Tema 21 – Alumnos con necesidades educativas especiales. Características generales de los tipos y grados de minusvalías: motoras, psíquicas, sensoriales, en relación con la actividad física.

ÍNDICE

1. INTRODUCCIÓN

2. CONCEPTO DE NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES

3. IDENTIFICACIÓN DE ALUMNOS CON NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES

3.1. Valoración de las necesidades educativas especiales con relación al área de Ed. Física.

4. ALUMNOS CON NECESIDADES EDUCATIVAS MÁS FRECUENTES EN EL CONTEXTO ESCOLAS:

4.1. Alumnos con deficiencias motoras.

4.2. Alumnos con déficits intelectuales.

4.3. Alumnos con deficiencias sensoriales: auditivos y visuales.

4.4. Alumnos con autismo.

4.5. Alumnos que presentan alteraciones o transtornos comportamentales.

5. ORIENTACIONES DIDÁCTICAS GENERALES

6. CONCLUSIONES

7. BIBLIOGRAFÍA

l. INTRODUCCIÓN

Actualmente asistimos a un cambio fundamental en la concepción de la Educación Especial. Hablamos de alumnos con necesidades educativas especiales (n.e.e.) y del compromiso del sistema educativo para dar respuesta a cada una de las necesidades de estos alumnos, poniendo a su alcance todos los medios necesarios. Se trata de una nueva dimensión de la educación, caracterizada por ser normalizadora. Endividualizada e integradora.

Este nuevo cambio va a llevar a una abolición de la clasificación de los/las alumnos/as según las deficiencias y a partir como base para la toma de decisiones de una descripción detallada de la necesidad especial en cuestión.

En este sentido, se consigue erradicar matices peyorativos, evitando la segregación, temor o desprecio que términos como subnormal, idiota, imbécil o deficiente suscitan en nuestra sociedad. Por otro lado, nos permite valorar la deficiencia desde el punto de vista psicopedagógico, alejándonos de la idea de deficiencia como algo estable y eliminando el concepto de enfermedad permanente.

Cuando hablamos, por tanto, de niños con necesidades educativas especiales entendemos que las dificultades de aprendizaje no se encuentran en el niño, como se ha concebido siempre, sino que el problema radica en la escuela, en la respuesta educativa que planteará a las necesidades de estos alumnos.

Desde este punto de vista, podemos afirmar que la causa de las dificultades de aprendizaje va a tener un carácter fundamentalmente interactivo ya que dependerá tanto de las condiciones personales del alumno como de las características del entorno en el que se desenvuelve (en este caso la escuela) así como también un carácter relativo, ya que sus dificultades dependerán de las particularidades del alumno en un momento determinado en relación con las condiciones y oportunidades del proceso de enseñanza aprendizaje.

2. CONCEPTO DE NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES

Nos vamos a encontrar con un alumnado diverso. Ahora bien, ¿cuándo podemos afirmar que un alumno realmente tiene necesidades educativas especiales? El criterio fundamental nos lo proporciona Brennan (1988), quien especifica que un alumno tiene n.e.e cuando en el intento de responder a sus necesidades se agotan todos los recursos ordinarios, necesitando ayuda extra para resolver sus dificultades.

Podemos distinguir, por tanto, dos colectivos de alumnos:

− Aquellos que presentan diferencias individuales para aprender Se resuelven por medios ordinarios que dispone el profesor (precisan, por ejemplo, de la propia habilidad del docente).

− Aquellos caracterizados por presentar dificultades de aprendizaje. Son resueltos a partir de recursos extras, ya sean educativos, psicológicos o médicos. En este caso, el nivel de adaptación dependerá de la necesidad que presente el alumno: desde una adecuación metodológica hasta un cambio más profundo en el tipo de currículum.

Por lo tanto, podemos considerar como n.e.e aquellas necesidades que precisan de

una intervención de apoyo al profesor o una creación de una situación de aprendizaje alternativo para el alumno.

En este sentido, la definición de n.e.e. queda perfectamente delimitada en el Informe Warnock, en el año 1978 donde se considera que las n.e.e. requieren:

− la dotación de medios especiales de acceso al currículum mediante un equipamiento, unas instalaciones o unos recursos especiales, la modificación del medio físico o unas técnicas de enseñanza especializadas.

− La dotación de un currículum especifico o modificado.

− Una atención particular a la estructura social y clima emocional en los que tiene lugar la educación.

Esta nueva definición supuso un gran avance en dos sentidos:

− Por un lado, al centrarse en el currículum permite tener en cuenta a aquellos niños que, ofreciéndoles el apoyo adecuado, podrán seguir el currículum escolar normal, incluidos aquellos a los que les pudiera resultar inadecuado, siempre y cuando sea desarrollado en una situación ajustada a las necesidades de aprendizaje del niño.

− Por otro lado, al centrarse en los medios requeridos, permite apreciar si las necesidades del niño estaban siendo satisfechas a través de la comparación de los medios disponibles con los requeridos.

Así pues, podemos considerar que el concepto de necesidades educativas especiales se encuentra estrechamente relacionado con las ayudas o servicios educativos que determinados alumnos puedan precisar a lo largo de su escolarización1 para el logro de su máximo desarrollo personal y social. (Toro y Zarco, 1995).

De acuerdo con Brennan (1988) “hay una necesidad educativa especial cuando una deficiencia ( física, sensorial, intelectual, emocional, social o cualquier combinación de éstas) afecta al aprendizaje hasta tal punto que son necesarios algunos o todos los accesos especiales al currículo, al currículo especial o modificado, o a unas condiciones de aprendizaje especialmente adaptadas para que el alumno sea educado adecuada y eficazmente. La necesidad que puede presentarse en cualquier punto en un continuo que va desde la leve hasta la aguda; puede ser permanente o una fase temporal en el desarrollo del alumno.”

Desde el MEC, se considera en base a estos dos autores que: “Un alumno tiene necesidades educativas especiales cuando presenta dificultades mayores que el resto de los alumnos para

acceder a los aprendizajes que se determinan en el currículo que le corresponde por su edad (bien por causas internas, por dificultades o carencias en el entorno socio‐familiar o por una historia de aprendizaje desajustada) y necesita para compensar dichas dificultades adaptaciones de acceso y/o adaptaciones significativas en varias áreas de ese currículo”.

Este cambio terminológico supone considerar que las dificultades de aprendizaje no van a tener únicamente una base biológica sino que determinados alumnos pueden tener necesidades educativas especiales como consecuencia de una mala historia de aprendizaje o de vivir en un contexto socio‐familiar de privación.

