Tema 48 – La lírica renacentista en fray luis de león, san juan de la cruz y santa teresa de jesús.

1. Historia y literatura en la segunda mitad del siglo XVI

2. Fray Luis de León

2.1. Vida

2.2. Obra

3. San Juan de la Cruz

3.1. Vida

3.2. Obra

4. Santa Teresa de Jesús

4.1. Vida

4.2. Obra

==HISTORIA Y LITERATURA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI==

Cronológicamente suelen señalarse dos períodos en la evolución del Renacimiento Español, el primero se sitúa aproximadamente en la primera mitad del siglo XVI, y corresponde al reinado de Carlos I, que acumula bajo su cetro la unificada Península Ibérica así como los territorios de Flandes y del Nuevo Continente (de la corona de Castilla) y Borgoña (de sus abuelos paternos), y el segundo se corresponde con el reinado de su hijo Felipe II.

Si la primera etapa se caracteriza por su orientación europea, y el desarrollo cultural a través de la recepción de influencias italianas (previas al reinado de Carlos I, pues comenzaron a partir de la llegada a la corte castellana de Pedro Mártir de Anglería y Lucio Marineo Sículo, bajo el auspicio de la reina Isabel I de Castilla), así como la difusión de las ideas erasmistas-humanistas, la segunda se caracteriza por el total cierre a las influencias externas, para protegerse de las ideas protestantes, y la Contrarreforma que otorga un profundo signo católico y nacionalista a las manifestaciones culturales (A partir de la celebración del Concilio de Trento 1545-1563), entre las que destacarán las de tema religioso.

Este tema se centra en el estudio de la literatura perteneciente a la segunda mitad del siglo XVI (Reinado de Felipe II), consecuencia cultural de la defensa católica frente al florecimiento protestante europeo y de la Contrarreforma, y más en concreto de las manifestaciones líricas, en las que pueden diferenciarse dos escuelas, cuyo origen es la poesía de Garcilaso de la Vega y la influencia italianizante que éste aportó:

Escuela Sevillana o corriente manierista, caracterizada por el cultivo de la poesía amorosa de tipo petrarquista, a la que se le añade sentido patriótico  a través de temas nacionales, como hará su autor más destacado Fernando de Herrera y los temas de inspiración sacra.

La preocupación máxima será la forma poética y se preferirá el metro italiano, siendo el endecasílabo y el soneto el verso y la estrofa predilectas. Esta escuela coincide con la tendencia manierista europea en la excesiva preocupación  formal, que les hace huir de la “dorada medianía” ideal del primer Renacimiento.

Escuela Salmantina, surgida en torno a humanistas y teólogos de la Universidad de Salamanca, que siguen el modelo poético horaciano y que consideran su maestro lírico a Fray Luis de León.

Esta corriente literaria es más sobria y conservadora que la anterior y se sirve de temas morales y religioso-filosóficos para sus composiciones, en las que pretende una armonía perfecta entre forma y fondo y un estilo natural y conciso a través de versos libres y estrofas cortas, como la lira, que será la predilecta. Se trata de una lírica italianizante en el sentido de que toma como fuentes los clásicos, pero no por practicar la poesía amorosa de tipo petrarquista; también es humanista al pretender, siguiendo los planteamientos erasmistas y neoplatónicos, lo moralmente provechoso, lo ejemplar y verosímil y la manifestación del amor como anhelo de alcanzar la Belleza máxima (La divinidad) a través de la perfección que se consigue por medio del examen de conciencia (Purgatio), el conocimiento de Dios (Iluminatio) y la unión mística (Unio).

Tras el Concilio de Trento se vivió un resurgir de la poesía de temática religiosa, por lo que los autores más destacados de la segunda mitad del siglo XVI español son ascetas o místicos como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

==FRAY LUIS DE LEÓN==

===Vida===

(Belmonte [Cuenca] c. 1527- Convento de Madrigal de las Altas Torres [Ávila] 1591) A pesar de su más que dudosa ascendencia judía (sus antepasados estuvieron en entredicho), estudió en Madrid, Valladolid y en la Universidad de Salamanca, donde fue discípulo del Humanista y Teólogo Melchor Cano y en 1544 profesó como monje de la orden agustina, de la que llegó a ser también vicario general y padre provincial de Castilla.

