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Tema 38. Revolución Industrial e Industrialización. |
1. La revolución industrial
1.1.
La industria antigua
Estaba muy dispersada en las familias,
en las aldeas, en pequeños talleres, había muy pocas
fábricas grandes. La producción era limitada: en 1780,
en una Francia de 26 millones de habitantes, sólo
la producción de carbón era de 300.000 toneladas.
Gran Bretaña, la más avanzada de las naciones industriales,
consumía en la misma época sólo 1.000 toneladas de
estaño, algo más de tres millones de algodón y producía
60.000 toneladas de fundición.
Lo esencial de los capitales industriales,
la mayor parte de la mano de obra, se concentraban
en las industrias de consumo, especialmente en las
textiles, y muy poco en las de equipamiento, como
la metalurgia.
1.2. Características de la industria moderna
1) Disminución del papel de la
agricultura aunque su producción aumenta debido a
la introducción de mejoras en ella: maquinaria, obreros...
2) Elevada proporción de mano
de obra ocupada en el sector terciario.
3) Nacimiento del sector secundario
(minería, manufacturas y construcción).
Esta transformación se hizo patente
por primera vez en Inglaterra, luego en Escocia, de
ahí que se haya definido a Gran Bretaña como "la
primera nación industrial".
CAMERON rechaza el término "revolución
industrial" por considerarlo inexacto y equívoco,
además de distraer la atención de otros tipos de revolución
en la Europa continental con su empleo. Emplea la
definición de "nacimiento de la industria moderna",
con una serie de característica concretas que la diferencian de la "industria
premoderna":
- El uso extensivo de maquinaria
mecánica.
- Introducción de nuevas fuentes
de energía inanimadas, especialmente los combustibles
fósiles.
- Uso generalizado de materias
que normalmente no se encuentran en la naturaleza.
1.3.
¿
Cuáles
son las causas de la revolución industrial?
Para
CLAUDE FOHLEN, autor de ¿Qu'est-ce que la révolution industrielle?, existen dos tipos de factores que propiciaron esta revolución. Son
los que denomina factores endógenos y factores exógenos.
1.3.1. Factores endógenos
Técnica y tecnología, invento e innovación.
Para Fohlen
sin progreso técnico no puede existir industria,
tal y como se entiende en la actualidad. Asimismo
acepta el hecho de que en el Antiguo Régimen, aunque
se utilizaban técnicas rudimentarias se habían hecho
importantes avances técnicos, tales como el molino
de agua, el timón de codaste, entre otros. La razón
que el autor aduce para explicar el que, a pesar de
estos avances no se hubiera producido un fenómeno
como el de la revolución industrial, es que lo que
interesa tanto no es el invento no la innovación,
es decir, su aplicación efectiva en sector industrial.
Para corroborar su aserto FOHLEN pone varios ejemplos
prácticos. El primero de ellos es la invención de
la lanzadera volante por John
Kay, un fabricante de cardas
en 1733. Este "aparato", denominado "jenny", permitía hilar varios hilos a la vez,
en lugar de uno sólo. Otro de las innovaciones en
el sector textil lo constituye fue la invención del
bastidor para hilar de Richard Arkwright,
llegando, sin embargo, a su máxima funcionalidad con
Crompton, que combinó las
ventajas de la "jenny"
con las del bastidor en un aparato denominado "mula".
Estas innovaciones transformaron
la industria textil, pero fue la aparición de un nuevo
agente, la máquina de vapor, la que proporcionó un
motor a la industria moderna.
Respecto con las innovaciones de
siglos anteriores, las nacidas en el siglo XVIII se
diferenciaban en la necedad de una fuerza motriz capaz
de moverlas. Existía la posibilidad de utilizar para
dicho fin la energía hidráulica, algo que hicieron
muchas nuevas industrias textiles. Sin embargo, la
aplicación de la máquina de vapor supuso un corte
radical con todo sistema empleado hasta entonces.
En 1769 James Watt
obtiene su patente de máquina de vapor y a comienzos
del siglo XIX Gran Bretaña es la gran productora y
exportadora de estas máquinas, ya que en 1830 dispone
de 15.000 máquinas en servicio, mientras que Francia
cuenta con 3.000 y la Prusia Renana con 1.000.
La principal fuente de energía
de las máquinas de vapor es el carbón, por lo que
en este aspecto Gran Bretaña pronto se pondrá a la
cabeza, al tiempo que su producción de carbón mineral
(hulla) conoce un importante aumento.
1700 1750
1800 1829
Producción 2'5 Tm
5 Tm 10 Tm
16 Tm
Como conclusión a este apartado
hay que hacer referencia a lo que los economistas
denominan estrangulamiento, es decir, una situación
de desequilibrio provocada por la aparición de estas
innovaciones, que exigen reajustes que dan lugar a
nuevas innovaciones. Así en el caso de la industria
textil la invención de la lanzadera volante aumentó
las necedades de fibra hilada e incitó la búsqueda
de método novedosos para
su aumento.
Esto no significa que el progreso
técnico sea rápido y automático, ya que en algunos
de los sectores más importantes de la nueva industria
(acero) habrá de esperarse alrededor de un siglo para
hallar un procedimiento lo suficientemente práctico
para la producción del acero.
Acumulación
de capital e inversiones.
Partiendo de la existencia de unas ideas que pudieran el nacimiento de
las más revolucionarias innovaciones era imprescindible
la aportación de grandes cantidades de capital que
mantuviesen a las nuevas industrias. Hasta el siglo
XVIII había muy poca necedad de capitales, dirigiéndose
principalmente hacia la tierra.
