Introducción
Si el análisis del desarrollo infantil en etapas anteriores se centraba en los pilares socioafectivos y motores como base de la arquitectura humana, el presente tema profundiza en las herramientas cognitivas por excelencia que permiten al niño representar el mundo, dotarlo de significado y conectar con sus semejantes: el lenguaje y el pensamiento. Desde una perspectiva epistemológica, no podemos entender estas dimensiones como compartimentos estancos; el desarrollo del lenguaje es indisociable del desarrollo del pensamiento, formando un binomio dialéctico donde la palabra da forma a la idea y la idea busca la palabra para ser comunicada. La LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre), en su preámbulo y articulado, enfatiza la importancia de la expresión y comprensión oral como la base de todo aprendizaje posterior y como un factor de equidad social.
En la Educación Infantil, esta área adquiere una relevancia primordial. El niño transita de una comunicación puramente gestual y emocional a una capacidad simbólica que le permite viajar en el tiempo y el espacio a través del relato. Como señala Vygotsky (1978), el lenguaje es la herramienta de mediación cultural que transforma las funciones psíquicas elementales en funciones psíquicas superiores. Por tanto, el estudio de estos procesos no es solo una cuestión de hitos evolutivos, sino una necesidad técnica para el orientador educativo, quien debe velar por que el entorno escolar sea un escenario lingüísticamente enriquecido que prevenga desigualdades.
El marco normativo actual, concretado en el Real Decreto 95/2022, organiza las áreas de la etapa destacando la “Comunicación y Representación de la Realidad” como un ámbito donde el lenguaje oral, el corporal, el artístico y el audiovisual convergen. Este marco nos obliga a comprender en profundidad cómo evolucionan estos procesos para diseñar intervenciones que, de forma integrada y globalizadora, estimulen la competencia lingüística y los primeros marcos de pensamiento lógico-simbólico, garantizando que cada niño y niña alcance el Perfil de Salida con las herramientas comunicativas necesarias para su éxito personal y académico.
Descargar ahoraDesarrollo del marco normativo: LOMLOE, RD 95/2022 y desarrollos autonómicos
El marco legal que sustenta el desarrollo del lenguaje y el pensamiento en la infancia ha experimentado un giro competencial decisivo con la LOMLOE. El artículo 12 de la ley orgánica establece que la finalidad de la Educación Infantil es contribuir al desarrollo físico, afectivo, social, cognitivo y artístico, pero hace un hincapié especial en el desarrollo de la comunicación y el lenguaje. La ley recupera el carácter educativo de ambos ciclos, entendiendo que desde los 0 años el niño es un ser comunicativo que requiere una estimulación técnica y afectiva de calidad.
A nivel estatal, el Real Decreto 95/2022 desarrolla los principios pedagógicos y los objetivos de la etapa. En su artículo 5, se detallan objetivos directamente vinculados con este tema, como “desarrollar capacidades comunicativas en diferentes lenguajes y formas de expresión” y “potenciar la curiosidad y el conocimiento sobre el entorno”. El Anexo II de esta norma es fundamental, pues define el área de “Comunicación y Representación de la Realidad”. En ella, se establece que el lenguaje oral es el instrumento por excelencia de aprendizaje, de regulación de la conducta y de manifestación de vivencias, sentimientos e ideas. Los criterios de evaluación de esta área no buscan la corrección gramatical absoluta, sino la funcionalidad comunicativa y el placer por la interacción.
En el ámbito autonómico, las comunidades han concretado este marco en sus respectivos decretos curriculares. En Andalucía, el Decreto 97/2023, de 28 de febrero, subraya en su artículo 6 la importancia de la atención a la diversidad y la personalización del aprendizaje, reconociendo que los ritmos de adquisición del lenguaje son altamente variables. El Anexo de este decreto detalla las competencias específicas, como “interpretar y comprender mensajes orales” y “expresar mensajes de manera eficaz y creativa”. Por su parte, la Orden de 30 de mayo de 2023 (Andalucía) enfatiza la necesidad de que el lenguaje se trabaje de forma transversal en todas las rutinas y situaciones de aprendizaje, evitando ejercicios mecánicos y descontextualizados.