En 1561 obtiene cátedra de Teología en la Universidad de Salamanca y posteriormente logra también la de Filosofía, además destaca en los círculos intelectuales como hebraísta de prestigio, políglota (domina el griego, latín, caldeo e italiano), traductor del Antiguo Testamento, de textos clásicos griegos y latinos y de obras italianas contemporáneas, por lo que pronto despertó las envidias de los miembros de otras órdenes religiosas por el control de las cátedras universitarias y rivalidades a causa de los diferentes puntos de vista teológicos y filosóficos; El resentimiento de León de Castro y Fray Bartolomé Medina, religiosos Dominicos (Orden de Predicadores), presentes en la Universidad le condujeron a un largo proceso inquisitorial de 4 años (1572-1576) durante el cual permanece en prisión acusado de preferir el texto hebreo de la Biblia al latino de la Vulgata, que era el texto oficial de la Iglesia, y de haber traducido al castellano, por tanto a una lengua vulgar (Prohibido por el Concilio de Trento), el Cantar de los Cantares de Salomón.

Finalmente es absuelto de los cargos y regresa a Salamanca donde se le concede otra cátedra y donde demostrará su profundo estoicismo, reemprendiendo las clases con la conocida frase de “decíamos ayer…”.

En 1582 volvió a tener problemas con el Santo Oficio, aunque en esta ocasión sólo fue amonestado.

Su personalidad vehemente e idealista de la justicia y la honradez le granjearon enemistades tanto como apoyos y reconocimientos del mundo universitario en el que se movió durante casi toda su existencia, a la vez destaca por la austeridad de sus costumbres y la observancia de la regla religiosa en la que ingresó.

Algunos críticos como Federico de Onís, C. Vossler y Dámaso Alonso le consideran un poeta ascético, pero no místico puesto que, a pesar de su profundo conocimiento bíblico y teológico, o quizá a causa de éste, no se acerca a la unión con la Divinidad sino que sólo la anhela, de una manera mucho más intelectual que pasional. El planteamiento contrario es defendido por autores como Alison Peers, R. Trevor Davies y el Padre Custodio Vega, quien le clasifica como último de los místicos del Siglo de Oro, de carácter más doctrinal que experimental, según una tendencia más propia de Dominicos y Jesuitas que de Agustinos.

===Obra===

Prosa

Su base e inspiración es la misma que la de su poesía, llegando en muchos casos a tratarse únicamente de glosas a textos líricos previos; se incluye dentro del género exegético (básicamente comenta textos de la Patrística o bíblicos) A diferencia de sus obras líricas, éstas sín fueron publicadas en vida de su autor. Pueden clasificarse en:

– Obra original

Ø Los nombres de Cristo (1583), un tratado en el que, por medio del diálogo con el personaje “Marcelo”, el autor comenta los nombres con los que es llamado Jesucristo en las Sagradas Escrituras basándose para ello en la teoría escolástica del lenguaje (nominalismo) que considera que la perfección de una cosa consiste en que ésta contenga a las demás, de manera que Dios es la perfección suprema y la mente del hombre puede ser perfecta (contener las cosas) a través del conocimiento de los nombres; no se trata sólo de un manual doctrinal, sino que supone un uténtico tratado moderno de filosofía del lenguaje, al considera, en la dedicatoria a su libro II, el castellano como lengua para la transmisión de todo tipo de temas, al mismo nivel que el latín, también demuestra en esta dedicatoria la conciencia del descuido al que está sujeta la lengua castellana y exhorta a todos a no despreciarla sino a cuidarla y considerarla portadora de lo divino y por ello merecedora de observación constante.

Ø La perfecta casada (1583), en la que expone el ideal de la esposa cristiana.

Ø Guía de pecadores . Es una exposición de la doctrina cristiana.

– Traducciones

Ø La exposición del libro de Job , sobre la resignación del personaje bíblico.

Ø Cantar de los Cantares de Salomón. A parte de la desobediencia a las normas dictadas por el Concilio de Trento que prohibían las traducciones de textos bíblicos en lenguas vulgares, y que posiblemente le condujeron a prisión en un largo proceso inquisitorial, en el que fue absuelto, esta obra supone una defensa del castellano frente al latín como lengua vehicular de transmisión de conocimientos, además de una declaración de estilo, basada en la naturalidad y la sobriedad clásicas pero también en la selección y pureza léxica. Esta defensa del idioma sigue los planteamientos propuestos por dos humanistas destacados en las Universidades españolas, Sánchez de las Brozas (El Brocense) y Simón Abril.

Poesía

Mucho más conocida que su prosa, aunque el autor confiesa haberle dedicado mucha menos importancia por considerarlas carentes de interés a causa del tópico clásico de la Captatio benevolentiæ.

Se difundió de forma manuscrita en vida, lo cual provocó una deformación de los textos, de la que el autor era consciente, y el posterior problema para la crítica y los editores a la hora de confirmar el corpus poético. A pesar de ser contrario a la publicación de sus obras poéticas, Fray Luis rehizo las obras y pretendió publicarla, sin éxito, en dos ocasiones, la primera antes de su etapa de cautiverio y la segunda tras salir de la cárcel, en esta segunda ocasión bajo el pseudónimo de Luis Mayor y dedicando la edición a don Pedro Portocarrero.

