Tema 12 – Socialización y aprendizaje.

LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN SOCIALIZADORA: LA TRANSMISIÓN EN ELLA DE PAUTAES SOCIALES Y VALORES. TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL EN LA TRANSMISIÓN EDUCATIVA.

ÍNDICE.

0.- INTRODUCCIÓN.

1. SOCIALIZACIÓN Y APRENDIZAJE.

1.1. SOBRE LA NATURALEZA SOCIAL DE LOS NIÑOS.

1.2. SOCIALIZACIÓN Y APRENDIZAJE A LO LARGO DE LA HISTORIA.

1.3. LA SOCIALIZACIÓN COMO APRENDIZAJE.

a) Interacción social y aprendizaje.

b) Diferentes concepciones del proceso de socialización.

1.4. EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN.

a) Aspectos fundamentales del proceso de socialización.

b) Los procesos de socialización.

1.5 LOS CONTEXTOS DE LA SOCIALIZACIÓN.

2. TRANSMISIÓN EN LA ESCUELA DE PAUTAS SOCIALES, VALORES, TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL .

2.1. DEL HOGAR A LA ESCUELA.

2.2. LA ESCUELA COMO UNIVERSO DE SOCIALIZACIÓN.

2.3. ESCUELA: INSTITUCIÓN SOCIAL Y SUBSISTEMA SOCIAL.

a) La escuela, un subsistema social.

b) La escuela, institución educativa formal.

2.4. FUNCIONES DE LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN SOCIALIZADORA

2.5. TRANSMISIÓN DE PAUTAS SOCIALES Y VALORES EN LA ESCUELA.

2.5.1. LOS VALORES

a) Concepto de valor.

b) Clasificación de los valores.

2.5.2. TRANSMISIÓN DE PAUTAS SOCIALES Y VALORES.

2.6. TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL EN LA TRANSMISIÓN EDUCATIVA.

2.6.1. TRADICIÓN Y CULTURA.

2.6.2. LA ESCUELA COMO TRANSMISORA DE CULTURA.

2.6.3. FUNCIONES DE LA ESCUELA COMO TRANSMISORA DE CULTURA.

3. BIBLIOGRAFÍA.

0.- INTRODUCCIÓN.

La mayor parte de los trabajos revisados empiezan por considerar la naturaleza social de los seres humanos, incidiendo en la necesidad de justificar la interacción social de las personas como un elemento necesario para que se produzca el desarrollo personal (Clemente Estevan, R.A.).

El proceso mediante el cual los niños aprenden a diferenciar lo aceptable (positivo) de lo inaceptable (negativo) en su comportamiento se llama socialización. Dicho proceso dura toda la vida y mediante él la persona interioriza, a través de la experiencia diaria y de los agentes socializadores, los elementos que conforman su medio ambiente y los valores, normas y actitudes que rigen en el mundo que le rodea, los integra en su personalidad, y se adapta a vivir en dicho entorno. También se denomina inculturación (meterse dentro de la cultura).

El niño, por el hecho de nacer, ya es miembro de un grupo social que le transmite la cultura acumulada a lo largo de todo el curso del desarrollo de la especie. El individuo se socializa a través de prácticas sociales regulares y prolongadas, rutinarias pero también imprevistas y creativas. En el transcurso del tema desarrollaremos la idea del hombre como ser social, los procesos de socialización y la relación de éstos con el aprendizaje.

Se espera que los niños aprendan, por ejemplo, que las agresiones físicas, el robo y el engaño son negativos, y que la cooperación, la honestidad y el compartir son positivos. Algunas teorías sugieren que la socialización sólo se aprende a través de la imitación (Bandura) o a través de un proceso de premios y castigos (Skinner). Sin embargo, las teorías más recientes destacan el papel de las variables cognitivas y perceptivas, del pensamiento y el conocimiento, y sostienen que la madurez social exige la comprensión explícita o implícita de las reglas del comportamiento social aplicadas en las diferentes situaciones tipo (Piaget, Vigotsky). En el presente texto se incluye de forma más detallada las teorías aquí citadas.

Los psicólogos sociales que estudian el fenómeno de la socialización están interesados en cómo los individuos aprenden las reglas que regulan su comportamiento para con los demás en la sociedad, los grupos de los que son miembros y los individuos con los que entran en contacto. Las cuestiones sobre cómo los niños aprenden el lenguaje, los roles sexuales y los principios éticos y, en general, el comportamiento adaptado, han sido objeto de intensas investigaciones.

Nos resulta fundamental hacer especial mención sobre los diferentes contextos de socialización por los que el niño pasa en su proceso de desarrollo. En todas las sociedades, la familia ha desempeñado siempre un papel primordial en la transferencia de las tradiciones culturales de una generación a otra. El grupo familia, en todas las culturas, primitivas y civilizadas, es y ha sido, ante todo el agente de socialización primaria por antonomasia (Lluís Flaquer, 2003). Además, la familia constituye la fuente de la maduración personal de los niños y equilibrio psicológico de los adultos en una sociedad como la actual en la que buena parte de las relaciones interpersonales están marcadas por la indiferencia, la impersonalidad y la competencia.

Después de la familia, la escuela es la instancia socializadora más cercana al niño, en la que debe permanecer durante muchos años en contacto con otros niños y otros adultos distintos a los que ha conocido hasta entonces. Las relaciones afectivas sociales e interactivas que se producen en el marco escolar son de una naturaleza bastante especial, puesto que la escuela es una institución reconocida oficialmente como educadora y formadora del niño, y su función es socializarlo, o sea, dotarlo de una serie de habilidades, actitudes e intereses para que su inserción en la sociedad sea exitosa.

Las relaciones sociales infantiles suponen interacción y coordinación de los intereses mutuos, en las que el niño adquiere pautas de comportamiento social a través de los juegos, especialmente dentro de lo que se conoce como su ‘grupo de pares’ (niños de la misma edad y aproximadamente el mismo estatus social, con los que comparte tiempo, espacio físico y actividades comunes). De esta manera pasan, desde los años previos a su escolarización hasta su adolescencia, por sistemas sociales progresivamente más sofisticados que influirán en sus valores y en su comportamiento futuro.

El término educación, por tanto, tiene una íntima relación con la socialización. Letelier Madariaga (1852-1919), filósofo y jurista, centra su análisis en el papel de la socialización difusa y entiende la educación como la obra hecha por y para la sociedad. Algunos autores, entre ellos Feuerstein, igualan los términos de educación y socialización. Desde nuestra óptica la educación es un proceso más restringido al que hay que añadir algunos elementos (no estrictamente educativos) que si resultan claramente socializadores

1. SOCIALIZACIÓN Y APRENDIZAJE.

1.1. SOBRE LA NATURALEZA SOCIAL DE LOS NIÑOS.

Desde que Aristóteles definió al hombre como un animal político, el hombre ha sido considerado por la mayoría de los autores y de las corrientes filosóficas y psicológicas como un ser social. El hombre necesita de la sociedad no sólo para desarrollarse como hombre y como ser racional, sino también para vivir.

La naturaleza social está siempre presente en las interacciones, no es necesario saber caminar o hablar, tanto niños como adultos desean y necesitan la interacción con otras personas, tengan la edad que tengan y dispongan o no de las habilidades interactivas específicas. Desde que el niño nace se encuentra en unas condiciones óptimas para iniciar el proceso de socialización o asimilación de los valores, normas y formas de actuar de la sociedad en la que va a vivir:

– Está indefenso.

– Su supervivencia depende de los demás.

– Posee gran capacidad de aprendizaje.

– Se siente atraído por los estímulos de origen social.

Como ya hemos señalado, la ausencia de ajustes instintivos en nuestras relaciones con el medio está exigiendo un periodo de aprendizaje

que nos capacite para ello. Por otro lado, el desvalimiento infantil, especialmente prolongado en la especie humana, explica también la importancia y la amplitud de ese proceso de aprendizaje social que, en realidad, se extiende a lo largo de todo el ciclo vital.

Por esta razón, el hombre es la única especie cuya supervivencia depende enteramente del aprendizaje que sus miembro realizan de la cultura del grupo (socialización). Los recién nacidos de la especie humana parecen estar especialmente preparados para la interacción con los otros, la vida humana, tal y como la entendemos hoy, sería imposible si los otros no existieran. Casos como la historia de Robinsón Crusoe, el personaje de la famosa novela de Daniel Defoe que sobrevive solo durante años en una isla antes de encontrar a “Viernes”, lo que vienen a mostrar es la necesidad que tenemos de los otros y la precariedad de la vida de un hombre solo. Robinsón además puede sobrevivir porque ha adquirido previamente todas las capacidades del adulto, e incluso ha conservado muchas de las producciones de la sociedad, a través de los restos salvados en el naufragio. En el caso del niño, el aislamiento tiene efectos más patéticos todavía. Cuando en ocasiones, por circunstancias de máxima adversidad, se ha producido la supervivencia de un niño sin los cuidados humanos, la evolución psicológica desarrollada sin contactos sociales, ha sido dudosamente considerada como humana; al menos, no tiene muchas de las características que psicológicamente consideramos como descriptivas de los seres humanos (Víctor de l´Aveyron puede ser un ejemplo de lo dicho).

