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Tema 1 – La experiencia filosófica y sus formas: las concepciones de la filosofía

LAS DISTINTAS CONCEPCIONES DE LA FILOSOFIA.

1. Panorámica de las principales concepciones de la filosofía.

Antes de empezar a abordar este punto del tema cabe cuestionarse la validez de una posible división de la filosofía en distintos campos o concepciones. En el siguiente punto vamos a considerar la filosofía como saber, como actividad, como herramienta, como ciencia estricta y como análisis del lenguaje. Hay que advertir que esta clasificación, como todas, es arbitraria y reduccionista. En primer lugar, hay filósofos que en su producción abordan temas tanto teóricos como prácticos, es decir, hacen filosofía del saber y utilizan la filosofía como una herramienta ética. Por otra parte, todo filosofar es ya una actividad, puesto que la filosofía es siempre una actividad humana. Los ejemplos que vamos a utilizar para hablar de las distintas concepciones de la filosofía son, por lo tanto, sólo una selección entre la inmensa complejidad de la producción filosófica.

FILOSOFÍA COMO SABER

Ya hemos advertido que es difícil reducir la filosofía a una concepción concreta. Si hablamos de la filosofía como saber, advertiremos que toda filosofía es un modo de sabiduría. Las teorías que vamos a encajar en este punto son aquellas que más explícitamente abordan el quehacer filosófico como una búsqueda del saber.

En el siglo IV, Platón y Aristóteles sostuvieron que la filosofía nace de la admiración y de la extrañeza.

Según Platón, la filosofía es el saber que, al extrañarse de las contradicciones de las apariencias, llega a la visión de lo que es verdaderamente, de las Ideas.

Para Aristóteles, la filosofía es la ciencia de los primeros principios y de las primeras causas de todas las cosas. Pretende explicar qué son las cosas y por qué son como son. La filosofía como metafísica quiere determinar aquello que en cada ser no puede faltar, lo ineludible y necesario para que las cosas sigan siendo lo que son.

Una de las concepciones más interesantes que nos ha legado la historia del pensamiento acerca de qué es Filosofía de la de E. Kant.

Para Kant, la Filosofía es un saber de la razón, un saber de la razón pura, entendiendo por ésta el conjunto de todas las facultades cognoscitivas superiores. La Filosofía consiste en una investigación sobre los principios de la razón pura, pues ahí es donde encuentra Kant los elementos primarios y fundantes del conocimiento de la realidad.

Según esto, la razón tiene la doble tarea de ser, al mismo tiempo, la fuente de una gran parte de los conocimientos y un tribunal que somete a examen todo aquellos conocimientos que deseen convertirse en conocimientos universales y necesarios.

Frente al uso académico del concepto de Filosofía, Kant propuso el uso mundano de este concepto, de acuerdo con el cual la Filosofía se define como la ciencia de la relación de todos los conocimientos con los fines esenciales de la razón humana. Estos fines se condensan en la respuesta a las cuatro preguntas fundamentales:

  • ¿Qué puedo saber? Kant respondió con una investigación sobre el origen, alcance y límites del conocimiento humano, que llevó a cabo en la Crítica de la razón pura.
  • ¿Qué debo hacer? Se responde desde la filosofía moral, que tiene por objeto el estudio del ámbito filosófico que se corresponde con la esfera de la libertad, propio de las acciones morales. Kant respondió a esta cuestión en su obra Crítica de la razón práctica.
  • ¿Qué me está permitido esperar? Sólo puede ser respondido desde una reflexión sobre la historia, la sociedad, la política y la religión. A estos temas, Kant dedicó numerosos escritos, como la Crítica del juicio, Filosofía de la historia y La religión dentro de los límites de la mera razón.

FILOSOFIA COMO ACTIVIDAD

Como ya se advirtió anteriormente, toda filosofía es una producción, es una actividad humana. Todo filosofar, ya esté dirigido a componer teorías metafísicas, éticas o lingüísticas, es siempre una praxis, un acto concreto de autores concretos.