Tras los dos intentos fallidos por parte del autor, la primera edición de sus obras líricas se la realizará Francisco de Quevedo en 1631 (con prólogo de elogio hacia su autor y dedicatoria al Conde Duque de Olivares) sobre un original manuscrito facilitado por el canónigo de Sevilla Manuel Sarmiento y Mendoza, en el que respetó incluso las adulteraciones del texto. Esta edición servirá de base a la edición de ese mismo año en Milán.

Quevedo pretendía con la publicación de estas poesías mostrar un ejemplo de estilo depurado y conceptista, que le valiera como contrapunto al culteranismo defendido por poetas rivales. La obra de Fray Luis de León no influye en la poesía hasta este momento.

Ya en 1761 Mayans i Siscar realizó la primera edición en la que se incluye un apunte biográfico y un estudio sobre el proceso inquisitorial que sufrió Fray Luis de León y en 1816 vio la luz la edición del padre Antolín que contenía el material recopilado por el Padre Francisco Méndez sobre las ediciones anteriores y algunos otros manuscritos conservados.

La primera edición crítica fue la del padre Vega en la cual pretendió un estudio de la trayectoria poética de Fray Luis, comparando las ediciones que hasta entonces se habían empleado como fuente (la de Quevedo, la del Códice de San Felipe y la de Jovellanos)

Siguiendo las indicaciones realizadas por el propio autor en la edición de sus obras preparada y dedicada a don Pedro Portocarrero, podemos considerar tres apartados (publicados frecuentemente en tres libros) en su obra lírica de producción propia:

Ø Primer libro: Consta de 23 poesías de carácter humanista que demuestran el profundo conocimiento de los clásicos y de la Biblia que poseía su autor. Destacan en este apartado:

– Oda a la vida retirada, una imitación del Beatus ille de Horacio, en el que aspira a la serenidad de espíritu, no para vivir sin cuidados, sino para iniciar la via contemplativa.

– Oda a Salinas, considerada uno de sus poemas más hermosos y logrados, basados en el neoplatonismo y la alabanza a la Naturaleza.

– Noche serena que, junto a la Oda a Felipe Ruiz, nos permite suponerle poeta místico por su anhelo del Cielo (que debemos recordar, más doctrinal que experimental)

Ø Segundo y tercer libro: traducciones del latín y el griego como los dos primeros libros de las Geórgicas y las 10 Églogas de Virgilio, 25 odas de Horacio y textos de Píndaro, Eurípides y Tíbulo, entre otros. También debemos incluir aquí la traducción de parte del los Salmos bíblicos.

Su poesía es el producto de la asimilación de cuatro tendencias, la bíblico-cristiana, la platónica, la pitagórica y la estoica que la sitúan dentro de la corriente filosófica renacentista.

La tendencia bíblico-cristiana le ofrece temas y formas ya tradicionales, que Fray Luis de León sabe tratar con cierta originalidad en parte por pertenecer a la orden agustina, con una fuerte influencia filosófica de corte aristotélico, según la cual todos los hombres aspiran por naturaleza a la verdad, que es Dios, al cual se accede a través de la interiorización, dificultada por la dispersión del ser humano en las cosas; en este planteamiento se basa la práctica mística y la ascética, puesto que no son más que un intento de romper la relación del ser humano con las cosas que dispersan su intelecto y sentidos para poder dedicarlos en exclusiva a la interiorización y la búsqueda de Dios.

En este planteamiento el alma se verá siempre prisionera del cuerpo y anhelará su contacto con la divinidad, para liberarse de su prisión, se huirá del mundo y se pretenderá el contacto y la armonía con la naturaleza, practicando las virtudes y el estudio. En el caso de Fray Luis de León, la expresión lírica de estas prácticas ascéticas (al parecer no logró la contemplación plena y por tanto no puede considerarse místico) parecen ser autobiográficas, no como relato de sucesos sino como vivencia misma, puesto que fue consciente de que todas las vicisitudes que rodearon su existencia fueron la prisión del alma.

El platonismo, que este autor recoge de la tradición medieval, está muy relacionado con la visión cristiana, ya que hace referencia a la idea de belleza divina y a la de armonía del mundo, establecida por el control divino sobre todas las cosas así como al origen del alma, procedente, según esta teoría, del mundo supralunar de las ideas verdaderas, trascendentes y perfectas (por tanto del entorno de la divinidad) al cual pretende regresar tras liberarse de la prisión corporal o mundanal; en la poesía de Fray Luis de León el regreso no se logra y el alma sufre su destierro, por lo que se le considera autor ascético pero no místico ya que no plantea en ningún caso la unión armónica entre el alma y la divinidad.

