Tema 56 – Formas originales del ensayo literario.

EVOLUCIÓN EN LOS SIGLOS XVIII Y XIX. EL ENSAYO EN EL SIGLO XX.

==LOS GÉNEROS DIDÁCTICO-ENSAYÍSTICOS==

Estos géneros poseen una característica común: “la lengua sirve en ellos para la comunicación del pensamiento en sus diversas facetas: filosófica, religiosa, política, científica… Por consiguiente, el propósito estético queda subordinado en este grupo a los fines ideológicos, sin que quepa afirmar, no obstante, que aquél esté ausente por completo” (G. Berrio y Huerta). Hay épocas en las que los ensayos poseen un fuerte carácter literario, haciendo que el deslinde entre lo didáctico y lo ficcional sea muy complejo.

La división de los géneros didácticos en tres categorías se debe a su determinación formal-expresiva:

– Subgéneros de tipo objetivo: Prima la exposición de ideas en tercera persona y en forma narrativa. En la Historia o la Biografía se incorporan, con frecuencia, elementos novelescos.

– Subgéneros de tipo subjetivo: Toda la exposición se realiza desde el yo; se intenta desentrañar la interioridad de ese yo, y por lo tanto, existen evidentes relaciones con la actitud del poeta lírico.

– Subgéneros dramáticos (objetividad-subjetividad). El autor desaparece y cede la palabra a unos personajes que exponen sus ideas mediante el diálogo. A veces se incorporan elementos imaginarios, por lo que se perciben relaciones entre estos diálogos y las novelas. Berrio y Huerta proponen tres ejemplos de diálogos que son auténticas novelas: El Crotalón de Cristóbal de Villalón, El coloquio de los perros de Cervantes o Sueños y discursos de Quevedo.

==EL ENSAYO==

Es la forma básica de este grupo de géneros didácticos. Los rasgos temáticos y formales de este género son según Mª. Soledad Arredondo:

a) Posición subjetiva del autor.

b) Temática variada.

c) Estilo: Prosa literaria sin estructura prefijada, que admite la exposición y argumentación lógica, junto a las digresiones, en un escrito breve sin intención de exhaustividad.

d) Propósito: comunicativo, reflexivo o didáctico.

Fue Montaigne el primero en usar el término. Fue en sus Essais (1580), si bien no se usa esta palabra en el sentido actual. Montaigne se refiere con la palabra no a una noción de género literario sino “más bien a una noción de método, del desarrollo de un proceso intelectual”. Aunque el primero en usar el término sea Montaigne, Lázaro y Tusón afirman que el inventor del género es el español Fray Antonio de Guevara. Para Lázaro y Tusón, el ensayo sí es un género literario y quienes lo cultivan suelen prestar, por lo tanto, una especial atención a la forma, aunque matizan que hay ensayistas que se preocupan sólo por el contenido limitándose a buscar un estilo simplemente correcto.

Destacable es la definición que el DRAE daba en el siglo XIX de la palabra “ensayo”: “obra literaria didáctica, ligera y provisional”, donde se destacan sus características fundamentales: su carácter de obra artística, su contenido didáctico, su forma no tratadística y la brevedad. Ej: El espectador de Ortega y Gasset.

Para Carbonero, el ensayo tiene los siguientes rasgos:

a) Heterogeneidad temática.

b) Subjetividad en el tratamiento de los temas.

c) Extensión variable; suele ser breve o moderada.

Son especialmente importantes los ensayos de divulgación (que ponen alcance de un público amplio una serie de conocimientos a los que no podrían acceder de otra forma). A veces los ensayos son una reflexión personal del autor, que trata temas que no están en el ámbito de ninguna ciencia, sea física o humana. Otros ensayos abordan aspectos que, aunque sean objeto de alguna ciencia, no están completamente verificados: son los ensayos de carácter especulativo. El ensayo (según Carbonero) puede adquirir carácter literario y, en consecuencia, participar de las características de este tipo de textos.

