Tema 3 – Lenguaje y pensamiento

0. Introducción

La mayor parte de nuestra actividad intelectual se ocupa de poner en los marcha procesos de razonamiento, resolver problemas y acumular conocimientos organizados. Los tres procesos mantienen estrechas relaciones de realidad integral, objetiva y subjetiva. Estas realidades son el objeto de nuestro pensamiento que se concreta actuando paralela y conjuntamente con el lenguaje. El lenguaje necesita del pensamiento y el pensamiento necesita del lenguaje, entre ambos logran la categorización del mundo y la representación de la realidad en la que el hombre se halla inmerso. Por tanto, se podría decir que el lenguaje y el pensamiento mantienen una estrecha relación de rotación sobre un mismo eje.

1. El origen del lenguaje

A pesar de las innumerables investigaciones realizadas, no se sabe con certeza cuándo y cómo nació el lenguaje – esa facultad que el hombre tiene para comunicarse con sus semejantes valiéndose de un sistema formado por el conjunto de signos lingüísticos y sus relaciones. Aunque muchos investigadores tratan de echar luces sobre este misterio, sus resultados no pasan de ser más que meras especulaciones. No obstante, a través de la observación de los gritos de ciertos animales superiores, algunos estudiosos del tema creen que tales gritos fueron los cimientos del lenguaje hablado.

Desde el punto de vista antropológico y etnológico, es indudable que el lenguaje articulado constituye una de las manifestaciones características que separan al hombre de los seres irracionales. Estos últimos expresan y comunican sus sensaciones por medios instintivos, pero no hablan, a diferencia de los seres dotados de conciencia. Por lo tanto, si tuviésemos que añadir un sexto sentido a los cinco tradicionales, sin duda alguna, este sería el habla ya que la lengua – además de servir para el sentido del gusto – tiene la aplicación de emitir sonidos articulados, una particularidad que nos diferencia de los animales inferiores con los que compartimos: vista, oído, tacto, olfato y gusto.

Por otro lado, parece ser que el ser irracional no es capaz de planificar sus acciones, puesto que toda su conducta instintiva está determinada por su sistema de reflejos condicionados e incondicionados. La conducta humana, en cambio, se define de forma absolutamente diferente. La situación típica del individuo es el proceso de planteamiento y solución de tal tarea por medio de la actividad intelectual – que se vale no sólo de la experiencia individual – sino también de la experiencia colectiva. Consiguientemente, el hombre, a diferencia de los animales inferiores, sabe planificar sus acciones, y los instrumentos fundamentales para tal planificación y solución de las tareas mentales son el lenguaje y el pensamiento. Aquí nos encontramos con una de funciones más elementales del ser humano: la función de instrumento del acto intelectual, que se expresa en la percepción, memoria, razonamiento, imaginación, etc.

Hasta la fecha, los historiadores antropólogos, etnólogos y lingüistas han realizado concienzudas investigaciones en un intento de averiguar la posible existencia de un origen primitivo del lenguaje. Mediante las mismas, se han establecido diferentes hipótesis y numerosas vertientes encaminadas unas a las relaciones psicofísicas entre las sensaciones de la visualidad y las auditivas y otras al estudio de los procesos racionales, perceptivos y memorísticos – tanto individuales como colectivos – tomando como fundamento de la formación natural del lenguaje, la evolución progresiva impuesta por el entorno social y motivada por las necesidades del ser humano y la relación de pensamientos e ideas para alcanzar conclusiones. Incluso, se ha pensado en la onomatopeya, en la observación del lenguaje infantil, en la expresión de sentimientos, en las interjecciones… Sin embargo, algunos de los más influyentes psicólogos y lingüistas como Antonio Meillet (1866-1936) -, han llegado a la conclusión de que hallar un lenguaje primitivo único es un problema insoluble, por lo que se limitan a clasificar las lenguas y señalar las raíces de las que consideran más primitivas.