El Pitagorismo considera que el cuerpo –svma- es una tumba del alma –shma-, la cual se purifica para alcanzar la liberación a través de la ascesis, el estudio filosófico, la música y las matemáticas. Este planteamiento coincide con la visión aristotélico-agustiniana e incluso se ajusta más a las características personales de Fray Luis de León, ya que su mística (Si puede considerarse así) es más doctrinal o intelectual que vivencial o experimental.

El Estoicismo considera el alma una partícula desprendida del soplo divino, al cual desea volver; El alma humana y el ser humano, es entendido como peregrino en el mundo, el cual sólo posee la virtud, la razón y el modelo de vida de la naturaleza como guías para alcanzar la serenidad imperturbable o ataraxia que es el origen de la felicidad. Este planeamiento filosófico es también coincidente con la visión aristotélico-agustiniana y además propone ideales similares a los renacentistas tomados del mundo clásico como el Aurea mediocritas.

A parte de la fuente filosófico-cristiana, su producción literaria toma influencias de la literatura italiana y clásica así como del incipiente nacionalismo castellano y de la literatura bíblica o hebraica que conoce profundamente.

De la lírica italianizante tomará algunos metros como la lira, directamente aprendida de Garcilaso y la oda, que parece ser su metro predilecto; de la literatura clásica aprenderá a través de traducciones de Horacio y Virgilio (Sus autores preferidos) el concepto de armonía y de contención, pero también de textos de Aristóteles, Píndaro y Epícteto. El nacionalismo castellano se manifiesta en él a través del apego a la tierra y a la lengua, tal como se plantea ya desde finales de la Edad Media y se prolonga a lo largo del siglo XVI y XVII; y el hebraísmo impregna todas sus manifestaciones culturales e incluso su personalidad a través de las traducciones y exégesis bíblicos.

Estilo.

Su estilo es sobrio, claro, exacto y armónico, aunque el tópico de la captatio benevolentiæ le hace declarar que sus poemas son de poco interés, se hace evidente su interés por corregir el texto, y el hecho de que la sencillez no es producto de la poca atención, sino al contrario, un efecto buscado deliberadamente a través de la selección léxica que le lleva a manejar un vocabulario en equilibrio entre los arcaísmos y los culteranismos excesivos, plagado de latinismos léxicos y sintácticos como forma para dignificar el texto, que suele carecer de figuras retóricas excesivamente rebuscadas, por lo que no suele presentar metáforas, prefiriendo los paralelismos y sinónimos.

Los tópicos más frecuentes en sus textos proceden de la literatura clásica y giran en torno a planteamientos morales:

– Vanitas vanitatum o “Vanidad de vanidades”, que plantea el desprecio por lo mundano.

– Tempus fugit / Ubi sunt? “El tiempo huye” o “¿Dónde están?” que se oponen al tópico también clásico del Carpe diem o “Vive el presente” que los autores renacentistas religiosos consideran irreflexivo

– Aurea mediocritas o “Dorada medianía” que plantea una forma de vida en la que se busca el equilibrio y se huye de los excesos, muy acorde con el planteamiento filosófico-moral de los autores ascéticos y místicos.

– Beatus ille o “Dichoso aquél”. Tomado de una composición horaciana que canta la ventura del que vive retirado de las influencias mundanas; Es un tópico muy acorde con la línea filosófico-moral de la época.

– Secretum iter o “Secreto camino” / “Escondida senda” en la misma línea que los anteriores, plantea la vida como un camino o peregrinación, en la que hay que huir de lo mundanal (Odi profanum vulgum “odio al vulgo torpe y ciego”)

– Ab ipso ferro o “Por el mismo hierro” en una analogía entre la encina, que al ser podada, recibe nueva vida a la vez que sufre un daño y el ser hombre sabio que se renueva al luchar contra la adversidad.

– Locus amoenus Tópico existente en la Edad Media, que se refiere a un lugar idílico, que en el Renacimiento servirá como escenario para hallar la armonía con la naturaleza, símbolo del ascenso místico hacia Dios.

– Portus quietis que es la Virgen o bien Cristo, puertos seguros en la travesía que el alma (barco en mar tempestuoso) realiza en la vida humana.

– Cárcel oscura o prisión del alma en el cuerpo y del hombre en el mundo. Se trata de un planteamiento tomado de diferentes tendencias filosóficas, ya señaladas.

Los temas de su lírica son:

· Místico-ascético:

§ La virtud humana: Siempre es tratada como abstracción.

§ La transgresión o vida alejada de la virtud: Trata este tema a través de ejemplos  concretos como don Rodrigo (último rey godo, pierde la península a manos musulmanas por su actitud pecaminosa)

§ La renuncia a la vida de la fama: El otium o actividad del hombre de letras al estudio, pero también la actividad del hombre de armas y la de la mujer virtuosa.