Las primeras innovaciones no requirieron
una importante inversión, sin embargo, las siguientes
-la máquina de vapor- de otro calibre, debieron ser
financiadas. La situación plantea dos preguntas:
¿Cómo se realizaron las inversiones? y ¿Por qué se
invirtió en la industria y no en otros sectores?
El origen de los capitales invertidos
ha dado lugar a un importante debate, resumido por
ASTHON:
" Hay quienes afirman que los capitales procedían de la
tierra; otros que su origen fue el comercio ultramarino;
y otros, además, que pretenden haber descubierto,
en el interior del país un flujo desde industrias
secundarias hasta las principales"[1][1].
Las dos procedencias principales de los capitales
serían el acumulado en la agricultura y el proveniente
de ultramar. Es evidente que el siglo XVIII fue para
toda Europa occidental, un periodo de gran prosperidad
económica, basada, por un lado en el comercio colonial,
y por otro en el incremento de la producción agrícola.
El comercio de las Islas o de las Indias, orientales
u occidentales, permitía considerables beneficios.
Sin embargo, no es cierto que estos beneficios se
invirtiesen en la industria. Que contribuyesen a su
florecimiento, es cierto, que lo provocasen, es muy
improbable.
En el origen de muchas empresas
industriales, se encuentra una aportación de capitales,
individuales o familiares, de poco valor, pero suficientes.
Las conclusiones que se derivan
de este debate es recogido por FRANÇOIS CRUZET: “
Parece que la industria británica financió
ella mismo en lo esencial sus cambios, lo que destaca
la espontaneidad de la Revolución Industrial, su carácter
de crecimiento orgánico a partir de una estructura
ya compleja y dinámica, como era el caso de la inglesa
hacia 1760”.[2][2].
Función de los empresarios
Debido a las pequeñas cantidades
que suponían las primeras inversiones, las decisiones
sobre su utilización correspondían a una persona,
la cual adquirirá gran importancia: el empresario.
En primer lugar hay que hacer una distinción entre
un capitalista y un empresario. Una persona puede
acaparar mucho capital, pero en lugar de invertirlo
(empresario), lo atesora (simplemente capitalista),
algo que se hizo durante cientos de años.
Sobre este tema ROSTOW afirma "El
despegue implica necesariamente la existencia y vitalidad
de un grupo social que esté dispuesto a aceptar las
innovaciones (...). Es indispensable que unas personas,
estimuladas por uno u otro motivo, se de cuenta que
es posible y útil realizar inversiones de capital;
para que sus esfuerzos consigan un éxito aceptable,
deben elegir mostrando una decisión tan sólida como
posible entre las diversas direcciones que se les
ofrece a sus empresas"[3][3]
La cuestión del empresario ha sido
planteada principalmente, debido sobre todo al retraso
que tenía con Gran Bretaña, y ha sido estudiado por
el historiador DAVID LANDES. Define al empresario
tipo francés como un hombre de negocios que coloca
su capital o en la mayoría de los casos el de un reducido
número de socios. Para aseverar esta afirmación LANDES
cita ejemplos de los dos sectores punta: el textil
y el metalúrgico.
En el primero de ellos el empresario
es un comerciante-fabricante que se satisface con
la distribución de trabajo a obreros rurales dispersos
en el campo y con la centralización de las piezas
una vez tejidas.
En el metalúrgico, se identifica
con un maestro de forjas que posee un horno y que
trabaja con los campesinos de la zona.
Otra característica que otorga
el autor al campesino francés es la de conservador
lo que le hace buscar la seguridad a cualquier precio,
lo que se traduce en: beneficios poco elevados, pero
seguros, inversión reducidas en equipo, búsqueda de
valores estables (tierra),para
invertir los beneficios conseguidos. De esta forma
el empresario se asegura una cierta independencia,
especialmente financiera, lo que da lugar a la autofinanciación,
o a la utilización sólo de recursos familiares, excluyendo
fondos exteriores (bancarios).
1.3.2. Factores
exógenos
Los más importantes son:
La revolución agrícola
Tradicionalmente
se la considera como la primera en orden cronológico,
y se ubica en Gran Bretaña en la primera mitad del
siglo XVIII.
El antiguo
régimen
La rotación trienal era la técnica
básica.
1701
1702 1703
Primera hoja: Trigo Avena
Barbecho
Segunda hoja: Avena Barbecho
Trigo
Tercera hoja: Barbecho Trigo
Avena
Lo que más se cultivaba eran cereales,
pocas plantas de raíz, entre las cuales la patata
era muy rara. Había poco ganado, poco estiércol, y
en consecuencia, bajo rendimiento agrícola: de 5 a
10 quintales por hectárea. A menudo se practicaba
el policultivo. Las herramientas
de trabajo eran arcaicas, el arado sólo constaba de
una reja de madera, sin tren delantero.
La revolución
de la agricultura
Conste fundamentalmente en la
supresión de la rotación trienal y en la desaparición
de los barbechos; la innovación fundamental es la
alternancia de cereales con plantas destinadas en
general al ganado.
Características:
1) obra de una minoría.
Estas innovaciones son obra de
una minoría, cuya magnitud e influencia era netamente
mayor en Gran Bretaña que en Francia. Se trata de
innovaciones de grandes propietarios rurales, de economistas,
de agrónomos apasionados, que intentan, a menudo por
su cuenta y riesgo, experiencias desafortunadas, pero
interesantes, de donde habría de salir los grandes
progresos del siglo XIX.