Para Lapesa, el ensayo es el heredero del género del diálogo. El ensayo “apunta teorías, presenta los temas bajo aspectos nuevos o establece sugestivas relaciones sin ceñirse a la justeza ordenada necesaria en una exposición conclusa”. No pretende serlo. Su misión es plantear cuestiones y señalar caminos más que asentar soluciones firmes. Ej: Feijoo y algunos escritores de nuestro siglo, como Ganivet, Unamuno, Maeztu, Azorín…

Gastón Fernández alude al enorme cultivo de este género en la actualidad, debido a su naturaleza versátil y al elemento personal y subjetivo que le es propio. Añade que es el género por excelencia usado en el periodismo de fondo y que recibe también el nombre de “estudios”, “meditaciones” o “divagaciones”. Para este autor, las características de este tipo de escritos son:

a) Su estructura libre, de forma sintética y de extensión relativamente breve.

b) Su variedad temática.

c) Su estilo cuidadoso y elegante, sin llegar a la afectación.

d) Su tono variado, que responde al modo particular con que el autor ve e interpreta el mundo, la vida, la naturaleza, los seres humanos y a sí mismo. El tono puede ser profundo, poético, didáctico, satírico, irónico…

e) La amenidad en la exposición, que sobresale sobre el rigor sistemático de ésta.

El mismo G. Fernández distingue dos tipos de ensayos:

– Familiar essay o ensayo personal: Es de carácter personal, “casi confesional”. El escritor habla de sí mismo y de sus ideas y convicciones; da sus opiniones sobre los hechos. El tono es “ligero, natural, casi conversacional”.

– Formal essay o ensayo formal: Más ambicioso, más extenso y de control formal y riguroso. Se aproxima al trabajo científico. Aún así, lo que interesa es la opinión personal del autor (por eso no es un trabajo científico).

Señala asimismo G. Fernández otros tipos de ensayos, de “modalidades intermedias”, entre las antes citadas:

– Ensayo de exposición de ideas: Su intención es comunicar unas ideas (de cualquier tema) al lector.

– Ensayo poético: Lo poético prevalece sobre la conceptual. También lo denomina “poema en prosa”, e incluye algunos ensayos de Azorín y de cierto modo Platero y yo de J.R. Jiménez.

– Ensayo crítico: De mayor profundidad; se trata de analizar y enjuiciar una idea. Unamuno, Ortega y Gasset o Huxley son exponentes de este tipo de ensayos.

==LOS ORÍGENES DEL GÉNERO ENSAYÍSTICO==

El término “ensayo” aparece en la literatura inglesa a principios del siglo XVII, pero en el resto de Europa el vocablo no se hizo general hasta la mitad del XIX. En España fue probablemente Alberto Lista el primero en usar el vocablo para denominar a obras de carácter literario: en 1844 publicó en Sevilla sus Ensayos literarios y críticos. Sin embargo, el término no fue generalmente usado sino a partir de la generación del 98.

Este hecho determinó una débil controversia sobre la legitimidad de emplear el término “ensayo” para hablar de autores anteriores a la mitad del XIX o incluso a los del 98. Para Juan Marichal esta polémica ha quedado definitivamente resuelta, pues es general entre los críticos usar el término “ensayista” para autores muy anteriores a las fechas señaladas.

De este modo Marichal hace una historia del ensayismo español a través de unos autores insertos en sus épocas respectivas. El libro queda dividido en 6 partes o “jornadas” que abarcan desde el siglo XV al XX.

La primera jornada engloba el siglo XV. Destaca la figura solitaria del cronista Gutierre Díez de Games, que sin ser estrictamente un ensayista primerizo, representa la misma tendencia hacia la individuación expresiva.

La segunda jornada, correspondiente al proceso histórico renacentista, marca la primera realización de un hispánico modo del ensayismo en sus dos modalidades, la de Guevara y la de Santa Teresa: modalidades contrapuestas, pues en la escritora castellana operó una voluntad de estilo anti-retórica y anti-guevariana. Aunque, por otro lado, puede decirse que la vía expresiva abierta entonces por Santa Teresa (el camino de acceso hacia el interior de la persona se cierra tras ella) aflora únicamente tres siglos más tarde en Unamuno.

