Tema 57 – Alteraciones comportamentales y conductas asociales.

PROGRAMAS DE PREVENCIÓN, INTERVENCIÓN Y TRATAMIENTO ANTE PROBLEMAS DE DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD EN EDUCACIÓN SECUNDARIA.

1- INTRODUCCIÓN

La infancia y la adolescencia constituyen períodos altamente significativos a juzgar por el importante protagonismo que normalmente le conceden los principales sistemas clasificatorios sobre los trastornos del comportamiento. Ej: AAMD en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) le concede un apartado dedicado a los “trastornos de inicio en la infancia, la niñez y la adolescencia”, en este incluye una variedad de problemas específicos muy amplia, dado que la característica común clasificatoria de todos estos problemas es la de aparecer o mostrarse por primera vez en este período temporal.

Bajo la designación de conductas antisociales se incluye no sólo la amplia variedad de problemas o condiciones que empiezan a manifestarse en la infancia o adolescencia, sino que pueden llegar a constituir problemas estables o crónicos en la edad adulta.

Principal estrategia a utilizar: prevención de estos problemas, bien sea a nivel secundario o bien las condiciones de riesgo de los mismo para que de ninguna manera lleguen a producirse.

2- LAS CONDUCTAS ANTISOCIALES

2.1- CONCEPTOS GENERALES:

Las conductas antisociales incluyen una amplia gama de actividades tales como acciones agresivas, hurtos, vandalismo, absentismo escolar, abandonos de casa, … normalmente estas conductas se consideran juntas pues se suelen dar asociadas. Todas ellas infringen reglas y expectativas sociales importantes.

Nosotros utilizaremos este concepto para referirnos a los casos en que los adolescentes manifiestan un patrón de conducta antisocial, bien cuando existe un deterioro significativo en el funcionamiento diario en casa o en la escuela, o bien cuando las conductas son consideradas incontrolables por familiares y amigos. Trastorno de conducta queda reservado para la conducta antisocial clínicamente significativa, sobrepasando el ámbito del normal funcionamiento. La cond.considerada grave suele poner al joven en contacto con distintos agentes sociales como son los servicios de Salud Mental y los servicios de Justicia Penal.

2.2- DEFINICIÓN E IDENTIFICACIÓN DE LA COND.ANTISOCIAL.

Hay que tener en cuenta dos características básicas:

– FRECUENCIA: el grado en que un niño se ve envuelto en conductas como peleas, sustracciones y mentiras determina si la conducta requiere atención.

– INTENSIDAD: si es alta la magnitud de la consecuencia de la conducta, aunque sea de baja frecuencia.

La REPETICIÓN y CRONICIDAD de las acciones también ayudan a definir los niveles clínicos de cond.antisocial, pues reflejan que los esfuerzos normales de padres, profesores y compañeros y los procesos generales de crecimiento no han tenido el efecto deseado.

2.3- CONTINUACIÓN EN LA ETAPA ADULTA

No todos los niños antisociales sufren trastornos de adultos, aunque si existen una mayor propensión, sobre todo si está así diagnosticado desde un punto de vista psiquiátrico.

Siguiendo a Trigo podemos establecer algunas de las características que predicen la continuación de la conducta antisocial en la etapa adulta:

– EDAD DE COMIENZO: comienzo precoz (antes de los 10-12 años), está también relacionado con el índice y gravedad de la conducta antisocial posterior.

– EXTENSIÓN DE LA DESVIACIÓN: Más tipos distintos de conductas antisociales; gran variedad de situaciones en que se manifiesta la cond; mayor gama de personas u organizaciones contra las que se expresan tales conductas.

– FRECUENCIA DE LA COND.ANTISOCIAL: Mayor número de episodios antisociales distintos.

– GRAVEDAD DE LA CONDUCTA: conductas relativamente graves en la adolescencia.

– TIPO DE SÍNTOMAS: mentiras, impulsividad, absentismo escolar, huidas de casa, hurtos, volver tarde a casa.

– CARACTERÍSTICAS DE LOS PADRES: psicopatología de los padres, en particular antisocial.

– FAMILIA: mayor si pertenece a hogares con disputas de pareja y familias numerosas.

3- EVALUACIÓN GENERAL DE LOS TRASTORNOS DE CONDUCTA EN LA ADOLESCENCIA.

3.1- EVALUACIÓN DE CARA A LA PREVENCIÓN.

