Tema 49 – La novela en los siglos de oro, El lazarillo de tormes, La picaresca.

1. Introducción.

2. La novela en los siglos de Oro.

2.1. Novela caballeresca

2.2. Novela sentimental

2.3. Novela de aventuras

2.4. Novela corta o cortesana

2.5. Novela morisca

2.6. Novela pastoril

2.7. Relato de tipo lucianesco

2.8. Relato de tipo celestinesco

2.9. Prosa costumbrista

3. La novela picaresca

3.1. Etimología de la palabra “pícaro”

3.2. Concepto de novela picaresca

3.3. Evolución del género

4. El Lazarillo de Tormes

4.1. Fuentes

4.2. Autoría y problemas de autoría

4.3. Fecha de publicación y ediciones

4.4. Estructura y contenido

4.5. Sentido e Interpretación

4.6. Lengua y estilo

==INTRODUCCIÓN==

Este tema trata de la narrativa tanto en el siglo XVI (Renacimiento) como en el XVII (Barroco), por lo que, debido a su extensión y a la variedad de subgéneros narrativos que deben ser estudiados, nos centramos en uno de los hechos más destacados del período, la aparición de la novela moderna y en concreto del género novela picaresca, a partir de la publicación de El Lazarillo de Tormes , sin que ello desmerezca en nada la influencia de la novella italiana y el relato lucianesco, procedente de la tradición clásica y respaldado por el Humanismo, que lo había empleado como vehículo de transmisión de ideas; Ambas tendencias narrativas son básicas para entender el género y su evolución en el siglo de Oro.

Muy relacionada con el cultivo y la expansión de la novella italiana destacan la figura y las obras de Miguel de Cervantes, no sólo El Quijote , al que se dedica el tema 50 (y que en 2005 conmemora su 4º centenario) sin también el resto de su producción en prosa, precursora y modelo de la narrativa moderna, frente al relato folklórico y al de intriga y aventura, cultivados hasta la fecha.

Otra de las figuras destacadas dentro de la narrativa del siglo de Oro es Francisco de Quevedo, como autor más destacado de la narrativa de tipo lucianesco, que lleva en sí el germen de destrucción de la novela moderna y derivará con el pasar de los siglos hacia el cuadro de costumbres y el costumbrismo periodístico del siglo XIX, pues en ella predomina la sucesión de casos unidos por una muy leve trama argumental, por lo general fantástica, y cierto expresionismo ridiculizador.

==LA NOVELA EN LOS SIGLOS DE ORO==

Según Ferreras, el inicio de la novela moderna se halla en el surgimiento del individualismo del siglo XV, en concreto la publicación de la primera edición de La Celestina y el cultivo de la novela sentimental o amatoria son las primeras manifestaciones de este tipo de género narrativo; por tanto podemos afirmar que la narrativa renacentista nace en el reinado de los Reyes Católicos, al igual que la picaresca nace en el siglo XVI y se desarrolla en el XVII y es por ello por lo que deberemos estudiar con más detalle estos tres siglos con cada uno de los subgéneros que se cultivan o crean.

Parece lógico que la novela alcanzara su mayor cultivo en el Renacimiento, al ser éste un género básicamente burgués y ser esta época la del asentamiento de esta clase social, ávida de lecturas y entretenimiento, pero no debemos olvidar tampoco que se siguen cultivando y leyendo con interés géneros ya existentes en la Edad Media como los libros o novelas sentimentales y los libros de caballerías, posiblemente porque tenían un público fiel entre los aristócratas, donde podemos  incluir al propio emperador Carlos I y a su corte, quienes comenzaban a buscar las aventuras en las páginas de los libros, puesto que ya no las podían practicar en la realidad.

Es posible realizar una diferenciación entre dos tipos de narrativa en el siglo de Oro, la primera, ya cultivada en siglos anteriores es de base idealizante, y la segunda, original de este período, se basa en el realismo y el estudio psicológico de los personajes.

===Novela caballeresca===

El género narrativo medieval “libro de caballerías” se prolongó, con variaciones, a lo largo de la primera mitad del siglo XVI, gracias a la publicación del Amadís de Gaula que con sus continuaciones e imitadores logró revitalizar el género, si bien, con algunos cambios puesto que el nuevo héroe-caballero es más refinado y cortesano, más idealizado y sus aventuras irán contagiándose de asuntos más intrascendentes y novelescos, abandonando la antigua materia épica; lamentablemente, a medida que se va adaptando a su nueva situación, decrece el éxito del género.

Esta evolución hacia lo refinado y cortesano tiene su origen en la nueva estructura social y el nacimiento de la burguesía y sus nuevos gustos, que se tradujeron en Francia en el roman courtois o novela cortesana en verso, cuyo cultivo se extendió por toda Europa y que acabó manifestándose a lo largo del siglo XVI en prosa, con el nombre ya de “novela” de caballerías.

En las ya “novelas caballerescas”, se mantiene el heroísmo, amor y fidelidad que caracterizaban a los personajes de los libros de caballerías, así como sus temas (materia de Roma, la menos frecuente; materia de Francia, con Carlomagno como figura central; y la materia de Bretaña, de origen celta, que es la de mayor importancia en la formación y desarrollo del género), pero como ya se ha señalado, los personajes y aventuras se banalizaron y refinaron, introduciéndose el elemento fantástico, hasta entonces poco empleado en la literatura castellana, no así en la europea en general.

Si bien estas novelas no son estrictamente didácticas, se entendieron como ejemplos de comportamiento cortesano y refinado, y por tanto dignas de imitación, si bien un decreto de 1531 prohibió su importación a las colonias americanas al temerse que los indios las tomaran al pie de la letra y creyeran todo lo que de fantástico y poco veraz había en ellas y les llevara a poner en duda las Sagradas Escrituras.

La citada prohibición quedó sin efecto, a pesar de ser reiterada en 1533; tampoco se llevó a la práctica la prohibición en la misma península, promulgada por las Cortes de Valladolid en 1555.

El género fue perdiendo interés para los lectores a medida que quedaba anclado en el pasado mientras la sociedad cambiaba, aunque los hubo que no supieron o no quisieron verlo y necesitaron del ingenio de Cervantes en El Quijote para descubrir lo anacrónico de estos textos, ya a principios del siglo XVII. A pesar de la desaparición de este género, sus temas subsistieron en el drama y en otras formas narrativas.

Como ya se ha mencionado, el Amadís de Gaula es el texto clave para el paso del libro a la novela de caballerías en lengua castellana, pero no debemos olvidar todos sus continuadores e imitadores así como el Tirant lo Blanc .

Amadís de Gaula es un texto del ciclo bretón, inspirado en el Lanzarote y en el Tristán , que narra una sucesión de aventuras en las que intervienen multitud de personajes cuyas vidas se cruzan constantemente. Si bien existió una o quizá dos redacciones primitivas (como muy cautelosamente señala Cacho Blecua) formada por tres libros, que ya aparecía citada en la traducción castellana de De regimine principum de Egidio Colonia realizada en torno a 1345 por Juan García de Castrogeriz, el texto, tal y como hoy lo conocemos, es una refundición realizada hacia 1492, que se publicó por primera vez en Zaragoza en 1508 como obra de varios autores, corregidos y enmendados además de condensados y continuados por Garci Rodríguez de Montalvo, a quien se debe el quinto libro Las sergas de Esplandián , publicado en 1510, además de la refundición.

En opinión de la crítica, entre la que destaca Mª Rosa Lida de Malkiel, el texto primitivo presentaba ya la figura de Esplandián, hijo secreto de Amadís, a quien mataba sin conocerlo, desencadenando un final trágico pues a la muerte del héroe se le sumaba el suicidio por amor de Oriana.

El protagonista, Amadís, fruto de amores ilegítimos, es dejado a merced de la corriente de un río, dentro de un arca, que será recogida por Gaudales, quien lo educará; Ya adulto, en la corte de Escocia, Amadís se enamorará de Oriana, hija del rey Lisuarte, pero no será aceptado por éste al no ser caballero ni noble (al menos en apariencia); por lo que, para lograr ser digno de su amada, con quien en secretos amores tiene un hijo, llamado Esplandián (que será enviado lejos de la corte), Amadís se ve forzado a buscar aventuras que le otorguen honor, pero Oriana será prometida en matrimonio al emperador de Roma. Al final Oriana es “rescatada” por Amadís, quien se reconcilia con Lisuarte y permite el matrimonio de los dos enamorados. La continuación de esta novela o quinta parte de la misma, titulada Las sergas de Esplandián , narra las aventuras de hijo de Amadís y de otros nuevos caballeros con él relacionados.

Podríamos considerar este texto como un auténtico “superventas” de su época, ya que fue reimpreso en más de treinta ocasiones entre 1508 y 1589, llegando su influencia literaria hasta a provocar versiones “a lo divino” y alusiones en romances nuevos de la primera mitad del siglo XVI, así como en el Cancionero de Amberes de 1557; también el teatro aprovechó su éxito, Gil Vicente compuso la Tragicomedia de Amdís de Gaula y otros autores, entre los que destaca Andrés Rey Artieda, lo tomaron como fuente para sus dramas, además de que fue imitado tanto dentro como fuera de nuestras fronteras (en Italia por Bernardo Tasso y Ariosto) y traducido a todas las lenguas cultas de Europa.

Hubo 12 continuaciones (que forman el llamado “ciclo de Amadís”), la mayoría de ellas de poca calidad, debido a las cada vez más inverosímiles aventuras y a la excesiva adición de peripecias, por lo que han pasado al olvido literario.

Entre los críticos de su momento podemos citar a Juan de Valdés, quien lo consideraba el mejor libro de los de su género, y a Miguel de Cervantes, que lo salva de la hoguera en el escrutinio de libros de la biblioteca en El Quijote.

Esta novela y el género “novela de caballerías” del que uno de los ejemplos más valiosos, se caracteriza por:

Acumulación de aventuras, muchas de ellas desmesuradas o inverosímiles.

Espacios y escenarios de las acciones exóticos o inexistentes, que provocan la ausencia absoluta de color local.

Simplicidad psicológica de los personajes, que no son planos pero que tampoco son excesivamente profundos, a parte de que están marcados por su genealogía (predeterminados)

El caballero protagonista o héroe se somete a la dama en vasallaje, siguiendo así la tradición medieval del amor cortés, si bien, en el caso del Amadís , como en el del Tirant lo Blanc, encontramos también sensualismo y erotismo que no evitan el goce físico entre los amantes.

Entre los elementos originales de este texto destaca el tratamiento de la aventura, desarrollada de forma hábil y dinámica, para atraer al lector, así como el manejo de diferentes puntos de vista y el suspense al crear interés en el lector por descubrir cómo se resolverá la trama, que queda truncada en los momentos de clímax por la división en capítulos, que llegan incluso a alternarse, y que se demora en algunos casos debido a la estructuración en libros.

Uno de sus más brillantes imitadores fue el Palmerín de Oliva, texto que podemos integrar dentro de un ciclo propio, puesto que tuvo varias continuaciones.

Publicado en Salamanca en 1511 como imitación de las aventuras de Amadís, su héroe es más estrafalario y las peripecias más fantásticas e inverosímiles; si damos crédito a los versos que aparecen al final de esta primera edición fue escrito por una mujer posiblemente de Ciudad Rodrígo (según atribución de Francisco Delicado, corrector de una edición posterior de la segunda parte)

La novela tuvo una segunda parte publicada en Salamanca en 1512 bajo el título de Primaleón , que se reimprimió en Sevilla en 1524, en ambos casos consta como traductor del griego al castellano, así como corrector del texto, Francisco Vázquez, de Ciudad Rodrigo.

