya propuestas.
Sin embargo, este nuevo criterio de significado empírico, con
sus implicaciones metodológicas, no estaba libre de inconvenientes. Si se
considera que una hipótesis científica debe tener un algo contenido informativo
y, por tanto, gran capacidad predictiva, el grado de probabilidad lógica de una
hipótesis no es un síntoma de su "bondad", sino que puede serlo de todo lo
contrario, ya que cualquier enunciado es tanto más probable cuanto menor es su
contenido. De ahí que una hipótesis universal o una ley sea absolutamente
improbable, porque, si se admite la definición clásica de probabilidad como el
número de casos favorables dividido por el de casos posibles, una hipótesis de
este tipo, que se refiere a infinitos casos posibles, tendría una probabilidad
nula por amplia que sea la evidencia disponible a su favor. Un modo de salvar
esta dificultad sería suponer que los casos posibles deben ser similares a los
conocidos y favorables, pero tal extrapolación supone admitir un principio de
inducción que carece de fundamentación lógica y empírica.
Carnap propuso una solución a este problema según la cual,
cuando se utiliza una ley general, no se atiende a todas sus implicaciones sino
sólo a un reducido número de predicciones concretas, cuyo grado de confirmación
incrementa el apoyo evidencial, inductivo, de la ley y justifica la confianza en
ella. Por tanto, la fiabilidad de una ley "no se mide por el grado de
confirmación de la ley misma sino por el de una o varias de sus instancias". Sin
embargo, esta solución es marginal respecto a su lógica inductiva y supone el
reconocimiento implícito por parte de Carnap de su fracaso al intentar mejorar
el criterio verificacionista de significado empírico para dar cabida en la
ciencia a los enunciados universales.
5.2 El falsacionismo de Popper
El criterio de cientificidad que propone Popper no pretende ser
un criterio de significado empírico sino únicamente de "demarcación" y afirma
que un enunciado o conjunto de enunciados es científico sólo si es susceptible
de contrastaciones experimentales que determinen su falsedad, es decir, sólo si
es falsable en principio. Un enunciado científico es para Popper un enunciado
prohibitivo, un enunciado que, por su precisión y/o carácter universal, excluye
la ocurrencia de determinados hechos y situaciones observables incompatibles con
él y que constituyen el dominio de sus "falsadores posibles", ya que de ocurrir
determinarían su refutación. Y cuanto más prohibitivo es un enunciado, más nos
dice acerca del mundo, esto es, mayor es su contenido empírico y menor su
probabilidad. En suma, según el criterio de cientificidad popperiano, los
enunciados o sistemas de enunciados de una ciencia empírica han de ser
inevitablemente arriesgados e improbables.
Popper defiende que el método científico consiste
fundamentalmente en proponer hipótesis y teorías explicativas audaces y en
contrastarlas, a través de sus consecuencias observacionales, no para
verificarlas o confirmarlas, sino para intentar falsarlas y proponer otras
mejores. La opción por esta metodología tiene para él una justificación lógica
en la asimetría entre verificación y falsación, según la cual, si un enunciado
universal no puede ser verificado concluyentemente por numerosos que sean los
casos particulares a su favor, basta un solo caso desfavorable para que podamos
concluir, mediante la aplicación del modus tollens, su falsedad. Al mismo
tiempo, Popper afirma que no hay en la ciencia "procedimiento más racional que
el método del ensayo y del error, de la conjetura y la refutación". No obstante,
admite que es explicable que el científico, ante determinadas refutaciones de su
teoría, no la rechace de forma inmediata sino que introduzca alguna hipótesis
auxiliar que restituya el acuerdo entre la teoría y los hechos. Pero sólo son
admisibles en la ciencia hipótesis auxiliares que puedan ser contrastadas
aisladamente, de modo que su inclusión en la teoría en cuestión aumente el
contenido empírico de ésta y, por tanto, su grado de falsabilidad. Las hipótesis
que no cumplen este requisito son meras hipótesis ad hoc, típicas de las
disciplinas pseudocientíficas y a las que no se debe recurrir en la
investigación científica.
Si en un momento determinado una teoría ha resistido las
pruebas experimentales a que ha sido sometida, la teoría ha "demostrado su
temple" y se la considerará "corroborada". Pero el número de contrastaciones
superadas por una teoría no basta para evaluar su grado de corroboración; para
esto es preciso atender, además, a la severidad de dichas pruebas. Y cuanto
mayor es el contenido empírico de una teoría y menor, por tanto, su
probabilidad, más rigurosas son las pruebas experimentales a que debe hacer
frente. Para Popper el grado de corroboración de una teoría se encuentra en
relación inversa a su probabilidad lógica. De todos modos, aceptar una teoría o
una hipótesis corroborada no equivale a considerarla verdadera o definitivamente
establecida, sino simplemente merecedora de ser sometida a nuevas
contrastaciones.
Los elementos falsadores o corroboradores de una hipótesis o
teoría no son hechos concretos, sino los enunciados singulares que los
describen: enunciados a los que Popper llama "enunciados básicos". Sin embargo,
un enunciado de esta clase carece de una justificación última. Nuestra
experiencia sensorial puede motivar nuestra aceptación de un enunciado básico,
pero no puede probarlo lógicamente porque las relaciones lógicas se dan entre
enunciados y no entre enunciados y sensaciones, que son fenómenos psicológicos.
Por otra parte, los enunciados básicos han de ser científicos, aunque de bajo
nivel, y esto significa que han de ser falsables. La aceptación de un enunciado
básico en el curso de una contrastación es el resultado de una "decisión" de los
científicos, que, aunque libre, no es meramente convencional o dogmática.
Por otra parte, no se trata de una decisión dogmática, porque
da por válido un enunciado básico refutador al contrastar una teoría no implica
considerarlo verdadero sino tan sólo lo suficientemente firme como para falsar
dicha teoría; no es, por tanto, una decisión epistemológica, sino metodológica.
Pero dado que los hechos aislados e irreproducibles carecen de interés en la
investigación científica, sería insensato rechazar una teoría a partir de uno o
unos pocos enunciados básicos esporádicos, que podrían ser casuales. Por tanto,
lo que realmente refuta una teoría es una hipótesis de bajo nivel relativa al
carácter no excepcional de los enunciados básicos; una hipótesis falsable, pero
suficientemente corroborada. Esto significa que un experimento falsador tiene la
estructura de un experimento crucial entre la teoría en cuestión y una hipótesis
falsadora, en el que los enunciados básicos aceptados se convierten en
corroboradores de esta hipótesis.
En sus consideraciones sobre la naturaleza de la metodología,
Popper se muestra contrario al enfoque según el cual el estudio del método
científico consiste fundamentalmente en la descripción de los procedimientos que
han utilizado y utilizan los científicos y tiene, por tanto, un carácter
meramente empírico. Insiste en que este enfoque, al que califica de
"naturalista", es incapaz de conducir al descubrimiento de un patrón unificador
de la multiforme práctica científica y defiende que la metodología es una
disciplina claramente filosófica, cuyo interés es mucho más normativo que
descriptivo. Por ello dice que no pretende afirmar que los científicos no han
utilizado jamás el método inductivo, sino que este método es inútil e incluso
origina incoherencias y que sólo una actitud falsacionista por parte de los
científicos garantiza el aumento de conocimiento en la ciencia.
5.3 La nueva filosofía de la ciencia
La "nueva filosofía de la ciencia" se caracteriza por un
intento por reivindicar la dimensión histórica, social y pragmática de la
compleja empresa científica. Es, en cualquier caso, una crítica a la concepción
de la ciencia de los positivistas lógicos y del racionalismo crítico popperiano.