La prevención de trastornos conductuales y afectivos mostrados de forma temprana en el proceso evolutivo, se presenta como uno de los objetivos claves de los sistemas enfocados a la salud mental juvenil. La existencia de estas medidas de prevención deberían tener en cuenta la probabilidad de:

– Evaluar la distribución de los trastornos juveniles en la población

– Analizar los mecanismos asociados a la presencia o ausencia de prejuicios.

– Identificaciones poblacionales y/o individuales de alto riesgo.

– Valorar la eficacia, efectividad y eficiencia de intervenciones del cuidado de la salud como objeto de potenciar la salud mental juvenil.

Otros aspectos a considerar para una evaluación acertada serán:

– ACEPTABILIDAD: los instrumentos deben resultar sencillos de aplicar, bajos de coste, y lo más breve que permitan los estudios. Los registros preliminares serán cubiertos pro entrevistas personales, cuestionarios y escalas de observación.

– APLICABILIDAD: deben ser aplicados acordes a la edad poblacional estudiada y comprensible dentro de dicha comunidad.

– FIABILIDAD: precisión de una medida pro comparación real versus comparación al azar, estimándose la estabilidad de evaluaciones realizadas bajo condiciones comparables o la precisión con la cual los ítems miden un distinto concepto.

– VALIDEZ: precisión con que una medida cumple su función y se basa usualmente en estandarizaciones relativas más que en absolutas.

La internalización de la conducta y responsabilidad del adolescente con trastornos mejora con el seguimiento de programas multivariados y personalizados, la recogida de información a partir de distintas fuentes da mayor garantía a la fiabilidad del proceso y permite obtener una óptica más completa de la naturaleza de los trastornos.

3.2- PROCEDIMIENTOS DE EVALUACIÓN.

Procedimientos más utilizados en la práctica psicológica:

a) LA ENTREVISTA CLÍNICA: Una entrevista sistemáticamente estructurada y con una flexibilidad dirigida por parte del entrevistador, puede suministrar una significativa información acerca de la conducta problema difícilmente obtenible por otros métodos.

Habrá que distinguir los planteamientos para la entrevista con el paciente infanto-juvenil, de la que establecemos para sus padres y profesores.

b) CUESTIONARIOS Y AUTOINFORMES: resulta casi imprescindible tener métodos estandarizados que puedan ser relevantes en la producción de resultados similares a través de diferentes estudios y poblaciones (Haynes 1992). Las técnicas estadísticas multivariadas permiten identificar conductas que suelen encontrarse interrelacionadas, teniendo en la actualidad instrumentos de evaluación más válidos que los mostrados pro cuestionaros de personalidad, y relativamente más precisos y objetivos que los surgidos en los instrumentos proyectivos. Algunos de los autoinformes más utilizados por los especialistas son:

– Escala de tendencias de las acciones infantiles.

– Cuestionario de autoinforme de conducta antisocial para adolescentes.

– Escala de autoinforme de la delincuencia.

– Entrevista para la agresión.

– Inventario de hostilidad infantil.

c) ANÁLISIS CONDUCTUAL: es la primera fase del proceso de modificación y terapia de la conducta. A partir del análisis del problema se seleccionan las conductas claves prioritarias a modificar, se aplican las técnicas adecuadas y por último, se valoran los resultados obtenidos en el proceso (Haynes 1990). Pasos:

1. Descripción de la conducta.

2. Exploración de las tasas de conducta.

3. Exploración o análisis funcional.

4. Intentos de control

5. Contexto cognitivo.

6. Exploración de refuerzos.

d) LA OBSERVACIÓN DIRECTA: En la dificultad de obtener información de variables cognitivas y psicofisiológicas radica una de sus principales limitaciones. Siguiendo a Fernández Ballesteros (1992) los pasos para desarrollar un sistema de observación son:

1. Determinar las unidades de observación.

2. Decidir sobre las unidades de medida.

3. Que técnicas se van a utilizar.

4. Quién o quiénes van a ser observados.

5. En qué situaciones se va a observar.

6. Duración de la observación.

7. Los observadores.

8. Garantía científica de la observación.

Algunos de los modelos existentes en este sentido son:

– Cuestionario de conducta antisocial para adolescentes.

– SOCIII- interacciones familiares.

– Sistema de codificación de la interacción familiar.

– Informe diario del padre.