Por tanto, esta socialización es un proceso interactivo, necesario al niño y al grupo social donde nace, a través del cual el niño satisface sus necesidades y asimila la cultura, a la vez que la sociedad se perpetúa y desarrolla. Supone para el niño cubrir todas sus necesidades físicas y biológicas. Al mismo tiempo adquiere los valores, normas, costumbres, etc., propios del grupo al que pertenece.

12. SOCIALIZACIÓN Y APRENDIZAJE A LO LARGO DE LA HISTORIA.

· En los pueblos de la Antigüedad, el aprendizaje se realiza de la forma más simple: el niño y el joven aprenden imitando a los mayores, adaptándose a las necesidades materiales y religiosas de la sociedad. Los tres elementos de su naciente economía, la caza y la pesca, la ganadería y la agricultura, se desarrollaban en atención a sus incipientes recursos instrumentales con que entablan sus limitaciones naturales en la lucha con los animales del entorno. Los ritos e ideas religiosas hacen que el joven se sienta orgulloso de pertenecer a una sociedad fortalecida con la magia y la presencia del tótem.

· En la Edad Media la sociedad aparece artificialmente dividida en compartimentos: las clases sociales. Éstas, constituidas por la nobleza, el clero y el pueblo, tienen distinta directriz en su formación:

La nobleza, la elite destinada a dirigir la sociedad, tiene como objetivo principal la formación del caballero que, a pesar de ser poseedor de la sangre azul, la más limpia, no estaba motivado por la posesión de la cultura y a menudo permanecía alejado de ella.

El clero es el poseedor del saber que, en su mayoría se encuentra refugiado en los monasterios, primer lugar de formación de esta clase, a la que acuden contados caballeros y damas de la alta nobleza, con el objetivo de conseguir una esmerada formación.

Dos hechos importantes nacen en la Edad Media en cuanto al aprendizaje. En el nivel superior, aparece las Universidades. En el nivel inferior nacen los gremios, donde se formaban de manera eminentemente práctica los artesanos. Los lugares de formación para éstos eran las escasas escuelas gremiales y los propios talleres.

· En la Edad Contemporánea surge un gran anhelo del pueblo por la cultura. La sociedad de clases de la Edad Media está en sus últimos momentos. La clase media, consciente de la utilidad de un pueblo instruido, y la clase baja, más o menos consciente, aspiran a la universalidad de la cultura y en este momento surge unos años de lucha contra el analfabetismo.

· En la Actualidad, la cantidad de conocimientos que se presentan al aprendizaje ha desbordado la capacidad de las instituciones escolares y se ha impuesto la selección de los conocimientos. El tiempo de permanencia de los alumnos en la escuela está aumentando continuamente. Es imprescindible que la institución escolar más que la transmisión de conocimientos, se preocupe de formar al alumno convenientemente para que éste adquiera los conocimientos necesarios para su cometido después de abandonar las instituciones escolares.

La aparición de los medios audiovisuales y la extensión práctica de los medios de comunicación a todo el planeta está constituyendo un nuevo fenómeno cuyas consecuencias no tardarán en verse.

Por eso el proceso de socialización de una persona hoy día tiene dos vertientes:

– Interiorización de normas y valores y adaptación de la conducta a la sociedad próxima donde vive.

– Aprendizaje y socialización de los valores culturales que comienzan a ser universales y similares en todos los pueblos de la humanidad.

1.3. LA SOCIALIZACIÓN COMO APRENDIZAJE.

a) Interacción social y aprendizaje.

El contacto del niño con la sociedad y con el medio que le rodea hace que desde pequeño vaya aprendiendo paulatinamente el modo de sentir y comportarse de la sociedad y al mismo tiempo, al irse comparando con los demás va tomando conciencia de sí mismo.

No hay duda, por tanto, que educación y sociedad son términos inseparables. Uno sin el otro no pueden existir. La sociedad educa a sus miembros para que acatando sus normas y valores, puedan convivir dentro de ella y al mismo tiempo ella pueda perpetuarse y desarrollarse. En consecuencia la sociedad necesita de la educación y el aprendizaje para que el niño y la persona en general aprenda a adaptarse a los valores y pautas de conducta del grupo social en que vive.

Al mismo tiempo la educación en general y el aprendizaje en particular necesita de la sociedad para poder desarrollarse. La persona necesita de la sociedad para poder educarse y poder ejercitar su aprendizaje. Sin la estructura, los medios y la interacción que proporciona y facilita la sociedad, difícilmente una persona puede desarrollar su aprendizaje y educación en todas sus potencialidades.

Uno de los grandes problemas subyacentes a las investigaciones se refiere a cual es el proceso mediante el que los niños y adolescentes van adquiriendo el conocimiento y la conducta social, y de qué factores depende. Muchos de los trabajos, sobre todo los más antiguos, parecen suponer implícitamente que esas ideas se las van transmitiendo los adultos, y los niños se limitan a irlas integrando progresivamente.

b) Diferentes concepciones del proceso de socialización:

Las técnicas en teoría del aprendizaje, entienden la socialización como la acción ejercida por el medio social sobre el individuo, que, pasivamente era modelado por el grupo. El modelado es el aprendizaje de secuencias de comportamiento de un determinado modelo. Dicha conducta se aprende como consecuencia de la existencia de refuerzos. El refuerzo es la pieza clave del aprendizaje social, y se define como aquella consecuencia de acción que hace aumentar la frecuencia de respuesta emitida por el sujeto que aprende.

Pavlov consideraba el aprendizaje como el desarrollo de unas respuestas por parte del organismo a unos estímulos externos. En esta perspectiva, la educación y la socialización consistiría ante todo en el aprendizaje de buenas respuestas, a los acontecimientos y a los objetos externos que actúan como estímulos, aprendizaje que se efectuaría sobre todo mediante la repetición y aplicación de sanciones de diversos signos.

Otras explicaciones de la adquisición de respuestas nuevas, aprendizaje, solían limitarse a describir la modificación de la conducta basándose en principios del aprendizaje operante o instrumental. Skinner (1953) nos ha proporcionado una detallada explicación del condicionamiento operante a través de aproximaciones sucesivas, por las que pueden adquirirse nuevas pauta de conducta. Este procedimiento implica el refuerza positivo de aquellos elementos de las respuestas relevantes que se parecen a la forma final de la conducta que se desea producir, mientras que se dejan sin recompensar las respuestas que se parecen poco o nada a esta conducta. Al elevar gradualmente la necesidad de refuerzo en el sentido de la forma final que ha de tomar la conducta, las respuestas relevantes pueden modelarse conforme a pautas que no existían previamente en el repertorio del organismo. Desde este punto de vista, las respuestas nuevas nunca emergen de forma repentina, sino que son siempre el resultado de un proceso más o menos prolongado de condicionamiento operante. Para Skinner, “el condicionamiento operante moldea la conducta como el escultor moldea un troza de arcilla”(B.F. Skinner, 1953).

Los procedimientos de condicionamiento operante pueden ser muy efectivos, sobretodo si el alumno dispone en su repertorio de los estímulos que provocan respuestas parecidas en algo a la conducta deseada. Pero es dudoso que pudieran adquirirse muchas de las respuestas que emiten casi todos los miembros de nuestra sociedad si el adiestramiento social procediese sólo por aproximaciones sucesivas. Según Bandura (1963), ello es particularmente cierto en la conducta que no tiene ningún estímulo seguro que la produzca, aparte de las señales que dan otros miembros de la especie que exhiben dicha conducta. Si un niño no tuviese la oportunidad de oír hablar, por ejemplo, o en el caso de una persona ciega y sorda, sin la oportunidad de coordinar las acciones de la boca y la laringe de un modelo de verbalización, quizá sería imposible enseñarles el tipo de respuestas verbales que constituyen un lenguaje. En tales casos la imitación es un aspecto esencial del aprendizaje. Incluso en el caso en el que se sabe que hay algún estímulo capaz de suscitar una aproximación a la conducta deseada, la provisión de modelos sociales puede acortar considerablemente el proceso de adquisición. Es decir, gran parte de la actividad humana, incluida la conducta compleja, se enseña rápida y fácilmente al exponer al sujeto a un modelo que ejecuta la conducta.

Existen bastantes pruebas de que puede haber aprendizaje por observación de la conducta de otros, incluso cuando el observador no reproduce las respuestas del modelo durante la adquisición, y por tanto, no recibe refuerzo (Bandura, 1962). Además, la producción y el mantenimiento de la conducta imitativa dependen mucho de las consecuencias de la respuesta para el modelo, por lo tanto por intermedio del refuerzo vicario, por el cual se modifica la conducta de un observador en virtud del refuerzo administrado al modelo.

La historia de aprendizaje social del individuo puede modificar su susceptibilidad a la influencia social que ejercen el refuerzo o los procedimientos de modelado. Así, la conducta social se produce con más facilidad y se refuerza con más vigor en los niños que han establecido fuertes hábitos de dependencia. Los que han tenido una historia de refuerzo negativo de la conducta independiente, son más propensos a copiar la conducta de los demás y a sufrir la influencia de los refuerzos sociales que dispensan.