La tercera y cuarta parte son las novelas Don Polindo (1526) y Plátir (1533), que no lograron tanto éxito como el Libro del muy esforzado caballero don Palmerín de Inglaterra, hijo del rey don Durados, y de sus grandes proezas (Más conocido como Palmerín de Inglaterra ) obra de Miguel Ferrer, datado en 1547, que tuvo en cuenta una versión anterior (quizá manuscrita) posiblemente portuguesa, y que fue versionado en portugués por Francisco Moraes en 1567.

Aunque escrito en valenciano del siglo XV por Joanot Martorell y culminado a su muerte por Martí Joan de Galba, el Tirant lo Blanc merece mención en la literatura castellana pues a parte de la edición prínceps de 1490 en Valencia y de dos ediciones más en catalán, se realizó una edición en castellano (Valladolid 1511) y fue calificado por el propio Cervantes como el “mejor libro del mundo”.

En opinión de uno de los críticos especialistas en el texto, Martí de Riquer, esta novela se distingue de otras de su género por la ausencia de elementos maravillosos, la geografía real y conocida y por la caracterización psicológica de los personajes, siempre dentro de lo humanamente verosímil, todo ello localizado temporalmente en un momento próximo al lector.

===Novela sentimental===

Este género en el que destacan como autores Diego de San Pedro con Cárcel de amor y Juan de Flores con Grisel y Mirabella, y cuyo origen es bastante complicado, comparte características y época con la novela de caballerías, si bien en la sentimental se sustituye el elemento maravilloso y la peripecia por la trama amorosa, que es el eje principal, en torno al que se yuxtaponen alegorías, episodios caballerescos y refinamientos cortesanos en una estructura frecuentemente epistolar en el que tienen cabida los debates feministas, los aspectos psicológicos y emotivos e incluso algunas notas autobiográficas, pero en los que casi nunca hay acción externa, de manera que suelen resultar obras lentas y minuciosas, con escaso diálogo, en los que los protagonistas aparecen abstraídos de la realidad circundante, que en algún caso encubren a personajes reales.

La relación amorosa descrita se ajusta a las normas del amor cortés, extremadamente idealizado y abstraído del espacio y el tiempo, y el lenguaje empleado se caracteriza por el uso de sintaxis latinizante.

Este tipo de textos se cultivó hasta bien entrado el siglo XVI, aunque con el paso del tiempo fueron incorporando elementos de otro tipo de narrativa que la relacionará con las novelas de bizantinas y las clásicas, al estilo de Heliodoro y Aquiles Tacio.

Las bases de este tipo de textos, que siempre recibieron el nombre de “novela” se hallan en:

Novelas sentimentales italianas como la Fiammetta de Boccaccio (1343-1345) y la Historia de duobus amantibus Eurialo y Lucretia del humanista Eneas Silvio Piccolomini, compuesta en latín  en 1444; traducidas ambas al castellano en el siglo XV y que aportan la narración sentimental en primera persona (Fiammetta ) y el intercambio epistolar entre enamorados (Historia duobus amantibus…) Deben señalarse algunas diferencias entre las novelas sentimentales italianas y las españolas, puesto que las primeras la víctima del conflicto amoroso es la mujer, mientras en las novelas españolas lo es el hombre, además de que en la novela sentimental española se ha borrado toda alusión o posibilidad a amores adúlteros, puesto que las heroínas no son mujeres casadas (pero mantienen la imposibilidad de corresponder a su enamorado, debido a su alto concepto del honor como elemento básico de la estructura social de fuerte raigambre cortés)

Elementos de literatura artúrica y caballeresca, básicamente en la peripecia externa.

Lírica de cancionero basada en el amor cortés y la alegoría, sobre todo en lo referente a la estilización y la artificiosidad.

Influencias folclóricas.

===Novela de aventuras===

Este tipo de narración, también denominada novela bizantina, tiene su antecedente más lejano en la novela bizantina del período helenístico, en el cual destacan textos como Historia etiópica de Teágenes y Cariclea , de Heliodoro y la Historia de los amores de Leucipe y Clitofonte, de Aquiles Tacio, ambas escritas entre los siglos III y IV, localizadas en el Mediterráneo y/o Oriente Próximo.

Los relatos de este tipo no tienen un héroe que destaque por su valentía sino por su astucia, es una especie de Ulises, pues las aventuras se estructuran como si se tratase de una “odisea”, con viajes, separaciones, amores, etc., todo ello regido por el azar. Los personajes son siempre bellos e inteligentes y las damas destacan por su nobleza y por la defensa de su honor e integridad a través de la inteligencia, compitiendo con sabios en debates o narrando cuentos para entretener. Es frecuente que la acción se inicie in medias res, con lo cual los personajes deben caracterizarse a través de acciones y palabras que hagan referencia al pasado más que al presente, y que acabe felizmente (como en novela morisca y la pastoril). Un precursor de este subgénero en España es el anónimo Libro de Apolonio , del siglo XIII, pero se trata de una manifestación muy puntual y precoz del género, ya que éste se cultivará a partir del Renacimiento, momento en que este tipo de relatos se leerán y considerarán casi como una continuación del género novela sentimental, en auge hasta el siglo XV, y que a partir del siglo XVI se estaban renovando, tal como indica Marcelino Menéndez Pelayo.

El interés por este nuevo modelo narrativo surge, en el siglo de Oro a raíz de las traducciones de los texto clásicos ya citados, en concreto, de la obra de Heliodoro, Historia etiópica o Teágenes y Cariclea , se realizaron tres traducciones al castellano en el siglo XVI y se tiene noticia de la traducción realizada por Francisco de Quevedo sobre el texto de Aquiles Tacio Historia de los amores de Leucipe y Clitofonte ., hoy perdida.

A parte de los clásicos, también los textos contemporáneos influyeron en la literatura castellana, destacando en este aspecto la Historia de los honestos amores de Peregrino y Ginebra, publicada en Parma por Jacobo Caviceo en 1508 y traducida al castellano en 1527. En opinión de M. Menéndez Pelayo, esta novela de amores y viajes sirvió de modelo a los autores españoles no sólo para desarrollar textos de género novela de aventuras, entre los que podemos citar a Jerónimo Contreras con Selva de aventuras , a Alfonso Núñez de Reinoso, autor de Los amores de Clareo y Florisea y trabajos de la sin ventura Isea, Francisco de Quintana, creador de la Historia de Hipólito y Aminta en1627, Enrique Suárez de Mendoza, con Eustorgio y Clorilene y con Historia moscóvica , de 1629 y a Miguel de Cervantes en Los trabajos de Persiles y Segismunda, sino también a dramaturgos como Lope de Vega para la creación de piezas como Peregrino en su patria.

Este tipo de novela fue bien recibida por los moralistas ya que somete a los personajes a la Divina Providencia y muestra ejemplos de conducta moral correcta, pero en esta misma alabanza está su final, ya que desaparecerá gradualmente a medida que convierta su estructura en el vehículo de alegorías didácticas y doctrinales y que la digresión predomine sobre el nudo argumental.

Alfonso Núñez de Reinoso es un autor del que se tienen pocos datos biográficos, a parte de  los que él mismo ofrece en sus obras: Nacido en Guadalajara, residente en Ciudad Rodrigo, estudiante de leyes en Salamanca y viajero en Italia, donde conoció la obra de Aquiles Tacio (los cuatro últimos libros que se conservaban) Su obra original Los amores de Clareo y Florisea y trabajos de la sin ventura Isea es un compendio de esos cuatro libros, añadidos tanto por el inicio como por el final para crear una obra completa, en la que no sólo encontramos rasgos de novela de aventuras sino también de novela de caballerías, sentimental y pastoril, con un importante influjo de los textos clásicos, tal y como era usual en Italia. Esta novela está narrada en primera persona por una mujer, lo cual puede recordarnos a algunos textos griegos, pero tiene también mucho que ver con la Fiammetta de Boccaccio.

Jerónimo de Contreras es autor de Selva de aventuras , novela en la que se combinan, con un argumento sencillo, rasgos del género de aventuras, pastoril y sentimental; fue publicada en 1565 y narra las desventuras amorosas de Laumenio, enamorado de Arbolea, quien no le corresponde y profesa como religiosa, a raíz de esto el protagonista masculino emprende una peregrinación por el mundo (básicamente Italia y Argel) en la que observa costumbres y hechos extraordinarios y fantásticos; una vez acabado el viaje, regresa a su tierra (Sevilla) y se retira a una ermita a hacer penitencia.

Miguel de Cervantes es autor de la muestra más importante de este género, Los trabajos de Persiles y Segismunda , compuesta al final de su vida y que ni siquiera tuvo tiempo de corregir y retocar. La obra se publicó póstumamente en 1617, dividida en 4 libros y estructurada como “novela río” en la cual caben todo tipo de elementos, cuyo único punto de relación son los personajes en peregrinación.

En opinión de Valbuena Prats, se trata de una novela en la que se combinan idealismo y realismo, con la intención de superar el modelo del género, y en cierto modo podríamos considerarla una “novela ejemplar” más, tanto en contenido como en forma, puesto que, tal como señala Casalduero, la peregrinación de sus personajes es una muestra del espíritu Contrarreformista y su brevedad y estructuración la acercan a las más que conocidas novelas cervantinas.

===Novela corta o cortesana===

También conocida como “novela italiana”, se desarrolla en siglo XVI este género basado en el gusto por los relatos breves como entretenimiento, ya existente en la Edad Media y plasmado entonces en la literatura de diferentes países a través de Fablaux (Francia), los cuentos de Bocaccio Giraldi Cintio, Bandello, Straparola y Sachetti (Italia) y recopilaciones como La disputa del ase, de Anselm Turmeda (España).

El Humanismo pretendió adaptar los primitivos relatos medievales al gusto literario renacentista, creando versiones tanto en prosa como en verso, que en muchas ocasiones circulaban en pliegos de cordel y que fueron depurándose hasta lograr forma definitiva de novela corta, llamada cortesana también porque en los manuales de corte, como el de Baltasar de Castiglione se consideraba una habilidad necesaria en los cortesanos la capacidad para narrar este tipo de relatos.

Durante el siglo XVI en literatura castellana el género se mantiene a través de las traducciones y versiones de textos italianos, principalmente de Bocaccio, habrá que esperar al Barroco para que se consiga la definitiva incorporación de este género a nuestras letras.

Entre los autores-compiladores del siglo XVI destaca el valenciano Juan de Timoneda, autor de diversas colecciones de cuentos, que él denominaba “patrañas”, entre las que sobresalen El Patrañuelo (1565) formado por 22 cuentos independientes, pero con cierta unidad entre ellos, a pesar de no estar incluidos en ninguna trama marco como en el Decámeron o el Conde Lucanor ;

Sobremesa y alivio de caminantes (1569); El buen aviso y Poriacuentos.

El género, como producción original, se inaugurará en España con las Novelas ejemplares (1613) de Cervantes, cuyas características serán imitadas por otros autores y obras, siguiendo también de cerca los textos y características de los novellieri italianos (Boccaccio, Bandello, Straparola y Cinthio, cuyas obras ya habían traducidas al español), pero de una forma algo superficial, imitando sólo las aventuras intrincadas, regidas por el azar, y no el mundo complejo de los personajes y la sátira mordaz de la sociedad de su tiempo que vemos en Rinconete y Cortadillo o en El coloquio de los perros.