Del mismo modo que Popper sometió a una crítica implacable los resultados del
positivismo lógico, Lakatos, Kuhn y Feyerabend someterán a crítica los
presupuestos del racionalismo crítico popperiano.
El núcleo fundamental de la crítica de estos filósofos consiste
en afirmar que los científicos no hacen lo que Popper y los positivistas afirman
que hacen y que, por tanto, si queremos dar una descripción real del
procedimiento científico debemos buscar por otro camino. Este camino requiere
prestar una atención más detallada a los estudios históricos sobre la ciencia y
a lo que los científicos hacen realmente, lo que quiere decir, en términos del
problema que estamos tratando, prestar mayor atención al "contexto de
descubrimiento" y menor atención al "contexto de justificación". Esta afirmación
está más matizada en Lakatos y es mucho más radical en Kuhn y Feyerabend.
5.3.1 Lakatos
La ingenuidad del falsacionismo popperiano consiste, según
Lakatos, en el supuesto de que una teoría queda falsada por un enunciado básico
que entre en conflicto con ella. Este supuesto ni siquiera encuentra
justificación en la filosofía de Popper, porque éste admite que un enunciado
básico nunca puede considerarse probado por la experiencia y es posible, en
muchas circunstancias, recurrir a hipótesis auxiliares que inmunicen a la teoría
frente a los hechos. Además, la historia de la ciencia nos enseña que ningún
experimento, por crucial que parezca, ningún enunciado básico y ninguna
hipótesis falsadora son suficientes para falsar una teoría importante; para ello
es indispensable que haya surgido otra teoría alternativa que se considere mejor
que la anterior. De ahí que el falsacionismo popperiano sea para Lakatos una
metodología apriorística, elaborada de espaldas a la práctica científica real e
inaplicable a ella.
Teniendo en cuenta la función que Popper atribuye a las
hipótesis auxiliares y el incremento de contenido empírico que éstas deben
aportar, más que de una teoría aislada habría que hablar de una sucesión de
teorías T1, T2, T3, ¼,
cuyos miembros, a partir de T1, resultan de la introducción de
hipótesis y cláusulas auxiliares. Estas series dinámicas de teorías, a las que
Lakatos llama programas de investigación científicos, constituyen las
unidades básicas de su metodología. En cualquier momento de la evolución de un
programa de investigación es posible distinguir en su estructura un centro
firme y un cinturón protector. El centro firme está formado por un
reducido número de enunciados teóricos de alto nivel (postulados o principios de
una teoría). Y al cinturón protector pertenecen, junto a las hipótesis
auxiliares que permiten la continuidad del programa, teorías de nivel inferior,
leyes particulares, estipulaciones acerca de la aplicación de los principios y
las leyes, etc. Sin embargo, los aspectos estructurales de un programa son
insuficientes para caracterizarlo plenamente, dado que se trata de una entidad
dinámica. De ahí que conceda una especial importancia a su heurística, es decir,
a las normas metodológicas, explícitas o implícitas, que los científicos
comparten y que explican la evolución de un programa. Parte de estas normas
tienen por objeto mantener al centro firme lejos del alcance de toda falsación y
dirigir la flecha del modus tollens hacia el cinturón. Existe también en
todo programa una heurística positiva, que orienta al científico respecto
a lo que debe hacer. Se trata de una serie de normas referidas no sólo al modo
de introducir o modificar hipótesis auxiliares sino también a la forma de
mejorar el programa, reformulando el centro firme, desarrollando teorías
complementarias, técnicas matemáticas y experimentales, etc. En este aspecto, la
heurística de un programa permite al científico prescindir de ciertas "anomalías
perturbadoras" de éste confiando en su futura solución.
Pero no todas las hipótesis auxiliares son igualmente
aceptables y, por tanto, un programa puede evolucionar de forma incorrecta. Un
programa es progresivo, o experimenta cambios progresivos de problemas,
cuando cada nueva teoría en la serie T1, T2,
T3, ¼, incrementa su contenido, es decir,
predice hechos nuevos e incluso sorprendentes, y además tales predicciones se
corroboran, al menos parcialmente. Un programa progresivo es aquel que conduce
al descubrimiento de hechos nuevos e inesperados. Un programa es regresivo cuando no aporta nuevos descubrimientos, cuando se limita a dar
explicaciones post hoc de hechos nuevos, conocidos casualmente. En este
contexto introduce Lakatos su criterio de demarcación, según el cual una teoría
o un cambio de problemas sólo puede ser considerado científico si, al menos,
aventura nuevas predicciones. Es explicable, no obstante, que un programa de
investigación que empieza siendo progresivo deje de serlo más adelante. De hecho
todo programa acaba siendo, tarde o temprano, regresivo. Sin embargo, el
carácter regresivo de un programa no obliga a los científicos a abandonarlo,
sino que seguirá vigente hasta que surja un programa alternativo mejor, es
decir, un programa que explique sus éxitos y muestre además mayor capacidad
heurística.
No obstante, es posible que un programa, considerado regresivo
durante una etapa, deje de serlo cuando algunas de sus predicciones obtienen una
confirmación de la que antes carecían. Por ello Lakatos reconoce que no hay nada
de irracional en que se siga defendiendo un programa de investigación incluso
después de haber sido sustituido por otro. Y afirma que este tipo de
indeterminación es inevitable en cualquier metodología. Insiste en que es
preciso abandonar la antigua ilusión racionalista de establecer un método
preciso, de aplicación fácil e instantánea que permita al científico tomar
decisiones casi mecánicas. La investigación científica no está regida sólo por
criterios lógicos y empíricos y en las decisiones de los científicos influyen
factores difíciles de analizar.
Pero si no es posible establecer normas precisas que garanticen
la racionalidad de las decisiones de los científicos, sí se pueden evaluar tales
decisiones una vez que han sido tomadas: "sólo ex post podemos ser
'sabios'".
5.3.2 Kuhn
El modelo kuhniano surge básicamente de la investigación
histórica, la cual muestra, a juicio de Kuhn, que gran parte del proceder
científico viola las reglas metodológicas propuestas tanto por los empiristas
lógicos como por los racionalistas críticos, y que ello no ha impedido el éxito
de la empresa científica. Esta objeción de falta de adecuación histórica implica
un profundo desacuerdo con el carácter normativo de las metodologías clásicas;
el objetivo, para Kuhn, es dar cuenta del desarrollo efectivo de las creencias y
prácticas científicas, tomando en consideración los estudios sobre su
historia.
Kuhn encuentra que los métodos también evolucionan y cambian
con el desarrollo de las distintas tradiciones de investigación. Pero entonces,
si los métodos no son fijos ni universalizables, una teoría de la ciencia (una
metodología) tiene que poder dar cuenta de su evolución. De aquí que la tarea de
las metodologías se conciba ahora como la de ofrecer modelos del desarrollo y el
cambio científicos, que permitan entender la dinámica de la ciencia no sólo en
el nivel de las hipótesis y teorías, sino también en el nivel de los
procedimientos de prueba y los criterios de evaluación.
La vía para abordar el problema de la racionalidad en la
ciencia es la investigación empírica de sus mecanismos y resultados a través del
tiempo. Los principios formativos y evaluativos se deben extraer del registro
histórico de la ciencia exitosa, en lugar de importarlos de algún paradigma
epistemológico preferido y tomarlos como la base de "La reconstrucción
racional", a priori, de la ciencia.