3.3. LA CONDUCTA DISOCIAL EN EL DSM-IV

RASGO ESENCIAL: hace referencia a un patrón de conductas en el que el sujeto ignora los derechos de las demás o viola las normas y papeles propios de su edad. Para realizar el diagnóstico, ha de presentarse un conjunto específico de conductas problemáticas con una duración de varios meses.

SINTOMAS:

Agresión a personas y animales:

  1. Fanfarronea, amenaza o intimida a otros.
  2. inicia peleas físicas.
  3. ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas
  4. ha manifestado crueldad física con personas.
  5. ha manifestado crueldad física con animales.
  6. ha robado enfrentándose a la víctima.
  7. ha forzado a alguien a una actividad sexual.

Destrucción de la propiedad:

  1. Ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves.
  2. ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas.

Fraudulencia o robo:

  1. Ha violentado el hogar, la casa, o el automóvil de otra persona.
  2. a menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones.
  3. ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima.

Violaciones graves de normas:

  1. a menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones (comenzando antes de los 13 años)
  2. se ha escapado de casa durante la noche por los menos dos veces.
  3. suele hacer novillos en la escuela (antes de los 13 años).

Este trastorno provoca deterioro clínicamente significativo de la actividad social, académica o laboral. Para diferenciar el trastorno disocial de inicio en la infancia o adolescencia, se establece como frontera de dicho comienzo la edad de 10 años.

Otras categorías de diagnóstico distintas del trastorno de conducta que incluyen comportamiento antisocial son:

– TRASTORNO NEGATIVISTA DESAFIANTE: un patrón de oposición provocativa, negativa o desafiante hacia la autoridad, es evidente en conductas tales como infracciones de reglas menores, rabietas, discusiones o tozudez. No hay violaciones importantes de los derechos básicos de los demás o de reglas y normas sociales. El trastorno negativista se asocia a los trastornos del estado de ánimo y psicóticos de niños y adolescentes. El inicio se situa entre los 3 y los 18 años, deben aparecer al menos 4 de los siguientes ítems durante al menos 5 meses:

  1. se encoleriza e incurre en pataletas.
  2. discute con adultos.
  3. desafía activamente a los adultos o rehusa cumplir sus demandas.
  4. molesta deliberadamente a otras personas
  5. acusa a otros de sus errores o de su mal comportamiento
  6. es susceptible o fácilmente molestado por otros.
  7. es colérico y resentido.
  8. es rencoroso o vengativo

– TRASTORNO DE ADAPTACIÓN CON ALTERACIÓN DE CONDUCTA: una reacción de inadaptación a un factor de estrés identificable que tenga lugar en los tres meses posteriores al factor de estrés. Deterioro del funcionamiento diario y síntomas que parecen ser reacción directa al factor de estrés.

– TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL: conducta antisocial característica presente que parte de un funcionamiento prolongado en el que hay un deteriroro significativo de áreas sociales u ocupacionales, o trastorno subjetivo. Incluye patrón de conducta antisocial continuada. Ha de tener 18 años al menos pero su comienzo debe ser anterior a los 15 y mantenerse en el tiempo.

– CONDICIONES NO DEBIDAS A UN TRASTORNO MENTAL: acciones antisociales aisladas, más que los patrones de conducta antisocial, que sugieren un trastorno mental más prolongado.

  1. LA PERSONALIDAD DEL ADOLESCENTE PROBLEMÁTICO.

4.1. LA PERSONALIDAD DEL SER HUMANO

La personalidad se va formando en una interacción dialéctica con el medio que le rodea y el comportamiento; como expresión directa de esa interacción va modelando también en función de dicha interacción. No es una estructura preexistente en el individuo sino se trata de una de las formas más habituales de respuesta ante las demandas del medio.

Dentro de la gran variedad de características comunes a los adolescentes conflictivos destacamos dos: INMADUREZ y la INSEGURIDAD. Cuando el adolescente se desarrolla en una ambiente integrador, coherente y comprensivo los conflictos se solucionan en el propio ambiente, sin embargo cuando ese ambiente no es coherente sino contradictorio el conflicto que ello implica podrá llegar a convertirse en permanente e impedirá al joven madurar y adquirir seguridad.

4.2. LA INMADUREZ

– Destaca la vulnerabilidad a las contingencias ambientales de la personalidad, por ejemplo a las presiones de los medios de comunicación.