Quizá la teoría marxista sea la que más claramente se refiera a la filosofía como una actividad, aunque esta teoría también podría incluirse en el punto referente a la filosofía como herramienta.

Para el marxismo la filosofía tiene un papel emancipador. Es el instrumento intelectual con el que podemos entender las causas de la explotación y la injusticia social y nos permite actuar racionalmente para la superación de la alienación. Karl Marx sostuvo que la teoría no debe ser considerada como algo distinto de la práctica. Pensamientos, creencias y sentimientos morales son formas de acción. Marx identificó la filosofía con la praxis. La praxis es la actividad genuina del hombre.

FILOSOFIA COMO HERRAMIENTA

Hablar de la filosofía como herramienta es considerarla como un útil, como un instrumento válido para cambiar el mundo. Desde este punto de vista, todas las teorías éticas y políticas son herramientas para cambiar el mundo, para la consecución de la felicidad.

Para Platón la filosofía tiene una función transformadora del mundo y de la sociedad, posibilitar una forma de vida colectiva acorde a la idea de justicia. Platón describe una república ideal compuesta por tres tipos de ciudadanos, guerreros, productores y sabios filósofos. La justicia será la consecuencia de la armonía entre estos estamentos y la dirección del gobierno por parte de los filósofos, los más aptos para esta tarea.

Durante el período helenístico-romano, del IV al III, la filosofía se convierte en preocupación ética. Las escuelas más importantes son el cinismo, el epicureismo, el estoicismo y el escepticismo.

Los principios de la filosofía cínica son el máximo control de uno mismo, la capacidad de suprimir todas las necesidades y la fortaleza de volver a una vida natural.

Según el epicureismo, la filosofía debe conducir al hombre a la felicidad. La búsqueda del placer es el fin fundamental de la vida. La felicidad o el placer consiste en la satisfacción medida de las necesidades naturales.

Según el estoicismo todo cuanto sucede está regido por el logos y la aceptación de este destino es la mejor pauta ética. El hombre sólo puede encontrar la felicidad en la aceptación del orden cósmico.

Para el escepticismo, como de las cosas no podemos tener sensaciones y opiniones, lo mejor es suspender el juicio (epojé), y quedarnos imperturbables. (Ataraxia)

En el siglo XX, con el existencialismo el centro de la reflexión filosófica es la existencia humana concreta. Así, en un proceso de una autoconstitución existencial, el hombre puede engendrar el ámbito de inteligibilidad que le permitirá comprenderse a sí mismo y a su situación en el mundo.

Entre sus representantes cabe destacar a Heidegger y a Sartre.

Para Heidegger la filosofía quiere ser una pregunta por lo que hace posible todo cuanto existe. Y como todo lo que existe son entes, la filosofía es intentar oír la voz del Ser, o un preguntarse por el ser.

Sartre entiende la filosofía como totalizadora del saber, método, idea reguladora, arma ofensiva y comunidad de lenguaje, como un instrumento que obra sobre las sociedades en decadencia para transformarlas.

FILOSOFIA COMO CIENCIA ESTRICTA

Esta concepción de la filosofía hay que situarla en el contexto de las escuelas más racionalistas.

La filosofía presocrática logró un hecho fundamental en la historia de la filosofía, postular, a partir de la admiración y de la observación de los hechos cotidianos, la unidad en la multiplicidad. Así, los presocráticos pusieron las bases del pensamiento racional, iniciaron el camino de la racionalidad científica.

Es en la modernidad cuando el Racionalismo pretende convertir la filosofía en ciencia estricta, cuyo objeto es obtener una verdad filosófica, científica, con certeza matemática. La razón es la única facultad que puede conducir al conocimiento de la verdad. Representantes del racionalismo son Descartes, Spinoza y Leibniz.

Descartes caracteriza a la filosofía como un saber encaminado a obtener certezas indudables.