Innovadores ingleses:
a) Jethro
Tull. Propietario rural.
Convencido de la necedad de ventilar y pulverizar
el suelo por medio de múltiples labores, aunque rechazaba
el empleo del estiércol y cualquier tipo de abono,
así como la rotación de los cultivos. Fue un sembrador
de pipirigallo con una sembradora de su invención.
b) Charles Townshend.
Abandonó una importante carrera como diplomático por
sus tierras en Norfolk. Estas propiedades pasaron de ser un erial pantanoso
a convertirse en un dominio productivo gracias al
abono con marga, el cultivo de naba, la rotación cuadrienal (forraje, trigo, cebada
o avena). Los granjeros de Norfolk lo imitaron y se enriquecieron.
c) Robert
Bakewell. Ejerció una mayor
influencia con su granja de Disley
(Leicester), en la que destacan
sus praderas de siega, los canales de irrigación,
además de una gran selección de ganado para carne.
d) Thomas Coke.
Combina las técnicas de sus antecesores: las tierras
arenosas son margadas, estercoladas, sembradas con
sembradoras mecánicas, se asocia el trigo a las nabas,
a las patatas, a la remolacha para alimentar un poderoso
rebaño que está en los establos.
e) Arthur
Young. En sus viajes por
Francia y Gran Bretaña, anota importantes innovaciones,
como es el uso correcto de los forrajes, la sustitución
del barbecho por maíz.
2) Extensión de las superficies cultivadas
El segundo aspecto de la revolución
agrícola de Europa en el siglo XVIII fue la conquista
de nuevas tierras cultivables, destinadas a responder
al aumento de la población. Se recurrió para ello
a dos medios. En primer lugar un procedimiento muy
clásico la roturación de bosques, el drenaje de pantanos,
el cultivo de eriales. En segundo lugar mediante la
supresión del barbecho, lo que representó un aumento
de un tercio a la mitad de las tierras.
De lo hasta entonces mencionado
podemos destacar el aspecto, no sólo cuantitativo,
no también cualitativo de esta conquista, ya que este
barbecho, en lugar de facilitar un descanso a la tierra,
lo que en realidad producía era un mayor agotamiento,
y cederá el puesto a plantas forrajeras, destinadas
al alimento de hombres y ganados. La primera consecuencia
de ello fue la mejora de la calidad de las tierras
y el rendimiento de los cereales; el ciclo trienal
se convierte en cuadrienal, o incluso más flexible,
dependiendo de los suelos y los climas. Otra utilidad
fue que este progreso de los forrajes permitió alimentar
en mejores condiciones al ganado en establos con productos
adecuados a sus necedades, de los cuales deriva un
progreso en la calidad y la cantidad de carne puesta
en el mercado, así como en productos lecheros, y una
mayor cantidad de estiércol para abonar las tierras.
Por último se incorporan cultivos
nuevos en el ciclo de la rotación, que en el siglo
XIX tendrán un éxito generalizado: la remolacha azucarera
y la patata.
3) El individualismo agrario.
Este es el nombre con el que MARC
BLOCH denominó al tercer factor de evolución de la
agricultura europea. El cultivo continuo de los suelos,
las nuevas roturaciones reducen mucho la trashumancia
de los ganados y los pastos de común, todo el sistema
de openfield y de
obligaciones colectivas que a él estaban ligadas se
ve afectado, atacado y corroído por la concentración
parcelaria, bien impuesta por el Estado a todos los
agricultores (Suecia 1749), bien que la organice una
clase social en su propio provecho (Inglaterra), bien
que se dé de manera espontánea y algo anárquica (Francia).
A pesar de los avances, éstos se
producen a un ritmo lento -a finales del siglo XVIII
algo más de las comunas conservan el openfield-
ya que el procedimiento necesario para conseguir la
aprobación de un Acta de enclosure -una por comuna- es complicado y oneroso,
al menos hasta el año 1801. La Iglesia, que ve disminuir
sus ingresos con cada enclosure
será directa responsable de esta situación.
Las conclusiones a las que llegan
los más importantes historiadores y economistas que
han estudiado este aspecto de la Revolución son las
siguientes:
PAUL BAIROCH. Para este autor la
revolución agrícola, al producir mejores rendimientos
y menos mano de obra, permitió alimentar las concentraciones
obreras de las nuevas manufacturas.
J.H CHAMBERS. Opina, por el contrario, que los primeros decenios
de la revolución agrícola mantuvieron en el campo
una mano de obra necesaria para roturar, cercar o
cuidar el ganado.
FRANÇOIS CROUZET se inclina a pensar que no hay anterioridad de
la revolución agrícola sobre la revolución industrial,
sino paralelismo e imbricación estrecha de ambas revoluciones.
T.S ASHTON. Las innovaciones agrícolas no se adoptaron en
el siglo XVIII, "en una escala tan grande como
para que se pueda hablar de una revolución agraria
o agrícola. sin embargo este
fenómeno se amplía notablemente en el curso del siglo
XIX, y en consecuencia constituye más bien un resultado
de la revolución que una de sus causas.