Desde la perspectiva de la orientación educativa, el artículo 71 de la LOMLOE es el baluarte que obliga a las administraciones a asegurar los recursos necesarios para el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo (NEAE). En el ámbito del lenguaje, esto implica una vigilancia constante de los hitos evolutivos para aplicar medidas de prevención y compensación, especialmente en entornos socioculturales desfavorecidos donde la “brecha lingüística” puede condicionar todo el futuro escolar del alumno. El orientador, por tanto, debe conocer esta normativa para asesorar a los equipos docentes en la creación de entornos inclusivos que respeten el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA).
Fundamentación psicológica: Piaget, Vygotsky, Bruner y el enfoque neuroconstructivista
La comprensión del lenguaje y el pensamiento en la infancia se asienta sobre las aportaciones de los grandes teóricos de la psicología del desarrollo, cuyas visiones, aunque a veces divergentes, ofrecen un mapa completo para la intervención psicopedagógica.
Jean Piaget (1969) postula que el pensamiento precede al lenguaje. Para Piaget, el lenguaje es una manifestación de la función simbólica, la cual emerge al final del estadio sensoriomotor (hacia los 2 años). El niño debe ser capaz de representar mentalmente un objeto (significado) antes de poder nombrarlo (significante). Piaget describe el lenguaje inicial del niño como egocéntrico, caracterizado por monólogos donde no hay una intención real de comunicar, sino de acompañar la acción. Solo con la superación del egocentrismo y la llegada de las operaciones concretas, el lenguaje se vuelve verdaderamente socializado.
Lev Vygotsky (1978), por el contrario, sostiene que el lenguaje y el pensamiento tienen raíces genéticas diferentes que se fusionan hacia los dos años. Para Vygotsky, el lenguaje es inicialmente social (comunicativo) y, a través de un proceso de interiorización, se convierte en lenguaje egocéntrico (que sirve para planificar la acción) y finalmente en lenguaje interno (pensamiento). Su concepto de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP) es vital: el lenguaje del adulto y de los pares más capaces actúa como un andamio que permite al niño alcanzar niveles de pensamiento que no lograría en solitario. Aquí, el lenguaje no solo expresa el pensamiento, sino que lo construye.
Jerome Bruner (1984) sintetiza ambas posturas a través del concepto de LASS (Language Acquisition Support System). Bruner argumenta que para que el dispositivo innato de adquisición del lenguaje (el LAD de Chomsky) funcione, es necesario un sistema de apoyo social. Los adultos crean “formatos” de interacción (como el juego del “cucu-tras” o la lectura de cuentos) que son situaciones predecibles donde el niño aprende las reglas del lenguaje y la comunicación. Bruner destaca la importancia de la narrativa como la forma en que los seres humanos organizamos nuestra experiencia y damos sentido al mundo.
Desde el enfoque neuroconstructivista (Karmiloff-Smith, 2005), entendemos que el cerebro infantil no nace con módulos preespecializados, sino con sesgos de procesamiento que se van especializando a través de la interacción con el medio. El desarrollo del lenguaje y el pensamiento es un proceso de redescripción representacional, donde el conocimiento implícito se vuelve explícito y manipulable mentalmente. Esta visión subraya la importancia de la plasticidad cerebral y la necesidad de una estimulación temprana rica y variada, ya que las conexiones sinápticas relacionadas con el lenguaje tienen periodos sensibles de máximo desarrollo en la etapa de Educación Infantil.
Fundamentación pedagógica: modelos de intervención y el enfoque comunicativo
La pedagogía en la Educación Infantil ha evolucionado desde modelos instructivos hacia enfoques globalizadores y centrados en el niño. En el ámbito del lenguaje y el pensamiento, la intervención no se entiende como una enseñanza directa de reglas, sino como la creación de contextos que inviten a la exploración y al intercambio.
