Ampliación Tema 1 Parte 1

1. Sobre el concepto de desarrollo

2. Las líneas directrices del desarrollo

3. El desarrollo infantil en el primer año de vida

4. El niño y la niña de 1 a 2 años

5. El niño y la niña de 2 a 3 años

6. El niño y la niña de 3 a 4 años

7. El niño y la niña de 4 a 5 años

8. El niño y la niña de 5 a 6 años

9. La intervención educativa

10. Crecimiento y desarrollo

11. El aprendizaje activo

12. El comportamiento hacia el niño o niña

13. El desarrollo del pensamiento

14. Momentos claves para el desarrollo de la personalidad

15. Papel del adulto en la estimulación y desarrollo

16. Papel del educador en el nuevo centro

17. Papel del maestro en el proceso de enseñanza – aprendizaje.

18. Características básicas del desarrollo psico-evolutivo de la infancia. Aspectos cognitivos, motrices, afectivos y sociales de los niños hasta los 12 años. Implicaciones en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

LECTURAS RECOMENDADAS

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SOBRE EL CONCEPTO DE DESARROLLO

La primera infancia, considerada como aquella etapa del desarrollo que abarca desde el nacimiento hasta los 6 ó 7 años, y que en la mayor parte de los sistemas educacionales coincide en términos generales con el ingreso a la escuela, es considerada por muchos como el período más significativo en la formación del individuo, pues en la misma se estructuran las bases fundamentales de las particularidades biológicas, fisiológicas y físicas, y de las formaciones psicológicas de la personalidad, que en las sucesivas etapas del desarrollo se consolidarán y perfeccionarán.

Es, de acuerdo con A. Leontiev, el período más importante de la formación inicial de la personalidad, en el cual se forman los “mecanismos” personales de la conducta. En estos primeros años se establecen los primeros nexos, enlaces y relaciones que forman la nueva unidad superior de la actividad y, de manera simultánea, la del propio sujeto: la unidad de su personalidad. Es precisamente por esto que la primera infancia es tan significativa a los fines del desarrollo, porque es el período de formación fáctica de los mecanismos psicológicos de la personalidad.

Esto se debe a múltiples factores, uno de ellos radica en el hecho de que en esta edad dichas estructuras biofisiológicas y psicológicas están en pleno proceso de formación y maduración, lo que hace particularmente significativa a la estimulación que pueda hacerse sobre dichas estructuras, y por lo tanto, de las cualidades, procesos y funciones físicas y psíquicas que dependen de las mismas. Es quizás el momento de la vida del ser humano en el cual la estimulación, la educación, es capaz de ejercer la acción más determinante sobre el desarrollo, precisamente por actuar sobre formaciones que están en franca fase de maduración.

Esto va a tener de igual manera una relación estrecha y directa con la posibilidad de que esta estimulación se realice dentro de una actividad que sirva como medio y causa de ese desarrollo, por lo que se hace indispensable conocer de inicio como se desenvuelve dicho desarrollo, como varía en el transcurso evolutivo del niño, y el papel que juega la actividad, y dentro de ella aquellas actividades que resultan mas significativas a los fines del propio desarrollo.

¿En qué consiste este proceso? ¿Cuáles son las nuevas conexiones y relaciones que forman las bases de la personalidad? Estos nuevos enlaces e interrelaciones se establecen entre procesos aislados de la actividad del niño y tienen una naturaleza específica, resultando diferentes a aquellos que caracterizan a la unidad biológica del individuo, porque son de naturaleza social. De esta manera, solamente pueden formarse sobre la base del desarrollo de la vida en condiciones sociales, es decir, solo en el hombre y

únicamente en determinada etapa del desarrollo, y bajo la influencia de la estimulación, léase educación.

De ahí que se haga requisito ineludible plantear una caracterización general de la etapa del desarrollo que nos compete, la primera infancia, que suele establecerse como la que comienza al nacimiento y se prolonga hasta los 6-7 años, y que ha recibido numerosas denominaciones: primera infancia, edad inicial o temprana, edad infantil, edad preescolar.

Entonces, ¿A qué se le llama desarrollo? ¿Tiene el mismo significado que el término de crecimiento? ¿Qué los diferencia? A continuación se tratará de delimitar sus convergencias y puntos divergentes, lo cual es indispensable para establecer sus interrelaciones, cuestión que constituye un aspecto que ha suscitado grandes discusiones dentro de la ciencia psicológica de antaño y que permanece vigente en el momento actual.

De las relaciones entre el crecimiento y el desarrollo

Para tratar sobre las diferencias y convergencias entre el crecimiento y desarrollo en el niño de la primera infancia, es requisito previo establecer lo que desde el punto de vista científico general se considera respecto a estos términos, que tienen una importante significación no solamente dentro de la psicología y la pedagogía, sino también dentro de la filosofía, de la sociología, de la pediatría, de la biología y ciencias afines, etc.

Para ello se hace preciso delimitar inicialmente el concepto más general de

estructura o sistema.

Todo objeto o fenómeno de la realidad material o ideal se presenta en la naturaleza en forma de una determinada estructura, lo mismo en el plano físico, biológico, psicológico o social. Esta estructura, por supuesto, se compone de elementos que la caracterizan, y entre los cuales se establecen ciertas relaciones. El conjunto de estos elementos, y las relaciones que se establecen entre ellos, definen a la estructura, siendo la relación que se da entre unos elementos y otros tan estrecha, que basta la transformación de un elemento del sistema, o de la relación entre ellos, para que cambie la estructura, y se convierta en una nueva.

Un ejemplo de la Física hace esto objetivamente bien observable, como sucede en la transformación de los átomos. Se sabe que todo átomo está compuesto de diversas partículas, fundamentalmente protones y electrones, cuyo número y agrupación determina el átomo en particular, y donde solo la diferente relación que se establece entre unos y otros es lo que determina el elemento en cuestión. Pero basta que un electrón cambie de posición, o se gane o se pierda, para que el elemento se convierta en otro nuevo, con propiedades totalmente diferentes.

Esto, que sucede en la Física, es aplicable en cualquier aspecto del conocimiento, en el orden biológico o social, en la esfera del psiquismo, o en cualquier otro aspecto de la actividad humana que se quiera analizar.

Por ejemplo, si se observa un grupo de trabajo en una actividad laboral cualquiera, se observa que el colectivo que lo conforma está compuesto de elementos, en este caso los obreros, entre los cuales se establecen determinadas relaciones de tipo laboral cuyos vínculos están establecidos por el tipo de tarea a realizar, es decir, conforman dentro de la actividad productiva una estructura dada, y de la cual depende el rendimiento del trabajo. Sin embargo, si de pronto falta un elemento, como puede ser un obrero que se enferme, o que se transforme una relación, tal como la sustitución de un obrero por otro más o menos capaz, el proceso productivo se altera, porque se ha cambiado la estructura previamente establecida. En el sentido en que se dé este cambio, podrá más o menos resultar favorecido este proceso productivo, que es la razón de la existencia de dicha estructura o sistema.

Ahora bien, ¿cuándo se habla de desarrollo dentro de una estructura cualquiera?: Si la introducción de nuevos elementos no altera la estructura previa, por no haber transformación de las propiedades existentes entre los mismos, estamos ante lo que se denomina crecimiento; pero si la inclusión implica un cambio estructural, si se modifica el carácter de las relaciones que existen entre los elementos de la estructura y surgen nuevas relaciones internas, entonces se habla de desarrollo.

Es decir, el desarrollo implica siempre la aparición de nuevas propiedades, de una nueva cualidad; si esto no sucede así y lo que se da tan solo es un aumento de los elementos sin cambios de estas relaciones, sin aparición de una nueva cualidad, solo estamos ante un fenómeno de crecimiento.

En el crecimiento y desarrollo del niño lo anterior se ve, por ejemplo, en el desarrollo de la habilidad motriz del lactante. En un principio el niño es incapaz de agarrar un objeto que se le presente a su vista y, en el mejor de los casos, nada mas que puede realizar movimientos gruesos que a lo sumo consiguen que su mano toque el objeto sin poder asirlo. Luego, mas adelante, y en determinado estadio, el niño solo es capaz de agarrar el objeto sujetándolo entre la palma de la mano y los dedos. Pero, estimulado por los objetos que los adultos colocan en su radio de acción, repite una y otra vez la misma operación, la perfecciona y entrena añadiendo cada vez nuevos objetos y formas, que cuantitativamente perfeccionan su agarre. Hay una determinada estructura entre los elementos que componen las posibilidades motrices de su mano y las relaciones que le son posibles establecer mediante los objetos con los que entra en contacto, hay un proceso de crecimiento de esta habilidad motriz.

Sin embargo, la suma de estos pequeños cambios cuantitativos comienzan a entrar en contradicción, y en un momento dado se da un salto de calidad, y donde el niño ya no agarra el objeto como antes con toda la mano, sino que utilizando el pulgar y el índice, como una pinza, comienza a tomar los objetos de esta forma distinta. Se ha dado un desarrollo de su habilidad motriz, ha surgido una nueva cualidad que transforma la anterior, y que le da un sentido diferente y una posibilidad mayor, se ha presentado una nueva estructura.