Para Spinoza la filosofía pretende liberar al espíritu de todo lo mundano y particular para que el hombre alcance el bien, insertándose en la unidad absoluta de toda la naturaleza.

Leibniz se propuso reducir todo el saber a un matemático universal que estableciese las reglas de las posibles combinaciones y sustituciones de palabras y razonamientos.

Con el idealismo alemán en el siglo XIX se culmina la pretensión iniciada por Descartes de convertir a la filosofía en ciencia. Para el idealismo la filosofía es la única ciencia, es el sistema de saber absoluto, la autoconciencia de la humanidad lograda dialécticamente. Representantes son Fichte, Schelling y Hegel.

Para Fichte la filosofía deja de ser investigación particular para convertirse en una ciencia del propio saber, en una consideración sobre el fundamento mismo del saber y sobre las funciones unificadoras subjetivas que lo hacen posible.

Schelling insistirá en que la misión de la filosofía consistirá en descubrir lo objetivo en lo subjetivo y lo subjetivo en el seno de lo objetivo.

Para Hegel la realidad verdadera radica en una idea absoluta que abarque todas las posibles cualidades o modos de realizarse una cosa. La tarea de la filosofía será aprehender la idea, en su forma verdadera y universal.

La Fenomenología es otro intento de construir una filosofía como ciencia estricta. Se caracteriza por su pretensión de radical fidelidad a lo dado, a lo que realmente se ofrece a la experiencia. Tal como la entiende E. Husserl, es el método que permite describir el sentido de las cosas viviéndolas como fenómenos de conciencia. La fenomenología es un idealismo trascendental, una fundamentación del saber. Husserl cree que todos los conceptos fundantes de los diversos ámbitos científicos deben ser hallados y elucidados mediante el análisis fenomenológico.

FILOSOFÍA COMO ANÁLISIS DEL LENGUAJE

Gadamer continua el camino de la hermenéutica ontológica inaugurado por Heidegger en lo que puede llamarse como el acontecer lingüístico de la tradición. Para Gadamer la hermenéutica se convierte en un modo de comprender las ciencias del espíritu y la historia, gracias a las interpretaciones de la tradición o transmisión.

En diálogo con Heidegger y Gadamer, Paul Ricoeur, ha desarrollado la fenomenología orientada lingüísticamente. Las investigaciones hermenéuticas de Ricoeur le han conducido a un examen y valoración de la riqueza del lenguaje y de los símbolos. Según Ricoeur, la comprensión tiene lugar por la mediación de una interpretación.

La filosofía analítica entiende la filosofía como el esclarecimiento, a través de análisis lingüísticos, de los sistemas conceptuales de que hacen uso las ciencias, la religión, la ética, etc. Para Wittgenstein la filosofía es un conjunto de actos. La filosofía sería una aclaración y, sobre todo, una aclaración del lenguaje para descubrir pseudo problemas.

El postmodernismo es un movimiento de sospecha, de incredulidad respecto del proyecto de la modernidad. Michel Foucault pretendió escribir una historia de la verdad, poniendo en claro los lazos que ésta mantiene con el campo social y político. Para ello analizó una serie de sistemas de segundo orden como la teoría de los signos, los sistemas monetarios… La subjetividad desaparece y hay que saber leer en los márgenes de la escritura. El yo del autor es una máscara continua y hay que aprender a interpretar de nuevo los textos.

2. El problema de la historiografía

Tras analizar estas distintas posibles concepciones de la filosofía se antoja casi imposible definir la filosofía. La filosofía no es una ciencia simple ni unitaria. De la misma manera, hemos advertido como escuelas muy dispares cronológicamente compartían objetos de estudios. ¿Quiere decir esto que la historia de la filosofía es el cúmulo de teorías desordenadas?

La respuesta al problema de la historiografía de la filosofía es compleja y nos conduciría a nuevas preguntas.

Siguiendo a Abbagnano, podemos afirmar que la historia de la filosofía no es ni un reino de doctrinas impersonales que se suceden desordenadamente ni la esfera de acción de problemas eternos, de los cuales sean manifestaciones contingentes las doctrinas singulares. Es un entramado de relaciones humanas que se mueven en el plano de una disciplina común.