En cualquier caso, sería conveniente añadir que la evolución del lenguaje ha sido paralela a la evolución del hombre desde la más remota antigüedad. Los idiomas que abundan en la actualidad, agrupados en las ramas de un mismo tronco lingüístico, siguen causando controversias entre los investigadores, puesto que el estudio del origen del lenguaje es tan complejo como querer encontrar el “eslabón perdido” en el proceso de humanización de nuestros antepasados.

Una sociedad, por muy organizada que esté, es incapaz de fijar definitivamente el lenguaje, ya que éste se forma progresiva y gradualmente, por lo que no existe ninguna lengua que pueda llamarse completa por no existir ninguna que exprese todas nuestras sensaciones y todas nuestras ideas. No obstante, el humano, como cualquier ser social por naturaleza, necesita relacionarse con sus semejantes, hablando y escuchando, y el principal instrumento de comunicación es el lenguaje, cuyo sistema, constituido por signos verbales o palabras, hace que los individuos se entiendan entre sí. De no existir el lenguaje, tanto en su forma oral como escrita, sería más difícil la convivencia social y más primitiva nuestra forma de vida. Además, gracias al lenguaje ha sido posible lograr grandes éxitos en el conocimiento y dominio de las fuerzas de la naturaleza.

2. El lenguaje

2.1 Teorías y fundamentos

En la lingüística, como en otras ciencias del conocimiento humano, existe una disputa entre el empirismo y el nativismo. El nativismo sostiene que la capacidad de ver, oír, pensar y hablar son actos innatos o genéticos. Además, esta vertiente afirma que el niño hereda una predisposición para aprender el lenguaje a cierta edad (Chomsky; 1968) lo que le permite aprender creativamente la lengua a la que es expuesto. Igualmente, se sostiene que el desarrollo del lenguaje es paralelo a los cambios neurológicos que ocurren con la maduración: fonemas a los 6 ms; palabras a los 12 ms. y oraciones a los 24 ms.

En cambio los empiristas están convencidos de que el niño aprende a hablar porque imita a los adultos – sobre todo a la madre – y porque tiene necesidad de manifestar ciertas necesidades y deseos. Según algunos empiristas como Locke o Hume, la experiencia es lo único que condiciona la adquisición del lenguaje. Así pues, el niño aprende el idioma de la misma manera que otras destrezas físicas y mentales. Es decir, mediante la llamada “conducta operante”, que está determinada por la influencia de factores externos o adquiridos y no así por medio de factores innatos o genéticos. También interviene un método inductivo y generalizador que es desarrollado por el organismo humano. De esta manera y según esta psicología experimental, la mente del recién nacido es como una página en blanco en la cual se irán moldeando poco a poco los caracteres de la lengua gracias a los estímulos recibidos del exterior.

Así como los empiristas están convencidos de que el niño aprende a articular y combinar sonidos, los nativistas y los psicólogos de la Gestalt (Max Wertheimer, Kurt Lewin…) rechazan categóricamente la teoría de que el entorno social sea el único factor determinante en el desarrollo idiomático, están convencidos de que el habla es un don biológico con el cual nacen los humanos y – en ese sentido – la experiencia cognitiva es apenas un estímulo para su desarrollo posterior. De ahí que el psicólogo Arnold Gesell, a diferencia de John B. Watson y Brurrhus Skinner, sostenga la concepción de que gran parte del desarrollo lingüístico del individuo está determinado por factores de maduración interna, y no por las simples influencias del entorno social.

El desarrollo idiomático del individuo, en consecuencia, no se puede explicar desde la “psicología del aprendizaje” o conductismo, sino desde la perspectiva biológica; más aún, si se considera el complicado proceso lingüístico que se genera en el cerebro humano. Según J. Jackson (1835-1911), “cada función realizada por el sistema nervioso está garantizada no por un grupo reducido de células, sino por una complicada jerarquía de niveles de la organización fisiológica del sistema nervioso.