Una tesis central del modelo de Kuhn es que la investigación
científica que se realiza la mayor parte del tiempo (ciencia normal) es la
investigación organizada bajo un mismo marco de supuestos básicos (paradigma).
La investigación de este tipo se caracteriza por ser básicamente una actividad
de resolución de problemas (enigmas), la cual está encaminada a lograr el
acuerdo entre la teoría vigente y los hechos. El objetivo de esa actividad es
resolver enigmas suponiendo la validez de una teoría (de las leyes
fundamentales que la definen), ya que sin esa suposición ni siquiera se
podrían plantear los enigmas.
Los filósofos clásicos, al no distinguir entre dos tipos
básicamente distintos de investigación científica, la normal y la
extraordinaria, fundieron y confundieron los procesos de evaluación que ocurren
en cada una de ellas. Sin embargo, estos procesos presentan características
notablemente diferentes, pues tanto aquello que se pone a prueba (lo que se
contrasta), como la forma de evaluar los resultados, varían radicalmente en uno
y otro caso. Durante los períodos de ciencia normal, se someten a prueba las
hipótesis que permiten aplicar las leyes fundamentales de una teoría a
situaciones específicas, es decir, se contrastan las conjeturas que permiten
resolver problemas concretos, tomando como base la teoría establecida. Si una
hipótesis o conjetura logra pasar suficientes pruebas, o pruebas suficientemente
severas, de acuerdo con los criterios del paradigma vigente, la comunidad
considerará que se ha resuelto el problema.
Tales contrastaciones no tienen por objeto la teoría
establecida. Por el contrario, cuando el científico está ocupado en un
problema de ciencia normal, debe contar con una teoría establecida que tiene
como misión sentar las reglas del juego (Kuhn, T., "Lógica del descubrimiento
o psicología de la investigación" en I. Lakatos y A. Musgrave (eds.), La
crítica y el desarrollo del conocimiento, Barcelona, Grijalbo, 175, pp.
81-111)
En las teorías maduras o establecidas, en aquellas que han
generado tradiciones fecundas de investigación se distinguen dos tipos de leyes:
fundamentales y especiales. Las primeras son esquemas muy generales con escaso
contenido empírica; más que leyes sean esquemas de leyes que orienta al crítico
sobre gustar cuando quiere resolver un problema.
Las leyes fundamentales no se puede contrastar directamente con
la experiencia sólo dan lugar a leyes especiales, es decir, leyes con un
contenido empírico más definido, una vez que ha sido complementado con supuestos
adicionales. Estos supuestos -que no se deduce de dichas leyes- son justamente
los que especifica las distintas posibilidades de aplicación de una teoría.
El fracaso de una conjetura, al ser contrastada empíricamente, no implica el fracaso de la teoría (de sus leyes fundamentales), sólo
indica que algo anda mal en la forma en que se intentó aplicar la teoría, o sea,
en los supuestos adicionales. Y si bien puede ocurrir que se abandonen algunas
de las leyes especiales y se siga manteniendo con toda confianza la matriz que
la generó -la teoría-, nunca puede darse el caso inverso. Por tanto, las teorías
no se ponen a prueba de la misma manera que sus aplicaciones.
El error de los filósofos clásicos ha sido suponer que "una
teoría puede juzgarse globalmente mediante el mismo tipo de criterios que se
emplean al juzgar las aplicaciones de una investigación particular dentro de una
teoría". Sin embargo, una vez que una teoría ha alcanzado el estatus de
paradigmática, deja de tener un papel hipotético y se convierte en la base de
toda una serie de procedimientos explicativos, predictivos, e incluso
instrumentales, que la presuponen.
Esto muestra que no existen las instancias refutadoras en
sentido popperiano, es decir, resultados que por sí mismos impliquen el abandono
de la teoría. Para que una anomalía pueda ser considerada como un auténtico
contraejemplo, con la capacidad de refutar una teoría, se requiere que la
existencia de una perspectiva teórica alternativa desde la cual se pueda emitir
ese juicio.
El carácter de contraejemplo es por tanto relativo, pues el
cuestionamiento global de una teoría sólo se da en la competencia con otra
teoría rival que parece resolver las anomalías, y esto sólo ocurre en los poco
frecuentes períodos de ciencia extraordinaria.
Los filósofos de la tradición, al suponer sólo un tipo posible
de desarrollo científico -ignorando la distinción entre ciencia normal y
extraordinaria-, extrapolaron a la totalidad de la investigación científica lo
que sólo sucede en ciertos periodos. Los empiristas lógicos generalizaron el
patrón de investigación normal, interpretándolo como una búsqueda de
confirmación de las teorías. Los racionalistas críticos caracterizaron toda la
actividad científica en términos que sólo se aplican a la investigación
extraordinaria.
Del modelo de Kuhn no se desprende un rechazo de los métodos de
confirmación y refutación, sino un esclarecimiento de sus límites y condiciones
de aplicación. Sólo son aplicables al evaluar conjeturas con un contenido
empírico definido (que no tienen las teorías), y en el marco de un conjunto de
presupuestos o compromisos establecidos (paradigma). Esto no sólo significa que
las teorías no se abandonan por refutación ni se aceptan por confirmación, sino
también que estos métodos son insuficientes, por sí solos, para decidir sobre el
éxito o el fracaso de las hipótesis más específicas. Sólo en el contexto de un
paradigma está claro qué cuenta como evidencia, qué problemas son legítimos, qué
soluciones son aceptables, etc.
Toda tradición de investigación normal se enfrenta, tarde o
temprano, con anomalías que se muestran lo suficientemente reacias a solución
como para minar la confianza de la comunidad en su enfoque teórico, provocando
la búsqueda de posibles sustitutos. Entonces se inicia un período de ciencia
extraordinaria, el cual eventualmente desemboca en una revolución, es decir, en
el desplazamiento de un enfoque teórico por otro, y por tanto, en un cambio de
paradigma.
En este período de investigación extraordinaria, los acuerdos
básicos se resquebrajan, las "reglas del juego" de la ciencia normal pierden
fuerza y su aplicación se vuelve cada vez menos uniforme. Como los científicos
en esta situación "tienen la disposición para ensayarlo todo", proliferan los
intentos de articulación de estructuras teóricas alternativas que permitan
resolver las anomalías, hasta que una de ellas logra perfilarse como el
candidato rival del enfoque anterior. Cuando esto ocurre, se inicia la
competencia por lograr la aceptación de la comunidad pertinente.
¿Cómo eligen los científicos entre teorías en competencia?,
¿cómo se comparan teorías integradas en paradigmas rivales? Éste no es el tipo
de competencia que se puede resolver por medio de pruebas. Esto es, resulta
imposible encontrar procedimientos de decisión que se apliquen de manera
uniforme y con total acuerdo a la manera como en las ciencias formales existen
procedimientos que, aplicados paso a paso, permiten identificar los errores de
una demostración o aprobarla como correcta.
No hay ningún algoritmo neutral para la elección de teorías,
ningún procedimiento sistemático de decisión que, aplicado adecuadamente, deba
conducir a cada individuo del grupo a la misma decisión (Kuhn, T.S.,
"Postscript-1969" a La estructura de las revoluciones
científicas)
La elección entre teorías rivales no se puede resolver apelando
a la lógica y la experiencia neutral -como pretenden los empiristas lógicos-, ni
mediante decisiones claramente gobernadas por reglas metodológicas -como
proponen los racionalistas críticos-, porque las diferencias que separan a las
teorías rivales las hacen inconmensurables.