Con este nuevo enfoque, decir que un alumno/a tiene necesidades educativas especiales significa que a lo largo de su escolarización puede presentar dificultades de aprendizaje. En este sentido, un primer punto a considerar es que las dificultades no son algo concreto y delimitado a un grupo de alumnos claramente identificables, sino que más bien, hacen referencia a distintos grados (mayores o menores dificultades en todas o en algunas áreas de aprendizaje), distintos momentos de aparición (al comienzo o final de la etapa evolutiva, etc.) y duración variable (carácter más transitorio o permanente).

3. IDENTIFICACIÓN DEL ALUMNADO CON NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES.

Según el Diseño Curricular Base (1989) reivindicar una escuela con talante igualitario y comprensivo no significa reclamar la uniformidad para todos sus alumnos y alumnas, sino que supone educar en el respeto a las peculiaridades de cada estudiante. El desafío de la escuela consiste, preferentemente, en ser capaz de ajustar su intervención educativa a la diversidad e individualidad del alumnado.

El primer paso en este proceso de determinación y dotación de las ayudas necesarias y adecuadas lo constituye la identificación de las necesidades educativas especiales de los alumnos y alumnas, partiendo del convencimiento, tal y como expresa el DCB, de que las motivaciones, intereses, y capacidades de aprendizaje entre el alumnado son diferentes debido a factores tanto individuales como socio‐culturales, que interactúan entre sí.

La Ley Orgánica, 1/1990, de Ordenación General del Sistema Educativo (L.O.G.S.E) en su capítulo V, dedicado a la Educación Especial, establece una serie de premisas referentes al alumnado con necesidades educativas especiales y desarrolladas en los artículos 36 y 37 del mismo. Concretamente, el punto segundo del artículo 36 expone textualmente:

“La identificación y valoración de las necesidades educativas especiales se realizará por equipos integrados por profesionales de distintas cualificaciones que establecerán en cada caso planes de actuación en relación con las necesidades educativas específicas de los alumnos”.

En este proceso el profesor o la profesora tiene un papel fundamental por su proximidad al alumnado. Esta posicion le convierten en una fuente privilegiada de informacion sobre las características de los alumnos y alumnas. Ante determinados signos de alerta, o bien ante la información otorgada por los padres y madres el profesor o profesora iniciarán el proceso de identificación mediante la observación en el medio natural, en primer lugar, si esta no fuera suficiente, se realizarla a través del proceso de valoración psicopedagógica.

Tras la identificación de las necesidades el profesorado tiene la posibilidad de intervenir sobre la propuesta curricular, las estrategias y/o la organización mediante cambios que con frecuencia pueden resultar suficientes para satisfacer y responder a las necesidades anteriormente identificadas.

Una vez extremadas las medidas preventivas y de ajuste ordinario al alcance del tutor1 en el caso de no ser suficientes, éste debe recurrir al profesor de apoyo para la Educación Especial. Se tratará de una colaboración y nunca de una sustitución.

Como última medida, una vez agotada la respuesta educativa a través de las fases del proceso de identificación, cuando sea necesario1 o bien ante determinadas necesidades, debe requerirse la participación del Departamento de Orientación Educativa y Psicopedagógica y/o Equipo interdisciplínar sectorizado, con el fin de evaluar otros aspectos necesarios para poder definir las necesidades educativas y señalar con mayor exactitud y rigor los apoyos específicos que son requeridos y las formas precisadas para llevarlos a cabo. Una vez expuesto quiénes son los y las profesionales que deberán realizar el proceso de identificación de necesidades educativas especiales de los alumnos y las alumnas, pasaremos a centrarnos en las fases de dicho proceso.

De acuerdo con la Resolución de 15 de Junio de 1989 de la Dirección General de Renovación Pedagógica, el proceso de identificación de las necesidades educativas especiales es el siguiente:

a‐ Evaluación de la competencia curricular. b‐ Análisis de estilo de aprendizaje.

c‐ Evaluación del contexto de aprendizaje. d‐ Evaluación del contexto socio‐familiar.

a.‐ Evaluación de la competencia curricular.

La estrategia propuesta por el M.E.C. para ayudar al profesor o profesora a analizar hacía dónde y cómo dirigir los apoyos específicos necesarios consta de cuatro preguntas que deben realizarse secuencialmente, más una pregunta adicional en el caso de que la ayuda no funcione:

1‐ ¿Qué es exactamente lo que el alumno no consigue hacer?. La respuesta a esta pregunta nos informa a cerca del qué enseñar, cómo que objetivo debería trabajar el alumno o alumna en cuestión.

2‐ ¿Cuáles son los contenidos (conceptos, procedimientos y actitudes) que, siendo necesarios para alcanzar ese objetivo, ya posee el alumno? ¿Cuál es el punto de partida para la ayuda?. Este interrogante nos conduce, a partir de la evaluación inicial, a definir la competencia curricular y el estilo de aprendizaje.

3‐ De los siguientes pasos para ayudar al alumno a alcanzar ese objetivo, ¿cuál es el más estratégico?, esto es: ¿cuál es el primer paso en la secuencia de los aprendizajes que conduce hacia la consecución del objetivo?. La información extraída de esta pregunta nos responde al cuándo enseñar.

4‐ ¿Cuáles son las decisiones metodológicas más adecuadas al alumno para ayudar a dar ese paso? Esta pregunta hace referencia al cómo enseñar y produce la definición de las opciones metodológicas y el diseño de las actividades de aprendizaje.

5‐ ¿La ayuda que se le ha dado ha permitido al alumno dar ese paso hacia el objetivo?. Supone determinar el grado de aprendizaje existente al final del proceso.

Este proceso de toma de decisiones conllevará adaptaciones en la evaluación, adaptaciones metodológicas, adaptaciones en los contenidos y adaptaciones en los objetivos.

b. ‐ Análisis de estilo de aprendizaje.

Además de la evaluación de la competencia curricular es necesario indagar sobre el estilo de aprendizaje del niño o la niña con el fin de fijar el estilo de enseñanza más adecuado en cada caso. Las motivaciones, preferencias, el tiempo que puede permanecer concentrado, su manera de enfrentarse a las tareas, las situaciones que le son más favorables para prestarle los apoyos necesarios y otras, son algunas de las cuestiones que es necesario plantearse.

“La intervención del profesor ha de estar dirigida a hacerle consciente de sus posibilidades y demostrarle capaz, a confrontarte con exigencias posibles que le proporcionen la visión del límite de sus posibilidades y del valor del esfuerzo. Sólo así puede aprender y sentirse eficaz, competente y apreciado” (DCB, 1989).

c.‐ Evaluación del contexto de aprendizaje.