El
crecimiento de la población
Actualmente
de considera uno de los factores más importantes en
el proceso industrializador de la actualidad, aunque algunos autores
no consideran que pueda aplicarse de igual manera
a la Revolución Industrial, surgiendo la eterna pregunta
¿el aumento de población puede ser considerado causa
o consecuencia de la industrialización? Esta dificultad
se plantea principalmente en los países más industrializados,
Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos. El evidente
aumento de la población se debió a la diferencia entre
mortalidad y natalidad en los dos primeros y a la
emigración en el tercero.
Fijémonos en el primero de los
casos, el crecimiento británico. Asalta una duda ¿Se
trata de una disminución de la mortalidad o de un
aumento de la fertilidad, es decir, un alza de la
natalidad, por razones todavía ignoradas?
Hasta 1950 las respuestas que se
daban se asentaban en la primera de las afirmaciones:
descenso de la mortalidad como efecto de dos factores,
la mejora de las condiciones sanitarias y los progresos
de una alimentación más variada y racional. De entre
los historiadores que profundizaron en esta hipótesis
hay que citar a G.T GRIFFITH,
M.C BUER y T.H
MARSALL, cuyas investigaciones se realizaron en los
años 20. Expusieron como ejemplo la casi desaparición
de algunas de las epidemias más mortales, como la
peste y la viruela, así como anotaron la construcción
de hospitales en los que se suministraban cuidados
hasta entonces desconocidos, como los referentes
a afecciones ginecológicas.
Las investigaciones de K.H
CONELL en 1950 sobre la población irlandesa proporcionan
una nueva visión del problema, totalmente enfrentada
con la anterior.
Tras sus investigaciones no pudo
descubrir ninguna razón que le llevase a pensar que
hubiera habido un descenso de la mortalidad, aunque
descubrió que la tasa de natalidad era más flexible
de lo que se había supuesto. Las afirmaciones de que
los avances en la medicina no fueron tan importantes
como se creía fue puesto de manifiesto en un artículo de MCKEOWN y BROWN.
Aducían varias razones para afirmar que los avances
no habían sido tan grandes:
1) Los hospitales estaban en las
ciudades y sólo llegaban a un pequeño sector de la
población.
2) Los progresos médicos datan
del siglo XVIII, por lo que no pueden explicar un
proceso (disminución de las tasas de mortalidad),
que comenzó mucho antes. Esta disminución de la mortalidad
es explicada, según estos autores a una mejora del
medioambiente.
Junto a la anterior nos encontramos
con otra crítica a la explicación tradicionalista,
esta de tipo metodológico, ya que los datos por los
que se llegó a la conclusión de una disminución de
la mortalidad se recogieron exclusivamente de los
registros parroquiales de la iglesia anglicana, que
han sido puestos en duda por J.T
KRAUSE. Afirma que la Iglesia anglicana no se caracterizó
por su eficacia en lo que respecta a la corrección
de los registros reales de nacimientos y defunciones,
además de que no abarcaba más que una parte de los
fieles, ya fuera debido a la indiferencia religiosa
(muchos ingleses se hicieron enterrar fuera de los
cementerios oficiales) o a la proliferación de iglesias
disidentes (metodistas). Por último hay que añadir
un valioso dato, y es el que la iglesia anglicana
no estuvo representada en las aldeas afectadas por
la revolución hasta una fecha muy tardía, por lo que
sus registros reflejarían de manera inexacta la evolución
de los distritos industriales.
Las ultimas
investigaciones demuestran que fue el despegue de
la revolución inglesa la que permitió un crecimiento
de la población, y no al contrario, ya que el desarrollo
de comercio y la industria facilitaron la adquisición
de bienes que mejoraron las condiciones de vida de
la población.
La acción del Estado
Cuando se estudia la intervención
en un proceso económico nos encontramos que se puede
configurar como apoyo o freno al despegue, dependiendo
sus dirigentes están o no a favor de los cambios.
En Gran Bretaña las instituciones
corporativas habían entrado en decadencia desde el
siglo XVIII, especialmente su elemento esencial el
Statute of Artificiers,
encargado de regular las condiciones de aprendizaje,
la movilidad de la mano de obra y los salarios. En
estos momentos los gremios habían perdido su poder,
y con ello, las ciudades dejaron de intervenir en
la vida económica y social. A pesar de seguir existiendo,
los gremios no pudieron impedir el triunfo de la revolución
industrial.
En el continente los estados tenían
una legislación bastante restrictiva y fue necesaria
la intervención del estado para modificarla en sentido
favorable al despegue industrial. Aunque esta es
una materia hasta el momento poco conocida.
La revolución de los transportes
Los transportes
tradicionales
Antes
del ferrocarril los transportes tenían su fuerza motriz
en los animales, o en las fuerzas naturales. Esto
producía una gran lentitud en el desplazamiento, tanto
de personas como de mercancías, junto a un importante
incremente de los gastos de porte, aumentados nuevamente
debido a la inseguridad de los caminos y a la frecuencia
de los accidentes.
La revolución
de los transportes
Con la aparición de nuevas innovaciones
los industriales buscan una solución para este problema,
que hallarán mucho después. Atravesarán varias etapas:
1750-1820. Se intenta mejorar los
medios de transporte que se conocen, haciéndose asimismo
numerosos ensayos de adaptación de la máquina de vapor
a los transportes terrestres, sin ningún éxito.
1825-1850. Se observa una gran
abundancia de inventos, lo que nos permite hablar
revolución. Tendrá varios ámbitos:
A.