Es cuestionable hacer una historia de la filosofía como de cualquier otra disciplina, pero el hombre tiene que comprenderse a sí mismo y para ello necesita un marco histórico, un pasado.

Las teorías historicistas nos advierten del importante papel que desempeña el carácter histórico o la historicidad del hombre.

Dilthey nos dice que lo que el hombre es, lo experimenta sólo a través de la historia. Dilthey insertó su historicismo en el marco de una filosofía de la vida como fenómeno total que permite comprender la función de lo histórico.

Marx insiste en la conciencia histórica y sus transformaciones. Troeltsch nos da una teoría del historicismo como una amplia visión del mundo que tiene en cuenta el fluir de los hechos sin segmentarlos. Mannheim afirma que la visión histórica proporciona el marco dentro del cual se alojan las experiencias particulares. Heidegger insiste en la noción de historicidad. Ortega y Gasset declara que el hombre no tiene naturaleza, sino historia.

Estas teorías son un ejemplo de que el hombre es historia y necesita historia. Por lo tanto, para comprender la filosofía es necesario hacer taxonomías, recorridos cronológicos, es necesario hacer historia.

Quizá la manera más honesta de hacer historia de la filosofía sea la pretendida por Nicolas Abbagnano. Según éste, hay que atender siempre a la relación entre la filosofía y el hombre que produce filosofía. Hay que bucear en la vida de los filósofos, hay que ser paciente con sus textos, ser objetivo, sin esperar lograr hallar en la historia de la filosofía un progreso continuo.

La historia de la filosofía es necesario porque como este gran historiador afirma la historia de la filosofía establece como una soldadura entre el pasado y el porvenir de la filosofía, soldadura que es la esencial historicidad de la filosofía.

3. Funciones de la filosofía en nuestra cultura

Todavía nos queda una pregunta por contestar “¿qué representa la actividad filosófica para la vida humana?” O, lo que es lo mismo, “¿cuáles son las funciones de la filosofía en nuestra cultura?”

La cultura, según los antropólogos estadounidenses Kroeber (1876-1960) y Kluckhohn (1905-1960), consiste en modelos o patrones explícitos e implícitos, de y para el comportamiento –adquiridos y transmitidos mediante símbolos, que constituyen la obra exclusiva de los grupos humanos e incluyen los objetivos materiales. El núcleo esencial de la cultura está constituido por ideas tradicionales (es decir, transmitidas y seleccionadas históricamente) y, especialmente, por los valores ligados a ellas. Los sistemas culturales pueden considerarse, por un lado, producto de la acción, y, por otro lado, elementos condicionadores de la acción subsiguiente. De esta definición cabe destacar que la cultura es un producto humano inacabado. Que la creatividad humana y su capacidad de resolución imaginativa de las condiciones de existencia son las que permiten la generación de distintos hechos culturales. De este modo entenderíamos lo cultural como resultado de la acción humana y no como un efecto

de estructuras transferidas, de tradiciones heredadas o como el producto simple de la ideología dominante. Concepciones todas ellas que hacen caso omiso de los sujetos que crean las culturas, las disfrutan y se sirven de ellas para sobrevivir.

Grosso modo podemos afirmar que las funciones de la filosofía son:

a)Por un lado, indagar y esclarecer. Como resultado de esta actividad filosófica tenemos la“filosofía teórica”: Actualmente aquí cabría englobar a las reflexiones en torno a problemas relativos a las ciencias, el lenguaje, la ontología, etc. (Filosofía de la ciencia, filosofía del lenguaje, filosofía de la biología…

b)Por otro lado, transformar. La actividad filosófica orientada a la acción, a la vida, a la transformación del mundo natural y humano la denominamos “filosofía práctica”. Aquí incluimos las filosofías que pretenden transformar la sociedad, ya sea desde el punto de vista socioeconómico (marxismos), desde la realidad personal como presupuesto de otras transformaciones (vitalismo), desde el individuo como tal (algunos existencialismos: Sartre), desde el medio ambiente (ecología) o, transversalmente, desde las mujeres (feminismos).