§ La vida retirada: Considerada por este autor, el primer paso de la ascensión hacia Dios.

§ Mística: No solo la unión con Dios sino todo el proceso desde que el alma anhela su encuentro. Entre los estímulos que suele describir para lograr el encuentro o para ayudar al alma a liberarse de su prisión cita la música, que permite contemplar la música o armonía celeste, y la paz que transmite el cielo estrellado.

· Religioso: Se ocupa de la intervención divina en la historia.· Histórico-nacional: Se trata de textos muy concretos:

§ La profecía ex eventu de los males que se ciernen sobre España a raíz de la conquista musulmana aparece en la Oda VII o “Profecía del Tajo” (El río Tajo advierte al rey don Rodrigo) que resulta la nacionalización de un modelo clásico (tomado del Vaticinio de Nereo, de Horacio)

§ La intervención de Santiago a favor de la España cristiana en la “Reconquista” aparece en la Oda XXI “A Santiago”.

§ Alusión al levantamiento de los moriscos en la Oda XII.

==SAN JUAN DE LA CRUZ==

===Vida===

Juan de Yepes Álvarez (Fontíveros [Ávila]1542- Úbeda 1591) es posiblemente el poeta místico más puro y de expresión poética más intensa de la literatura castellana.

Hijo de una familia noble arruinada, por lo que debe aprender un oficio, primero lo intenta con el que desempeña su padre, tejedor, pero pasará pronto a intentar los de carpintero y sastre, así como los de escultor y pintor, sin demasiado éxito en ninguno de ellos. Sus estudios en la Compañía de Jesús le revelaron su vocación, por lo que ingresó en la Orden carmelita en 1563, tomando el nombre de Fray Juan de Santo Matías.

Durante los cinco años siguientes a su profesión en 1563, este monje tímido y físicamente débil se dedicó al cuidado del prójimo como enfermero y al estudio en la Universidad de Salamanca hasta recibir órdenes mayores en 1567; Seguramente no hubiera pasado de ser un excelente fraile de no ser por el encuentro que mantuvo con la religiosa Teresa de Jesús en 1568, quien le integró en el movimiento reformador de la orden carmelitana, iniciado por ella en la rama femenina, y le animó a fundar en ese mismo año el primer convento masculino de Carmelitas Descalzos, de vida contemplativa y austeridad extrema.

Sus intentos reformadores y su continua labor propagandística le causaron persecución, sus propios compañeros de orden (Los calzados) le encarcelaron en 1577, infringiéndole todo tipo de vejaciones. Tras ocho meses de cautiverio logró escapar y refugiarse en un monasterio de Almodóvar, donde es ayudado por Teresa de Jesús. La tradición indica que durante su etapa de tormento compuso el Cántico Espiritual y algún otro poema.

Continuando su labor reformadora, funda el convento de Baeza en 1582 y en 1584 inaugura el de Granada como prior; es en Granada donde acaba su Cántico Espiritual y la Subida al Monte Carmelo y donde crea además la Noche oscura del alma y la Llama de amor viva que constituyen toda su obra.

Esta labor creadora es posible gracias al sosiego que logra tras sus años de juventud y de lucha reformadora, que culminan con el nombramiento como vicario provincial de Andalucía, sin embargo, los problemas no le abandonan totalmente y sufrirá un “destierro suave” en Peñuela (Jaén) de donde saldrá hacia Úbeda para “curar unas calenturas” y donde morirá en 1591. Su cuerpo incorrupto es trasladado tiempo después a Segovia. Fue canonizado en 1726 y declarado doctor de la Iglesia en 1926.

Junto con Santa Teresa de Jesús, forma parte de la “Escuela mística carmelitana”, de misticismo esencial, psicologismo, eclecticismo y fidelidad a la tradición. Amante de la práctica contemplativa de la naturaleza en una tendencia que podría considerarse franciscana, afectiva e íntima, más que intelectual y que le llevó a la cima de la poesía ascética en la que hasta ahora se le había reservado un lugar preferente por su originalidad, cada vez más discutida al considerar entre sus fuentes la Biblia , los clásicos, los místicos musulmanes, los espirituales germánicos y flamencos y algunos contemporáneos españoles como Fray Luis de León, pero también el “Garcilaso a lo divino” de Sebastián de Córdoba.

===Obra===

Editada por Santa Teresa de Jesús. Su obra en prosa se compone de los comentarios realizados, a posteriori, de sus poemas místicos, para hacerlos más comprensible y que reciben su mismo título, además de Subida al Monte Carmelo. Estas obras le convierten en uno de los teóricos más importantes del misticismo.