Las necesidades educativas especiales del alumno o alumna han de identificarse en relación con el contexto escolar y sólo a partir de éste es posible diseñar la respuesta. El Proyecto Educativa de Centro, el Proyecto Curricular de ciclo, la Programación de Aula y el análisis de le estilo de enseñanza son elementos en los cuales es necesario se tenga en cuenta la evaluación del contexto escolar

d. ‐ Evaluación del contexto socio‐familiar.

Hay que evaluar las actitudes y el grado de colaboración de la familia con el centro, el ambiente cultural ,económico, etc. La actitud de los padres y madres frente a la educación influirá en el interés e implicación del niño o la niña en las tareas y en su grado de esfuerzo. Es en el ambiente familiar donde se debe crear un clima que favorezca y fomente la autoaceptación del niño o la niña, importante para la creación del autoconcepto y la aceptación de los demás. Así pues, debemos buscar que los entes centro y familia sean núcleos interactivos. La colaboración entre los mismos será siempre positiva.

En el caso que se escolarizará a un alumno o alumna que tuviera realizado el dictamen por el E.O.E.P. (Equipo de Orientación educativa y Psicopedagógica), éste iría orientado, naturalmente, a un nivel educativo determinado y con unas orientaciones concretas. El centro educativo deberá analizar respuesta educativa desde su propio Proyecto Curricular de Centro.

3.1. Valoración de necesidades educativas especiales con relación al área de Educación Física.

La detección de necesidades educativas motrices especiales es un proceso que tiene por finalidad obtener un mayor conocimiento del alumno para poder realizar las intervenciones adecuadas desde el aula de Educación Física.

Javier Hernández (1995) considera que el proceso de valoración se caracteriza por ser complejo y delicado, describiéndolo como “… un proceso complejo intelectual que combina habilidades de análisis, selección, interpretación y manipulación de información, toma de decisiones y ejecuciones de acciones.”

A partir de esta valoración inicial podemos establecer y configurar los objetivos y contenidos a seguir, así como programar la metodología de trabajo1 tomando las decisiones adecuadas para determinar el qué, cómo y cuándo imprescindible en todo proceso de programación educativa.

Un proceso determinante será la elección del instrumento o instrumentos a utilizar para realizar la valoración. En el ámbito de la motricidad se disponen de numerosos y diferentes instrumentos como los tests, baterías, exámenes, balances psicomotores7 listas de observación..

En cualquier caso1 se suelen utilizar tests para la evaluación funcional, tests que nos van a permitir valorar el nivel de competencia del alumno con respecto al área de motricidad, y no como agravio comparativo respecto al umbral de normalidad. Se trata, pues, de obtener criterios de competencia individual, centrados en las posibilidades del niño. (Javier Hernández, 1995).

Generalmente se utilizan escalas evolutivas que analizan las conductas perceptivo‐ motrices de los sujetos, entre las que destacamos la batería de Ozeretski, Gesell, Amheim y Sinclair, Lapierre, Da_Fonseca…

4. ALUMNOS CON NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECIALES MÁS FRECUENTES EN EL CONTEXTO ESCOLAR.

Las necesidades educativas especiales más frecuentes que vamos a encontrar en el contexto escolar son organizadas sobre la base de los grupos que a continuación se presentan. No obstante, y dadas los múltiples tipos y grados de deficiencia, los equipos interdisciplinares determinan que serán alumnos de centros ordinarios de integración aquellos que presentan algunas de las siguientes características:

a) Tipo y grado de deficiencia:

− Motora ligera y media.

− Mental ligera y media.

‐Sensorial en todos sus grados.

− Problemas no graves de personalidad.

b) Edad:

− Aquellos que presentando necesidades educativas especiales estén en edad escolar (6 a 14 años)

4.1. Alumnos con deficiencias motoras

Son alumnos que van a presentar problemas de movilidad (limitaciones posturales, de desplazamiento, de coordinación y de manipulación) a veces acompañados de trastornos de tipo sensorial, perceptivo, de lenguaje… debido fundamentalmente a una alteración o deficiencia orgánica del aparato locomotor o de su funcionamiento. Esta alteración puede afectar al sistema óseo, articular, nervioso y/o muscular, de manera transitoria o permanente y con grados variables de limitación de algunas actividades.

Conviene señalar los rasgos siguientes:

a) Alteraciones en el aparato locomotor. Prioritariamente son niños que presentan dificultades en la ejecución de sus movimientos o ausencia de los mismos, a pesar de que pueden venir acompañados de otros déficits.

b) Transitoria o permanente. Se trata de un estado físico. Muchos alumnos/as pueden presentar accidentes transitorios que les lleven a una situación de desventaja motora como por ejemplo las inmovilizaciones, aparatos ortopédicos, etc.

c) Grados variables; en cada caso podemos encontrar una capacidad funcional diferente. Dentro del ámbito escolar es necesario atender a los movimientos y tipo de ejecuciones que es capaz de realizar cada alumno en concreto.

d) Puede venir acompañada de otros tipos de trastornos: hay niños y niñas con déficits motóricos que pueden presentar trastornos intelectuales, perceptivos, sensoriales y/o emocionales asociados, siempre teniendo en cuenta que estos trastornos no son inherentes a la deficiencia motora, y a que;

− No se da en todos los alumnos por igual

− Se dan en grados variables

Pueden responder a situaciones socio‐ambientales privadas de estimulación.

− La delimitación de estos trastornos asociados debe hacerse de manera individual.

4.1.1. Clasificación de las deficiencias motores.

Debido a la amplia gama de trastorno motores, son múltiples los criterios que se pueden aplicar a la hora de realizar una agrupación.

Sin embargo, encontramos que la gran mayoría de trabajos sobre este tema basan su clasificación siguiendo criterios etiológicos. En este sentido, podemos hablar de múltiples causas de discapacidad:

− Patologías de origen neurológico: déficits malformativos, encefalopatías connatales,…

− Procesos degerativos provocados por problemas hormonales, infecciosos, incluso genéticos o desconocidos…

− Patologías de origen traumático: amputaciones, pérdidas musculares, aplastamientos óseos…

Sin embargo, nosotros vamos a seguir otra clasificación que encontramos en la obra de Molina García (1994), en la cual la Discapacidad Física se agrupa según la existencia o no de daño cerebral. Así diferenciamos por un lado la parálisis cerebral y por otro, la mayoría de las discapacidades físicas.

a) Trastornos motóricos con afectación cerebral: la parálisis cerebral.

De entre todas las causas, la más frecuente y grave de las deficiencias motoras que nuestros alumnos van a presentar es la parálisis cerebral.