La tercera jornada está representada por el siglo XVII y en particular por la figura de Quevedo. Quevedo emplea la flexibilidad del ensayo para apresar no la propia “ondulante” realidad íntima sino la realidad externa, no como forma de conocimiento de sí mismo, sino como forma de acción sobre el mundo.

==EL ENSAYO EN EL SIGLO XVIII==

El mayor hallazgo literario del siglo XVIII es la creación de una prosa clara y precisa que va a ser un eficacísimo instrumento para la divulgación de las ideas ilustradas. De ahí arranca el ensayo moderno, con un estilo expositivo en que se ha eliminado todo lo superfluo en busca de una mayor claridad.

===BENITO JERÓNIMO FEIJOO===

Muy atractiva es la figura de este fraile benedictino, profesor de teología y curioso espectador del desarrollo de la ciencia moderna, cuyos principios y logros trata de difundir en el mundo de lengua española. Para ello escribe 118 artículos que reúne en 8 volúmenes y un suplemento con el título de Teatro crítico universal (1726-1740). Completa esta labor con las 164 misivas que publica en Cartas eruditas y curiosas (1742-1760, 5 vols.). En estos opúsculos aborda los temas más variados que puedan imaginarse: escribe contra las supersticiones y falsos milagros, ofrece nociones de la nueva medicina y de las ciencias positivas de su tiempo, propone determinadas reformas de la enseñanza universitaria, alienta el aprendizaje de las lenguas modernas, comenta asuntos relacionados con la política y la historia… Las reflexiones de Feijoo, aunque pueden contener errores de detalle, están siempre guiadas por la cordura y el buen sentido.

Especialmente interesante es la construcción de un nuevo estilo: una prosa llana, sencilla, de tono familiar, precisa, que logra estimular la atención del lector.

===JOSÉ CADALSO Y VÁZQUEZ===

Este militar gaditano encarna la fusión del espíritu reformista de la Ilustración y la sensibilidad prerromántica. Al primer campo pertenecen Los eruditos a la violeta, sátira irónica contra la cultura superficial, y las Cartas marruecas. Esta obra, inspirada en las Cartas persas de Montesquieu, ofrece la correspondencia en la que el joven marroquí Gazel cuenta a su maestro Ben-Beley las impresiones y experiencias del viaje que hace a España acompañando al embajador de su país. También interviene Nuño, un español que le ayuda a deslindar las informaciones verdaderas de las falsas.

Las Cartas desgranan múltiples aspectos de interés para la sociedad española: sus raíces históricas, la frivolidad de la vida contemporánea, el escaso aprecio del saber, la holgazanería popular, las cuestiones morales que preocupan a las minorías intelectuales… A pesar del carácter satírico y en algunos momentos caricaturesco que tiene la obra, Cadalso confía en el progreso que la Ilustración trae a España

Las noches lúgubres es un diálogo que muestra el camino que sigue Tediato desde sus obsesiones enfermizas (quiere desenterrar a su amada muerta) hasta la preocupación por las tragedias ajenas. No sólo el ambiente macabro (la cripta, la noche, la tempestad), también el tono, patético y angustiado, es decididamente romántico. Cadalso, como confiesa en las Cartas marruecas, se inspira en Las noches de Edward Young.

===GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS===

Es un reformista preocupado por el bienestar colectivo, el perfeccionamiento intelectual y el progreso, que lucha contra la reacción y busca un acercamiento a Europa. No es, sin embargo, un revolucionario. Para comprender su vida y su obra, es fundamental la lectura de los Diarios, en que da noticia de toda la labor que desarrolló.

La preocupación por los problemas de España es el tema de sus obras más notables. Memoria sobre la policía de los espectáculos y diversiones públicas es un informe que pidió la Academia de la Historia con el fin de reformar la legislación vigente. Jovellanos lleva a cabo un estudio histórico y analiza unos y otras de acuerdo con su mentalidad ilustrada. Considera un inconveniente el exceso de reglamentos y prohibiciones. Critica las corridas de toros, aboga por la reforma del teatro. Frente a la dramaturgia barroca, sostiene los principios de la neoclásica: el respeto a las reglas, la intención didáctica y los límites morales a la libertad de creación.