En otras palabras, para que la persona pronuncie una palabra no es suficiente con que se activen el grupo de células de la corteza de los hemisferios del cerebro ‘responsable’ de esto. En la gestación de la palabra participan, según su naturaleza, estructura ‘profundidad de yacimiento’, diversos mecanismos cerebrales. En el mantenimiento de los procesos lingüísticos toman parte tanto los más elementales mecanismos fisiológicos del tipo ‘estímulo respuesta’ (E-R) como los mecanismos específicos que poseen estructura jerárquica y exclusivamente características para las formas superiores de actividad lingüística”. (Petrovski, A., “Psicología general”, 1980, pág. 193-94).

Para el pensador y lingüista norteamericano Noam Chomsky – padre de la “gramática generativa”, – el idioma es una suerte de computadora que funciona de manera automática, como los procesos de asociación antes de pensar. Chomsky plantea la teoría de que el niño tiene una programación genética para el aprendizaje de su lengua materna, desde el instante en que las normas para las declinaciones de las palabras y la construcción sintáctica de las mismas, están ya programadas genéticamente en el cerebro. Lo único que hace falta es aprender a adaptar esos mecanismos gramaticales al léxico y la sintaxis del idioma materno que, en el fondo, es una variante de una gramática que es común para todas las lenguas – sin que esto quiera decir que exista una “lengua madre universal” de la cual derivan todos los idiomas hasta hoy conocidos (Jeffmar, C., “Moder Utvecklingspsykologi”, 1983, pág. 66).

El segundo análisis crítico lo dirige Chomsky contra el behaviorismo o conductismo, que contempla el comportamiento lingüístico como un conjunto de estímulos y respuestas (ER) o, lo que es lo mismo, contra una concepción externa de la lengua. Si el dualismo fue catalogado de error, el conductismo fue considerado irracional, además de igualmente erróneo. El concepto de que el lenguaje sea algo adquirido del entorno social contrasta con la teoría defendida por los nativistas, según la cual el lenguaje es un producto interior de la mente/cerebro del hablante, independiente de las experiencias y los conocimientos adquiridos del entorno social por medio del proceso de aprendizaje.

En ese sentido, las teorías chomskianas y nativistas han sido motivos de controversias, sobre todo, cuando los empiristas y behavioristas – que no aceptan la existencia de una gramática innata y programada en el cerebro humano – señalan que las diferencias gramaticales existentes entre los idiomas son pruebas de que el lenguaje es un fenómeno adquirido por medio del proceso de aprendizaje. Noam Chomsky, por su parte, responde que estas diferencias se presentan sólo en la estructura superficial de los idiomas, pero no en la estructura profunda. Es decir, si en la estructura superficial se advierte las diferencias gramaticales de los distintos idiomas, en la estructura profunda se advierte una gramática válida para todos los idiomas, puesto que al nacer cada individuo posee una gramática universal que – con el tiempo y gracias a un contexto social concreto – se convierte en una gramática particular.

Asimismo, aparte de las dos teorías mencionadas se debe añadir la concepción de los “interaccionistas” – que tiene como máximo representante al psicólogo ruso L. Vigotsky. La Teoría Interaccionista considera que el lenguaje es un producto compuesto tanto por factores innatos como por los previamente adquiridos, ya que el lenguaje depende de impulsos internos y externos que – a su vez – están determinados de antemano, lo que presupone la preexistencia de sentimientos y pensamientos. En otras palabras, los procesos de aprendizaje y desarrollo tienen influencias mutuas, generando condiciones en las que a mayor aprendizaje mayor desarrollo y viceversa. En definitiva, la Teoría Interaccionista ha hecho ver que la adquisición y desarrollo del lenguaje no puede explicarse atendiendo exclusivamente al conocimiento y actividades realizadas por el niño de forma individual, ni a pensar que él simplemente es un receptor de las características y modelos del lenguaje presentes en su entorno.