Por supuesto, la aparición de la presente estructura no implica en medida alguna la desaparición de la anterior, sino su inclusión dentro de lo nuevo que ha surgido, su transformación en función del fenómeno actual, para recomenzar el proceso de otros cambios cuantitativos hasta el salto de una cualidad diferente. Es decir, los elementos de la antigua estructura persisten, solo que ahora cambia la formación de su utilización, se subordinan a la forma actual. Más, para que surgiera esta función nueva, era condición necesaria e indispensable la existencia de la anterior. Nada surge de la nada, y todo lo nuevo depende de la estructura previa, parte de lo anteriormente existente, en un proceso dialécticamente determinado y no espontáneo.

En este sentido, y para señalar otro ejemplo en la esfera motriz, el niño que hasta un momento solo era capaz de gatear, de pronto se para y echa a andar, dominio de la marcha que le ha de abrir innumerables posibilidades a su desarrollo. Pero el hecho de caminar no implica que en determinada situación no recurra de nuevo a gatear, como puede ser cuando una pelota rueda debajo de una mesa y el niño trata de alcanzarla. Es así como el gateo, que antes era una estructura predominante ahora está supeditado a la marcha que es una manifestación superior del desarrollo, se integra como subestructura dentro de la más actual y perfeccionada.

El enriquecimiento de una estructura, su crecimiento y perfeccionamiento, implica necesariamente el surgimiento de nuevas funciones. Por lo tanto, si hablamos de desarrollo este presupone siempre un perfeccionamiento, una nueva función, una estructura cuantitativa y cualitativamente diferente y superior, que se opera dentro del mismo proceso mediante un salto y que presupone la utilización de las antiguas estructuras dominantes como subestructuras dentro de la nueva. Si el fenómeno se manifiesta así, se habla de desarrollo; si se observa solamente un simple aumento de habilidades o posibilidades sin cambios de relaciones, sin aparición de una nueva propiedad, se está ante un fenómeno de crecimiento.

Esta concepción del desarrollo, es de gran importancia para el enfoque adecuado de las relaciones entre la educación y el desarrollo, entre el desarrollo y la actividad, y de su significación dentro de la primara infancia, lo cual, por supuesto, está estrechamente relacionado con la concepción que se tenga del desarrollo del psiquismo humano.

Sobre la irregularidad del desarrollo

Es conocido que la infancia del ser humano transcurre en una serie de etapas cualitativamente diferentes en su desarrollo psíquico, que permite caracterizar a cada una de ellas, establecer sus principios fundamentales y determinar sus actividades directrices. Este proceso por supuesto, no es regular, y durante el transcurso de este desarrollo se dan períodos de relativa estabilidad en que los logros y adquisiciones son poco perceptibles y relevantes, y otros en que se dan cambios espectaculares en un breve espacio de tiempo, y que transforman totalmente la actividad psíquica y le confieren una cualidad cualitativamente superior.

Esta resaltante irregularidad de momentos de cambios lentos y bruscas transformaciones va a caracterizar el desarrollo de los niños en la primera infancia, y determina un ritmo rápido e intenso del desarrollo, que hace que una adquisición cualquiera en un momento dado, sea rápidamente sobrepasada y sustituida por otra adquisición más compleja, en un término de tiempo relativamente corto. Los momentos de relativa lentitud en la adquisición de logros, y que han recibido tradicionalmente la calificación de etapas, unido a los períodos de grandes y rápidas transformaciones –las crisis del desarrollo- van a caracterizar la edad infantil, y hace la educación en estas edades tempranas un asunto realmente complejo y que requiere de un profundo conocimiento.

Aunque la etapa de la primera infancia como tal es la del desarrollo mas acelerado de toda la vida del individuo, este rápido e intenso desarrollo no es igual en todos los niños, dándose similitudes y diferencias entre unos y otros que determinan índices de desarrollo variables dentro de una misma etapa, un diferente ritmo de apropiación y adquisición de los logros, una distinta intensidad de cómo se manifiestan sus comportamientos, lo cual, no solamente está relacionado con las particularidades de sus condiciones de vida y educación en el micro y el macromedio que les rodea, sino también de sus propios componentes biogenéticos, las características de su funcionamiento cortical y las de su actividad nerviosa superior, relación entre los factores internos y externos típicos en cada momento del desarrollo y que ha recibido el nombre de situación social del desarrollo.

Esta maduración general del organismo del niño, y en particular de su sistema nervioso (maduración que también tiene un carácter irregular y por etapas), sin generar por sí misma nuevas formaciones psicológicas, crea en cada momento evolutivo las condiciones y premisas específicas para la asimilación de una experiencia de nuevo tipo, para el dominio de nuevos procedimientos de la actividad, para la formación de nuevos procesos psíquicos.

Es decir, la maduración intensa de las zonas proyectivas de la corteza cerebral en la primera infancia crea determinadas premisas orgánicas para la formación de las acciones objetales y el desarrollo de las percepciones objetales en cada estadio evolutivo dado, y a su vez la maduración específica de las zonas corticales asociativas, integradoras, crean la base orgánica indispensable para la unión de las acciones separadas en sistemas integrales de las actividades.

De manera inversa, la estimulación que se ofrece y la intensificación de la maduración que se provoca por estas condiciones de vida y educación, de determinados sistemas del organismo, de determinadas estructuras cerebrales, en una etapa evolutiva dada, ejercen una influencia decisiva sobre la bioquímica cerebral, sobre la morfogénesis de las estructuras nerviosas, en particular la mielinización de las vías nerviosas, y el crecimiento y diferenciación de las neuronas en las correspondientes zonas de la corteza cerebral.

Así, el desarrollo evolutivo del niño, que es dependiente de la asimilación de la experiencia social, tiene a la vez una profunda base orgánica que crea, por un lado las premisas indispensables para el desarrollo, y por el otro, sufre cambios sustanciales bajo la influencia de las peculiaridades del funcionamiento de los correspondientes sistemas funcionales, que se realizan en los diferentes tipos de la actividad infantil.

Todo esto no se da de manera progresiva lineal, sino que posee un carácter irregular dado por los diferentes ritmos que dicho desarrollo tiene a través de toda la primera infancia.

Esta cuestión del carácter por etapas del desarrollo y de su irregularidad es importante dentro del curso evolutivo de la formación del niño, y de su enfoque y solución ha de depender, tanto la comprensión de las causas motrices y de las leyes de la ontogénesis del psiquismo humano, como la valoración de la significación que los distintos períodos evolutivos tienen para la estructuración de su personalidad.

Dentro de esto, el tomar en consideración estas particularidades psicofisiológicas, tiene una influencia decisiva en que el desarrollo marche por canales apropiados, para lo cual es necesario tomar en cuenta que:

· El organismo del niño, su cerebro en crecimiento, y cuya maduración aún no ha concluido, tiene peculiaridades funcionales que aún no se han creado, y cuyo trabajo es aún limitado

· Las posibilidades del desarrollo solo se alcanzan si los métodos y formas que se empleen se estructuran en correspondencia con dichas particularidades psicofisiológicas.

· La estimulación solo adquiere un carácter impulsor del desarrollo si se considera la importancia que tienen las estructuras psicofisiológicas que se forman en cada período evolutivo dado para el curso general de la formación por etapas de la personalidad.

Las nuevas estructuras específicas que surgen en cada etapa evolutiva, pueden formarse de manera muy diferente en dependencia de las condiciones

en que se propicia la estimulación, de las particulares condiciones de vida y educación.

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2

LAS LÍNEAS DIRECTRICES DEL DESARROLLO.

Las líneas directrices del desarrollo son las tendencias que deben estimularse para lograre las acciones psíquicas correspondientes a cada período, por la significación que tiene para el desarrollo de la cualidad psicológica que se está formando.

La característica principal del recién nacido es la posibilidad ilimitada de adquirir nuevas experiencias y formas de conducta inherentes al hombre, de forma que si la satisfacción de las necesidad básicas está asegurada, de cierta manera, estas pierden rápidamente su predominio. No por gusto se afirma que en la ausencia de gran cantidad de formas congénitas de conducta no radica la debilidad, sino la fuerza del niño y la niña.

Si se mantiene una educación y un horario de vida correctos, surgen otras necesidades sobre la base de las cuales se produce el desarrollo psíquico: necesidad de obtener impresiones, necesidad de movimientos, de trato con los adultos, etc.

La necesidad de obtener impresiones está relacionada en sus orígenes con los reflejos de orientación y se desarrolla en dependencia de la preparación que presenten los órganos de los sentidos del niño y la niña para recibir estas impresiones. De ahí que una de las líneas directrices del desarrollo en el primer año de vida sea desarrollar en el niño y la niña la concentración visual y auditiva.

Aunque los aparatos visual y auditivo del recién nacido comienzan a funcionar desde el primer día, dicho funcionamiento es muy imperfecto. Sin embargo, durante las primeras semanas y meses de vida, la visión y el oído del niño se perfeccionan rápidamente.

Precisamente una de las particularidades significativa del recién nacido consiste en que el desarrollo de la vista y el oído transcurre más rápidamente que el desarrollo de los movimientos corporales.

Es el desarrollo de los analizadores visuales y auditivos el que garantiza la orientación en el medio, contribuye al desarrollo de los movimientos, primero de las manos (prensores) y después movimientos más complejos. En general permite la orientación espacial y es la base de la comunicación con el adulto, pues le permite fijar la mirada en su rostro y percibir el tono de su voz.