En Informe en el expediente de la Ley agraria estudia los obstáculos que impiden el resurgimiento de la agricultura española y propone soluciones al problema. En Plan general de instrucción pública señala como condición indispensable para el progreso la formación cultural, que solo puede conseguirse con una educación racionalista.

Descripción del castillo de Bellver contiene interesantes observaciones sobre sus tesoros artísticos, el panorama que se divisa desde sus torres, la fauna, la flora y la geografía de la zona, el proceso de construcción que tuvo lugar en la Edad Media… El edificio aparece formando un todo indisoluble con el marco natural que lo rodea.

Memoria en defensa de la Junta central es la más clara expresión del patriotismo a ultranza de Jovellanos y de su ideario liberal.

Su prosa pasa por ser la más elegante del siglo XVIII. Destaca por su sobriedad y ausencia de galicismos, tan propios de la época, así como por la capacidad de hacer accesibles al lector temas de escasa amenidad. Es exacto y conciso y argumenta muy hábilmente para demostrar sus puntos de vista.

==EL ENSAYO EN EL SIGLO XIX==

A lo largo del siglo XIX el ensayo irá adquiriendo importancia creciente como género literario. El término “ensayo” es ya usado a partir de la mitad de siglo. Al final de la centuria, con la generación del 98, sufrirá un impulso definitivo, que convertirá al ensayo en el género literario más importante en nuestros días.

===El ensayo en el Romanticismo===

La lista de autores es extensa:

a) El primer grupo de estos ensayistas estaría formado por los emigrados. La importancia de estos intelectuales obligados a emigrar en tiempos de Fernando VII fue decisiva en la conformación del Romanticismo en España. Debemos destacar al grupo de exiliados en Londres, ciudad en la que llegó a haber más revistas publicadas en español que en toda España (El Español constitucional, Correo literario y político de Londres, El Español…). En este grupo destaca el sevillano José María Blanco Crespo, más conocido como Blanco White, y los gaditanos José Joaquín de Mora y Antonio Alcalá Galiano.

b) Un segundo grupo estaría formado por los autores dedicados a la crítica e investigación literaria. En este caso citaremos a los que permanecieron en España, pues en el grupo anterior también se desarrolló una importante labor en este terreno. Éste fue probablemente el campo más cultivado de la prosa ensayística en el Romanticismo: el carácter estéticamente revolucionario de los postulados románticos y su laboriosa difusión dieron lugar a gran cantidad de artículos. En cualquier caso, la aportación crítica no fue grande, siendo el subjetivismo la característica dominante en estos ensayistas. Los más destacados: Bartolomé José Gallardo, Agustín Durán y Eugenio de Ochoa.

c) Este último grupo estaría integrado por aquellos autores dedicados al pensamiento en general, es decir, a las manifestaciones de la prosa ensayística en las distintas ramas del saber. Aquí se hallan Juan Donoso Cortés y Jaime Balmes.

Tenemos que hablar también del artículo de costumbres, género creado por el Romanticismo en el que podemos hallar en muchas ocasiones los rasgos definitorios del ensayo: el mejor ejemplo es, sin duda, el de Mariano José de Larra. Los más de 200 artículos que publicó durante 8 años (bajo seudónimos) en la prensa pertenecen claramente al género que nos ocupa. No olvidemos tampoco la importancia del periodismo en el desarrollo del género ensayístico. Convencionalmente, la abundante producción de Larra se suele dividir en 3 apartados:

· Artículos de costumbres: “Costumbre” no es para Larra tipismo o sátira sino un medio para efectuar consideraciones filosóficas y sociales, extraer conclusiones sobre el carácter de un pueblo o meditar sobre la vida en general. En estos artículos, Larra trasciende el puro costumbrismo, dotando a sus visiones de una fuerte carga crítica. En su caso es preferible hablar de artículos de crítica social y moral. En la sociedad española, en general, fustiga el atraso, la ignorancia, la ramplonería. Rechaza un burdo casticismo y pone al descubierto la pereza, la chapucería, la despreocupación por el trabajo bien hecho (La vida en Madrid). Y es famosa su crítica a la lentitud o ineficacia de la Administración (Vuelva usted mañana). Muchos de sus artículos se ocupan de aspectos concretos de la vida española, mientras que otros se alzan a un plano existencial y expresan aquella concepción desengañada y trágica de la vida a la que antes nos hemos referido (La Nochebuena de 1836).

