Tema 25 – La cohesión textual: estructuras, conectores, relacionantes y marcas de organización.

1.- La coherencia y la cohesión en el texto.

La coherencia de un texto es lo que determina que éste pueda ser comprendido por el oyente como una unidad cuyas partes se relacionan entre sí y como emisión adecuada a un contexto. Por eso, según Coseriu, tiene que adecuarse a lo que dicta la norma de una comunidad. En este sentido, lo normativo no solo toca a las estructuras lingüísticas que, en forma de actos de habla, son más comúnmente emitidas por una comunidad: la coherencia de un texto radica igualmente en la adecuación de éste a la cosmovisión del mundo que tenga esa comunidad: Me he comido el corazón de él, será emisión adecuada a la cosmovisión de las lenguas de comunidades caníbales; en español sería tomada como una desviación de la norma, literaria o estilística. Por eso la coherencia está estrechamente ligada a la pragmática, a la retórica y a la semántica.

La cohesión es, por su parte, el conjunto de elementos lingüísticos que cuyas funciones revelan sus relaciones mutuas: se relaciona, pues, de modo directo con la morfosintaxis. No obstante, la cohesión garantiza la gramaticalidad de un texto y ello no nos da certeza de la coherencia o incoherencia del mismo: El picaporte bilingüe descifraba su tristeza es desde el punto de vista normativo incoherente aunque cohesionado.

Con todo, coherencia y cohesión no pueden separarse. Un texto coherente sólo puede ser expresado a través de una buena cohesión. La cohesión de un texto viene dada precisamente por las estrategias comunicativas de  un emisor: en términos generativistas, la estructura profunda, con sujeto y predicado lógicos, guarda la intención comunicativa primaria. El emisor tiene que cerciorarse de que el receptor la capte. En pro de esa intención, cohesionará la la estructura superficial. En última instancia, el oyente percibirá analíticamente la coherencia de esa intención a través de la cohesión del texto.

Por eso la coherencia y la cohesión se relacionan directamente con la competencia comunicativa de los integrantes en la comunicación, o lo que es lo mismo: con la capacidad que tienen emisor y receptor para emitir y comprender secuencias inéditas y adecuadas a la norma de su lengua y a los contextos en que tales emisiones pueden realizarse.

2.- Las estructuras.

En relación con lo que apuntábamos antes, un emisor estructura  el contenido de su discurso dependiendo de sus estrategias comunicativas: Gindin presenta dos métodos de estructuración: el estricto y el elástico. El método estricto supone un discurso rígido: un texto lo forma una clase de elementos que llamaremos subtexto. Cada uno de estos subtextos tienen una posición exclusiva en el discurso: no pueden ocupar otra posición, ni su posición puede ser ocupada por otros subtextos. A este método responden discursos rígidos:jurídico-administrativos, científicos,… Por ejemplo, una ley siempre ha de tener un encabezamiento, que irá al inicio siempre, mientras que el pie de ley siempre vendrá al final: pie y encabezamiento son dos subtextos que no pueden ocupar otras posiciones en el texto, tampoco el articulado de la ley puede aparecer donde lo hacen éstos.

El método elástico supone un texto flexible: cada subtexto no se define sólo por la posición que ocupa: deben estar enlazados de modo semántico y pragmático: en una narración cuya base sea un proceso judicial, el desenlace de un asesinato puede aparecer al principio; las continuas prolepsis y analepsis hacen que lo narrado tenga una estructura flexible pero no desordenada: cada elemento se cohesiona de tal modo que nos remite a una semántica -las motivaciones y circunstancias del asesino- y pragmático: la narración, como acto de comunicación busca el interés del lector.

Para Dijk, un texto ha de contar con una macroestructura, o sucesión de proposiciones entrelazadas que tienen coherencia, y una microestructura, que marca la cohesión superficial de un texto.

La Gramática Sistémico-funcional define la textura como todo aquello que da coherencia a un texto. Una textura puede ser expresada mediante varias formas dependiendo del registro que pida la situación comunicativa, es decir, dependiendo de la estructura. Cada situación comunicativa tendrá una determinada forma según sus funciones obligatorias u opcionales, o lo que es lo mismo, según su fórmula estructural.