En esta etapa puede decirse que el ojo guía la mano en el conocimiento del mundo de los objetos y de las personas que rodean al niño y la niña.

La condición necesaria para la maduración normal del cerebro, en el período neonatal, es la ejercitación de los órganos sensoriales. Si el niño y la niña reciben suficiente cantidad de impresiones, entonces el reflejo de orientación se desarrolla rápidamente, lo cual se manifiesta por la aparición del estado de concentración visual y auditiva, lo cual crea la base para el futuro desarrollo de los movimientos y para la formación de los procesos y cualidades psíquicas.

El desarrollo de las emociones es otra línea directriz del desarrollo en el primer año de vida. Pudiéramos decir que en la base de un normal desarrollo psíquico y físico está el haber logrado un adecuado desarrollo emocional. Por ello, resulta indispensable garantizar un estado emocional positivo creándole al niño y a la niña las condiciones para que experimente diversas vivencias positivas, tanto en el plano de la comunicación afectiva, como de la actividad cognoscitiva.

Así, en los primeros meses se observa un predominio de reacciones emocionales que primero se caracterizan por ser negativas y luego la tendencia es que sean cada vez más positivas, producto de la comunicación con el adulto y después como resultado de la realización de las acciones con objetos, que cada vez son más complejas y variadas al aumentar las posibilidades del niño y la niña.

Puede afirmarse que en esta línea directriz convergen las restantes, siendo la base para la formación de sentimientos, valores y cualidades de la personalidad que se forman en edades posteriores. También es el punto de partida para el desarrollo del lenguaje

El desarrollo del lenguaje es otra línea directriz de suma importancia en esta etapa, ya que tiene como base la comunicación con el adulto y la necesidad creciente del lactante de alcanzar niveles superiores en esta comunicación.

Ya en el complejo de animación, que aparece a partir del tercer mes, se pone de manifiesto la emisión de sonidos guturales en el niño y la niña.

En sentido general puede decirse que primero el bebe reacciona al tono de voz del adulto, después comienza a comprender su lenguaje y más tarde comienza a imitar el lenguaje del adulto, hasta que comienza a dominar el significado de las palabras.

Existe una estrecha relación entre esta línea directriz y la del desarrollo emocional, por la influencia que ejerce el lenguaje en la regulación de la conducta del pequeño, que es muy sensible a las características del tono de voz, si es bajo, suave, cariñoso, o por el contrario, alto, áspero, censurador.

De igual forma resulta significativo en este período el desarrollo de los movimientos que tiene lugar en el lactante. Este desarrollo se produce en dirección céfalo-caudal y próximo distal (ojos, boca, cuello, extremidades superiores, extremidades inferiores). En los índices del desarrollo

neuropsiquico podemos observar que primero se desarrollan los movimientos de la cabeza, luego los de las manos y los brazos y finalmente los de las extremidades inferiores. Así, primero aprende a erguir la cabeza, a estirarse para alcanzar los objetos, agarrarlos y manipularlos; después a arrastrarse, a gatear, a sentarse y finalmente se para y comienza a dar los primeros pasos, logros que le permiten una enorme autonomía, en comparación con los momentos iniciales de su vida y que tienen una repercusión trascendental para su posterior desarrollo psíquico y físico

Pudiéramos decir que en este proceso de humanización que tiene lugar desde el momento del nacimiento, el desarrollo de los movimientos de las manos adquiere un papel relevante tanto en el conocimiento del mundo que lo rodea, como en el conocimiento de sí mismo.

El desarrollo de la acción prensil comienza en el tercero o cuarto mes de vida. Esto le permite no solo tocar los diferentes objetos, sino también sus manos y el resto de su cuerpo. Sólo a finales del segundo semestre se produce el perfeccionamiento de estas acciones, con la posibilidad de oponer el dedo pulgar y por lo tanto de sujetar los objetos con los dedos.

Son precisamente estos logros, unidos al desarrollo de la percepción visual, los que crean las condiciones para que el niño y la niña realicen diferentes acciones con los objetos, otra de las líneas directrices del desarrollo en esta etapa. Así, podemos observar que tan pronto el niño y la niña se hallan en condiciones de sujetar un objeto con las manos comienza a manipularlo. Rápidamente esta manipulación se hace más compleja, el niño y la niña comienzan a darse cuenta que con cada acción obtienen un resultado y comienzan a reproducir la acción para volver a obtenerlo. Realiza así diferentes acciones: colocar un objeto al lado o encima de otro, superponerlos, meter y sacar uno dentro del otro, alcanzar un objeto, utilizando otro como medio, en fin, comienza así a realizar diferentes acciones que tienen un valor incalculable para su desarrollo intelectual, sobre todo para el desarrollo del pensamiento y de la percepción: acciones de correlación, acciones con instrumentos.

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3

EL DESARROLLO INFANTIL EN EL PRIMER AÑO DE VIDA

El nacimiento significa un cambio brusco para el niño o niña que acaba de abandonar el claustro materno, y en cual todas sus necesidades de alimentación, protección y abrigo estaban directa e inmediatamente satisfechas. Ahora es un ser independiente que tiene que empezar a actuar por sí mismo, pero que está tan desvalido que requiere de un adulto para sobrevivir, y sin el cual moriría sin remedio.

Pero, no obstante su indefensión, es un ser que ve, oye, distingue algunos olores y sabores, y siente los cambios del medio: frío, calor, ruidos, luces, movimientos.

Gana día a día nuevas adquisiciones, de forma tan rápida que no parece el mismo niño o niña de ayer.

Es el primer año el período en el cual los cambios en el crecimiento y desarrollo son los mas acelerados de toda la vida, tanto, que es prácticamente imposible hacer una caracterización global de todo el año, y es por ello, que se hace indispensable hacerlo en períodos más cortos que permitan conocer que le está sucediendo en cada momento. Es por eso que preferimos dividir en trimestres su estudio.

El niño y la niña en los tres primeros meses

Al nacer este niño o niña ha alcanzado ya un cierto nivel de desarrollo, pues dentro del vientre materno, percibía luces, sonidos, movimientos, e incluso hasta se chupaba el pulgar. Ahora se enfrenta a un mundo lleno de estímulos que propician su progresivo desarrollo.

En este trimestre hay un desarrollo impetuoso de los analizadores visuales y auditivos, que hace que se fije en las luces, objetos, ruidos y personas que les hablan, y a los cuales incluso sigue con la vista cuando estos se desplazan.

Tiene reacciones emocionales muy marcadas, y usa el llanto como forma de reclamo o de expresar una sensación negativa, por lo que siempre se ha de acudir a atenderlo cuando llore. A su vez muestra reacciones positivas ante las personas que lo atienden, y ya al mes sonríe cuando lo estimulan.

Los movimientos son cada vez mas organizados, y poco a poco, estando boca abajo levanta en ocasiones la cabeza, luego la cabeza y el cuello, y ya hacia el tercer mes, puede apoyarse en los antebrazos.

Si se le ponen objetos a la altura de su pecho cuando está acostado hacia arriba hace intentos de tomarlos, pero aún no consigue agarrarlos por sí solo.

Hacia finales de este mes surge una reacción muy característica y de tremenda importancia para el desarrollo, que es el complejo de animación. Esta es una reacción motora generalizada, y en la que el niño o niña también emite sonidos, cuando el adulto lo sitúa boca arriba y cerca de su rostro le habla y le sonríe.

Estos gorgoritos que hacen cuando se le estimula es lo que se ha llamado el gorjeo, y es el primer paso para aprender a hablar.

El niño y la niña de tres a seis meses

Los cambios que se dan en este trimestre son espectaculares, de un día a otro aparecen nuevas adquisiciones.

Sus movimientos son más activos, ya puede apoyarse en sus manos estando boca abajo, y hace movimientos de reptación, que son los preparatorios para el gateo en el próximo trimestre. Incluso, ayudado por el adulto puede girarse y mantenerse sentado por unos momentos.

Toma objetos que se le ponen a su alcance, los palpa, los toca, se los mete en la boca, sencillamente para conocer como son.

Hay un perfeccionamiento y diferenciación visual y auditiva, que les permite distinguir objetos aunque estén un poco distantes, seguir con la vista a las personas que se mueven a su alrededor, buscar la fuente de un sonido que esté cercano.

Ya balbucea, es decir, combina sonidos que repite con frecuencia. Si le estimula a hablar trata de repetir el sonido que se le hace, pero aún no logra decirlo igual y lo hace con cualquier otro sonido.

Reconoce ya a las personas que le rodea, y particularmente a la madre. Sin embargo, ya cercano a los seis meses, si ve a una persona desconocida que se le acerca, puede echarse a llorar, a esto se le llama reacción ante el extraño, que es un momento normal en el desarrollo.

El niño y la niña de seis a nueve meses

Los movimientos alcanzan un buen nivel de desarrollo y ya se traslada de un lado a otro mediante él gateo, y ya hacia el final del trimestre puede sentarse por sí mismo y dar algunos pasitos apoyándose de los objetos o tomado de la mano del adulto. Acostado boca abajo se gira boca arriba y a la inversa.

