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Tema 38 – Revolución industrial e industrialización.

INTRODUCCIÓN

La Revolución Industrial es el resultado de la adopción de un nuevo sistema productivo apoyado en el maquinismo, en la utilización de fuentes de energía nuevas y en la división del trabajo, lo que determina una serie de transformaciones estructurales en el proceso de elaboración de bienes que permitirá el tránsito de una situación estática a otra de crecimiento autoinducido. Esta revolución es simultánea a la demográfica, agraria, y de los transportes, siendo unas y otras causas y efectos a la vez. Supone la configuración de una nueva clase social, el proletariado, y el encumbramiento definitivo de otra, la burguesía. Iniciada en Gran Bretaña en el último cuarto del siglo XVIII, en Europa cristaliza en la segunda mitad del siglo siguiente. Como motor tendrá primero la actividad textil algodonera y después la siderúrgica. Desde una visión clásica la Revolución Industrial atraviesa tres etapas:

Primera Revolución Industrial o Paleotécnica. De fines del XVIII a fines del XIX. Era del carbón y vapor, el hierro y las construcciones mecánicas, los textiles y el ferrocarril.

Segunda Revolución Industrial o neotécnica. Hasta la mitad del siglo XX. Era del petróleo y la electricidad, el automóvil, avión, las aleaciones (acero, aluminio), la electromecánica, química y las comunicaciones.

Tercera Revolución Industrial. Era de la electrónica y la informática, la energía atómica y las actividades terciarias.

Pero desde el materialismo histórico, para Fontana, Samir Amir y Acosta Sánchez, la revolución industrial es inherente al desarrollo del capitalismo. De esta forma sus etapas serían tres:

Constitutiva (siglos XVI a primera mitad del XVIII). Caracterizada por la acumulación de capital mercantil.

Clásica (segunda mitad del s. XVIII y siglo XIX). Donde se emplea el vapor como fuerza motriz, el carbón como combustible y el hierro como material constructivo.

Imperialismo (desde el último tercio del XIX). El gas y el petróleo son los nuevos combustibles, la electricidad, los coches y aviones, y el aluminio como material.

1.1.1. PRIMERA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

Condicionantes de la Revolución Industrial

La Revolución Industrial nace por una confluencia de causas, discutiéndose mucho cuales son causa y cuales son efecto. Los condicionantes principales para que suceda la revolución industrial son siete: configuración de un mercado, revolución agraria, revolución demográfica, liquidación de las bases feudales, acumulación de capital, mejoras técnicas y cambio en las mentalidades.

Europa durante todo el siglo XVIII da un paso de gigante en la configuración de un mercado mundial, donde los europeos son los principales agentes. Hasta la Paz de Utrecht son los holandeses quienes manejan el comercio mundial, siendo protagonistas en el ámbito americano y oriental. La potencia naval de Inglaterra y de Francia se desarrolla a la vez que los holandeses ven estancarse su red comercial mundial. Inglaterra logra duplicar entre 1720 y 1763 el valor de todas sus mercancías de exportación, pero resulta más llamativo saber que de ese volumen, han conseguido multiplicar por seis el valor de las mercancías producidas en la misma isla. Francia intenta no quedarse atrás, compitiendo con los ingleses hasta la Guerra de los Siete Años (1756-1763) donde Inglaterra se queda con los mercados de América del Norte y la India. Pronto llega una crisis con la pérdida de las colonias británicas, pero ni siquiera la potencia naval conjunta hispano-francesa logra acabar con el poderío inglés en Trafalgar (1805). Durante todo el XIX el Reino Unido domina el mar con una flota de guerra y mercante que no tiene ningún competidor y que forma el mayor imperio colonial del momento. Esto dura hasta los últimos años del siglo en que los alemanes ponen en entredicho esta hegemonía.

La revolución agraria consiste en la optimización de los recursos del campo. Se elimina el barbecho con la introducción de la rotación de cultivos, se combina agricultura con ganadería aprovechando el estiércol como abono,… Con esto se consigue acumular capital que puede reinvertirse en industria y crear un excedente de mano de obra que emigra a la ciudad como proletariado.

La revolución demográfica es debida al crecimiento de la producción agraria, las mejoras sanitarias y de higiene,… Durante el siglo XVIII en Europa se pasa de 115 a 180 millones de habitantes y en el XIX se dobla la población, lográndose por un lado crear una enorme demanda de trabajo, salarios bajos y mercado amplio. Además, el excedente de población emigra fuera de Europa: hacia América y los nuevos territorios coloniales.