Ambas funciones, si bien no pueden identificarse, están estrechamente vinculadas, pues no hay que olvidar que la labor transformadora (práctica) requiere un previo conocimiento (teórico) de la situación. Unificando ambas funciones, podríamos decir que el papel de la filosofía en el conjunto de la cultura es organizar el mundo que nos rodea para interpretar y comprender nuestra experiencia y poder, así, hacer propuestas para orientar nuestra acción hacia una vida buena, tanto a nivel individual como a nivel colectivo.

La filosofía no puede funcionar de espaldas a la sociedad. Debe abandonar su “torre de marfil” y hacerse solidaria con los problemas actuales: paro, hambre, explotación laboral, globalización de la economía, violación de los derechos humanos y de las libertades públicas, sexismo, racismo y xenofobia, clasismo… También es función de la filosofía someter a crítica la ordenación social y las situaciones injustas a que ésta da lugar, es decir, desmontar argumentos políticos falaces, defendernos de los abusos del poder, mostrar la ilegitimidad de los regímenes políticos autoritarios y antidemocráticos…

1.1. Utilidad y necesidad de la filosofía

A menudo se dice que la filosofía ya no sirve para nada.

  • Ante esta afirmación caben diferentes justificaciones:

La ineludibilidad de las preguntas filosóficas, no siendo óbice para plantearlas el no hallar respuestas definitivas.

Para resumir nuestro análisis sobre el valor de la filosofía: la filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea, puesto que, por lo general, ninguna respuesta precisa puede ser conocida como verdadera, sino más bien por el valor de los problemas mismos; porque estos problemas amplían nuestra concepción de lo posible, enriquecen nuestra imaginación intelectual y disminuyen la seguridad dogmática que cierra el espíritu a la investigación, pero, ante todo, porque por la grandeza del Universo que la filosofía contempla, el espíritu se hace a su vez grande, y llega a ser capaz de la unión con el Universo que constituye su supremo bien. [Bertrand Russell Los problemas de la filosofía Ed. Labor. Barcelona 1978, p. 134-135)

La filosofía supone la ampliación de nuestro juicio y conocimiento de las cosas.

el valor de la filosofía debe ser buscado en una larga medida en su real incertidumbre. El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio, los objetos habituales no le suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas. …La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre. Así, el disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar. [Bertrand Russell, Los problemas de la filosofía. p.

131-133]

Respecto de las ciencias, la filosofía alcanza un mayor nivel de generalidad y, a la vez, les da sentido.

El qué que explica la diferencia entre el propósito de la filosofía, por un lado, y la investigación, por ejemplo en química o en psicología, por otro, consiste sobre todo en el nivel de generalidad de aquellos enunciados que consideramos ser por naturaleza específicamente filosóficos. Es cierto que toda ciencia generaliza y formula leyes que abarcan una clase de elementos, pero los enunciados filosóficos son por naturaleza mucho más generales aún, ya que formulan leyes que abarcan todos los fenómenos. Esto no es realizado por ninguna disciplina especializada, ni siquiera como ocurre en el caso de la teoría de la gravitación, aunque la disciplina pretenda que sus leyes sean máximamente generales por naturaleza. […] Dado que ninguna rama de la ciencia (ni tampoco el pensamiento cotidiano) puede funcionar sin apoyarse en conceptos tales como verdad y falsedad, causa y efecto, necesidad y azar, ninguna de esas ramas puede mantenerse sin una filosofía específica. [Adam Schaff “Qué hacen los filósofos” en Bontempo y Odell La lechuza de Minerva Ed. Cátedra. págs. 186-7]

Asignatura: Filosofía I 1r Bachillerato Profesora: Àngels Varó Peral

Abbagnano.

Ferrater Mora.