Ya es capaz de manipular objetos de formas y tamaños, los mete y los saca de un recipiente, los golpea entre sí, los lanza una y otra vez, incluso es capaz de buscar aquellos que se le esconden ante su vista. Entiende algunas acciones

que el adulto le pide, como dar la mano, y puede jugar con este a repetir acciones motoras. Esto es posible porque ya comprende muchas cosas que le dice el adulto.

Si le haces un sonido, lo repite mas o menos igual, y se pasa mucho tiempo “silabeando”, es decir, diciendo repetidamente combinaciones de vocales y consonantes. Ya entiende muchas cosas que se le dicen, por ejemplo “Busca la pelota”, la cual agarra y entrega al adulto.

Si lo llamas por su nombre, atiende o busca de donde lo llamaron, y ya reconoce por su nombre a las personas con las que está en contacto estrecho, y también de algunos objetos.

Puede beber de un recipiente que le sostenga el adulto con su mano, y comer por sí solo una galletita o un pedazo de pan.

El niño y la niña de nueve a doce meses

Empieza a dar pasitos aislados, y ya hacia el final del trimestre puede decidirse a caminar, tratando de mantener el equilibrio con los brazos extendidos. Puede bajar o subir tres o cuatro escalones de una escalera, sujetándose del pasamanos.

Los movimientos de la mano se han perfeccionado, y ya puede coger objetos diminutos, gracias a que usa sus dedos como una pinza, inclusive es capaz de meter una pastilla en un frasco, sacarla de nuevo y cerrar la tapa del frasco.

Puede cumplir órdenes simples, sobre todo si estas se acompañan de gestos, tales como “Dame la pelota”, “Ven acá” o “Dime adiós”, pero siempre de una en una. Imita al adulto, repitiendo los gestos que este hace.

Ya expresa fácilmente reacciones de alegría y disgusto, y reconocer estas acciones en las personas que le atienden, “ya se da cuenta” de si están contentos o enfadados con él, y reacciona consecuentemente.

Repite bien los sonidos que se le hacen, y ya al final del período puede ser capaz de decir algunas palabras. Repite los sonidos de animales o de objetos como el reloj o el globo cuando se le pide.

Es capaz de beber por sí solo de un recipiente que tenga asa.

De esta manera al terminar el primer año de vida se han alcanzado tres logros fundamentales del desarrollo que constituyen sus determinantes en este período: la marcha independiente, la realización de las primeras acciones con los objetos, y la emisión de las primeras palabras, que en su conjunto significan los hitos más importantes del desarrollo, y sobre los cuales se han de basar en los siguientes años de vida los fundamentos de su personalidad.

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EL NIÑO Y LA NIÑA DE 1 A 2 AÑOS

El cuidado y la educación de los niños y niñas de este año de vida son quizás los mas difíciles de llevar a cabo en toda la etapa de la edad infantil, por las particularidades tan significativas de su desarrollo. El simple hecho de que descubren que pueden caminar, lo que los hace andarines muy activos, su aún pobre desarrollo intelectual y las pocos posibilidades que tienen que el lenguaje sirva para dirigir su comportamiento, hace que la tarea de educarlos sea bien complicada, y exige mucha paciencia, comprensión y esfuerzo físico por parte de los padres u otros adultos encargados de su atención.

Una particularidad resaltante de este año de vida consiste en que de una aceleradísimo patrón de desarrollo que caracterizó el primer año, se pasa ahora a una fase de más lento ritmo, lo que hace que el niño y la niña necesiten ingerir menos alimentos, lo cual preocupa mucho a los padres, que ven que de pronto ya no quieren comer tanto como antes, y piensan que su hijo debe estar enfermo, porque come menos. Esto es algo normal y no debe ser motivo de preocupación alguna.

El hecho de que digamos que estos niños y niñas pasan a un ritmo de desarrollo más lento, no quiere decir que el mismo no sea rápido, lo que pasa es que comparado con el año anterior es decididamente menor. Una prueba de que este desarrollo sigue siendo veloz es que, si medimos la talla del niño o la niña el día que cumple los dos años, veremos que ese día ya tiene la mitad de toda la estatura que ha de tener cuando sea adulto. ¡Crece en dos años el 50% de todo el tamaño que ha de alcanzar! Increíble, ¿verdad?

Otra cuestión importante y que los padres suelen desconocer es que con mucha frecuencia, en particular en el primer semestre, el niño o la niña hablan menos que antes, o pierden palabras que antes sabían, lo cual añade más preocupaciones. Esto también es un fenómeno natural y que está dado porque su acelerado desarrollo motor parece interferir con el habla, y la lentifica, pues, es obvio que el poder caminar y moverse libremente es de mucha mas significación para el niño o la niña que poder decir palabras. Por eso no se debe pretender que repita las palabras que ya se conoce que sabían, sino esperar a que por sí solas vuelvan a ser dichas, simplemente eso.

Los padres también deben saber que hay marcadas diferencias entre el primero y el segundo semestre, en particular respecto al sueño. Así, mientras que de los 12 a los 18 meses estos niños y niñas requieren de dos períodos de sueño diurno, uno a media mañana y otro a media tarde, a partir del año y media ya solamente necesitan uno, sobre el mediodía. Esto es debido a que su sistema nervioso es mucho mas débil en los primeros seis meses que en el segundo semestre, y se necesita mas sueño al principio del año que después.

Aunque ya caminan, su marcha es aún insegura, por lo que se caen con frecuencia y hay que tratar de evitar que existan obstáculos peligrosos (escalones, desniveles del piso, oquedades, etc), que pueden ser motivo de accidentes. No obstante, hacia el final de este año ya han ganado mucho en seguridad, y pueden subir y bajar solos algunos escalones o correr , aunque todavía disperso.

Por lo general, si la educación ha sido buena, estos niños y niñas mantienen un estado de ánimo alegre y activo, y se relacionan bien con los adultos, a los que buscan con frecuencia. No obstante, hacia el segundo semestre comienzan a ser un poco obstinados y querer hacer las cosas por sí mismos, lo cual expresan diciendo “yo solito” o empeñándose en no obedecer. Con los otros niños y niñas la situación es mas difícil, se arrebatan las cosas, se agreden, etc, generalmente por los juguetes o por la atención de un adulto en particular. Esto también es parte natural del desarrollo y hay que saber como manejar estas situaciones para evitar que se compliquen.

Durante este año adquieren muchas habilidades simples, y así logran utilizar una cuchara para comer y beber de una vasija con asa sin derramar.

A estos niños y niñas les encanta arrastrar cosas ( un muñeco con ruedas, un camión, etc) y lanzar, en especial una pelota, lo cual hacen con una mano al frente.

Son muy curiosos, y quieren conocer todo lo que les rodea y está a su alcance, por lo que rompen los objetos para ver como son, o meten los dedos en los tomacorrientes, o se encaraman para coger algo de una repisa, lo cual obliga a una vigilancia adecuada de sus acciones. Y como aún son muy pequeñitos para conocer el peligro, requieren de una atención mayor que antes.

Generalmente dicen algunas palabras, que siempre implican una frase. Por ejemplo, si dicen “leche”, esto puede significar “quiero leche” o “no me gusta la leche” o ¿Dónde está la leche? A esto se le llama “palabra-frase”. Sin embargo, ya hacia finales de este segundo año unen dos palabras, como “Quiero agua” y pueden responder a sencillas preguntas que se les hagan.

Ya en este momento del desarrollo el lenguaje empieza a poder controlar su conducta, y obedecen ante un leve regaño o dejan de hacer algo si el adulto los requiere. Ya es capaz de obedecer órdenes, y puede cumplir hasta tres que se les digan de una vez como “Ve al cuarto, recoge los zapatos y tráemelos”, algo que en el primer semestre era imposible, cuando solamente podía cumplir una a la vez.

Son niñas y niñas que se fijan en muchas cosas, que luego trasladan a su actividad. Por eso les ves que de pronto cogen un palo y hace que barren, o se sirven en un platito y lo ofrecen a una persona, o simulan que están leyendo un periódico, acciones simples que aún no puede coordinar juntas, sino una a una.

Por eso hay que jugar mucho con ellos para que aprendan muchas de estas cosas.

Finalmente, y en unos niños más que en otros, en el tránsito hacia el siguiente año se va a dar una “explosión” del lenguaje, y este niño o niña que apenas hablaba empieza de pronto a decir miles de cosas, aun incompletas pero destacadas. Esto es a lo que los psicólogos llaman el inicio del “período sensitivo del lenguaje” y significa un extraordinario paso de avance en su desarrollo general.

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EL NIÑO Y LA NIÑA DE 2 A 3 AÑOS

Cuando el niño y la niña alcanzan los dos años de edad han transcurrido un intenso camino de formación de sus destrezas iniciales que, sin embargo, los hacen aún en extremo dependientes del apoyo del adulto, y es precisamente en este tercer año de vida cuando se operan cambios muy significativos que les permiten actuar por sí mismos y comunicarse con los demás de una manera muy notable.

El deseo de independencia, y que se manifestaba en el “yo solito” del año anterior se va a manifestar de forma mucho mas abierta, y ahora trata de hacer las cosas por sí mismo, y se molesta cuando se lo impiden, volviéndose impaciente y voluntarioso. Pero como aún no tiene las posibilidades intelectuales de realizar todas las cosas que quiere, necesita de la ayuda paciente y el control del adulto, para guiarle convenientemente.