5.3.2.1 La tesis de inconmensurabilidad
Las revoluciones científicas no sólo muestran el reemplazo de
principios teóricos fundamentales. También muestran el cuestionamiento y
eventual modificación de otros componentes de la empresa científica que hasta
ese momento se habían considerado evidentes o seguros: datos, objetivos, normas,
procedimientos, técnicas, etc. Al examinar las diferencias que pueden surgir
entre los defensores de teorías rivales, Kuhn encuentra el siguiente
repertorio:
Cuando cambian los paradigmas, hay normalmente
transformaciones importantes en los criterios que determinan la legitimidad
tanto de los problemas como de las soluciones propuestas (Kuhn, T.S., La
estructura de las revoluciones científicas, p. 109)
Por otra parte, "en el nuevo paradigma, los términos, los
conceptos y los experimentos anteriores entran en relaciones diferentes entre
sí".
Esta tesos kuhniana de que un cambio de paradigma lleva consigo
cambios cruciales de significado -cambios en la red conceptual a través de la
cual los científicos estructuran su campo de estudio- se refiere no sólo a
ciertas variaciones en los términos teóricos, sino también en los términos de
observación. Kuhn emprende una crítica de fondo a la tesis empirista de la
existencia de una base observacional neutral y de su lenguaje correspondiente.
Kuhn afirma que no hay observaciones puras, no contaminadas por nuestros
sistemas de creencias, ni datos absolutamente estables. No sólo la interpretación de las observaciones depende del marco conceptual en el
que se esté inmerso, sino también las mismas posibilidades perceptuales. "Lo que
un hombre ve depende tanto de lo que mira como de lo que su experiencia visual y
conceptual previa lo ha enseñado a ver". La "carga teórica" de la observación
impide, por tanto, contar con un lenguaje completamente neutral en el cual se
puedan expresar todas las consecuencias contrastables de dos teorías
rivales.
Por otra parte,
los paradigmas sucesivos nos dicen cosas diferentes acerca de
la población del universo y acerca del comportamiento de esa población.
(ibid., p. 103)
Con esto Kuhn está apuntando a las diferencias en los
compromisos ontológicos, en los supuestos sobre la existencia de entidades y
procesos, y sobre su naturaleza. Estos compromisos inciden en la clasificación
de los objetos, y repercuten en el tipo de experimentos que se diseñan y de
observaciones que se realizan.
Kuhn concluye que los paradigmas rivales, junto con sus
tradiciones de investigación normal, son inconmensurables. Por tanto, la
inconmensurabilidad es una relación compleja entre paradigmas sucesivos, que
abarca las diferencias en las normas de procedimiento y evaluación (diferencias
metodológicas), en las estructuras conceptuales (diferencias semánticas), así
como en la percepción del mundo y en los supuestos ontológicos.
Estas diferencias impiden que quienes entran en debate partan
de las mismas premisas -y establezcan una comunicación completa-, por
tanto no se puede probar, con base en una argumentación que todos
acepten, que una teoría es mejor que otra. No se puede apelar a una experiencia
(observación) neutral, ni a criterios de evaluación que sean universalmente
aceptables. No existe una instancia de evaluación por encima de los paradigmas a
la cual poder apelar en los períodos revolucionarios. Precisamente por eso son
revolucionarios. La existencia de una instancia semejante significaría que, a
fin de cuentas, no hay más que una única manera correcta de hacer ciencia, como
han supuesto los filósofos que defienden la concepción clásica de la
racionalidad científica.
Si no hubiera más que un conjunto de problemas científicos,
un mundo en el que poder ocuparse de ellos y un conjunto de normas para su
solución, la competencia entre paradigmas podría resolverse por medio de algún
proceso más o menos rutinario, como contar el número de problemas resueltos
por cada uno de ellos (ibid., pp. 147-148)
En los años setenta Kuhn restringe la inconmensurabilidad a la
divergencia semántica entre teorías: dos teorías son inconmensurables cuando
están articuladas en lenguajes que no son mutuamente traducibles. Esto es, la
diferencia semántica entre teorías rivales es de tal naturaleza que impide que
todos sus términos básicos sean interdefinibles y, en consecuencia, que sus
enunciados sean intertraducibles. En el desarrollo de esta versión semántica se
destacan las siguientes tesis: 1) "La comparación punto por punto de dos teorías
sucesivas exige un lenguaje al cual puedan traducirse, sin pérdidas ni residuos,
por lo menos las consecuencias empíricas de ambas". 2) En el caso de teorías
inconmensurables, "no existe un lenguaje común en el cual se puedan expresar
completamente ambas teorías, y al que por tanto se pudiera recurrir en una
comparación punto por punto entre ellas".
De esta manera, la inconmensurabilidad queda ligada al fracaso
de traducción completa entre teorías, fracaso que repercute en el tipo de
comparación que se puede establecer entre ellas. Y queda claro que lo que la
inconmensurabilidad impide es un tipo determinado de comparación, la
"comparación punto por punto". También se infiere que la clave para llegar a
esta situación hay que buscarla en un tipo peculiar de cambio semántico (un
vocabulario puede sufrir diversos cambios de significado sin que ello conduzca a
un fracaso de traducción, como sucede en los períodos de investigación
normal).
Las teorías inconmensurables son teorías que entran en una
competencia genuina porque pretenden "hablar de lo mismo", aunque utilizando algunos términos que no son mutuamente traducibles (fenómeno que había
pasado totalmente desapercibido en la filosofía tradicional de la ciencia). Se
trata, por tanto, de teorías que invitan a un juicio comparativo. La teoría de
Ptolomeo y la de Copérnico se refieren a movimientos planetarios. Y es
precisamente el que tengan un ámbito común de referencia lo que vuelve tan
sorprendente el hecho de que sean inconmensurables.
Ahora bien, desde un punto de vista meramente histórico, el que
"planeta" en la teoría de Ptolomeo no signifique lo mismo que "planeta" en la
teoría de Copérnico puede ser considerado como un indicador más de lo que sucede
en el avance científico. Sin embargo, este tipo de cambio semántico se vuelve un
serio problema cuando se reflexiona sobre la comparación de teorías. A pesar de
sus notables diferencias, se puede afirmar que estos modelos -tanto los que
surgen del empirismo lógico como del racionalismo crítico- presentan una
estructura básica común: primero se enuncian las consecuencias contrastables de
las teorías en un lenguaje básico común, y después mediante algún algoritmo que establezca una medida de comparación de su verdad/falsedad
-de sus grados de confirmación o de sus grados de verosimilitud, según la
corriente filosófica-, se elige entre ellas con total acuerdo. Pero éste es
justamente el tipo de comparación punto por punto que la inconmensurabilidad
impide, lo cual revela que en la concepción tradicional se parte del supuesto de
que "el problema de la elección de teorías se puede resolver empleando técnicas
que sean semánticamente neutrales".
5.3.2.2 Taxonomías, traducción y aprendizaje
La clave del tipo de cambio semántico que conduce al fracaso de
traducción completa entre teorías está en las relaciones básicas de semejanza y
diferencia -que se adquieren durante la educación profesional- de acuerdo con
las cuales se identifican y distinguen entre sí, se clasifican, los objetos del
dominio de investigación:
Uno de los aspectos de toda revolución es que algunas de las
relaciones de semejanza cambian. Objetos que antes estaban agrupados en el
mismo conjunto son agrupados después en conjuntos diferentes, y viceversa.