La parálisis cerebral es un síndrome debido a una lesión orgánica cerebral, cuya causa puede ser pre, peri o postparto, de carácter no progresivo, producido antes de que el sistema nervioso central haya alcanzado su desarrollo.

Siguiendo a Ríos Hernández (1998), la parálisis cerebral se trata de “un trastorno del tono postural y del movimiento, de carácter persistente pero no invariable, secundario a una agresión no progresiva en un cerebro inmaduro”. De este se deduce que los síntomas de esta disfunción son para toda la vida aunque siempre cabe la posibilidad de ciertas mejoras.

Desde el punto de vista educativo, nuestro interés debe centrarse en conocer las principales alteraciones que sufre un niño o niña con P.C. Las diferencias van a variar en función del tipo de alteración del tono muscular y de la extensión y localización de la incapacidad, es decir, los segmentos corporales afectados:

En el primer caso encontramos:

Parálisis espástica. La lesión se atribuye al sistema piramidal, aquel que rige los movimientos voluntarios. Por lo tanto, encontramos una pérdida del control de movimientos voluntarios, rigidez de movimientos e incapacidad para relajar grupos musculares. Esta rigidez se manifiesta en contracciones y torpeza motriz (Toro y Zarco, 1995).

Parálisis atetóxica. La lesión afecta al sistema que controla los movimientos involuntarios, el tono muscular y los estados de vigilia (sistema extrapiramidal), Presentan, por tanto1 movimientos involuntarios lentos e irregulares impidiendo en ocasiones la correcta realización de muchas acciones.

Parálisis atáxica. Se debe a una lesión en el cerebelo. Existen graves problemas en la adaptación postural (equilibrio, control postural) y la coordinación de los movimientos voluntarios (global y oculo‐manual).

Estados mixtos. En ocasiones, las formas anteriores se presentan combinadas.

Si atendemos a la extensión y localización de la lesión podemos destacar:

Parálisis (no existe movimiento): Monoplejia: de un solo miembro. Hemiplejia: de un lado del cuerpo

Diplejia: de partes iguales a cada lado del cuerpo. Paraplejía: afectación de las piernas

Triplejia: de tres extremidades. Tetrapleiia: de los cuatro miembros.

Paresia (cuando hay movimiento por muy pequeño que sea): Monoparesia: parálisis ligera o incompleta de un sólo miembro. Hemiparesia: parálisis ligera o incompleta de un lado del cuerpo Parapesia: parálisis ligera de las dos piernas

Tetraparesia: parálisis ligera o incompleta de los cuatro miembros.

No obstante, aunque hagamos la más completa de las clasificaciones siempre encontraremos distintos grados de afectación, lo que nos obligará a tender más cuidadosamente el caso concreto con el que nos encontremos.

b) Transtornos motores sin afectación cerebral.

− LA POLIOMIELITIS

La infección viral que causa la poliomielitis está prácticamente erradicada en nuestro país. Sin embargo, a día e hoy, personas afectadas por sus secuelas. La infección empieza por la boca y llega al SNC a través de la sangre. Puede afectar las meninges y, en menor medida, a las células del asta anterior de la médula espinal1 provocando su destrucción. El daño que cause el virus dependerá de su poder para afectar a más_o_menos neuronas, provocando problemas motores consecuentes. En los casos más graves se desarrolla la tase paralítica de la enfermedad en la que se dan parálisis fláccidas con pérdidas de reflejos tendinosos profundos. Pueden producirse mejorías, incluso totales, aunque no en los casos más graves, debido a la falta de regeneración de las células afectadas.

Además la Poliomielitis puede provocar deformaciones sobretodo cuando se trata de niños/as en crecimiento. El tratamiento, en estos casos, va desde la ortopedia hasta la cirugía. Pero la mejor solución es la prevención y la vacunación, que se está mostrando tremendamente eficaz en la erradicación de la Poliomielitis.

− LA ESPINA BÍFIDA

Durante las primeras semanas de vida en el feto se desarrolla el proceso de formación de los órganos, músculos, huesos, etc. momento en el cual también se forma la columna vertebral. En este mismo proceso, se produce un fallo en el cierre de ésta y la médula espinal que va por dentro de la columna, queda expuesta al exterior. Ríos Hernández (1998) explica que “la Espina Bífida es una malformación congénita que consiste en un fallo del cierre del tubo neural durante el período embrionario.”

Como en todas las afectaciones nerviosas, la gravedad de la lesión estará determinada por el lugar donde se produce. Evidentemente, las salidas de la médula a niveles altos (D1/D2) reportarán consecuencias más graves que a niveles medio (L2‐L3‐L4) o bajo (L5‐Sacro). En los casos más comunes (el 69% de los casos se da a nivel de las vértebras lumbares) es común encontrar parálisis de los miembros inferiores, falta de sensibilidad en estos miembros, problemas de circulación sanguinea, de control de esfínteres, malformaciones y deformidades. La Espina Bífida, de por sí, no comporta retraso mental1 a no ser que éste se produzca como resultado de un tratamiento inadecuado de la enfermedad que lleve falta de estimulación, de relación o de educación.

‐LA DISTROFIA MUSCULAR

Dentro de este apartado podríamos incluir innumerables dolencias agrupadas en torno a las siguientes características:

− La Distrofia Muscular conlleva una degradación de la masa muscular, produciendo hipotonía.

− El origen de estas enfermedades es genético. La transmisión por herencia se produce de padres a hijos.

− Muchas de ellas son progresivas, por lo que empeoran con la edad, llegando incluso a provocar una muerte prematura. En la mayoría de los casos afecta a la autonomía de la persona.

Dos de los casos más significativos de Distrofia Muscular son:

− Distrofia Muscular de Duchenne: enfermedad que afecta a un varón de cada 2.500/3.000. Se produce una destrucción de las células musculares y el niño/a pierde fuerza paulatinamente. De no poder correr ni subir escaleras se pasa a la silla de ruedas. Tiene una alta tasa de mortalidad.

− Distrofia Muscular de Landouzy‐Dejerine: afecta a ambos sexos y aparece más tarde que la de Duchenne, siendo su evolución más lenta. Afecta primero a los músculos de la cara, cuello y hombros.