Esto hace que ya sea capaz de valerse por sí mismo en algunas cosas, y así puede quitarse algunas prendas de vestir (como sus shorts o sus zapatos), lavarse las manos, comer solo utilizando la cuchara y sin derramar los alimentos, entre otros logros.

Es en este año donde la explosión del lenguaje es mas manifiesta, y de aquel niño o niña que a los dos años apenas unía dos o tres palabras en sus frases, hacia los tres ha asimilado una notable cantidad de palabras y de formas de hablar que le permiten hacer y responder preguntas y sostener una conversación sobre las cosas que suceden a su alrededor, a esto es lo que se le llama conversación situacional, porque aún le cuesta trabajo hablar de lo que no está en su entorno directo.

Esta ampliación tan notable del lenguaje hace que se interese por los relatos y cuentos simples que se les hagan, y decir algunas frases de una canción que les guste. Cuando alguien les canta, puede acompañar el canto con alguna frase musical, moverse de acuerdo con el ritmo que escucha, y seguir con palmadas lo que se le pide.

Ya es bastante hábil en sus movimientos, puede saltar en dos pies, caminar por encima de bancos, lanzar mas o menos bien, y se enorgullece mucho de sus hazañas motoras, como puede ser derribar objetos lanzándoles una pelota. Esto hace que sean bastante arriesgados, y hay que tener cuidado para que no sufran caídas o se den golpes innecesariamente.

Si antes jugaba solo, ahora empieza a jugar con otros niños y niñas, imitando a los adultos en sus juegos, aunque todavía sin que haga un argumento muy complejo, con acciones simples pero que ya tienen un sentido. Los conflictos

son frecuentes, porque aún no tiene un buen control de sus impulsos y siempre quieren hacer el papel principal.

No obstante, le gusta estar con otros niños y niñas en actividades diversas, y los busca para jugar y hablar. Las relaciones con los adultos son aún muy buenas, aunque hacia los tres años algunos niños y niñas se adelantan y empiezan a mostrar indicios de la famosa crisis del desarrollo de los tres años, de la cual hablaremos cuando describamos a los niños y niñas de tres a cuatro años.

En su desarrollo intelectual hay grandes logros, se desarrollan mucho los intereses por saber y conocer, y puede comparar los objetos por su color, por su forma, y por su tamaño, aunque aún tenga dificultades para nombrar estas cualidades sin que se equivoquen algunas veces.

En su pensamiento aparece una condición muy importante, y es que pueden atribuir un significado diferente a cualquier objeto, como puede ser que digan que un palo es un caballo, o que una silla es un avión. Esta capacidad de sustituir es muy importante para el desarrollo de su inteligencia.

Por lo general, y si la educación ha sido satisfactoria, son niños y niñas que se mantienen establemente alegres y activos, y que se relacionan bien con los demás, suelen demostrar mucho afecto hacia los animales, con los que se encariñan fácilmente.

Dibujan aún con limitaciones en sus trazos, pero ya pueden darle significado a sus garabatos, cuando se les pregunta que han pintado dicen “¿No ves que he hecho una mariposa?, como si todos tuvieran que saber lo que han hecho. Lo mismo pasa con las figuras que modelan con plastilina o barro, a las que siempre les encuentran parecido luego que la hacen.

A esta altura del desarrollo, ya el lenguaje comienza a servir para controlar su conducta, y si se le elogia se alegra, y cuando se le regaña se avergüenza. Esto permite organizar mejor su comportamiento y facilita la formación elemental de hábitos de orden y disciplina.

En la formación de hábitos higiénicos hay un importante avance, y es que es capaz de comunicar que tiene necesidad de hacer una necesidad fisiológica, lo cual permite orientarles que vayan al baño antes de que ocurra un “accidente”. No obstante, a veces cuando se entusiasman con el juego, se olvidan, y sobreviene el incidente, pero esto es solo de manera ocasional y no hay que regañarlos porque suceda esto.

Generalmente son niñas y niños traviesos, pero sus sencillas travesuras no son por maldad, sino por hacer algo distinto a lo que usualmente hacen, esto también es manifestación de una inteligencia que se está desarrollando, y que en este momento está abocada a un cambio trascendental, que será mucho mas manifiesto en el año de vida siguiente.

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EL NIÑO Y LA NIÑA DE 3 A 4 AÑOS

Este año es uno de los de mayor significación en el desarrollo del niño y la niña en esta etapa inicial de la vida, ya que en el mismo se suceden importantes cambios que se suceden de manera vertiginosa, y que hacen que el tránsito por este período resulte de una singular dificultad para los padres en la educación de sus hijos.

El hecho más característico radica en que el comportamiento de los niños y niñas, que hasta ese momento era bastante tranquilo y manejable, se vuelve de pronto muy difícil de controlar, con frecuentes demostraciones de oposición, terquedad y rechazo a obedecer o hacer las cosas como se les imponen. En algunos niños y niñas incluso esto ya ha comenzado en los finales del año de vida anterior, pero aún así, es en este donde este comportamiento se hace más resaltante y significativo. Y los padres se preguntan, “¿Qué está pasando con mi hijo, que se ha vuelto tan complicado en su conducta? Simplemente que se ha llegado a la crisis de los tres años.

La crisis es un fenómeno natural del desarrollo que se sucede en varios períodos de la vida de los niños y niñas, al año, a los tres, entre los seis y siete años, a los once-doce cuando comienza la adolescencia, entre otros. Es un proceso de grandes cambios que se dan en un corto período de tiempo, y que los transforman radicalmente. Es un paso inevitable en el desarrollo y que se da porque entran en contradicción las posibilidades cada vez mayores del niño y la niña de actuar por sí mismos y hacer mas cosas, y la manera en que los padres los han estado educando hasta el momento, dilema que ha de ser resuelto o la crisis, que es un paso normal del desarrollo, se puede volver crítica y resultar en perjuicio para el sano transcurso de la personalidad en formación de estos niños y niñas.

La crisis se caracteriza fundamentalmente porque los niños y niñas se vuelven rebeldes y caprichosos, se niegan a obedecer, quieren hacer todo por sí mismos, no se muestran voluntariosos a hacer las cosas como antes. En el plano emocional se observan irritables, majaderos, en ocasiones agresivos. Sin embargo, se destaca que este comportamiento se da solamente con los adultos, pues con los otros niños y niñas las relaciones se mantienen buenas y cordiales.

Si la crisis no es resuelta puede dejar como secuela rasgos muy negativos en la personalidad del niños y la niña, como la terquedad, el rechazo a obedecer reglas y patrones de conducta, obstinación y oposicionismo, entre otros comportamientos significativos.

¿Qué hacer, se preguntan los padres ante este hecho? La respuesta es bien larga y compleja y requiere un análisis detallado de la dinámica familiar para una respuesta bien pensada, y que excede el espacio de esta caracterización.

Pero en términos muy generales, transformar el sistema de demandas impuesto al niño y la niña hasta ese momento, contrastar con sus posibilidades crecientes, y modificar e instaurar nuevos patrones de organización y control de su conducta y socialización.

La crisis es muy importante, porque indica que en el niño y la niña se están sucediendo importantes transformaciones en su desarrollo, y no se presenta igual en todos ellos, en algunos pasa casi inadvertida, en la mayoría es muy ostensible, mas siempre se da como hecho natural y singular del desarrollo.

Uno de los cambios más importantes se sucede en el pensamiento de estos niños y niñas. Así, de una forma de actuar con los objetos basada fundamentalmente en su propia acción con los mismos, ahora ya pueden “pensar” lo que van a hacer, planificar y premeditar con anterioridad. Esto, unido a un intenso afán por conocer las cosas, les motiva a hacer numerosas preguntas sobre todo lo que les rodea, preguntas que a veces se vuelven interminables y que llegan en ocasiones a exasperar a los padres. Esta etapa de los “¿Por qué? es esencial para el surgimiento de los intereses cognoscitivos y el afán de aprender que luego les será tan útil en su aprendizaje en la escuela.

Ya son capaces de diferenciar varios colores, formas y tamaños, aunque todavía se equivocan con frecuencia. A su vez reconocen y diferencian diversos elementos naturales (agua, aire, cambios de tiempo) y las particularidades distintivas de animales y plantas, lo que les permite agrupar, clasificar, comparar, seriar de manera elemental y establecer diversas relaciones cuantitativas como mucho, poco o ninguno.

Un hecho de singular importancia aparece y que resulta muy llamativo a los padres, es el de que los niños y niñas pueden sustituir cualquier objeto por su representación, y que se manifiesta en el dibujo, en sus juegos, en sus acciones, esto hace que incluso puedan hacer construcciones sencillas con bloques a partir de modelos objetales o gráficos, asumir diversos roles en el juego, modelar y darle una significación a lo que hacen.

El lenguaje tiene un espectacular avance en este año de vida, y ya usan todas las estructuras gramaticales de la lengua, aunque todavía mediante la utilización de oraciones cortas y con mucho apoyo de gestos que les ayudan a expresarse y mantener conversaciones en las que ya relatan algunos hechos fuera de su contexto inmediato y cosas que les han sucedido en un pasado cercano, si bien es cierto que aunque dominan las relaciones de lugar, todavía se confunden con frecuencia en las de tiempo, por lo que no es raro que digan, por ejemplo “Mañana yo fui” cuando cuentan algo.