Aunque se dan diferencias individuales en cuanto a la susceptibilidad a la influencia social, casi siempre es posible predecir cuáles serán los refuerzos efectivos para la mayoría de los miembros de determinado grupo, ya que los miembros de todo grupo comparten muchas experiencias sociales.

Otros trabajos adoptan una posición explícitamente constructivista, inspirada en las concepciones de Piaget. El propio Piaget llamó la atención sobre la importancia de los aspectos interactivos en la evolución de las estructuras mentales, aunque no cabe duda de que el foco central de sus trabajos fue estudiar cómo el niño individual construye una comprensión lógica de la naturaleza del mundo físico. La socialización ha sido vista como consecuencia de la actividad espontánea del niño, el cual tiene que ir construyendo tanto sus representaciones de la realidad como sus propios instrumentos de funcionamiento y su inteligencia. Para ello parte de un conocimiento que es común con otros seres vivos, y actuando sobre la realidad descubre las propiedades de ésta. El conocimiento es siempre el resultado de una interacción entre las capacidades del sujeto y las propiedades de la realidad, que el sujeto construye. El conocimiento no es una copia de la realidad sino una construcción. Cuando se produce un conflicto entre las previsiones del sujeto y la realidad, el sujeto tiene que reorganizar sus concepciones y su forma de actuar para adaptarse a la realidad.

Durante la primera infancia es cuando ocurre la socialización de la acción (Piaget, 1977). Es en esta etapa cuando aparece el lenguaje, el cual el resultado más evidente del mismo es el de permitir un intercambio y una comunicación permanente entre los individuos. Sin duda estas relaciones interindividuales están en germen durante la segunda mitad del primer año merced a la imitación.

El examen del lenguaje espontáneo entre niños, al igual que el comportamiento de los pequeños en los juegos colectivos, demuestra que las primeras conductas sociales permanecen aún a medio camino de la socialización: en vez de salir de su punto de vista propio para coordinarlo con el de los demás, el individuo permanece aún inconscientemente centrado sobre si mismo. El lenguaje surge, en un principio, como un medio de comunicación entre el niño y las personas de su entorno. Sólo más tarde, al convertirse en lenguaje interno, contribuye a organizar el pensamiento del niño, es decir, se convierte en una función mental interna. Es a partir de entonces cuando el niño es capaz, efectivamente, de cooperar, puesto que ya no confunde su propio punto de vista con el de los demás, sino que disocia estos últimos para coordinarlos. Y es la cooperación la que suministra las bases del desarrollo.

Las perspectivas teóricas que parecen más adecuadas son aquellas que entienden que el proceso mismo de aprendizaje es interacción. Es decir, la interacción constituye el núcleo de la actividad ya que el conocimiento que genera se construye conjuntamente porque se produce interactividad entre dos o más personas que participan en él. La actividad del alumno viene condicionada por la del profesor, ya que de éste depende la organización de la clase, y por tanto, el tipo de interacción.

Dentro del proceso de enseñanza- aprendizaje existe dos tipos de interacciones:

– Interacción alumno- alumnos.

– Interacción profesor alumno.

Estas interacciones son especialmente relevantes en la teoría de Vigotsky, refiriéndonos a la relación entre desarrollo y aprendizaje . El aprendizaje escolar introduce algo fundamentalmente nuevo en el desarrollo del pequeño: la zona de desarrollo próximo.

Un hecho del todo conocido y empíricamente establecido es que el aprendizaje debería equipararse, en cierto modo, al nivel evolutivo del niño. Sin embargo, según Vigotsky, no podemos limitarnos simplemente a determinar los niveles evolutivos. Tenemos que delimitar como mínimo dos niveles evolutivos:

· El primero, el “nivel evolutivo real”, es el nivel de desarrollo de las funciones mentales de un niño, establecido como resultado de ciertos ciclos evolutivos llevados a cabo.

· El segundo, es el “nivel de desarrollo potencial” determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración de otro compañero más capaz. La distancia entre el nivel real de desarrollo, determinada por la capacidad de responder independientemente a un problema, y el nivel de desarrollo potencial es la denominada zona de desarrollo próximo.

Vigotsky sostenía que el desarrollo individual y los procesos sociales están íntimamente ligados y se desarrollan conjuntamente. Toda función psicológica aparece dos veces, primero a nivel social, entre personas, y luego a nivel individual, en el interior del propio niño, por lo que todas las funciones se originan como relaciones entre seres humanos.

Para concluir este apartado sobre la relación entre interacción social y aprendizaje, es interesante recalcar que mientras la escuela de Ginebra, próxima a Piaget, afirma que la socialización favorece el desarrollo de la inteligencia, junto con la experiencia, la maduración y la equilibración; Vigotsky opina que la socialización origina la inteligencia, porque toda función superior aparece primero en el plano interpersonal y después pasa al plano intrapersonll mediante un proceso de Interiorización, en el que desempeña un papel primordial el leng

Como hemos visto, en los últimos años se han producido una serie de avances respecto a la comprensión de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se ha reconocido el papel central que en todo ello tienen los procesos de interacción social que se establecen tanto entre los alumnos, como entre éstos y el profesor.

“Los animales son incapaces de aprender en el sentido humano del término; el aprendizaje humano presupone una naturaleza social específica y un proceso, mediante el cual los niños acceden a la vida intelectual de aquellos que les rodean” (Vigotsky, 1979).

1.4. EL PROCESO DE SOCIALIZACIÓN.

a) Aspectos fundamentales del proceso de socialización.

El concepto de socialización integra varias perspectivas que, enfocadas aisladamente, no podrían captar la complejidad que significa crecer y desarrollarse en un conjunto de medios sociales distintos pero que se influyen mutuamente. Consideramos siempre que no existen datos estables para explicar estos medios sociales puesto que serían sólo un aspecto delimitado (una fotografía) de dinámicas sociales, culturales e históricas. Es en este sentido que el concepto de socialización se integra en el de “cultura” y de “adquisición de la cultura”.

Concebimos la socialización como un proceso de adquisición, por parte del niño y más ampliamente por parte de los miembros del grupo, de los conocimientos y el saber hacer que son necesarios en el contexto de interacción social para establecer lazos sociales. Es una interacción entre el niño y su medio, un proceso que transforma el individuo biológico en individuo social por medio de la transmisión y el aprendizaje de la cultura en su sociedad. La interacción y su resultado dependen de las características del propio niño y de la forma de actuar de los agentes sociales.

Este proceso de socialización se extiende a lo largo de toda nuestra vida. Ciertamente, es particularmente intenso durante los primeros años, en los cuales el niño se ve sometido a procesos cognitivos y afectivos en virtud de los cuales se ubica socialmente. Las habilidades y destrezas básicas que hacen posible la interacción social, tales como el dominio del lenguaje y la conceptualización de la alteridad, se desarrollan ya en los primeros años de su vida.

Puesto que la socialización constituye, en primer lugar, un proceso de aprendizaje, es susceptible de análisis, al menos desde dos perspectivas: por un lado, el examen de lo que se aprende en la socialización y que no es otra cosa que el entramado de roles sociales que configuran la cultura y que nos permiten relacionarnos con sentido con los demás actores sociales. Por otro, el examen de los mecanismos psicosociológicos, unas veces conscientes pero la mayoría inconscientes, a través de los cuales se realiza la socialización.

1. El primer enfoque ha correspondido por tradición al punto de vista estrictamente sociológico, desde el cual la socialización es ante todo un proceso de internalización de roles. Porque, en efecto, socializarse, es decir, aprender la cultura de una sociedad, no es otra cosa, después de todo, que aprender el funcionamiento básico de su estructura social, de tal manera que capacite al individuo para “saber a que atenerse” en cada una de las situaciones sociales en las qué se encuentre.

En mayor o menor medida, esté o no formalizada, todos los grupos humanos poseen una estructura, integrada por un conjunto de posiciones (“estatus”) a través de los cuales se organiza y funciona. En la escuela existen, al menos, los estatus de alumno, profesor, tutor o director. Nuestro modo de integrarnos en un grupo social consiste, precisamente, en ocupar un estatus en el entramado de los grupos sociales. Y, en la medida de que cada individuo forma parte de una pluralidad de grupos, cada uno de nosotros ocupamos también una pluralidad de estatus sociales: el niño empieza a ser simultáneamente hijo, hermano, alumno, amigo… el estatus ubica al individuo en el espacio social.

Desde esta óptica, la socialización consiste, básicamente, en el aprendizaje que cada individuo realiza del conjunto de roles (modos de actuar en cada situación) asociados a cada uno de los status que conforman la estructura social. De este modo el individuo sabe bien “a qué atenerse”en sus relaciones sociales, aprende qué puede esperar legítimamente de los demás en cada situación y qué esperan de él los otros.

2. El segundo enfoque se aborda sobretodo desde la psicología social, en la medida que el aprendizaje de la cultura es un aspecto básico en el desarrollo de la personalidad.