· Artículos de crítica literaria, que interesan sobre todo como testimonio de las letras del momento y de la evolución de los gustos del autor. Atención especial le mereció la vida teatral. Le preocupa la decadencia de este género y propone en sus artículos la creación de una Escuela de Arte Dramático, la educación del público y la aparición de dramaturgos con criterios (Reflexiones acerca del modo de hacer resucitar el teatro español). En sus primeros artículos literarios se nota su formación neoclásica de raíz francesa. Pero a partir del Discurso de A. Durán comienza a valorar más positivamente el Romanticismo. Su gran manifiesto literario se halla en el artículo titulado Literatura, en el que propugna la naturaleza cultural de la literatura y defiende la libertad de creación literaria.

· Artículos políticos. En ellos se percibe la controvertida ideología de este periodista. Dentro de lo posible, Larra fustigó, ante todo, al absolutismo y a los carlistas. Pero también dejó constancia de su desacuerdo con cierta política liberal. En conjunto, estos artículos nos dan un panorama de la política de su tiempo. Sobresalen dos: El día de difuntos de 1836, en el que Larra une el destino de España al de su propio corazón (no hay esperanza ni para España ni para el propio Larra); Fígaro dado a los redactores del Mundo, en donde critica el gobierno de Calatrava y aborda la cuestión colonial.

La mayor dificultad reside en delimitar qué artículos deben incluirse en cada grupo: Larra, como buen periodista, mezcló diversos temas en sus escritos, y así no es infrecuente que en textos no específicamente políticos se introduzcan reflexiones sobre la sociedad o alusiones a la situación política. En cuanto a los artículos llamados de crítica literaria, también en éstos se entremezclan las cuestiones estéticas, sociales o políticas con las específicamente teatrales o literarias en general.

===El ensayo en la segunda mitad del XIX===

En este período destaca Juan Valera y Clarín.

Juan Valera fue crítico antes que literato. Sus estudios sobre literatura ocupan la parte más extensa de sus ensayos: Del Romanticismo en España y de Espronceda, Apuntes sobre el nuevo arte de escribir novelas. Especialmente importante fue su dedicación a la literatura hispanoamericana; se le reconoce el honor de haber descubierto a Rubén Darío para el mundo peninsular, pues hizo una reseña de Azul en 1888.

La obra crítica de Alas Clarín revela un gran conocimiento de la literatura europea de su época. Las tres corrientes de krausismo, positivismo y espiritualismo se entretejen en su obra crítica, formando unidad homogénea y un método deductivo para buscar la verdad. Sus juicios sobre literatos contemporáneos fueron famosos por su carácter sarcástico e incluso belicoso: de Darío llegó a decir que desconocía la gramática. Estos trabajos se recogen en gran parte en Solos y Paliques. No debemos olvidar tampoco que el agudo sentido de Clarín para la crítica se aprecia también en sus obras literarias: La Regenta es el mejor ejemplo.