Ya pueden repetir cuentos y canciones conocidas, así como poesías que no sean muy extensas.

Por otra parte ya el lenguaje ha alcanzado un buen nivel en su función reguladora, por lo que el mismo puede ser utilizado mas eficazmente para controlar su conducta y organizar una disciplina más consecuente, sobre todo partiendo del hecho de que sienten alegría ante el elogio del adulto y vergüenza ante su desaprobación, lo que era menos observable en el año anterior.

Emocionalmente, salvo el choque frecuente con los adultos por el problema de la crisis, logran mantener un estado de ánimo estable alegre y activo, y se sobreponen con facilidad a los eventos negativos que se presentan.

Ya son bastante hábiles para valerse por sí mismos, y pueden vestirse y desvestirse mas o menos bien, ponerse calcetines y zapatos, entre otras cosas, al igual que ya son capaces de mostrar buenos modales en la mesa, al comer, usar la cuchara y la cucharilla, la servilleta, etc.

También pueden mantenerse “secos” y “limpios” e ir al baño por sí mismos cuando sienten la necesidad, aunque en ocasiones ocurren “accidentes”, sobre todo cuando se entusiasman mucho con el juego o viendo la televisión, en que no les da tiempo para llegar, por lo que no hay que formarle aspavientos ni regañarlos innecesariamente.

En el plano motor tienen ya un buen dominio de los movimientos gruesos, como correr, lanzar, reptar y trepar, y son capaces de bailar y seguir diversos pasos que se les indican con distintos estímulos musicales, así como seguir su ritmo.

Relacionada con esta posibilidad motriz y con la de sustituir unas cosas por otras, asumen el rol de diversos personajes en el juego (de médico, de chofer, de maestro, entre otros) y relacionarse con otros niños y niñas a partir del rol que asumen en tales juegos. Esto es un gran paso de avance en su desarrollo psíquico, y una vía importante de conocer el mundo social que le rodea, de ahí que los padres deben propiciar amplias oportunidades de juego a sus hijos.

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EL NIÑO Y LA NIÑA DE 4 A 5 AÑOS

La etapa de los cuatro a los cinco años constituye una fase de consolidación y perfeccionamiento de los logros del desarrollo ya adquiridos en los años previos, aunque no por ello exenta del surgimiento de algunos hechos de singular importancia para la formación de la personalidad en los niños y niñas de esta edad.

Quizás el hecho de mayor relevancia se sucede en el proceso del pensamiento, en el que las investigaciones comprueban la existencia de notables cambios cualitativos. En este momento el niño y la niña son capaces de usar diversas relaciones de carácter abstracto y construir generalizaciones que les van incluso a permitir usar un plano para realizar una acción o buscar un objeto, algo que realmente es tremendamente complejo y que significa algo muy extraordinario.

Esto también le permite establecer relaciones de causa-efecto que aunque elementales indican ya un nivel de análisis y reflexión que no era notable en el año anterior.

El que este mayor desarrollo del pensamiento esté presente hace que estos niños y niñas se interesen mucho por conocer los hechos de su entorno, tanto sociales como naturales, por los padres han de propiciarles amplias posibilidades de visitar lugares, exposiciones, museos, lugares de trabajo, entre otros, que van a satisfacer esta ansia de saber y poder relacionar lo que ve con su experiencia conocida.

Como muestra de lo anterior, dominan variadas relaciones cuantitativas, reconocen y utilizan variaciones de los colores, formas y tamaños, utilizan modelos gráficos y objetales en sus construcciones así como esquemas diversos, en fin, una gama de posibilidades cognoscitivas que son expresión de este salto cualitativo de su pensamiento.

Esto incluso se manifiesta en la posibilidad de poder hacer acciones simples en una computadora, si se le enseña de manera apropiada como realizar estos procedimientos elementales.

En esta etapa aparece en el lenguaje algo que a algunos padres suele preocupar en extremo, porque piensan que su hijo puede tener problemas, y es el hecho de que en ocasiones hablan solos y sostienen una conversación consigo mismos. En realidad esta “habla para sí” es un paso normal del desarrollo e indica que el lenguaje se está convirtiendo en un proceso interno y, por lo tanto, no debe coartarse porque en realidad el lenguaje lo que está haciendo es dirigiendo su acción de pensamiento, que en un futuro será generalmente interna, pero que todavía se manifiesta con este habla exterior, que a veces es ininteligible (no se entiende lo que está diciendo) e incluso

inaudible (no se escucha pero se sabe que lo está haciendo porque sus labios se mueven).

Sin embargo, ya dominan todas las estructuras básicas de la lengua, por lo general no tienen dificultades en la articulación, y dialogan con expresión correcta, expresando de manera bastante coherente hechos y acontecimientos sociales, y relatando cuentos o situaciones vividas con bastante elocuencia, y sin errores en los tiempos presente y pasado, aunque respecto al uso del futuro todavía tienen sus dificultades. No obstante, ya pueden establecer conversaciones más complejas y en las que hablan de cosas que ya no están directamente en su actuar consecuentemente entorno o sucedidas en otros momentos algo lejanos.

No obstante en algunos niños y niñas aparece un comportamiento verbal que suele provocar grandes tribulaciones en los padres, y es que de pronto comienzan a “gaguear” cuando tratan de expresar su pensamiento. Esto es lo que se conoce como “tartamudez funcional”, que es transitoria si se maneja de forma correcta, pero que puede complicarse, y hasta fijarse, si los padres en su afán ansioso de erradicarla utilizan métodos inapropiados.

Sus movimientos son casi perfectos, pueden correr cambiando de dirección de manera rápida, dar saltos y brincos sin lastimarse, lanzar y capturar pelotas con facilidad.

Por lo general están alegres y activos, y se relacionan bien con los adultos, si estos han manejado apropiadamente la crisis del desarrollo sucedida en el transcurso del año anterior. También se relacionan bien con los otros niños y niñas, les gusta jugar mucho de conjunto, y se ponen de acuerdo entre sí para organizar sus juegos y enriquecerlos. Sin embargo, suelen ser muy críticos con aquellos compañeros de juego que no se ajustan a las normas y relaciones de los roles que asumen, por lo que no es infrecuente el surgimiento de conflictos pasajeros que han de aprender a resolver por sí solos.

En sus juegos muestran gran interés por interpretar los roles de la vida real, y pueden mantener un mismo argumento durante un tiempo prolongado, utilizando juguetes y sustitutos de los juguetes, porque les interesa mas el juego en sí que la representación de los objetos., tanto es así que en ocasiones realizan acciones sin tener siquiera un objeto en la mano, acciones imaginarias que dicen mucho del desarrollo de su pensamiento.

Por supuesto, si no tiene otros niños y niñas con quienes jugar, lo hacen solos y establecen diálogos extensos con sus amigos imaginarios con los que juega, lo cual es otra expresión del habla para sí y del desarrollo de su imaginación. Claro está que esto no es lo mejor, por lo que los padres han de propiciar amplias oportunidades de juego de sus hijos con otros niños y niñas.

Si los padres han sabido formar hábitos de manera consecuente, ya a esta edad estos niños y niñas han de valerse bastante bien por sí mismos, por lo

que pueden vestirse, acordonarse los zapatos, cepillarse los dientes, y hasta algunos bañarse con un repaso final por el adulto. En la mesa ya usan también el tenedor, y muestran buenos modales, tales como brindar los alimentos, no hablar con la boca llena, usar la servilleta. Les encanta participar de la mesa familiar, por lo que los padres les han de dar la oportunidad de compartir, que puede servir además para reforzar los buenos hábitos alimentarios e higiénico- culturales.

En esta edad se desarrollan sentimientos de solidaridad y ayuda mutua muy manifiestos, y a estos niños y niñas les agrada mucho cooperar con los adultos en sus tareas y con otros iguales.

Pueden cantar y repetir poesías bastante largas y complejas, y ya son capaces de seguir el ritmo y los movimientos danzarios con todas las partes de su cuerpo, esto hace incluso que puedan seguir el esquema rítmico de una canción simple acompañándolo con percusión corporal (dar palmadas, tocarse y sonar partes del cuerpo), incluso pueden acompañar sin equivocarse mucho una canción tocando un instrumento simple (una pandereta, un triángulo, unas claves, entre otros).

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EL NIÑO Y LA NIÑA DE 5 A 6 AÑOS

El sexto año de vida señala un momento importante en la formación y educación del niño y la niña, pues en la mayoría de los países por lo general señala una etapa preparatoria para el ingreso a la escuela, si bien todavía en el séptimo año y ya en el primer grado de la educación básica, estos niños y niñas aún pertenecen y son de la edad infantil.

Pero, a los fines prácticos, al final de este año han de haberse formado los hábitos y habilidades necesarios para una feliz continuidad en la escuela, y esto obliga a todos los que intervienen en la educación de estos niños y niñas, sobre todo a los padres, a prever que su preparación para el aprendizaje escolar sea efectiva y todo lo amplían que sea posible.

En este sentido, si durante los años anteriores padres y educadores han hecho lo conveniente en su formación y educación, ya al final del sexto año de vida y como consecuencia de todo el desarrollo alcanzado, el niño y la niña deben tener ya una apropiada preparación para la continuidad en la escuela, aunque en este año haya que trabajar en algunas cuestiones específicas que son indispensables que se hayan formado en el niño y la niña para garantizar esta preparación.