El modelo pedagógico actual se basa en el Enfoque Comunicativo, que prioriza el uso del lenguaje en situaciones reales y funcionales. Como señala Lomas (1999), el objetivo no es que el niño aprenda “sobre” la lengua, sino que desarrolle su “competencia comunicativa”. Esto implica que el aula debe ser un escenario donde se hable para resolver problemas, para expresar sentimientos y para crear mundos imaginarios. El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) se integra aquí al ofrecer múltiples formas de representación y expresión, permitiendo que niños con diferentes niveles de desarrollo lingüístico participen en la misma situación de aprendizaje.
Otro pilar pedagógico es el Aprendizaje por Descubrimiento (Bruner, 1961). En el desarrollo del pensamiento, el docente no debe dar las respuestas, sino plantear “conflictos cognitivos” que obliguen al niño a reestructurar sus esquemas mentales. Las Situaciones de Aprendizaje, tal como las define el RD 95/2022, deben ser retos motivadores que activen el pensamiento percepto-motor y faciliten el tránsito hacia lo simbólico. La pedagogía de la escucha, propia de las escuelas de Reggio Emilia, subraya que el adulto debe ser un observador atento de los “cien lenguajes” del niño, proporcionando el andamiaje necesario para que el pensamiento se haga explícito a través de la palabra, el dibujo o el juego.
Desarrollo de los contenidos específicos: lenguaje, comunicación y pensamiento
El proceso de adquisición del lenguaje: de la prelengua a la competencia gramatical
La adquisición del lenguaje es un prodigio biológico y social que se despliega en una secuencia cronológica relativamente estable, aunque con gran variabilidad individual.
Etapa Prelingüística (0-12 meses): Es la fase de la comunicación no verbal. El niño utiliza el llanto, la mirada y el gesto para interactuar. Un hito técnico fundamental es la atención conjunta (hacia los 9 meses), donde adulto y niño comparten un foco de interés. Surge el balbuceo y la lalación, que son entrenamientos fonológicos esenciales.
Etapa Lingüística (12 meses – 6 años):
Fase de la Holofrase (12-18 meses): El niño usa una palabra para designar todo un contexto. Aquí la semántica está muy ligada a la acción inmediata.
Habla Telegráfica (18-24 meses): Aparecen las primeras combinaciones de dos palabras. Se observa la “explosión del vocabulario”, donde el niño incorpora palabras a un ritmo vertiginoso.
Expansión Gramatical (3-6 años): Es el periodo de mayor crecimiento. El niño adquiere la estructura básica de su lengua. Un fenómeno interesante es la hiperregulación (ej. “yo sabo”, “he ponido”), que demuestra que el niño no imita, sino que está construyendo activamente las reglas gramaticales de su idioma.
Las dimensiones del lenguaje: un análisis técnico
Para una evaluación psicopedagógica precisa, el orientador debe analizar el lenguaje en sus cuatro dimensiones:
Fonológica: El dominio de los fonemas. En Infantil se producen procesos de simplificación fonológica normales (ej. “totate” por “tomate”) que deben desaparecer progresivamente.
Semántica: El léxico. El niño pasa de un significado sobreextendido (llamar “perro” a todos los animales) a una categorización precisa.
Morfosintáctica: La organización de las frases. Se pasa de oraciones simples a coordinadas y subordinadas.
Pragmática: Es la dimensión más social. Incluye el respeto de turnos, el mantenimiento del tema y la adaptación del registro al interlocutor. Según Aguado (2004), las dificultades en esta área suelen ser indicadores tempranos de trastornos del desarrollo.
El desarrollo del pensamiento: del sensorio-motor a la lógica preoperacional
El pensamiento en la infancia es, en palabras de Piaget (1969), una inteligencia en acción.