– Profundo vacío en sí mismos. Asumen su propia historia, están enraizados en el presente y no se proyectan en absoluto hacia un futuro.

– Comportamiento contradictorio, fluctuando su conducta en función de variaciones a veces muy sutiles, de la situación estimular en que se produce.

– Afirmar su identidad, frente a sí mismo y frente al mundo, de una manera agresiva.

– Experimentan una fuerte necesidad de ser aceptados que, unido a un bajo nivel de autoestima, les lleva frecuentemente a comportamientos desadaptados con el objetivo exclusivo de conseguir la aceptación de los demás.

El adolescente conflictivo asume el papel de malo porque le aporta mayores satisfacciones que la normalización social y porque para la propia autoestima le es más beneficioso sentirse peligroso y valorado como tal por el entorno que desprecia.

4.3. LA INSEGURIDAD.

Siguiendo en una perspectiva interactiva la inseguridad se manifiesta en dos direcciones profundamente relacionadas:

– INSEGURIDAD SITUACIONAL: forma en que responde a las distintas situaciones de la vida. Hace referencia a dos de las principales variables que aparecen en la literatura al respecto:

a) Descontrol del comportamiento: en tres niveles:

1. manipulación de algunas situaciones..

2. reacciones desproporcionadas a la causa desencadenante.

3. Descontrol del comportamiento en situaciones extremas.

b) Desvinculación del entorno: no es sólo a nivel institucional y normativo, sino incluso a su propio entorno socializador que implica no sentirse integrado, no estar vivencialmente implicado en el mundo que le rodea.

– INSEGURIDAD RELACIONAL: forma en que establece sus relaciones interpersonales. La manifestación más evidente es mediante una afectividad alterada, expresada bajo distintas formas entre las que destacan la:

· Desconfianza

· Indiferencia afectiva

· Resistencia a la afectividad

· Labilidad afectiva

· Dificultad para expresar las emociones.

  1. LA INTERVENCIÓN ANTE ESTOS PROBLEMAS.

5.1. LA ACTITUD PREVENTIVA

Tienden a mostrar una amplia gama de disfunciones en sus conductas especiales, rendimiento académico y procesos cognitivos. La realización de programas de prevención pueden tener menos obstáculos, ya que los problemas clínicos de los adolescentes y sus familias no son graes.

KAZDIN: subraya la necesidad de contemplar el factor edad como un elemento esencial de estimación, cuando se plantee, en términos generales y no individuales, la intervención en dichos procesos, en razón de una doble consideración:

a) Por la diferente vulnerabilidad que la persona presenta en los distintos momentos evolutivos de su vida.

b) La necesaria estimación e identificación de los factores de riesgo que pueden intervenir en la génesis del trastorno y que necesitan de un adecuado control y regulación.

GREENBERG (1992) nos da una clasificación de los factores de riesgo:

1. Factores biológicos infantiles: tanto las dificultades de temperamento como un bajo nivel intelectual, representan un factor de riesgo individual a tener en cuenta.

2.La familia ecológica: grupo familiar que no puede garantizar unas condiciones óptimas de cuidado y atención.

3. La dirección parental y las prácticas de socialización: Los conflictos de relación interpersonal, las alteraciones en la disciplina familiar, las desviaciones en los estilos de socialización … representan un variado y amplio sistema de factores de riesgo de enorme significación patogénica en los trastornos infanto-juveniles.

4. La relación afectiva temprana positiva padres-niño: la inestabilidad e inseguridad de las relaciones tempranas correlacionan significativamente con el desarrollo de dificultades en las relaciones interpersonales con sus iguales. Humor, depresión y conductas agresivas.

DOGDE (1993) establece la sistematización de un modelo preventivo, basándose en la necesidad de establecer pasos o etapas que permitan confirmar la unicidad o multiplicidad de posibles factores que concurren como generadores de riesgo, proponiendo los siguientes pasos:

    1. identificar las variables que permiten considerarse de alto riesgo.
    2. Reconocer los procesos proximales al desarrollo de variaciones conductuales.
    3. Concretar el tipo de intervención que puede alterar dichos procesos
    4. Establecimiento definitivo de los tipos de cambio en los procesos que propician una estructuración de los factores de riesgo originales.
    5. Establecer cuáles serán los cambios en las variables marcadoras que protagonizan la reducción del riesgo.

Principal ventaja de este modelo: sus actuaciones tienen una estabilidad y consistencia en los cambios que pretenden asegurar.