Sus obras líricas pueden clasificarse de la siguiente manera:

– Poesía en metro tradicional de tipo renacentista: Formada por cinco canciones, diez romances y dos glosas “a lo divino” y que ha quedado totalmente eclipsada por su obra mística. Destaca en este tipo de poesía el valor fónico o musical que le transfiere la emoción de lo recitado, lo cual no debe extrañarnos al haberse compuesto tomando como base canciones populares o cantadas/ oídas por el propio poeta, entre las cuales, podemos citar como fuentes, incluso para sus textos místicos el Romance de Fontefrida , el Cantarcillo , Si amores me han de matar, agora tienen lugar , y numerosos villancicos del Cancionero espiritual – Poesía mística, en general, basada en el amor a la soledad y la perfección intelectual, cuya base es única y exclusivamente la experiencia interior, por lo que, al contrario que en otros místicos, no tiene relación alguna con sus vivencias personales.

– Noche oscura del alma . Formada por ocho liras, estudia el proceso místico entre la purgatio y la iluminatio y entre ésta y la unio dedicando cada una de sus tres partes a una de estas etapas del proceso. Está relacionada con dos comentarios en prosa, ambos incompletos, el primero de ellos es Subida al Monte Carmelo , que trata de la purgación activa de los sentidos y del espíritu, y el segundo la Noche oscura del alma , dedicado a la purgación pasiva de los mismos.

– Cántico espiritual . Describe el afán de la esposa (el alma) que busca al esposo (Dios), siguiendo para ello el proceso de la vida espiritual, así en las cuatro primeras estrofas sigue la vía purgativa y plasma la salida de la esposa en busca del esposo, las siete estrofas siguientes, en que aparece la respuesta de las criaturas, se dedica a la vía iluminativa, que se continúa hasta la estrofa 27 con el desposorio y a partir de éste, la vía unitiva. Este texto se conoce en dos ediciones, la de Bruselas, formada por 39 liras y la de Sevilla, con 40. Se conservó y transmitió durante mucho tiempo de forma oral en los conventos carmelitas, de la misma manera que los romances y la poesía tradicional; aun hoy es frecuente que se canten o reciten poemas como oración en algunos conventos carmelitas. No debemos olvidar nunca, que no sólo esta composición, sino toda la obra de San Juan de la Cruz se creó más como oración que como composición literaria.

– Llama de amor viva . Las cuatro liras que la forman muestra una poesía exclamativa, con muy pocos elementos narrativos y extraordinariamente intensa en su expresión. El comentario que se le asocia, y que lleva su mismo título, es también breve y trata sobre la unión con la divinidad, que es plasmada bien como fuego (llama), bien como cautiverio suave, bien como llaga, lámpara de luz, o mano que toca el alma y resplandores que surgen de lo más profundo o “cavernas” del alma. Al intentar plasmar la unión plena con Dios, se sirve de imágenes de unión nupcial, pero se detiene al considerar que no sabrá cómo expresarlo.

La crítica ha destacado la unión que realiza de dos tendencias, una bíblica, de la que toma símbolos e imágenes como el cedro, que para el pueblo hebreo encarna la potencia y la grandeza, o bien que le sirve de inspiración como en el Cántico Espiritual parcialmente basado tanto en el  Cantar de los Cantares de Salomón como en la traducción del mismo por parte de Fray Luis de León, pero también con claras influencias del Evangelio según San Juan; y otra italiana que le llega a través de Garcilaso de la Vega y del propio Fray Luis de León, además de a través de la obra de Sebastián de Córdoba Garcilaso a lo divino , vastamente conocidos por San Juan de la Cruz, de los cuales toma metros como la lira, versos como el endecasílabo e incluso poemas enteros (de tema amoroso e incluso erótico) convenientemente divinizados. Esta influencia no sólo es patente en la poesía de carácter tradicional, sino también en textos místicos.

Su estilo, cargado de simbolismos e imágenes, responde a una necesidad mística, puesto que pretende manifestar la experiencia espiritual a través de imágenes luminosas de la naturaleza en las que predomina sobre la vivencia intelectual o abstracta de la divinidad, lo afectivo. Logra transmitir  al lector u oyente la misma confusión en que se siente durante el proceso místico, a través de imágenes delirantes pero también a través de un léxico rico y una línea melódica ágil, cargada de interrogaciones y exclamaciones retóricas, sobre todo al inicio de las composiciones, para conferir un ritmo “in crescendo” equivalente a la agitación espiritual del poeta, la cual alcanza el sosiego a medida que va ascendiendo en su vía hacia la divinidad. Entre los recursos más destacados del plano fónico destacan la onomatopeya, la aliteración, la repetición y la disyunción.