La navegación. Tras los intentos infructuosos
del siglo XVIII habrá que esperar a comienzos del
siglo XIX para encontrarnos con Fulton,
quién crea una embarcación a vapor para la navegación,
no sólo por río sino por mar. La aplicación del hierro
terminaría por revolucionar la navegación. En 1832
se prueba en el Canal de la Mancha el primer buque
de este tipo; y en 1838 se pone en servicio el primer
paquebote.
B.
Los ferrocarriles. Creado por Robert Stevenson. El éxito de la
línea Liverpool-Manchester desencadenará una fiebre
en la construcción y de especulaciones.
Estos nuevos avances permitirán
a la agricultura encontrar nuevos mercados y vender
a distancia mercancías frágiles, a las ciudades alimentarse
sin crisis de abastecimiento, a los industriales
concentrar sus empresas, pues en adelante los suministros
de carbón y materia primas se realizarán en forma
regular y a bajo precio. Para los viajeros, el precio
de un billete se reduce a la mitad. Por otro lado
los ferrocarriles absorben gran cantidad de hierro,
madera y carbón.
El marco institucional
El marco institucional de la actividad
económica en el XIX es Europa. Proporcionó un amplio
margen de acción a la iniciativa y a la empresa privada,
permitió la libre elección de la ocupación y la movilidad
geográfica y social. Se apoyaba en la propiedad individual
y en la norma legal, e hizo hincapié en el uso de
la racionalidad y la ciencia para la consecución de
los fines materiales.
Ninguno de estos elementos era
enteramente nuevo en el XIX, pero su yuxtaposición
y su reconocimiento explícito hicieron de ellos unos
poderosos colaboradores en el proceso de desarrollo
económico.
Bases jurídicas
AA La Ley común en Gran Bretaña,
que después pasaría a Estados Unidos.
AA Declaración de los derechos
del hombre y del ciudadano.
AA Código civil de Napoleón en
1804.
AA Código de comercio francés de
1807.
Pensamiento
y política económica
Los fisiócratas, a la altura de
1760-70 habían empezado a ensalzar las virtudes de
la libertad económica y la competencia.
En 1776 Adam
Smith en su obra La riqueza
de las naciones realizó una auténtica declaración
de independencia económica individual, aunque la aportación
de Jeremy Bentham
y los utilitaristas sería fundamental.
Además del libre comercio, los
principios del liberalismo económico exigían una reducción
del papel del Estado. Todo ello creó el mito del laissez
faire.
Aunque ese liberalismo también
tenía sus partidarios en el continente no consiguieron
el mismo grado de aceptación que los británicos.
1.3.3.
Diversidades nacionales
Se puede considerar el proceso
de industrialización desde tres puntos de vista:
1) Como fenómeno europeo (aquí
se incluye también a los Estado Unidos, ya que su
cultura es básicamente europea).
2) Como fenómeno regional (situado
dentro de una sola nación, por ejemplo el condado
de Lancaster en Inglaterra).
Para muchos historiadores este enfoque es el más satisfactorio
a la hora de estudiar el fenómeno industrializador.
3) En términos de economías nacionales
(es la visión más comercial).
Hay que destacar que los tres enfoques
no se excluyen entre sí.
Los primeros países industrializados
Gran Bretaña
Al finalizar las guerras napoleónicas
era el principal país industrial del mundo y también
la primera nación comercial, por lo que durante la
mayor parte del siglo XIX mantuvo ese dominio.
Hacia 1870, si bien siguió aumentando
la producción y el comercio total, fue perdiendo gradualmente
su primacía frene a otras naciones que se industrializaba
rápidamente.
Las bases de la primitiva prosperidad
de Gran Bretaña (tejidos, carbón, hierro y mejoras
técnicas) seguían siendo pilares fundamentales de
su economía.
En tejidos y carbón conservó su
hegemonía, pero en la producción metalúrgica pronto
se vio superado por Estados Unidos y Alemania.
El ferrocarril se convirtió en
la palanca de su desarrollo. La necesidad interna
y externa de exportar equipos y capital proporcionó
un fuerte estímulo a su economía.
Otro estímulo importante fue el
de la industria de construcción naval. Se pasó de
la vela al vapor y en lugar de emplear madera en la
fabricación de barcos se comienza a utilizar hierro
y más tarde acero.
CAMERON señala que no hay que exagerar el ritmo y el alcance
de la industrialización británica. Recientes investigaciones
han demostrado que la tasa de crecimiento industrial
entre 1750-1850 fue considerablemente inferior a lo
que suponían anteriores estimaciones. El censo de
1851 lo confirma. La agricultura, por ejemplo, era
aún la actividad que empleaba mayor cantidad de mano
de obra y el servicio doméstico la segunda.
CAMERON indica también que Inglaterra
no podía mantener su superioridad indefinidamente
al empezar a industrializarse naciones menos desarrolladas
pero bien provistas de recursos.
Causas del ocaso inglés:
- Técnicas:
AA Precios relativos de las materias
primas.
AA Condiciones comerciales.
AA Porcentajes y modelos de inversión.
- Dificultad de acceso a las materias
primas y a los recursos naturales.
- Fracaso empresarial.
- Atrasado sistema educativo.
- Gran Bretaña dependía de las exportaciones
y de las importaciones para su bienestar material,
por lo que la política comercial, arancelaria, de
las otras naciones, repercutiría de forma notable
en ella.
A pesar de todas estas vicisitudes,
la renta real per capita
de los ingleses aumentó un 2'5 entre 1850 y 1919.
Estados Unidos
En el siglo XIX fue el ejemplo
más espectacular de un crecimiento económico nacional
rápido.