Consecuentemente, para hablar de un contenido psíquico mínimo hace falta el estímulo externo, el impulso de expresarse y el de hacer partícipes a los demás de nuestros estados de ánimo. De ahí que el estudio del desarrollo idiomático del individuo sea tratado no sólo por la psicolingüística, sino también por la sociolingüística, que estudia cómo el idioma influye y es influido en la interrelación existente entre el individuo y el contexto social. Sobre todo si se considera que el lenguaje – además de ser un código de signos lingüísticos – es el acto de expresar ideas y sentimientos mediante la palabra. Esta teoría cobra más fuerza cuando se tiene en cuenta que el lenguaje es el primer patrimonio familiar que recibe el recién nacido, a quien acompaña desde la cuna hasta la tumba, y es la única herencia que – a veces – transmite a sus descendientes.

3. ¿Qué fue primero el lenguaje o el pensamiento?

Si para el polémico Noam Chomsky, el idioma es una especie de computadora que funciona de manera automática, como los procesos de asociación antes de pensar, entonces habría que suponer que el lenguaje está primero. La “teoría reguladora” explica que la acción y el pensamiento dependen de la capacidad lingüística de la persona, en tanto el psicólogo suizo Jean Piaget, cuya teorías cognitivas son ampliamente conocidas, sostiene que el lenguaje es, en gran medida, el producto del desarrollo de la acción y el pensamiento, ya que tanto la palabra como la idea son imágenes observadas y no a la inversa.

Piaget destaca la prominencia racional del lenguaje y lo asume como uno de los diversos aspectos que integra la mente humana. Él clasifica el lenguaje en dos grandes grupos, por un lado, el lenguaje egocéntrico y, por el otro, el lenguaje socializado que a su vez se dividen en las siguientes categorías:

· Lenguaje Egocéntrico:

· Repetición o Ecolalia.

· El monólogo.

· El monólogo colectivo.

· Lenguaje Socializado:

· La información adaptada.

· La crítica.

· Las órdenes, ruegos y amenazas.

· Las preguntas.

· Las respuestas.

Sin embargo, y teniendo en cuenta todo lo visto hasta ahora, no faltan quienes aseveran que durante el desarrollo intelectual del individuo hay una interrelación dialéctica entre el lenguaje y el pensamiento. De modo que responder a la pregunta si primero está el lenguaje o el pensamiento, es lo mismo que responder a la pregunta si primero fue el huevo o la gallina.

En cualquier caso, las tres teorías fundamentales que responden a la pregunta de si primero fue el lenguaje o el pensamiento se pueden sintetizar a través de las siguientes afirmaciones:

Ø “El lenguaje está antes que el pensamiento” aquí se plantea la idea que el idioma influye o determina la capacidad mental (pensamiento). En esta corriente lingüística incide la “gramática generativa” de Noam Chomsky, para quien existe un mecanismo idiomático innato que hace suponer que el pensamiento se desarrolla como consecuencia del desarrollo idiomático. Por consiguiente, si se considera que el lenguaje es un estado interior del cerebro del hablante e independiente de otros elementos adquiridos del entorno social entonces es fácil suponer que primero está el lenguaje y después el pensamiento – aún más si cabe – si se parte del criterio de que el lenguaje acelera nuestra actividad teórica, intelectual y nuestras funciones psíquicas superiores (percepción, memoria, pensamiento…).