− ESCLEROSIS MULTIPLES

La esclerosis afecta a las vainas de mielina que recubren las fibras nervios y que son las encargadas de transmitir la información al cerebro y la médula. Dependiendo de la zona afectada, las consecuencias pueden ir desde la debilidad muscular, falta de coordinación, pérdida de equilibrio, rigidez muscular…

Después de describir las Discapacidades Físicas más importantes, no podríamos olvidar otra serie de afectaciones igualmente importantes y con sintomatologías tan graves. Hablamos pues de la Parálisis del Plexo Braquial (por traumas obstétricos u otros, provocando parálisis total o parcial de las extremidades superiores), de las lesiones en la médula espinal que pueden dar lugar a graves paraplejias (producidas por malformaciones congénitas, enfermedades o traumatismos como en los accidentes de tráfico, etc.) amputaciones (sobretodo por problemas vasculares y traumáticos), Artritis Reumatoidea (que produce inflamaciones1 dolor, anquilosis, atrofias…), etc.

4.1.2. Necesidades educativas que caracterizan al alumno con déficits motores en relación con la actividad fisica.

Las necesidades educativas que pueden presentar estos alumnos/as se van a centrar fundamentalmente en problemas derivados de la movilidad y la comunicación, sin descartar el análisis de otros factores en función de cada caso particular.

Los niños con problemas motores presentan dificultad del control de movimientos disminuyendo las posibilidades de explorar, manipular y relacionarse con personas y objetos de su entorno.

Por otro lado, y en relación con la comunicación encontramos que debido a los trastornos motores carecen de un medio adecuado de expresión a pesar de poseer un elevado nivel de comprensión del lenguaje hablado. Esto no debe provocar un análisis infravalorado de la capacidad intelectual del alumno

Sentimientos de frustración1 miedo, fatiga, incapacidad para jugar… crean en el niño actitudes de inestabilidad emocional, falta de cooperación1 falta de atención, depresión, inmadurez social, etc. Estas conductas afectan al mundo de las relaciones sociales del niño/a con su entorno y todos los que viven en él. En este sentido no podemos afirmar que las limitaciones motoras impiden la posibilidad de relaciones sociales sino más bien aceptar que

tan sólo las restringe. Desde el contexto educativo se debe procurar respuestas educativas acertadas que posibiliten un desarrollo integral del alumno/a.

4.2. Alumnos con déficits intelectuales

Se trata de niños que van a presentar una deficiencia mental en distinto grado y que va a generar dificultades de aprendizaje. La característica fundamental que puede definir a estos alumnos es la dificultad en el proceso de aprender más o menos generalizada

Actualmente, el criterio legal para escolarizar a un niño/a deficiente mental en las diferentes modalidades educativas es su C.I. (Coeficiente intelectual). La clasificación actual que se sigue en nuestro país es la propuesta por la Organización Mundial de la Salud (O.M.S. 1963, 1983). En ella, se hace referencia a cuatro niveles de deficiencia: ligera ( C.I. entre 50 y 70 ), media ( entre 35 y 50 ), severa ( entre 20 y 35 ) y profunda ( inferior a 20 ). _

Picq y Vayer (1972) realizan un profundo análisis de las características morfofisiológicas, conductas neuromotrices y conductas psicológicas que permiten acercamos a las peculiaridades que estos niños van a presentar con objeto de orientar y facilitar nuestra respuesta educativa.

4.2.1. Deficiencia Profunda y Severa

Estos niños, como ya hemos mencionado anteriormente, no van a ser escolarizados en centros ordinarios de Integración. Su educación y formación va a depender de los centros de Educación Especial.

Estos niños se van a caracterizar por presentar alteraciones en el equilibrio y la coordinación afectando fundamentalmente a la marcha (defectuosa, pies deparados y arrastrados buscando la mayor base de sustentación posible). Por otro lado, y en cuanto a las conductas neuroperceptivomotrices, estos autores señalan la imposibilidad de relajación voluntaria, las dificultades en la apreciación, control, organización espacial debido a una dificultad en los procesos de asociación al tacto, sentido muscular y kinestésico, etc.

De entre los estados emocionales más característicos, estos niños van a presentar una sola forma de emoción, la ansiedad. Estos estados permanentes

de ansiedad provocan actitudes de miedo y angustia constantes en el niño impidiendo o dificultando los procesos atencionales (fundamentales para el aprendizaje) así como favoreciendo el fracaso en todo lo que intentan (aparecen actitudes de falta de confianza en sí mismo, miedo de hacer…).

En cuanto al comportamiento intelectual es necesario señalar que su acusado déficit es en gran parte la consecuencia del handicap motor y sensorial característicos de estos niños.

4.2.2. Deficiencia media y ligera.

Los alumnos que presentan deficiencias mentales escolarizados en centros ordinarios de Integración son aquellos cuyo C.I. les sitúa en una deficiencia de grado medio y/o ligero. En este sentido, estos niños van a ser capaces de captar ciertas relaciones y analizar situaciones concretas. Estos niños van a presentar, de entre sus conductas motrices y psicomotrices, dificultades en el equilibrio (debido fundamentalmente a una actitud postura defectuosa), diferencias notables con respecto a niños de su edad en cuanto a conductas adaptativas (se desarrollan a un ritmo mucho más lento), en la orientación espacial y estructuración espacio‐temporal y en aspectos relacionados con la rapidez y la precisión. Por otro lado, y en cuanto al desarrollo de la coordinación y la lateralidad, no se encuentran diferencias significativas. No obstante, cuando éstas existen, son bastantes más difíciles superarlas.

En cuanto a conductas psicológicas se refiere, estos niños van a presentar diferencias ligeras con respecto a sus compañeros. No obstante, la falta de control sobre sí mismos y los continuos fracasos crean sentimientos de inseguridad y desconfianza muy próximo a los estados de ansiedad de los niños que presentan retrasos profundos y severos. La atención es difícil de mantener o despertar. El aprendizaje de trabajos simples y de repetición suele ser satisfactorio, no siendo así en aquellas tareas en las que se precisa la iniciativa y la imaginación.

4.2.3. Necesidades educativas que caracterizan al alumno con déficits intelectuales en relación con la actividad física.

En general, vamos a encontrar en estos niños una dificultad en el proceso de aprender. Esto afectaría a todas las capacidades: autonomía, lenguaje, interacción social, motricidad1 etc., en mayor o menor medida. Por ello es interesante conocer sus procesos de aprendizajes así como los factores que están implicados, motivaciones, intereses, actitudes, rendimiento, relaciones personales, etc.

Podemos encontrar dificultades en el proceso de enseñanza‐aprendizaje que pueden orientarnos en nuestro proceso de actuación docente. Como son:

− La atención

− La percepción visual

− La memoria: aprendizaje y retención de información

− Simbolización v abstracción

− Estrategias para aprender a planificar

Por tanto, debemos procurar establecer condiciones que nos permitan:

− Generalización de los aprendizajes

− Asegurar la atención

− Desarrollar la percepción. Numerosos estudios demuestran que las aptitudes de

un individuo resultarán gravemente alteradas cuando los procesos visuales estén alterados (en muchas ocasiones las capacidades cognoscitivas y linguísticas dependen de las respuestas a estímulos visuales) (López Sepúlveda, 1988). Se deben desarrollar programas basados en una profunda comprensión del proceso visual y de sus relaciones con los factores cognoscitivos y contextuales). (Leonard E. Ross y Susan M. Ross (1982).