Para esa época experimentó un incremento
demográfico importante gracias al crecimiento natural
y a la llegada de inmigrantes. Ello favorecerá la
existencia de una abundante mano de obra para trabajar.
La renta y la riqueza crecieron
todavía más rápidamente que la población. La abundancia
de tierra y la riqueza de recursos naturales explican
porqué Estados Unidos tenía una mayor renta per
cápita que Europa, pero no explican por si solas la
mayor tasa de crecimiento. Ello se responde por el
progreso tecnológico más rápido y la creciente especialización
regional (mayor que en otros lugares, por las enormes
dimensiones físicas de los Estados Unidos, por las
variedades de climas y recursos).
Ofrecía, además, un gran mercado
doméstico, virtualmente libre de barreras comerciales
artificiales. Para sacarlo partido necesitaba una
vasta red de transportes. El ferrocarril jugó aquí,
al igual que en Europa un importante papel.
A pesar de este desarrollo industrial,
en el siglo XIX Estados Unidos continuaba siendo un
país eminentemente rural.
Bélgica
Fue la primera región de la Europa continental que adoptó plenamente el
modelo de industrialización británico. Se citan varios
motivos que explican su temprana industrialización:
- Su proximidad a Inglaterra.
- Su larga tradición industrial.
- Contaba con recursos naturales semejantes
a Gran Bretaña.
- Recibió importantes contribuciones
de tecnología, empresarial y capital extranjeros y
disfrutó de una situación privilegiada en ciertos
mercados extranjeros (principalmente en Francia).
- La decisión gubernamental de construir
una red de ferrocarriles a expensas del Estado.
- Una notable innovación institucional
en el campo de la banca y de las finanzas.
Hacia 1840 Bélgica era claramente
el país más industrializado de la Europa continental,
y en cuanto a capital seguía muy cerca a Gran Bretaña.
Su tasa de crecimiento industrial acaba por descender
ligeramente y ser sobrepasado por el de otros países
de industrialización posterior, pero en 1914 seguía
siendo el país más industrializado de la Europa continental
en función de la producción per cápita, sólo aventajado por Gran Bretaña.
Francia
De los primeros países industrializados Francia fue el país que tuvo un
modelo de crecimiento más anómalo, aunque, según CAMERON
el resultado no fue peor.
¿ Qué fue distinto?
1) Durante el siglo XIX Francia se
caracteriza por un bajo índice de crecimiento demográfico.
2) No estaba muy provista de recursos,
aunque, por ejemplo no carecía de carbón.
3) Tecnológicamente no estaba rezagada.
4) El factor institucional, aunque
complejo, facilitó las cosas.
CAMERON señala que está demostrado que el crecimiento económico
moderno de Francia empezó en el siglo XVIII. Si consideramos
el siglo como un todo las tasas de crecimiento, tanto
del producto total como del producto per
cápita fueron aproximadamente iguales a las británicas.
A finales de siglo Gran Bretaña experimentó una "revolución
industrial", mientras que Francia se encontró
atrapada en la Revolución de 89. Para el autor aquí
radica la diferencia que afectó a los rendimientos
relativos de las dos economías durante gran parte
del XIX.
La política y la economía van a
la par en Francia. Durante la época de la restauración
hubo un impulso económico, pero las
crisis económica y política de 1848-51 marcan
una pausa en el ritmo del desarrollo económico. Más
tarde con la proclamación del II Imperio el crecimiento
económico de Francia reanuda su curso a un ritmo acelerado.
La guerra del 70-71 fue un desastre económico y militar,
pero Francia se recobró económicamente y dejó al mundo
asombrado. La depresión que comenzó en 1882 costó
a Francia más que a cualquier otras
del XIX. Justo antes de que el siglo terminara volvió
la prosperidad que conectó con la belle époque (años
anteriores a la Primera Guerra Mundial).
De todas las grandes naciones industriales,
Francia fue la que contó con índices más bajos de
urbanización, debido principalmente al lento crecimiento
de su población total
A principios de siglo Francia era la
única de las naciones industriales de Europa autosuficiente
en cuanto a alimentos y que, además, producía excedentes
para la exportación.
Alemania
Fue el último de los países industrializados.
Esta nación (conjunto de pequeños
estados) era sobretodo rural y agraria, aunque existían
pequeñas concentraciones industriales en la zona del
Rin, Sajonia, Silesia y en la ciudad de Berlín. Para
la 1ª Guerra Mundial era la nación más poderosa de
Europa.
La escasez de transportes y de
vías de comunicación frenó el desarrollo económico
dificultado por la política.
CAMERON divide la historia política de Alemania en tres
periodos:
1. Desde
principios de siglo hasta la formación del Zollverein
(1833). Se considera como una toma de contacto con
lo existente en otros países, al mismo tiempo que
se crean las condiciones jurídicas e intelectuales
necesarias para la unidad.
2. Desde
1833 hasta 1870, en el que se ponen los auténticos
cimientos de la industrialización, las finanzas y
los transporte modernos.
3. Desde
1870, en el que se manifiesta claramente como una
potencia.
La clave de la rápida industrialización
alemana fue el veloz crecimiento de la industria del
carbón, gracias a los importante
yacimientos de Ruhr.
En el acero el impulso fue tan
grande que en 1885 ya superaba a Gran Bretaña.
Con la creación del imperio (1871),
las indemnizaciones de guerra y la victoria sobre
Francia la economía se vio fortalecida.