La liquidación de las bases feudales hace referencia a la libertad que se da a la mano de obra con la supresión de la servidumbre, la puesta en circulación de los capitales amortizados que estaban en manos de la Iglesia, libertad de producción con la desaparición de los gremios,… El proceso es paulatino y largo, comienza con el llamado verlag system que evita las trabas gremiales al situarse fuera del ámbito municipal. La Iglesia pierde sus propiedades mediante el proceso desamortizador y las tierras de la nobleza entran en los circuitos comerciales con la abolición del mayorazgo. La servidumbre se va flexibilizando a lo largo del siglo XVIII y desaparece definitivamente en la primera mitad del siglo XIX en toda Europa.

La acumulación de capital de la primera revolución industrial se basa en el capital comercial surgido de la actividad mercantil, y el capital financiero producido en el comercio del dinero. El gran comercio se concentra en las actividades ultramarinas con las colonias. La banca privada desde 1695 (Banco de Londres), establece una amplia red de establecimientos financieros. La modernización del sistema bancario agilizó los negocios. La creación de una bolsa encauza las inversiones de grandes capitales y pequeños ahorros. El crecimiento demográfico europeo del siglo XVIII permite el enriquecimiento de los grandes y medianos propietarios agrarios.

Los condicionantes técnicos se irán formando durante el siglo XVIII. Los avances en las industrias textil, siderúrgica y química serán los más notables:

Textil. Durante los años 30, Kay inventa la lanzadera volante, que permite la confección de tejidos de cualquier anchura. Durante la década de los 60 se inventan la hiladora múltiple, hiladora continua y la máquina de hilar. En 1785 Cartwright inventa el telar mecánico. A estos inventos hay que añadir la desmotadora de algodón y la máquina de coser.

Siderurgia. El primer paso será la coquificación, lo que permite el uso del carbón mineral para la fundición. Mediante el pudelado se consigue un metal más maleable. La producción de acero se generalizará en la segunda mitad del XIX por el invento del convertidor. Se sigue con la construcción de hornos abiertos y se cierra el ciclo con el horno eléctrico. Las producciones de carbón y hierro, y del acero, crecerán al compás de la industria.

Química. Los esfuerzos se centran en la obtención mediante síntesis, de los productos naturales empleados hasta el momento. En 1740 se consigue ácido sulfúrico a partir del azufre. Los cloros se industrializan en 1872. Mediante la reacción de ácido sulfúrico y sal marina se consigue la sosa en 1791, por el método Leblanc, en 1861 Solvay inventa otro método.

Independientemente de los avances en estos campos concretos, hay que destacar la invención de la máquina de vapor. En 1705 Newcomen inventa su bomba atmosférica para bombear el agua de las minas lo que permite en Inglaterra la explotación de los filones más profundos. De este artilugio parte Watt para inventar la máquina de vapor en 1763, con la ayuda de Bulton. En 1800 vence la patente, funcionando ya quinientas máquinas, y desde ese año se multiplican. Se introduce una revolucionaria energía motriz, el vapor. La investigación experimental va por delante del conocimiento científico.

La mejora de los transportes era imprescindible para agilizar el comercio y consecuentemente la producción. El gran invento será la locomotora de Stephenson en 1814, que hace las comunicaciones rápidas y baratas. En 1822 y 1832 se introducen la construcción de barcos de hierro y el uso de la máquina de vapor y la hélice. Pese a ello el mar seguirá siendo surcado por los famosos clipper durante muchos años debido al excelente resultado que dan.

Por último existen unos condicionantes ideológicos y políticos para la revolución industrial. Los cambios sociales y económicos de la segunda mitad del XVIII son obra de la burguesía, clase social emergente. Tendrá un papel importante en los cambios la ilustración, con sus concepciones racionalistas y empiristas. Primero traerá el despotismo ilustrado y luego el parlamentarismo. Se pasa del mercantilismo a las teorías clásicas, del fisiocratismo al librecambio, construyéndose el edificio teórico del capitalismo industrial. Es la era del dominio de la clase burguesa, pero se configura ahora una clase nueva, el proletariado.

DISTINTAS REVOLUCIONES INDUSTRIALES

Gran Bretaña

El arranque será entre 1725 y 1760, pero se consolida en los primeros años del XIX. Aquí se conjugan todos los condicionantes anteriormente expuestos, gracias al espíritu práctico inglés: inversiones en comercio, organización del sistema bancario y la aplicación de soluciones técnicas a problemas concretos. Esto está relacionado con un sistema de gobierno más evolucionado, que da libertad a los individuos para el desarrollo de sus negocios.