− Potenciar la memoria. Estimular a que el alumno ponga en relación sus experiencias y aprendizajes previos con lo que realmente queramos que aprenda.

− Partir de lo concreto. Utilizar demostraciones e ilustraciones más que explicaciones profundas.

− Ayudar a generalizar los aprendizajes1 programando la general ización, estableciéndola como objetivo1 utilizando estrategias adecuadas y evaluándola.

4.3. Alumnos con deficiencias sensoriales.

4.3.1. Alumnos con déficits auditivos.

Son alumnos que van a presentar en el órgano de la audición una pérdida funcional para la vida ordinaria. Fundamentalmente, y desde una perspectiva educativa, podemos distinguir dos grandes grupos, en función del grado de audición:

– Hipoacúsicos: son alumnos cuya audición es deficiente aunque de unas características tales que es funcional para la vida ordinaria1 permitiendo así la adquisición del lenguaje oral por vía auditiva.

Sordos: son aquellos cuya audición no es funcional para la vida ordinaria y no permite la adquisición del lenguaje por vía auditiva. Sin embargo es posible, en mayor o menor medida, desarrollarlo por vía visual.

Estos dos grandes grupos nos permiten establecer, desde el punto de vista educativo, enormes e importantes diferencias pedagógicas De hecho, la respuesta educativa ha de ser totalmente diferente para cada uno de ellos, tanto en lo relativo a objetivos como en lo relativo a métodos.

No obstante, es necesario analizar otras múltiples variables diferenciadoras que nos van a resaltar la enorme variabilidad que podemos encontrar entre los alumnos que presentan deficiencias auditivas, ya que estas variables van a incidir de manera diferente en su desarrollo personal y escolar. De entre las variables destacamos:

a) Inicio de la sordera o momento en la que se produce la carencia auditiva. Desde este punto de vista podemos destacar:

− Sordos prelocutivos, cuando la sordera se produjo antes de adquirir el habla.

− Sordos postlocutivos, cuando se produjo después de adquirir el habla.

En este sentido, las estrategias educativas van a variar, intentando, a grandes rasgos, establecer una comunicación útil para los primeros, desarrollando programas de adquisición del lenguaje y para los segundos estrategias para conservar lo adquirido, ayudándoles a asumir el déficit auditivo, puesto que se van a producir cambios inevitables en sus relaciones sociales y personales.

b) Momento de la detección. Del diagnóstico de la carencia auditiva va a depender una intervención educativa significativa para el posterior desarrollo linguístico y académico del niño. De hecho, ciertos fracasos escolares atribuidos a problemas atencionales y emocionales, pueden ser causa desencadenante de pérdidas auditivas ligeras y medias no detectadas adecuadamente.

c) Localización de la sordera: Se refiere al lugar donde se encuentra la lesión:

− Sorderas de transmisión o conductivas: la lesión se localiza en el oído externo o medio. No suelen pasar de deficiencias auditivas. Tiene tratamiento médico o quirúrgico.

− Sorderas perceptivas o neurosensoriales: la lesión se localiza en el tejido del sistema auditivo periférico y central. Es irreversible. Podemos encontrar pérdidas desde leves hasta profundas.

− Sorderas mixtas. Cuando existen componentes transmisivos y perceptivos.

e) Cuando existe ambiente familiar y escolar: Tanto el ambiente sociocultural en el que se desarrolla el niño así como la edad de escolarización van a incidir directamente en su desarrollo personal y académico. Para ello, la aceptación por parte de los padres de la sordera de su hijo así como sus habilidades para saber comunicarse con él van a ser decisivos en las primeras fases de su desarrollo.

4.3.1.1. Necesidades educativas que caracterizan al alumno con déficits auditivos en relación a la actividad física.

Los sentidos desempeñan un papel importante en el desarrollo del niño con su

entorno. En este sentido, la carencia auditiva supone una desconexión con el medio impidiéndole recoger toda la información que éste le proporciona diariamente. Esta pérdida de información supone una importante dificultad a la hora de organizarla7 así como afecta también la forma de comprender el medio en el que se desenvuelve. Sentimientos de inseguridad en la relación con el medio por estar afectado el órgano de alerta van a ser comunes en estos niños. Todo esto conlleva un lento proceso de desarrollo del niño en el área cognitiva y motora, dadas las restricciones experienciales que supone el no oír. Por ejemplo, vamos a encontrar niños con dificultades en la marcha (pesadez e inseguridad), una inadecuada regulación motora (falta de habilidades coordinativas, rítmicas, perceptivas…). No obstante, no oír no significa que estos niños sean deficientes mentales. Su desarrollo es normal1 pero presentan ciertos retrasos en diferentes áreas. A partir de una rica exposición de situaciones experienciales adecuadas a sus niveles de desarrollo y necesidades este enlentecimiento podrá ser superado.

4.3.2. Alumnos con déficits visuales

Alumnos con déficits visuales son aquellos caracterizados, en líneas generales, por una falta de visión. En este sentido, debemos distinguir entre el niño ciego (aquel niño que no percibe la luz o únicamente tiene percepción luminosa) y el niño deficiente visual (aquel niño que posee resto visual aprovechable en una u otra medida). Ambos términos se encuentran estrechamente relacionados con el de “ceguera legal” en el que se intenta englobar a todos aquellos sujetos cuya deficiencia visual se encuentra establecida dentro de unos límites o normas legales, diferentes para cada país en función de su desarrollo económico y cultural. En España la Organización Nacional de Ciegos Española considera a una persona ciego legal cuando su capacidad no supera con corrección óptica 1/10 de la visión normal.

4.3.2.1. causas de la deficiencia visual.

En lineas generales, la presencia de anomalías en alguno de los componentes del sistema visual provoca una serie de perturbaciones en los diferentes aspectos que integran la visión;

− En la agudeza visual. Su disminución supone una visión caracterizada por ser borrosa, oscura ylo nebulosa.

− Alteraciones en el campo visual. Afecta fundamentalmente al desplazamiento (la lectura), visión periférica, etc.

− Alteraciones en la percepción de colores. Problemas en la discriminación, identificación y clasificación de los objetos por su color.