Los sectores más dinámicos de la
economía alemana fueron aquellos que producían bienes
de capital o productos intermedios para el consumo
industrial. Destaca la industria química y la eléctrica,
además del carbón, hierro y acero.
Alemania experimentó una urbanización
extremadamente rápida. Destaca el gran tamaño de sus
empresas. Fue importante la estrecha relación entre
la banca y la industria alemana.
Sobresale la frecuencia de "cartels"
(convenios o acuerdos entre empresas, normalmente
independientes para fijar precios, limitar la producción,
repartirse los mercados o dedicarse a prácticas monopolísticas
o restrictivas de la competencia).
En Gran Bretaña y Estados Unidos
estaban prohibidos todo tipo de monopolio, pero en
Alemania eran legales.
Todo ello organizó la economía
alemana del XIX y la preparó para ser una de las principales
potencias europeas del siglo XX.
2. La industrialización: La segunda revolución industrial
2.1.
Características
Este nuevo proceso industrializador se inicia
en EE.UU. El paso de una
revolución a otra se sitúa en el momento en el que
el crecimiento de la producción no se debe sólo a
la multiplicación de instalaciones fabriles que incorporan
la máquina de vapor, sino al cambio en los métodos
de trabajo con la incorporación de la electricidad,
el montaje en cadena y la automatización.
La electricidad
La principal innovación respecto
a este tema no es el descubrimiento en sí de la electricidad,
ya conocida desde la antigüedad, no el de los procedimientos
para generarla, y transmitirla mediante el acumulador,
la dínamo y el motor eléctrico, inventos que corresponden
a Volta (siglo XVIII) Siemens (hacia 1860) respectivamente.
El descenso de los costos de producción
de electricidad a partir de los últimos años del siglo
XIX la hace competitiva respecto al vapor y poco a
poco va sustituyéndolo. La búsqueda de nuevas aplicaciones
caracterizará a este periodo, llegándose a descubrimientos
que afectarán profundamente la producción industrial
y al modo de vida (Lámpara incandescente, la radio,
el teléfono......)
Los
hidrocarburos
El
petróleo y el gas natural son parte natural de los
cambios industriales del siglo XX como fuente de energía
y materia prima de donde se obtienen nuevos productos.
Las investigaciones sobre columnas
de destilación y sobre química orgánica aplicada al
petróleo permitieron la obtención de una amplia gama
de productos: asfalto, parafina, butano entre otros,
así como permitieron la aparición de nuevas industrias,
como la de los plásticos o las fibras textiles.
Los
nuevos medios de transporte
El
petróleo y la electricidad propiciaron el desarrollo
de nuevos sistemas de transporte y renovaron los antiguos.
La creación de instalaciones que fabricasen los nuevos
aparatos fue el resultado industrial más inmediato.
El éxito del automóvil estriba
en la utilización del motor de explosión (creado por
Daimler y Benz
en 1882) el uso de la gasolina como combustible y
su carácter de transporte privado en sustitución del
coche de caballos. La formación de una industria
que permitiese, mediante las cadenas de montaje, una
producción relativamente barata, lanzó definitivamente
al mercado este bien de consumo característico de
nuestra época. La producción de automóviles de turismo,
comerciales y de transporte ha ejercido un efecto
multiplicador muy importante sobre otras ramas industriales
cuyos productos consume (caucho, vidrio, materiales
eléctricos, textiles y siderurgia).
El avión se convierte se convierte
en una industria poderosa en la década de los veinte,
aunque se inicia a partir de las experiencias de 1908
y de la Primera Guerra Mundial, y su consagración
data de la Segunda Guerra Mundial.
La construcción naval se renueva
a partir de la incorporación de la turbina y de los
nuevos combustibles. El perfeccionamiento de los cascos
de buques de mayor tamaño y más veloces. La especialización del tipo de
barcos ayuda a la ampliación de las flotas mercantes,
que se organizan en casi todos los países en este
periodo de principios de siglo. La internacionalización
del comercio, la apertura de los canales interoceánicos
de Suez y Panamá, y el crecimiento de las mercancías
en circulación son aspectos a tener en cuenta en la
pujanza de esta rama industrial.
En cuanto a los ferrocarriles,
se substituyen paulatinamente las locomotoras de vapor
por otra que utilizan hidrocarburos, o se electrifican
las redes.
Esta evolución en los transportes
corresponde, en suma, a una nueva sociedad mercantil
que ha industrializado el comercio.
2.2.
El
desarrollo industrial
Como consecuencia de lo anterior, da lugar a una
estructura del sistema productivo industrial diferente
del anterior en esencia y eficacia. Esto se refleja
en lo siguiente:
1) En el modo de incorporar la
cantidad y calidad de trabajo a los productos terminados
a lo largo del proceso productivo, como resultado
de la superación de la mecanización con la especialización
del trabajo dentro de la fábrica, la automatización,
con importante ahorro de mano de obra, y la automación,
con la generalización de las máquinas de transferencia
y el uso de clasificadores electrónicos. Todo ello
supone un elevado incremento de la productividad o
rendimientos por unidad de trabajo.
2) En el método de preparación
profesional de obreros y técnicos, con un alto índice
de especialización.