La poesía de San Juan de la Cruz es toda símbolo, pues con ella pretende comunicar lo inefable, a través de lo emotivo más que de lo real o físico, por lo que se trata de símbolos interpretativos y no descriptivos; Por esta razón que Carlos Bousoño los ha considerado “modernos”, los ha definido como imágenes visionarias, entre las cuales destacan por su frecuencia y valor:

– Identificación del Amado con las montañas, basada en una valoración subjetiva, ya que las montañas evocan ideas de grandeza, poder, majestuosidad y atemporalidad que quiere otorgar también al Amado, entendido como divinidad. Esta imagen está motivada por una intuición, por un sentimiento y no por el análisis intelectual.

– Identificación del Amado con los valles solitarios, nemorosos, basada también en una valoración subjetiva, muy similar a la anterior, puesto que los valles evocan ideas de recogimiento, soledad, paz, calma, reposo y agrado, que quiere otorgar al Amado, divinidad- Localización del alma en diferentes lugares de la naturaleza, como las “ínsulas extrañas” (pretende provocar extrañeza), los “ríos sonorosos” (sugiere plenitud), el “silbo de los aires amorosos” La imagen de las ínsulas, como la de los ríos están tomadas del Evangelio de San Juan, en sí bastante oscuro y lleno de simbología.

– La noche es uno de los elementos evocadores con mayores posibilidades y valores, puesto que puede ser una noche “oscura” y por tanto momento de desasosiego por la falta de visión de la divinidad, o bien “sosegada”, en la que el alma alcanza reposo; los símbolos de San Juan son multisémicos y en su mayoría tomados de otras tradiciones como la bíblica o la medieval, su originalidad reside en el valor que les confiere, totalmente subjetivo y que desvela en sus comentarios en prosa.

– El fuego, y en concreto la llama es otro de los elementos empleados por San Juan en su poesía, esta vez con el valor de amor perfecto, por ser producto de la contemplación o unión total con la divinidad, o bien como representación del Espíritu Santo.

– La unión nupcial es la imagen más empleada como símbolo para expresar la contemplación de Dios o el contacto del alma con Dios. Se trata de una imagen de tradición bíblica, pues ya aparece en el Cantar de los Cantares de Salomón. Debemos tener en cuenta que San Juan se detiene a la hora de expresar la unión con Dios, considerando que el lenguaje no es suficiente para plasmar lo que siente.

– Otros elementos también recurrentes en la poesía de San Juan de la Cruz son el cedro y la almena, el primero simboliza en la tradición hebrea la grandiosidad, y el segundo es de creación medieval, pero en la emoción del autor, ambos aluden al éxtasis, como también lo hacen la “casa sosegada”, “la secreta escala” y la “celada.

==SANTA TERESA DE JESÚS==

===Vida===

Teresa de Cepeda y Ahumada (1515 [Ávila]-1582 Alba de Tormes) religiosa conocida con el nombre de santa Teresa de Ávila o de santa Teresa de Jesús. Esta Doctora de la Iglesia, mística y escritora española, fundadora de las carmelitas descalzas, rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (o carmelitas) es conocida por la determinación que desde su infancia la marcó, popularmente se conoce la anécdota de su afán por acompañar a su hermano Rodrigo para ir a “tierra de moros para morir por Cristo”, afán que se vio interrumpido a las afueras de Ávila por un familiar, que los sorprendió de camino. Este fervor fue sustituido por las novelas de Caballerías y las prácticas más femeninas para encontrar marido, si bien también leyó algunos libros de “vidas de santos”, prestados por su tío don Pedro de Cepeda, los cuales le ayudaron a decidir su vocación, que inició ingresando en el convento de las agustinas de Santa María de Gracia, a los 16 años, para estudiar, aunque la estancia fue corta (un año), debido a su mala salud.

En 1535, tras huir de casa, con otro de sus hermanos, con la intención de tomar ambos los hábitos, profesará como monja carmelita en el convento de la Encarnación, con permiso de su familia y dote; allí, la larga enfermedad, combinada con los cada vez más austeros ejercicios espirituales, la llevaron a un estado de “muerte ficticia” en cuyo despertar narró haber tenido una visión de Cristo, el infierno, los ángeles y los demonios. Las visiones y éxtasis ya no le abandonarán hasta el fin de sus días, como tampoco los dolores, causados, según la propia santa por lanzas que un ángel le clavaba en el corazón.

A raíz de esta “muerte ficticia” y las visiones en ella experimentadas, la santa, consciente ya de que está aquejada de la enfermedad mística, se propone la reforma de la orden del Carmelo, por considerar que la indisciplina de las carmelitas era excesiva.