El escenario en que se desarrollan estos relatos breves suelen ser grandes ciudades, y sus personajes pertenecen, por lo general, a las clases altas (damas y caballeros de vida ociosa, que cultivan el galanteo) junto a los que pululan otros tipos que se mueven en su mismo ambiente como los escribanos, corchetes, soldados, hidalgos y criados, pero nunca individuos de clase social baja. En buena medida estos personajes son comunes con los de las comedias, de donde también se toman las tramas, de base amorosa, si bien predominan los finales trágicos y los personajes, sobre todo las mujeres, se desenvuelven con mayor libertad de costumbres (a diferencia que en el teatro) que en alguna ocasión raya la procacidad. Debe señalarse una diferencia con respecto a la novela cortesana italiana, el amor en los textos italianos es un sentimiento idealizado y casto, frente al libidinoso y sensual que aparece en los textos españoles.

Además del amor, en este tipo de novelas es clave el sentimiento del honor, reflejo de la sociedad del momento, por lo que Gonzalo de Amezúa las han calificado de “historia moral de su época”, pero no podemos olvidar que se trata de textos literarios cargados de fantasía y artificiosidad.

Los más destacados cultivadores del género son:

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635), autor de libros ingeniosos y divertidos, entre los que destacan El caballero puntual, El sagaz Estacio, marido examinado, El sutil cordobés Pedro de Urdemalas , y Don Diego de Noche (1623), que es una de las mejores obras del género, formada por nueve aventuras y un epistolario satírico-jocoso.

Gonzalo de Céspedes y Meneses (1585 ¿?- 1638), en los relatos recogidos en Historias peregrinas y ejemplares publicado en 1623, que ha sido calificada por la crítica como obra de tono prerromántico, y en la novela Poema trágico del español Gerardo y desengaño del amor lascivo de 1615.

Alonso de Castillo Solórzano (1584-1648), cultivador también del género picaresco, y autor prolífico de novela cortesana que agrupó en colecciones, al modo de Bocaccio. En sus obras predomina el amor y la aventura siguiendo las líneas marcadas por los autores italianos. Los mejores textos de su producción son los incluidos en la colección Fiestas del Jardín publicada en1634, pero también son dignas de mención Tardes entretenidas (1625) Jornadas alegres (1626) y Noches de placer (1631) María de Zayas y Sotomayor (1590-1661) supone un paso más en la elaboración de este tipo de novelas debido a su libertad en las descripciones referentes a la aventura amorosa, con las que roza lo sensual, sin caer en lo obsceno ni en el mal gusto, a pesar de lo cual sufrió las acusaciones de impúdica y licenciosa. Toda su producción se recoge en dos colecciones de relatos engarzados entre sí, titulados Novelas amorosas y ejemplares. Honesto y entretenido sarao (1637) y Desengaños amorosos. Parte segunda del sarao y entretenimientos honestos (1647) Estafeminista apasionada coloca a la mujer en el centro de sus relatos.

Juan Pérez de Montalbán (1602-1638), autor de Sucesos y prodigios de amor en ocho novelas ejemplares (1624) es considerado uno de los ejemplos más escabrosos, macabros y licenciosos del género, pero también destaca, junto con María de Zayas, como precursor del  Romanticismo, a través del ambiente del relato gótico, por el tratamiento de los personajes y la libertad imaginativa, en opinión de Gonzalo de Amezúa. Cristóbal Lozano (1609-1667), es autor de Soledades de la vida y desengaños del mundo, publicada en 1658.

Además de estos autores, otros creadores cultivan el género de forma esporádica, como Lope de Vega, alentado por Marta de Nevares, que compone cuatro novelas cortesanas conocidas como Novelas a Marcia Leonarda (1621-1624) aparecidas en dos libros de miscelánea con los títulos Las fortunas de Diana , La desdicha por la honra, La prudente venganza y Guzmán el bravo, además de la obra conocida como La Dorotea , donde parece realizar una autobiografía erótico-amorosa literaturizada en la que narra sus amores más intensos (Marta de Nevares y Elena Osorio)  Tirso de Molina también practicó el género de forma puntual, conocemos sus breves novelas cortesanas Los tres maridos burlados (1621), en la colección miscelánea de Los cigarrales de Toledo, y El bandolero (1635) en la miscelánea titulada Deleitar aprovechando.

Mención a parte merece Miguel de Cervantes y sus doce Novelas ejemplares , publicadas en 1613 pero compuestas entre 1590 y 1612, por varios motivos. Estos relatos son los primeros en que se aplica el término “novela”, procedente del italiano, para hacer alusión a los relatos breves, pero más extensos y de estructura más compleja que los cuentos folclóricos, redactados para el entretenimiento de los lectores, pero también son las primeras manifestaciones en las que encontramos rasgos tan característicos del género como la diversidad de tonos, las nuevas líneas narrativas, el desarrollo del ambiente y el diálogo y la nacionalización de los asuntos y los personajes.

El tema de todas gira en torno al bien y el mal, y en la mayoría de los casos en torno al amor y las relaciones sexuales, por lo que son varios los críticos que han planteado la cuestión de la “ejemplaridad” de las mismas, que se cita en el título y en el prólogo y que posiblemente no haga alusión tanto a la bondad moral como a la originalidad y posible provecho que estos relatos independientemente o en conjunto puedan ofrecer al lector. Luis Rosales, que no duda de la ejemplaridad moral de estos textos, plantea también la posibilidad de que el propio Cervantes estuviera estableciendo la ejemplaridad estructural de este tipo de relatos, o lo que es lo mismo, fuera consciente de estar ensayando un género nuevo.

En cuanto a la clasificación de las novelas, deben señalarse varias propuestas, la primera de ellas la de Pellicer, en 1797, que las agrupa bajo cuatro epígrafes: heroicas, cómicas, populares y jocosas, mientras Ortega las distribuye en dos grupos, el primero caracterizado por el sentimiento de realidad y formado por relatos como Rinconete y Cortadillo o El celoso extremeño ; el segundo formado por los textos de fuerte carácter fantástico, como El amante liberal y La española inglesa.

La clasificación más interesante parece ser la de Valbuena Prat:

Novelas idealizantes, al estilo italiano, que son las menos elaboradas: El amante liberal, La española inglesa , La fuerza de la sangre, Las dos doncellas , La señora Cornelia.

Novelas ideorrealistas, en las que el proceso idealizador toma la realidad y no la convención literaria como punto de partida: La gitanilla, La ilustre fregona , El celoso extremeño, El casamiento engañoso.

Novelas realistas, en las que su autor construye cuadros de costumbres, en ocasiones satíricos o irónicos. Se trata de los relatos de mayor calidad: Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros , El licenciado Vidriera.

Finalmente, Joaquín Casalduero las clasifica según su tema en:

Novelas en las que predomina el mundo de la fantasía: La gitanilla , El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa.

Novelas sobre la idea del pecado original: El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre.

Novelas sobre la relación virtud-libertad: El celoso extremeño, La ilustre fregona.

Novelas que analizan diferentes aspectos del mundo social

===Novela morisca===

Esta forma narrativa renacentista podría incluirse dentro de la novela corta, si bien algunos de sus rasgos la diferencian de este género. Es propia únicamente de países mediterráneos, en contacto con el mundo árabe, que idealizan, y nació en España.

El personaje de estos relatos, de carácter sencillo, es un tipo más próximo a la realidad, sin que ello las convierta en novelas realistas, puesto que suele ser un moro galante y caballeroso, dechado de virtudes, que vive una serie de sucesos históricos (narrados con mayor o menor fidelidad) en torno a la confrontación entre cristianos y musulmanes.

El estilo es equilibrado y elegante, la sintaxis es buena y el vocabulario suele presentar ciertos matices árabes, que ayudan a ambientar la obra, en la que se advierte el gusto por lo exótico y lo vistosos, y el escenario casi siempre andaluz.

Pueden clasificarse, atendiendo al criterio de L. Morales Oliver, en dos tipos, por un lado las novelas que se relacionan con el reino de Granada, y que resultan las más auténticas del género, y por otro lado las que tienen como asunto el cautiverio en África.

“El Abencerraje” o Historia del Abencerraje Abindarráez y de la hermosa Jarifa , de autor desconocido, es el primer y más representativo texto del género, que se publicó por primera vez en la edición de Valladolid (1561) de La Diana de Montemayor; esta novela cuenta la historia de amor, posiblemente cierta, entre dos jóvenes musulmanes, Abindarráez y Jarifa, el primero de ellos apresado por el alcalde de Antequera y Álora (Rodrigo Narváez), que le permite abandonar su prisión para casarse con Jaifa, bajo promesa de volver tras la boda, que el joven cumple. Al regresar, el alcalde se apiada de ambos por su amor y la belleza de Jaifa y les deja en libertad. De este texto existen cuatro versiones diferentes.

Muy representativa también es la Historia de los bandos de Zegríes y Abencerrajes , del murciano Ginés Pérez de Hita, publicada en Zaragoza en 1595 y más conocida con el título de Guerras civiles de Granada al narrar los hechos del reino de Granada hasta su conquista por parte de los Reyes Católicos en 1492, a través de dos novelas que podríamos considerar históricas, en las que se intercalan episodios independientes. Esta obra destaca por su imaginación y sensualidad lingüísitica (riqueza de sensaciones visuales y auditivas)

También merece ser destacada La historia de Ozmín y Daraja , que se inserta en el capítulo VIII del libro primero del Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (1599) y que quizá sea anterior cronológicamente a la obra de Pérez de Hita.

===Novela pastoril===

La tradición bucólica, que arranca de Virgilio y Teócrito y se inspira en los himnos a Diana y  otras divinidades mitológicas, arraiga en la poesía y la prosa renacentista con la idealización del mundo natural y de los pastores, dando origen a la novela pastoril, que se inscribe en la misma línea de las Églogas de Garcilaso, quintaesencia de ese arte refinado y convencional.

Pese a que cuenta con modelos italianos gran calidad estética como el Ninfale d’Ameto de Boccaccio y la Arcadia de Sannazaro, que fija definitivamente el género, tarda más de medio siglo en entrar en España, en donde su momento de esplendor, durante la segunda mitad del siglo XVI (Correspondiente al reinado de Felipe II, marcado por un importante cambio de mentalidad), coincide con la decadencia de las novelas de caballerías, si bien nunca llega a alcanzar tan altas cotas de  popularidad; frente a ellas, se caracteriza por el tempo lento de la acción y la delectación morosa en el análisis de los sentimientos.

Su fama se prolonga en los primeros años del siglo XVII, debido no sólo a razones literarias sino también ideológicas, sociológicas y políticas. Por un lado el anhelo de paz de los humanistas, simbolizado en el reino de Saturno, donde no existía la propiedad privada y el neoplatonismo que pretendía un mundo ideal y perfecto, en el que se universalizaran las cualidades más positivas y no existiera la agresividad, son los motivos ideológicos que sustentan el desarrollo del género; por otro la despoblación de las zonas rurales peninsulares a causa de la emigración hacia los núcleos urbanos, en busca de mejores condiciones de vida (recordemos que se había operado un cambio climático, con el notable descenso de las temperaturas, que modificó la producción agraria y empobreció todavía más la agricultura peninsular), que provoca también un cambio en el terreno moral, sanitario e higiénico.

Desde el ámbito político se tendía a comparar la situación de los distintos reinos con la del idílico reino de Saturno, en eterna paz y armonía, lo cual despertaba el ansia de vivir en equibrio y paz, siguiendo el tópico horaciano de aurea mediocritas.