Piénsese en el Sol, la Luna, Marte y la Tierra, antes y después de Copérnico;
en la caída libre, el movimiento pendular y el movimiento planetario, antes y
después de Galileo; o en las sales, las aleaciones y las mezclas de azufre y
limaduras de hierro, antes y después de Dalton. Como la mayoría de los
objetos, incluso dentro de los conjuntos que se alteran, continúan agrupados
igual, los nombres de los conjuntos generalmente se conservan ("Reflections on
my Critics", en I. Lakatos y a. Musgrave (eds.), o.c.,
391-454)
Este cambio en los esquemas clasificatorios supone un cambio en
las categorías taxonómicas básicas. Se trata, por tanto, de un cambio de
significado que no se restringe al modo como las teorías rivales
caracterizan su ámbito de referencia, sino que también implica una modificación
en la estructura de dicho ámbito. De esta manera, no sólo varía el sentido (la
intensión) de ciertos términos, sino también su referencia (su extensión). Esto
se puede apreciar fácilmente en el caso de la transición de la astronomía
ptolemaica a la copernicana. Antes de esta transición, la Luna era un caso
paradigmático de planeta, el Sol también era un planeta y la Tierra estaba fuera
de la discusión; después, la Tierra pasó a ser un planeta como Marte y Júpiter,
el Sol pasó a ser una estrella, y la Luna se catalogó como un nuevo tipo de
objeto, un satélite. Es claro que la extensión del término "planeta", su
referencia, se alteró de manera drástica, alteración que no se puede interpretar
como una mera corrección puntual en el sistema ptolemaico. Se trata de un cambio
que involucra una modificación de las supuestas leyes de la naturaleza junto con
una manera diferente de asociar los términos con los objetos del dominio. Y
cuando ocurre un cambio de este tipo, tienen que surgir problemas serios de
traducción: "¿Por qué es tan difícil la traducción, ya sea entre teorías o entre
lenguajes? Porque, como se ha señalado con frecuencia, los lenguajes recortan el
mundo de maneras diferentes" (ibid.).
Por contraste, la mayoría de los cambios de significado,
aquellos que ocurren en la ciencia normal, no implican alteraciones de la
estructura taxonómica del dominio de investigación. No todo desarrollo semántico
está ligado con cambios en la taxonomía ni, por tanto, genera
inconmensurabilidad.
Un cambio de taxonomía tiene siempre un carácter holista, es decir, nunca se da como una modificación puntual en
categorías aisladas. Por ejemplo, cuando se aprende mecánica newtoniana, los
términos "masa" y "fuerza" deben aprenderse a la vez, y la segunda ley de Newton
debe desempeñar un papel en dicho aprendizaje". También la manera como se
identifican las fuerzas y masas en situaciones concretas pone de relieve su
dependencia mutua, dependencia cuya forma está dada por la segunda ley. Por esto
los términos newtonianos "fuerza" y "masa" no son traducibles al lenguaje de una
teoría física, como la aristotélica o la einsteiniana, donde no se asume la
versión de Newton de la segunda ley.
Ahora bien, el cambio en la estructura taxonómica, si bien
tiene un crucial efecto holista, sólo se refleja en un subconjunto de términos
básicos:
La mayoría de los términos comunes a las dos teorías
[inconmensurables] funciona de la misma forma en ambas; sus significados [...]
se preservan; su traducción es simplemente homófona. Surgen problemas de
traducción únicamente con un pequeño subgrupo de términos (que usualmente se
interdefinen), y con los enunciados que los contienen. La afirmación de que
dos teorías son inconmensurables es más modesta de lo que la mayor parte de
sus críticos ha supuesto ("Conmensurabilidad, comparabilidad y
comunicabilidad", en T. S. Kuhn, ¿Qué son las revoluciones científicas? y
otros ensayos, Barcelona, Paidós-ICE de la Universidad Autónoma de
Barcelona, 1989, 91-135)
Es aquí cuando Kuhn pone en claro el carácter local de
la inconmensurabilidad, haciendo explícito el supuesto de una considerable base
semántica común entre las teorías rivales. Esta base común permitiría que al
menos una parte de su contenido se comparara directamente:
Los términos que preservan su significado a través de un
cambio de teoría proporcionan una base suficiente para la discusión de las
diferencias, y para las comparaciones que son relevantes en la elección de
teorías. Proporcionan incluso [...] una base para poder explorar los
significados de los términos inconmensurables (ibid.)
Frente a la siguiente pregunta: ¿cómo pueden tener éxito los
historiadores al interpretar teorías del pasado cuanto éstas no son
completamente traducibles al lenguaje de las teorías actuales?, ¿acaso ese éxito
no es una prueba de que tales teorías no son realmente inconmensurables?, la
respuesta de Kuhn es que esta línea de crítica parte de un supuesto equivocado,
que es la ecuación entre interpretación y traducción. El trabajo de un
historiador de la ciencia exige básicamente procesos de interpretación, no de
traducción. El historiador se topa con textos aparentemente sin sentido, cuya
comprensión exige la construcción de una forma de lectura alternativa, donde se
detecten los conjuntos de términos que han cambiado de significado, y donde se
descubra, vía la propuesta de hipótesis interpretativas, el uso que tenían
dichos términos en el texto original.
Si tiene éxito, al final habrá logrado aprender una
nueva lengua. Pero "aprender" un nuevo lenguaje no es lo mismo que traducir ese
lenguaje al propio. Tener éxito en lo primero no implica que se vaya a tener
éxito en lo segundo. El caso crucial para el científico que intenta comprender
una teoría inconmensurable con la propia, es cuando se topa con términos en
relación con los cuales no hay en su lenguaje (o teoría) un término o conjunto
de términos que tenga la misma referencia. Éste es el caso, justamente, en que
el investigador se encuentra con una estructura taxonómica que no es homologable
a la suya. En estas circunstancias, el aprendizaje del nuevo lenguaje (teoría)
implica aprender a reconocer los referentes de ciertos términos que no son
traducibles al propio lenguaje.
La diferencia entre Kuhn y Quine radica en que, mientras Quine
supone la universalidad del lenguaje, en el sentido de que cualquier cosa que
pueda ser expresada en un lenguaje puede también ser expresada en cualquier otro
lenguaje, Kuhn supone la capacidad, en principio, de aprender cualquier
lenguaje:
Cualquier cosa que se puede decir en un lenguaje puede, con
suficiente imaginación y esfuerzo, ser comprendida por un hablante de otro
lenguaje. El requisito previo para tal comprensión, sin embargo, no es la
traducción sino el aprendizaje del lenguaje ("Dubbing and Redubbing: the
Vulnerability of Rigid Designation", en C.W. Savage (ed.), Scientific
Theories. Minnesota Studies in the Philosophy of Science, vol. XVI,
298-318, University of Minnesota Press, Minneapolis)
Este aprendizaje no garantiza la traducción completa porque un
léxico limita el rango de mundos, o formas de ver el mundo, que son accesibles.
Y aunque los conjuntos de mundos que son accesibles desde dos léxicos diferentes
se pueden traslapar, quedará en cada caso un subconjunto que no se puede
describir en el otro léxico, el que corresponde a las diferencias locales en las
taxonomías. De aquí que cuando se aprende un lenguaje, se aprende a categorizar
y estructurar el mundo de una determinada manera, es decir, se adquiere una
ontología.
5.3.2.3 Desacuerdos racionales y elección de teorías
Si comparamos los valores a los que Kuhn alude con los que se
han propuesto en la tradición, no encontramos nada novedoso. Sin embargo, la
novedad está en afirmar que los valores epistémicos condicionan pero no
determinan las decisiones de los científicos, lo cual significa que no dan
lugar a reglas capaces de generar un algoritmo de decisión.