La naturaleza de los mecanismos psicosociales que se activan en el proceso de socialización y que inducen al individuo a ajustar su comportamiento a las pautas y normas establecidas por el grupo, ha sido, y continúa siendo objeto de intenso debate. La razón de esta dificultad radica en el carácter aparentemente contradictorio que define el proceso de socialización en el que si bien, por un lado, la sociedad impone coactivamente al individuo sus normas y valores, por otra parte el propio individuo las interioriza y se adhiere espontáneamente a ellas, hasta llegar a integrarlas, como ya sabemos, en la estructura de su personalidad.

Con todo, esta separación rígida de perspectivas no deja de ser artificial. En ambos casos se examina un proceso único mediante el cual el individuo se convierte en miembro activo del grupo. Un proceso que debe ser entendido como fruto de una interacción en la que los agentes sociales definen y redefinen mutuamente la situación y construyen lo social.

El interés reside ahora en los procesos a través de los cuales un niño (y, en general, toda persona) construye su identidad social y llega a ser una miembro autónomo de los grupos a los que pertenece. Así, para usar este concepto es necesario situarlo en una perspectiva interaccionista donde el interés que se le otorga a los procesos no supone que se subestimen los roles y las intenciones de los actores implicados, ya que se materializan necesariamente a través de las interacciones. La perspectiva interaccionista no concibe al actor (niño o adulto) como un receptor pasivo, sino que éste participa activamente en el proceso de su propia socialización, contribuyendo de esta manera en la recreación del sistema social donde vive y actúa, de tal modo que se puede decir que (re)construye la realidad social dándole un sentido.

En este sentido, se conciben los contextos en su dinamismo, de modo que, al mismo tiempo que se encuentra en un marco de socialización muy preciso, el niño puede reactuar sobre su propio proceso, contribuyendo así a reconstruir el cuadro socializador. No es posible pensar, sin embargo, que las interacciones entre los mismos actores podrían desarrollarse de la misma manera en otros medios sociales, lo que plantea de nuevo la cuestión de la influencia de las situaciones y de los contextos sobre las interacciones que los actores pueden representar.

b) Los procesos de socialización.

Palacios y otros (2003) afirman que los procesos de socialización son fundamentalmente tres:

A) Los procesos mentales de socialización: adquisición de conocimientos.

B) Los procesos afectivos de socialización: formación de vínculos.

C) Los procesos conductuales de socialización: conformación social de la conducta.

A) Los procesos mentales de socialización:

La adquisición de conocimientos sociales es uno de los aspectos fundamentales del desarrollo social, es la condición sine qua non para que se produzcan los procesos afectivos y las conductas sociales. Es una transmisión de los conocimientos que la especie ha acumulado a través de los años, referidos a las personas (reconocimiento, identidad, roles, diferenciación, sentimientos, pensamientos, intenciones, amistad) y referidos a la sociedad (conceptos sociales, instituciones, valores, normas, relaciones).

Dentro de estos procesos tenemos:

El reconocimiento de las personas. Desde los primeros días del nacimiento los niños son capaces de percibir algunas expresiones emocionales de los demás y tener experiencia vicaria de ella. Como ejemplo de ello podríamos señalar que la visión de un rostro triste les provoca tristeza, o en el caso de la audición el oír llorar les provoca el llanto.

El reconocimiento de las personas se logra hacia el segundo trimestre de vida. A partir de ese momento, los niños ponen de manifiesto numerosas conductas diferentes (llanto, sonrisa, mirada) según la persona con quien interactúan.

Antes de los seis meses, los niños reconocen perfectamente a determinadas personas, las prefieren para interactuar con ellas y lo más significativo, reaccionan con frecuencia ante su ausencia de forma clara: cambios en la temperatura t ritmo cardíaco, lloro… La observación de esta conducta llevó a decir a algunos psicólogos que el niño experimentaba una verdadera angustia de separación cuando su madre no estaba con él.

Alrededor del octavo mes se produce un cambio cualitativo en el reconocimiento social de conocidos y extraños. Los niños no sólo discriminan entre personas extrañas y desconocidas, sino que adoptan una posición de cautela, recelo o miedo ante los desconocidos.

El reconocimiento de sí. Todo parece indicar que hasta el último trimestre del primer año de vida los niños no parecen reconocerse. Hay que ser cautos en esta afirmación pues mucho antes reconocen elementos parciales de su cuerpo.

A los 15 a los18 meses distinguen su imagen de la de los demás con más éxito. De los 18 a los 24 meses, se puede afirmar con toda seguridad que los niños reconocen su imagen con toda claridad.

La identidad y el rol. Es más difícil de saber cuándo y cómo adquieren su identidad, ésta es el resultado de la experiencia que no deja de cambiar a lo largo del ciclo vital.

El conocimiento de las primeras diferencias entre el yo y los otros, puede que se adquiera a edades tempranas en interacción con el reconocimiento y la discriminación entre las diferentes personas. Las acciones del niño y sus consecuencias en el entorno, así como la interacción con los que le cuidan, ofrecen muchas posibilidades para que los niños aprendan que son distintos de los demás.

Entre los contenidos de la identidad categorial más estudiados están los referidos a la identidad sexual y de género. La identidad sexual es un juicio sobre la propia figura corporal (soy niño, soy niña). La identidad de género, es el conocimiento de las funciones y características que la sociedad asigna como propias del niño y de la niña (rol sexual).

En la etapa sensoriomotora, la adquisición de la identidad sexual y de género sigue un triple proceso:

1º Reconocimiento conductual de la existencia de dos tipos de vestidos, adornos, etc.

2º Autoclasificación en una de las dos categorías sexuales. Supone ya un conocimiento de si mismo (yo soy como mi mamá).

3º A partir de los tres años usan el conocimiento de la identidad sexual y de género para definir con claridad sus preferencias y valoraciones (este vestido no me lo pongo yo porque es de niño).

B) Los procesos afectivos de socialización:

La afectividad constituye uno de los aspectos cruciales del proceso de socialización, jugando dentro de la misma un papel esencial los denominados vínculos afectivos básicos: el apego y la amistad.

– John Bowlby, tras estudiar diversos casos de privación afectiva durante la infancia, formuló la teoría del apego, según la cual la relación con los otros es una relación primaria y tiene un importante valor para la supervivencia de los individuos. El apego se caracteriza por determinadas conductas que intentan conseguir o mantener la proximidad con la persona que está apegado, conductas de interacción privilegiada (gestos, abrazos, lloros), por la construcción de un modelo mental de representación de las figuras de apego (accesibilidad e incondicionalidad), por la existencia de un conjunto de sentimientos (seguridad, bienestar y placer) y por unas relaciones asimétricas, rítmicas e informales y que tiene su formación en el primer año de vida. . El niño no puede valerse por si mismo, y a partir del momento que empieza a desplazarse, al mantenerse próximo a un adulto constituye una garantía para preservarle de múltiples asechanzas y peligros.

Los contenidos más importantes de la relación del niño con las figuras de apego son los recuerdos que deja, el concepto que se tiene de la figura de apego y de si mismo y las expectativas de la propia relación. El apego también es un conjunto de sentimientos asociados a la persona con la que el niño está vinculado.

– En los niños observamos a partir del primer año un interés por otros niños y pronto esas relaciones llegan a convertirse en una necesidad. De los otros niños se aprenden infinidad de cosas durante la infancia que no se podrían aprender manteniendo contacto exclusivo con los adultos, ya que se establece una relación más simétrica, compitiendo y colaborando en el mismo plano. En definitiva, la relación de respeto unilateral característica del intercambio del niño con el adulto se transforma en una relación de respeto mutuo en las relaciones de amistad, donde la igualdad de estatus es la característica fundamental. Esto obliga al niño a tener en cuenta la perspectiva de otros niños desde un ángulo diferente al que está acostumbrado, asumiendo que “el otro” puede dar y exigir en la misma forma en que él lo hace. Todo ello, en conclusión, determina el desarrollo infantil, y por tanto, la madurez en todos los sentidos.

C) Los procesos conductuales de socialización:

El desarrollo social implica también el aprendizaje de las conductas deseables y la evitación de las conductas consideradas socialmente indeseables, lo que supone el conocimiento de valores, normas y hábitos sociales y el control de la propia conducta.

En este aprendizaje se incluyen:

– Aprendizaje de hábitos sociales (comer, vestir).

– Aprendizaje de habilidades sociales.

– Conductas pro-sociales..

– Evitación de conductas consideradas indeseables.

Las conductas sociales están reguladas por el grupo social al que pertenece cada individuo, iniciándose estos aprendizajes desde la edad infantil. Durante los dos primeros años, los niños no conocen la norma social o no la comprenden. Por ello, en esta época se dan numerosos conflictos ante los que los niños reaccionan con rabietas: son la expresión de un conflicto entre los deseos del niño y las exigencias impuestas por los adultos, que el niño aún no puede comprender. Ante esta situación, a veces los padres actúan de forma incoherente, cometiendo con frecuencia el error de olvidar las demandas de los niños hasta que protestan rabiosamente durante largo tiempo.