Hay en este tipo de narraciones dos elementos capitales que se funden en uno solo: el paisaje y el intimismo. La naturaleza, presentada bajo una apariencia idílica e irreal, como un remanso de paz y felicidad, según el tópico del locus amoenus, es el escenario inseparable de las desventuras amorosas del pastor, también idealizado, que se identifica con ella. Dentro de este marco lo que se nos ofrece no son insólitas aventuras, sino el análisis de la intimidad, frente a la acción, priva el mundo interior, alejándose de la actitud dinámica de novelas como la de caballerías, se adentra en una actitud estática y contemplativa.

Desde las primeras muestras se opta por mezclar el verso y la prosa, el primero como vehículo de expresión de los pastores enamorados, la segunda como soporte para la narración de la trama y los relatos insertados en la misma, de tipo mitológico y concordantes con el ánimo de los personajes.

El estilo es afectado y cae en la sintaxis latinizante, circunstancias que, sin duda, restan modernidad al género. Su mismo carácter convencional va en detrimento de la vivacidad y expresividad, aun así, gustaron mucho al público lector, que debió de verse atraído por la elegancia y distinción del relato, así como por la suavidad y melancolía de los sentimientos reflejados en él.

A pesar de que la novela pastoril se inscribe en la corriente del amor platónico y suele presentar historias en las que no triunfa el pecado, fue objeto de una dura persecución por parte de los moralistas, que censuraban su delectación en el análisis de las vivencias amorosas.

La obra que inaugura propiamente el género en la península es Los siete libros de la Diana (1558-1559) del judío portugués Jorge de Montemayor, si bien antes su compatriota Bernardim Ribeiro había publicado Menina e mota , pero es una obra que está a medio camino entre el mundo caballeresco y el bucólico. El texto de Montemayor es sin duda el mejor del género, lo cual fue reconocido incluso por Cervantes en el famoso episodio del escrutinio de libros de la biblioteca en El Quijote , pues lo salva de la hoguera, aunque señala que deberían aplicársele algunas modificaciones.

La Diana narra la pasión de Sireno hacia Diana, casada en ausencia de éste con Delio, y sus lamentos recorriendo los lugares que antes compartían, al final Sireno se reune con Silvano, otro de los enamorados no correspondidos de Diana, y juntos entonan un canto; además incluye el Canto de Orfeo , para alabar a varias damas de la corte.

La novela, cuyo final es abierto, se convierte en modelo del género, si bien no produce obras de mucho interés, salvo la Diana enamorada (Valencia 1564) del valenciano Gaspar Gil Polo, que supera en algunos aspectos a la novela de Montemayor, a cuya trama, que había quedado en suspenso, proporciona un desenlace, partiendo de una concepción del amor totalmente opuesta, alejada del amor cortés, que rechaza la pasión desenfrenada de su antecesora y propone el amor sensual, para lo cual fusiona, sin excesivo éxito, las influencias de la novela pastoril, aunque algo más realista, con la literatura grecolatina y lo caballeresco. En el libro tercero de esta novela encontramos el Canto del Turia, con el que el autor realiza un panegírico de diferentes personajes destacados de las letras valencianas.

Las últimas novelas pastoriles famosas, aunque son de autores barrocos, datan de finales del siglo XVI: La Galatea (1585) de Cervantes y la Arcadia (1599) de Lope de Vega, la obra más reeditada del autor.

Una de las primeras obras de decadencia del género es El pastor de Fílida (1582) de Luis Gálvez de Montalvo, a la que podemos añadir El prado de Valencia , de Gaspar Mercader (1600), que funde el género pastoril con la autobiografía y la poesía lírica;Tragedias de amor (1607), de Juan Arce Solórzano, en la que se incluyen episodios de violencia y aparece una tendencia moralizante poco frecuente en este tipo de novelas; Siglo de oro en las selvas de Erífile (1608), de Bernardo de Balbuena, de gran imaginación pero poco que ver ya con los pastores y los amores idealizados y Cintia de Aranjuez (1629) de Gabriel del Corral.

En el proceso evolutivo de este género, el mundo bucólico va perdiendo autonomía y se convierte en excusa para contener los versos que el poeta no se atreve a publicar en solitario, o se contagia de las técnicas de observación de la realidad y de construcción del relato de la novela cortesana; también llega a contagiarse de trascendencia religiosa con lo que pierde por completo su identidad y se coloca en la órbita de Tasso, así es como Lope trasladó con éxito el molde pastoril a los asuntos sacros en Pastores de Belén (1612), que contiene, como la Arcadia , una magnífica antología lírica.

===Relato de tipo lucianesco===

Modalidad narrativa constituida por una colección de casos satíricos engarzados en una muy leve trama argumental, a menudo fantástica, a través de un protagonista que actúa como mero testigo de los hechos, que conoce gracias a procedimientos mágicos; que lleva en sí el germen destructor de la novela por ser la negación del realismo psicológico.

Si bien el modelo clásico son las obras de Luciano de Samosata y Apuleyo, y puede destacarse como precedente del género el Coloquio de los perros, de Cervantes, es Francisco de Quevedo el autor más destacado de este tipo de narrativa renacentista-barroca, al manejar con gran destreza las estampas ingeniosas y la caricatura expresionista y crítica que permite mostrar una realidad deformada pero reconocible. Sus obras más destacadas son Los sueños y La hora de todos.

Entre las producciones más afortunadas se encuentran también Los antojos de mejor vista , obra muy útil y provechosa, compuesta y ordenada en lengua castellana por Mr. Pierres de Tal (1620?) de Rodrigo Fernández de Ribera (1579-1631), en la que el protagonista se encuentra en lo alto de la Giralda con el licenciado Desengaño, que observa a la gente desde lo alto con uno anteojos que le permiten verlos tal y como son, sin hipocresías, lo cual desencadena la descripción satírica de las diferentes clases sociales, al modo quevedesco, como también ocurre en su otra novela Mesón del mundo , publicada póstumamente en 1637, que describe todo tipo de engaños producidos en un mesón de los que es testigo el protagonista.

Casi al mismo nivel de maestría que Quevedo debemos reconocer a Luis Vélez de Guevara (1579-1644) por su obra El diablo Cojuelo (1641), híbrido de novela picaresca y relato lucianesco, donde se explica la existencia de don Cleofás Leandro Pérez Zambullo y su cómplice, el diablo Cojuelo, la cual permite realizar una sátira de la vida española.

===Relato de tipo celestinesco===

La narrativa heredera del tema, ambiente y el estilo creados por Fernando de Rojas se desarrollaron en un conjunto de textos de la primera mitad del siglo XVI, de carácter realista, a medio camino entre la narrativa y el drama, en las que pueden rastrearse las más hondas raíces del lenguaje popular, si bien es cierto, que a veces derivan hacia lo retórico y altisonante.

Aunque coinciden en algunos aspectos con la Tragicomedia de Calisto y Melibea , su espíritu es muy distinto ya que se pierde la intención moralizante del texto original y quedando, en la mayoría de los casos como textos para el entretenimiento a través de una serie de escenas desenfadadas, al margen de todo prejuicio moral.

Lamentablemente, ninguno de los imitadores logra aproximarse a la calidad estética y densidad del original, pues se limitan a repetir la fórmula literaria ya elaborada en un mundo muy próximo al de la realidad contemporánea, por lo que, lo que se pierde en intensidad dramática se gana en reflejo del ambiente, principalmente marginal; Otro rasgo característico es la sátira contra los clérigos, centrada en los que llevan una vida inmoral, lo cual conduce a este género al punto de mira de la Inquisición, cuya estricta vigilancia provocará la decadencia del género a partir de la segunda mitad del siglo XVI. La audacia y desenvoltura erótica de algunas escenas merecería también la reprobación de censores y moralistas.

Especial consideración merecen las tres Celestinas, cuya afinidad con el original es más patente: Segunda comedia de la Celestina (1534) de Feliciano de Silva, Tercera parte de la tragicomedia de Celestina (1536) de Gaspar Gómez de Toledo y Tragicomedia de Lisandro y Roselia, lamada “Elicia ” y por otro nombre cuarta obra y tercera Celestina (1542) de Sancho de Muñino.

Completan la serie la Comedia Tebaida, la Comedia Hipólita y la Comedia Serafina , anónimas las tres, que se publican juntas en Valencia en 1521, la Tragedia Policiana (1547), la Comedia Florinea (1554) de Juan Rodríguez Florián y la Comedia Selvagia (1554) de Alonso de Villegas.

Además, los motivos y temas de La Celestina dejaron huellas en el teatro en verso de pie quebrado, al modo de Juan del Encina: Comedia Tesorina (1528?) de Jaime de Huete, Comedia Tidea (1550) de Francisco de las Natas, y Auto llamado Clarindo (1535?)

Características afines al género celestinesco presenta La lozana andaluza (1528) de Francisco Delicado, novela dialogada que por su desenfado y carencia de prejuicios supera con mucho a las restantes. Ofrece un magnífico retrato, lleno de vitalidad, de la Roma del Renacimiento, con susvicios y miserias. La acción gira en tomo a las relaciones sexuales de hombres y mujeres en un ambiente de absoluta despreocupación moral, en el que brilla la protagonista por su sensualidad y ambición.

===Prosa costumbrista===

A partir del siglo XVII se publican un tipo de textos en los que más que la trama destaca la descripción de costumbres o ambientes, en la mayoría de los casos con intención crítica o satírica, por lo que poco tienen que ver con la novela y bastante con lo que más tarde será bautizado como cuadros de costumbres o prosa costumbrista.

En algún caso estos textos surgen de la degeneración de la novela picaresca y se publican en  libros de miscelánea, con forma dialogada, en la mayoría de los casos e intención didáctica, para lo cual se sirven de un planteamiento escéptico en lo referente a la sociedad del momento, dando así una visión muy interesante de su época.

Las obras más interesantes de este género son:

El viaje entretenido (1603) de Agustín de Rojas Villandrado (1572-1635), en forma dialogada, en la que se intercalan narraciones de muy diverso género y poemas. Destaca todavía hoy la descripción que realiza el autor de las diferentes agrupaciones de actores en la época.

El pasajero (1617) de Cristóbal Suárez de Figueroa (1571-1644) se sirve también del tópico del viaje para elaborar el texto en el que cuatro personajes de diferente nivel social dialogan y cuentan aventuras.

Guía y aviso de forasteros (1620), de Antonio Liñán y Verdugo presenta, con estructura dialógica, un cuadro costumbrista de Madrid, en especial del mundo del hampa, a través de narraciones engarzadas.

El día de fiesta por la mañana (1654) y El día de fiesta por la tarde (1660) de Juan de Zabaleta (¿1610-1670?), superan el costumbrismo para caer en el pintoresquismo y la sátira graciosa de la sociedad cortesana de Felipe IV.

Hospital de incurables y viaje de este mundo y el otro (1667) de Salvador Jacinto Polo de Medina, así como las atribuidas al mismo autor El lazareto de Milán y Noches de convalecencia, son ejemplo de prosa satírica, según el modelo quevedesco de los Sueños .

==La novela picaresca==

===Etimología de la palabra “pícaro”===

La palabra “pícaro” apareció por primera vez en la Farsa llamada Custodia del hombre de Bartolomé Palau (1541-1547) en la forma de “picarote” y no fue empleada en un texto de género picaresco hasta el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, pero debemos tener en cuenta que, como personaje o tipo literario ya existía en las tradiciones populares y que tomó autonomía suficiente para convertirse en un mito literario con el Lazarillo de Tormes.