− Anomalías en la adaptación a la luminosidad ambiental. Algunos alumnos van a presentar cierta sensibilidad a la intensidad de la luz. De éstos, unos se van a desenvolver mejor en condiciones de media y baja iluminación (fotofobia. Uso imprescindible de gafas de sol) y otros van a demandar una iluminación alta.

4.3.2.2. Necesidades educativas especiales de alumnos con déficits visuales en relación con la actividad física.

Continuamente estamos recibiendo información a través del sentido de la vista, información que nos permite conocer el entorno en el que nos desenvolvemos. En este sentido, vamos a encontrar diferencias elementales en el desarrollo psicomotor, afectivo y

cognitivo de niños normovidentes frente a niños deficientes visuales. De igual modo1 estas diferencias van a ser significativas entre niños con visión nula y niños que presentan disminución visual, diferencias que se verán acentuadas fundamentalmente en las primeros años de vida. Este desfase en el proceso de desarrollo posteriormente tiende a estabilizarse.

En cualquier caso, los alumnos escolarizados que presentan deficiencias visuales van a presentar déficits importantes en aspectos relacionados con el conocimiento del propio cuerpo (esquema corporal) escaso control postural (actitudes de inseguridad y miedo provocan sentimientos reacios hacia el movimiento reflejados diariamente en la motricidad del niño: balanceos con el cuerpo, desplazamientos inestables, búsqueda del equilibrio ampliando la base de sustentación…) nula organización y orientación espacial, movimientos por norma general incoordinados, etc.

Por otra parte, estos niños se van a caracterizar por una inmadurez emocional expresada en actitudes de aislamiento y retracción social, de inseguridad, miedo1 etc. fundamentadas por la falta de lazos afectivos. De hecho, con estos niños es necesario buscar otros mecanismos de comunicación basados en el contacto y diálogo corporal, en la estimulación auditiva. ya que no pueden apreciar las expresiones faciales de aprobación o satisfacción que usamos normalmente.

Desde la Educación y en especial desde la Educación Física las respuestas educativas deben basarse en el movimiento como medio para proporcionar al niño la información que no le llega debido a su déficit7 con objeto de conocer el mundo que le rodea así como las formas de establecer relaciones con los objetos y con todos los que viven en él.

4.4. Alumnos con autismo.

Son alumnos que van a presentar un trastorno generalizado del desarrollo (DSM‐IIIR, 1987), caracterizado por:

− Un deterioro cualitativo en los patrones de interacción social (independientemente del nivel de desarrollo intelectual)

− Un deterioro cualitativo en los patrones de comunicación (verbal o no verbal)

− Conjunto de actividades e intereses repetitivos, restringidos y estereotipados.

− Comienzo de estas alteraciones en la infancia o en la niñez.

4.4.1. El alumno autista en el contexto de enseñanza‐aprendizaje.

Es necesario conocer el estilo o forma de aprender y su nivel de motivación para hacerlo, es decir, cómo aprende, cómo responde a las tareas y actividades que se les presenta, cómo se relaciona con los objetos o con el medio físico, con sus iguales, cómo se

adapta al aula1 cómo y ante qué refuerzos aprende mejor… Debemos recoger información también sobre:

− Nivel de atención: suelen ser hiperselectivos, tienden a cansarse pronto.

− Presentan dificultades en las actividades de grupo y también para compartir cosas.

Aceptan bien la mediación del adulto.

− Presentan problemas motivacionales, pero ello no quiere decir que carezca de ellas. El profesor deberá descubrirlas para promover el aprendizaje.

− Refuerzos que le resultan más positivos: responden ante refuerzos naturales, no arbitrarios, y en la medida adecuada.

Dentro de las múltiples formas en las que el autismo puede aparecer podemos distinguir, desde un punto de vista generalizado, por un lado alumnos caracterizados por ser hiperactivos, intranquilos, impulsivos e irritables. Por otro lado, también podemos encontrar alumnos pasivos con una falta de interés y apatía acusada, lo cual lleva cierta inactividad.

4.4.2. Necesidades educativas que caracterizan al alumno con autismo en relación con la actividad física.

De entre las respuestas educativas que se pueden ofrecer desde el área de Educación Física podrían ser las encaminadas fundamentalmente hacia el autocontrol, control del entorno, aprender a relacionarse, a entender y a reaccionar a las demandas de su entorno, ampliar las actividades que realizan, así como los intereses…

El docente deberá procurar estrategias adecuadas dirigidas a cubrir las necesidades que estos alumnos demandan, creando contextos educativos estructurados, situaciones concretas y específicas que favorezcan la generalización de los aprendizajes, sí como ambientes sencillos que faciliten una percepción y comprensión adecuada de los mismos.

4.5. Alumnos que presentan alteraciones o trastornos comportamentales.

Se puede entender el comportamiento como el conjunto de actitudes y de reacciones, a la vez gestuales y simbólicas. Ante los problemas de comportamiento que se presentan en el contexto educativo debemos atender a:

Según el DSM III, la definición básica de trastorno comportamental es un patrón persistente y repetitivo de conducta, en el que destaca la violación de los derechos fundamentales de los demás, o las reglas o normas sociales adecuadas a la edad. Se trata, pues, de una conducta más seña que las típicas picardias o travesuras de los niños y niñas. Por tanto, para la identificación del trastorno hay que resaltar la referencia social.

4.5.1. Clasificación general de los comportamientos asociales.

Existen muchos intentos de clasificación cuya finalidad es descubrir con precisión los trastornos de comportamiento/conducta. Pero la mayoría de las clasificaciones son exhaustivas y poco fiables: no existen unos límites muy claros entre unos y otros tipos de trastorno.

Para analizar los factores que inciden en los trastornos de los sujetos en edad escolar se realizan observaciones de la conducta a través de los padres, profesores, personal clínico y trabajadores sociales, etc. Con el empleo de esta técnica multivariada se llegó a un modelo de clasificación que incluye la inmensa mayoría de trastorno conductuales. Este modelo, que se basa en el déficit de las habilidades sociales en la etapa escolar, sobre todo adolescente, propone tres categorías:

AGRESIVIDAD; los problemas conductuales revelan la presencia de un modelo que incluye un comportamiento agresivo, tanto verbal como físico, asociado a una carencia en el plano de las relaciones interpersonales con los padres y profesores.