Aparte de estas dos grandes figuras mencionadas, la historia de la crítica y el pensamiento en la segunda mitad del XIX debe hacerse desde el conocimiento de las dos posturas que se enfrentaron en esta época: la tradicionalista y la liberal.

a) La corriente tradicionalista entronca con el pensamiento de los ya mencionados Jaime Balmes y Juan Donoso Cortés. Estos representan la España tradicional, ortodoxa y católica desde 1840. En esta línea ensayística de pensamiento conservador destaca Marcelino Menéndez Pelayo. Su deslumbrante erudición y su patriotismo y religiosidad inundaron todos sus escritos. Sus trabajos más importantes: La ciencia española, Historia de las ideas estéticas, Orígenes de la novela… Su obra más polémica: Historia de los heterodoxos españoles, de documentación insuficiente y juicios muy condicionados por su fuerte conservadurismo.

b) La corriente liberal se opone vivamente a la anterior. Tiene como fundamento más importante la filosofía del krausismo. Destacan Julián Sanz del Río y Francisco Giner de los Ríos, uno de los pensadores que anticiparon las ideas de los jóvenes del 98. Obras como Estudios literarios, Principios elementales de Derecho y Educación y enseñanza, lo revelan como sociólogo sagaz que estudió la evolución de la cultura y de la literatura, preocupado por la formación de un hombre nuevo, moralmente íntegro e intelectualmente cultivado.

==EL ENSAYO EN EL SIGLO XX==

===El ensayo en el Modernismo===

EL REGENERACIONISMO ESPAÑOL. Años antes de la derrota de 1898, se había abierto entre las minorías intelectuales españolas el debate sobre la regeneración de la vida social y política. Es una polémica que nace entre economistas y juristas y que adquiere importancia literaria gracias a las obras juveniles de Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet.

ÁNGEL GANIVET es un ensayista lúcido y paradójico, imbuido del estoicismo senequista y del irracionalismo finisecular. Nos ha dejado un interesante epistolario en el que plantea muchas ideas que luego pasarán a los libros. Ideárium español es uno de los textos capitales del Regeneracionismo, en el que se ponen de manifiesto las contradicciones y ambigüedades de esta corriente. El autor se dedica a especular sobre las raíces del ser de España, a tratar de las servidumbres que tuvo la expansión por Europa y América y de la situación general de nuestra política internacional, para acabar diagnosticando el grave mal de los españoles: la abulia. El porvenir de España recoge las cartas abiertas que cruzó con Unamuno en El defensor de Granada. En esta amistosa polémica defiende los mismos principios que en Ideárium español, con idéntico irracionalismo y gusto por la paradoja.

Su pensamiento también se vierte en dos novelas con muchos elementos autobiográficos, cuya estructura apenas permite considerarla como tales: La conquista del reino de Maya por el último conquistador español Pío Cid y Los trabajos del infatigable creador Pío Cid.

Tras la pérdida de los últimos restos del imperio las manifestaciones del disgusto intelectual crecieron. JOAQUÍN COSTA simbolizó la oposición al régimen y la exigencia de cambio. Su objeto sería europeizar España, mejorar las formas de la vida, elevar el nivel intelectual y entrar en contacto con el progreso extranjero. Su obra clave es Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno de España: urgencia y modo de cambiarla.

Miembro de la nueva generación literaria, componente con Azorín y Baroja, del “Grupo de los tres”, fue RAMIRO DE MAEZTU. En su evolución pasa del socialismo radical de sus primeros años a alinearse en las filas del fascismo y la tradición, adoptando como puntales de su pensamiento el catolicismo y la hispanidad. Jamás le abandona la inquietud social ni se desprende por completo del influjo de Nietzsche que le anima en un principio.

El más alto exponente del pensamiento de Maeztu en su etapa revolucionaria es Hacia otra España, donde se ocupa de la decadencia española, la guerra colonial, el Desastre y el proyecto de regeneración. Ya en plena militancia tradicionalista escribe Don Quijote, don Juan y la Celestina. Ensayos de empatía, su obra de mayor valor literario, en la que muestra a estos tres grandes mitos, que para él representan la falta de ideales de la sociedad española, como encarnación del amor, el poder y la sabiduría, respectivamente. Defensa de la hispanidad es un “libro de amor y combate” en el que se definen y exaltan los valores tradicionales católicos. Fracasados el capitalismo y el socialismo, la salvación está en un nuevo humanismo español que se base en la igualdad esencial de todos los hombres.

LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS Y FILOLÓGICOS. La larga paz de la Restauración permitió el desarrollo de la universidad española. En ella influyeron de modo muy notable los hombres ligados a la Institución Libre de Enseñanza, fundada por Francisco Giner de los Ríos, con el fin de difundir un sistema educativo laico y progresista. También tuvo notable relieve el ejemplo de Marcelino Menéndez Pelayo, que, desde otra posición ideológica, impulsó los estudios de historia literaria. Son multitud los discípulos directos o indirectos de don Marcelino que realizaron una notable labor de documentación y bibliografía: Emilio Cotarelo, Francisco Rodríguez Marín…

Los estudios literarios se renovaron con la incorporación de las técnicas filológicas. Su introductor en España es RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL. Su sólida formación lingüística le permite penetrar a fondo en la evolución de las lenguas romances, fijar con rigor los textos medievales e incluso llegar a reconstruirlos. Pilares básicos de su pensamiento son la teoría tradicionalista y, ligado a ella, el concepto de estado latente. Son muchas sus publicaciones: Manual de gramática histórica española, Orígenes del español, Poesía juglaresca y juglares, La “Chanson de Roland” y el neotradicionalismo…. Añadamos a todo esto sus numerosas ediciones de textos medievales: Cantar de Mio Cid, Auto de los Reyes Magos

===El ensayo en el Posmodernismo y la transición a las vanguardias===

En España, la promoción novecentista, constituida por intelectuales universitarios que asumen el papel de formadores de la sociedad, se consagra especialmente al ensayo, género muy adecuado para dar cabida a sus inquietudes. Constituyen la prolongación de las reflexiones finiseculares (Generación del 98), pero se observa en ellos un esfuerzo por racionalizar y hacer más eficaz su meditación sobre la vida social y la cultura.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET. Formado como filósofo en Alemania, catedrático de metafísica en la Universidad de Madrid, sus escritos no se limitan a su especialidad académica. Aspira a ejercer un cierto liderazgo social e intelectual. Para ello funda el diario de El sol en 1917 y en 1923 la Revista de Occidente y la editorial del mismo nombre. En el exilio argentino, a raíz de la guerra civil, impulsa la conocida colección “Austral”.

Parte de una ideología liberal y de una concepción elitista que defiende el papel rector de las minorías selectas sobre la masa.

Tras recibir en sus años juveniles el influjo del idealismo neokantiano, en su etapa de plenitud rechaza tanto el racionalismo como el vitalismo, para integrarlos en una razón vital, opuesta a razón pura: el raciovitalismo, pilar básico de toda su filosofía. Se condensa en la célebre frase “Yo soy yo y mi circunstancia”. Para Ortega pensar es dialogar con las circunstancias; no se puede separar el yo pensante del mundo en el que piensa. La vida humana, “mi vida”, entendida como interacción del yo con la circunstancia, es la realidad fundamental para la consideración filosófica.

Entre sus obras citemos Meditaciones del “Quijote”, El espectador, España invertebrada, La rebelión e las masas… Citemos también La deshumanización del arte, donde analiza las Vanguardias y señala como rasgos distintivos su tendencia a “deshumanizar el arte”, a distanciarse de la realidad y de la expresión directa de los sentimientos, su concepción del arte como puro juego y, por consiguiente, la intrascendencia. Ideas sobre la novela sostiene el principio de que el novelista debe ser capaz de crear una realidad imaginaria, un ámbito cerrado, propio de la obra artística, que se comunique lo menos posible con el mundo real.

Desde el punto de vista estilístico, defiende un ideal de claridad y precisión, para que resplandezca la luz del conocimiento sin complicaciones gratuitas que la oculten.

Otros ensayistas españoles destacables son EUGENIO D’ORS, SALVADOR DE MADARIAGA, MANUEL AZAÑA y GREGORIO MARAÑÓN.