3) En la proporción entre la población
industrial indirecta y directamente productiva, esto
es, entre los obreros y los empleados administrativos
y cuadros directos. La eficiencia y productividad
de los nuevos sistemas permitirá producir cuantiosas
series de bienes a precios reducidos (producción en
masa) que a su vez genera un consumo en masa a causa
del incremento del nivel de vida que proporciona la
mejora de los salarios, conseguida gracias al incremento
del nivel de vida que proporciona la mejora de los
salarios, conseguida gracias al incremento de la productividad.
Y al revés, la mayor demanda impulsará también el
aumento de la producción, de tal modo que el consumo
se convierte en un motor de la economía industrial,
provocando un crecimiento general en los países capitalistas
con cuatro importantes consecuencias:
1. La
expansión de la industria de equipamiento orientada
a las que fabrican bienes de consumo, estableciéndose
una interrelación entre todas las ramas y sectores
que constituye a la vez la fuerza y la debilidad el
sistema, puesto que lo mismo encadena el crecimiento
que la crisis.
2. Las
dificultades que tienen las empresas para planificar
su producción a largo plazo.
3. El
deseo de influir en el consumidor mediante la propaganda
y el control de mercado lo que ha supuesto una importante
terciarización del sector
secundario, con la adición de empleados de marketing.
4. El
desigual reparto mundial de la población, como consecuencia
del desigual poder de compra de la población, aunque
éste no sea el único factor que influye en ello.
2.3.
El crecimiento de las Ramas Industriales
En el momento de expansión de todos
los sectores industriales no ha sido coincidente,
puesto que en cada caso ha dependido de una combinación
favorable de factores técnicos y económicos. Así en
la primera etapa de la industrialización, las industrias
laneras y algodoneras, la siderurgia y algunas ramas
de la química iniciaron un despegue en flecha con
tasas de crecimiento muy elevadas que todavía se mantienen
en 1914. Pero a partir de ese momento nuevos productos
se ponen en fabricación superando los ritmos de los
tradicionales.
Estas diferencias se mantienen
aún después de la Segunda Guerra Mundial, de modo
que el crecimiento medio de la industria tiene tasas
entre 2 y 4, a las que responden el acero, la industria
de la construcción, algunas químicas, el cemento y
la pasta de madera. Otros sectores saltan por encima
de esos coeficientes, como el aluminio, con 10, los
abonos nitrogenados con 4,6, y los plásticos. En contraste
la metalurgia no férrea, excluyendo al aluminio, y
los textiles naturales, no alcanzan el 1.
Esto nos permite hablar en cada
momento de industrias en expansión "en flecha"
o "en punta" según su ritmo de crecimiento
y su incorporación de novedades tecnológicas, industrias
"maduras", con un crecimiento lento y sostenido,
e industrias "en crisis" que precisan de
una reestructuración o cuyos bienes tienden a caer
en desuso.
2.4.
El crecimiento cíclico industrial
El crecimiento general que la industria como conjunto ha mantenido a lo
largo del siglo, paralelo al del consumo, no está
exento de crisis que provocan un desarrollo cíclico,
cuyo origen es diverso, pero cuyo síntoma es siempre
una retracción de la demanda. Cuatro son los momentos
críticos por los que ha pasado la historia económica
del mundo actual: las dos guerras mundiales, la depresión de 1929 y la crisis de 1973 a raíz
de la elevación de los precios del petróleo.
Los dos períodos bélicos mantuvieron
el crecimiento de determinados sectores industriales,
como el metalúrgico o algunos textiles, explosivos
y conservas alimenticias, pero retrasaron otros,
de tal modo que en la economía mundial se reflejó
una ralentización del crecimiento. Los primeros años
de la posguerra son de estancamiento o retroceso,
particularmente en los países más destruidos durante
las conflagraciones, cuyo peso económico en el mundo
es tan grande que hicieron descender la tasa de crecimiento
general. Una vez iniciada la reconstrucción se produce
un periodo de fuerte expansión, particularmente acelerada
entre 1950-1960 a causa de la ayuda norteamericana
a Europa (Plan Marshall) y a Japón,
en el que se ha denominado periodo de los "milagros
económicos".
2.5.
Desigual industrialización y desarrollo
en el mundo
El análisis del hecho industrial
muestra que al finalizar el siglo XIX sólo una pequeña
parte de la humanidad quedaba indirectamente afectada
por esta nueva actividad. En el resto del mundo, aunque
indirectamente apreció los efectos de la industrialización,
los sistemas de producción y la organización social
y política seguían siendo tradicionales.
Los países de industrialización
precoz o los que a principios del siglo XX consiguieron
incorporarse al proceso y mantener un fuerte dinamismo
de crecimiento, pertenecen al sistema político-económico
capitalista han generado bienes y riquezas con efecto
multiplicador, que a su vez ha proporcionado más puestos
de trabajo, más bienes y más riquezas, en la clásica
espiral de las economías de escala, alcanzando altos
niveles de desarrollos. Los países retrasados en el
establecimiento de industrias y en su equilibrio sectorial,
países que son con frecuencia colonias políticas o
económicas, han mantenido un crecimiento lento en
sus economías, y por lo tanto de su desarrollo, y
se encuentran hoy a distintos niveles entre el despegue
y el subdesarrollo más profundo.
[1][1]FOHLEN,
Claude. La revolución
industrial Vicens Vives,
Barcelona, 1984, pág 66
[1][2] CROUZET,F " La formation du
capital en Grand Bretagne
pendant la revolution industrielle" 2ª Conference
international D'Historie
Economique, 1962, pág
640
[1][3] ROSTOW, W.W. The Stages of Economic Growth, Cambridge 1960, pág 69.