1.5 LOS CONTEXTOS DE LA SOCIALIZACIÓN.

En la década de los 60, la naturaleza de los modelos explicativos era predominantemente mecaniscista; los principales procesos que aducían para dar cuenta del desarrollo social eran ambientales, sociales, y estaban basados en principios de aprendizaje. A partir de la década de los 80, sin embargo, los modelos predominantemente organicistas y los procesos explicativos, de naturaleza afectiva, biológica, cognitiva o social, se apoyan en los principios de interacción. Es decir, la concepción actual asume que el niño nace con una base biológica que le permite adaptar su conducta al mundo que le rodea; ahora bien, es necesario un proceso de adquisición, crecimiento y adaptación que será fruto de la interacción con otras personas, siendo tres los principales contextos de socialización: la familia, la escuela y el grupo de iguales.

El contexto familiar. La familia es el primero y principal contexto de socialización del niño. Es una instancia constante en su vida, aunque después se solape con otras, y cumple un papel centralizador de importantes factores influyentes en el desarrollo social del niño. Por una parte, es en su seno donde interactúa por primera vez con otros seres humanos, donde recibe y participa de los primeros intercambios comunicativos, mediante los cuales aprende y progresa en las pautas de interacción; es también el grupo donde aprende e internaliza las normas básicas de comportamiento interpersonal (turnos, respeto) a la vez que le aporta una base de seguridad y estabilidad emocional en la que se apoyará para explorar y aprender del ambiente. Por otra parte la familia es para el niño el núcleo o grupo de referencia dentro de la sociedad.

El contexto escolar. Como ya hemos visto, la familia constituye el primer entorne de socialización desde el punto de vista temporal, pero la escuela se convierte pronto en un importante contexto de socialización en la que el niño debe permanecer durante muchos años en contacto con otros niños y otros adultos. En todas las culturas se cuenta con sistemas organizados de mayor o menor complejidad, mediante los que los individuos adultos preparan a los, jóvenes para su incorporación a la sociedad. En la escuela, los niños encontrarán nuevos marcos de interacción, expectativas, reglas que hay que cumplir, nuevas rutinas y aprendizajes, enriquecerán su dominio intelectual y adquirirán y desarrollarán habilidades comunicativas satisfactorias para poder compartir sus experiencias con los demás.

El grupo de iguales. Entendemos por iguales a aquellos individuos que tienen la misma edad y /o el mismo nivel evolutivo que otro niño, y que, además, no suelen ser miembros de la misma familia. De este modo, las relaciones del niño con sus pares le ofrece a éste la oportunidad de adquirir información diferente sobre su entorno social, asimilar las normas válidas y aceptadas por su grupo de referencia, así como poner en práctica una serie de estrategias de interacción necesarias para conseguir relaciones interpersonales efectivas. Además, el grupo de iguales juega un papel determinante en las progresivas reestructuraciones cognitivas que realiza el niño, lo que favorece el desarrollo intelectual de éste al brindarle la oportunidad de considerar puntos de vista sobre la realidad distintos o complementarios a los suyos. Tampoco podemos olvidar el papel que juega el lenguaje en las relaciones sociales en general. Las habilidades para comunicarse adecuadamente reflejan, entre otros aspectos, el nivel de desarrollo cognitivo del sujeto.

2. TRANSMISIÓN EN LA ESCUELA DE PAUTAS SOCIALES, VALORES, TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL .

2.1. DEL HOGAR A LA ESCUELA.

Cuando los niños pequeños comienzan su etapa escolar se insertan en un ambiente muy distinto al que han conocido hasta el momento: el hogar, y a medida que abandonan el seguro seno familiar y entran en la comunidad, se les aparece un nuevo ambiente social.

Tanto familia como escuela están definidos por patrones de comportamiento, reglas de interacción, métodos de comunicación y procedimientos de transmisión de la información que le son características. Pero las escuelas y las familias difieren en un conjunto de dimensiones organizativas y estructurales que guardan implicaciones respecto a los tipos de comportamientos y actitudes que los niños deben aprender a integrar en esos dos contextos tan diferentes. Ambos contextos difieren en los siguientes puntos: el número de personas que integra una clase es mayor que el que forma una familia; las relaciones que se establecen en la escuela son de menor duración y de naturaleza diferente a las que se producen entre los miembros familiares; la proporción adulto- niño es mayor en el colegio; además, la composición social de una clase es más heterogénea (procedencia, costumbres, actitudes) que la de la familia nuclear, si exceptuamos la edad; también, las características de los adultos que los niños encuentran en la escuela son más diversificadas y, por último, las clases son lugares más públicos que privados, puesto que gran parte de las actividades se realizan ante un conjunto de niños y adultos desconocidos para el niño hasta el momento.

Por todo ello, hay que señalar que el niño que acude por primera vez a la escuela descubre un mundo muy diferente al que conocía. El niño sale un pequeño marco social en el que él era el personaje central, y donde pasaba mucho tiempo en contacto con su madre, a un grupo numeroso, donde él es sólo uno más entre un grupo de niños. Por otra parte, mientras que la vida del niño en casa se basaba en una relación íntima con un adulto, en la escuela los adultos son relativamente importantes para el niño, puesto que la mayoría de las experiencias infantiles se desarrollarán con los demás niños, y ya no estarán planificadas y dirigidas por un adulto cercano.

Estudios recientes han puesto en evidencia que el hogar y la escuela proporcionan al niño pequeño contextos muy diferentes de aprendizaje y socialización

2.2. LA ESCUELA COMO UNIVERSO DE SOCIALIZACIÓN.

Cuando los alumnos de una clase aprenden a dividir números enteros o a conjugar el subjuntivo, no sólo están adquiriendo un concepto matemático, una técnica de cálculo o un medio para expresarse correctamente, sino que también están aprendiendo a moverse en un espacio restringido, a quedarse sentados durante largo tiempo, a no perder el ánimo cuando no entienden, o cuando entienden tan rápido que se aburren en seguida; están igualmente adquiriendo competencias para evaluar lo que quieren decir las palabras de los adultos (sus maestros) y también las de sus pares (alabanzas, amenazas, solicitudes, exigencias, etc.); aprenden también a manejar el peligro que significa estar ocho horas diarias con sus pares, que pueden empujarlos, agredirlos, o simplemente burlarse de ellos, y también aprenden a manejar el placer de compartir con los amigos el tiempo y los deseos…

De esta manera, la escuela no es solamente un lugar donde se aprenden conocimientos y técnicas que hay que almacenar “para más tarde”, sino que cada niño está descubriendo aquello a lo que los adultos (los maestros) le dan importancia, está probando estrategias para aprender lo que esos adultos, dotados de autoridad, le explican y, a lo que él trata de atribuirle un sentido. Aprende también a distinguir entre lo que comprende y puede o debe mostrar que sabe (las materias “escolares”, por ejemplo) y aquello que comprende y que es preferible callar. Además, puesto que el manejo de esas estrategias no se aprende sólo sino con los demás, o por lo menos en su presencia, cada niño está adquiriendo una manera de afrontar ciertas prácticas, de manera más o menos coordenada con los demás. Se pude percibir la importancia de un aprendizaje social cuya utilidad es inmediata. De esta manera la socialización acontece en el presente, a través de las interacciones que se ejecutan durante el conjunto de prácticas aparentemente banales que se realizan cotidianamente.

Al mismo tiempo, estas prácticas están dándoles a los niños la posibilidad de ensayar y de construirse identidades sociales más o menos ajustadas a los valores dominantes, o bien alejadas de ellos o incluso en contradicción con ellos. Así, el proceso de socialización proporciona también los medios para que el joven actor pueda detectar las rupturas con las normas sociales que, aunque a primera vista puedan resultar paradójicas, son socialmente aceptables. Detecta, también, las maneras, socialmente adecuadas, para ir más allá de las normas y hacer efectivas estas rupturas. Así, por ejemplo, un niño más o menos rebelde descubre dónde y cómo rebelarse… lo que es ciertamente una adquisición social muy importante.

En otras palabras, los individuos se socializan a través de prácticas sociales regulares y prolongadas, rutinarias pero también imprevistas y creativas.

La escuela constituye por tanto, un contexto de desarrollo, cuya función adquiere un especial interés debido a una doble razón: consiste en un tipo de educación formalizada e institucionalizada, a la que los niños están obligados a asistir durante unos años determinados de sus vidas; y, por otra parte, la escuela es fuente de socialización. El niño ha de reconocerse como un miembro más de la comunidad educativa, en la que pueda y deba participar de forma activa y responsable, como paso previo a su participación en la sociedad como adulto.