El pensamiento del niño y la niña en este año alcanza un notable desarrollo cualitativo, y en el que ya se destacan manifestaciones del pensamiento lógico-verbal que le permiten razonar en un plano más abstracto y hacer generalizaciones mas profundas. Esto se va a presentar en todas sus áreas de desarrollo, pero particularmente en el intelectual, y que les posibilitan realizar numerosas acciones en las que el análisis, la reflexión y la generalización les permiten poder modelar los sonidos de una palabra, dominar y aplicar todos los patrones sensoriales, orientarse espacialmente siguiendo un plano o esquema, planificar previamente y plasmar gráficamente las construcciones que realiza, hacer mediciones sencillas y contar, operar eficientemente con conjuntos, mostrar habilidades específicas relacionada con la escritura, la matemática o la lectura, en fin, un sinnúmero de acciones intelectuales que dicen mucho del grado cualitativo que ha alcanzado su inteligencia.

Esta sed de conocimientos se vuelve muy aguda, y reclaman con frecuencia a los padres que los llevan a diversos lugares, les relaten historias y cuentos, y se apasionen por los espectáculos televisivos que los atraen, al igual que les llama mucho la atención todo tipo de artefacto mecánico o electrónico, como los juegos computarizados, nintendos y otros por el estilo.

En el caso del lenguaje, se expresa de manera coherente, diciendo sus ideas y deseos, así como sus criterios de forma intencionalmente clara y siguiendo un orden lógico, lo que le permite mantener conversaciones largas

sobre muy diversos temas de acuerdo con su experiencia, y con dominio de todas las formas gramaticales y modos temporales. Les encanta conversar y ya en estas conversaciones pueden hablar de cosas bien distantes en el tiempo y el espacio, y sin grandes equivocaciones.

Este lenguaje es pronunciado con buena articulación, y salvo algún que otro niño o niña con dificultades en este aspecto, casi todos hablan de manera correcta y sin errores de dicción.

A los padres les suele llamar la atención que sus hijos en esta edad asimilan con gran facilidad las palabras y dicharachos populares, que a veces no son muy recomendables de conocer. Sin embargo, esto es un reflejo de algo muy importante que surge en este año de vida y que se le suele denominar el sentido de la lengua, que significa que el niño y la niña por vez primera se percatan de que el lenguaje es algo externo a ellos, que se puede aprender y analizar. Esto ha de constituir la base futura para el estudio y análisis de la lengua materna, y un fundamento principal para la lectura y escritura.

Este lenguaje parece haberse consolidado en el plano interno y, aunque en ocasiones habla para sí, ya por lo general esto no es tan manifiesto como en el año anterior.

De igual manera el lenguaje ha adquirido su carácter regulador, y ya controlan su conducta por demandas verbales, sabe lo que pueden o no pueden hacer, y ajustan su comportamiento en las diferentes situaciones de la vida cotidiana, y son capaces de evaluar su conducta y subordinar los deseos de hacer algo que les resulta entretenido por otras que demanden esfuerzo y perseverancia, como es el permanecer realizando las actividades pedagógicas sin abandonarlas para irse a Jugar, o en la casa hacer pequeñas encomiendas como tirar la basura o ir al mercado a comprar cosas que se les solicitan.

En este sentido, estas dos adquisiciones, la autoconciencia y la subordinación de motivos, constituyen, los dos principales logros del desarrollo que se alcanzan en la etapa preescolar en la sana y armónica formación de su personalidad.

Estos niños y niñas mantienen un estado de ánimo alegre y activo de manera constante, se relacionan bien con sus coetáneos, con quienes les interesa mucho conversar y compartir, y con los adultos, si bien en algunos, ya al final de este año, comienzan a manifestarse síntomas de la crisis del desarrollo que se sucede entre los seis y siete años.

En estas relaciones es bien evidente su interés por las actividades y contactos sociales, estableciendo buena comunicación con los demás miembros y parientes de la familia y con los vecinos, a los que trata de ayudar y cooperar, así como el participar en actividades que involucren a su centro infantil, su vecindad o su comunidad más mediata.

En el plano de su desarrollo motor ya han adquirido capacidades motrices generales que les permiten que sus movimientos sean coordinados, muestran una gran flexibilidad en sus músculos y pueden hacer prácticamente todas las acciones motores gruesas con calidad y agilidad: correr, lanzar y capturar, escalar y trepar, reptar y saltar obstáculos, entre otros, introduciendo variaciones por iniciativa propia.

Los movimientos finos de la mano adquieren mayor precisión, aunque todavía no puede hacer esfuerzos muy prolongados, si bien recorta, rasga, dibuja y escribe con soltura y facilidad, aunque por lo general, todavía no lee ni escribe en el sentido estricto de la palabra, si bien hay evidencias importantes de que ya podría hacerlo sin gran trabajo.

En sus juegos planifican y desarrollan sus acciones poniéndose de común acuerdo con todos los que van a jugar, y crean las más diversas situaciones de juego apoyándose en materiales de desecho, objetos disímiles y también algunos juguetes. En estos juegos se mantienen por largo tiempo, y ya los conflictos, de surgir, se resuelven mas fácilmente entre los participantes que en el año precedente.

Es significativo que ya empiezan a realizar juegos de reglas, que implican actuar de acuerdo con las normas y códigos del juego, que no pueden ser violados a voluntad. Esto es una demostración de relaciones de tipo lógico que se manifiestan incluso en estos juegos infantiles.

Estos niños y niñas muestran una autonomía notable, realizan muchas acciones por sí solos, como alimentarse, cepillarse y asearse, vestirse y desvestirse de acuerdo con sus gustos, bañarse, mostrar buenos modales a la mesa donde ya tienen cierta habilidad para poder manejar incluso el cuchillo, todo esto acciones que han de promoverse por los padres para consolidar sus rasgos de independencia y autonomía.

Pueden expresar de manera muy precisa las vivencias musicales con su cuerpo, suelen bailar bien y participar sin gran dificultad de formaciones coreográficas simples, a la vez que entonan canciones con buen ritmo y de gran complejidad, así como decir poesías y relatos bastante extensos.

Cuando dibujan, modelan o construyen son capaces de planificar lo que van a hacer y explicar el resultado obtenido, a la vez que pueden hacer valoraciones estéticas sencillas de los objetos, la naturaleza, los hechos sociales y las obras de arte no complejas.

Como norma, la mayoría de estos niños y niñas muestran persistencia por vencer las dificultades, cumplen las tareas que se les proponen y las llevan hasta el final, haciendo compromisos con sus padres y educadores en relación con lo que tienen que hacer. Es importante saber que ya son bastante capaces de adecuar su conducta siguiendo instrucciones verbales,

escuchar atentamente, actuar de acuerdo con un plan que se les dice, lo cual los prepara para las actividades docentes que han de tener en la escuela.

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LA INTERVENCIÓN EDUCATIVA

El adulto que vaya a intervenir educativamente en el desarrollo de los niños de Educación Infantil, tiene que ser capaz de dirigir el proceso educativo sobre la base del conocimiento pleno de sus niños, sus propias posibilidades y el dominio de los objetivos, poder organizar, estructurar y conducir el proceso de su educación, y en el cual el niño en su propia actividad, inmerso en un sistema de interrelaciones y comunicación con los demás se apropie de los conocimientos, construya sus habilidades, adquiera las normas deseables de comportamiento, y siente las bases de aquellas cualidades personales y valores sociales que lo caracterizarán como hombre del futuro.

El educador juega un rol en la orientación del proceso de asimilación por el niño de las relaciones del mundo que le rodea y no puede concebirse este proceso sin la participación del educador, que es quien organiza las condiciones y el sistema de influencias educativas. Por supuesto, la posición que el mismo ocupe va a estar en estrecha dependencia con la concepción teórica del programa, y podrá ser más o menos directiva, orientadora o facilitadora, pero siempre formando parte del proceso de enseñanza-educación del menor y nunca estableciendo que la educación espontánea, o el niño por sí solo, sea capaz de alcanzar todos los logros del desarrollo esperables.

Por supuesto, para que el educador cumpla cabalmente estas funciones, debe dominar los fundamentos psicológicos y pedagógicos indispensables, y además constituir un modelo que sirva en cada momento como el mejor ejemplo de lo que en el niño se quiere lograr, teniendo en cuenta el nivel de identificación emocional que el niño establece con ellos, y sus características de aprendizaje en esta decisiva etapa de su desarrollo.

La educación cumple un papel mediador entre el niño y el conocimiento cultural organizado. Al educador le corresponde asegurar que se produzcan los aprendizajes necesarios para vivir en sociedad mediante una intervención activa, planificada e intencional. De no producirse dicha intervención, nada asegura que tengan lugar los aprendizajes necesarios para el desarrollo global del niño. De ahí que la acción del educador debe tener en cuenta:

El nivel de desarrollo de cada niño. La psicología científica ha puesto de manifiesto la existencia de una serie de períodos evolutivos con características cualitativamente diferentes entre sí, que condicionan en parte los posibles efectos de las experiencias educativas sobre el desarrollo de cada niño. La intervención del educador tiene entonces que partir de las posibilidades de razonamiento y de aprendizaje que las capacidades que caracterizan estos estadios brindan al niño.