Pensamiento Percepto-Motor (0-2 años): El niño conoce el mundo a través de sus sentidos y sus movimientos. El logro de la permanencia del objeto es el hito que permite al niño saber que las cosas existen aunque no las vea, lo que abre la puerta a la representación mental.
Pensamiento Preoperacional (2-7 años): Con la llegada de la función simbólica, el niño puede manejar símbolos (palabras, imágenes, gestos). Sin embargo, este pensamiento tiene rasgos técnicos que el docente debe conocer:
Centración: El niño se fija en un solo atributo (ej. la altura de un vaso) ignorando otros (la anchura).
Irreversibilidad: Incapacidad de realizar el camino mental inverso de una acción.
Animismo y Artificialismo: Creencia de que los objetos tienen vida o que todo ha sido fabricado por el hombre.
Egocentrismo: La dificultad para entender que los demás tienen pensamientos o deseos distintos a los propios (falta de Teoría de la Mente hasta los 4-5 años).
La interrelación indisoluble entre lenguaje y pensamiento
Como hemos visto, lenguaje y pensamiento se alimentan mutuamente. El pensamiento simbólico proporciona el contenido (el significado), mientras que el lenguaje proporciona la estructura (el significante). El lenguaje permite al niño “despegarse” del aquí y el ahora, permitiéndole planificar el futuro o recordar el pasado. Esta capacidad de autorregulación a través del lenguaje (el habla privada de Vygotsky) es lo que permite al niño controlar su conducta y resolver problemas complejos. En la etapa de Infantil, el lenguaje es el andamio sobre el cual se construye la lógica.
El rol del orientador educativo: intervención sistémica en lenguaje y pensamiento
En la etapa de Educación Infantil, el orientador actúa como un dinamizador de contextos inclusivos y un experto en prevención. Su intervención no debe ser clínica, sino psicopedagógica y sistémica, centrada en el asesoramiento al centro, al profesorado y a las familias. Bajo el marco de la LOMLOE, el orientador lidera la implementación del Plan de Atención a la Diversidad (PAD), asegurando que las barreras a la comunicación y al aprendizaje sean eliminadas desde el primer ciclo.
Asesoramiento en el diseño de entornos comunicativos (DUA)
El orientador debe asesorar al equipo docente para que el aula sea un escenario lingüísticamente estimulante. Esto implica aplicar los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA):
Múltiples formas de representación: Asesorar en el uso de apoyos visuales (pictogramas, gestos de apoyo a la comunicación) que faciliten la comprensión del lenguaje oral y la estructuración del pensamiento. Esto es vital para el alumnado con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) o retrasos del lenguaje.
Múltiples formas de acción y expresión: Fomentar que el niño pueda demostrar su pensamiento no solo a través de la palabra, sino mediante el dibujo, el modelado o el juego simbólico. El orientador ayuda a diseñar Situaciones de Aprendizaje donde el error lingüístico (como la hiperregulación) se vea como una evidencia de progreso cognitivo y no como un fallo a corregir.
Prevención y detección temprana: el protocolo de actuación
La detección precoz es el mandato del Art. 71 de la LOMLOE. El orientador debe establecer protocolos de observación sistemática para identificar signos de alerta:
En el lenguaje: Ausencia de balbuceo a los 12 meses, no aparición de palabras aisladas a los 18 meses, o persistencia de un lenguaje ininteligible a los 3 años. El orientador utiliza herramientas como escalas de desarrollo o registros de observación de la pragmática para distinguir entre un “hablante tardío” y un posible Trastorno Específico del Lenguaje (TEL/TDL).
En el pensamiento: Ausencia de juego simbólico a los 3 años o dificultades extremas en la permanencia del objeto. Estos indicadores pueden señalar dificultades cognitivas que requieren una Evaluación Psicopedagógica temprana.