Es básico distinguir entre:

PREVENCIÓN PRIMARIA: aquella diseñada para prevenir el desarrollo de trastornos psicológicos y promocionar el bienestar de personas todavía no afectadas por la disfunción.

PREVENCIÓN SECUNDARIA: aquellas personas que ya presentan algún rasgo precoz, leve o moderado de disfunción o presentan un alto riesgo de problema clínico.

5.2- PANORAMA DE LOS TRATAMIENTOS ACTUALES

Principales tipos de tratamientos y su objetivo terapéutico, desde una triple dimensión según en quién esté centrado el tratamiento:

TRATAMIENTOS CENTRADOS EN EL NIÑO:

o Psicoterapia individual: bases intrapsíquicas de la conducta antisocial, especialmente conflictos y procesos psicológicos que han afectado negativamente en el curso del desarrollo.

o Psicoterapia de grupo: terapia individual como los anteriores. Los procesos adicionales son el afianzamiento, la retroalimentación y beneficios indirectos por los compañeros.

o Terapia conductual: Conductas problemáticas que se presentan como síntomas o conductas diseñadas para contrarrestar esos síntomas.

o Tratamiento de base cognitiva: Procesos cognitivos y habilidades de resolución de problemas cognitivos interpersonales que subyacen a la conducta social.

o Farmacoterapia: Diseñado para afectar a los sustratos biológicos de la conducta.

TRATAMIENTO CENTRADO EN LA FAMILIA:

o Terapia familiar.

o Entrenamiento conductual con los padres: interacciones en el hogar.

TRATAMIENTOS BASADOS EN LA COMUNIDAD

o Intervenciones comunitarias: foco de las actividades y programas comunitarios para alentar la competencia y relaciones con los compañeros.

5.3. INTERVENCIÓN PSICOEDUCATIVA

Hablar de niños diferentes, implica dar una respuesta diferente por parte de los padres y de los profesores, para que estos sujetos puedan conseguir los fines educativos adecuados a su edad y capacidad. El sistema educativo en general y los centros docentes en particular, deben proporcionar la ayuda que cada persona necesita, dentro de un contexto educativo lo más normalizado posible. Se trata de dar alternativas eficaces que, mediante acomodaciones o ajustes de la oferta educativa a las necesidades, contexto y posibilidades educativas de los adolescentes diferentes, respondan a sus diversas demandas. La intervención educativa tiene que llevarse por igual desde la familia, la escuela y el medio en el que viven los educandos.

E.GONZÁLEZ: los padres y educadores deben disponer de una adecuada metodología, así como de una serie de estrategias psicopedagógicas para intervenir con éxito. Principios básicos:

1. Considerar el poder de modelado de los padres y profesores.

2. Entrenar en habilidades positivas.

3, Ser capaz de ejercer la autoridad pero sin autoritarismo.

  1. Alabar mejor que reprochar por sistema.
  2. Dejar claro que no todos los comportamientos merecen aprobación y estima.
  3. Permitir que se sientan escuchados y comprendidos.
  4. Dedicar tiempo para convivir con los hijos.
  5. Proporcionar un autoconcepto positivo.
  6. Aceptarles como son.
  7. Educarles en libertad.

FONTANA (1989):

a) adecuar las tareas a las aptitudes e intereses del alumno

b) supervisar y controlar el proceso de aprendizaje, ofreciendo feedback

c) mantener un ritmo de aprendizaje correcto

d) solucionar los problemas que se planteen durante el proceso de enseñanza-aprendizaje.

e) Determinar claramente los objetivos perseguidos.

Estos dos modelos son de carácter preventivo, sin embargo diariamente en los centros se pueden generar situaciones de conflicto. Se puede tener en cuenta el decálogo ofrecido por RODRÍGUEZ Y LUCA DE TENA con relación a los pasos a seguir ante la aparición de un conflicto:

– actuar con rapidez.

– Enfrentarse a él con actitud constructiva.

– Escuchar a todas las partes implicads.

– Evaluar el coste del conflicto

– Optimizar los recursos.

– Proponer soluciones concretas

– Lograr el consenso en las decisiones

– Realizar un seguiiento de los acuerdos.

– Si el conflicto continúa, comenzar de nuevo

– Tratar de formar parte siempre de la solución, nunca del problema.

Publicado: marzo 6, 2015 por Santiago

Etiquetas: Tema 57 orientación educativa