INMADUREZ: Se suelen manifestar una serie de conductas que corresponden al desarrollo normal del niño/a en edades tempranas, pero que se han vuelto inadecuadas en relación a las expectativas que la sociedad tiene de un adolescente, como la escasa capacidad de concentración, torpeza, preferencia por compañeros o compañeras menores, pasividad, incompetencia, ausencia de capacidades tales como compartir, responder a bromas y al fracaso, concentración…

RÉTRAIMIENTO: Son alumnos/as excesivamente inhibidos, con problemas de personalidad o neurótico con perturbaciones. Los alumnos/as retraídos presentan los sentimientos o ausencias siguientes: miedo, ansiedad, hipersensibilidad1 sentimientos de desolación, ausencias en las actitudes prosociales como mantener una conversación, intergrarse en el grupo, enfrentarse al miedo…

Estas tres categorías de trastornos están muy relacionadas con las deficiencias en el aprendizaje.

Los profesores/as en particular, y la comunidad educativa del centro en general, antes de intentar atajar el problema de comportamiento, deben tener en cuenta la gravedad del tipo de conducta que presenta, es decir, si se trata de una conducta asocial pasajera o si por el contrario es persistente y/o grave.

Para abordar los problemas de comportamiento no existe un modelo único. Dentro de los límites con los que el profesorado se encuentra a la hora de afrontar la intervención, la actuación de los adultos que están relacionados con el alumno/a con comportamientos “inadecuados” podría centrarse en una serie de aspectos a tener en cuenta:

− Se debe utilizar una conducta anticipatoria de evitación del conflicto.

− Utilizar técnicas autoaplicables y de registro por parte del alumno/a, que serán controladas por el orientador/a del centro o, en su defecto, por el profesor/tutor y/o familia, según los casos y gravedad.

− Educación para el tiempo libre.

5. ORIENTACIONES DIDÁCTICAS GENERALES.

Javier Hernández (1995) establece una señe de orientaciones didácticas de

ayuda para el docente. A través de estas consideraciones pretende que la acción pedagógica del docente sea efectiva y significativa para el alumno que ve dificultado su proceso de enseñanza.

En líneas generales, todo docente debe atender las siguientes observaciones:

− Evaluación inicial:

Es importante que el profesor verifique el nivel de partida y los conocimientos previos del alumno. De entre los aspectos a evaluar, destaca no sólo la competencia motriz sino también todos aquellos mecanismos que determinan la acción y la autonomía.

Actividades de aprendizaje.

A partir de la evaluación vamos a obtener a un grupo de alumnos dispar. Estas diferencias nos deben servir como referencia a la hora de elaborar las actividades de aprendizaje teniendo en cuenta que:

· Las actividades propuestas puedan ser realizadas en mayor o menor medida por todos los alumnos de la clase

· Éstas deben caracterizarse por ser progresivas atendiendo a los avances de los alumnos.

Organización.

Partiendo del principio de la diversidad no buscamos una respuesta motriz única y válida en todos los alumnos. Nuestro objetivo es desarrollar o mejorar la competencia motriz del alumno con relación al punto de partida. En este sentido debemos evitar a la hora de trabajar en grupo o asignar tareas basarnos en criterios tales como las características morfológicas, el sexo o cualquier discapacidad.

Un aprendizaje significativo

· Se deben plantear situaciones en las que el alumno, al realizarlas, conozca el para y el porque de las mismas.

· Seleccionar aquellas actividades que impliquen la aplicación de todo lo aprendido a situaciones reales de uso como por ejemplo los juegos.

Recursos materiales y espacios.

Debemos evitar que las actividades propuestas dependan del tipo de material que disponemos. Por ello, podemos recurrir a materiales más polivalentes, de uso habitual entre los alumnos (globos, cuerdas, cajas, ruedas…).

El material a utilizar debe adecuarse a la edad, potenciando durante el aprendizaje factores como la movilidad, manejabilidad…

El material novedoso y la distribución diferente de los espacios facilitan la atención del alumno y su predisposición para el aprendizaje.

Presentación de tareas motrices.

· Tiempo de explicación breve.

· Se presentará paso a paso.

· Prácticas cortas y cambios frecuentes.

· Tareas novedosas. Ayudan a mantener la atención y predisposición del alumno hacia el aprendizaje.

Por otro lado, y atendiendo a la programación de actividades, encontramos que la mayoría de alumnos con necesidades educativas especiales con relación al área de Educación Física van a presentar, independientemente del déficit, una serie de inadaptaciones que según Picq y Vayer (1972) son:

· Alteraciones en la percepción y control del propio cuerpo e Incapacidad más o menos acentuada del control respiratorio.

· Alteraciones en el equilibrio.

· Alteraciones en la orientación y

· Dificultades de organización espacio ‐ temporal.

En este sentido, el docente en su proceso de planificación y programación de actividades, deberá dar prioridad a esos contenidos educativos centrados fundamentalmente en el desarrollo psicomotor del niño.

El objetivo del desarrollo psicomotor es el control del propio cuerpo

para obtener de él todas las posibilidades de acción y expresión que a cada uno le sean posibles. Este desarrollo conlleva un componente externo (la acción y el movimiento) y un componente interno (la representación del propio cuerpo y sus posibilidades.

En el desarrollo psicomotor podemos distinguir componentes madurativos y relacionales. El desarrollo y control de sus componentes supone conseguir el dominio del cuerpo

− Componentes madurativos. Hacen referencia al desarrollo físico y progresos en el control postural.

− Componentes relacionales. Hacen referencia a los elementos básicos que hay que desarrollar: el esquema corporal, equilibrio, tono, respiración, lateralidad1 espacio y tiempo.

Cuando el niño domina todos los anteriores componentes consigue el conocimiento y el dominio de su cuerpo.

6. CONCLUSIONES

Asumir y aceptar el principio de diversidad supone potenciar las habilidades de cada uno de los sujetos, partiendo de su realidad social y cultural, respetando sus ritmos o progresos y admitiendo la variedad y diversidad de resultados finales, así como ofertar en la práctica facilidades y posibilidades, orientando acorde a sus problemas y generando confianza, seguridad y reconocimiento de los propios valores.

La variedad de dimensiones en tomo a intereses, capacidades y disposiciones para el aprendizaje nos llevan a intentar adaptar los medios para ajustarlos a las necesidades de aprendizaje de dichos alumnos. Se trata, pues, de un laborioso proceso de actuación docente que trate de dar respuestas a esas necesidades de aprendizaje de nuestros alumnos.

7. BIBLIOGRAFÍA

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C.N.R.E.E. Madñd.1992

− Libro Blanco para la Reforma del Sistema Educativo. Madrid. 1988.

− Diseño Curricular Base, Madrid. 1989.

O Sánchez Asín, A. (1993): Necesidades Educativas Especiales e intervención psicopedagógica. P.P. U. Promociones Universitarias. Barcelona.

Publicado: julio 20, 2016 por Santiago

Etiquetas: tema 21 educación física