A parte de su uso literario, el Diccionario de Autoridades , publicado en Madrid en 1726, es una de las primeras colecciones lexicográficas que lo recoge, definiéndolo como “bajo, ruin, doloso, falto de honra y vergüenza”. Comparando su significado con el uso que se ha dado a este término en la literatura, comprobamos que no se ha aplicado de forma estricta, sino que literariamente hace referencia al personaje dedicado a menesteres humildes y sin oficio propio, que vive de forma provisional, recurriendo a engaños, vagabundeos, limosnas y pequeños hurtos.

Una vez claro su significado y su valor literario, nos queda la labor de descubrir su origen etimológico, tarea algo más complicada que la anterior, ya el propio Covarrubias proponía ya en su siglo tres posibles etimologías:

· De “pica”, asta o alabarda que al clavarse en el suelo simbolizaba la venta como esclavo del prisionero de guerra. Podría entenderse a los pícaros como esclavos de cada uno de los amos a los que sirven o de las personas que les emplean en oficios viles.

· De “picaño”, antiguo sinónimo de “Pícaro” (según Corominas) es una voz jergal derivada del verbo “picar”, que haría referencia a los diferentes oficios que solían desempeñar estos personajes (pinche de cocina, picador de toros, etc) Sanvisenti considera que “picar” no haría referencia a comida sino a las bolsas de dinero, por  lo que se trataría de un término de la jerga de germanías, para hacer referencia a los rateros.

· De “Picardía”, provincia francesa cuya población era conocida por la frecuencia con la que debían subsistir como soldados de fortuna, o del vagabundeo, de manera que el término aportaría cierto sentido peyorativo. Esta posibilidad ha sido retomada en la actualidad como una de las más factibles, de hecho, Leo Spitzer señala cierto influjo literario sobre este término, en concreto a través de las farces picardes (Farsasde Picardía) T.E. May propone otra posible etimología, procedente de la corrupción del término “Begardo”, que aludía a los seguidores de cierta herejía del siglo XV, localizados en la zona de Bohemia; alperderse la referencia a la herejía, el término “begardo” y su deformación “picardo” pasó a designar a gente de bajo nivel social, enfermos mentales y cualquier excluido social, de ahí que incluyeratambién a los asociales, como en un principio designó a los que no comulgaban con la ortodoxia religiosa.

===Concepto de novela picaresca===

Según los planteamientos de Fernando Lázaro Carreter en “Para una revisión del concepto ‘novela picaresca’” publicado en Lazarillo de Tormes en la picaresca, en la citada novela aparecen los rasgos definitorios del género, antes de que éste exista como tal en la historia, lo cual ocurrirá cuando se publiquen otros textos cuya intención sea imitar o continuar al Lazarillo , cuyo auténtico mérito es inaugurar una nueva forma  arrativa, basada en el verismo y no en la idealización, predominante en la literatura castellana hasta el siglo XVI, y organizada en torno a un personaje redondo, que va creándose progresivamente y que viaja por una geografía física y por un momento histórico muy concretos y conocidos por los lectores.

En opinión de críticos como A. Parker, H. Herrero y M. Bataillon el Lazarillo no presenta todos los rasgos del género, por lo que resulta más adecuado hablar de “protonovela”, reservando la consideración de primera novela del género (que cumple todos sus rasgos) para el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.

Por otra parte, el estudio crítico sobre este género ha dificultado el establecimiento de unos rasgos definitivos claros, en parte debido al desmedido interés por el contenido, en detrimento de la forma, en los estudios en torno a estos textos narrativos, pero también por el enfoque, que consideraba el género como un todo estable e invariable, sin tener en cuenta el factor evolutivo que provoca cambios desde los primeros textos hasta la decadencia, además hay que contar con el amplio espacio de tiempo en que se cultivó este tipo narrativo, que dificulta el análisis comparativo.

En el primer momento del género se forjan los caracteres básicos, que no faltarán en ningún texto, pero a medida que se evoluciona se irán añadiendo otros rasgos; estos caracteres nucleares o básicos son los que encontramos, en opinión de Fernando Lázaro Carreter, en el Lazarillo de Tormes, y que el Guzmán de Alfarache sus seguidoras pasa a imitar:

Estructuración del relato a través de diversos episodios, en los que se narra el servicio a diferentes amos, como forma para realizar la crítica social, si bien en el Lazarillo encontramos más ironía que crítica, que se irá agudizando en las novelas posteriores.

Carácter autobiográfico, puesto que el narrador es el propio protagonista, un ser nacido en el seno de un grupo social bajo, sin oficio determinado y mozo de muchos amos, de vida desordenada y sin escrúpulos, que pasa su existencia estoicamente y se resigna a su suerte. Frente al héroe idealizado del libro de caballerías, aparece aquí un antihéroe que ha de luchar por la subsistencia, cuyas miserias no tienen otro biógrafo que él mismo. De este modo, todo el relato está enfocado desde un único punto de vista: el del pícaro, que nos da su versión particular, unilateral, de los hechos.

Relato como justificación o explicación de un final de deshonor, pues el protagonista contempla retrospectivamente su vida y la narra como justificación del estado al que ha llegado, prestando especial atención a la herencia familiar (entendiendo que su desdicha es heredada de sus padres, por lo general delincuentes de baja intensidad o pobres de solemnidad), la educación y la experiencia.

Otros rasgos que se irán desarrollando a medida que el género vaya creciendo son la intención moralizante, pues el narrador protagonista expone su vida pasada, de la que se arrepiente, y la personalidad pícara, definida por la astucia y el ingenio para sobrevivir en situaciones adversas, que va cargándose de elementos negativos, propios de la delincuencia de baja intensidad, en los “herederos” del Lazarillo; por otra parte, el protagonista, a pesar de ser un marginado que mira con desprecio e ironía al conjunto de la sociedad, aspira a mejorar su situación social; también se modificará la estructura, que tanto en el Lazarillo como en el Guzmán era cerrada (desde el final de la vida se narran los hechos pasados), pero que en el resto de los textos del género será abierta, lo cual es no sólo un rasgo característico sino también un defecto, reflejo del desorden vital del protagonista, en opinión de S. Gili Gaya.

A parte de cómo texto literario, las novelas picarescas han sido estudiadas, en repetidas ocasiones, como documentos sociológicos, intentando señalar las razones por las que nació el género;

Son dos las posturas: Autores entre los que destacan Morel-Fatio, Chandler, L.Pfandl y Zamora Vicente, consideran que existen razones extraliterarias:

El éxodo desde las zonas rurales a las ciudades, relacionado con la decadencia económica.

El carácter viajero del español y su afán de aventuras, en muchos casos fallidas, en el Nuevo Mundo y en las diversas batallas perdidas en el siglo XVI y XVII, que producen un gran número de desarraigados, que regresan a la península sin posibilidades económicas ni sociales (soldados licenciados, estudiantes sin demasiada base económica, aventureros y hombres de fortuna incierta, etc.)

El sentimiento generalizado de menosprecio hacia el trabajo sedentario, propio de la población morisca y judía.

En esta misma línea, S. Gili Gaya plantea la existencia en la época de una actitud vital típicamente española, cuyos rasgos más señalados coincidirían con las razones extraliterarias para el nacimiento del género picaresco, arriba indicadas. La reacción del pícaro ante los reveses de la vida puede entenderse como manifestación del senequismo español.

Aunque en un principio la intención satírica contra la sociedad, preexistente en la tradición popular y presente en la literatura a partir del apoyo que recibe del Humanismo, justificaba la aparición de la novela picaresca, en opinión de A. Castro, más tarde matizó su afirmación señalando que era uno de los motivos, pero no el único, junto con el desarrollo de la filosofía erasmista y el enfoque vital de los conversos (si bien esta tesis encaja en las novelas atribuidas o escritas por conversos, pero no resulta para aquellas de las que estamos seguros que no tienen nada que ver con este grupo social), que bien pudo influir también en autores cristianos, tal como señala A. Castro. A. Parker, J. M. Blecua, y G. T. Northup, entre otros, consideran que los motivos para el nacimiento del género son básicamente de carácter literario, así A. Parker  desacredita la postura anterior por basarse en tópicos, ya que las mismas condiciones socioeconómicas que se produjeron en la España del siglo XVI y XVII se estaban produciendo también en Europa, pero el género novela picaresca sólo se desarrolló en la península, por lo tanto, las causas deben ser de tipo cultural y sobre todo literario, entre las cuales pueden señalarse la reacción contra la literatura idealizante del momento y la aceptación del Erasmismo, que proponía un modelo de vida regido por la naturaleza, la religión interior y el desprecio de las cosas mundanas, lo cual, recogido por el pícaro (que es rechazado por la sociedad) se trasforma en cinismo, resentimiento y amoralidad.

===Evolución del género===

Se ha discutido mucho sobre la posible fama obtenida por el Lazarillo de Tormes, una parte de la crítica señala que sólo el éxito posterior del Guzmán de Alfarache la rescató del olvido, mientras para otra parte la obra fue rápidamente aceptada por el público, gozando incluso de continuaciones como la Segunda parte del Lazarillo publicada en Amberes en 1555, de dudosa atribución y con más relación con el género lucianesco que con el picaresco.

La vida de Guzmán de Alfarache, atalaya de la vida humana Así pues, dejandoDejando de lado la primera continuación del Lazarillo, que poco interesa para el estudio del género, el primer texto continuador de la tradición literaria y de los rasgos establecidos en la obra anónima es el ya citado Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán (Sevilla, 1547-México, después de 1615),, que publicó su primera parte en Madrid en 1599 y la segunda en Lisboa en 1604.

El debatido origen converso del autor, así como su vida aventurera y sus continuos problemas con la justicia, que le llevan a la cárcel en más de una ocasión, son posiblemente las causas de la amargura y el resentimiento que reuma la novela, sobre todo si se compara con el Lazarillo, a parte de fuente para algunos de los sucesos relatados, en los que la vida es una lucha constante contra un mundo hostil lleno de vicio y falsedad.

Ésta es la primera novela del género en la que aparece el calificativo “pícaro” para aludir al protagonista, y la primera en presentar cierta intención moralizante, pues el protagonista, condenado a galeras, explica su vida pasada con la intención de que el lector no siga el mismo camino (enseñar por el contrario) y satiriza los distintos grupos sociales, intercalando comentarios morales y digresiones con cuentecillos, anécdotas y parábolas que refuerzan la enseñanza moral, por lo que puede afirmarse que la novela es más didáctica que narrativa, razón por la que tuvo tanta aceptación en la Europa de la Contrarreforma. Además de su labor moralizante destaca en el ámbito literario por algunas de las novelas cortas que se intercalan en el relato, cuya maestría es notable, además de por su valor como documento para conocer la vida del mundo barroco que describe con fidelidad.

“Guzmán apócrifo”

El éxito de la novela provocó la aparición de imitadores, entre los que debe destacarse el valenciano Juan Martí, quien, con el nombre de Mateo Luján publicó en 1602 la Segunda parte del pícaro Guzmán de Alfarache, compuesta por Matheo Luxán de Saavedra, natural vecino de Sevilla , más conocido como “Guzmán apócrifo”. En toda la obra se adivina la mala intención a la hora de realizar esta imitación, no sólo por usar un nombre fonéticamente similar al del autor auténtico, sino también por realizar un prólogo muy similar al que aparecerá en la segunda parte auténtica,  imitar la acción y los temas de la primera parte y anticipar algunos de los que aparecerán en la segunda; Por su parte, Mateo Alemán en la segunda parte realizará un elogio, no se sabe si sincero o satírico de su imitador, pero también un feroz ataque, tildándole de ladrón, en el cual se logra descubrir su auténtica identidad.