La Acción Tutorial y el Plan de Acción Tutorial (PAT)
El orientador colabora con el tutor en el desarrollo de la competencia emocional y social, que son la base del lenguaje pragmático:
Programas de Estimulación del Lenguaje Oral (PELO): El orientador impulsa y coordina programas preventivos en el aula de 3 años, trabajando la conciencia fonológica, el vocabulario y las funciones pragmáticas a través de juegos de asamblea y cuentos motores.
Desarrollo de Funciones Ejecutivas: El pensamiento preoperacional se beneficia de actividades que fomenten la inhibición, la memoria de trabajo y la flexibilidad. El orientador propone juegos de reglas sencillas que obliguen al niño a “pensar antes de actuar”, facilitando el tránsito del pensamiento impulsivo al reflexivo.
Colaboración con las familias y el entorno
La familia es el principal agente de estimulación lingüística. El orientador debe:
Escuelas de Familias: Organizar sesiones sobre la importancia de la lectura compartida y el juego como herramientas de pensamiento. Se debe alertar sobre el uso excesivo de pantallas, que inhibe la interacción verbal y el desarrollo del pensamiento simbólico.
Coordinación Externa: El orientador es el nexo con los Centros de Atención Infantil Temprana (CAIT) y con los logopedas externos. En Andalucía, según la Orden de 30 de mayo de 2023, esta coordinación es preceptiva para garantizar la continuidad de las medidas de apoyo.
La Evaluación Psicopedagógica en Infantil
Cuando las medidas ordinarias no son suficientes, el orientador realiza la evaluación. En esta etapa, la evaluación debe ser contextualizada y dinámica. No se trata de medir el CI, sino de entender cómo el niño utiliza el lenguaje para resolver problemas y cómo se sitúa ante los retos cognitivos. El informe resultante debe proponer medidas de atención a la diversidad que sean aplicables en el día a día del aula, priorizando siempre la inclusión en el grupo-clase.
Conclusión
El desarrollo del lenguaje y del pensamiento en la Educación Infantil constituye un binomio inseparable que define la capacidad del ser humano para ser libre y autónomo. Como hemos analizado a lo largo del tema, el tránsito del pensamiento percepto-motor a la capacidad simbólica, y de la comunicación gestual a la palabra estructurada, no es solo un proceso biológico, sino una conquista social mediada por la educación.
La LOMLOE nos ofrece un marco de oportunidad para entender la orientación como un servicio que garantiza el derecho a la comunicación de todo el alumnado. Nuestra labor como orientadores es asegurar que la escuela infantil sea un lugar donde se escuche la voz del niño, donde el pensamiento se estimule a través del asombro y donde el lenguaje sea el puente que una la mente individual con la cultura colectiva. En definitiva, se trata de dotar a los niños y niñas de las herramientas necesarias para que, como ciudadanos del siglo XXI, puedan interpretar críticamente su realidad y expresarse en ella con plenitud.
Bibliografía y normativa
Normativa
Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE).
Real Decreto 95/2022, de 1 de febrero, por el que se establece la ordenación y las enseñanzas mínimas de la Educación Infantil.
Decreto 97/2023, de 28 de febrero, por el que se establece la ordenación y el currículo de la Educación Infantil en la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Orden de 30 de mayo de 2023, por la que se desarrolla el currículo de la Educación Infantil en Andalucía, se detalla la atención a la diversidad y se establece la ordenación de la evaluación.
Bibliografía
Aguado, G. (2004). El desarrollo del lenguaje de 0 a 3 años. CEPE.
Ainscow, M. (2015). Steps for equity in education. Routledge.
Berk, L. E. (2018). Desarrollo del niño y del adolescente. Pearson Educación.
Bruner, J. (1984). Acción, pensamiento y lenguaje. Alianza.
Karmiloff-Smith, A. (2005). Hacia el lenguaje: del feto al adolescente. Morata.
Lomas, C. (1999). Cómo enseñar a hacer cosas con las palabras. Paidós.
Piaget, J. e Inhelder, B. (1984). Psicología del niño. Morata.
Vygotsky, L. S. (1978). El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Crítica.