Estos valores, que son la fuente de las "buenas razones" en la
elección de teorías, no dan lugar a argumentos concluyentes por dos razones. La
primera es que en los períodos de crisis cada uno de ellos puede ser
interpretado de manera diferente por diferentes miembros de la misma comunidad
científica. Por ejemplo, qué significa que una teoría sea más simple que otra, y
a qué aspectos se refiere la simplicidad, es algo que no queda fijado de manera
unívoca por el compromiso de una comunidad con este valor. La segunda razón es
que los valores cognitivos pueden entrar en conflicto en su aplicación concreta;
por ejemplo, una teoría puede dar predicciones más exactas que otra, pero ser
menos fecunda. Esto hace necesaria una jerarquización donde se asigne un peso
relativo a los distintos valores.
Pero si los valores epistémicos o metodológicos no determinan
las decisiones individuales, ¿cómo llega cada científico a tomar una decisión en
la situación de tener que elegir entre teorías rivales? La respuesta es que se
requiere que intervengan factores adicionales, los cuales pueden variar
fuertemente de un científico a otro; y es aquí donde pueden intervenir factores
no estrictamente científicos o incluso extra-científicos. Por tanto, el análisis
de la elección de teorías, en el nivel de las decisiones individuales,
muestra la confluencia de dos tipos de componentes: los valores epistémicos
compartidos y las valoraciones o motivaciones personales.
Otros de los factores pertinentes en la elección se hallan
fuera de las ciencias. La elección que hizo Kepler del copernicanismo
obedeció, en parte, a su inmersión en el movimiento neoplatónico y el
movimiento hermético de su época; el romanticismo alemán predispuso a quienes
afectó hacia el reconocimiento y la aceptación del a conservación de la
energía; el pensamiento social de la Inglaterra del siglo XIX ejerció una
influencia similar en la disposición y aceptación del concepto darwiniano de
lucha por la existencia. Otras diferencias, también importantes, son función
de la personalidad. Algunos científicos valoran más que otros la originalidad
y, por tanto, están más dispuestos a correr riesgos; otros prefieren teorías
amplias y unificadoras en lugar de soluciones precisas y detalladas de los
problemas, que tengan menor alcance ("Objetividad, juicios de valor y elección
de teorías" en T. S. Kuhn, La tensión esencial, México, CONACYT-FCE,
1982, 344-364)
Este tipo de factores, que Kuhn llama ideológicos, conforma la
manera particular en que cada científico aplica los valores epistémicos
compartidos, la manera en que los interpreta y los jerarquiza en las situaciones
donde deja de haber lineamientos claros.
El desacuerdo permitido por el carácter no determinante de la
base epistémica compartida cumple una función vital para el desarrollo
científico: la distribución de riesgos en los períodos críticos de una
disciplina. La existencia de un algoritmo que prescribiera decisiones uniformes
podría resultar contraproducente. La situación de elección de teorías es casi
siempre una situación de riesgo, pues los científicos tienen que optar entre
teorías que no están totalmente desarrolladas, por una parte, y teorías que no
es evidente que estén agotadas, por otra. Por tanto, resulta más que conveniente
que haya quienes emprendan el desarrollo de las nuevas teorías, y quienes
continúen trabajando en las teorías en crisis con la mira de lograr una
estimación más o menos confiable de su potencial. Sin el desacuerdo, la
investigación correría el peligro de atrofiarse dentro de un enfoque teórico, o
de cambiar de enfoque antes de haberlo explotado lo suficiente.
Si hubiera un algoritmo de decisión, los desacuerdos se
deberían a que la menos una de las partes en conflicto está procediendo de
manera irracional; pero en ese caso las reglas del método permitirían una
solución, pues indicarían qué pruebas habría que realizar para obtener la
evidencia decisiva. Por lo tanto, todo desacuerdo sería decidible en
principio. Sin embargo, los juicios que en un momento dado expresan opiniones
encontradas pueden tener ambos razones de peso a su favor, sin que ninguno viole
los estándares aceptados o vaya en contra de la evidencia disponible. Pero,
sobre todo, en ciertos cortes sincrónicos se puede observar que los científicos
no tienen claro cómo se podría decidir su desacuerdo.
Para entender la noción de racionalidad que emerge del modelo
de Kuhn, debemos comenzar con el fenómeno de la variabilidad individual. La
afirmación de que dos sujetos, en la misma situación de elección de teorías,
pueden divergir en su decisión sin que ninguno esté procediendo de manera
irracional, va en contra de un principio de racionalidad muy arraigado, que está
en la base del modelo clásico: si es racional para un sujeto elegir A en cierta
situación, no puede ser racional para otro sujeto elegir B en esa misma
situación. Sin embargo, lo que la afirmación de Kuhn revela es que la
racionalidad tiene que ver, sobre todo, con aquello que está permitido,
más que con lo que es obligatorio.
Para Kuhn: 1) el principal agente de la ciencia, su sujeto, no es el individuo, sino la comunidad; y 2) la elección de
teorías no es un suceso que ocurre en un momento determinado, sino un proceso que comienza con un desacuerdo y termina con un nuevo
acuerdo.
El considerar a la comunidad como el sujeto que tiene le papel
decisivo en el desarrollo científico introduce una dimensión social,
imprescindible, en la racionalidad científica. Esto marca otro fuerte contraste
con la concepción tradicional donde la ciencia es esencialmente una empresa
desarrollada por individuos, que incluso podría trabajar aislados, dado que las
supuestas reglas que gobiernan su actividad constituyen un control suficiente para garantizar el acuerdo intersubjetivo sobre sus creencias y
decisiones individuales. En la concepción de Kuhn, por el contrario, la ciencia
no se puede entender como un juego de una sola persona. Como en los juicios y
propuestas de los científicos individuales intervienen preferencias subjetivas,
que generan los desacuerdos, y como no hay cánones de evaluación fijos y
universales, toda la responsabilidad de resolver los desacuerdos recae en la
comunidad de expertos.
Una vez que están planteadas las alternativas rivales, éstas se
vuelven objeto de un debate abierto entre los miembros de la comunidad
profesional, y sólo las decisiones que resultan del proceso de evaluación
y crítica comunitaria pueden calificarse como científicamente racionales.
La comunidad es la instancia que controla las propuestas y juicios individuales;
al filtrar a través del debate las valoraciones meramente subjetivas -aquellas
que no logran reunir el acuerdo de otros especialistas-, la comunidad limita la
dependencia de la empresa científica respecto de los sujetos individuales. De
esta manera, la comunidad es el tribunal que tiene la última palabra en las
situaciones de conflicto.
5.3.3 Feyerabend
Existen teorías científicas sobre un mismo dominio de fenómenos
que son inconmensurables. Una teoría científica general incorpora una
determinada concepción del mundo y un marco conceptual y un lenguaje propios, de
ahí que no se limite a representar o describir objetivamente fenómenos naturales
sino que configure objetos, conforme los hechos y, en definitiva, constituya un
determinado modo de percepción del mundo. No existen observaciones ni
experimentos neutros, sino que éstos sólo son posibles en un determinado marco
teórico. Por tanto, dos teorías generales cuyas leyes fundamentales sean
incompatibles son, en algunas de sus interpretaciones, tan inconmensurables como
pueden serlo dos ideologías diferentes y no pueden existir entre ellas
relaciones de inclusión, exclusión o solapamiento.