En la escuela, los niños enriquecerán su dominio intelectual y adquirirán y desarrollarán habilidades comunicativas satisfactorias para poder compartir sus experiencias con los demás. Desde el punto de vista de la socialización, se puede decir que, si los alumnos logran manejar aquello que comúnmente se designa como “conocimientos” Es necesario, pues, que cuando nos cuestionamos la función socializadora de la escuela, dediquemos nuestra atención a estos centros de interés:

a) El dominio del uso del lenguaje como instrumento de anticipación y planificación. La autorregulación conductual es un proceso gradual. En un principio la fuente de control es externa pero poco a poco es asumida internamente por el individuo. El logro de esta autorregulación conductual es fruto de la regulación verbal. La aparición de este lenguaje interior era considerada por Vygotsky (1973; 1979) como un logro importante, pues el niño era capaz en ese momento de darse instrucciones verbales sin necesidad de tener que pronunciarlas a los otros niños o adultos, lo que quiere decir que el niño se hacía autónomo. Los maestros pueden llevar a los niños a nuevos niveles de comprensión conceptual mediante la interacción y la charla con ellos; de este modo, y siguiendo las ideas de Vygotsky, la base del desarrollo queda incluida en lo que llamaba zona de desarrollo próximo. El maestro puede utilizar el discurso para conducir a los niños a través de nuevas zonas de desarrollo próximo, por medio de la construcción de un discurso en clase que actúe construyendo comprensiones conjuntas entre maestro y alumno. Este proceso de introducir a los alumnos en el mundo conceptual adulto y basar el proceso de educación en el discurso de la clase se trata de un proceso de socialización cognitiva a través del lenguaje.

b) La construcción de un proceso de aprendizaje comprensivo y significativo en el marco escolar. Mediante la interacción compartida con los demás, el niño participa en la construcción del significado paarti8cular de lo que aprende. El marco escolar debe promover un tipo de aprendizaje que dote de significado nuevo conocimiento e información. Bajo este punto de vista, la comprensión infantil sufre continuos cambios al realizar actividades y establecer conversación con otros niños y adultos.

c) El conocimiento de la naturaleza del diálogo y de la interacción estructurada en el aula. Un discurso compartido, en el que las contribuciones espontáneas infantiles sean tenidas en cuenta y los interlocutores (profesor y alumnos) cooperen adaptándose al nivel de conocimiento previo y manteniendo la atención, es la pieza clave para que se produzca la socialización cognitiva a través del lenguaje.

2.3. ESCUELA: INSTITUCIÓN SOCIAL Y SUBSISTEMA SOCIAL.

a) La escuela, un subsistema social.

La educación constituye una realidad compleja que puede ser contemplada desde muy diversas perspectivas (filosófica, biológica, psicológica, individual, económica, social, etc.). una de ellas, quizá la más importante, es la dimensión social.

Contemplada en tal dimensión, diremos que la educación constituye una valiosa y fundamental función social, estimulada y protegida por la sociedad en la que se inscribe dotándola de los medios e instrumentos pertinentes.

Al ser la educación un hecho social, entre sociedad y escuela se producen una serie de interacciones y relaciones de variado signo. Hoy nadie duda que la educación es un hecho social, y lo es por los siguientes motivos:

– Por el medio en que se realiza.

– Por los contenidos que constituyen su objeto propio (cultura social).

– Por los fines de la educación, muchos de los cuales son sociales.

– Por las funciones sociales inherentes a la educación.

– Por los factores que la motivan y lo realizan.

– Por los condicionamientos a los que se ve sujeta, sociales en su mayor parte.

Por ello, la sociedad ejerce una influencia cada vez mayor sobre la escuela. Y la escuela no puede igorar estas influencias, sino asumirlas y transformarlas. Las interacciones mutuas que se generan entre unas y otras pueden y deben determinar la vida de ambas. Las relaciones entre escuela y sociedad no son de una sola dirección (de la sociedad a la escuela) sino multidireccionales:

Ø Cada sociedad tiene unas demandas específicas que espera que la escuela satisfaga. Tales demandas se vinculan a funciones sociales importantes:

– Socialización de nuevas generaciones.

– Preparar a las nuevas generaciones. Para sus futuras responsabilidades como adultos dentro de las organizaciones de trabajo y de los roles sociales.

Ø La escuela sirve por tanto a fines sociales y no solo a fines individuales.

Ø La escuela forma parte de una sociedad determinada y educa para esa sociedad: prepara para vivir como adultos responsables en una sociedad y para desempeñar determinados roles sociales dentro de ella. No puede, por tanto, aislarse del acontecer social, ni limitarse a reproducir las relaciones existentes.

Ø La escuela transmite contenidos educativos y el patrimonio cultural de la sociedad. junto con ello transmite también los valores sociales y la ideología dominante.

Ø La escuela puede i debe, sin menos cabo de lo anterior, transmitir y despertar en los alumnos el sentido crítico ante las actitudes y las relaciones sociales dominantes, permitiéndoles tomar distancia respecto a los valores e ideologías establecidas. Con ello la escuela coopera en la formación de ciudadanos capaces de modificar las relaciones sociales existentes.

En consecuencia, se impone un equilibrio entre ambas realidades: sociedad y escuela. La escuela debe ir cambiando al ritmo de las modificaciones externas, no solamente para apoyar estos cambios sino, fundamentalmente, para someterlos a reflexión crítica e integrar sus aspectos positivos en un proceso educativo sistemático, en una línea integral e integradora capaz de conseguir que el alumno decida por su cuenta.

b) La escuela, institución educativa formal.

La escuela se presenta como una institución social básica. Como tal institución conlleva un conjunto de relaciones, procesos y recursos para satisfacer intereses o necesidades comunes.

Las instituciones en general sirven de cauce y facilitan a los miembros de un grupo la satisfacción adecuada de sus necesidades e intereses, favoreciendo las relaciones sociales.

La escuela presenta un conjunto de características que la singularizan como institución educativa diferenciándola de otras instituciones sociales, cuyas dimensiones no entran dentro de la formalidad. Entre estas características las más relevantes se concretan en las siguientes:

– Asistencia regular a centros específicos en jornada completa.

– Obligatoriedad en los niveles primitivos y universalidad.

– Formada por grupos de edades específicas con una indicación expresa de la edad de ingreso y de salida, aunque con cierta flexibilidad en su aplicación.

– Actividad realizada en aulas supervisadas por profesores que han de poseer una titulación académica oficial para poder realizar su cometido.

– Planes de estudio estructurados según una determinada secuencia que se van especificando progresivamente en una serie de asignaturas para cada curso o nivel.

– Actividad supervisada por un servicio de inspección que se ha vuelto gradualmente más estricto, uniforme y regular.

– Todo ello regulado por un creciente volumen de legislación específica que trae como consecuencia una abundante burocracia en la compleja organización del sistema escolar.

Estas son las características que hacen de la escuela una institución educativa formal.

2.4. FUNCIONES DE LA ESCUELA COMO INSTITUCIÓN SOCIALIZADORA

La escuela tiene unas funciones sociales que cumplir para intentar conseguir que los alumnos lleguen a ser miembros activos y responsables de la sociedad a la que pertenecen. Las funciones se refieren a las demandas sociales y culturales que debe satisfacer el sistema educativo, y también a:

– Contribuir al proceso de socialización de los alumnos a través de los contenidos que se imparten en la escuela.

– Contribuir a la asimilación de los valores sociales y del patrimonio cultural de la sociedad.

Veamos las clasificaciones sobre las funciones de la escuela que distintos autores han realizado:

Para Parsons, 1969, el sistema escolar y concretamente la enseñanza primaria desempeña cuatro funciones básicas:

1.- Emancipar al niño de su primitiva identificación emotiva de la familia, lo cual es condición para que aquel consiga una identificación independiente.

2.- inculcar al niño y hacer que asimile un conjunto de valores que por estar en un nivel superior no puede adquirirlos con la sola ayuda de la familia.

3.- Distingue, o sea, diferencia y jerarquiza al alumnado según su rendimiento.

4.- desde el punto de vista de la sociedad, selecciona y distribuye los recursos humanos de acuerdo con la estructura funcional de la sociedad adulta. En la primera parte de la escolarización se lleva a cabo principalmente la función socializadora, pasando después a la función selectiva.

Por su parte Dewey, al analizar las funciones de la escuela, señala como las más importantes las siguientes:

a) Proporcionar la cultura social ordenándola gradualmente para su asimilación progresiva por parte del individuo joven.

b) Eliminar hasta donde sea posible los riesgos perjudiciales del medio ambiente.

c) Contrarrestar los elementos del contexto social y tratar de que cada individuo pueda disfrutar de un ambiente social más amplio de aquel en que haya nacido.

d) Coordinar en cada individuo las influencias de los diversos ambientes sociales en que vive.

J.M.Quintana (2002), afirma que la escuela responde a la necesidad social de transmitir la cultura a las jóvenes generaciones y de socializarlas, integrándolas en la colectividad y preparándolas para desempeñar un papel activo en ella. También nos señala las funciones que la educación, y en consecuencia la escuela, ayudan al desarrollo y permanencia de la sociedad, y a la socialización de los individuos:

· Función de transmisión de valores y pautas culturales de comportamiento; la generación imperante se sirve de la escuela para propagar su cosmovisión, su escala de valores y su modo de entender la vida y realizarla.

· Función de conservación de la organización social; la sociedad posee una tendencia conservadora, y la educación cuida de reflejarla y servirla.