La crítica considera al “Guzmán apócrifo” un texto de baja calidad y disperso en su contenido narrativo, muy diludio por las digresiones moralizantes y descriptivas.

La vida del Buscón llamado Don Pablos Francisco Rico señala diferencia entre los dos primeros textos del género, ya citados, y la producción posterior, en la que el realismo psicológico es entendido de forma  elajada de manera que las obras se convierten en meras acumulaciones de estampas burlescas o satíricas, que no crean personajes redondos y complejos, sino tipos y personajes planos que viven peripecias redactadas con la única finalidad de ser ingeniosas o graciosas, de manera que el género picaresco se va acercando hacia el relato de tipo lucianesco.

Quevedo es la figura más destacada dentro del género en su evolución hacia el relato lucianesco, de tal manera que, al abordar la creación de un texto picaresco, logrará cambiar el sentido y alcance del género, su novela Vida del Buscón llamado Don Pablos (Obra de juventud, publicada en Zaragoza 1626 aunque posiblemente redactada en torno a 1604) trasforma el género y lo reconvierte en una sarta de tipos y escenas ridículos, convirtiéndolo en una obra maestra del expresionismo conceptista que sus contemporáneos intentarán imitar. El texto vivió en versiones manuscritas desde su redacción hasta su publicación, conociéndose tres manuscritos designados con las letras B (perteneció a don José Bueno; actualmente en la Fundación Lázaro Galdiano), C (catedral de Córdoba) y S (Santander, Biblioteca Menéndez Pelayo), los dos últimos posiblemente deturpaciones del primero, que podría considerarse el único original.

Para A. Parker esta obra maestra del género es didáctica y plenamente moralizante, pues a través de un enfoque grotesco retrata las hipocresías e incoherencias de la vida social del momento, lo cual coincidiría con los textos del género que se han comentado hasta ahora, pero a diferencia de éstos, el autor no incluye sermones, ya que la moraleja estaría implícita en el propio texto.

En la misma línea, A. del Monte señala que el tema central de la obra es la evasión de la realidad, tanto del personaje, que no acepta su situación social y desea mejorar (lo cual no consigue) como del propio autor, hombre conservador y disconforme con la corrupción del orden social, que a través de la caricatura y del ingenio lingüístico (conceptismo) muestra su desengaño y sus deseos de una realidad diferente. Para este autor, como para los seguidores del planteamiento de A. Parker, el Buscón es una degeneración del género picaresco hacia el relato lucianesco.

La opinión contraria, que parece mayoritaria, es defendida entre otros por Fernando Lázaro Carreter y se basa en la idea de que los análisis sobre esta obra han caído en tópicos que deben evitarse, como el de la intención didáctica y de crítica social o el del espíritu barroco (de ingenio y huída de la realidad), cuando el interés y la originalidad de la obra residen precisamente en la ausencia de estos elementos, convirtiéndola, como el propio Quevedo dice en el prólogo “en un libro de burlas”, en un trabajo de ingeniería lingüística, cuya probable intención fuera volver al género picaresco tal como el Lazarillo lo había planteado, sin adoctrinamientos, sin simpatía del autor hacia su criatura, por tanto no sería, en opinión de F. Lázaro Carreter, una degeneración del género sino todo lo contrario, un regreso a los orígenes.

Otros textos son:

El guitón 1 Honofre (1604), de Gregorio González, que se conserva en un manuscrito autógrafo.

Libro de entretenimiento de la pícara Justina (1605) del licenciado Francisco López de Ubeda, con la que aparece la mujer como protagonista de un texto picaresco. Este texto ha sido siempre mal recibido por la crítica, quizá porque a pesar de su supuesta intención moralizadora, siempre se ha entendido y leído como una novela de entretenimiento para cortesanos, donde se realizan caricaturas de personas bien conocidas en el ambiente y se ridiculiza la obsesión por la limpieza de sangre.

La hija de Celestina , de Alonso de Salas Barbadillo (1581-1635), publicada en Zaragoza en 1612 y reeditada en 1614 con algunas adiciones y el título de La hija de Celestina, la ingeniosa Elena, por ser ése el nombre de la protagonista (hija de una esclava llamada Celestina) que tras sus aventuras indecorosas acaba en el patíbulo (único rasgo moralizante del texto) El texto es en realidad una fusión entre la novela picaresca, de la que toma muy pocos rasgos, y la idealizante, con intención de entretener.

1 Guitón = Pícaro

Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón, del sacerdote, poeta y músico Vicente Espinel (1550-1624), publicada en 1618, en la cual la falta de realismo psicológico convierte al texto en una novela de aventuras, posiblemente autobiográfica, en la que, mediante consejas y consejos bondadosos el escudero narra su vida inestable e itinerante más que pícara.

El donoso hablador Alonso, mozo de muchos amos , obra del doctor Jerónimo de Alcalá Yáñez y Rivera (1563-1632), se publicó en dos partes en 1624 (Madrid) y 1626 (Valladolid) respectivamente, se  trata de la narración autobiográfica de Alonso, un monje en la primera parte y ermitaño en la segunda, en forma dialogada. Son pocos los rasgos de la novela picaresca que aparecen en este texto, el principal de

ellos es la forma autobiográfica, pero también se mantienen el servicio a diversos amos y la revisión de

diferentes niveles sociales, sin embargo el realismo psicológico se ha perdido totalmente y ha derivado hacia

la santificación del héroe, que ya se adivinaba en la obra de Vicente Espinel, por la cual el texto es ante

todo una novela-sermón.

La desordenada codicia de los bienes ajenos , del doctor Carlos García, que se publicó en París en

1619, es más un heredero de la tradición literaria del Liber vagatorum que de la novela picaresca, ya que

describe, con cierta intención satírico-moral, el mundo del hampa, incluyendo algunos temas tradicionales;

Únicamente unos pocos capítulos, donde el ladrón Andrés narra su vida, podrían incluirse dentro del género

picaresco, puesto que el resto es más un texto apologético sobre el arte de robar.

La segunda parte del lazarillo de Tormes, sacada de las Crónicas antiguas de Toledo, de Juan de

Luna, también emigrado a París, donde la publicó en 1620, con la pretensión de ser la continuación del

Lazarillo, es, sin embargo, más próxima al Buscón y a su estilo de caricatura y deformación de la realidad,

insistiendo sobre todo en el anticlericalismo y la misoginia, con bastante gusto por lo escabroso.

Lazarillo de Manzanares , de Juan Cortés de Tolosa, publicada en 1617, no disfrutó de gran éxito

en su época. Por su título podría entenderse que la novela es deudora del Lazarillo, pero además de esta

influencia debe señalarse la de la novela cortesana y el interés por la descripción de ambientes más que

por la psicología del perosnaje, que la conduce por los caminos de la narración costumbrista.

Las harpías de Madrid y coche de las estafas (Barcelona 1631), La niña de los embustes, Teresa

de Manzanares (Barcelona 1632), Aventuras del bachiller Trapaza, quinta esencia de embusteros y maestro

de embelecadores (Zaragoza 1637) y La garduña 2 de Sevilla y anzuelo de las bolsas (Madrid 1642), esta

última (continuación del Bachiller Trapaza ) la más conocida, son obras del más frívolo de los autores de

género picaresco, que por el contrario es el que más contribuyó a su difusión: Alonso de Castillo Solórzano

(1584- 1648?). En estas obras se incorporan elementos de la novela cortesana que alejan los textos del

realismo psicológico que caracteriza a la novela picaresca y lo acercan al género de aventuras. Tres de las

novelas tienen como protagonistas personajes femeninos, y en todas ellas encontramos ya como escenario la

gran ciudad, olvidando ya el nomadismo típico de los primeros pícaros, que viven aventuras constantes pero

que no tienden a formular crítica social alguna.

Vida de don Gregorio Guadaña escrita y publicada en Ruán en 1644 por el judío español, con

residencia en el extranjero) Antonio Enríquez Gómez, es el fragmento en prosa de la obra El siglo

pitagórico, donde, basándose en la metempsicosis o transmigración del alma a través de varios cuerpos,

logra una sátira de varios estamentos sociales. Más que narración picaresca, la obra se adscribe a la

tradición narrativa goliárdica, cuya sátira es superficial y su intención es sólo de entretenimiento.

La vida y hechos de Estebanillo González , del bufón picaresco Esteban González, al servicio del

duque de Amalfi, a quien dedica este libro, fue publicada en Amberes en 1646. Se trata de una

autobiografía auténtica que describe, desde el punto de vista picaresco, toda una época, ya en decadencia.

Obra de entretenimiento, cargada de ingenio, muestra una excesiva atención a los hechos frente a la crítica

social, por lo cual se ha considerado uno de los últimos textos del género, mientras otros estudiosos como

A. Del Monte consideran que se trata de una biografía idealizada de gusto picaresco.

El diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara (1579-1644), publicada en 1641, se incluye, aunque

con reservas de ciertos sectores de la crítica, dentro de la producción picaresca, por su similitud

intencionada con el estilo del Buscón, que le lleva a aproximarse al relato lucianesco y a la crítica

costumbrista.

Textos de gusto picaresco, propios del momento de decadencia del género son: Don Raimundo el

entretenido, de Diego Martín de Tovar y Valderrama, publicada en 1626 o 1627; Varia fortuna del soldado

Píndaro (1626), de Gonzalo de Céspedes y Meneses; Vida del conde Matisio (1652), de Juan de Zabaleta; El

viaje entretenido (1603), de Agustín de Rojas; El viaje de Turquía , de Andrés Laguna; Día y noche de

Madrid (1663), de Francisco Santos; la comedia Pedro de Urdemalas, de Cervantes y la Autobiografía de

Torres Villarroel, aparecida entre 1743 y 1758).

La pérdida del realismo psicológico puede llevar por otros derroteros. El interés se

centra a veces en la realidad descrita, que ya no se utiliza para justificar las

reacciones del protagonista; en ese caso, el relato deriva hacia el costumbrismo

(Lazarillo de Manzanares, 1617, de Juan Cortés de Tolosa). Otras veces se asimila

al género de aventuras (La vida de don Gregorio Guadaña, 1647, de Antonio Enríquez

Gómez) o incorpora elementos de la novela cortesana, como ocurre en las

interesantes obras de Alonso de Castillo Solórzano (Aventuras del bachiller Trapaza,

1637; La garduña de Sevilla, 1642).

Otro de los cambios operados es lo que podría llamarse la santificación del héroe.

Tradicionalmente se viene admitiendo que uno de los rasgos esenciales de la

picaresca es el reflejo del inframundo de la delincuencia. Para Parker es el más

importante. En el Guzmán, la obra central del género, la función del pícaro como ser

marginado que nos ofrece una lección de moralidad a contrario, está clara. Pero ese

pícaro predicador se va a convertir en una buenísima persona en la Vida del

escudero Marcos de Obregón (1618) de Vicente Espinel, e incluso en un santurrón más

bien impertinente e insufrible en Alonso, mozo de muchos amos (1624) de

Jerónimo de Alcalá Yánez. En la primera se pierde también otro ingrediente capital, al

dejar de describir los esfuerzos fracasados de una persona para huir del

puesto al que lo condena su nacimiento. La deshonra inicial ha desaparecido y sólo

queda una vida inestable e itinerante, plagada de consejas y consejos.