En la industria textil se intenta remediar el problema de falta de mano de obra ante la creciente demanda. Tradicionalmente vinculado a la lana, el comercio con la India traerá el algodón, prosperando la industria algodonera por el apoyo de las compañías comerciales. La escasez de mano de obra experta en el textil algodonero, y la oscilación del precio de esta materia, obliga al abaratamiento de costes y a la agilización del sistema productivo. John Kay inventa la lanzadera volante en 1733, y hasta 1785-1787 Cartwright no inventa la tejedora automática, por lo que los hilados han avanzado más deprisa en esos años que los tejidos. La mecanización de las labores textiles supone la desaparición del taller doméstico y la aparición de la fábrica. Las fábricas se sitúan primero en las corrientes de agua, y luego en los puertos. La primera planta textil totalmente mecanizada se instala en Manchester en 1806.

La industria siderúrgica estaba muy extendida en Inglaterra en pequeñas forjas. La deforestación, lleva a una familia de herreros, los Darby, a tratar el carbón mineral para usarlo como combustible, obteniendo el coque en 1753. Se empiezan a concentrar todas las fases de la siderurgia en torno a las minas de carbón. Se van introduciendo numerosos avances técnicos, destacando la inmediata aplicación de la máquina de vapor y la obtención de un hierro más maleable. Con posterioridad viene el desarrollo del acero. La producción siderúrgica se disparará con las guerras napoleónicas y recibe el empuje definitivo en el segundo tercio del siglo con la construcción de ferrocarriles.

En los transportes también Inglaterra toma la delantera, con la construcción de ferrocarriles desde 1830. Unido a la red de carreteras y canales, abarata el intercambio de mercancías. En la flota la generalización del vapor es lenta, pero ya en 1900 el 75% de los barcos son de vapor. Establece Inglaterra el dominio del mar y la construcción de su imperio, fundamental para su desarrollo industrial.

Francia

Los avances técnicos e industriales hacían suponer un desarrollo similar al inglés, pero allí fue anterior la revolución social. El colapso económico de 1789 se prolonga hasta 1830, por lo que Francia no entra en el proceso industrial hasta el Segundo Imperio. Pese a la acogida de Kay en Francia, en 1830 apenas hay cinco mil telares mecánicos, frente a los cien mil ingleses. En la industria textil siempre irán por detrás. En la siderurgia, no se produce la apremiante necesidad de sustituir la madera como combustible, ya que los bosques eran abundantes, y no había mucho carbón. En 1860 los hornos de coque son menos que los de carbón vegetal. A fines de siglo si se ponen a la cabeza de la producción de acero, al introducir el método Bessemer. La industria química cuenta con importantes investigadores. Destacan en la industria del gas, y en la de sosa con el método Leblanc.

La construcción de ferrocarriles se estructura desde 1842, pero no es hasta la llegada de Napoleón III, con la reforma del sistema financiero y el impulso dado a las obras públicas, que se avance de forma importante en el sector. También se benefició Francia del convenio comercial con Inglaterra que renovó su sistema proteccionista. La industria se apoya en los pequeños establecimientos, y la agricultura sigue teniendo mucho peso en la producción nacional. La Revolución Industrial se produce por un impulso del Estado, característica que marcará su desarrollo.

Alemania

Al comenzar el siglo XIX se encuentra Alemania dividida en numerosos estados, con estructuras muy ancladas en el pasado. Las manufacturas aún dependen de los gremios y el sector agrario es el más importante. Tras las guerras napoleónicas se trastoca todo el orden y desde 1825 se van instalando industrias al amparo de la debilidad gremial. Pero en 1840 el retraso es aún grande, y la organización bancaria aún sin desarrollar.

La Zollverein en 1828 activa el comercio y consecuentemente la producción. Se forma el germen de las grandes empresas. Prusia se perfila como el estado más renovador. Se potencia la mejora de los transportes: canales y ferrocarriles. La red ferroviaria se inicia en 1836, y para 1870 ya supone 18.800 kilómetros. Esto unido a la navegación a vapor por el Rihn, activa el comercio y acelera la instalación de industrias.