· Función de adoctrinamiento; la educación se propone siempre introducir una ideología. La educación se constituye en un vehículo de la opinión pública, a través de las opiniones de padres y maestros, mentalizados por las creencias dominantes en su medio cultural.

· Función de iniciativa de la joven generación en la vida social; por tratarse de individuos y sus opiniones, resultan particularmente impresionables ante la influencia de quienes los educan.

· Función de socialización; el individuo tiene necesidad de adaptarse al modo como se le presenta la sociedad. Acumularse a las exigencias de ésta supone un cúmulo de bienes para el individuo, y la educación cuida de que él lo vea así y se someta a esta realidad.

· Función de homogeneización social; es Durkheim quien insiste en ella, haciéndonos ver que la educación, si bien en parte ejerce un papel diferenciador dentro de la sociedad (contribuyendo a la división del trabajo, al mantenimiento de distinciones sociales), también tiende a constituir un todo social compacto y uniforme, puesto que hay cierto número de ideas, de sentimientos y de prácticas que la educación debe inculcar a todos los niños, indistintamente.

2.5. TRANSMISIÓN EN LA ESCUELA DE PAUTAS SOCIALES, VALORES, TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL .

La sociedad por su propia naturaleza, siempre provoca, realiza y dirige la educación de sus miembros, ya que una de sus funciones es la conservación. Toda sociedad tiende a autoconservarse, lo que consigue mediante la incorporación de sus nuevos miembros. Para esto basta, que a través de la escuela, transmita a las nuevas generaciones las pautas culturales y los valores que regulan la vida del grupo.

La sociedad actual necesita un determinado tipo de ciudadanos activos, críticos y creadores, que conozcan las directrices de su tiempo, que se adapten a ellas y que siguiendo el proceso lógico del progreso las superen.

2.5.1. LOS VALORES.

a) Concepto de valor.

El tema de los valores es uno de los más humanos, y, como tal, de los más inconcretos y variables.

La palabra y el concepto de valor, históricamente vienen del campo de la economía. Para los economistas clásicos, valor es todo aquello capaz de satisfacer necesidades al ser humano. Así, nos encontramos que desde el punto de vista fáctico, una cosa puede tener valor o carecer del mismo. Y así es en realidad, cuando existen cosas de mucho valor para nosotros, otras, tan valiosas para otras personas como las primeras para nosotros nos dejan completamente indiferentes. Así pues, los valores no son los hechos.

Ahora bien, ¿ Qué sucede para que una cosa tenga valor?. En el mundo de los sentimientos, podemos estimar la realidad o potencialidad de un sentimiento en una cosa, es decir, dar a ese objeto la potencialidad o realidad de satisfacer una necesidad humana, con lo que hemos otorgado un valor a ese objeto. Valores, son sentimientos objetivados y cualquier sentimiento objetivado es un valor.

Todo lo anterior podemos decirlo de los valores sociales. La sociedad, como conjunto de seres humanos con sentimientos, ha ido otorgando valor a ciertos objetos, ha ido creando valores sociales que se van transmitiendo y a la vez modificando de generación en generación.

b) Clasificación de los valores.

Son diversas, mejor múltiples las clasificaciones de valores. La más conocida es la que divide a os valores en tres clases:

· Lógicos.

· Éticos.

· Estéticos.

Algunos autores han añadido a éstos los valores de la mística, erótica y religión.

Ferrater Mora (1965) recoge, entre otras, la clasificación de Scheller, que sigue una estructura jerárquica de menor a mayor abstracción, desde aspectos físicos o materiales, a aspectos más espirituales o más religiosos.

Para Scheller, los valores se clasifican en dos grados distintos:

· El grado inferior comprende lo agradable y lo desagradable.

· Los grados superiores, de menor a mayor son:

– Los valores vitales.

– Los valores espirituales: De lo bello y de lo feo, de lo justo y de lo injusto y del conocimiento (la verdad).

– Los valores religiosos: lo sagrado y lo profano.

La sociedad ha ido interiorizando en sus estructuras, su organización y sus manifestaciones culturales todos estos valores que va transmitiendo a sus nuevos miembros. La sociedad a través de la familia, la escuela y hoy día los medios de comunicación va inculcando a todos sus miembros los valores típicos que rigen en su entorno.

Cada etapa o edad de una persona de una persona, da más importancia a un tipo de valores o a otros. La escala de valores del niño, aunque adquirida en la sociedad en que vive, no es la misma que la escala del joven o del adulto.

Lowen (2003) nos presenta una clasificación de valores típicos de cada una de las edades de la vida en la siguiente escala, la edad emparejada con el correspondiente valor:

· Infante Amor y Placer.

· Niño Creatividad e Imaginación.

· Muchacho y muchacha Diversión y entretenimiento.

· Joven Romance y aventura.

· Adulto Realidad y responsabilidad.

Desde el punto de vista educativo, una escala de valores útil para su uso puede ser:

a. Valores de la destrucción. Valores negativos o disvalores.

b. Valores de consumo.

c. Valores de económicos.

d. Valores de culturales.

e. Valores de personales.

Como observamos, las clasificaciones pueden ser variadas. Lo cierto es que el mundo de los valores existe. Cada sociedad tiene los suyos y en cada época predominan un tipo u otro de valores sociales, ya que el hombre en particular y la sociedad en general están creando y cambiando en cada momento valores “con minúscula” (modas, aficiones, valores de consumo). Los valores “con mayúscula” (lo bueno, lo justo, lo verdadero) suelen ser más estables y perduran a lo largo del tiempo e incluso de los tiempos, aunque también la sociedad y las nuevas generaciones van cambiando poco a poco la importancia o predominancia de un valor u otro.

2.5.2. TRANSMISIÓN DE PAUTAS SOCIALES Y VALORES.

Ya comentamos anteriormente que la sociedad tiende a la autoconservación. Esta conservación de si misma la consigue mediante la incorporación de sus nuevos miembros. La familia en los primeros años y la escuela a lo largo de toda la escolaridad transmiten a las nuevas generaciones las pautas sociales, culturales y valores que rigen y estructuran la vida del grupo o entorno social que rodea al niño o al joven.

La labor social de la escuela va a consistir precisamente en ello: transmitir a sus miembros los sentimientos, valores, costumbres e ideas que predominan en la sociedad, y las pautas de conducta a seguir, para que las actuaciones de los nuevos miembros vayan siendo consideradas como aceptables o no aceptables, lo que constituye un medio claro de control social.

· En la etapa de educación infantil, los niños, aunque sigan con sus juegos y actividades solitarias, al llegar a la escuela, comienzan cada vez con más frecuencia a realizar actividades asociativas, de colaboración y juego social, donde han de ir cumpliendo las normas impuestas por los compañeros o determinadas por los adultos.

En estas edades, los grupos se estructuran en torno a preferencias (por ejemplo a un determinado tipo de juego), por temperamento de los niños, por semejanzas personales compartidas, sobre todo por el sexo.

En la escuela se empieza a desarrollar el concepto de amistad. El amigo es el compañero de juego con quien se comparte el gusto y la realización de determinadas actividades. No perciben la relación de amistad como algo duradero, sino momentáneo.

Además de la amistad, otro de los valores y pautas sociales que van trasmitiéndose en la escuela en esta edad son las sensaciones o sentimientos de confianza, ayuda, compañerismo, que van a ir sirviendo para diferenciar entre niños preferidos y rechazados.

La disputa, que a veces lleva a la agresividad verbal o física, no va dirigida contra la persona como tal, sino con el fin de obtener, mantener o defender un objeto o actividad agradable y deseable para el niño.

Estas disputas le van a ir enseñando la necesidad de la competencia social y cuales son los límites a los que puede llegar en ese competencia por obtener un objeto que para él tiene el valor de agradable.

Además de las pautas y valores señalados, la escuela es agente transmisor y propicia:

– El entrenamiento y aprendizaje de habilidades sociales (conducta prosocial, control de agresividad, coordinación de aciones, etc.).

– Influye sobre las características de personalidad del individuo.

– La aparición de hábitos (orden, limpieza, cuidado de objetos personales y ajenos, etc.).

· En su paso por la escuela primaria el niño va a seguir adquiriendo, a través de la escuela sobre todo, una serie de valores y pautas sociales que rigen el entorno en que se desenvuelve.

El acceso a la lecto-escritura va a suponer un medio utilísimo para acceder a todo el acerbo cultural de la sociedad, con la Interiorización de todos los modelos y estereotipos reflejados en los protagonistas de los libros, aspecto que ya comenzó a influir en él a través de los cuentos orales en la infancia.

Al mismo tiempo va a descubrir y convivir con una autoridad distinta a la de la familia, que le va a imponer unas pautas de conducta y una serie de normas de convivencia en grupo.

La interacción de los compañeros y los profesores van a ir configurando su autoconcepto general y su autoconcepto académico, que junto con la autoestima, van a modelar sus sentimientos, los cuales van a influir en la aceptación y creación de los valores propios que ha de compaginar con la sociedad.