Por otra parte, las novelas ambientadas en el mundo del hampa rehuyen o acortan la

técnica autobiográfica, por la incapacidad de sus autores para fundir al

personaje narrador y al protagonista.

Como puede observarse, el género picaresco resulta sumamente inestable. Es un rápido

proceso de constitución y disolución.

MATEO ALEMÁN Y EL GUZMÁN DE ALFARACHE.

Mateo Alemán (Sevilla, 1547México,

d. de 161.5) es de origen converso, lo que quizá

ayude a explicar la amargura y el resentimiento que rezuma su obra. Lleva

una vida aventurera, acosada siempre por las dificultades económicas. Tiene problemas

con la justicia y va a la cárcel más de una vez. Su pesimismo vital se

acentúa con la conciencia de ser injustamente marginado.

Publica la primera parte de su novela en 1599; la segunda aparecerá en 1604. Recoge

algunas de sus vivencias y reflexiones personales. Nos muestra un mundo

hostil, en el que el nombre es el peor enemigo para sus semejantes; la vida aparece

como una lucha sin cuartel en la que reinan el vicio y la falsedad.

Como es propio de la picaresca, nos encontramos con una visión unilateral del mundo.

Desde su situación final (la condena a galeras), el protagonista cuenta sus

aventuras y desventuras para trasmitir una enseñanza al lector. Salta a la vista que la

estructura de esta novela viene condicionada por su intención ejemplarizante.

La acción se ve continuamente interrumpida por digresiones y comentarios morales,

que no son simple relleno, sino ingredientes esenciales en los designios del

autor. Hay, además, gran cantidad de cuentecillos, anécdotas y parábolas, ajenos a la

historia nuclear, que refuerzan las enseñanzas. Lo didáctico predomina sobre

lo narrativo. También se intercala alguna novela corta, a modo de paréntesis puramente

artístico, para dar un respiro a los lectores.

En el Guzmán de Alfarache sí se tiene en cuenta cómo evoluciona el personaje. Cada

vivencia deja huella en él y va sentando las bases de su devenir moral. Lo

vemos avanzar hacia la degradación, hasta que llega al punto en que emprende el

camino del arrepentimiento. Hay, por tanto, una estructura climática ascendente y

descendente.

Encierra la obra una dura crítica que recae sobre personajes representativos de los

diversos grupos sociales. Pero, de forma un tanto contradictoria, el protagonista

muestra una clara voluntad, siempre frustrada, de integración en la sociedad que critica.

El ritmo se desarrolla en un tempo lento, con expresión reconcentrada. El

lenguaje es intenso, detallista, de léxico exuberante. Se advierte una considerable

preocupación estilística y un alto grado de elaboración de la prosa. Ofrece un

complejo y riquísimo retrato del mundo barroco.

La vida del buscón llamado don Pablos.

Quevedo tiene en su haber una de las más notables novelas picarescas: La vida del

buscón llamado don Pablos (1626). Pese a la madurez del estilo, es una obra

de juventud, que debió de escribirse en torno a 16031608.

Durante el tiempo que

discurrió hasta su publicación, circularon los manuscritos, de los que han

llegado hasta nosotros tres textos, conocidos con las siglas B (perteneció a don José

Bueno; actualmente en la Fundación Lázaro Galdiano), C (catedral de

Córdoba) y S (Santander, Biblioteca Menéndez Pelayo). Pablo Jauralde mantiene que

el único texto genuino es el representado por el manuscrito B, mientras que

C y S son deturpaciones del mismo.

Cuenta las aventuras del segoviano Pablos, hijo de un barbero ladrón y de una judía

medio bruja. Entra al servicio de don Diego Coronel, al que acompaña en sus

estudios. Célebre es el episodio en que amo y criado sufren los rigores del hambre bajo

el pupilaje del domine Cabra. El protagonista intenta salir del ambiente en

que se ha criado y conseguir una buena posición social, pero fracasa y se inicia en el

camino de la picardía. Tras una serie de aventuras desafortunadas, emigra a

América para mejorar su suerte. Tampoco allí logrará su propósito.

Lo más interesante de la novela es su acabado estilo conceptista, ingenioso y

demoledor, lleno de equívocos y sarcasmos crueles. Abundan las sátiras, incluso

contra la Inquisición, y los personajes aparecen caricaturizados. Es una obra

despiadada, en la que Quevedo se ensaña con sus criaturas, sin mostrar la menor

comprensión ni solidaridad hacia ellas. No hay aquí ni rastro de realismo. Todo es

excesivo, monstruosamente hiperbólico. Pero sí es evidente que el autor parte de

una realidad muy concreta que somete a su óptica deformante. Ya hemos hablado antes

del papel que desempeña en el proceso desintegrador que sigue el género

picaresco.

Aunque se han hecho distintas interpretaciones de El buscón, estamos de acuerdo con

Fernando Lázaro Carreter en que se trata, ante todo, de una obra de

ingenio. Lo que la define es la portentosa elaboración de su verbo, la intensidad de la

palabra, que atrae la atención sobre sí misma, la acumulación de pinceladas

grotescas. Desprovista del ropaje formal, su contenido quedaría reducido al de

cualquier otro texto picaresco. Eso no impide reconocer que, tras el retorcimiento

de la palabra, se oculta una amarga visión del mundo, un pesimismo radical.

==El Lazarillo de Tormes==

===Fuentes===

Son muchas y muy variadas las fuentes sugeridas para este texto, desde la tradición folclórica,

pasando por la Biblia y la literatura greco-latina antigua y la árabe, además de la Renacentista

europea.

Se ha señalado como el nombre del personaje podría tener relación con la tradición bíblica,

pues en el Evangelio aparece la figura del mendigo Lázaro, símbolo de la miseria recompensada tras

el Juicio Final y del castigo al rico inmisericorde; por otra parte, también se llama “Lázaro” el

amigo de Cristo, que es resucitado (Tengamos en cuenta que este nombre, de origen hebreo,

significa “Dios ayudó”), así pues, el nombre aportaría ciertas connotaciones de determinismo al

personaje (desamparo y Providencia), junto a ello debemos considerar la relación del nombre con el

verbo latino lacerare que evolucionó al romance “lacerar” que significa “dañar” y que connotaba, ya

desde antiguo, miseria y al que se le fue añadiendo, a lo largo del tiempo, cierto valor de

ingenuidad, casi estulticia.

Es indudable la relación entre el Lazarillo y algunas obras pertenecientes a la literatura de la

Antigüedad Clásica, como el Asno de Oro de Apuleyo, de donde toma seguramente la estructura (En

concreto el mozo de muchos amos que pasa de una aventura a otra), pero también del Satiricón de

Petronio e incluso de algunas comedias de Plauto.

De la tradición folclórica es posible que esta novela haya tomado bastantes de las anécdotas

de los primeros tratados además de la relación amo-criado y el personaje del ciego y sus tretas,

ampliamente documentadas en textos y miniaturas desde la Edad Media; También es posible que se

haya tomado de la tradición la figura del escudero, en opinión de F. Lázaro Carreter, si bien F. Rico

y A. Redondo prefieren una lectura y análisis de este personaje como representante de la situación

social del momento.

En concreto, durante muchos años se consideró como posible fuente para la elaboración del

personaje del ciego, la farsa medieval francesa Du garçon et l’aveugle (del niño y el ciego), pero los

estudios de M. Rosa Lida de Malkiel y de M. J. Asensio la desestimaron, no así la relación con textos

alemanes medievales y renacentistas como el Pfaffe Amis y Till Eulenspiegel, donde aparecen, como

en nuestro Lazarillo , multitud de relatos ensartados por un protagonista, aunque el tono y el estilo

de una y otra obra son diferentes totalmente.

Mª Rosa Lida de Malkiel advierte contra la excesiva tendencia de la crítica a buscar fuentes

de tradición folclórica para el Lazarillo, que según ella (apoyada por autores como A. del Monte)

puede ser entendida, sobre todo la figura del protagonista, como contraposición paródica del Amadís,

pues son muchos los elementos característicos de la formación y origen del héroe (su nacimiento

“especial”, en este caso en el río Tormes, por ejemplo) que compartiría con este tipo de novelas y

que le servirían para remedarlas.

González Palencia ha considerado la existencia de similitudes entre el género narrativo árabe

de las Maqamas o Maqamat y el formato autobiográfico de esta novela picaresca, si bien, ésta fuente

ha sido bastante discutida, entre otros por Mª Rosa Lida de Malkiel.

También le habrían servido de fuentes las obras maestras de la literatura castellana, como El

libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita y La Celestina de Fernando de Rojas, en los que, como

aquí, aparecen personajes de baja extracción social, pero también de El Caballero Zifar y de El

Conde Lucanor , que también se estructura en diferentes relatos, aunque el marco que los cohesiona

es diferente.

Como última fuente general, son muchos críticos los que señalan el erasmismo y en concreto

la obra El elogio de la locura de Erasmo de Rótterdam, debido a su similitud en el punto de vista

y la intención.

Morel-Fatio encabeza un sector de la crítica que considera la existencia de fuentes para

algunos de los tratados, en concreto, para el tratado V, del buldero, proponen casi con toda certeza

como fuente el Novellino IV de Massuccio Salernitano, de finales del siglo XV; también el tratado III,

del escudero podría tener como fuente algunos textos medievales latinos el Liber vagatorum.

42

===Autoría y problemas de autoría===

Aunque fue publicada de forma anónima, son varias las atribuciones que la crítica ha

propuesto a lo largo de la historia, sin que se haya logrado la certeza absoluta sobre ninguna de

ellas.

Ya en 1605, Fray José de Sigüenza, en su Historia de la orden de San Jerónimo, atribuye la

autoría de la obra al padre Juan de Ortega, en cuya celda se encontró un manuscrito del Lazarillo

de su puño y letra (Habría redactado la novela cuando estudiaba en Salamanca, y por tanto el texto

podría datarse en 1450, fecha demasiado temprana si tenemos en cuenta el tiempo histórico en que

se sitúa la acción–la época del Emperador Carlos V-) Desde el punto de vista actual extraña esta

atribución debido al fuerte anticlericalismo de la obra, sin embargo, en su momento no era tan

extraño que miembros de diferentes órdenes religiosas fueran más que críticos con la orden o con el

sentimiento religioso en general; Todos los demás testimonios de principios del siglo XVII señalan al

poeta Don Diego Hurtado de Mendoza como autor, atribución bastante discutida por críticos

modernos como Morel-Fatio y Menéndez Pidal, que consideran que un autor erudito y noble no

podía haber retratado con tal maestría ambientes sociales bajos, frente a estas opiniones, Tomás

Tamayo de Vargas y Nicolás Antonio, eruditos del siglo XVIII, defienden su autoría, de tal modo que

no es raro encontrar ediciones decimonónicas en las que figura su nombre.

Otra de las atribuciones más convincentes realizadas en la que señala al erasmista Juan de

Valdés como autor, en parte debido al fuerte anticlericalismo del texto, tal como señalan Morel-Fatio

y M. J. Asensio, pero también por similitud de estilo entre el Lazarillo y El Diálogo de la lengua,

obra de Valdés; en esta misma línea, fue planteada la atribución a Sebastián de Horozco, también

erasmista, o incluso al mismísimo Erasmo de Rótterdam; las atribuciones a autores del círculo de

pensamiento erasmistas se apoyan, entre otros motivos, en la hostilidad de este movimiento filosófico

ante la ficción de tipo idealista, en pro de la literatura de carácter verosímil, que sería la base

sobre la que se desarrolló el género y la novela moderna en lengua castellana.