En el sector textil se consigue en 1860 cubrir la demanda nacional. La concentración empresarial será una característica de esta industria. En la metalurgia habrá un gran empuje a partir de 1850, con importantes industriales, entre los que destacaríamos a la familia Krupp, cuyas fábricas llegarían a monopolizar la fabricación de cañones en Europa. La compra de material y la colaboración de técnicos ingleses fue fundamental. La siderurgia alemana creció rápidamente por la creciente demanda de los constructores de ferrocarriles. Dentro de la industria química, en el gas tendrán un sector punta. En 1867 se pone en marcha el primer motor a gas. Entre los industriales de material eléctrico destaca Siemens.

El gran despegue alemán vendrá a partir de 1870, con la unión de las zonas ya industrializadas y los grandes yacimientos, el capital que supone las indemnizaciones que paga Francia, y la voluntad política del gobierno de fomentar la industria. Se produce la modernización y concentración de la banca, que llega a conceder créditos incluso fuera de sus fronteras. Alemania consigue ponerse a la cabeza de Europa en casi todos los sectores. Destaca su concentración empresarial, que lleva a la formación de “cartels”, asociaciones de grandes empresas de un sector que se ponen de acuerdo en la regulación de precios para copar el mercado.

Rusia

Los avances son muy lentos, las infraestructuras muy deficientes, el sistema agrario medieval, industria artesanal rural dispersa y escasez de capitales. El zar Alejandro II después de la Guerra de Crimea se plantea una modernización del país. Dispondrá la construcción de la red de ferrocarriles, abolición de la servidumbre, apertura al capital extranjero, relaciones comerciales con Europa y un cierto proteccionismo. El plan de ferrocarriles incluye tres líneas principales: Transiberiano, Transcaspasiano y Transcaucasiano. A través de ellas, sobre todo del Transiberiano, se coloniza toda la Rusia asiática.

El desarrollo industrial es pobre aún en los 60, pero se produce una aceleración en los 80 con la emancipación de la servidumbre. El proteccionismo y las inversiones extranjeras producen el despegue. Serán franceses, alemanes e ingleses los principales inversores. Pero la industria va a estar muy localizada, siendo aún importante la ruralización del país.

2. España

La industrialización en España va a ser irregular en sus evolución cronológica, distribución geográfica y por sectores. Van a ser muchos los inconvenientes y pocas las ventajas. El punto de partida tendría que haber sido bueno, porque el saldo del siglo XVIII era positivo. Unas fábricas reales que aportaban un primer paso, un amplio mercado colonial y una emergente burguesía que entroncaba bien con las aspiraciones de una monarquía reformista. La Guerra de Independencia arruinó la economía española y provocó la pérdida del mercado americano. Los vaivenes políticos y la enorme deuda pública lastraron la industrialización.

La desamortización de la tierra supuso el desvío de los caudales burgueses hacia la propiedad rústica. La emisión constante de deuda pública y la nula generación de beneficios de la tierra, dejaron sin inversión la industria española. Los capitales serán principalmente extranjeros y después públicos. La pérdida de los territorios americanos y las malas comunicaciones interiores hacían que España estuviera formada por múltiples mercados inconexos y con la necesidad de la generación de productos básicos en cada uno de ellos. El campo no libera mano de obra, la cual por otra parte tampoco demanda la inexistente industria. El Estado dedicó sus esfuerzos a reducir la deuda que generaba constantemente, con lo que hasta mitad de siglo no hizo gasto ninguno que supusiera demanda para la industria. La mayoría de la población, dedicada a la producción agrícola vivía en niveles de subsistencia, no tenía acceso a la oferta de productos manufacturados.

El origen de la industria siderúrgica española lo tenemos en Marbella y Málaga, con hornos alimentados con carbón vegetal. En la mitad del siglo, nacen los primeros altos hornos en Asturias, en torno a una abundante producción de carbón mineral. En la segunda mitad del siglo serán los altos hornos vizcaínos los que vayan tomando la delantera, gracias a las minas de hierro. En Vizcaya el hierro se exportaba a Inglaterra y los beneficios de este comercio se invirtieron en la industria. Esta burguesía industrial será la que más adelante funde los Altos Hornos de Vizcaya y después el Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya. La Ley de Ferrocarriles de 1855 será la gran oportunidad perdida para el despegue definitivo de la siderurgia, porque permite la importación de material extranjero, que era mucho más barato.

En la industria textil quienes llevarán la delantera serán los industriales catalanes. Desde 1832 los fabricantes catalanes de hilados y tejidos usan el telar mecánico y la máquina de vapor como fuente de energía motriz. El uso de máquinas va a ser el inicio de numerosos disturbios que se centran en la destrucción de las máquinas, porque los obreros decían que les quitaban el trabajo.