En cuanto a la amistad, considerada en la etapa anterior como un apoyo unidireccional, alrededor de los ocho años, se concibe como un proceso bidireccional: cada amigo debe adaptarse a las necesidades del otro y prestar la ayuda necesaria.

Durante esta etapa educativa se sigue profundizando en la formación de los grupos. Suele aparecer la figura del líder, que posee generalmente las habilidades intelectuales y las competencias sociales necesarias para satisfacer las necesidades del colectivo, y en contrapartida va a imponer sus pautas y valores sociales al resto de los miembros del grupo.

· En la adolescencia, superado el periodo evolutivo normal de cierta rebeldía, la educación que recibe a través del centro escolar y/o universitario va a seguir transmitiendo toda una serie de valores y pautas sociales a los jóvenes.

Además el desarrollo del pensamiento formal va a posibilitar al joven comprender e interiorizar toda una serie de valores sociales.

Entre estos valores podemos destacar los siguientes:

– Físicos (a través del deporte y del culto al cuerpo).

– Estéticos (a través de las áreas artísticas del currículo y del desarrollo de aficiones concretas).

– Espirituales (sobre todo con el desarrollo de sentimientos de justicia, valores morales, conocimientos de la verdad no sólo subjetiva sino también objetiva y científica).

– Económicos y de consumo.

– Religiosos.

– Políticos.

– Etc.

Por tanto, es el derecho y la obligación que el educador tiene de poner en camino, a sus educandos, del aprendizaje de estas normas de conducta para un mejor desarrollo de la persona y una mejor convivencia con sus ciudadanos, de acuerdo al régimen jurídico que la sociedad haya elegido, con la gran suerte de que en nuestro país nos encontramos en un régimen democrático de libertades.

Ahora corresponde a la escuela motivar adecuadamente a sus alumnos y presentarle el aprendizaje de esas pautas sociales lo más asequible a las potencialidades de los alumnos, siempre que sea posible formando en el aula escolar una pequeña sociedad, y aun en toda la institución, en donde se vivan activamente las normas de convivencia democrática de todo el país.

2.6. TRADICIÓN Y PATRIMONIO CULTURAL EN LA TRANSMISIÓN EDUCATIVA.

2.6.1. TRADICIÓN Y CULTURA.

La tradición constituye un medio de conocimiento de la historia de aquellos hechos que la historia escrita no ha recogido.

Durante mucho tiempo, los seres humanos han tenido que hacer frente a numerosas dificultades y retos.

A modo de ejemplo, en el Paleolítico, el hombre fue depredador. Hubo varias circunstancias que generaron la escasez de alimentos, por lo que el ser humano tiene que enfrentarse a esta situación. Sin embargo, el hombre como ser racional que es, se le ocurrió la idea de cultivar las plantas y protegerlas de los animales. Esta conducta, perfeccionada y enriquecida por sus descendientes a través del tiempo, dio lugar a la agricultura.

La participación en esas tareas agrícolas, la distribución de alimentos, la alegría por las buenas cosechas… fueron originando una serie de normas, costumbres, que se transmitían de viva voz y viendo los niños y los jóvenes como trabajaban los mayores.

A esta forma de transmisión de noticias, historias y normas es a lo que llamamos tradición, sirviendo ésta como medio de conocimiento de la historia de hechos que no han sido recogidos por la historia escrita.

La existencia de la tradición a través de los tiempos, nos demuestra su utilidad como medio de conocimiento histórico. Así mismo, la tradición como fuente objetiva de la historia es sabido que está expuesta a alteraciones que debemos tener en cuenta, restando su importancia como testimonio de los hechos. No todos los hechos historiados han sido escritos por testigos oculares de los mismos, sino que buena parte de las historias han sido transmitidas por una considerable cadena de relatores, a través de la tradición. Pero no por eso vamos a despreciar la utilización de este medio de conocimiento de nuestra historia.

Es cierto que debemos intentar confirmar la tradición con relatos históricos siempre que podamos, pero no pocas veces resulta que los hechos atribuidos a relatos históricos han de ser contrastados con la misma tradición.

Es, pues, la tradición un medio a nuestro alcance de conocimiento histórico y debemos utilizarlo siempre que nos sea útil para el esclarecimiento de la autenticidad de los hechos históricos y para la utilización como fuente única siempre que los hechos no logramos confirmarlos por testimonios históricos.

La tradición está a su vez englobada en un contexto más amplio: la cultura.

La cultura en un sentido amplio, engloba muchos aspectos: lenguaje, costumbres, creencias e ideologías, pautas de conducta, tipo de organización familiar, laboral, social, económica; producciones literarias, artísticas; desarrollo científico y tecnológico…

La educación será la encargada de transmitir a las nuevas generaciones las tradiciones y todo el patrimonio cultural de la sociedad. Teniendo ésta como objetivo principal, el desarrollo personal del individuo se consideraba como un proceso mediante el cual el sujeto hace suya e interioriza la tradición y cultura de su entorno.

El papel del ser humano como creador de cultura es fundamental, ya que somos la única especie conocida capaz de generar una cultura y transmitirla a las siguientes generaciones.

2.6.2. LA ESCUELA COMO TRANSMISORA DE CULTURA.

Todos los procesos que configuran el desarrollo de una persona son el fruto de la interacción constante que mantiene con el medio ambiente culturalmente organizado, siendo los padres, los profesores y otras personas próximas los principales agentes mediadores entre el individuo y la cultura.

A través de la transmisión educativa, el niño hace suyo conocimientos, habilidades, destrezas, valores, actitudes, etc. Propios del ser humano y los propios de la cultura del grupo al que pertenece.

La transmisión educativa de la tradición y del patrimonio cultural se organiza de distinta manera, dependiendo del grado de desarrollo de cada sociedad. Así, en las sociedades primitivas, que tienen un escaso nivel de desarrollo científico y tecnológico, esta tarea es relativamente sencilla y se lleva a cabo en contacto directo con el medio; sin embargo, en las sociedades más complejas, las cuales poseen un nivel científico, tecnológico y cultural muy desarrollado, la cosa no es tan fácil.

Es necesario que se creen instituciones específicas, ya que en ocasiones ni la familia ni el entorno pueden ofrecer al niño las oportunidades necesarias para que pueda alcanzar las adquisiciones culturales consideradas esenciales en el medio; siendo la escuela la principal institución que asume dicha responsabilidad.

2.6.3. FUNCIONES DE LA ESCUELA COMO TRANSMISORA DE CULTURA.

La institución escolar, en cualquier nivel, tiene o debe tener dos funciones bien definidas:

1. Ser conservadora y transmisora de las tradiciones y del patrimonio cultural que la sociedad ha llegado a integrar como fundamental en su misma esencia.

2. Ser estimuladora de la sociedad, para evitar su anquilosamiento, orientando y posibilitando el progreso social de forma positiva, y dirigiéndola hacia un quehacer perfectivo de sus miembros.

De lo anterior se deduce que a escuela tiene una función ambivalente;

a) Por una parte, es reflejo de la sociedad, consistiendo en una serie de actividades que la sociedad dispone para su continuidad. La escuela, a través de la educación, siguiendo a Nassif (2003), transmite la cultura históricamente dada, con el propósito de reproducirla y asegurar su mantenimiento en el tiempo.

b) Por otra parte, la educación “refleja” a la sociedad, es decir, pasa de mano en mano los valores culturales y los modos de conducta de la sociedad, logra una conformidad social básica y asegura la conservación de sus modos tradicionales de vida; realiza, pues, una función conservadora. La educación, no obstante, “renueva” también a la sociedad, y esta función renovadora es más intensa cuando más difusión han alcanzado en las conciencias de las gentes el respeto a la personalidad del niño y la necesidad de acomodar la educación a sus necesidades de crecimiento e innovación.

Una sociedad moderna necesita individuos críticos y creadores, capaces de hacer nuevos intentos y dispuesta a iniciar un cambio social. Prepararar el cambio es la función creadora de la educación.

Cuando una sociedad va cambiando lentamente, los nuevos elementos de su cultura son más fáciles de absorber, pero los cambios rápidos que experimentan las sociedades industriales han provocado muchos conflictos entre los viejos y los nuevos hábitos de vida y pensamiento.

Una sociedad necesita una serie estable de valores y un propósito unificado. Pero “adaptarse” a una sociedad democrática, significa también ser capaz y estar dispuesta a cambiarla. Las funciones aparentemente opuestas de transmitir las pautas culturales y los valores tradicionales y de desarrollar individuos críticos, tienden cada vez más a ser partes de la misma función. Adaptarse a la sociedad y cambiarla son, deberes de la persona en una sociedad democrática.

Ser una persona plenamente desarrollada en una sociedad tal, implica también ser íntegramente miembro “creador” con el poder de cambiarla. No obstante, un cambio demasiado rápido tiende a desmembrar una sociedad.

A modo de conclusión, y como decía Mannheim, la escuela del pasado era “un campo de entrenamiento para el ajuste imitativo a una sociedad establecida” , mientras que la escuela moderna debería ser “una introducción a una sociedad ya dinámica”.

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Publicado: marzo 9, 2015 por Santiago

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