Según Feyerabend, no existe un conjunto de reglas o criterios
metodológicos fijos e invariables que puedan servir de guía al científico en la
formulación de nuevas hipótesis y teorías, en la aceptación de teorías ya
formuladas o en la elección entre dos teorías alternativas. Y, en este sentido,
carece de relevancia metodológica la distinción entre contexto de descubrimiento
y contexto de justificación que se había defendido en el empirismo lógico. La
historia de la ciencia nos muestra que no hay regla, por incontestable que
parezca, que no haya sido, afortunadamente, desobedecida en algún momento, de
ahí que reconstruir la historia de la ciencia pretendiendo haber descubierto en
ella una racionalidad invariable equivale a empobrecerla en la mezquina
búsqueda de claridad, precisión y "seguridad intelectual". Una regla
metodológica ampliamente aceptada es aquella que, partiendo de la idea de que
los hechos y los experimentos constituyen la base para la aceptación o el
rechazo de teorías científicas, aconseja desarrollar sólo hipótesis que sean
consistentes con teorías ya admitidas y bien confirmadas y/o con los hechos
establecidos; una regla metodológica que, para él, carece de justificación y
cuya desobediencia sistemática es incluso beneficiosa para el desarrollo de la
ciencia. La adopción de tal regla supone dar por válido el "principio de
autonomía de los hechos", esto es, la tesis según la cual "los hechos existen
y están disponibles independientemente de que se consideren o no alternativas a
la teoría que ha de ser contrastada". Sin embargo, frecuentemente, la
evidencia que puede provocar el rechazo de una teoría o, por el contrario,
incrementar su corroboración sólo surge cuando se adopta un punto de vista
totalmente distinto, porque hay hechos que sólo pueden ser formulados por
hipótesis y teorías alternativas. El conocimiento no avanza mediante una
sucesión de teorías consistentes entre sí sino a través del contraste entre
perspectivas diferentes e incluso incompatibles, de modo que exigir a una nueva
hipótesis consistencia con las teorías aceptadas equivale a favorecer a éstas
por el simple hecho de ser más antiguas y familiares. Tampoco estaría
justificado exigir a las nuevas hipótesis que concuerden con los hechos
establecidos, en primer lugar, porque, en realidad ninguna teoría científica
cumple cabalmente este requisito y, en segundo lugar, porque, dado que ningún
experimento o informe de observación es neutro teóricamente, tal exigencia
supondría aceptar acríticamente una determinada "ideología observacional". En
consecuencia, lo más aconsejable es desobedecer esta regla metodológica y actuar contrainductivamente, desarrollando hipótesis incompatibles con las
teorías y la base observacional establecidas, sin descartar para ello teorías
científicas ya rechazadas o ideas provenientes de fuera de la ciencia: de la
metafísica, la mitología o la religión. Por tanto, todo vale en la ciencia.
5.3.4 Hanson
Hanson critica la idea de la concepción heredada según la cual
lo fundamental en el estudio de la ciencia es el contexto de la justificación.
Hanson se queja de que los filósofos desfiguren las teorías físicas, aludiendo
muy pocas veces a los conceptos que de verdad utilizan los científicos:
La razón es simple. Ellos han considerado como paradigmas de
la investigación física sistemas completamente desarrollados como la mecánica
celeste, la óptica, el electromagnetismo y la termodinámica clásica y no
ciencias no acabadas, dinámicas y en proceso de búsqueda, como la microfísica
(Hanson, N.R., Patrones de descubrimiento. Observación y explicación,
Madrid, Alianza, 1977, p. 73)
Este error básico arrastra consigo otros, en cadena. Las
nociones de 'observación', 'hecho', 'hipótesis', 'ley', e incluso 'teoría',
están fosilizadas a fortiori por esta falta de contacto de los filósofos
de la ciencia con la investigación real, al centrarse exclusivamente en las
venerables teorías históricas, y entre ellas, sólo en las más respaldadas y
acreditadas.
Las observaciones que se efectúan en los laboratorios nunca son
triviales ni inmediatas: requieren unos conocimientos previos. El neófito es
incapaz de percibir lo que capta un especialista al estudiar los resultados de
un análisis o de un experimento. Hay que conocer la jerga correspondiente, a
saber por qué cada instrumento está dispuesto como está, tener idea de lo que es
significativo y lo que no en los resultados obtenidos, etc.
Si contraponemos a dos científicos que defienden teorías
contrapuestas sobre los mismos fenómenos, ¿perciben ambos lo mismo al observar
un experimento?
Pensemos en Johannes Kepler. Imaginémoslo en una colina
mirando el amanecer. Con él está Tycho Brahe. Kepler considera que el Sol está
fijo; es la Tierra la que se mueve. Pero Tycho, siguiendo a Aristóteles, al
menos en esto, sostiene que la Tierra está fija y que los demás cuerpos
celestes se mueven alrededor de ella. ¿Ven Kepler y Tycho la misma cosa en
el Este, al amanecer? (ibíd., p. 79)
Para responder a la pregunta no vale investigar sus respectivas
imágenes retinianas: «La visión es una experiencia. Una reacción de la retina es
solamente un estado físico, una excitación fotoquímica» (ibíd., p. 81).
Tycho y Kepler están viendo el mismo objeto físico: un disco luminoso y
brillante, de un color blanquecino amarillo, situado en un espacio azul sobre
una zona verde. Pero no observan lo mismo.
La psicología de la Gestalt ha mostrado, con múltiples
experimentos, que sobre una misma imagen se pueden ver objetos diferentes:
Decir que Kepler y Tycho ven la misma cosa al amanecer sólo
porque sus ojos son afectados de un modo similar es un error elemental. Existe
una gran diferencia entre un estado físico y una experiencia visual (op.
cit., p. 84)
Es demasiado fácil decir que Tycho y Kepler, Simplicio
y Galileo, Hooke y Newton, Priestley y Lavoisier, Soddy e Einstein, De Broglie
y Born, Heisenberg y Bohm hacen las mismas observaciones pero las utilizan de
forma diferente. Esto no explica las controversias existentes en las ciencias
en proceso de búsqueda. Si no hubiera ningún sentido en el que las
observaciones fueran distintas, no podrían ser usadas de forma diferente
(Ibíd., p. 99)
Hanson está atacando uno de los pivotes más firmes de la
concepción heredada y del neopositivismo: la común base sensorial y
observacional de las percepciones. Esa tesis sólo puede ser mantenida cuando el
filósofo de la ciencia ha estudiado las teorías ya constituidas y aceptadas, en
el marco de las cuales sus cultivadores efectivamente ven igual los fenómenos.
Pero en las fases de descubrimiento, con las controversias entre teorías que
suelen acompañarlas, la cuestión debe ser planteada en otros términos.
Investigar la lógica del descubrimiento implica elaborar una nueva teoría sobre
la observación científica, para lo cual Hanson aporta la siguiente tesis:
La visión es una acción que lleva una carga teórica. La
observación de x está moldeada por un conocimiento previo de x.
El lenguaje o las notaciones usados para expresar lo que conocemos, y sin los
cuales habría muy poco que pudiera reconocerse como conocimiento, ejercen
también influencias sobre las observaciones
(Ibíd.)
Si volvemos al ejemplo imaginario de Kepler y Brahe viendo el
Sol, Hanson concluyó que los campos visuales respectivos tienen una organización
diferente, desde un punto de vista conceptual. Por tanto, la observación
científica no es inmediata ni ingenua. Está cargada conceptualmente y determina
el contexto en el cual tiene lugar. En la configuración de dicho contexto
influyen las teorías científicas.
Entre las imágenes y el lenguaje hay un abismo, afirma Hanson.
El lenguaje observacional, caso de mantenerse esa noción, no se reduce a
imágenes ni a sensaciones: cada uno de sus términos posee una componente teórica
y conceptual.