Uno de los graves problemas en este período es el asunto del arancel. Entre los grupos que apoyan los gobiernos isabelinos, la burguesía financiera, la nobleza terrateniente y la burguesía terrateniente, no hay un criterio claro sobre qué arancel interesa más. Los moderados optaron por el proteccionismo para defender los intereses agrícolas, provocando la nula reconversión del sector agrario español, ligado a los bajos rendimientos de la producción de trigo. Los progresistas defendían la bajada de aranceles, que perjudicaba a los fabricantes de productos elaborados, porque los ingleses invadían los mercados con productos más baratos y de igual calidad. El arancel será un asunto político, suponiendo a Espartero su caída en 1843, o siendo muy discutido el arancel Figuerola de 1869. En ambos casos se trata de aranceles librecambista. En España el proteccionismo dominará la mayor parte del siglo.

En la segunda mitad de siglo comienza a articularse el mercado interior. En 1848 se comienza la construcción del ferrocarril, que conocerá una época de esplendor desde la Ley de 1855 hasta el Sexenio. En estos años habrá una fiebre ferroviaria que permite conectar los distintos mercados nacionales. Como primera ventaja, la bajada del precio del pan y el fin de las crisis de subsistencia y la segunda, conseguir que las manufacturas peninsulares puedan circular por toda España. Antes era frecuente que fuera más barato traer por mar algo de Inglaterra que comprarlo en otra región española. La población reduce su gasto en productos básicos y comienza a demandar otros productos, con lo que la industria y el comercio comienzan a crecer.

Estados Unidos

Estados Unidos inicia su proceso industrial tras la independencia, pero se acelera después de la guerra de Secesión, llegando a fines del XIX a ser una gran potencia. Se produce una fuerte dicotomía entre la población del norte, anglosajones: agricultores, comerciantes y artesanos, y el sur que vive de un sistema de plantaciones para el comercio exterior, donde trabajan innumerables inmigrantes y esclavos negros. El choque de intereses se produce en 1861, y es a partir de ese momento cuando puede incorporarse al despegue industrial.

Hay tres factores positivos en el desarrollo industrial norteamericano. Primero un deseo muy fuerte de autarquía, por lo que se apoya toda nueva instalación productiva y se implanta un fuerte proteccionismo. Segundo la existencia de recursos naturales extraordinarios. Tercero, el carácter emprendedor de los hombres llegados allí. También hay unos factores negativos. La escasez de población y el reducido consumo, carencia de capitales pues están inmovilizados en tierras, desorganización del sistema bancario, falta de técnicos, la distancia entre las distintas zonas del país.

El problema de la población se soluciona con las diversas olas de inmigrantes. El problema del capital se solventa con la inversión extranjera, sobre todo desde los 60, y la aportación de las grandes fortunas nacidas de los prósperos negocios y el oro de California y Colorado. La tecnología la llevan las firmas europeas que montan sus filiales.

El crecimiento demográfico, la marcha al oeste y la construcción de los ferrocarriles son los motores de la industrialización. El ferrocarril lo instalan compañías inglesas que compiten ferozmente. El primer transcontinental se termina en 1869. La libre iniciativa da lugar a fuertes concentraciones verticales y horizontales, formándose los trusts. Los rasgos distintivos de la industrialización son: crecimiento fulgurante, concentración geográfica, técnica, económica y financiera, gran diversificación sectorial, producción en masa con gran productividad. Al igual que Inglaterra llevó la delantera en la primera revolución industrial, la segunda la lidera Estados Unidos.

Japón

El punto de partida será la Revolución Meijí, que a partir de 1868 intenta imponer un orden nuevo. El principal problema será la carencia de materias primas para la siderurgia y la escasez de capitales y técnicos. Se solucionará con una eficiente organización por parte del gobierno y el duro sistema fiscal al que se somete al campesinado. Se traen técnicos europeos y los japoneses viajan para formarse. El capital se saca del ahorro nacional y de préstamos extranjeros que se dirigen a los zaibatsu, grupos familiares, paternalistas y jerarquizados, que concentran numerosas empresas.

La industria textil se basa en la seda, que se produce allí y el algodón, que se consigue en el mismo ámbito asiático. Con maquinaria europea, antes del fin de siglo, superan las cotas de producción de su mercado interior, iniciando un proceso de expansión por lo que consideran su ámbito natural en Asia. La siderurgia comienza de forma más lenta por la grave escasez de recursos. En los noventa se instalan acerías de horno eléctrico. Se tiene la firme voluntad de crear una industria metalúrgica pesada para producir, con independencia, bienes de equipo y militares.


LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El proceso es liderado por Estados Unidos y Alemania. Se produce un cambio en la producción por tres factores: introducción de la electricidad, el montaje en cadena y, la automatización.

Electricidad. Esta fuerza solo fue posible utilizarla en el momento en que se descubren el acumulador, la dinamo y el motor eléctrico. Luego viene el alternador, transformador para corriente alterna y la turbina de agua y de vapor que permitan una producción importante. Después será la creación de aparatos a los que sirva la electricidad y los nuevos sistemas de producción. En la década de los sesenta, se crean diversos generadores que convierten la energía mecánica en eléctrica. Se cierra el proceso en los ochenta, con el descubrimiento del motor eléctrico, capaz de producir energía mecánica. Se crea un sistema más flexible que el de la máquina de vapor. A fines de siglo se abaratan los costes de la electricidad, con lo que va sustituyendo al vapor. El período se caracteriza por el descubrimiento de innumerables aplicaciones.

Hidrocarburos. Serán punto fundamental como fuente de energía y materia prima el petróleo y el gas natural. La investigación consigue gran número de productos a precios bajos. Se cubre rápidamente la demanda de combustible.

2.1. Nuevos medios de transporte. El petróleo y la electricidad propiciaron nuevos medios de transporte y renovaron los antiguos. El éxito del automóvil radica en el motor de explosión de Daimler y Benz en 1882. El uso de un combustible barato, la gasolina, en lugar de los caballos. La industria del automóvil pronto se organizó en factorías, convirtiéndose en un producto de consumo. Ejercen estas factorías un efecto multiplicador en otras industrias auxiliares. El coche vence al tren en trayectos cortos y quebradizos. El avión se convierte en una industria importante en los años veinte, y se consolida durante la Segunda Guerra Mundial. Será el transporte de los grandes países nuevos con ferrocarriles poco desarrollados, y el medio de las relaciones intercontinentales. La industria naval se renueva con la introducción de la turbina y los nuevos combustibles. Se multiplica en número de mercancías, y se abren los canales de Suez y Panamá, dando un gran impulso a las flotas mercantes. Los ferrocarriles incorporan los hidrocarburos y se electrifican. Todo responde a una nueva sociedad mercantil que ha industrializado el comercio.

Desarrollo industrial. Se incorpora más cantidad y calidad de trabajo por la especialización, automatización, y generalización de máquinas eléctricas. Hay un alto índice de profesionalización en los obreros y cambia la proporción entre trabajadores manuales y cuadros directivo-administrativos. La eficiencia y productividad permiten la producción en masa a bajos precios, y un consumo en masa dado el incremento de salarios por esa alta productividad. El consumo se convierte en el motor de la economía industrial, con cuatro consecuencias:

1. Expansión de la industria en función de las fábricas de bienes de consumo, quedando todas interrelacionadas.

2. Dificultad para proyectar la producción a largo plazo, dado que el consumo es muy variable.

3. Deseo de influir en el consumidor mediante la propaganda.

4. Desigual reparto mundial de la producción dependiendo de la capacidad de consumo de la población.

Crecimiento cíclico industrial. Los períodos bélicos mantienen el crecimiento de algunas industrias, pero frenan el de otras. Al final de la guerra siguen años de estancamiento, y luego de fuerte crecimiento económico. La historia económica mundial ha conocido cuatro ciclos críticos:

– 1914-1918. Primera Guerra Mundial.

– 1929. Hundimiento de la Bolsa de Nueva York.

– 1939-1945. Segunda Guerra Mundial.

– 1973. Crisis del petróleo.

Desigual industrialización y desarrollo en el mundo. Los países pioneros de la Revolución Industrial, y los que se incorporan a principios de este siglo, han conseguido una economía de escala con un continuo crecimiento. Sin embargo, el resto de países continúan con un crecimiento lento e irregular, manteniéndose en el subdesarrollo.

BIBLIOGRAFÍA

ASTHON, T., La Revolución Industrial, 1760-1830, México, F.C.E., 1985.

KEMP, La Revolución Industrial en la Europa del siglo XIX, Madrid, Martínez Roca, 1990.

PALMER, R., COLTON, J., Historia Contemporánea, Madrid, Akal, 1980.

VILAR, P., La industrialización europea. Estadios y tipos, Barcelona, Crítica, 1981.

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