En la labor reformadora, en la que tomó como ejemplo las fundaciones de Fray Pedro de

Alcántara, encontró tanto el apoyo del Papa Pio VI, del rey Felipe II y la ayuda de San Juan de la Cruz y Fray Antonio de Heredia, como la oposición de sus inmediatos superiores religiosos, pero logró superar todas la trabas y en 1562 fundó en Ávila el convento de San José, la primera comunidad de monjas carmelitas descalzas, en el que reforzó el cumplimiento estricto de las primitivas y severas reglas de la orden. Cinco años después (1567), sus reformas fueron aprobadas por el director de la orden Fray Juan Bautista Rubeo de Rávena, quien se le permitió fundar otros  conventos similares para religiosos y religiosas, así logró fundar 16 casas religiosas para mujeres y 14 para hombres, además de reformar algunos de los ya existentes de la orden carmelita, aunque siempre estuvo acosada en su labor por funcionarios religiosos.

Su labor incesante purificó la vida religiosa española de principios del siglo XVI y contribuyó a fortalecer las reformas de la Iglesia católica desde dentro, en un periodo en que el protestantismo se extendía por toda Europa.

Dos años antes de morir, las carmelitas descalzas recibieron el reconocimiento del Papa como orden monástica independiente.

Falleció en 1582 y su cuerpo fue enterrado en el convento de la Anunciación del municipio salmantino de Alba de Tormes, en el cual fue exhumado y hallado incorrupto en 1583.

Nombrada beata en 1614 por el Papa Paulo V, fue canonizada en 1622 por Gregorio XV y declarada por Pablo VI en 1965 patrona de los escritores Católicos de España, este mismo pontífice le otorgó en 1970 el título de Doctora de la Iglesia Católica, siendo la primera mujer (junto con santa Catalina de Siena) que recibía este nombramiento en toda la historia del Cristianismo.

Además de una mística de extraordinaria profundidad espiritual, santa Teresa fue una organizadora muy capaz, dotada de sentido común, tacto, inteligencia, coraje y humor.

===Obra===

Sus escritos, publicados de forma póstuma en 1588 por Fray Luis de León, están considerados una contribución única a la literatura mística y devocional al plasmar sus ansias de encontrar a Dios en el fondo de alma a través tanto del recogimiento contemplativo como de la actividad práctica, además de una obra maestra de la prosa española.

Sus obras en prosa son:

– Libro de mi vida o Libro de las Misericordias de Dios (1561-1565), en el que narra su evolución espiritual desde la niñez. La obra fue redactada a raíz del episodio de “muerte  ficticia” sufrida por la santa.

– Libro de las fundaciones (1573-1582) obra también de carácter autobiográfico pues tiene como objeto relatar las fundaciones de los conventos de carmelitas descalzas realizadas por la santa, de manera que es un importantísimo documento de la orden carmelitana. Está completado por los Avisos espirituales dirigidos a sus monjas.

– Constituciones , que recoge las reglas de la orden reformada.

– Libro de las Relaciones (1560-1579), también de carácter autobiográfico, es una especie de autoconfesión de su pasado.

– El Libro de las siete moradas o Castillo interior (1577), es su obra capital y cumbre de la mística en lengua castellana, fue compuesta a instancias de Fray Jerónimo Gracián y contiene una descripción elocuente de su vida contemplativa, sirviéndose para ello de una alegoría:

alma como un castillo con siete moradas. Como anexo a este texto destaca Los conceptos del amor de Dios .

– Camino de perfección (1565-1570), redactado por encargo de Fray Domingo Báñez, es un libro de consejos didácticos para las monjas de su orden en torno a la experiencia mística.

– Epistolario. Conjunto de 400 cartas personales en las que podemos leer la biografía y el carácter de la santa así como las costumbres y las características lingüísticas del habla coloquial de la época.

Sus obras líricas son de poca importancia, si las comparamos con su producción en prosa y

básicamente se componen de glosas de estribillos populares, como el archiconocido “Vivo sin vivir en mí”, todas ellas de tono fervoroso, en redondillas y cuartetas octosilábicas, y en dísticos de pie quebrado, pentasílabos y hexasílabos, cultivando en alguna ocasión serventesios.

Estas obras fueron compuestas para un público muy concreto, las religiosas de sus conventos, generalmente con intención didáctica, por lo que los temas son:

La unión con el Amado

El vivo anhelo de la unión con el Amado

La hermosura de Dios

La identidad del alma con Dios

La entrega total a la voluntad divina

La tierra como valle de lágrimas (Enfoque medieval y contrarreformista)

Ensalzamiento de la Cruz

Reflexión ante los Misterios del Credo (Natividad, Redención, Epifanía)

Dedicación a santos y santas, así como a algunas novicias en su profesión (motivo místico de las bodas)

Entre los símbolos más recurrentes están los de la herida y le Cazador, siendo muy frecuente el recurso de la paradoja, así como la interrogación retórica y la anáfora.

Publicado: febrero 23, 2015 por Santiago

Etiquetas: tema 48 lengua castellana y literatura