Explicar un fenómeno x no consiste en buscar su causa
antecedente, sino en insertarlo en un sistema conceptual, en una teoría, en cuyo
marco cobra sentido y significado; mientras que en otra teoría puede resultar
irrelevante.
Galileo estudió la Luna frecuentemente. Está surcada de
agujeros y discontinuidades; pero decir de éstos que son cráteres -decir que
la superficie lunar está llena de cráteres- es insertar astronomía teórica en
las observaciones personales. ¿Un valle natural profundo es un cráter? Los
mineros excavan abrupta y profundamente, pero su resultado ¿es más que un
agujero? No; no es un cráter. Un pozo abandonado no es un cráter; tampoco lo
es el vórtice de un torbellino. Decir que una concavidad es un cráter equivale
a comprometerse con su origen, decir que su origen fue violento, rápido,
explosivo. Las explosiones de artillería producen cráteres, e igualmente los
hacen los meteoritos y los volcanes. Los dibujos de la superficie de la Luna
serían simplemente dibujos de una esfera marcada con hoyos, pero Galileo vio
cráteres (Hanson, Patrones de descubrimiento. Observación y
explicación, Madrid, Alianza, 1975, p. 145)
Hanson llama así la atención sobre un aspecto de la lógica del
descubrimiento que no había sido advertido: no ya sólo la observación o la
explicación científica están influidas por las teorías, es decir, por sistemas
conceptuales sin los cuales ni se ve, ni se entiende, ni se puede llegara
explicar ningún fenómeno, sino que la propia elección de los términos del lenguaje observacional orienta luego la investigación en una dirección o
en otra y, por lo tanto, puede ser heurísticamente más o menos afortunada. La
historia de la ciencia está llena de ejemplos en los que una inadecuada elección
de las denominaciones dio lugar a que los planteamientos teóricos que se
desarrollaban por medio de ese vocabulario fuesen mal recibidos por la comunidad
científica, dando lugar a que dichas teorías no llegaran a ser aceptadas,
teniendo que ser redescubiertas mucho tiempo después.
5.3.5 Otros críticos de la concepción heredada
Muchos de los autores que se han opuesto a la "concepción
heredada" niegan que haya la supuesta dicotomía entre los dos contextos. Esta
negación puede asumir varias formas; la más conocida, representada, entre otros,
por Hanson, va acompañada de esfuerzos para constituir lo que se ha llamado una
"lógica del descubrimiento". Los procesos de descubrimiento no siguen
necesariamente vías azarosas ni están condicionados y, con ello, validados por
circunstancias "externas"; hay formas y modelos o patrones de descubrimiento. La
"lógica de la ciencia" es una "lógica del producto terminado", en tanto que una
"lógica del descubrimiento" es una lógica que, aun si parte del producto
terminado, sigue los pasos que llevaron lógicamente a tal producto. Los modos de
desarrollar la "lógica del descubrimiento" varían dependiendo de lo que se
entienda por 'contexto' en la expresión 'contexto de descubrimiento'. Cabe
entender tal contexto de un modo "máximo", en cuyo caso la lógica del
descubrimiento se "disuelve", en efecto, en psicología o en sociología de la
ciencia, perdiéndose entonces toda estructura lógica o fiándose en "estructuras
lógicas" del contexto al que se recurra en cada caso. Puede entenderse de un
modo "mínimo" o, cuando menos, "moderado, como lo hace Hanson al hablar de la
lógica del descubrimiento "filosóficamente respetable", la cual incluye, entre
otros elementos, estudios de pasos inferenciales a partir del reconocimiento de
anomalías y determinación de tipos de hipótesis que puedan servir para
"explicar" las anomalías, y la cual constituye, en sus palabras, "un área de
investigación, no un manual de conclusiones" (o de recetas). Aun en el sentido
"mínimo" o "moderado", sin embargo, se postula que una "lógica del
descubrimiento" tiene que distinguirse de una "lógica de los métodos de
inducción", que Reichenbach y otros autores "ortodoxos" estiman ser la
metodología apropiada para el estudio del procedimiento científico.
Para Toulmin, la filosofía de la ciencia debe dejar de
interesarse por las teorías científicas consolidadas, para investigar las
teorías en su proceso de construcción y desarrollo:
Ha llegado la hora de ir más allá de la imagen estática,
"instantánea", de las teorías cientificas a la que los filósofos de la ciencia
se han autolimitado durante tanto tiempo y de desarrollar una "imagen móvil"
de los problemas y procedimientos científicos, en cuyos términos la dinámica
intelectual del cambio conceptual en la ciencia llegue a ser inteligible, y
transparente la naturaleza de su racionalidad
A lo largo de los años sesenta, se han hicieron diversas
críticas a la distinción entre contexto de justificación y contexto de
descubrimiento, mostrando que está conectada con distinciones tan relevantes
para la filosofía de la ciencia como la que hay entre lo factual y lo normativo
o entre la lógica y lo empírico, o incluso entre la historia de la ciencia
internalista y externalista. Hubo autores que afirmaron la existencia de
componentes lógicas y reglas heurísticas en los procesos de descubrimiento
científico. Por influencia de Kuhn, numerosos autores han optado por añadir un
tercer término a la distinción, e incluso un cuarto. Así, para Goldman, la
actividad de resolver problemas científicos incluye la generación o propuesta de
los mismos, su indagación, testar las soluciones posibles y, finalmente, la toma
de una decisión: el descubrimiento y la justificación no serían, por lo tanto,
pasos consecutivos, sino interactivos; asimismo, no cabe adscribir una fase de
la resolución de problemas científicos a la lógica y el resto a la historia, a
la psicología o a la sociología de la ciencia.
Los filósofos de la ciencia de tendencia historicista
reivindican la conveniencia de ocuparse también del contexto de descubrimiento,
en colaboración con los historiadores, psicólogos y sociólogos de la
ciencia.
No obstante, a pesar de todas estas críticas, autores tan
influyentes actualmente como Giere o Laudan han seguido manteniendo la idea
básica de la distinción de Reichenbach. Así, Giere afirma explícitamente
que:
Para nosotros, el razonamiento científico no es el
razonamiento del laboratorio sino el del informe de investigación, una vez
terminada ésta. La mayor parte de lo que sucede de hecho durante la
investigación nunca aparece en el informe final
Para Laudan, la ciencia es, en esencia, "una actividad de
resolución de problemas", pero los filósofos de la ciencia deben ocuparse sobre
todo de la racionalidad científica, y ésta se restringe a
la evaluación cognoscitivamente racional de los problemas
científicos. Hay muchos casos en que, sobre bases no racionales o
irracionales, un problema llega a tener gran importancia para una comunidad de
científicos. Así, determinados problemas pueden adquirir una relativa
importancia porque la Agencia Estatal para la investigación científica paga a
los científicos para que trabajen en ellos, o, como en el caso de la
investigación del cáncer, porque hay presiones morales, sociales y financieras
que pueden "elevar" tales problemas a un lugar quizá más alto del que merecen
desde un punto de vista cognoscitivo. No es mi propósito adentrarme en las
dimensiones no racionales de la evaluación de problemas
De acuerdo con estas posturas, la filosofía de la ciencia no
tiene como objeto de estudio la actividad real de los científicos, con sus
diversas mediaciones y complejidades, sino que debe ocuparse de reflexionar
exclusivamente sobre las exposiciones finales de los resultados de la
investigación científica. Los sociólogos de la ciencia sociólogos de la ciencia
se han opuesto a este reduccionismo epistemológico, argumentando que la
construcción de los hechos en el laboratorio y los procesos de consenso entre
científicos en la fase de investigación son determinantes de los resultados
finales
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