Américo Castro cree que el autor debió de ser un converso, ya que el planteamiento crítico

de la novela parece propio de una actitud de oposición.

===Fecha de publicación y ediciones===

Hasta hace relativamente poco se conocían tres ediciones de La vida del Lazarillo de Tormes

y de sus fortunas y adversidades , todas ellas fechadas en 1554 pero con bastantes diferencias entre

sí: Burgos, editada por Juan de Junta, Amberes por Martín Nuncio y Alcalá de Henares por Salcedo,

esta última aparecida como “nuevamente impresa, corregida y de nuevo añadida en esta segunda

impresión”.

Morel-Fatio considera la edición de Burgos como “Princeps”, negando la existencia de

ediciones anteriores, mientras otros estudiosos como Fouché-Delbosch señalaban lo contrario, que

cada una de estas ediciones de 1554 son independientes entre sí y que existiría una edición

princeps común a las tres, que no conocemos, además de que es más que posible que la fecha de

alguna de ellas fuera falsa (falsificación de colofones para burlar la censura y las prohibiciones de

editar la obra) A estas ediciones habría que añadir la descubierta en 1996 de Medina del Campo

(Badajoz), también de 1554.

Actualmente se conoce la existencia de una edición perdida, que sería la princeps, de la que

derivaría no solo la de Burgos de 1554 sino también una edición extraviada, que como la

anteriormente citada dataría de 1552 o 1553, que se habría tomado para la edición de Amberes y

Alcalá de Henares.

El éxito de la novela lo demuestra su reedición en 1555, pero su inclusión en el índice de

libros prohibidos en 1559 provoca que no se vuelva a editar de forma legal hasta 1573, y que ésta

y las posteriores ediciones sean expurgadas (para evitar, sin éxito, la edición de la novela íntegra de

forma clandestina), hasta la de 1834, que será la primera edición completa (sin censuras)

Otra de las polémicas en torno a este texto es su fecha de composición, los intentos para

fecharla se han basado, principalmente en las alusiones históricas del texto, las cuales no resultan

suficientemente claras.

La mención al final del libro de que éste fue acabado el año en que el emperador Carlos V

celebró Cortes en Toledo no ayuda demasiado, pues se celebraron Cortes en dicha ciudad en dos

ocasiones, la primera en 1525 y la segunda en 1538-39.

Como el dato de las Cortes de Toledo no acaba de aclarar la fecha de redacción, acudimos a

otras alusiones históricas, como la que formula Lázaro sobre su padre, que murió en una expedición

militar a los Gelves, que tampoco nos resuelve el problema ya que se realizaron dos, una en 1510,

desastrosa, y una exitosa pero poco importante en 1520.

Un último dato histórico es el de la mención a los “cuidados del rey de Francia”, que

podrían hacer referencia a la prisión de Francisco I, tras la derrota de Pavía, en 1525.

Partiendo de estas tres menciones a datos históricos, críticos como M. J. Asensio, Cavaliere, A.

del Monte y Martí de Riquer consideran que el Lazarillo fue redactado en torno a 1525, único

momento en que podría aludirse al emperador Carlos V como “victorioso” (y no “invicto”, como era

habitual) puesto que en torno a 1538 la historia no había favorecido demasiado al monarca y

habría sido poco adecuado mencionarlo en la cumbre de su poder; por otra parte, el retrato social,

religioso, ideológico y económico que realiza el texto concuerda con la vida en Toledo y Escalona en

1525. Esta datación temprana también favorece la atribución erasmista del texto, ya que a partir de

1538 el erasmismo ha logrado sus objetivos y las polémicas y persecuciones se diluyen.

Otra parte de la crítica considera que el texto se redactó poco antes de su publicación,

puesto que parece poco probable que una obra de tal contenido pudiera mantenerse oculta durante

mucho tiempo; entre los críticos que defienden esta postura aparecen Marcel Bataillon (que se

retractó de su postura anterior), Francisco Rico, Fernando Lázaro Carreter y Alberto Blecua, quienes

proponen la fecha de 1550 como posible para la redacción del Lazarillo , y señalan que su segunda

parte es continuada a partir de 1540, con lo cual se sobreentiende que las Cortes de Toledo

aludidas al final de la primera parte son las de 1538-39.

Otros datos reforzarían la datación tardía, como el “mal año del escudero y Lázaro en

Toledo”, pues entre 1540 y 1550 los ayuntamientos toledanos decidieron, tal como señala la novela,

expulsar a los pobres extranjeros de la ciudad; también es verdad que en años anteriores ya se

había prohibido el ejercicio de la mendicidad en Toledo por causas parecidas.

Otras propuestas, como la de José Caso González, señalan la posibilidad de que el texto de

1554 sea la reelaboración de otro anterior, pero no hay nada definitivo, en ningún sentido, si bien

parece que la datación tardía cuadra mejor con el contexto social al que remite el libro.

===Estructura y contenido===

La autobiografía que esta novela plantea es una de las innovaciones literarias el siglo XVI,

tomadas de la Antigüedad Clásica, donde eran vehículo para las hazañas de varones ilustres, que

eran planteados como modelo de vida, pero además debe señalarse como esta autobiografía aparece

dentro de una carta de relación o carta-coloquio, género frecuente en el Renacimiento, con el que

se reclamaba o daba agradecimiento a personajes ilustres, que acabó derivando hacia la epistola

otiosa de contenido entre burlas y veras, y carácter semi-público que se daban a conocer y discutían

en academias y cortes; con el tiempo este tipo de cartas fueron simplificándose, si bien en algunos

casos adquirieron mayor extensión y se organizaron en tratados, en este caso siete, de extensión

desigual, más un prólogo.

Los tres primeros tratados, en los que el protagonista sirve a un ciego, a un cura y a un

escudero muerto de hambre, son mucho más extensos y se recrean en todo tipo de detalles, su

estructura está bien trabada y en ellos se da un clímax ascendente en el que cada uno de los amos

le hace pasar más hambre que el anterior; A partir de aquí, se rompe la unidad, pues el cuarto y

el sexto tratados contrastan bruscamente por su brevedad y esquematismo y el desenlace en el

séptimo es también muy rápido, mientras que el capítulo quinto, en el que asistimos a los

fraudulentos manejos del buldero, es un elemento intermedio; en todos ellos Lázaro deja de ser

protagonista para convertirse en narrador de las escenas que contempla.

Probablemente el desfase, señalado por toda la crítica, entre unos y otros tratados se deba a

que los nuevos episodios no aportan nada esencial a la evolución psicológica del protagonista al

haberse consumado ya el proceso de aprendizaje de Lázaro y el de caracterización ante los lectores,

como sostienen F. Rico, F. Lázaro Carreter y Claudio Guillén entre otros, y no a que el libro esté

inacabado (como indican Sicroff y F. Ayala), también es posible que tenga algo que ver en esta

desproporción la coexistencia de dos tipos de estructuras, una de ellas tomada de la tradición

folkórica, estrechamente relacionada con el Lázaro bíblico pero también con otros elementos propios

del cuento popular (estudiados por V. Propp); y la otra literaria, por la que se van engarzando

diferentes episodios sobre la misma trama, alargando la historia ad infinitum.

En opinión de Francisco Rico, la estructura de la obra está supeditada al famoso “caso” a

que se alude en el prólogo, de cuyos detalles quiere enterarse la persona desconocida a la que

Lázaro dirige su carta, y que haría referencia a la deshonra final por las relaciones mantenidas entre

su esposa y el arcipreste de San Salvador, ante las cuales el protagonista se siente en “la cumbre de

toda buena fortuna”; frente a este planteamiento, Víctor García de la Concha considera que es

demasiada historia para algo tan insignificante, y que el “caso” haría referencia a toda la vida del

protagonista. En todo caso la situación sería francamente irónica puesto que el personaje pretende

una honra que no le corresponde, y lo hace a través de una carta de relación (fingida), en lo que

es una crítica las cartas de este tipo, siguiendo la postura erasmista.

Para Américo Castro la autobiografía en la novela es el recurso básico para el anonimato, ya

que al pretender la máxima verosimilitud para el relato de la vida de su insignificante personaje,

acabó desapareciendo de la obra hasta tal punto que ni siquiera firma el prólogo, donde no sólo se

dirige al lector de su época sino al intemporal.

===Sentido e interpretación===

Desde el mismo prólogo el autor proclama su intención de que la obra pueda agradar a

diferentes tipos de lector, por tanto, era consciente de las diferentes posibles lecturas del texto, que

bien podrían ser la crítica, en torno al tema religioso y de la honra, y la meramente humorística.

El tema de la honra se aborda con ironía ya que la defensa que Lázaro hace de ésta se basa

en un sistema de valores deformado, sobre el cual se ha desarrollado toda su vida, a parte de que

estaría participando en uno de los debates del momento en los ambientes humanista, sobre si el

estado adquirido (homines novi: Hombres nuevos) era mejor que el heredado, o viceversa; por lo que

parece, la obra se adscribiría a las posturas defendidas por los erasmistas, a favor de los homines

novi, por valorar, por encima de la herencia, el esfuerzo y la virtud personal, que son expresiones

que emplea el propio Lázaro para justificarse a sí mismo, sin embargo, al final del relato Lázaro no

ha ascendido por su esfuerzo y virtud, sino que ha caído en la misma deshonra de la que procede.

El tema religioso resulta todavía más complejo en su análisis, se presenta desde un punto de

vista altamente crítico (no en vano la Inquisición lo condenó en 1559 y lo publicó a partir de 1573

“expurgado”), a través de 5 de los amos por los que pasa Lázaro, todos ellos muy alejados de la

espiritualidad que deberían practicar como miembros de la Iglesia, lo cual permite suponer al lector

crítico un profundo anticlericalismo del autor, bien por tratarse de un erasmista, como señaló Morel-

Fatio, siendo rebatido por M. Bataillon, para quien este anticlericalismo procede de la tradición

medieval; bien por tratarse de un iluminista, como indicaron M. J. Asensio y F. Márquez Villanueva;

bien por ser un converso, o incluso un escéptico.

===Lengua y estilo===

El dominio estilístico del autor anónimo del Lazarillo nos permite pensar que se trataba de

un autor de gran cultura, capaz de citar a los clásicos y las Sagradas Escrituras, y experiencia

literaria previa, que demuestra con creces en su dominio del decoro, que obliga al personaje a

utilizar la lengua coloquial, llena de expresiones populares y de refranes y modismos, que imita el

habla cotidiana de la época en la zona de Toledo, incluso en los descuidos e incorrecciones

(cacofonías, anacolutos), pero que no por ello cae en la vulgaridad expresiva sino que logra, a través

de la sencillez y humildad del lenguaje usado (tal como recomendaba el erasmista Juan de Valdés en

Diálogo de la lengua ), el artificio literario.

No olvidemos que, a pesar de todo, se trata de un texto literario, y que, como tal, el

narrador-protagonista emplea vocablos y giros cultos, y algunas figuras retóricas de cierta

complejidad como el polisíndeton, la metáfora y el símil, la paradoja, la antítesis y el paralelismo,

en muchos casos persiguiendo un efecto cómico, pero en otros, cuando la gravedad del momento lo

exige, como en las reflexiones del protagonista.

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Publicado: febrero 21, 2015 por Santiago

Etiquetas: tema 49 lengua castellana y literatura