Por eso, desde la Antigüedad se han venido estableciendo una serie de tipologías textuales que hunden las raíces en la Retórica, entendida ésta como un sistema de producción de textos orientados al éxito comunicativo adecuado a cada contexto y a los condicionantes  sociales. Por tanto no sólo ha de atender a la cohesión y coherencia de cada texto, sino también a su adecuación pragmática:

Descriptivos: conciben los hechos o los seres en sí mismos, no insertos en un devenir.
Narrativos: expresan unos hechos en un devenir.
Exposición: constata hechos que no se corresponden a opiniones.
Argumentativos: Persuade de juicios.

Dialógicos: Expresan de modo directo la intervención de las personas presentes en el proceso de comunicación.

2.- Procedimientos de cohesión textual.

Son muchos los factores que concurren en la cohesión textual. De ellos vamos a dar cuenta en lo que sigue.

2.1..- La recurrencia.

Este recurso supone la reiteración de un elemento en el mismo texto donde aparece. Esta repetición puede ser de varios tipos: la reiteración léxica se da si repetimos una misma palabra lexemática respetando tanto sus significado como su significante: Todo hombre es mortal; Platón es un hombre, luego Platón es mortal. También se puede reiterar un concepto a través de la sinonimia, o reiteración léxica sinonímica, aunque ésta raramente sea total: Los daneses pagan muchos impuestos: esos nórdicos tienen, por tanto, una buena protección social. En ésta podría incluirse la sustitución de un hipónimo por su hiperónimo: Tiene un Ferrari: le encanta su coche. Por último, y tal vez la más común, es la correferencia, o repetición léxica de lo designado; a diferencia de la anterior, aquí no se trata de un intento de identidad de significados, sino de que los elementos compartan referentes, no significados: Juan Manuel de Prada recibió el Nadal: “El peor de los poetas recibiendo un premio de narrativa; el mejor de los novelistas dará las gracias en verso”, dijo su presentador. La recurrencia permite que podamos establecer redes léxicas a las que subyazcan unos núcleos comunes de significación, que marcarán los campos semánticos del texto.

2.2.- La elipsis.

Supone elidir un segmento de una oración que es necesario para su construcción gramatical, pero no para su entendimiento. La elipsis telegráfica ha sido definido como aquella que carece de contexto lingüístico, de modo que se hace imprescindible conocer el marco de comunicación para entender el elemento omitido: depende por tanto del contexto extralingüístico y de la competencia textual de un hablante, si por ella entendemos su capacidad de entender y emitir oraciones inéditas para él:[El premio Nobel viaja] a Alemania; [El equipo de fútbol de Francia, campeón del mundo, ha alcanzado ]la Gloria.

La elipsis contextual, por el contrario, no depende del contexto extralingüístico, sino del texto mismo, de ahí su importancia como elemento cohesionante en un discurso: trataremos ahora de ver de qué tipo son: La elipsis nominal omite principalmente un núcleo de este tipo, aunque sus modificadores y adyecentes, y otros elementos que aparecen en el mismo contexto también puedan ser elididos con él: He visto unos discos muy interesantes, mañana me compraré uno y me temo que este tarde [me compraré] otro [disco]. En este sentido, el contexto extralingüístico puede ser necesario, y por tanto la elipsis no retoma el elemento enunciado, sino otro análogo presente en la situación comunicativa, no en el texto: – Te dejo mis dos bolígrafos. – No, gracias: tengo dos [bolígrafos] míos. En este caso la elipsis no se refiere a los mismos bolígrafos de la oración anterior, sino a otros presentes en el contexto. Los pronombres suponen implícitamente una elipsis: – ¿Quieres este lápiz? – No, gracias, prefiero ese.

La elipsis comparativa consiste en omitir algunas de las partes de los términos de comparación en las estructuras comparativas, por estar presentes en el contexto verbal: Es tan alegre como Juan [es alegre]. Por último, la elipsis verbal implica la elisión de una forma verbal, y aun, como en la elipsis nominal, de algunos de sus adyacentes sintagmáticos: – ¿Te pongo una cerveza?  – [Me pones]Una cañita. Las perífrasis verbales cuyo auxiliar se unen con de modo directo a un infinitivo pueden elidir éste, a veces con un pronombre personal átono que remite a lo omitido: Juan sabe curiosear en las librerías de viejo; y yo, la verdad, no sé; o – ¿Consigues mejorar?  – No, no lo consigo.

2.3.- El orden de los constituyentes.