LA CRÍTICA Y LOS ESTUDIOS LITERARIOS E HISTÓRICOS. La crítica literaria cuenta con las aportaciones de ENRIQUE DÍEZ-CANEDO, puntual seguidor día a día de las novedades de las letras españolas, cuyos artículos se reunieron póstumamente en Estudios de poesía española contemporánea y Artículos de crítica teatral. El teatro español de 1914 a 1936; y RAFAEL CANSINOS-ASSÉNS, con sus comentarios subjetivos y sugerentes, dispersos en la prensa diaria o reunidos en libros como La nueva literatura, Poetas y prosistas del novecientos (España y América), sus interesantes memorias que llevan por título La novela de un literato (Hombres-Ideas-Escenas-Efemérides-Anécdotas) y algunas novelas entre las que destaca El movimiento V.P., irónica parábola en clave de la tendencia ultraísta.

AMÉRICO CASTRO comienza su carrera como investigador positivista adscrito a la escuela de Menéndez Pidal, pero pronto supera ese estadio para adentrarse en el terreno de las ideas y las actitudes vitales. Muy importantes son sus trabajos cervantinos: El pensamiento de Cervantes, Cervantes y los casticismos españoles, Hacia Cervantes…, a los que se suman otros muchos estudios y ediciones de Lope de Vega, Tirso de Molina, Quevedo…

Su libro definitivo en torno al ser nacional es España en su historia. Cristianos, moros y judíos, que fue ampliado y refundido en 1954 con el título de La realidad histórica de España. Muy a agria fue la confrontación con CLAUDIO SÁNCHEZ –ALBORNOZ, también discípulo de Menéndez Pidal, que le replico en España, un enigma histórico.

===El ensayo en la época de las vanguardias===

Los ensayistas más relevantes de este período se mueven por la preocupación social y política. Nos ocuparemos en el presente apartado de algunos autores españoles muy influidos por el estilo experimental y de ruptura de la Vanguardia.

JOSÉ BERGAMÍN, fundador de la revista Cruz y raya, nos ofrece una modalidad nueva del ensayo y la crítica literaria, que aparecen impregnados de trascendencia poética y religiosa. A él se debe un incisivo análisis del ser español y una originalísima visión de nuestros clásicos, guía de sus reflexiones sobre España. Su estilo es netamente conceptista, tanto en los aforismos (El cohete y la estrella) como en los ensayos: El arte de birlibirloque, defensa de los valores estéticos y metafísicos del toreo, y Mangas y capirotes, original reflexión sobre la dramaturgia áurea, que Bergamín considera como una popularización poética de la España eterna…

Célebre protagonista de la Vanguardia española fue ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO, un escritor intuitivo, con imaginación, de acento vehemente, que gusta de engarzar imágenes y expresiones caprichosas en Yo, inspector de alcantarillas, una muestra de arte surrealista; Julepe de menta, conjunto de artículos heterogéneos, y Hércules jugando a los dados, una exaltación del superhombre, encarnado en el atleta.

En el terreno de la crítica literaria destaca la figura de JUAN CHABÁS, autor de Literatura española contemporánea (1898-1950), extenso manual elaborado desde una óptica subjetiva. También escribió poemas que publicaba en las revistas ultraístas, y algunas novelas eminentemente líricas: Sin velas, desvelada, Puerto de sombra, Agor sin fin

Dentro del periodismo político destaca LUIS ARAQUISTÁIN, cuya capacidad dialéctica se evidencia en El pensamiento español contemporáneo. Otras veces se ocupa de temas literarios; así en La batalla teatral, donde intenta analizar las causas de la crisis del arte escénico.

===El ensayo en los últimos años===

Es absolutamente imposible en el espacio del que disponemos continuar con la historia del género ensayístico. La nómina de autores se hace interminable: Dámaso Alonso, Julián Marías, Pedro Salinas, Aranguren, Francisco Ayala, Ricardo Gullón; y eso sin mencionar a los hispanoamericanos, de importancia también enorme en muchos casos: Octavio Paz, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, …

Tal desarrollo del género ha llevado a una definición cada vez más amplia e imprecisa del término ensayo, en el que cabe un escrito de extensión variable, de tema diverso, de desarrollo argumentativo y subjetivo y destinado a un público amplio.

Publicado: febrero 20, 2015 por Santiago

Etiquetas: tema 56 lengua castellana y literatura