Los conocimientos previos con los que el niño llega al centro infantil. El inicio se realiza siempre a partir de los conceptos, representaciones y conocimientos que ha construido el niño en el transcurso de sus experiencias previas. Estos conocimientos le sirven como punto de partida e instrumento de interpretación de la nueva información que le llega. Este principio nos lleva a tener siempre presente la evaluación continua de los niños en el centro.

Por lo tanto, el papel del educador en la educación de la primera infancia no consiste en transmitir contenidos al niño para que éste los aprenda como fruto de esa transmisión, sino en facilitar la realización de actividades y experiencias que, conectando al máximo con las necesidades, intereses y motivaciones de los niños, les ayuden a aprender y desarrollarse.

El educador debe asegurar que la propia actividad del niño sea una de las fuentes principales de sus aprendizajes y su desarrollo, teniendo un carácter realmente constructivo en la medida en que a través de la acción y la experimentación el niño se apropia de la realidad que le circunda. Esta actividad, como ya se ha repetido, es el juego. Jugando, el niño toma conciencia de lo real, se implica en la acción, elabora su razonamiento, su juicio.

De esta manera, el educador no se concreta solamente a interesarse por la marcha del proceso educativo, de las formas metodológicas a utilizar para implementar los contenidos, a la derivación y dosificación de los objetivos generales y específicos, a los tipos de recursos y medio materiales que ha de utilizar en la realización de las actividades pedagógicas, a los períodos y métodos de la evaluación de los programas, sino que se convierte en un hacedor del desarrollo, en un trabajador científico cuya meta fundamental es el máximo desarrollo de las potencialidades de los niños que tiene a su cargo, y para lo cual usa métodos y principios diferentes en su diaria labor.

Esto le obliga a una permanente actualización de su nivel técnico y estar al tanto de lo más novedoso que surja en la palestra educativa, para valorar en que medida puede aplicarse a su grupo de niños. En este sentido, el educador debe tener una mente abierta a la introducción de la informática educativa en las primeras edades, los métodos científicos de la apropiación de una lengua extranjera, la utilización de procedimientos lógicos que se ajusten al período del desarrollo, las técnicas modernas del aprendizaje de instrumentos musicales, entre tantos otros contenidos susceptibles de ser usados en su práctica educativa, bajo un análisis científico de sus posibilidades y sin guiarse por modas o criterios subjetivos. Con este espíritu de vanguardia asume lo mejor de la cultura educacional para instrumentar las vías que harán posible el máximo desarrollo de sus niños.

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CRECIMIENTO Y DESARROLLO

El crecimiento es el proceso que produce el aumento fisiológico del tamaño de los seres vivo, mientras el desarrollo es el proceso de diferenciación progresiva que cumple simultáneamente con el crecimiento.

El crecimiento es un proceso cuantitativo, y el desarrollo es un proceso cualitativo que se evidencia anatómicamente por modificaciones de las proporciones, y fisiológicamente por la adquisición y perfeccionamiento de las funciones.

Los factores de crecimiento y desarrollo están condicionados por diversos factores biológicos reguladores (endógenos o internos y exógenos o externos).

· Los factores endógenos son: los genéticos o hereditarios, metabólicos y neurohormonales.

· Los factores exógenos son la alimentación y los factores ambientales.

FACTORES INTERNOS

Los avances de los últimos decenios en la dimensión somática (medicina, biología, etc.) nos permiten fundamentar y justificar la labor educativa, ya que resaltan la importancia de la interacción de la dotación genética con el ambiente.

Gracias a la multiplicación celular y a la maduración de los componentes del organismo, el aumento de volumen y funcionalidad del cuerpo en los primeros años de vida es extraordinario. Un crecimiento tan espectacular no vuelve a repetirse en otro momento de la vida del ser humano, por ello es imprescindible realizar un control continuado que verifique la correcta evolución en esta etapa.

La HERENCIA GENÉTICA marca las directrices que condicionan la talla, el peso, la constitución y otros aspectos físicos como el color de pelo, ojos, etc. También puede marcar, entre otras cosas, la predisposición a enfermedades.

Los caracteres hereditarios pasan de padres a hijos a través de los genes que se encuentran en el núcleo de las células reproductoras. En este núcleo están unos órganos filiformes llamados cromosomas, cada uno de ellos está formado por miles de genes, se componen de ácido desoxirribonucleico (ADN) que es quién transfiere la herencia.

Cada célula reproductora tiene una dotación de 46 cromosomas y la mielosis (un tipo especial de división celular) provoca que el número de cromosomas se reduzca a la mitad, esto es, 23. Cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide se obtienen los 46 cromosomas, 23 de cada progenitor. En este momento la herencia biológica del nuevo ser queda determinada.

Para cada característica determinada hay un par de genes, uno de la madre y otro del padre. Pero existen genes dominantes (ejercen mayor influencia) y recesivos (menor influencia), por ello las características se manifiestan con la información marcada por los genes dominantes. Las combinaciones entre genes dominantes y recesivos pueden ser múltiples, así como los resultados.

Los hermanos no comparten exactamente la misma herencia, a excepción de los gemelos idénticos. Cada hijo hereda la mitad de cromosomas del padre y de la madre y esta mitad es una selección al azar, por lo cuál los resultados en las combinaciones serán diferentes. Según estadísticas, en teoría, una pareja podría engendrar 64 millones de hijos genéticamente diferentes.

A. El desarrollo neurológico

Podemos considerar el sistema nervioso y sobre todo el cerebro como eje del desarrollo humano. Regula todas las funciones del organismo e impulsa la evolución de la persona en todas las dimensiones.

Durante el embarazo se inicia la formación del cerebro y del resto del sistema nervioso. Esta formación culmina antes del sexto año de vida. Está suficientemente probado que la educación temprana favorece el desarrollo del cerebro y la maduración del sistema nervioso.

Dada la importancia de esta aseveración, a continuación aportamos algunos datos que nos ayudan a fundamentar las experiencias estimulantes que hemos de proporcionar a los niños. Siempre teniendo en cuenta que estos datos distan de ser un estudio detallado.

Sistema nervioso

Considerado en su conjunto, se divide en:

· Órganos centrales, que forman el sistema nervioso central.

· Órganos periféricos (en relación con los órganos centrales) que constituyen el sistema nervioso periférico.

El sistema nervioso central, además de la médula espinal, tiene el encéfalo en cuya parte anterior y superior se encuentra el cerebro. Está dividido en bulbo raquídeo, cerebelo, protuberancia, mesencéfalo, diencéfalo, telencéfalo y puente de varolio.

El sistema nervioso periférico se divide a su vez en sistema somático y sistema vegetativo o visceral.

El sistema somático está formado por los nervios craneales y espinales; unos son sensoriales (reciben los estímulos del mundo exterior y mantienen el cuerpo en contacto con él), y otros son motores (gobiernan las respuestas de nuestro organismo ante esos estímulos).

El sistema vegetativo (visceral o autónomo) controla el medio interno: gobierna la respiración, el ritmo cardiaco, los movimientos intestinales y todas las demás

actividades fisiológicas, incluso las respuestas físicas de las emociones, como el sudor de las manos que acompaña al miedo.

El cerebro

Ocupa la parte más voluminosa e importante del encéfalo. Sin el desarrollo que alcanza nuestro cerebro serían imposibles el lenguaje y el pensamiento abstracto, el razonamiento y el aprendizaje. Además, es el centro de la actividad intelectual, necesario para respirar, metabolizar alimentos e incluso par eliminar los desechos. Regula y coordina cada uno de los movimientos que realizamos, voluntarios e involuntarios, todas las impresiones sensoriales que recibimos, todas las emociones que sentimos. Sin el cerebro no podríamos apreciar un paisaje, una pintura, un poema o una melodía. Gracias a su desarrollo tomamos conciencia de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, de él depende nuestro desarrollo creativo, nuestra personalidad.

Intentando hacer una descripción escueta, el cerebro está compuesto de células nerviosas llamadas neuronas.

LAS NEURONAS se dividen en tres partes: cuerpo celular, dendritas y neuritas o axones, y con ayuda de diferentes componentes electroquímicos, efectúan el trabajo cerebral.

El número máximo de neuronas se preestablece antes del nacimiento. En el hombre, la cifra aproximada es de cien mil millones. Una vez que el niño nace no se crea una sola neurona, hay pequeñas disminuciones en las primeras décadas que aumentarán progresivamente en las décadas posteriores. Si una neurona se lesiona o muere no puede ser reemplazada.

La información tomada por los sentidos, se transmite a través de los nervios y es recogida en el cerebro por las dendritas del área correspondiente al sentido en cuestión. Las dendritas pasan el mensaje al cuerpo de la célula y éste decide que hacen con la información. Puede archivarla, compartirla con otras células y/o reaccionar ante ella. La respuesta la transmitirá el axón en dirección al bulbo terminal.

Sea cuál fuere la reacción, la información es archivada para poder utilizarla en el futuro.

Los mensajes que se envían o archivan son impulsos eléctricos que se convierten en señales químicas. Las neuronas son como cables que conducen estos impulsos y necesitan aislamiento para transmitir rápida y eficazmente los mensajes. Por eso se revisten de una capa protectora hecha de proteína llamada MIELINA.

Publicado: agosto 23, 2018 por Laura Gonzalez

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