Si consideramos que tema es la información nueva y rema, la añadida entenderemos que podemos calificar dos tipos de órdenes, que, siguiendo a Ulrich, llamaremos categóricos y téticos. Los categóricos suponen una bimembración de la oración en tema y rema ordenados de este modo: Suj + Vbo + (CD) + (CI) o  (CD) + (CI) + Vbo + Suj -A Juan le encantan los toros- y hacen referencia a un actante.  Los téticos no hacen referencia a un actante, sino que se concentra en un hecho y carecen de tema y rema: así cuando se anuncia una existencia en sí misma: Hay fiestas en mi barrio; si el enunciado tiene actantes, no se centra en ellos, sino en el suceso: pueden tener uno o más actantes: Me duele la cabeza.

La elección por el emisor de uno u otro orden depende de sus intenciones comunicativas: el orden categórica implica una predicación lógica y es por ello más narrativo; en el tético se pretende introducir o describir un suceso en sí mismo, sin intención de narrar.

Al margen de estas consideraciones, el español ofrece un orden lineal Suj + Vbo + Complementos. A partir de este esquema se puede dislocar este orden mediante uno llamado envolvente. En éste el hablante tiende a anteponer el elemento sobre el que quiere llamar la atención usando en favor de sus intenciones las curvas de entonación ¡Dos cañitas he pedido! Por eso en las interrogativas el elemento demandado se coloca en primer lugar, aun no funcionando como sujeto: ¿Qué dice?

La importancia del verbo para establecer la cohesión explica que ésta se debilite cuando va después de la parte tensiva del grupo fónico: La voz de Juan, con la boca llena, me llamaba.

2.4.- Marcadores de función transoracional: conectores, relacionantes y marcas de organización.

Hay elementos, como las conjunciones, que no son meros enlaces con funcionalidad sintáctica, sino que expresan transiciones y conexiones mentales relacionando la oración en que se hallan con el sentido general de lo que se viene diciendo: No me hacen caso. Y no es que yo no se lo haya advertido. Otras veces hacen referencia al contexto extralingüístico: así, por cierto, señala una intención comunicativa pragmática de, por así decir, romper el hielo: Por cierto, he perdido los cupones premiados. A ellos se les ha llamado enlaces oracionales, o partículas, que nosotros llamaremos marcadores de función transoracional. El hecho de que su funcionalidad sintáctica sea mínima en comparación con su rendimiento pragmático y retórico queda de manifiesto en que en ocasiones se puedan elidir: No me hacen caso. No es que yo no se lo haya advertido o He perdido los cupones premiados.

El hecho de que no respondan a una sola categoría gramatical y de que estén lexicalizados o fosilizados como sintagmas delatan que son un hecho de norma, no de sistema, y, por tanto, están acuñados por el uso por una comunidad lingüística que trata de marcar muchos aspectos de índole retórica y pragmática. Ahora bien, no cabe duda de que tienen un enorme valor como conectores interoracionales de las sucesivas proposiciones de un texto, incluyendo a éstas en un mismo marco significativo: el del texto. Dos importantes subtipos vertebran estos marcadores transoracionales: los adverbios modificadores oracionales y los marcadores de función textual.

Los adverbios modificadores oracionales no son complementos obligatorios ni optativos del verbo: sencillamente quedan fuera de su rección -de ahí que vayan separados por pausas-. Ello se explica porque estos marcadores se limitan a introducir comentarios relativos al contexto extralingüístico de la oración, contextualizando el texto en una determinada situación comunicativa: Desgraciadamente, todo terminó.

Un posible criterio de clasificación de estos marcadores vendría dado por qué comentan del  contexto extralingüístico, de este modo tendríamos:

Expresivo, o valorativo: Desgraciadamente, todo terminó.
Refuerzo de la aserción: Sinceramente, no te entiendo.
Metatextual: Brevemente: no iré a la cena de fin de curso.
Valoración del texto: Literariamente, el texto es muy bueno.
Ordenador: Primeramente: no soy el culpable de la situación.

Por su parte, el otro gran grupo de  marcadores transoracionales lo forman los marcadores de función textual. Se caracterizan por su heterogeneidad categorial (locuciones, conjunciones, interjecciones,…) y porque pueden adoptar diferentes comportamientos morfológicos y funciones sintácticas. Algunas de ellas pueden ser:

Asentimiento y corroboración: En efecto, Juan es mi hermano.

Causalidad: Entonces, ¿no vienes?

Cierre discursivo: En fin, iré.

Conclusión: A fin de cuentas, Juan es así.

Intensificación: Iré. Más aún, encabezaré la operación.

Transición: Por otra parte, Juan es mi amigo.

Aclaración: O sea, que es una persona agradable ¿no?

Publicado: abril 1, 2015 por Santiago

Etiquetas: tema 25 lengua castellana y literatura