Ø “El pensamiento está antes que el lenguaje” aquí se sostiene que la capacidad de pensar influye en el idioma. No en vano René Descartes acuñó la frase: “primero pienso, luego existo”. Asimismo, muchas actitudes cotidianas se expresan con la frase: “tengo dificultad para decir lo que pienso”. Algunos psicolingüistas sostienen que el lenguaje se desarrolla a partir del pensamiento, por cuanto no es casual que se diga: “una psiquis debidamente desarrollada da un idioma efectivo”. En esta corriente lingüística esta la llamada “The cognition hypothesis” (La hipótesis cognitiva), cuya teoría se resume en el concepto de que el “pensamiento está antes que el lenguaje”. Quizás uno de sus mayores representantes dentro de esta corriente sea Jean Piaget, para este epistemólogo el pensamiento se produce de la acción y el lenguaje es una más de las formas de liberar el pensamiento de la acción. “Piaget indica que el grado de asimilación del lenguaje por parte del niño, y también el grado de significación y utilidad que reporte el lenguaje a su actividad mental depende hasta cierto punto de las acciones mentales que se desempeñen; esto es, que depende de que el niño piense con preconceptos, operaciones concretas u operaciones formales. (Richmond, P. G., “Introducción a Piaget”, 1981, pág. 139).

Ø La “teoría simultánea” defiende que tanto el lenguaje como el pensamiento están ligados entre sí. Esta teoría fue dada a conocer ampliamente por L.S. Vigotsky, quien explica que el pensamiento y el lenguaje se desarrollan en una interrelación dialéctica, aunque considera que las estructuras del habla se convierten en estructuras básicas del pensamiento debido al significado que tiene el lenguaje y a la actividad lingüística en la realización de las funciones psíquicas superiores del hombre. Esto es, el lenguaje está particularmente ligado al pensamiento. Sin embargo, entre ellos no hay una relación de paralelismo, como frecuentemente consideran los lógicos y lingüistas tratando de encontrar en el pensamiento equivalentes exactos a las unidades lingüísticas y viceversa. Al contrario, el pensamiento es lingüístico por su naturaleza, el lenguaje es el instrumento del pensamiento. Lazos no menos fuertes ligan al lenguaje con la memoria. La verdadera memoria humana (intermediadora) más frecuentemente se apoya en el lenguaje que en otras formas de intermediación. En igual medida se realiza la percepción con la ayuda de la actividad lingüística” (Petrovski, A., “Psicología general”, 1980).

Así pues, las diversas teorías que pretenden explicar el origen del lenguaje, las funciones del pensamiento y sus operaciones concretas, son motivos de controversias entre los estudiosos de estas ramas del conocimiento humano.

No obstante, cualquier esfuerzo por aportar nuevas luces sobre este tema será siempre un buen pretexto para volver a estudiar las ciencias que conciernen al lenguaje e inspeccionar el desarrollo del pensamiento de todo ser dotado de capacidad racional y sentido lógico.

4. CONCLUSIÓN

En conclusión, el objetivo de todas estas teorías e investigaciones es llegar a un punto que nos permita entender cómo explotamos el conocimiento adquirido, tanto en los procesos de producción, como en los de percepción de la lengua, y también cómo construimos las representaciones de la forma y del significado de las palabras, oraciones y discursos, tanto en las interacciones verbales, como en la adquisición de la lengua. Se trata de añadir un amplio abanico de datos que nos permita concretar la correspondencia entre el pensamiento conceptual, la experiencia humana y las estructuras lingüísticas, al tiempo que intenta asentar las interrelaciones entre pensamiento y lenguaje reflejados como fuentes de producciones conceptuales de forma función y significado.

5. Bibliografía

clip_image009 CHOMSKY, N. (2003) Sobre la naturaleza y el lenguaje, CUP: Madrid.

clip_image009[1] CHOMSKY, N. (1992): El lenguaje y los problemas del conocimiento. Editorial Visor: Madrid.

clip_image009[2] PIAGET, J. (1976): El lenguaje y el pensamiento en el niño. Editorial Guadalupe: Buenos Aires.

clip_image009[3] VIGOTSKY, L. (1998): Pensamiento y lenguaje. Editorial Fausto: Buenos Aires.

Publicado: febrero 2, 2017 por Laura Gonzalez

Etiquetas: tema 3 lengua castellana y literatura